Cartas a Martha
1
Tras la sentencia
Tras la sentencia
mixtos sentimientos:
mórbido alivio,
el lastre de los días por delante
aprensión—
insinuaciones de brutalidad
con honduras de significado íntimo
exultación—
el sentido del reto,
de confrontación,
vago heroísmo
mezclado con pena de mí mismo,
temperada al recordar aquellos
que aguantaron mucho más
y aguantaron...
2
Uno aprende pronto
que clavos y tornillos
y mayores
piezas de metal
deben ser depuestas;
y viéndolas forjadas y filosas
te hielas, atónito
al ver qué cruel puede acabar siendo
—este simple y útil trozo del acero:
y al destellar de pronto estos cuchillos
—surgidos acaso de algún disciplinado esfínter—
uno capta al instante el horror fúlgido-acero
en el aire matutino
y qué blanda y vulnerable la desnuda carne.
3
Te sabes de súbito perdido
mórbido alivio,
el lastre de los días por delante
aprensión—
insinuaciones de brutalidad
con honduras de significado íntimo
exultación—
el sentido del reto,
de confrontación,
vago heroísmo
mezclado con pena de mí mismo,
temperada al recordar aquellos
que aguantaron mucho más
y aguantaron...
2
Uno aprende pronto
que clavos y tornillos
y mayores
piezas de metal
deben ser depuestas;
y viéndolas forjadas y filosas
te hielas, atónito
al ver qué cruel puede acabar siendo
—este simple y útil trozo del acero:
y al destellar de pronto estos cuchillos
—surgidos acaso de algún disciplinado esfínter—
uno capta al instante el horror fúlgido-acero
en el aire matutino
y qué blanda y vulnerable la desnuda carne.
3
Te sabes de súbito perdido
En un caos de contingencias:
alrededor de tu cabeza se entelarañan las ideas
y brotan zarcillos de tus tripas en un millar
de direcciones:
¿por qué acuchilló
este hombre al hombre aquel por ese hombre?
¿qué substancia tuvo la emoción
y cómo fue creciendo?
¿era ésta la razón de la inmotivada o caprichosa
brutalidad del carcelero?
¿qué astucia la instigó?
¿deseo de prestigio, ansia de poder?
¿O podría ser —extraño, muy extraño— amor,
amor extraño?
¿Y de qué humana hambre nacería?
4
Sobre todo en solitaria celda,
¿deseo de prestigio, ansia de poder?
¿O podría ser —extraño, muy extraño— amor,
amor extraño?
¿Y de qué humana hambre nacería?
4
Sobre todo en solitaria celda,
pero aun en las secciones
se afianza el sentido religioso;
hábito de infancia acaso de nocturnas oraciones,
lo accesible de la Biblia,
o consciencia de una muerte próxima:
y, desde luego, es sabido—
piadosas expresiones favores compran
y es un modo de indicar reforma
(que procura promoción);
y el recurso del débil
es invocar venganza divina
contra la injusticia fiera
pero en el gris silencio de las tardes vacuas
no es infrecuente
descubrirse a uno mismo hablándole a Dios.
5
En el grisor del tiempo aislado
que en la mente ecoante desemboca,
fantasmas surgen y susurros de terrores
que pueblan el dédalo del yo.
Coprofilia; necrofilia; felación;
amputación del pene;
y en esta aljamiada sociedad,
ululando por ser reconocido como el resto de los yos en uno mismo,
el suicidio, la condenación, camina,
si no como sociable espectro,
sí familiarmente familiar,
un doppelgänger
que no puedes sacudirte.
6
Dos hombres conocí en concreto
entre otros muchos casos:
sus reacciones, abisalmente diversas;
pero un tenso designio yacía en cada una
y en ambos lo que había era dolor, peligro, miedo—
drama.
Uno simplemente dejó el tabaco
sabiéndolo motivo de soborno
y cercó su mente de románticos ensueños
y hermosas hijas casaderas;
el otro buscó la huida
en desmayos, asmáticos accesos,
y escapó por fin a la locura:
tan grandes las presiones para imponer la sodomía.
7
Acaso más terribles son los que la imploran,
imploran la embestida sexual.
A qué extremos insufribles han llegado
y qué fieras agonías padecido
que ésta, que habían resistido,
acabó por parecerles preferible,
deseable incluso.
Se la ve como el fondo
de la absoluta y grotesca sumisión.
Y quizá así sea.
Pero se me antoja a mí
una de las más horribles,
patéticas, desgarradoramente,
entre todas las congojas carcelarias.
8
“Blue champagne” lo llamaban
—la “chica” más famosa del lugar;
tan excitante acaso, o conveniente;
joven ciertamente, con curvas jóvenes
—lo que más se valoraba.
Y así con varios se acostaba
cada noche
y la canción que fuera hit-parade
se convirtió en su apodo.
Para el tiempo en que lo vi era ya viejo
(George vio el mal, dijo, en su rostro)
y se había convertido en el más perverso
entre aquellos pervertidos:
un “hombre” en el abrazo homosexual
que en tiempos fuera la “mujer”.
9
El no saber
es probablemente la peor parte del maltrago
para los de afuera;
no saber qué crueldades hay que soportar
qué infamias sufre el sensible espíritu
qué heridas puede forzarse a la mente a infligirse
a sí misma
y el ansia de que piensen en ti
que te recuerden
que te alcancen a través de los espacios
con filamentos de ternura
y consolación.
Y el saber,
aun cuando sea un saber penoso,
parece preferible,
puede soportarse mejor.
Y así,
a modo de consuelo
te envío estos fragmentos,
guijarros tomados al azar
del paisaje de mis propias experiencias,
que a través de los mismos yermos
en un mosaico de vislumbres
me permito a mí mismo
o con ellos tropiezo.
10
No todo es terror
y privación,
ya sabes;
uno llega a estimar la cercanía
y comprensión que se establece
con la humana compañía,
compañeros, con-sortes;
y la disciplina hace mucho por crear
forma y pauta en la vida cotidiana
así como en los días
y el trabajo honesto
ofrece ciertas horas que redimen
los años derrochados
así que hay veces
en que la mente brilla aserenada
aunque viva:
más bien como el mar en calma a la alborada.
11
Los eventos cobran nueva dimensión
pues todo afecta el paso
del devenir político—
pero nuestro tema
es cómo avivan o
demoran
cierta libertad especial—
la de aquellos en prisiones
que dependen de cambios
que emancipen.
Y así uno se hace poco a poco cruel,
adquiere una feroz implacabilidad—
voces que gritan en el pecho
“¡Destrúyelos! ¡Destrúyelos!”
o
“¡Que mueran a millares!”
la verdad, es impaciencia.
“¡Que mueran a millares!”
la verdad, es impaciencia.
Dennis Brutus
Como cuando la partida de ajedrez comienza
hasta que uno es forzado a renunciar.
El pensamiento
es una función
del carácter.
Pensar requiere
coraje,
audacia,
una saludable sospecha,
incluso cinismo.
El arte de vivir
es un asunto difícil;
nuestra actitud general
no engrana con la realidad.
Decir Sí a la paz
es decir No
a la carrera armamentista.
Dennis Brutus
Sharpeville
Recuerden Sharpeville
el día de las balas por la espalda
porque encarnó la opresión
y la naturaleza de la sociedad
más claramente que ninguna otra cosa:
fue el hecho ejemplar
Dennis Brutus