Gianluca Marletta Ovnis y alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
De las Indias al planeta Marte
En la época de la llamada Belle Epoque, los “espléndidos
treinta años” de la burguesía europea que preceden a la matanza de la Gran
Guerra, “Hélène Smith” —en su momento Elise Müller de Ginebra— es solo una de
las muchas médium que entretienen y fascinan a los innumerables estudiosos de
lo oculto. Sin embargo, su nombre merece ser recordado no solo por haber sido
objeto de estudio por el psicólogo ginebrino Theodore Flournoy, que anotará con
positivista meticulosidad muchos de los contenidos de sus trances espiritistas,
sino, especialmente, por sus “testimonios de vida en otros planetas”.14
Personalidad narcisista y egocéntrica, convencida al afirmar su especial
“elección” y la grandeza de sus “dones espirituales”. Helene Smith relata
durante sus trances las experiencias vividas durante presuntas vidas
precedentes. Como ocurre a menudo con muchos otros “reencarnados”, también las
“vidas precedentes” de Helene Smith aparecen como “nobles y gloriosas”: en una
de estas existencias, la médium relata haber vivido en los zapatos de una
princesa de la India meridional, y entrando en trance transcribe un texto en un
sánscrito más bien macarrónico, sazonado con terminologías y conceptos
claramente tomados de las ideas de la Sociedad Teosófica, de la cual la médium
ginebrina era una partidaria incondicional. Pero la gran novedad respecto a
otras experiencias mediúmnicas contemporáneas es que la médium de Ginebra no se
limita a evocar espíritus de difuntos famosos o a rememorar vidas precedentes
sólo sobre esta tierra: las “vidas precedentes” de Helene Smith, de hecho,
comprenden también sucesivas y progresivas reencarnaciones sobre el planeta
Marte, sobre un no precisado planeta ultra-marciano y sobre el planeta Urano.
Tales reencarnaciones son vistas bajo la típica óptica evolucionista del
espíritu decimonónico, como otros tantos pasajes de un “progreso indefinido”
del alma. La médium incluso esboza expresiones en la presunta lengua de Marte y
de Urano, describiendo el alto nivel espiritual de los seres allí presentes. El
fruto de tales revelaciones será la publicación, por parte de Flournoy, de un
ensayo bajo el título: De las Indias al planeta Marte, seguramente la primera
obra sobre vida extraterrestre escrita en la era contemporánea. La joven médium
no lo sabe, pero se ha convertido en la fundadora de una serie interminable de
médiums, hipnotizadores y canalizadores que, desde ese momento hasta nuestros
días, empezarán a “dar voz” a las llamadas “entidades extraterrestres”:
hermanos del espacio normalmente presentados como “más evolucionados” y,
entonces, “más espirituales”, a menudo portadores de mensajes o profecías de
renovación relacionadas con nuestra “pobre humanidad terrestre”. El evento es
de época, porque señala el paso del Espiritismo clásico —todavía tomado en su
integridad de la evocación de los muertos— a otro fenómeno que, todavía en
aquel momento, no tiene un nombre. Permanecen las técnicas, las sugestiones y
los métodos del Espiritismo, pero cambian los sujetos y la “mitología” de
referencia. El “mito extraterrestre”, después de decenas de incubaciones
intelectuales, ha nacido: pero todavía deberán transcurrir muchos años antes de
que asuma la forma con la que lo conocemos en la actualidad.
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Según Crowley, sin embargo, la gran revolución que arrasará
a través del Cristianismo (y las demás “viejas religiones” como el Islam, el
Judaísmo y el mismo Hinduismo) no sucederá sólo mediante un cambio “cultural”,
sino también (quizás especialmente) a través de la evocación y la apertura de
“puertas” a partir de las cuales las “entidades” destinadas a propiciar la
Nueva Era podrán irrumpir en este mundo. Y es el aspecto más propiamente
mágico-operativo del pensamiento crowleyano el que merece ser profundizado en
nuestro contexto.
Crowley las había definido como Operaciones Amalantrah: o
una serie de evocaciones mágicas que, a su parecer, habían terminado por “abrir
portales” que permitirían el contacto con “inteligencias no humanas” que
pudiesen ayudar al hombre a “evolucionar” hacia la Nueva Era. Tales seres no
humanos eran definidos por Crowley como “transdimensionales”, pertenecientes
entonces a dimensiones “no físicas”, pero cuya ubicación permanece vaga,
ambigua y, de hecho, intermedia entre la dimensión sutil y aquella materia.
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El verdadero vínculo entre Crowley y el “mito
extraterrestre”, sin embargo, tiene su origen en un rito particular efectuado
por el “mago” inglés durante su estancia en Estados Unidos: la entidad
contactada en aquella ocasión —un ser transdimensional que se presenta con el
nombre de Lam— se verá retratada y exhibida por el mismo Crowley en el curso de
una manifestación en el Greenwich Village de Nueva York en 1919. “La exhibición
de las almas muertas”. Aquello que golpea inmediatamente del “retrato” de la entidad
Lam, sin embargo, es la notable semejanza con las características de los
“alienígenas” —en especial la categoría definida por los ufólogos como los
“grises”— que se convertirán en una constante de los llamados “encuentros
cercanos” a partir de la segunda posguerra mundial: un cráneo muy desarrollado
y “abombado”, una boca muy pequeña y un mentón que tiende a formar una suerte
de “V”. La imagen de Lam puede ser definida como una verdadera y justa
precursora de la iconografía “alienígena” que se hará popular a partir de los
años 60, pero el vínculo entre la doctrina y la praxis “crowleyana” y el mito
extraterrestre será todavía más evidente a partir de las obras de algunos de
sus “discípulos”.
Como habría “inspirado” la entidad Aiwass a Crowley en el
Libro de la Ley:
¡Es su Dios y su religión lo que odio y quiero destruir!
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A pesar de que la elaboración del “mito” ya se hubiese
forjado en los ambientes de nicho, es innegable que la verdadera explosión en
masa del tema de los “extraterrestres” coincide esencialmente con la
manifestación masificada del “fenómeno OVNI” en la segunda posguerra mundial.
Es solo a partir de la primera oleada de avistamientos de los llamados “objetos
volantes no identificados”, de hecho, cuando la figura del alienígena entra
gradual pero abrumadoramente en el imaginario colectivo del hombre contemporáneo.
En el transcurso de pocos años, la idea de que seres extraterrestres sobre
astronaves están visitando la Tierra se hace muy popular, llenando las crónicas
y generando un verdadero y justo “estado de espíritu” de masa, donde la
curiosidad-temor ante los posibles “visitantes” alienígenas se mueve en el
contexto de los temores suscitados por la Guerra Fría y los entusiasmos
acumulados por las primeras exploraciones humanas fuera de la atmósfera
terrestre.
Sin embargo, sería un error pensar que haya sido el
“fenómeno OVNI” (al margen de lo que haya tras él) el generador del “mito
extraterrestre”: más bien es la presencia de un “mito” ya definido en sus
características por haber ofrecido, y diríamos que casi impuesto, una cierta
interpretación de la ufología que se convertirá en la más popular. En efecto,
los primeros “fenómenos OVNI” que salieron a la luz pública en la inmediata
posguerra, en un primer momento no serán interpretados como “fenómenos de origen
alienígena”, y tampoco en los decenios sucesivos, después de que la hipótesis
Extraterrestre se haga más conocida, serán numerosos los “ufólogos” que
terminarán por apoyar interpretaciones alternativas a aquella que vería en los Ovnis
a los visitantes descendidos en astronaves de otros planetas. Pero para
encontrar la maraña de la madeja en este laberinto de acontecimientos,
hipótesis y sugerencias es necesario volver al principio de esta historia: y
todo tiene origen, como a menudo en la historia moderna, en los Estados Unidos
de América, apenas dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial.
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Los ufólogos no dejan de recordar nunca como fenómenos bajo
ciertos aspectos análogos a aquellos modernos también han sido testimoniados en
las crónicas antiguas y medievales. Existen, en efecto, numerosos testimonios
de apariciones de “objetos” o luces misteriosas en varias crónicas de siglos
pasados: pensemos, por ejemplo, en autores como Plinio el VIejo, Tito Livio,
Julio Obsecuente, en los Annales Laurissenses de época carolingia o en el
célebre “fenómeno celeste de Núremberg”, descrito en una litografía del
tipógrafo Hans Glaser, quien habría visto aparecer luces y símbolos como cruces
y candelabros en los cielos de la ciudad alemana en 1561. Sin embargo, hay que
recordar que tales fenómenos, en edad premoderna, eran comprendidos a la luz de
la perspectiva cosmológica y metafísica tradicional: por lo tanto, tales
manifestaciones eran interpretadas al modo de los fenómenos preternaturales o
sobrenaturales de naturaleza divina, angélica, demoníaca o sutil, extraordinaria,
pero “comprensible” y del todo coherente con las visiones sagradas del mundo
que era propia entre los premodernos. Y con el avance de la secularización, los
fenómenos “insólitos” se convierten, a los ojos del materialista moderno, en
incomprensibles.
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1947: El año Cero de la ufología
Oficialmente, la llamada “ufología” tiene como fecha de
nacimiento los avistamientos de “objetos volantes no identificados” (en inglés
Unidentified Flying Object, U.F.O.), acontecida el 24 de junio de 1947 cerca
del Monte Rainier, en el estado americano de Washington. El protagonista es un
rico hombre de negocios cuyo nombre es Kenneth Arnold, que desde su avión
privado afirmará haber visto en el cielo nueve vehículos de forma aplanada,
bautizados por él como Flying Saucers (Platillos volantes, expresión transformada
después en Discos Volantes). Arnold describió estos objetos como “muy
brillantes”, de forma aplanada, calculando en cerca de 2700 kilómetros por hora
su velocidad. Sin embargo, aquel de Kenneth Arnold no fue el primer evento de
tal género registrado por las crónicas, sino que fue aquel que logró movilizar
más a la prensa y a los mass media: el “caso” que dio origen al interés de la
masa por los “extraños fenómenos del cielo”. A este episodio (que por lo demás
no escatima en aspectos dignos de mayor profundización y que pondremos en
evidencia más adelante) le seguirán, presuntamente, innumerables avistamientos,
al principio especialmente en Estados Unidos, pero después también en Japón, la
Unión Soviética, Europa y, finalmente, en todo el mundo. Por otro lado, los
estudiosos del fenómeno empezaron a percibir muy pronto que los fenómenos OVNI
(cualquiera que sea su naturaleza) conocieron verdaderos “períodos de apogeo” u
“oleadas” (flaps) en los que parecían aumentar dramáticamente. Uno de los primeros
flap coincidió justamente con los años 1947-1948, en el curso de los cuales
tuvo lugar el episodio de Arnold, mientras que en 1950 el flap también afectó,
más allá de Estados Unidos, al Centro-Sur de América y Europa Occidental
(especialmente a España); en el flap de 1954, por el contrario, el fenómeno fue
visto en casi todo el planeta. Esta tendencia a las “oleadas”, sin embargo, se
hallaría, según muchos estudiosos del fenómeno, también en acontecimientos
similares ocurridos antes de 1947: en una visión más cercana, de hecho, el
fenómeno (o el conjunto de fenómenos) se puede adscribir en la categoría de los
Objetos Volantes no Identificados que está presente en los cielos bastante
antes de la segunda posguerra, en formas y modalidades a menudo extrañas que se
remontan, si se quiere permanecer solo en la edad contemporánea, al menos a
finales del siglo XIX.1 Es después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo,
cuando se afirma el interés mediático por los OVNIs, un interés que se unirá,
en los siguientes años, a la “hipótesis extraterrestre”. Pero este proceso, o
la identificación colectiva de los OVNIs con la imagen de presuntas “naves
espaciales alienígenas” es, él mismo, un fenómeno social y cultural que merece
ser investigado.
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La hipótesis extraterrestre
Contrariamente a aquello que muchos imaginamos, la Hipótesis
Extraterrestre no fue el único intento de explicar los “fenómenos OVNI”. Una
investigación realizada por Gallup2, publicada el 14 de agosto de 1947, menos
de dos meses después del episodio de Arnold, demuestra que a nivel popular la
idea de que “visitantes extraterrestres” sobrevolasen los cielos terrestres a
bordo de aeronaves estelares, no estaba todavía representada a nivel
estadístico. Por el contrario, y según las primeras encuestas, el fenómeno
Flying Saucers se debió, para el 29% de los entrevistados, a simples “ilusiones
ópticas”, para el 15% a tecnologías militares secretas, mientras que una
minoría bastante consistente tendía a identificar el fenómeno con armas
secretas soviéticas o incluso con eventos de tipo religioso y apocalíptico (las
“señales del cielo” de las que habla la Biblia en referencia al Fin de los
Tiempos). El 33%, finalmente, declaró no tener una opinión precisa. Todavía
tres años después, en 1950, y a pesar de la masiva irrupción mediática del tema
“extraterrestre” a nivel cinematográfico y periodístico — una nueva encuesta de
la revista Popular Mechanics ponía en evidencia como solo un 25% de los
entrevistados se mostró dispuesto a aceptar la Hipótesis Extraterrestre, mientras
que un sólido 53% continuaba considerando a los OVNIs mecanismos de origen
terrestre. Por lo tanto, a comienzos de los años 50 el “mito extraterrestre”
todavía estaba bien lejos de haber hecho brecha en el imaginario colectivo.
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Solo a partir de los años 50 Arnold empezará a abrirse a la
Hipótesis Extraterrestre.
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A partir de los años 50, sin embargo, la creencia en el
origen extraterrestre de los OVNIS conoce un crecimiento ininterrumpido y
sorprendente hasta llegar, desde los años 90 hasta la actualidad, a conquistar
a la mayoría absoluta de los Americanos4 además de una parte cada vez mayor de
la opinión pública mundial. ¿Pero cuáles han sido las causas de tal éxito, o,
por qué motivo un número creciente de personas empieza a identificar los
“extraños fenómenos del cielo” con la acción de inteligencias alienígenas
procedentes de otros planetas? Uno de los motivos es, indudablemente, el amplio
uso de la figura del alienígena en los mass media, que va de la mano de la
difusión generalizada de medios de comunicación como la televisión. A partir de
la posguerra, de hecho, la televisión sirve para difundir una cultura de masas
de origen esencialmente estadounidense que impregna todos los rincones del
planeta. Regiones, ciudades y pueblos que, hasta unos pocos años antes, vivían
en un relativo aislamiento de pronto son proyectados en la contemporaneidad, en
sus mitos y en su imaginario, entre los que destaca la figura del alienígena.
La identificación OVNI-extraterrestre, en definitiva, también debe muchísimo al
trabajo de los llamados contactados: una corriente que a partir de los años 50
implica a un número creciente de personas que afirmarán, de hecho, ser
“contactadas” (e incluso visitadas o “secuestradas”) por las “inteligencias
extraterrestres” que controlarían el fenómeno OVNI. Estos contactados, que a
menudo utilizaron “técnicas” muy similares a aquellas de los espiritistas
decimonónicos para “comunicarse con las entidades OVNI”, serán, de hecho, los
primeros en apoyar explícitamente un origen extraterrestre del fenómeno. El
gran éxito del “mito extraterrestre” y de la interpretación alienígena de los
fenómenos OVNI, paradójicamente, también se alimentará —como ocurre a menudo en
la sociedad contemporánea— del “juego de los opuestos” que dividirá a la
opinión pública entre “creyentes” y “escépticos”, pero que contribuirá, en
cualquier caso, a generar un estado de espíritu y un imaginario ampliamente
compartido.
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El mapa de un fenómeno complejo
El interés hacia los llamados OVNIs, indudablemente, crecerá
en una medida directamente proporcional a la complejidad del fenómeno, que de
simples “avistamientos en el cielo” de objetos “no identificados” comenzará a
enriquecerse con diferentes y desconcertantes elementos, como presuntas
apariciones de “humanoides” u “ocupantes”, los secuestros o “posesiones” por
parte de las llamadas “entidades alienígenas”, las misteriosas “mutilaciones de
animales” o incluso los mensajes y las “revelaciones” de contenido para-místico
y para-religioso entregadas a los “videntes”. Otro aspecto que alimentará la
Hipótesis Extraterrestre serán las características desconcertantes referidas a
los testimonios de muchos “avistamientos” (velocidades increíbles, maniobras
aéreas que parecen desafiar las leyes de la física etc), que convencerán cada
vez a más personas de que se trata de un fenómeno “inteligente”, pero no
atribuible al know how tecnológico de las potencias terrestres. Será justo esta
creciente complejidad, la que sugerirá al astrofísico y estudioso del fenómeno
Joseph Allen Hynek un intento de clasificación de los eventos “ufológicos”, que
también tendrá mucha suerte más allá del ámbito de los expertos. Hynek, uno de
los primeros académicos en ocuparse del fenómeno y el primero en sostener el
origen “inexplicable” de al menos una parte de tales eventos, es más conocido,
de hecho, por la célebre clasificación de los Encuentros Cercanos con los
fenómenos OVNI en tres tipos: Primer tipo: avistamiento de fenómenos aparentemente
inexplicables en el cielo; Segundo tipo: observación de fenómenos físicos
permanentes vinculados a presuntos OVNIs (quemaduras sobre el terreno o sobre
otros objetos, efectos sobre animales, interferencia sobre aparatos
electrónicos etc); Tercer tipo: avistamiento o encuentros con “entidades
animadas” (humanoides, etc) vinculados a los fenómenos OVNI. A estas tres
categorías de Encuentros Cercanos, además, muchos ufólogos añadirán, en tiempos
más recientes, una cuarta, las abductions: los presuntos secuestros de seres
humanos por parte de las “entidades” que protagonizarían el fenómeno OVNI. Para
hacer todavía más compleja la cuestión OVNI, será el descubrimiento de que este
conjunto de fenómenos —al margen de su naturaleza y origen— tienen, por así decirlo,
su “prehistoria” anterior a la segunda posguerra mundial. Ya a partir de
finales del siglo XIX, de hecho, los periódicos americanos y de otras partes
del mundo habían registrado oleadas de objetos volantes aparentemente
inexplicables aparecidos en los cielos terrestres; fenómenos que, si en parte
parecían remarcar algunas características de los OVNIs de la posguerra, en
otros aspectos se diferenciaban por algunas importantes y significativas
propiedades.
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Los antepasados de los OVNIS: Airships y Foo-Fighters
Una posible revisión de los OVNIs ante litteram, podría
tener inicio, al menos limitándose a la edad contemporánea, en las “oleadas” de
los llamados Airships: presuntos vehículos misteriosos que, según muchos
testimonios, habrían surcado los cielos de los Estados Unidos (pero también
aquellos del Norte de Europa e incluso del Extremo Oriente) a caballo entre los
siglos XIX y XX. El fenómeno del Airship5 viene recogido por centenares de
artículos de noticias redescubiertas y catalogadas años después gracias al
trabajo de ufólogos como John Keel, Jacques Vallée y Michael Jacobs. El
fenómeno habría conocido su punto culminante en el transcurso de los años
1896-1897, con centenares de avistamientos y millares de testimonios. Los
avistamientos estarían relacionados con una serie de misteriosas “aeronaves”
(en inglés Airships) de forma generalmente fusiforme, vagamente similar a los
dirigibles, pero a menudo equipadas con instrumentación vistosa y extraña, con
una velocidad estimada en un mínimo de 8 a un máximo de 300 kilómetros por
hora. Muchos de estos avistamientos, que habrían tenido lugar invariablemente
durante las horas nocturnas, comprenderían también el encuentro cercano con los
“ocupantes” de tales aeronaves, descritos como humanos de aspecto caucásico y
vestidos según la moda de la época en ocasiones, como personas de curiosos
rasgos “orientales”, hablantes de lenguas desconocidas, o incluso como
“humanoides” de aspecto insólito u horripilante. Además, un aspecto
característico e inquietante presente tanto durante la oleada de los Airships
como en los sucesivos flaps ufológicos de la posguerra, es el secuestro de
animales o el hallazgo de cadáveres mutilados y desangrados en el lugar de las
apariciones.6 Las interpretaciones del fenómeno que tuvieron mayor aceptación
en la época se decantaron, especialmente, por un “misterioso experimentador”
que se las habría ingeniado para construir en secreto prototipos futuristas de
máquinas voladoras, mientras que la actitud de los académicos fue,
generalmente, del escepticismo más absoluto, atribuyendo los presuntos
avistamientos a las alucinaciones, equívocos o incluso a bromas ingeniosas.
Fueron muy pocos los periodistas que, en la época, mencionaron “la hipótesis
extraterrestre”, sugiriendo con una intención irónica que la procedencia de las
enigmáticas aeronaves era del planeta Marte (era la época de los “canales de
Schiapparelli”). Por supuesto, incluso ante el vago parecido con algunos
vehículos experimentales que aparecieron en los años sucesivos, hay que decir que
las características de maniobrabilidad y las prestaciones atribuidas por los
testimonios a estos Airships, superaban ampliamente aquellas de cualquier
dirigible o aeronave de la época. Y, sin embargo, justo el aspecto “grotesco” e
improbable de los Airships de finales del Ochocientos (en ciertos casos más
similares al “buque” de Robur el Conquistador descrito en las novelas de Julio
Verne que a vehículos realmente adaptados al vuelo) serán la clave que
impulsará a ufólogos como Keel y Vallée a hablar de un aspecto “deliberadamente
engañoso” vinculado a los fenómenos OVNI, hasta elaborar hipótesis bajo ciertos
aspectos más desconcertantes que aquella de los “visitantes” espaciales... Un
fenómeno con características aparentes bastante diferentes tendrá lugar, por el
contrario, durante el último conflicto mundial: hablamos de los llamados Foo
Fighters (corrupción del término francés feu —fuego— con el término inglés que
señalaba los “vehículos de guerra”), o “cazas de fuego”, objetos volantes que
fueron avistados muy a menudo por pilotos durante la guerra. Descritos como
esferas luminosas o ardientes que seguían a los aviones de combate y que
parecían, a todos los efectos, guiados por alguna inteligencia, los Foo
Fighters, llegarían a ser casi una presencia constante durante las misiones
aliadas en los últimos años del conflicto. En noviembre de 1944, tras la
continua aparición de tales objetos sobre el cielo de Alemania, y en particular
en la zona del Rhin, la US Air Force se vio obligada a abrir una investigación
para tratar de aportar luz sobre el fenómeno. Una de las hipótesis sostenidas
fue que se tratase de “sondas” alemanas enviadas para espiar los aviones
aliados, pero tales objetos no manifestaron nunca actitudes hostiles y por eso
el fenómeno no alarmó nunca excesivamente al Mando aliado. El fenómeno, además,
continuó repitiéndose también sobre los cielos del Pacífico hasta alguna semana
después de la caída definitiva de Japón, pero será solo a partir del
acontecimiento de Kenneth Arnold, en 1947, cuando algunos estudiosos empezarán
a relacionar los Foo Fighters con los OVNIs. En cualquier caso, en relación a
las “esferas ardientes”, ninguno de los testimonios de la época barajó un
origen extraterrestre. Más allá de la hipótesis del arma secreta nazi, de
hecho, entre los pilotos circulaban teorías que ponían en juego analogías con
el Fuego de San Elmo7, con los rayos globulares o incluso con “entidades
inmateriales” como Elfos y otras criaturas con un riquísimo folclore del Norte
de Europa. Curiosamente, los avistamientos de los Foo Fighters en los años 40
se asemejan muchísimo a los “objetos” que aparecerán casi un siglo después en
el curso de los últimos flaps ufológicos, a partir de los años 90 del siglo XX,
los cuales, a diferencia de las estructuras “en forma de astronave” de los
decenios precedentes, se presentan cada vez más bajo la forma de “esferas de
luz” iridiscentes y etéreas, privadas de aquella “materialidad tecnológica” con
la que el fenómeno parecía manifestarse precedentemente. Además, estos y otros
testimonios históricos confundirán frecuentemente el mundo de la naciente
“Ufología”, la cual, generalmente fascinada con la Hipótesis Extraterrestre,
habría encontrado difícil incluir fenómenos tan heterogéneos y extraños en este
esquema. Sin embargo, además de la Hipótesis Extraterrestre, se afianzará,
especialmente entre los años 40 y 50, la hipótesis que vería en los fenómenos
OVNI —al menos en una parte de ellos— la manifestación de tecnologías secretas
terrestres. Por lo demás, son estos los años de la máxima tensión entre USA y
la URSS, del terror atómico y de la sospecha recíproca entre las grandes
potencias: años en los cuales el rádar y los instrumentos militares escrutaban
los cielos esperando ansiosamente un ataque enemigo que podría haberse
producido de un momento a otro.
Gianluca Marletta
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Cualquiera que sea la verdad sobre el accidente de Roswell
—verdad que, casi con toda certeza, no conoceremos nunca en su totalidad— lo
que prevalece en este imbricado acontecimiento es, especialmente, la
extraordinaria e inquietante capacidad demostrada por los medios para crear en
el imaginario de la masa una “leyenda” arraigada y duradera a partir de
poquísimos elementos concretos. Hoy, la pequeña ciudad de Roswell, en Nuevo
México, se ha convertido en una auténtica “Meca del mito alienígena”, con museos,
negocios y restaurantes dedicados al tema OVNI y al célebre, y nunca
demostrado, “incidente”. Pero otro dato que prevalece del acontecimiento de
Roswell es el papel de determinados “poderes” (militares, mass media etc) en la
difusión y recepción a nivel de masa del “mito extraterrestre”. Un papel que,
en el transcurso de los años, se demostrará decididamente ambiguo y
ambivalente, pero que justo por ello merece ser profundizado con mayor
atención.
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El papel ambiguo de los “Poderes Fuertes”
EL CASO ROSWELL es paradigmático por la extraña relación que
los “poderes fuertes” demostrarán tener, en el curso de los años, con el “mito
extraterrestre”. Con la expresión “poderes fuertes”, además, queremos entender
aquí, especialmente, el restringido mundo de aquellos que tienen en sus manos
las grandes “fábricas del imaginario” —los mass media y la “cultura”— a través
de las cuales es relativamente fácil gestionar la opinión pública, construir o
deshacer mitos, modas y “estados de espíritu” colectivos y, entonces, en un
último análisis, el “pulso” de una sociedad humana. Desde este punto de vista,
especialmente en Occidente, los poderes “visibles” —o aquellos gobiernos
electos, de las figuras institucionales más prominentes e incluso las fuerzas
armadas — generalmente representan un sector derivado o, por el contrario,
periférico en la gestión del poder, aunque, a menudo, las masas pueden tener la
impresión opuesta. Por ejemplo, un presidente de los Estados Unidos podría ser
investigado, chantajeado o incluso eliminado, pero, ciertamente, no es posible
hacer lo mismo con algún quimérico “lobby”, invisible a los ojos de la mayoría,
pero capaces de invertir dinero y, por lo tanto, gestionar la televisión, los
periódicos y la cultura para guiar el “sentimiento colectivo” sin necesidad de
manifestarse públicamente. Además, en ciertos momentos, también puede ocurrir
que los poderes invisibles y aquellos visibles no se encuentren en sintonía o
puedan llegar a estar en conflicto por un periodo; pero es muy probable que aún
sea el Deep State (el “estado profundo”, como es denominado en los Estados
Unidos) el que tenga ventaja a largo plazo, pudiendo contar con recursos y,
sobre todo, por su inatacabilidad que, de hecho, los poderes visibles y
“democráticamente elegidos” no poseen. Esta necesaria premisa quizás pueda
ayudar a entender algo sobre la relación ambigua que el “poder” parece haber
tenido a lo largo de los años respecto a la cuestión de los “alienígenas” y de
los OVNIs: una relación construida en ocasiones en base a rígidas negaciones y
otras veces de sorprendentes y aparentes “revelaciones”, de sutiles
instrumentalizaciones y de declaraciones públicas cuyas razones permanecen más
bien oscuras, pero que han contribuido, en general, a arrojar gasolina sobre el
fuego del “mito”.
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¿Existe la conjura del silencio?
A partir de los años 50 se desarrolló una teoría en los
ambientes ufológicos en función de la cual las “instituciones” (entendiendo con
este término en especial a los gobiernos nacionales, los militares y las
autoridades académicas) estarían firmemente decididas a ocultar la “verdad”
sobre el origen extraterrestre de los OVNIs, por temor a que tales
“revelaciones” pudieran llegar a erosionar las bases y el equilibrio de fuerzas
sobre el planeta Tierra. La expresión Flying Saucers Conspirancy (“conspiración
de discos volantes” o, en el lenguaje popular, “conjura del silencio”) fue
acuñada a tal propósito por el Mayor Donald E. Keyhoe en 1955, al acusar a la
US Air Force de aplicar una política de censura deliberada respecto a las
noticias sobre los OVNIs. La teoría de la “conjura del silencio” se alimenta de
un hecho innegable que implica que —especialmente en los años 50 y frente a la
creciente popularidad del fenómeno— en los ambientes militares y académicos
americanos se desarrolló la tendencia a desacreditar, ridiculizar o marginar
cualquier testimonio relacionado con la cuestión OVNI. La explicación al desdén
instintivo puede residir, por una parte, en el proverbial “racionalismo” del
mundo académico —en general poco dispuesto a hipotetizar la existencia de
cualquier fenómeno “no racionalizable”— y, por otra parte, especialmente en el
ámbito militar, por la práctica necesidad de mantener el secreto sobre
proyectos y operaciones Top Secret, especialmente en un periodo de tensiones
como aquel de la “Guerra Fría”. Sin embargo, naturalmente, existe la
posibilidad de que un aparato militar como era aquel americano de la Posguerra
—todavía tendencialmente conservador y poseedor de un cierto “espíritu de
casta”— no aceptase a la ligera reconocer la existencia de un fenómeno no
controlable (cualquiera que pudiera ser su naturaleza) y mucho menos hacerlo
demasiado público. Esto se debe a que, purgado de las alucinaciones, de los
engaños, de los descuidos y de la tecnología militar intercambiada por
vehículos “marcianos”, todos los estudios y comisiones de investigación
organizados durante estos años parecían, forzadamente, reconocer la existencia
de un porcentaje de “fenómenos OVNI” inexplicables. Y que algunas personas
dentro del aparato de los servicios americanos habían tomado en serio estos
“fenómenos”, se evidencia con claridad en algunos documentos recientemente
desclasificados (de los cuales hablaremos a continuación), en los cuales, sin
embargo, se plantean hipótesis sobre tales fenómenos quizás todavía más desconcertantes
que aquella “extraterrestre” ... En cualquier caso, como ha afirmado alguien,
los años 50 representan para la ufología un “periodo de pasión”; y los informes
oficiales de las fuerzas armadas estadounidenses, en gran medida, parecen
dominados por una actitud sectaria y escéptica. El llamado Blue Book Project
(un estudio sistemático sobre casos de presuntos OVNIS, dirigido por la USAF
entre 1947 y 1969)1 y el llamado Informe Condon (un proyecto de estudio sobre
los OVNIs promovido por la Universidad de Boulder, en Colorado, y dirigido por
el físico Edward Condon)2 se encuentran bajo acusación por parte de los
ufólogos. Ambos informes, sometidos a lo largo de los años a feroces críticas
por parte de los ufólogos, a pesar de reconocer un cierto porcentaje de
fenómenos como “no explicables” entre aquellos tomados en examen (cerca del
5%), sin embargo, parecían reflejar una actitud preconcebida y negativa hacia
el tema OVNI, bajo una tendencia apriorística a banalizar o eliminar el
problema. Todavía más sectarias y hostiles aparecían, a los ojos de los
ufólogos, las conclusiones del llamado Jurado Robertson, una comisión de
investigación reunida en Washington en 1953 y formada por cinco eminentes
científicos3, durante la cual se recibieron 1593 informes sobre presuntos
“objetos no identificados” observados entre 1947 y 1952. El informe del Jurado
se “declasificó”, definitivamente, en 1967, y aunque reconoció la existencia de
un 26% de casos “inexplicables”, concluye, simplemente, en que el tema OVNI “no
constituye un peligro para la seguridad nacional” y que, incluso, era
aconsejable “desacreditar” (debunking) el fenómeno ante la opinión pública,
para evitar que se generase una excesiva “histeria” en torno a éste. Y, sin
embargo, a pesar de esta fase de “persecución y martirio” del movimiento ufológico,
el interés por los “fenómenos extraños del cielo” conoció en aquellos años un
crecimiento exponencial en popularidad. Como consecuencia de una aparente
paradoja, de hecho, el efecto de la “persecución” por parte de las autoridades
militares y académicas de “viejo cuño” —que aparecieron como la medida de
viejos inquisidores y partidarios del status quo— habría tenido el efecto de
reavivar el interés por el fenómeno, unido a la creciente sospecha de que las
“autoridades” estuvieran ocultando realmente algo. Por otra parte, si los
enemigos de la ufología podían contar con un grupo de “académicos barbudos”
racionalistas, y de “mezquinos servidores de uniforme”, por otra parte, señales
cada vez más evidentes confirmaban que a los verdaderos “poderes fuertes”
(aquellos, para entendernos, realmente capaces de influir y forjar la opinión y
la imaginación de las masas), el “mito de los alienígenas” no les disgustaba en
absoluto. De hecho, por razones más bien oscuras, políticos de altísimo nivel, opinion
makers y mass media parecían tener intereses concretos en que el “mito” se
difundiese y conquistase cada vez a más seguidores.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Tras la fachada de este Contactismo “mediático” y de éxito,
sin embargo, en los mismos años el fenómeno parece difundirse también de manera
subterránea y menos visible con centenares de personas que afirman haber
entrado en contacto con “visitantes”. John Keel, uno de los principales
investigadores del fenómeno OVNI, escribirá: He encontrado y entrevistado a no
menos de 200 contactados, la mayor parte de los cuales (...) han deseado
permanecer anónimos. Ellos no han escrito libros o artículos y no se interesan
por nada en cuestiones ufológicas. Y es interesante constatar como, al igual
que el Espiritismo decimonónico, este tipo de Contactismo “general” no tenía,
de hecho, características edulcoradas como aquel más mediático, pero se
manifiesta más a menudo bajo formas angustiosas y aterradoras.
Gianluca Marletta
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alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Al igual que su predecesor directo, el Espiritismo, también
el Contactismo parece manifestar el mismo doble rostro: uno grandilocuente y
mesiánico, optimista y progresista; otro decididamente siniestro e inquietante.
Gianluca Marletta
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alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Jacques Vallée formula una hipótesis que asombra
(especialmente considerando la formación científica del astrofísico): él mismo
la define como Hipótesis Parafísica. Según Vallée, en esencia, el fenómeno OVNI
tiene su origen en una “dimensión paralela” a la nuestra, no es de naturaleza
“material” —al menos en el sentido que damos comúnmente a este término— y es
asimilable a aquellos fenómenos presentes en el folclore de todo el mundo, allí
donde se habla de elfos, gnomos, genios y otras criaturas “sutiles”.
Ya en 1969, en su libro más célebre bajo el título Passport
to Magonia: from Folklore to Flying Saucers7 (Pasaporte a Magonia: del Folclore
a los discos volantes), Vallée se lanzó a un apasionado como fascinante
paralelismo entre los fenómenos tradicionales de encuentros con “criaturas
sutiles” —de las cuales existe un riquísimo folclore, especialmente del Norte
de Europa y de las tierras célticas— y las modernas fenomenologías OVNI. El
resultado fue desconcertante: las dos fenomenologías, más allá de las apariencias,
resultaban en realidad superponibles: apariciones y desapariciones, presuntos
“secuestros”, posesiones, infestaciones, avistamientos de objetos y “vehículos”
luminosos en la atmósfera; todo daba a entender que el fenómeno OVNI no era
otra cosa que la “máscara moderna” de una fenomenología sin tiempo.
Gianluca Marletta
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alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
En el libro Le Collège invisible (El colegio invisible)
publicado en 1975, Vallée se interroga sobre las posibles razones de tal
“enmascaramiento” y se pregunta por qué las “inteligencias” que presiden el
fenómeno OVNI tienen necesidad de presentarse bajo el (falso) aspecto de
visitantes espaciales. La respuesta que Vallée intenta dar es que tras el
fenómeno OVNI está la obra de “poderes” de naturaleza no precisada, interesados
en llevar a cabo un cambio (¿o una manipulación?) de la consciencia colectiva,
aunque los objetivos últimos de tal “operación” permanecerían oscuros.
Gianluca Marletta
Ovnis y
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Los OVNIS son inmateriales: palabra del FBI
La Hipótesis Parafísica, como se ha dicho, es acogida con
escepticismo e incluso con una mal disimulada hostilidad por parte de la
Ufología clásica, todavía hoy esencialmente asentada en la Hipótesis
Extraterrestre. Sin embargo, a lo largo de los años han surgido declaraciones
inesperadas, también en ambientes “institucionales”, algunas de las cuales sólo
recientemente han sido desclasificadas y puestas a disposición del gran
público. Ya en el fatídico año 1947, un docente de la University of Southern California,
Meade Layne, había propuesto que la hipótesis de los llamados “discos volantes”
no fuese de origen tecnológico, sino que procediesen de alguna dimensión que el
profesor no alcanzaba a definir como etérea, dadas sus características del todo
incompatibles con la materialidad. En 1955, en Gran Bretaña, Lord Hugh Dowding,
el héroe de guerra de la RAF, que había dirigido las operaciones bélicas
durante la Batalla de Inglaterra, afirmó en una entrevista9 su convicción de
que los fenómenos OVNI se referían a un origen “inmaterial”: declaraciones que,
en la época, en pleno clima de entusiasmo “extraterrestrerista”, pasaron casi
inadvertidas en los ambientes ufológicos. Pero el testimonio indudablemente más
curioso es aquel de un documento reservado por la Policía Federal americana
(FBI), archivado como protocolo 6751, el 8 de julio de 1947 (pocas semanas
después del avistamiento de Arnold que había desencadenado la “psicosis OVNI”
en todos los Estados Unidos) y desclasificado sólo en abril de 2011. Este
documento, rastreado y traducido al italiano por el investigador Adriano
Forgione, es un Memorándum que tiene por tema justo los “objetos volantes no
identificados”, cuyo contenido es verdaderamente singular. En este documento,
se habla de informaciones obtenidas a través de “contactos mentales”, en los
cuales se describe la realidad de los OVNIs y de sus ocupantes. Según lo
descrito en el documento, los presuntos extraterrestres serían “similares a los
hombres, pero de mayores dimensiones”, procederían de “un planeta etéreo”
ubicado en una frecuencia vibratoria diferente respecto a nuestra materia, y
tales seres “entenderían establecerse sobre este plano”. Sus intenciones, sin
embargo, serían pacíficas. Se añade, además, que “la región de donde ellos
proceden NO es el plano astral, sino que corresponde a los Lokas y a los
Talas”. Los estudiosos de enseñanzas esotéricas “comprenderán estos términos”.
Los Lokas y los Talas, en la Tradición Hindú, señalan, de hecho, “estados del
ser” diferentes a nuestro “plano físico”, entre los cuales también están los
Cielos y los Infiernos presentes en nuestras Tradiciones monoteístas
occidentales. El sentido del Memorándum que, se agrega a modo de apostilla,
“está respetuosamente orientado a algunos científicos de clara fama, a
importantes autoridades de la aeronáutica y del sector militar y a un cierto
número de funcionarios públicos”, resulta bastante claro: algunos “expertos”
tienen la idea de que las autoridades deben ser puestas en conocimiento de que
el conjunto de los fenómenos OVNI no tienen nada que ver con la dimensión
grosera y visible en la que nos encontramos. Todo esto tiene lugar, en secreto,
en los mismos días en los cuales la obsesión por los “discos volantes” está
explotando a nivel mediático y el “mito extraterrestre” empieza a conquistar
poco a poco las masas de los Estados Unidos y todo el mundo.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Según los testimonios recopilados por Keel, gran parte de
los avistamientos de OVNIs y, especialmente, de los “encuentros cercanos” con
entidades “alienígenas” vendrían acompañadas de fenómenos poltergeist (en
alemán, “espíritu burlón”), típicos de las infestaciones espiritistas. Se trata
de fenómenos como el desplazamiento de objetos, los ruidos inexplicables, etc.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Un aspecto particularmente siniestro de ciertos flap
ufológicos sería, según Keel, la aparente vinculación con desgracias e incluso
calamidades naturales.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Será Jacques Vallée quien defina como “Encuentros Cercanos
del Cuarto Tipo” a los eventos asociados a fenómenos OVNI cuyo testimonio tiene
la sensación de una alteración general del sentido de la realidad,
comprendiendo también la convicción de haber sido secuestrado3. Se trata de un
fenómeno que, en los últimos decenios, ha conocido un aumento exponencial de
casos, de los cuales han terminado por ocuparse psicólogos, antropólogos y
médicos más allá de los simples apasionados.
Gianluca Marletta
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Las abduction se han convertido en un auténtico caballo de
batalla de la Hipótesis Parafísica: la demostración, como afirmaba Keel y
Vallée, de que en el fenómeno OVNI hay fuerzas que no tienen nada que ver con
los “alienígenas” del imaginario Extraterrestralista.
Gianluca Marletta
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Las abduction comprenden una serie de fenómenos más bien
complejos, dentro de los cuales se reconocen algunas constantes. Las
principales son: A diferencia del Contactismo, el fenómeno del “secuestro” casi
nunca viene buscado o “propiciado” por el sujeto (o mejor todavía, por la
víctima); La experiencia es “subjetiva”, en el sentido que concierne al
individuo y no es testimoniada directamente por otros (también si, en algunos
casos, los fenómenos de “secuestro” conciernen a más de una persona y suceden en
el contexto de fenómenos, como avistamientos de objetos volantes, percibidos
por numerosos testimonios); Los fenómenos ocurren casi exclusivamente durante
las horas nocturnas8, preferiblemente durante el sueño pero también, como hemos
visto, en estado de vigilia; A menudo los testigos acuden al encuentro de la
experiencia del missing time (tiempo perdido) y terminan por recurrir a la
hipnosis regresiva para tratar de recordar lo que ha sucedido; Las “entidades”
se presentarían con ostentación como extraterrestres en busca de conejillos de
indias a los que someter a experimentos: muchas víctimas relatan haber sufrido
extrañas “investigaciones médicas” con la introducción de objetos en el
interior del cuerpo e incluso, en algunos casos, sufriendo violencias sexuales;
Todavía más en el caso de los “avistamientos”, las abduction a menudo vienen
acompañadas de fenomenologías preternaturales o sobrenaturales —muy
significativos, como veremos, son los casos de las víctimas que parecen haber
rechazado el intento de “secuestro” con la sola fuerza de los rezos y las
invocaciones religiosas (acontecimientos estos, que han llevado a algunos
investigadores a formular una verdadera y justa Hipótesis Demonológica del
fenómeno OVNI). La constante de todas estas experiencias, en cualquier caso,
parece ser especialmente el aspecto angustioso y terrorífico, en el cual la
víctima se percibe como sojuzgada y a merced de un poder implacable en cuyas
manos parece haber caído.
Gianluca Marletta
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alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Experiencias chamánicas y alienígenas
Una de las investigaciones antropológicas más interesantes
sobre el tema de las abduction es aquella publicada por el periodista escocés
Graham Hancock, en su ensayo Chamanes. Los maestros de la humanidad11. En el
curso de tal investigación, Hancock compara los modernos relatos de
“secuestros” tanto con las experiencias de Chamanismo asiático y americano,
como (a raíz de Vallée) con los testimonios tradicionales de contactos entre
los hombres y criaturas “sutiles” (como los Jinn de la tradición islámica, los
Elementales de la tradición hermética occidental o las leyendas sobre el
“pueblo pequeño” de las Hadas en Irlanda y las tierras célticas). A partir de
sus estudios personales sobre estados alterados de conciencia y sobre la visión
mágico-chamánica de las culturas “primitivas”, Hancock hipotetiza una analogía
entre las experiencias de los presuntos “secuestrados” y las visiones de los
chamanes. El resultado de estas investigaciones —comprendida también la
experimentación, por parte del autor, con las mismas drogas psicodélicas
utilizadas en las culturas tribales— ha llevado a resultados sorprendentes: en
la práctica, las experiencias chamánicas parecerían calcar punto por punto los
testimonios de los presuntos “abducidos”. Tanto los chamanes como los
“secuestrados”, de hecho, parecerían testimoniar el contacto con una idéntica
realidad: la única verdadera diferencia estaría en la interpretación (¿o en la
“máscara”?) que estos testimonios darían de su experiencia. Si para los
chamanes, por ejemplo, las “entidades” halladas durante los trances serían espíritus
de la naturaleza o figuras demoníacas, para los “abducidos” éstas tomarían la
forma de alienígenas hipertecnológicos. En particular, resultarían
absolutamente idénticos los testimonios concernientes a las extrañas
operaciones quirúrgicas a las cuales serían sometidos los sujetos de los
“secuestros”: también los chamanes, de hecho, afirman ser sometidos a extrañas
manipulaciones por parte de los “espíritus” que incluso llegarían a introducir
pequeños fragmentos de materia en su organismo con el objetivo de conferir al
sujeto poderes mágicos (también en este caso, la analogía con los testimonios
de abduction en los cuales las víctimas relatan haber sufrido “implantes” por
parte de los seres alienígenas parece más evidente). La pregunta más herética e
inquietante que Graham Hancock se hace, sin embargo, es otra y es aquella
concerniente a la naturaleza real de este “universo visionario” tan común entre
chamanes y abducidos. En esencia, se pregunta el investigador escocés, ¿Estamos
frente a meras creaciones del cerebro o ante la percepción de otra realidad? ¿Y
si tratase sólo de experiencias subjetivas, como se justificarían las
características comunes existentes en este tipo de experiencias? ¿Y quizás es
posible, se pregunta todavía Hancock, que nuestra mente, en ciertas
condiciones, pueda convertirse en una suerte de antena receptora vinculada a
una dimensión paralela no menos real que la nuestra? Hancock también plantea
una hipótesis sobre cuál puede ser la “dimensión” de la que proceden estas
manifestaciones: ésta sería aquella que, en muchas tradiciones, es definida
como “mundo intermedio”, o aquella dimensión sutil, “anímica”, ni material ni
realmente espiritual, donde se manifestarían toda suerte de influencias, a
menudo entre las más ambiguas y peligrosas. Otra analogía propuesta por
Hancock, de hecho, es aquella entre las experiencias OVNI y los innumerables
testimonios, presentes hasta los tiempos recientes en el folclore de todo el
mundo, de contactos con el variado mundo de las hadas, de los jinn o de los
espíritus. Según Hancock, por ejemplo, ciertos relatos difundidos en Irlanda o
en las tierras célticas concernientes al “secuestro” de adultos y niños por
parte de hadas, serían demasiado similares a las modernas experiencias de
abduction para ser consideradas casuales. Una increíble semejanza, en
particular, se daría entre los presuntos relatos de relaciones sexuales entre
los “secuestradores” y las víctimas y la inmensa tradición folclórica de los
“acoplamientos” entre seres humanos y hadas: en ambos casos, según Hancock, nos
encontraríamos frente a experiencias no materiales pero inherentes a una
realidad “sutil” que entraría en comunicación con la nuestra: algo que
permanecería en el mito de los demonios íncubos y súcubos ya presentes en la
tradición clásica del Medievo. Hancock encuentra incluso una indudable
semejanza entre la aparente “fisonomía” de las criaturas mágicas o demoníacas
de la Tradición y las tipologías modernas de los alienígenas15: ellos se
presentan preferentemente bajo la forma de enanos o de gigantes, a menudo con
grandes cráneos de características antropomórficas o, a veces, teriomorfas (es
decir, animalescas). Hancock tiene un enfoque puramente fenomenológico y, por
lo tanto, no expresa un juicio “de valor” sobre estas manifestaciones ni
presiona al juzgar que estos acontecimientos sean considerados como “positivos”
o “negativos”. ¿De qué nivel del “mundo intermedio” provendrían los fenómenos
que hoy llamamos OVNIs? ¿Son éstos “reflejos” luminosos de los estados
angélicos o, más bien, manifestaciones infernales o demoníacas? A esta pregunta
Hancock no responde, y sin embargo, él tampoco puede evitar encontrar engañosa
la naturaleza de los fenómenos llamados OVNIs: “¿Qué tienen que ver con
nosotros? ¿Por qué están aquí? ¿Qué quieren? ¿Cuál es su interés?16”. Se dice
que la trampa más grande diseñada por el diablo es convencer al mundo de que el
diablo no existe. (...) Nos hemos convencido, contra el sabio consejo de
nuestros antepasados, de que no existe ninguna forma de inteligencia
sobrenatural (...) Quizás estemos equivocados.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
De hecho, parece claro que Malanga no hace otra cosa que
sustituir la imagen tradicional de los demonios por aquella moderna del
alienígena. Según Malanga, de hecho, los “alienígenas” serían todos malvados y
oscuros, también cuando se ocultan tras la máscara de un rostro benévolo.
Simplemente sostiene, pese a todo, la Hipótesis Extraterrestre porque la
aceptación del concepto de demonio significaría, al mismo tiempo, tener que
casar una visión metafísica y cosmológica de tipo tradicional que el químico pisano
rechaza de entrada.
En la visión malangiana, de hecho, los alienígenas se
comportan como demonios, interactúan como demonios, provocan las mismas
reacciones psicofísicas que la tradición atribuye a las influencias demoníacas
(posesiones, acoso etc), pero son llamados “alienígenas” porque esta
identificación surgiría de las palabras de los “hipnotizados”.
Es un dato de facto, sin embargo, que los “alienígenas” de
la visión malangiana ya han perdido las características hipertecnológicas y materiales
propios del “mito extraterrestre”: permanecen como “alienígenas” porque Malanga
se obstina en definirlos como tales.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
EN FEBRERO DE 1960, sobre las páginas de la revista
soviética Literaturnaja Gazeta, apareció un curioso artículo firmado por el
matemático y físico Matest Agrest que, a su manera, habría hecho historia.
Dentro del artículo, el estudioso afirmaba con convicción que gran parte de los
episodios de apariciones y manifestaciones “sobrenaturales” presentes en los
textos bíblicos debían ser interpretadas como testimonios (deformados por la
mentalidad “primitiva”) de contactos entre nuestros antepasados y visitantes
extraterrestres. En particular, Agrest sostenía que la destrucción de Sodoma y
Gomorra narrada en el Génesis no había sido sino un bombardeo atómico ante
litteram y que el mismo Jesús fue un “alienígena” transportado a Belén por una
nave espacial confundida con una “estrella” por los famosos Magos.1 Estas
“hipótesis”, en realidad, no eran del todo nuevas (ya las hemos visto
expresadas por algunos entre los primeros “contactados”), pero nunca nadie
había llegado a proponerlas en una revista oficial. Sin embargo, el énfasis que
se le dará al artículo será realmente notable y, algo decididamente insólito en
la época, retomado con celeridad excepcional por los diarios estadounidenses
como el New York Times y Los Angeles Times, que publicaron extractos el día
después de su publicación en la URSS.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Retomada y reelaborada, readaptada y reinterpretada, la
“teoría de los antiguos astronautas” (o “paleoastronáutica”) se convertiría, de
hecho, en uno de los fenómenos más difundidos de la “cultura popular”, así como
un intento de respuesta que se pretendería “convincente” ante los verdaderos o
presuntos enigmas relacionados con nuestro pasado.
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Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Si los “fenómenos OVNI”, con sus anexos y conexiones,
representan el aspecto prodigioso y milagroso de aquella que hemos definido
como “pseudorreligión extraterrestre” y si los Contactados encarnan la función
“profética” y “reveladora”, las hipótesis de la paleoastronáutica representan
más el corpus doctrinal e interpretativo.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Podemos decir, en un cierto sentido, que las hipótesis
paleoastronáuticas se refieren al “mito extraterrestre” como los Textos
Sagrados lo hacen respecto a las religiones: y no es casualidad que los
impulsores de la hipótesis de los “antiguos contactos” hayan dedicado gran
parte de sus esfuerzos a la “reinterpretación” en clave extraterrestre de las
Escrituras de las distintas tradiciones. Entre los autores de mayor éxito del
filón paleoastronautico podemos recordar, ya a mediados de los años 60, al francés
Robert Charroux y al británico Walter Raymond Drake (este último, autor del
primer libro dedicado específicamente a la interpretación “extraterrestre” de
la Biblia).
El éxito popular de la hipótesis llega, sin embargo, al
final del decenio con los libros del escritor suizo Erich Von Daniken, en
particular con el best seller Los extraterrestres volverán (Erinnerungen an die
Zukunft, 1968), donde se encuentran todas las interpretaciones y las
afirmaciones que serán retomadas por la paleoastronáutica en los años sucesivos
(exégesis “alienígena” de los Textos Sagrados —especialmente la Biblia y los
relatos de la tradición hindú—, correlación entre las grandes estructuras
arquitectónicas del pasado y presuntas intervenciones extraterrestres etc).
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
En cualquier caso, más allá del enfoque individual, las
principales tesis de la paleoastronáutica pueden resumirse en las siguientes
afirmaciones:
El planeta Tierra habría sido visitado en el pasado por
criaturas alienígenas que influirían de manera determinante sobre la
“evolución” de la civilización.
El origen mismo del Homo Sapiens, con su inesperada
aparición, sería explicable gracias a la intervención de extraterrestres muy
evolucionados que se habrían cruzado (o modificado genéticamente) con los
homínidos ya presentes, dando origen a nuestra especie (tesis que se está
convirtiendo progresivamente en el “caballo de batalla” de un cierto ateísmo de
vanguardia, insatisfecho con las respuestas del viejo Darwinismo).
Los principales “enigmas arqueológicos” distribuidos por
nuestro planeta (Pirámides, construcciones megalíticas, pistas, diseños de
Nazca etc) serían explicables a partir del uso de una tecnología
extraterrestre.
Los Textos Sagrados, los relatos, las crónicas e incluso
muchas obras de arte serían el testimonio “ingenuo” y “primitivo” de estos
contactos.
Gianluca Marletta
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alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
¿Pero cuáles serían los “métodos” utilizados por los
partidarios de la paleoastronáutica para recopilar eventuales pruebas y
sustento para sus hipótesis?
Las características de su modus operandi son más simples en
su resumen:
Un literalismo absoluto en la interpretación de los textos y
los testimonios antiguos. La paleoastronáutica no sólo ignora, sino que
desprecia cualquier tipo de interpretación tradicional: un Texto Sagrado, por
ejemplo, debe interpretarse “literalmente”, prescindiendo entonces de la misma
Tradición que lo ha generado. Por usar una expresión retórica más apreciada por
el escritor Mauro Biglino, en la lectura de un texto antiguo es necesario
“fingir que... Se dice aquello que se afirma”: esto es, concretamente, excluir
cualquier significado que a nuestros ojos (de modernos) no sea aquel más
aparente. Así, por ejemplo, dondequiera que en los textos tradicionales se
hable de Cielos, del Reino de los Cielos, de “dimensiones superiores”4, no
deberíamos ver otra cosa que una referencia al espacio y a eventuales planetas
extraterrestres, más que diversos estados del ser. Pero también habrá quien,
bajo este método, afirmará ver “naves espaciales” en antiguos cuadros e incluso
un lejano recuerdo de “misiles extraterrestres” en la forma de campanario de
los minaretes.
Los eruditos de la paleoastronáutica dejan a un lado
cualquier conocimiento del simbolismo, la cosmología o la metafísica
tradicional. Se ignora o se minimiza el mismo hecho de que los “antiguos”
pudieran tener una visión del mundo tan compleja como “diversa” respecto a
aquella de los modernos. Se ignora o se minimiza que “los antiguos” pudieran
haber elaborado una forma de interpretación de las Escrituras o de los textos
reunidos o compilados por ellos mismos.
Criticando seguramente, bajo ciertos aspectos, el
evolucionismo y el darwinismo, la paleoastronáutica se jacta de ser “moderna”:
la actitud hacia nuestros pobres antepasados primitivos es inequívoca y está
marcada por la superioridad y el desprecio. Los eruditos de la
paleoastronáutica, primeros en la historia, “descubrirían” finalmente el
verdadero sentido de las Escrituras y de los testimonios del pasado que
nuestros “ingenuos predecesores” ignoraban o erraban.
Además, es particularmente problemática la relación entre
paleoastronáutica y arqueología. Después de los “rugientes años 70”, durante
los cuales autores como Von Daniken afirmaban reconocer testimonios de
“presencia alienígena” entre las ruinas esparcidas por todos los rincones del
mundo.
La posterior crítica ha redimensionado totalmente los
entusiasmos. Las más recientes obras de la paleoastronáutica (Sitchin y
Biglino), de hecho, tienden a poner entre paréntesis el problema de la ausencia
de testimonios arqueológicos para respaldar sus propias hipótesis e, incluso si
intentan recurrir a supuestas “pruebas concretas”, éstas resultan
invariablemente mixtificadas o incluso inventadas. La paleoastronáutica,
además, también pretende prescindir de los estudios modernos de antropología o
de la historia de las religiones. El contexto cultural, espiritual, mental y el
valor de los pueblos antiguos se pasa por alto; los estudios de historia
comparada de las religiones, que evidencian analogías entre ritos, símbolos y
lenguajes entre las diversas culturas y poblaciones, son simplemente ignorados.
Gianluca Marletta
Ovnis y
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En auxilio de Hoyle llegará entonces el ilustre premio Nobel
Francis Crick, que en 1953 había identificado junto a James Watson la
estructura del ADN, proponiendo una versión todavía más extrema e impactante de
la Panspermia: la Panspermia Guiada. En esencia, aquello que se sostenía en
este caso es que la difusión de la vida en el universo no tuvo lugar a través
de vías “espontáneas” y casuales, sino porque estuvo guiada por una
inteligencia: una inteligencia extraterrestre. Por obviar la aparente imposibilidad
evidenciada por los cálculos de Wickramasinghe, Crick hipotetizó que el
acontecimiento-vida ocurrió en un solo caso en algún lugar del universo
(universo que, en su “inmensidad”, podía diluir la improbabilidad del origen de
la vida de la materia inanimada). Una vez sucedido el acontecimiento y
llegados, a través de la evolución, al nivel de una “civilización tecnológica”
capaz de explorar los espacios cósmicos, esta “civilización” habría difundido,
por razones que desconocemos, la vida en otros planetas, comprendido el
nuestro. Crick revisará a continuación sus posiciones, afirmando preferir (a
pesar de todo) la idea de que la vida se hubiese generado espontáneamente sobre
la Tierra; pero su desconcertante hipótesis se ha convertido, con los años, en fuente
de inspiración tanto para los partidarios de la paleoastronautica, como para
los ateos más irreductibles. La hipótesis del alienígena “creador” (o cuanto
menos inseminador) universal parece ser, de hecho, a ojos de muchos, la única
alternativa aceptable para no “recaer” en la hipótesis-Dios: y ello ha
contribuido, en los últimos años, a atraer hacia la tesis de los “antiguos
astronautas” no solo a los apasionados del New Age o a los ufólogos, sino
también a un creciente número de irreductibles ateos y anticlericales. El caso
más impactante es, quizás, aquel de Richard Dawkins, divulgador científico
conocido en todo el mundo por sus tesis ultradarwinistas y ateas que, en los
últimos años, ha aceptado con mayor frecuencia, al menos en principio, la idea
de la Panspermia Guiada.
Gianluca Marletta
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La hipótesis de Sitchin está esencialmente basada en una
interpretación de los antiguos textos mesopotámicos (pero también en algunos
pasajes bíblicos), a partir de los cuales el escritor azerí elabora una
contra-historia de la humanidad intrigante como la trama de un relato de
ciencia ficción.
Los puntos cardinales de esta fanta-génesis son
especialmente tres: La interpretación en clave “planetaria” de la epopeya
babilónica de la creación (el Enûma Elish6). La idea de que las antiguas
poblaciones de Mesopotamia estuvieron en conocimiento, por revelación
extraterrestre, de la existencia de Doce cuerpos celestes de nuestro sistema
solar, entre los cuales figuraría un planeta de nombre Nibiru, caracterizado,
según Sitchin, por una órbita excéntrica que lo llevaría periódicamente a las
inmediaciones de la Tierra. La idea de que los habitantes de Nibiru (a los que
Sitchin llama Annunaki, a partir del nombre de las divinidades mesopotámicas
del cielo, o Nephilim, del nombre bíblico referido a los “Gigantes” que
vivieron en épocas remotas) habrían llegado a la tierra cuando el hombre se
encontraba todavía en un nivel semisimiesco y que generaron al homo sapiens
mezclando sus propios genes con los de los homínidos ya presentes en nuestro
planeta.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
Tomada del libro Ovnis y alienígenas: Origen, historia y
prodigio de una pseudorreligión de Gianluca Marletta
Al libro-culto del 2010 seguirán en orden: Il dio alieno
nella Bibbia (2011); Non c'è creazione nella Bibbia (2012); La Bibbia non è un
libro sacro (2013); todos editados con la Uno Edizioni. A estos viene añadido
un ensayo editado en esta ocasión por Mondadori en 2015 bajo el título: La
Bibbia non parla di Dio. El contenido de todos estos ensayos se puede resumir
en los siguientes puntos: La Biblia no es un libro religioso, no habla de nada
que tenga que ver con cuestiones metafísicas, ni de Dios alguno; En una lectura
estrictamente literal, se evidenciaría que la Biblia es, ante todo, un libro
histórico que narra los acontecimientos de una estirpe presumiblemente
“alienígena” conocida como los Elohim, de los cuales “el Elohim de Israel”,
Yahweh, sería solo uno de muchos; Todos los términos hebreos de la Biblia, si
se interpretan literalmente, harían referencia con evidencia a la historia de
estos “alienígenas” llegados a la tierra; Cada interpretación de tipo
religioso, esotérico o metafísico de las Escrituras sería solamente una
“superestructura ideológica” impuesta sucesivamente por la casta de los
sacerdotes para dominar al pueblo y las conciencias.
A partir de estas claves interpretativas, Biglino habría
desvelado el verdadero significado de los acontecimientos bíblicos, que podrían
resumirse de la siguiente manera: En un pasado remoto, una nave alienígena de
los “Elohim” llega a la Tierra y decide transformarla en un lugar más
hospitalario. Se asientan en un valle oscuro y brumoso, en gran parte ocupado
por las aguas y... La nave de los Elohim flotó sobre la superficie de estas
aguas encrespándolas con la vibración de los motores encendidos.2 Entonces los
Elohim, por no trabajar en la oscuridad, decidieron encender las luces de la
astronave (“¡Y se hizo la luz!” — Génesis 1, 1.3) y así pudieron organizar y
planificar los trabajos de limpieza del territorio. En este punto, los Elohim
alienígenas decidieron crear un dique para “separar las aguas de encima y
aquellas de debajo3” (y aquella que en la Biblia, como en muchas tradiciones
espirituales, viene descrita inequívocamente como la separación de las “aguas”,
pero que en Biglino se interpreta como “un trabajo de limpieza”) y así, una vez
aparecido lo seco, los alienígenas empezaron a cultivar alguna suerte de
plantas, creando en probeta, mediante la ingeniería genética, peces, pájaros y
animales selváticos. ¿Pero por qué eligieron la Tierra los Elohim? Sobre este
punto, Biglino prosigue la narración de Sitchin: probarían con un planeta de
órbita elíptica, Nibiru, que cada 3.600 años se acercaría a nuestro planeta.
Según Sitchin-Biglino, la expedición de los Elohim probablemente tenía como
objetivo encontrar oro que, atomizado en la atmósfera de Nibiru, ralentizaría
un proceso de enfriamiento y rarefacción. El líder de los Elohim habría sido
Anu (nombre del dios sumerio del cielo), que habría confiado a 600 alienígenas
la misión de repartirse la Tierra. Además, por alguna razón, según Biglino,
estos seres habrían tenido necesidad de aspirar el humo de las carnes quemadas,
humo que contendría aquellas enzimas presentes en la atmósfera de su planeta, y
cuya ausencia generaba frecuentes crisis respiratorias en los Elohim: pero es
por esta razón, según el “biblista”, que habrían tenido origen los sacrificios
presentes en todos los pueblos antiguos.
De la Biblia según Biglino A partir de estas claves
interpretativas, Biglino habría desvelado el verdadero significado de los
acontecimientos bíblicos, que podrían resumirse de la siguiente manera: En un
pasado remoto, una nave alienígena de los “Elohim” llega a la Tierra y decide
transformarla en un lugar más hospitalario. Se asientan en un valle oscuro y
brumoso, en gran parte ocupado por las aguas y... La nave de los Elohim flotó
sobre la superficie de estas aguas encrespándolas con la vibración de los motores
encendidos.2 Entonces los Elohim, por no trabajar en la oscuridad, decidieron
encender las luces de la astronave (“¡Y se hizo la luz!” — Génesis 1, 1.3) y
así pudieron organizar y planificar los trabajos de limpieza del territorio. En
este punto, los Elohim alienígenas decidieron crear un dique para “separar las
aguas de encima y aquellas de debajo3” (y aquella que en la Biblia, como en
muchas tradiciones espirituales, viene descrita inequívocamente como la
separación de las “aguas”, pero que en Biglino se interpreta como “un trabajo
de limpieza”) y así, una vez aparecido lo seco, los alienígenas empezaron a
cultivar alguna suerte de plantas, creando en probeta, mediante la ingeniería
genética, peces, pájaros y animales selváticos. ¿Pero por qué eligieron la
Tierra los Elohim? Sobre este punto, Biglino prosigue la narración de Sitchin:
probarían con un planeta de órbita elíptica, Nibiru, que cada 3.600 años se
acercaría a nuestro planeta. Según Sitchin-Biglino, la expedición de los Elohim
probablemente tenía como objetivo encontrar oro que, atomizado en la atmósfera
de Nibiru, ralentizaría un proceso de enfriamiento y rarefacción. El líder de
los Elohim habría sido Anu (nombre del dios sumerio del cielo), que habría
confiado a 600 alienígenas la misión de repartirse la Tierra. Además, por
alguna razón, según Biglino, estos seres habrían tenido necesidad de aspirar el
humo de las carnes quemadas, humo que contendría aquellas enzimas presentes en
la atmósfera de su planeta, y cuya ausencia generaba frecuentes crisis
respiratorias en los Elohim: pero es por esta razón, según el “biblista”, que
habrían tenido origen los sacrificios presentes en todos los pueblos antiguos.
El gran descubrimiento de los Elohim, sin embargo, habría sido aquel de una
curiosa criatura que vagaba por las sabanas de lo que hoy llamamos África: un
homínido extraño pero fascinante que habría atraído rápidamente la atención de
los “visitantes”. Dicho esto, los alienígenas habrían decidido que, modificando
genéticamente aquel ser, se podrían resolver muchos de sus problemas. Y así
fue. Mezclaron su ADN con aquel de los homínidos dando lugar, finalmente, al
hombre. El hombre habría trabajado en las minas de oro de África en su lugar
y... Al Séptimo día los Elohim pudieron descansar. Muchos siglos después,
cuando la criatura de los Elohim ya había iniciado su fase histórica y
comenzado a poblar toda la Tierra, los Elohim se dividieron en varios pueblos:
y un joven Elohim cuyo nombre era Yahweh, decididamente desafortunado, le
habría tocado en suerte solo un pequeño pueblo de beduinos errantes del Oriente
Medio, los hebreos. Lleno de envidia e iracundo, pero también despiadado y
ambicioso, el alienígena Yahweh comenzó a utilizar todo su arte militar para
engrandecer a su pequeño pueblo: con la ayuda de sus fieles Malakim (aquellos
que llamamos “ángeles”) y de los poderes tecnológicos de su astronave Kavod
(término que la Biblia traduce normalmente como “gloria” de Dios), Yahweh el
guerrero habría llegado a asentar a su pueblo de camellos y pastores en una
hermosa región llamada Canaán o Palestina. Por alguna razón que ignoramos
(¿Quizás el alejamiento de Nibiru de la órbita terrestre?), hacia los siglos
IV-III a.C., los Elohim se habrían visto obligados a abandonar la Tierra,
dejando a su suerte a los pueblos sobre los cuales habían reinado: pueblos que,
en el deseo de recrear un contacto con sus creadores y señores,
espiritualizarían gradualmente la memoria de estos seres mediante la creación
de religiones.
Gianluca Marletta
Ovnis y
alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión
El método Biglino y las razones de su éxito pueden definirse
en los siguientes puntos:
A diferencia de otros partidarios de la paleoastronautica,
Biglino ostenta la cualificación de presunto “biblista”. Su historia personal
(en realidad un poco mitologizada) se configura narrativamente en el modo de un
ciclo del héroe donde el protagonista, inicialmente sobre posiciones
“ortodoxas”, se dirige a los alienígenas en el camino hacia Damasco,
convirtiéndose en el campeón del pensamiento libre frente al oscurantismo
religioso. Esto genera una “empatía” inmediata y una identificación entre el autor
y un público generalmente constituido por anti-clericales o, en cualquier caso,
por personajes fuertemente contrarios a la religión, especialmente hacia
aquella cristiana.
La idea de que el texto bíblico deba reducirse a su
inmediato significado “literal”. Biglino condena anticipadamente como
mixtificaciones todas las interpretaciones espirituales, simbólicas o
metafísicas de las Escrituras. Es él quien crea la forma retórica del
“Supongamos que...”; incluso si, sus interpretaciones “literales y objetivas”
de los términos bíblicos son, muy a menudo, más “subjetivas” y unilaterales de
cuanto pueda imaginarse de una lectura superficial de sus libros.
Biglino, como, o incluso más que los seguidores anteriores
de la paleoastronautica, sobrevuela literalmente sobre el contexto
antropológico, cultural e histórico: “su” Biblia es un texto
descontextualizado, donde cada referencia a la cultura y a la visión
tradicional es excluida de inicio. Para proponer a los lectores la idea de una
“férrea coherencia” de su discurso, Biglino elimina cualquier enfrentamiento
con otras disciplinas que no sean, precisamente, la lectura más inmediata del
texto.
Una hipótesis sensacional como aquella de Biglino también
habría necesitado, además, de un enfrentamiento con los datos arqueológicos;
pero este aspecto, una vez más, es astutamente evitado por el autor. Las
poquísimas veces que Biglino apela a descubrimientos arqueológicos, como
veremos, los datos que aporta resultan completamente equivocados, lo cual
(aunque se quiera creer en la buena fe del autor) es significativo en relación
a su actitud. Uno de los “puntos fuertes” de Biglino es el uso desprejuiciado de
las fuentes (no solo de Textos originarios, sino también de diccionarios,
comentarios bíblicos etc.) que informan sobre extractos extrapolados o incluso,
en algunos casos, manipulados en la medida de poder sostener su hipótesis. Todo
esto, evidentemente, confiando en la dificultad o en la imposibilidad, por
parte de su público, de consultar las fuentes originales.
Otro de los recursos retóricos frecuentes en la obra de
Biglino es aquel de utilizar expresiones tan perentorias como vagas del tipo,
“los investigadores afirman...”, “Todos los biblistas son de de la opinión de
que...”, etc., pero observando cuidadosamente los detalles de sus afirmaciones.
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prodigio de una pseudorreligión
En primer lugar, hay que reconocer que el discurso de
Biglino contiene alguna verdad: en la lengua hebrea no existe una palabra que
pueda comprender el “concepto” de Dios, así como —y esto sorprenderá al
“biblista” turinés— esta palabra no existe en ninguna lengua humana. Y en
efecto, si tomamos el término “Dios” como sinónimo de Ser Supremo o incluso más
que Absoluto, es evidente que ningún término podrá comprender nunca el
“concepto” plenamente, pero podrá, como mucho, evidenciar algunos aspectos por analogía
con las realidades terrenales. Así, por ejemplo, también en las lenguas
indoeuropeas, el término “Dios” (al igual que el Gott germánico, el Deus
latino, el Theos griego etc), derivan en su totalidad de una raíz indoaria,
Djew, que significa literalmente “resplandeciente” (la misma de la cual deriva
el término “día” en latín —dies— en inglés —day— etc.). Por lo tanto, si
queremos “jugar el juego” de Biglino, ni tan siquiera nuestras lenguas europeas
poseen una palabra que indique literalmente el concepto de Dios, aunque no se
pueda decir que este “concepto” (si se quiere utilizar este término) no exista.
Gianluca Marletta
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Pero volviendo al término Elohim, también en este caso es
evidente como Biglino utiliza la retórica de “la filología académica afirma
que...”, sin tener que tomarse la molestia de citar textos oficiales concretos
para sustentar su hipótesis.
Como alternativa, Biglino utiliza definiciones y conceptos
retomados de algunos diccionarios de hebreo bíblico, pero adaptando las
definiciones y los significados que podrían contradecir sus tesis.
A tal propósito, justo el diccionario más utilizado por
Biglino, el Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon, para la voz אלוהים
Elohim (483)4, informa de tres significados
Gobernantes, jueces (...). Aquellos divinos, seres
superhumanos comprendidos Dios y los ángeles (...) dioses, etc.
Plural intensivo. Dios o diosa (...)
El (verdadero) Dios. YHWH es (el) Dios.
Es inútil decir que, de las tres definiciones, Biglino apela
solo a la primera (más genérica) y, naturalmente, pasa en total silencio por la
tercera (más específica e inequívoca), en la cual el término Elohim es
utilizado para designar “el verdadero Dios”, en oposición a las otras
“divinidades” (el diccionario, en apoyo de tal significado, cita el uso hecho
en algunos pasajes bíblicos: Dt 4, 32,39; 1Re 8, 60; 2Cro 33, 13 etc).
Por lo tanto, sí es evidente que la raíz de Elohim remite al
concepto de “potencia”, de “juicio” y de “altura” (exactamente como nuestro
término “Dios” se origina de la expresión que señala el “esplendor”), su uso
extendido se refiere perfectamente al Supremo, o a Aquel que es, eminentemente,
“Juez” y “Poderoso”.
La raíz de la cual extrae su origen el término Elohim, por
lo demás, es utilizada para designar a los dioses o la Divinidad en todas las
lenguas semíticas occidentales: se encuentra en el cananeo ugarítico como 'lhm,
en el arameo bíblico como 'Ĕlāhā, y sucesivamente en el sirio Aalaha “Dios”, y
en árabe para señalar genéricamente las “divinidades”, ilāh o como Allah para
señalar “el” Dios único (artículo Al+'ilāh).
Sobre la cuestión del “plural” del término Elohim, que
tantas ilusiones ha suscitado tanto en Biglino como en los precedentes
estudiosos de la paleoastronautica, la Encyclopedia Judaica (edición 2006)
informa de los siguientes ejemplos y explicaciones (las cursivas son nuestras):
La palabra eloah “Dios” y su plural elohim, es aparentemente
una forma alargada de El (...). (Elohim) es usado muy raramente en referencia a
un dios extranjero y solo en un periodo de demora (...) En todos los demás
casos nos refiere al Dios de Israel (...). En referencia al “dios” de Israel
viene utilizado muy a menudo —más de 200 veces— y frecuentemente con el
artículo ha-elohim, “el (verdadero) Dios”. (...) algunos estudiosos lo
consideran como un plural que expresa una idea abstracta (por ejemplo, zekunim,
“vejez”, neurim “tiempo de la juventud”. (...) Es más probable, sin embargo,
que haya venido de un uso general cananeo. En la carta al Faraón el-Amarna es
designado a menudo como “mis dioses (ilani'ya) el dios-sol”.
Por lo demás, muchos términos hebreos, cuando expresan
conceptos de gran importancia, son referidos en plural, entre ellos: hayim
(vida), rahamim (misericordia), ba'alim (señor), etc.
El “concepto” de Dios, entonces, está perfectamente presente
en Israel y en el ámbito semítico, y el uso del término en plural está
ampliamente documentado en las culturas de aquella zona y de aquella época para
designar conceptos eminentes, cuyo significado permanece en singular.
Queriendo, por lo tanto, dar por descontada la buena fe de
Biglino, es evidente que su preparación como “autodidacta” de la lengua hebrea
no es, de hecho, suficiente para dar sentido pleno a una traducción,
especialmente en lo que concierne a un texto complejo y de significados
poliédricos como la Biblia.
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Una vez más, a los ojos de quien quiera ver, el “método
Biglino” aparece como una extraña macedonia de equívocos y boutade que
seguramente puede resultar “seductor” a los ojos de muchos pero que, en un
último análisis, está absolutamente desprovisto de cualquier fundamento.
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SI hay una cosa que ha caracterizado al “mito
extraterrestre” desde su nacimiento es, seguramente, la fuerte referencia a una
atmósfera que podemos definir como “religiosa” o “pseudorreligiosa”.
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A la espera del “Mesías alienígena”
Por otra parte, como hemos subrayado, el “mito
extraterrestre” posee todas las características de una perfecta “parodia de la
religión”: hay un aspecto prodigioso-milagroso, que se manifiesta en la
interpretación en clave “alienígena” de los fenómenos OVNI y de las posesiones
denominadas abduction; existe un aspecto profético-revelador que se manifiesta
en el Contactismo; existe un aspecto doctrinal que se sustancia en la lectura
en clave ufológica de los orígenes del hombre, de la vida y de los Textos Sagrados
de las religiones.
Pero también existe, y quizás, sobre todo, un aspecto de
espera mesiánica que subyace en toda la historia del “mito extraterrestre”: de
los “alienígenas sutiles” de Crowley y Parsons destinados a destruir las
religiones para abrir a la humanidad al Eón de Horus hasta la espera de las
“impactantes revelaciones” por parte de Sitchin y Biglino que desvelarán la
verdad oculta sobre los orígenes del hombre. De hecho, los
“extraterrestrelistas” se configuran como una humanidad “en espera”. No en
vano, es necesario tomar nota de que millones de personas, a día de hoy, viven
en la certeza de un próximo “acontecimiento” que finalmente desvelará aquello
que ha permanecido oculto: una suerte de “parodia del Apocalipsis” cristiano
donde finalmente conoceremos aquello que, de buena o mala fe, las religiones,
los gobiernos y la ciencia han tratado de “ocultar” a toda costa: la existencia
de los alienígenas.
Desde este punto de vista, la parodia de la espera mesiánica
propia de las religiones tradicionales no podría ser más oportuna: en el lugar
del “desvelamiento” de la Verdad divina (es este el sentido literal del término
griego “apocalipsis”) tenemos la revelación de la “verdad” sobre nuestros
orígenes; en el lugar del retorno de Cristo o del Mesías esperado por el
Cristianismo, el Islam y el Judaísmo, o del Kalki Avatara del Hinduismo,
tenemos el futuro (¿próximo?) descenso del “cielo” de un mesías extraterrestre
que vendrá a traer una Nueva Era, nos desvelará el verdadero sentido de nuestra
existencia y, probablemente, nos salvará de la autodestrucción atómica o
ambiental (así como durante decenios han predicado los contactistas).
Lo más significativo, además, es que esta expectativa
mesiánica es compartida, aunque de formas diferentes, por personas de una
extracción cuanto menos heterogénea: los contactistas que practican el
channeling y la telepatía, por ejemplo, estarán muy lejos como visión del
mundo, de ciertos fans ateos y materialistas de Biglino, pero sin embargo todos
ellos están igualmente “a la espera” de un shock que sacudirá a la humanidad.
En aquel día, según los extraterrestralistas, no solo todos
nosotros “conoceremos la verdad”, sino que finalmente los enemigos
oscurantistas e intolerantes del saber serán definitivamente humillados y
silenciados. Leyendo las páginas de Von Däniken o el blog de los partidarios de
Sitchin o Biglino, es fácil encontrar declaraciones despectivas y burlonas
dirigidas, especialmente, a los fieles de las religiones tradicionales:
religiones que, según los extraterrestralistas, serán eliminadas cuando llegue
a su fin la ansiada espera... ¡Confirmación oficial sobre los alienígenas!
Gianluca Marletta
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En aquel día, según los extraterrestralistas, no solo todos
nosotros “conoceremos la verdad”, sino que finalmente los enemigos
oscurantistas e intolerantes del saber serán definitivamente humillados y
silenciados.
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La hipótesis demonológica
Las declaraciones de los exponentes de las Iglesias
Ortodoxas informaron una vez más sobre la cuestión OVNI, sobre lo que ha sido
definido como la Hipótesis Demonológica: una hipótesis que podría sonar
inverosimil a los oídos del hombre moderno secularizado pero que hemos visto
alentada, de una manera u otra, por estudiosos y ufólogos de extracción
totalmente laica y a-religiosa.
El aspecto aparentemente inmaterial y “evanescente” de los
fenómenos OVNI, sus características, a menudo angustiosas y terroríficas y su
“máscara” engañosa despiertan en muchos la clara impresión de que tiene que ver
con un fenómeno (o mejor todavía, con un conjunto de fenómenos,
interpretaciones y repercusiones ideológicas) marcado por un sello
decididamente siniestro.
Sobre esta hipótesis, un escritor francés de escuela
“guenoniana”, Jean Robin, ha elaborado un ensayo que ha representado hasta hoy,
la forma de crítica más radical al mito extraterrestre: UFO, la gran parodia
(publicada en Italia por Edizioni all'Insegna del Veltro, Parma, 1984).
Según Robin, de hecho, el mito extraterrestre (con su
corolario “prodigioso” constituido por los fenómenos OVNI), sería considerado
como la forma más sofisticada de engaño del anticristo, utilizado para seducir
a la ya desorientada humanidad moderna.
De esta manera, el mito de los OVNIs se prestaría a engañar
en igual medida tanto a los “pseudo-espiritualistas” como a los seguidores del
viejo materialismo, los cuales estarían muy dispuestos a acoger, en sus
inciertas cosmogonías, a los “mutantes” extraterrestres para terminar por
“jubilar” la idea de Dios.
Porque, afirma Robin, los OVNIs son ciertamente un hecho. El
materialista, que es por definición un “empírico” pero que nada sabe de aquello
que es metafísico, podría acoger tranquilamente “el engaño extraterrestre”, en
la medida en que éste se manifiesta bajo formas aparentemente “tecnológicas” y
futuristas.
Sin embargo, el aspecto original de la crítica de Robin
reside en la idea de que todas las manifestaciones del “mito extraterrestre”
sean, de cualquier modo, coherentes con un proyecto de manipulación general de
la conciencia humana. Retomando las antiguas profecías bíblicas y las
tradiciones apocalípticas del Islam y del Hinduismo, de hecho, Jean Robin
identifica en la modernidad tanto materialista como neoespiritualista el
“tiempo de la apostasía” previsto por San Pablo7; y, sin embargo, según Robin, está
en el horizonte del ocultismo y del espiritismo, que deben identificar los
rasgos verdaderos de esa subversión general y parodia de la espiritualidad que
coincidirá con el Reino del Anticristo.
Desde este punto de vista, además, Robin no trata de
identificar en los OVNIs uno de aquellos “prodigios” —quizás el más importante
de todos— que según la Tradición distinguirá el advenimiento del antimesías.
La naturaleza más auténtica del Anticristo, de hecho, es
esencialmente aquella de ser una parodia de Cristo, una mixtificación de la
verdad y de la luz, un ángel de tiniebla que se reviste de un falso esplendor;
¿Y qué forma podría ser más eficaz y engañosa para los confusos hombres
modernos, escribe Robin, que un Anticristo que se mostrase como un “salvador
llegado del espacio”?
El Anticristo, líder de una jerarquía arruinada cuyo
“vértice” será en realidad lo más cercano a los abismos infernales, no podrá
sino encarnar la Mentira que en el modo más... Simbólico pueda imaginarse.8
Como el Cristo de la Segunda Venida descenderá de los
cielos, según las tradiciones cristianas e islámicas, así el Anticristo —su
parodia— podría manifestarse de forma similar.
Un cielo visible e inmanente en el lugar de los Cielos
Superiores contemplados por las Tradiciones Espirituales.
Gianluca Marletta
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