José T. Boyano

"El buen doctor Breuer empleó por primera vez el término lo inconsciente. Lo usó refiriéndose a la forma en que afectaban a Bertha Pappenheim algunos hechos del pasado, cuando los fantasmas y los miedos afloraban a su conciencia desde algún lugar oculto. Bertha —decía Breuer— «era normal en su sentir y su querer, siempre que en “el inconsciente” no surgiera como estímulo algún producto del estado segundo…». Es decir, cuando aparecían contenidos del «inconsciente» durante la hipnosis, la paciente se alteraba de forma notable."
 
José T. Boyano
Eso no estaba en mi libro de historia de la psicología, página 37
 
 
 En la maratón, los últimos kilómetros requieren sacar a relucir una capacidad especial, una fuerza oculta no se sabe en qué parte del organismo. En la ciencia, el sprint final requiere una energía creativa. En el campo de la física, frente a la indecisión de Poincaré, Einstein fue capaz de exhibir su valentía, su capacidad para detectar relaciones entre la luz y el tiempo y, apostándolo todo, concentrarse en sus consecuencias, por muy extrañas que parecieran. En las matemáticas, Turing descomponía los problemas en pequeños pasos e imaginaba máquinas que los realizasen. A veces, la pugna es tan cerrada que hay que empujar a un rival en la curva y echarlo de la pista. En una famosa carrera de la biología, Watson y Crick entraron al despacho de una colega, Rosalind Franklin, y le robaron la radiografía 51, imagen que les inspiró para construir su modelo tridimensional del ADN."
 
José T. Boyano
Eso no estaba en mi libro de historia de la psicología, página 19
 
 
 
 "En sus obras escritas, Pinel dejó constancia de dos necesidades: es preciso ver al enfermo como ser humano en toda su amplitud e integridad y entender cómo esta persona ha sido afectada por el desarrollo de la enfermedad. Esta fue una propuesta novedosa frente a duchas, sangrías y cadenas. ¿La conversación como medio de tratamiento? Sí, esto era una auténtica innovación, y muchos, por aquellos tiempos, aludían a Pinel y a sus colegas como «los charlatanes», los que charlaban."
 
José T. Boyano
Eso no estaba en mi libro de historia de la psicología, página 10
 
 
 
 LA SOLUCIÓN TECNOLÓGICA: LOS VIBRADORES EN EL CENTRO DE LA POLÉMICA

A partir de la publicación del libro La tecnología del orgasmo, de Rachel Maines, se ha difundido la idea de que los masajes en el clítoris eran una práctica habitual de la medicina victoriana. Cientos de páginas en internet han reproducido este relato, que ha acabado desembarcando en muchos libros y artículos con membrete científico. La hipótesis vibratoria afirma que estos médicos y mujeres del siglo XIX desconocían la función placentera del clítoris y, por consiguiente, las mujeres acudían a la consulta sin mala conciencia. El marido esperaba en la salita mientras el médico producía a la mujer histérica un orgasmo por vía digital. Se ha divulgado, incluso, que un pobre médico inglés, con el brazo lesionado, tuvo que inventar un aparato vibratorio que estimulara mecánicamente los clítoris y, con ello, se aseguraba sus ingresos sin necesidad de derivar a otros a sus pacientes. Por sí solo, se supone que el aparato podía dar abasto con la dura y aburrida labor de amasar clítoris, por mucho que aumentase la demanda. Estas historias, algo deformadas, podrían acabar conformando una leyenda urbana. En su génesis, tiene mucha similitud con el nacimiento de una leyenda negra o, en este caso, verde. En realidad, según los textos de la época, tales prácticas nunca formaron parte de la medicina victoriana ortodoxa. Examinemos el caso del presunto inventor del vibrador, Joseph Mortimer Granville (1833-1900). El aparato no era un juguete erótico ni mucho menos, se trataba de un vibrador eléctrico diseñado para ser aplicado a problemas musculares. En un sesudo volumen, el señor Granville explicaba con detalle los distintos usos terapéuticos. Es más, Granville niega tajantemente haber usado nunca el aparato en mujeres y, jamás de los jamases, para aliviar histéricas. A pesar de ello, Granville ha sido ridiculizado sin cesar hasta el día de hoy, hasta el infinito y más allá. En una película inglesa se le muestra como un pícaro que se enriquece a costa de las mujeres victorianas insatisfechas. Contra la opinión de Rachel Maines, muchos investigadores han negado que tales prácticas fueran usuales o admitidas en la Inglaterra victoriana. Antes que el vibrador, los médicos preferían la electroterapia, por lo que aplicaban un procedimiento llamado «faradización del útero», introduciendo un electrodo en la vagina. Todos los médicos ingleses rechazaban los rumores que llegaban de Francia. Se decía que, en el continente, había quien recomendaba masajes clitoridianos. Estas prácticas, si existían, eran marginales y claramente rechazadas por los médicos en su práctica profesional. Los investigadores críticos con la hipótesis vibratoria han rastreado la bibliografía, pero no han encontrado huellas de estos presuntos masajes de clítoris. Solo hallaron una referencia en Estados Unidos, una única referencia tras rebuscar entre todos los manuales médicos, en la que se describía un masaje pélvico e incluía una variante abdomino-vaginal utilizando dos dedos. Uno de ellos se introducía en la vagina para sujetar el útero, mientras la otra mano realizaba movimientos sobre el abdomen. Es decir, el único caso documentado en que se describe una introducción vaginal parece tener como finalidad estimular la pelvis.
 
José T. Boyano
Eso no estaba en mi libro de historia de la psicología, página 86
 
  
 LOS VIBRADORES: ¿PRÁCTICA MÉDICA VICTORIANA O PLACER SECRETO?

Para Rachel Maines, la masturbación del clítoris mediante vibradores era una práctica médica habitual, basada en el desconocimiento del papel del clítoris en la sexualidad y el placer femenino. Para los críticos, no es más que una extrapolación morbosa, creada a partir de un par de ejemplos distorsionados sin base empírica alguna. ¿Quién tiene razón? ¿Rachel Maines, autora de La Tecnología del Orgasmo o los investigadores críticos? Los principales manuales que hemos examinado anteriormente (Fabre, Compendium de medicina, José de Arce, Granville…) dan la razón a los historiadores críticos Hallie Lieberman y Eric Schatzberg. En primer lugar, los consejos que se daban a las chicas histéricas iban acompañados de recomendaciones para guardar la castidad y evitar el pecado: cansarse mucho, rodearse de personas piadosas, vigilar los momentos propicios para la masturbación… Parece que la sexualidad y sus tentaciones eran bien conocidas y la moral decimonónica predicaba contra ellas. En segundo lugar, los manuales indican un conocimiento bastante profundo de los mecanismos del placer femenino. Sin ir más lejos, en pleno siglo XIX, el conocido manual de Fleury considera como «órganos inmediatos del sentido genital el clítoris, los músculos constrictores de la vagina y las glándulas de Bartholin». El clítoris se considera el equivalente exacto de la verga (Fleury, p. 615) y, más particularmente, del glande, convirtiéndose el órgano de la sensación voluptuosa. Según Fleury, el coito completo exige una excitación clitoridiana suficiente, directa o indirecta. Es decir, la medicina del siglo XIX no era en absoluto ignorante de la función placentera del clítoris. Tampoco se debe olvidar la rica tradición libertina en la literatura francesa.

Es más, Fleury cuenta el caso de un médico sacerdote, el reverendo padre Debreyne, quien había llegado a obtener detalles muy específicos y jugosos, fruto de su estrecha relación de confianza con el género femenino. Este sacerdote había oído que existe una «exudación de secreciones» en los momentos culminantes. Este tipo de descripciones revelan el amplio conocimiento de la sexualidad por parte de la medicina de aquel tiempo. Otra cosa es que tales datos estuviesen más o menos difundidos entre las clases menos instruidas, cegadas por el oscurantismo.

Según Rachel Maines, en tiempo de nuestras tatarabuelas, hacia 1900, las mujeres compraban vibradores sin rubor, a troche y moche. Incluso había un modelo que tenía los adminículos intercambiables. Las mujeres podían usar un terminal fálico a media mañana y, a renglón seguido, tras sacudir los felpudos, podían cambiarlo por unas varillas para montar natas. Indudablemente, estos aparatos superaban a la Thermomix en cuanto a versatilidad. Para llegar a esta conclusión, se apoya en los sugerentes anuncios de los periódicos de la época: «Vibración es vida», proclamaban. En algunas estampas victorianas se ve cómo los médicos introducían sus manos bajo las faldas de las señoras. Estas imágenes recuerdan la necesidad de ser prudente en una consulta ginecológica. Miradas sin morbo añadido, más bien parecen prácticas de palpación bastante más castas de lo que Maines supone. Al igual que ocurre hoy, la palpación se realizaba por debajo de almidones, fajas y cortinajes. Al contrario de lo que Maines piensa, los grabados sugieren un examen médico típicamente victoriano, aséptico, moderno e ilustrado. Dudo mucho que nuestras tatarabuelas vieran en estas imágenes la sombra de la voluptuosidad.
 
José T. Boyano
Eso no estaba en mi libro de historia de la psicología, página 87
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Jesús Paredes Ortiz

“El juego es una constante en nuestras vidas, ya no solo en la etapa infantil, sino también en la mayoría de las iniciativas racionales que emprendemos a diario; es una constante vital en la evolución, en la maduración y en el aprendizaje del ser humano. Acompaña el crecimiento biológico, psicológico, emocional y espiritual del hombre. Y no solo eso, sino que el juego tiene la misión de acompañar e iluminar la vida del ser humano en sus distintas etapas evolutivas.”

Jesús Paredes Ortiz
Tomada del libro Vida nutritiva de Bernardo Stamateas

Los límites del amor

Walter Riso Los límites del amor

El amor completo, el que incluye pasión (eras), amistad (philia) y ternura (ágape), no llega de improviso como un demonio o un ángel que se apodera de nosotros, también existe la voluntad de amar o de no amar. No sólo el amor nos "posee", también lo poseemos a él: nadie es víctima del amor sin su propio consentimiento.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 2


¿Quién dijo que hay que soportarlo todo o resignarnos a una vida insulsa y sin sentido, por amor? ¿De dónde sacamos que para el amor no hay ley? No sólo traspasa los límites racionales del amor quien vulnera los principios de la persona supuestamente amada, sino quien acepta sumisamente el desamor, la descalificación, el engaño o cualquier otra forma de ofensa. Si nunca te indignas con tu pareja, pueden pasar dos cosas: o vives en el autoengaño o estás viviendo con un santo o una santa, lo cual es igualmente preocupante.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 3



En realidad, no sé si Dios es amor, pero de lo que estoy seguro es que el amor interpersonal, el que nos profesamos en el día a día, aquí en la Tierra, está bastante lejos de cualquier deidad.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 5



El amor no lo justifica todo, no es Dios, aunque hayamos establecido esa correlación a través de los tiempos.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 7


Acoplarse a las exigencias razonables de cualquier relación afectiva, acercarse al otro sin perder la propia esencia, amar sin dejar de quererse a sí mismo, requiere de una revolución personal, de cierta dosis de subversión amorosa que permita cambiar el paradigma tradicional del culto al sacrificio irracional por un nuevo esquema en el que el auto-respeto ocupe el papel central. ¿Amar con reservas? Sí, con la firme convicción de que amarte no implica negociar mis principios.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 12


¿Cuándo pierde el amor su sentido vital? Al menos, en tres situaciones: primero, cuando no te quieren; segundo, cuando tu realización personal se ve obstaculizada; y, tercero, cuando se vulneran tus principios. Dicho de otra forma: estaré a tu lado .siempre y cuando me sienta amada o amado, pueda llevar adelante mis proyectos de vida y no vulneres mis principios y valores. De no ser así, el amor y la pareja deberán entrar en cuarentena.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 13




Platón definía la política como el arte de vivir en sociedad.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 12




Lo que te hace evolucionar es un regalo, lo que te lleva a involucionar es un estorbo.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 17


Aunque pueda parecer evidente para un observador imparcial, en el ojo del huracán, la tormenta no se percibe, el clima parece apacible y tranquilo. El autoengaño y la ignorancia funcionan de manera similar. A veces estamos tan embotados, tan acostumbrados al sufrimiento que no nos damos cuenta. Cuando esto ocurre, el dolor funciona como las termitas: por fuera, la casa luce como nueva, pero mientras tanto sus cimientos están siendo carcomidos lentamente. La, mente puede acostumbrarse a la tristeza y a la ansiedad hasta considerarlas normales.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 22


¡Benditos sean los silencios amigables, el consentimiento implícito que acompaña una sonrisa o el gesto afirmativo que no modula! Una buena pareja no habla tanto como la gente cree, sino lo suficiente para mantener vivo el interés.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 23


Para resolver los problemas de cualquier relación necesitamos, además del afecto, otras habilidades cognitivas y comportamentales, como, por ejemplo, estrategias de resolución de conflictos, paciencia, gestión pacífica, aprender a ajustar las diferencias individuales, establecer alianzas y acuerdos amorosos y competencias por el estilo.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 27



Si privilegiamos siempre el sentimiento sobre la razón, estaremos predispuestos a pasar fácilmente de la ilusión a la desilusión.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 28


Cuando hablo de racionalidad afectiva, sobre todo en las malas relaciones, no me refiero a que debamos "saber" por qué amamos a alguien, sino "por qué" no deberíamos amarlo, que es, sin duda, más importante y esclarecedor.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 29



Se puede amar en el adiós.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 30



El único amor estable que puedo concebir es aquél que surge de los acuerdos, la amistad de pareja y la afinidad en algunos intereses básicos.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 3



Llámese casorio, noviazgo o relación de amantes, la "atención despierta", al mejor estilo budista, es imprescindible para sobrevivir en pareja.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 32



Una buena separación es siempre mejor y más saludable que un mal matrimonio, no solamente para la pareja sino también para los hijos.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 38


El miedo al futuro y la incertidumbre ante lo que vendrá hacen que muchas personas se paralicen y no sean capaces de tomar decisiones acertadas. ¿Por qué cuando traspasamos los límites del amor maduro y entramos en una relación enfermiza, aun a sabiendas de lo que ocurre, no hacemos nada al respecto? Una de las razones es el miedo al futuro; a lo desconocido, a equivocarse, a sentir culpa, a arrepentirse y a la soledad afectiva. La expectativa de un porvenir incierto hace que se prefiera lo malo a lo posible.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 43





Ciertas mujeres se sienten especialmente atraídas por hombres débiles, inútiles, con problemas de adicción, acomplejados, fracasados, pobres o que viven "cuesta abajo". Estos varones desprotegidos y abandonados ejercen sobre ellas una extraña fascinación: rescatarlos del pantano y ponerlos en orden. Es el papel de la redentora que confunde el amor con la asistencia social. Para colmo, estos varones en decadencia son supremamente hábiles para detectar y conquistar a cuanta mujer/niñera pase por su lado, basta con mostrar su mejor rostro de chiquillo desvalido. Una vez instalados en el regazo de su mecenas de turno, se aferran a la fuente de seguridad con la típica angustia de separación del niño temeroso. Así, la relación afectiva adquiere tintes de adopción y madrinazgo. La metáfora: la mujer/madre y el hombre/niño. El asunto se complica con el paso del tiempo, porque la no retribución va generando, en la nodriza amorosa, resentimiento y cansancio, ya que el infante piensa que no tiene nada qué agradecer y mucho qué exigir. Estos varones empequeñecidos se relacionan por medio del chantaje emocional y de las rabietas infantiles. Además, existen dos complicaciones adicionales para la mujer atrapada en estos vínculos casi incestuosos: ¿cómo hacer el amor con un "hijo adoptado" sin entrar en pánico? Y ¿cómo abandonar un "hijo adoptado" sin sentirse mala? Culpa anticipada, miedo y lástima, todo revuelto, con altas dosis de amor maternal y deseo sexual en descenso. Mientras tanto, el espíritu de sacrificio sigue su decorosa marcha; ayuda al por mayor, servicio, donativos y caridad, pese a que la mejoría del varón brilla por su ausencia.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 56


Síndrome de la nodriza: La ayuda compulsiva o codependencia

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 54


Síndrome de la geisha: La complacencia ilimitada

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 60



El término "servidumbre" debe asimilarse al de sumisión, a una actitud que se opone a la autonomía y la independencia. Por eso, la servidumbre o el servilismo psicológico no debe confundirse con la virtud de la humildad: el humilde no se considera superior, mientras que el servil ha dejado de quererse a sí mismo o ha comenzado a odiarse.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 63



Si estás profundamente convencida de que tu misión en la vida es ser la administradora del hogar, mientras el "dueño" de la "empresa familiar" es tu media naranja, no tienes una relación afectiva, sino una "relación laboral".

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 68


A manera de resumen, y para que no te genere estrés el tema, te menciono a continuación algunas características básicas que tiene una pareja individualista responsable. Como veras, representan ciertas ventajas importantes:
• Estimula la reciprocidad, para que no se anule el "yo" de parte y parte.
• No descarta emociones como la compasión, la empatía u otros sentimientos de aproximación.
• Promueve el desarrollo del potencial humano.
• Al ser racional y razonable, no renuncia a su sentido de Justicia.
• Siempre busca el consenso.
• Por definición, es pluralista, ya que concibe el mundo como un conjunto de autoconciencias entrelazadas.
• Siempre respeta las propias preferencias e inclinaciones, hacia ambos lados.
• Se preocupa por la pareja cuando realmente vale la peña hacerlo, ya que distingue la preocupación sana de la obsesiva.
• Reconoce y exige los derechos humanos.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 71


Propongo dos cambios básicos en la manera de concebir el amor: 1. Revisar nuestra mitología del amor de pareja y reemplazar algunos de los valores tradicionales (fusión/comunión, generosidad y deber) por otros más orientados a fomentar el bien común y más adaptados a nuestros tiempos (solidaridad, reciprocidad, autonomía). Llamaré a esta modalidad amor democrático (cuya inspiración es la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano: libertad, igualdad, fraternidad). 2. Incluir en las relaciones afectivas los derechos humanos, considerando que lo privado, lo que ocurre de puertas para adentro, también debe ajustarse a los principios que definen la dignidad de las personas (respeto, consideración y no dominación). Llamaré a esta modalidad amor digno (cuya inspiración es la Declaración Universal de los Derechos Humanos). Si una relación afectiva se mantiene dentro de los principios del amor democrático y del amor digno, además de contar con el soporte sentimental, será placentera, alegre, incitante y; estable. La pasión no tiene por qué perderse y puede seguir siendo horizontal, dentro y fuera de la cama. Si haces el amor “democráticamente", sentirás que tú también cuentas, que tu ser está tan presente como el deseo que te impulsa. Si haces el amor con "dignidad", nunca te convertirás en un objeto sexual. Y una vez asegurados estos dos pilares, podrás enloquecerte hasta donde se te dé la gana, porque existirá en ti la profunda f convicción de que no harás lo que no quieras hacer.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 76


Las relaciones de pareja pueden ser consideradas una comunidad amorosa de dos, una díada, donde los miembros se afectan mutuamente y establecen vínculos de correspondencia. La relación comunitaria se basa en lo que tenemos en común y no en una concordancia absoluta. El amor de dos es un intercambio de información, emociones, ternura y fluidos.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 80





Tu relación es solidaria cuando: En los momentos difíciles de la pareja, los dos están presentes. Cada uno se preocupa por el bienestar del otro. Cada quien defiende al otro y la relación, si se ven amenazados de cualquier forma. Ninguno de los miembros cuenta intimidades a extraños que puedan afectarlos. Ambos se hacen cargo de las responsabilidades asumidas y están al tanto de lo que le ocurre a la otra persona. Ninguno desprestigia al otro, ni a la relación. Luchan hombro a hombro por las metas comunes, sin recostarse en el otro. Cada cual siente que puede contar con el otro. Los dos se toman en serio. Ninguno subestima los problemas que pueda tener la relación. No es solidario contigo quien hace caso omiso de tus intereses, los subestima o no hace un esfuerzo para comprenderías, pese a tus pedidos y redamos racionales.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 81



Tu relación se basa en la reciprocidad cuando: El intercambio afectivo y material es equilibrado y justo. Los privilegios son distribuidos equitativamente. El acceso a los derechos y deberes es igual de parte y parte. Ninguno de los miembros intenta sacar ventajas o explotar al otro. No hay la sensación de "estafa" afectiva. No tienes que recordarle a tu pareja lo que necesitas. Ninguno piensa que merece más que el otro. Existe una correspondencia mutua sobre lo fundamental. Tu pareja no es recíproca, si no le importa lo que piensas y sientes. En el amor, el que da, casi siempre espera recibir o tiene expectativas al respecto, Es el equilibro natural del amor justo y equitativo.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 82


¿Habrá mayor placer que amar con independencia? Al amor juramentado y vuelto a juramentar le falta espontaneidad (…) El amor sano no es una tabla de mandamientos ni un listado de códigos, sino un proceso vital de descubrimiento y crecimiento personal. Amas a una persona cuando respetas su capacidad de crearse a sí misma.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 84


Tu relación es libre y autónoma cuando:

• Puedes disponer de tu tiempo y tus cosas.
• Expresas tus puntos de vista cómodamente.
• Puedes desarrollar tus actividades tranquilamente.
• No debes pedir permiso.
• Las obligaciones no te asfixian.
• Tu pareja no te vigila.
• Sientes que creces como persona. No debes justificar y explicar cada comportamiento frente a tu pareja como si fuera un juez.
• Obras de acuerdo con tus decisiones.
• Puedes expresar el amor como quieras.
• Tu pareja escucha seriamente tus quejas. No respeto tu autonomía, tu libertad y tu independencia quien te quita la posibilidad de actuar, querer o conocer de acuerdo con tu buen entender y parecer.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 85


Expresiones como: "Me perteneces" o "Eres mía o mío" no son otra cosa que la sintomatología de una necesidad imperiosa de posesión que suele traducirse en emociones destructivas, como los celos, el rencor, la ansiedad o la depresión.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 85





Aunque no siempre sea fácil lograrlo, el amor digno se ubica en un punto medio entre "ser totalmente para el otro" y "ser totalmente para sí". No es excluyente, sino asertivo, en tanto es capaz de discernir claramente el territorio de sus reivindicaciones y de marcar límites. El concepto del amor digno descansa sobre dos pilares que la cultura del amor incondicional ha desechado: el respeto y la defensa de los derechos humanos. La máxima que lo rige es tajante: "Si no eres capaz de amar y que te amen con dignidad, mejor no ames". De la tolerancia al respeto ¿Hay que tolerarlo todo? Obvio que no. Al igual que cualquier principio de vida, la tolerancia tiene sus límites.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 85



Recuerda: de la tolerancia a la estupidez sólo hay un paso, y es la ingenuidad.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 87


La intromisión indebida en la mente de un individuo es quizás la peor forma de violencia, porque la víctima no siempre se da cuenta de lo que está ocurriendo y puede acostumbrarse a los ataques. No sólo hay una permisividad cultural del maltrato psicológico y del acoso moral, también existe en las personalidades débiles una resignación a la tortura psicológica que a veces Sorprende.


Walter Riso
Los límites del amor, pág. 88


Una relación sólidamente estructurada, cuyo vínculo está guiado por un propósito determinante, requiere de la buena distribución de eros, philia y ágape. Amor justo y digno, bajo los auspicios del erotismo y la ternura, tan honesto como alegre, tan respetuoso como arrebatador. Un amor sensible, compasivo y seguro que se mueva dentro de los derechos humanos, sin vestigios de esclavitud o servilismo, es una de las experiencias más maravillosas que nos puede ofrecer la vida. Y lo opuesto, la entrega enfermiza y el sometimiento decadente en nombre de un amor descabellado es una de las formas más tristes de autodestrucción. Depende de cada uno de nosotros elegir el camino.

Walter Riso
Los límites del amor, pág. 92


Paul Kurtz

"Ha habido pruebas exhaustivas de declaraciones de astrólogos para ver si tienen algún valor, y a pesar del hecho de que los astrólogos pretenden tener un registro de éxitos de cuatro mil años y que ese registro habla por sí mismo, «docenas de pruebas científicas sobre columnas de astrología, cartas y horóscopos contradicen claramente esa pretensión."
 
Paul Kurtz
Tomada del libro Los hechos acerca de la astrología de John Ankerberg y John Weldon, página 48
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

John Townley

"Yo diría que la mayoría de los acusadores de la astrología probablemente tiene razón. Piensan que los astrólogos son 100% charlatanes, pero yo lo reduciría al 90%. No son necesariamente así, intencionalmente, pero quizá el 50% de la gente esté vendiendo basura."
 
John Townley
Tomada del libro Los hechos acerca de la astrología de John Ankerberg y John Weldon, página 49
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Alan Oken

No hay camino verdadero o falso, porque en lo absoluto no hay verdad o falsedad, nada correcto o errado, ni un sí o un no."
 
Alan Oken
Tomada del libro Los hechos acerca de la astrología de John Ankerberg y John Weldon, página 55
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Charles Carter

"La investigación estadística, como no la podían hacer los astrólogos antiguos por falta de datos suficientes, ahora ha echado una considerable sombra de duda sobre la validez de una gran masa de tradición que hasta años recientes representaba la ciencia astrológica."
 
Charles Carter
Tomada del libro Los hechos acerca de la astrología de John Ankerberg y John Weldon, página 50
































































Robert Morey

 "Atribuir a las estrellas lo que corresponde sólo al Dios que las creó es idolatria."

 Robert Morey
Tomada del libro Los hechos acerca de la astrología de John Ankerberg y John Weldon, página 27

 

Robert Morey

"Atribuir a las estrellas lo que corresponde sólo al Dios que las creó es idolatria."

 Robert Morey
Tomada del libro Los hechos acerca de la astrología de John Ankerberg y John Weldon, página 27