Italo Calvino El castillo de los destinos cruzados
Empezamos por desparramar las cartas sobre la mesa, boca
arriba, como para aprender a reconocerlas y darles su justo valor en los
juegos, o su verdadero significado en la lectura del destino. Y sin embargo
parecía que ninguno de nosotros tenía ganas de iniciar una partida, y menos aún
de interrogar el porvenir, privados como estábamos de todo futuro, suspendidos
en un viaje ni concluido ni por concluir.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 10
Hay fuentes que, apenas se bebe en ellas, aumentan la sed en
vez de aplacarla.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 12
—¿Temes que nuestras almas caigan en manos del Diablo?
—habrían preguntado los de la Ciudad.
—No: que no tengáis alma que entregarle.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 21
Aquí la mímica del narrador ya no nos ayudaba y había que
recurrir a las conjeturas. Podíamos imaginar que en el interior de la Ciudad
del Todo y de las Partes nuestro bribón había oído que lo apostrofaban:
—¿Quieres la riqueza (Oros) o la fuerza (Espadas),
o bien la sabiduría (Copas)? ¡Rápido, elige!
Era un arcángel de resplandeciente armadura (Caballero de
Espadas) el que le hacía esta pregunta, y nuestro hombre, enseguida:
—¡Elijo la riqueza (Oros)! —gritó.
—¡Tendrás Bastos! —fue la respuesta del arcángel
jinete, mientras la ciudad y el árbol se disolvían en humo y entre un derrumbe
de ramas quebradas el ladrón se precipitaba en pleno bosque.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 25
En la última carta se ve al paladín atado cabeza abajo como
El Ahorcado. Y finalmente su rostro se vuelve sereno y luminoso, el ojo límpido
como no lo había sido ni siquiera en el ejercicio de sus razones pasadas. ¿Qué
dice? Dice: —Dejadme así. He dado toda la vuelta y he comprendido. El mundo se
lee al revés. Todo está claro.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 30
«Posadero», dijo el Cliente, «en tu taberna todo se mezcla,
los vinos y los destinos…».
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 38
Al echar las cartas las manos del joven son cada vez más
lentas e inseguras, y tenemos tiempo de sobra para seguirlo con nuestras
conjeturas y de rumiar en silencio las preguntas que seguramente le habrán dado
vueltas en la cabeza, como ahora en la nuestra: «¿Qué ciudad es ésta? ¿Es la
Ciudad del Todo? ¿Es la ciudad donde todas las partes se juntan, las opciones
se equilibran, donde se llena el vacío que queda entre lo que esperamos de la
vida y lo que recibimos?».
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 44
¿Cómo explicar que para la sed que siente en el cuerpo no le
basta ni este pozo ni aquel? Lo que él quiere es la cisterna donde las aguas de
todos los pozos y todos los líos desembocan y se confunden, el mar representado
en el arcano llamado de la Estrella o de las Estrellas,
donde se celebran los orígenes acuáticos de la vida como triunfo de las mezclas
y de los bienes del Señor que van a parar al mar. Una diosa desnuda toma dos
jofainas que contienen quién sabe qué jugos puestos al fresco para los
sedientos (alrededor están las dunas amarillas de un desierto quemado por el
sol) y las vuelca para regar la orilla de guijarros: y en ese instante los
sasafrás brotan en medio del desierto, y entre las gruesas hojas canta un
mirlo, la vida es derroche de materias errabundas que se dispersan, el gran
caldero del mar no hace sino repetir lo que sucede en las constelaciones que
desde hace milenios siguen machacando los átomos en los morteros de sus
explosiones, visibles aún aquí en el cielo color de leche.
Por el modo en que el joven echa esta carta sobre la mesa es
como si lo oyéramos gritar:
—¡El mar, lo que quiero es el mar!
—¡Y tendrás el mar! —La respuesta de la potencia astral no
podía sino anunciar un cataclismo, la subida del nivel de los océanos hacia las
ciudades abandonadas, hasta lamer las patas de los lobos refugiados en las
alturas aullando a la Luna, mientras el ejército de los crustáceos
avanza desde el fondo de los abismos a reconquistar el globo.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 46
—¿Pero no eras un ángel?
—Soy el ángel que habita en el punto donde las líneas se
bifurcan. ¡El que remonta las cosas divididas me encuentra, el que baja al
fondo de las contradicciones tropieza conmigo, el que vuelve a mezclar lo
separado recibe en la mejilla mi ala membranosa!
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 47
¿Pero es él o más bien su sosias el que apenas restituido a
sí mismo se vio avanzar por el bosque?
—¿Quién eres?
—Soy el hombre que debía casarse con la muchacha que tú no
habrías elegido, que debía tomar el otro camino en la encrucijada, beber del
otro pozo. Al no elegir has impedido mi elección.
—¿Adónde vas?
—A una posada distinta de la que encontrarás tú.
—¿Dónde volveré a verte?
—Colgado de una horca distinta de aquella en la que te
habrás colgado tú. Adiós.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 49
Aunque la narradora es de las que saben lo que hacen, no
está dicho que su historia se siga mejor que otras. Porque las cosas que las
cartas esconden son más que las que dicen, y porque apenas una carta dice más,
otras manos tratan de apartarla para encajarla en otro relato. A lo mejor uno
empieza a narrar por cuenta propia, con cartas que parecen pertenecerle de modo
exclusivo, y de pronto la conclusión se precipita superponiéndose a la de otras
historias a través de las mismas imágenes catastróficas.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 53
—No sé si era mejor para ti que sobrevivieras, oh soldado.
La derrota y la matanza no caen sólo sobre las armas de tu bandera; el ejército
de las amazonas justicieras arrolla y destroza los regimientos y los imperios,
se propaga por los continentes del globo sometidos desde hace diez mil años a
la frágil dominación masculina. El precario armisticio que contenía a hombre y
mujer para que no se enfrentaran en las familias se ha roto: esposas, hermanas,
hijas, madres ya no reconocen en nosotros a padres, hermanos, hijos, esposos,
sino únicamente a enemigos, y todas acuden blandiendo armas a engrosar el
ejército de las vengadoras. Los orgullosos reductos de nuestro sexo se
desmoronan uno a uno; no hay gracia para ningún hombre; al que no matan, lo
castran; sólo a unos pocos elegidos como zánganos de la colmena se les ha
concedido un plazo, pero les esperan suplicios aún más atroces, como para
quitarles las ganas de jactarse. Para el hombre que creía ser el Hombre no hay
redención. Reinas castigadoras gobernarán los próximos milenios.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 58
No sé cuánto tiempo hace (horas o años) que Fausto y
Parsifal están empeñados en encontrar su itinerario, tarot tras tarot, sobre la
mesa de la taberna. Pero cada vez que se inclinan sobre las cartas sus
itinerarios se leen de otra manera, sufren correcciones, variantes, se
resienten de los humores de la jornada o del curso de los pensamientos, oscilan
entre dos polos: el todo y la nada.
—El mundo no existe —concluye Fausto cuando el péndulo llega
al otro extremo—, no hay un todo que se dé de una vez; hay un número finito de
elementos cuyas combinaciones se multiplican por miles de millares, y de éstas
sólo unas pocas encuentran una forma y un sentido y se imponen en medio de un
polvillo sin sentido y sin forma, como las setenta y ocho cartas del mazo de
tarots en cuyas combinaciones aparecen secuencias de historia que enseguida se
deshacen.
Mientras que ésta sería la conclusión (siempre provisional)
de Parsifal:
—El núcleo del mundo está vacío, el principio de lo que se
mueve en el universo es el espacio de la nada, en torno a la ausencia se
construye lo que hay, en el fondo del grial está el tao —y señala el rectángulo
vacío rodeado por los tarots.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 73
El Diablo debería ser la carta que con más frecuencia se
encontrase en mi oficio: la materia prima de la escritura ¿no es acaso un
aflorar a la superficie de garras peludas, dentelladas de perro, cornadas de
cabra, violencias contenidas que manotean en la oscuridad? Pero la cosa puede
verse de dos maneras: que ese hormigueo demoniaco en el interior de las
personas singulares y plurales, en las cosas que se hacen o se cree que se
hacen y en las palabras que se dicen o se cree que se dicen, sea un modo de hacer
y de decir que no está bien y convenga dejar caer todo, o bien que sea en
cambio lo que más cuenta, y puesto que está ahí sea aconsejable hacerlo salir;
dos modos de ver la cosa que se mezclan diversamente, porque podría ser que lo
negativo, por ejemplo, sea negativo pero necesario porque sin él lo positivo no
es positivo, o que no sea en absoluto negativo, mientras que lo único negativo,
si existe, sea aquello que se cree positivo.
Italo Calvino
El castillo de los
destinos cruzados, página 75
Sobre los eclipses
1. En una elección que es necesario tener en cuenta la fuerza del planeta que entonces gobernaba, por sobre todo van a aparecer sus significaciones.
2. Los eclipses de Sol tienen efectos poderosos, y, por lo tanto, si caen en un cultivo muy floreciente y prometedor generalmente damnificando a la luna, de modo que no llega nada ni cerca de lo que se podría haber esperado en la carta.
3. Cuando en el momento de un eclipse el significador de la vida en el Radix de cualquier persona deberá estar dentro de las vigas del Anareta o influyendo en el planeta, de un infortunio, tal nativo incurrirá en peligro extraordinario de su vida.
4. En general algunos eclipses de las luminarias en el momento o incluso antes de que sucedan elevan chubascos y lluvias, otras grandes sequías, algunos vientos violentos, otros terremotos, alguna escasez de los frutos de la tierra, otros terribles incendios.
5. Un stellium en el nacimiento de algunas personas populares en algún tiempo después o de que suceda en la predicción, porque no se dice que nació debajo de una estrella (en este sentido) que nace en el momento de su aparición, sino que ha nacido en esa región o país sujeto a tal ángulo o en la figura, y tiene su Sol y la Luna en su lugar, o las luminarias y el Señor de su Ascendente, en signos cardinales, cuando el planeta se eleva esto desencadenará sucesos múltiples.
6. Un cometa en el Este, significa el surgimiento de algún legislador eminente; en el medio del cielo, la materia de un poderoso rey, pero rara vez e ilustre cuando ' está en el Occidente o una casa sucedente.
7. Algunas estrellas fijas, significan sediciones, pero cuando son movibles denotan guerras extranjeras, y una nación que invade a otros; en signos cardinales, la muerte de los príncipes y grandes hombres; en la novena casa, escándalo o detrimento de la Religión; en las casas décima o duodécima, la peste o la escasez de maíz; y en la undécima casa, gran masacre y destrucción de los Nobles.
8. Si un planeta como Marte está en el periodo mientras que una mujer está embarazada, si este ya sea en el cuarto, sexto, o el octavo mes, tal niño demostrará propenso a la ira y las peleas, y si es en el último mes, a la sedición.
9. Ningún Eclipse alguno puede amenazar a una escasez o una plaga de toda la Tierra, ni la pestilencia este continuara por encima de cuatro años en un solo lugar.
10. Los Eclipses en la cuarta casa son más fuertes y eficaces que en las casas octava o duodécima, y en el ascendente más que en la novena o undécima.
11. Un eclipse de Luna se extiende en sus efectos como muchos meses, y del sol de tantos años, a medida que continúa.
12. Un Eclipse tiene un triple efecto, primero de gran alcance debido a la conjunción u oposición sobre lo que ocurre; segundo en general, porque se enfría lentamente, en el que debe ser respetado ya que este se extiende por un largo tiempo. En tercer lugar, el poder que tiene de parte del Señor del lugar en que sucede y otros factores en ese momento.
13. Los Eclipses operan con más fuerza en las ciudades, provincias y reinos que en particular en las personas de condición privada, o incluso a los reyes y príncipes, por sus efectos y no respetan a la multitud.
14. Cuando un Eclipse sucede o los planetas aparecen en signos Terrenales esto hará que presagian la esterilidad y la escasez a causa de las sequías excesivas.; cuando en están en signos de agua Signos en razón de exceso de lluvia; en Aire signos que significan vientos poderosos, disensiones y la pestilencia; en Fuego signos terribles guerras y matanzas.
Guido Bonatti
2. Los eclipses de Sol tienen efectos poderosos, y, por lo tanto, si caen en un cultivo muy floreciente y prometedor generalmente damnificando a la luna, de modo que no llega nada ni cerca de lo que se podría haber esperado en la carta.
3. Cuando en el momento de un eclipse el significador de la vida en el Radix de cualquier persona deberá estar dentro de las vigas del Anareta o influyendo en el planeta, de un infortunio, tal nativo incurrirá en peligro extraordinario de su vida.
4. En general algunos eclipses de las luminarias en el momento o incluso antes de que sucedan elevan chubascos y lluvias, otras grandes sequías, algunos vientos violentos, otros terremotos, alguna escasez de los frutos de la tierra, otros terribles incendios.
5. Un stellium en el nacimiento de algunas personas populares en algún tiempo después o de que suceda en la predicción, porque no se dice que nació debajo de una estrella (en este sentido) que nace en el momento de su aparición, sino que ha nacido en esa región o país sujeto a tal ángulo o en la figura, y tiene su Sol y la Luna en su lugar, o las luminarias y el Señor de su Ascendente, en signos cardinales, cuando el planeta se eleva esto desencadenará sucesos múltiples.
6. Un cometa en el Este, significa el surgimiento de algún legislador eminente; en el medio del cielo, la materia de un poderoso rey, pero rara vez e ilustre cuando ' está en el Occidente o una casa sucedente.
7. Algunas estrellas fijas, significan sediciones, pero cuando son movibles denotan guerras extranjeras, y una nación que invade a otros; en signos cardinales, la muerte de los príncipes y grandes hombres; en la novena casa, escándalo o detrimento de la Religión; en las casas décima o duodécima, la peste o la escasez de maíz; y en la undécima casa, gran masacre y destrucción de los Nobles.
8. Si un planeta como Marte está en el periodo mientras que una mujer está embarazada, si este ya sea en el cuarto, sexto, o el octavo mes, tal niño demostrará propenso a la ira y las peleas, y si es en el último mes, a la sedición.
9. Ningún Eclipse alguno puede amenazar a una escasez o una plaga de toda la Tierra, ni la pestilencia este continuara por encima de cuatro años en un solo lugar.
10. Los Eclipses en la cuarta casa son más fuertes y eficaces que en las casas octava o duodécima, y en el ascendente más que en la novena o undécima.
11. Un eclipse de Luna se extiende en sus efectos como muchos meses, y del sol de tantos años, a medida que continúa.
12. Un Eclipse tiene un triple efecto, primero de gran alcance debido a la conjunción u oposición sobre lo que ocurre; segundo en general, porque se enfría lentamente, en el que debe ser respetado ya que este se extiende por un largo tiempo. En tercer lugar, el poder que tiene de parte del Señor del lugar en que sucede y otros factores en ese momento.
13. Los Eclipses operan con más fuerza en las ciudades, provincias y reinos que en particular en las personas de condición privada, o incluso a los reyes y príncipes, por sus efectos y no respetan a la multitud.
14. Cuando un Eclipse sucede o los planetas aparecen en signos Terrenales esto hará que presagian la esterilidad y la escasez a causa de las sequías excesivas.; cuando en están en signos de agua Signos en razón de exceso de lluvia; en Aire signos que significan vientos poderosos, disensiones y la pestilencia; en Fuego signos terribles guerras y matanzas.
Guido Bonatti
Demetrio Santos Santos
SOBRE LOS INFLUJOS PEQUEÑOS Y LAS RAZONES DE LA ANTI-ASTROLOGÍA.
Aunque hace tres años que ya no está entre nosotros, os dejo con una pequeña perla del astrólogo zamorano. Sí, aquel a quien Manuel Toharia se atrevió a decir que “ignoraba las leyes de la Física” en su libro “Astrología. ¿Ciencia o creencia” (Mc Graw Hill, 1995)?
“El argumentar que la relación de intensidad entre la luz del Sol y la de la Luna es tan pequeña que no se puede tener a cuenta, y que cualquier bombilla próxima es más intensa que la luz de la Luna, es una argumentación ingenua y pedestre.
Se puede poner un ejemplo. Si hay un millón de moléculas de carbono e hidrógeno, y una sola de cloro, y la relación de ellas para producir un compuesto es de 1000 / 1000 / 1, solamente cuando haya una sola molécula de cloro será posible, y necesaria, para producir dicha molécula. El argumentar que esa molécula no sirve para nada es ignorar la más elemental regla de química, fiándolo todo a las masas respectivas. Efectivamente, la masa de esa sola molécula nada significa contra las masas de las otras, pero es que no estamos analizando masas, sino compuestos químicos, donde no se trata sino de proporciones y de unidades iónicas (por ejemplo). Estamos tratando el tema desde un punto de vista equivocado.
Si para formar una cierta molécula se necesita la luz roja de Marte en una cierta proporción, hasta que no aparezca dicha luz roja, por pequeña que sea, no se formará la molécula, por mucha luz solar que le proporcionemos, y además, ha de hallarse anulada, y con cierto período de actividad y reposo dicha luz solar, hallarse luciendo Marte, etc.
El razonamiento, si así puede llamarse, es pedestre, como quienes arguyen lo del calor de la matrona en los nacimientos.
En la misma línea podríamos dudar de la energía nuclear y atómica, de fusión y de fisión. El pensar que, porque la masa del hidrógeno es mínima, y la del uranio máxima, solamente éste puede producir energía, y que la relación de masas desecha el hidrógeno como posible productor de energía atómica, es ignorancia supina. El argumento no se sostiene lógicamente.
.
Hay millones y millones de átomos y moléculas de aire, y en cierto lugar, solamente unos pocos átomos de hidrógeno. Estos pocos átomos de hidrógeno son los que, con algunos átomos de nitrógeno, formarían NH3 (amoníaco), que es una cantidad infinitesimal, pero es una nueva molécula y materia básica de la vida. ¿Es que la enorme masa de aire puede impedir que sea activo el hidrógeno que la forma?
Más aún, entre toda la masa de aire, y los pocos átomos de hidrógeno, éstos se pueden combinar, mediando los fotones de luz, para formar agua H2O. ¿Qué importa la cantidad que esto representa respecto al total de la masa de aire? El hecho es que estas dos materias, una de millones de, átomos y otra de solamente media docena, han sido la base para formar el compuesto, lo mismo que cierto tipo de vida, o de ser viviente, en la intervención de una mínima cantidad de luz, sólo unos fotones, se transforma y vive, y forma un compuesto potenciado por esa mínima cantidad de luz. Si la suprimimos, no se formará el NH3, ni el H2O, ni el ser viviente indicado”.
Demetrio Santos Santos
“El argumentar que la relación de intensidad entre la luz del Sol y la de la Luna es tan pequeña que no se puede tener a cuenta, y que cualquier bombilla próxima es más intensa que la luz de la Luna, es una argumentación ingenua y pedestre.
Se puede poner un ejemplo. Si hay un millón de moléculas de carbono e hidrógeno, y una sola de cloro, y la relación de ellas para producir un compuesto es de 1000 / 1000 / 1, solamente cuando haya una sola molécula de cloro será posible, y necesaria, para producir dicha molécula. El argumentar que esa molécula no sirve para nada es ignorar la más elemental regla de química, fiándolo todo a las masas respectivas. Efectivamente, la masa de esa sola molécula nada significa contra las masas de las otras, pero es que no estamos analizando masas, sino compuestos químicos, donde no se trata sino de proporciones y de unidades iónicas (por ejemplo). Estamos tratando el tema desde un punto de vista equivocado.
Si para formar una cierta molécula se necesita la luz roja de Marte en una cierta proporción, hasta que no aparezca dicha luz roja, por pequeña que sea, no se formará la molécula, por mucha luz solar que le proporcionemos, y además, ha de hallarse anulada, y con cierto período de actividad y reposo dicha luz solar, hallarse luciendo Marte, etc.
El razonamiento, si así puede llamarse, es pedestre, como quienes arguyen lo del calor de la matrona en los nacimientos.
En la misma línea podríamos dudar de la energía nuclear y atómica, de fusión y de fisión. El pensar que, porque la masa del hidrógeno es mínima, y la del uranio máxima, solamente éste puede producir energía, y que la relación de masas desecha el hidrógeno como posible productor de energía atómica, es ignorancia supina. El argumento no se sostiene lógicamente.
.
Hay millones y millones de átomos y moléculas de aire, y en cierto lugar, solamente unos pocos átomos de hidrógeno. Estos pocos átomos de hidrógeno son los que, con algunos átomos de nitrógeno, formarían NH3 (amoníaco), que es una cantidad infinitesimal, pero es una nueva molécula y materia básica de la vida. ¿Es que la enorme masa de aire puede impedir que sea activo el hidrógeno que la forma?
Más aún, entre toda la masa de aire, y los pocos átomos de hidrógeno, éstos se pueden combinar, mediando los fotones de luz, para formar agua H2O. ¿Qué importa la cantidad que esto representa respecto al total de la masa de aire? El hecho es que estas dos materias, una de millones de, átomos y otra de solamente media docena, han sido la base para formar el compuesto, lo mismo que cierto tipo de vida, o de ser viviente, en la intervención de una mínima cantidad de luz, sólo unos fotones, se transforma y vive, y forma un compuesto potenciado por esa mínima cantidad de luz. Si la suprimimos, no se formará el NH3, ni el H2O, ni el ser viviente indicado”.
Demetrio Santos Santos
Boecio La consolación de la filosofía
Un Dios provisor contempla desde arriba todas las cosas. Y
la siempre presente eternidad de su mirada coincide con la futura calidad de
nuestros actos, premiando a los buenos y castigando a los malos. No es vana,
entonces, nuestra esperanza en Dios, ni nuestras oraciones inútiles, pues, si
son rectas, no pueden ser ineficaces. Dejad, pues, los vicios; practicad las
virtudes. Levantad vuestros corazones a la más alta esperanza y dirigid al
cielo vuestras humildes oraciones. Tenéis sobre vosotros una gran necesidad, si
no queréis engañaros a vosotros mismos: la necesidad de ser buenos, pues vivís
bajo la mirada del juez que todo lo ve
Anicio Manlio
Torcuato Severino Boecio
La consolación de
la filosofía, página 12 Prólogo
¿Por qué los pobres miran impotentes y con rabia a los
tiranos crueles?
Nada esperes, nada temas,
y dejarás desarmado e impotente a tu enemigo.
Pero quien tiembla o vacila, porque no está seguro
ni es dueño de sí mismo, ha arrojado el escudo,
ha perdido su trinchera y ha atado a su cuello
una cadena que siempre arrastrará.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 31 Prólogo
Si buscas la ayuda del médico, será menester que descubras
la herida.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 32
Nadie pudo apartarme de la justicia por nada.
Y, sin embargo, ese mismo día informaron contra mí y fue
aceptada la denuncia. ¿Y cómo? ¿Merecía acaso mi conducta semejante condena? El
hecho de que mi condena estuviera cantada ¿hizo justos a mis acusadores? ¿O es
que la fortuna, que no se avergonzó de ver acusado al inocente, tampoco se
indignó de la vileza de los acusadores?
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 34
Sólo quiero recordar que la carga final que la adversidad
cuelga a sus víctimas es que cuando se les acusa de algo se piensa que bien
merecido lo tienen.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 37
La carga final que la adversidad cuelga a sus víctimas es
que cuando se les acusa de algo se piensa que bien merecido lo tienen.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 12
Todas las cosas obedecen tu ley antigua
y todas realizan la tarea que les fijaste.
Todo lo gobiernas dentro de sus estrictos límites
y sólo te niegas a imponer tu voluntad soberana
a los actos humanos.
¿Cómo, si no, entender los cambios de la escurridiza
fortuna?
El inocente se ve aplastado por el peso
de un castigo debido al criminal.
Los corruptos son encumbrados a altos tronos,
y mientras el malvado pisa el cuello del hombre honrado,
la injusticia sigue dominando.
El brillo de la virtud se eclipsa bajo espesas nubes
y el justo es víctima de imputaciones que merecen los
malvados.
No hay castigo para los perjuros
ni se desenmascaran sus arteras mentiras.
Y cuando quieren probar hasta dónde llega su poder,
doblegan hasta a los mismos reyes, a quienes pueblos enteros
reverencian.
¡Oh tú, que fijaste las leyes del universo,
vuelve tus ojos a esta tierra miserable!
Somos los hombres una parte no despreciable
de tu gran creación y nos vemos vapuleados
por el agitado mar de la fortuna.
Señor del mundo, detén las olas enfurecidas
y da a la tierra estabilidad perpetua
con el mismo orden que riges el cielo.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 38
Lo que por métodos violentos rompe el orden establecido no
lleva a un feliz desenlace.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 12
La prudencia ha de saber prever el resultado de los
acontecimientos.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 12
I.» Con mano dominante,
la Fortuna cambia el rumbo de los acontecimientos;
y, precipitándose como las agitadas olas del Euripo,
aplasta a los reyes antes temidos
y levanta engañosa la frente humillada del vencido.
No atiende a los desgraciados, ni le importan sus lamentos.
Se ríe, más bien, de los gemidos
que su mismo rigor hizo estallar.
Éste es su juego, y así mide sus fuerzas.
Hace ostentación de su gran poder:
en una misma hora ve pasar de la felicidad al
abatimiento.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 46
II.» Aunque la Abundancia
no cerrara su cuerno repleto y derramara tantos dones
como las arenas que remueve el embravecido mar,
o como las estrellas que brillan
en un cielo sereno,
el género humano seguiría lanzando al viento sus quejas y
miserias.
Aunque Dios escuchara atento las súplicas de los mortales,
prodigando sin límites el oro y la riqueza y colmando al
ambicioso de honores deslumbrantes,
todo lo repartido se consideraría nada.
La voraz codicia engulle su presa
y abre sus fauces pidiendo más.
¿Qué riendas podrían contener en su justo límite
la desbocada carrera de la avaricia,
si con la misma abundancia de generosos presentes
se enciende aún más la sed de poseer?
Nunca es rico quien tiembla y gime
creyéndose en la miseria.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 48
—Que tú sufras —replicó la Filosofía— por un error de tu
manera de pensar no puedes achacarlo al destino.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 52
Nadie, se contenta fácilmente con su suerte. En todos hay
algo que apetece el que no lo conoce y que aborrece el que ya lo ha
experimentado. No olvides que cuanto más feliz es el hombre, más ávido de
felicidad es. Y si no tiene a mano cuanto desea, se abate ante el menor revés.
¡Tan poco acostumbrado está a la adversidad! ¡Tan insignificantes son las
contrariedades que impiden a los privilegiados de la fortuna llegar a la
felicidad más perfecta!
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 53
¿Por qué, pues, oh mortales, buscáis fuera una felicidad que
está dentro de vosotros? El error y la ignorancia os confunden. Te haré ver
brevemente la felicidad plena. ¿Hay algo más valioso para ti que tú mismo?
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 54
¡Cuán pobres y miserables, por consiguiente, son las
riquezas! Nadie puede poseerlas todas juntas. Y si uno las hace suyas, trae la
pobreza a los demás.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 56
¡Rara felicidad la de las riquezas humanas, que cuando se
adquieren dejas de estar seguro!
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 58
Si el universo en cambio constante conserva una armonía; si
los elementos sellan la paz, siendo entre sí dispersos y dispares; si Febo trae
en su carro de oro la luz rosada del día; si Febe preside las noches guiadas
por Héspero[36]; si el mar detiene las olas dentro de unos límites prefijados;
si la tierra indecisa no extiende a lo lejos sus fronteras, y si toda esta
serie de fenómenos se suceden en la tierra, en el mar y en el cielo, es por la
fuerza del amor. Si éste aflojara las riendas, todas las cosas que ahora viven
en paz, irían a una guerra cruel. Y si ahora la perfecta conjunción de todos
crea la armonía de sus movimientos, entonces librarían continua guerra para
destruir la máquina del mundo. Es el amor el que une a los pueblos y los
mantiene en el vínculo sagrado de la paz. Es el amor el que estrecha la
santidad del matrimonio con la más casta ternura. Es el amor el que promulga
las leyes de la más fiel amistad. ¡Oh, feliz género humano, si el Amor que rige
los cielos gobernara también los corazones!
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 67
Decías que estabas ávido de escucharme. Lo estarías más si
supieras a dónde quiero llevarte.
—¿A dónde? —le dije.
—A la felicidad verdadera —contestó ella—. A esa felicidad
con la que sueñas, pero que no puedes ver porque tu mente está ofuscada por
sombras engañosas.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 69
Todas las cosas vuelven a encontrar su curso y todas se
alegran cuando lo han encontrado. No hay orden establecido duradero más que el
que une su principio con su fin y lo convierte en un círculo inmutable.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 74
VI.» Todo el género humano surge de un mismo origen.
Uno es el padre de todas las cosas.
Uno solo lo dispone todo.
Dio su luz al sol y sus fases a la luna,
puso a los hombres sobre la tierra
y a los astros en el cielo.
Trajo el alma del cielo
y la encerró en el cuerpo, dando así a todos los mortales
un noble origen.
¿Por qué, pues, os jactáis de vuestro linaje?
Si miráis a vuestro origen
y veis a Dios como Creador,
ningún hombre será un degenerado,
a no ser que reniegue de su origen
enfangándose en los vicios.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 81
Podemos, pues, definir el azar como un hecho o
acontecimiento inesperado, producto de la conjunción de causas que actúan en la
realización de un fin. La conjunción y coincidencia de causas procede del orden
inmutable del universo, que tiene su origen en la Providencia y ordena todas
las cosas en su tiempo y lugar
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 139
Tampoco estoy de acuerdo —continué— con los argumentos con
que algunos pretenden cortar este nudo gordiano. Afirman que no porque la
Providencia haya previsto algo como futuro ha de suceder, sino al contrario,
que porque ha de suceder, no puede quedar oculto a la Providencia divina. De
este modo no hacen más que invertir la cuestión sin resolverla. No es
necesario, afirman, que se haya de realizar lo previsto, sino que se prevea lo
que ha de suceder. Esto equivaldría a preguntarnos si la presciencia es la causa
de la necesidad de que ocurra un acontecimiento, o más bien si esta necesidad
es la causa de la presciencia. Pero lo que se trata de demostrar es que,
cualquiera que sea el orden de las causas, los acontecimientos responden
necesariamente a lo previsto, si bien esta previsión o presciencia no implica
la necesidad de su realización.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 141
El consentimiento unánime de todos los seres dotados de
razón es que Dios es eterno. Consideremos, pues, qué es la eternidad. Ésta nos
descubrirá tanto la naturaleza de Dios como la ciencia o conocimiento divino.
La eternidad es la posesión total y perfecta de una vida interminable
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 153
¿Y qué importa, dirás, que no sean necesarias, si por la
condición de la presciencia divina ocurrirán de todas las maneras, como si
fuesen necesarias? Te recordaré solamente lo que ya te adelanté más arriba: el
ejemplo del sol que sale y del hombre que camina. Mientras suceden no pueden
dejar de suceder. Pero uno de ellos, aun antes de existir, debía producirse por
necesidad, y el segundo no estaba sujeto a tal necesidad. De modo semejante,
las cosas que Dios tiene presentes existirán sin duda alguna, pero unas son
producto de la necesidad, y otras del poder de los que las realizan. No sin
razón te dije que, si consideramos estas cosas a la luz de la presciencia
divina, son necesarias, pero consideradas en sí mismas están exentas de toda
necesidad. De igual manera que la percepción sensible es universal considerada
en relación con la razón, pero en sí misma es particular.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 157
Un Dios provisor contempla desde arriba todas las cosas. Y
la siempre presente eternidad de su mirada coincide con la futura calidad de
nuestros actos, premiando a los buenos y castigando a los malos.
No es vana, entonces, nuestra esperanza en Dios, ni nuestras
oraciones inútiles, pues, si son rectas, no pueden ser ineficaces. Dejad, pues,
los vicios; practicad las virtudes. Levantad vuestros corazones a la más alta
esperanza y dirigid al cielo vuestras humildes oraciones. Tenéis sobre vosotros
una gran necesidad, si no queréis engañaros a vosotros mismos: la necesidad de
ser buenos, pues vivís bajo la mirada del juez que todo lo ve.
Boecio
La consolación de
la filosofía, página 158
Suscribirse a:
Entradas (Atom)