Christelle Dubois

"Justo después de esas primeras sensaciones físicas y de esas emociones que siento, aparece un difunto visible, con sus gestos, su expresión, cosas muy precisas. Empiezan siendo sensaciones, pero continúa con visiones. Incluso va más allá de una visión: hay una presencia. El difunto está ahí.

El difunto se manifiesta con su presencia. Sé dónde está, dónde se sitúa, lo siento, se me pone la carne de gallina. Hay sensaciones concretas que solo experimento si está presente. Eso ocurrió con tu padre.

Hay difuntos que se sientan a mi lado y otros que van y vienen de la habitación. A veces no se mueven y permanecen totalmente quietos. Son percepciones visuales que corroboran las sensaciones que tengo.

Los oigo…, pero es difícil de explicar… cuando me hablan, en realidad es algo mental, como si su voz llegara directamente a mi cabeza. 
 
A menudo oigo la entonación que el difunto tenía cuando estaba vivo. A veces, pregunto cosas como «¿Su madre tenía la voz ronca?». «Sí, fumaba mucho», me responden. Percibo el timbre, la voz adquiere una forma. No se trata de un sonido desencarnado en mi cabeza o de un pensamiento que viene a mi cerebro. Si el difunto hablaba con voz grave, oiré una voz grave, pero no se trata de una comunicación como la que estamos teniendo ahora tú y yo. Consiste más bien en un lenguaje sutil. A veces oigo la voz de un difunto, pero en otras ocasiones el contacto es más emocional, me hacen sentir emociones. Es como si los sentidos estuvieran más afinados al otro lado. No tienen oído ni olfato, pero utilizan canales sutiles que nosotros, los vivos, no utilizamos. Esa es la razón por la que no siempre escuchamos los nombres, por ejemplo, o no tenemos frases que puedan parecer evidentes. El espiritismo no es una conversación telefónica con el más allá."
 
Christelle Dubois
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 140



"Una sesión de espiritismo no es una conversación con el más allá. Aquellas personas que quieren convencerse de ello se están engañando."

Christelle Dubois
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 142
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 



Yongey Mingyur Rinpoche

 Conociendo tu mente natural

    Si un tesoro inagotable estuviera enterrado debajo de la casa de un hombre pobre, el hombre no lo sabría, y el tesoro nunca le llamaría para decirle "¡Estoy aquí!".
    ―Maitreya , The Mahayana Uttaratantra Shastra

El Buda con frecuencia comparaba la mente natural con el agua, que en su esencia es siempre clara y limpia. El barro, los sedimentos y otras impurezas pueden temporalmente oscurecer o contaminar el agua, pero dichas impurezas se pueden filtrar y devolver al agua su transparencia natural. Si el agua no fuese clara por naturaleza, por muchos filtros que usaras, nunca se volvería transparente.

El primer paso para reconocer las cualidades de la mente natural lo ilustra una antigua historia que contaba el Buda, sobre un hombre muy pobre que vivía en una casucha muy desvencijada. Aunque el hombre no lo sabía, la casucha tenía cientos de piedras preciosas incrustadas en las paredes y el piso. Aunque era el dueño de todas esas gemas, como no entendía su valor, vivía como un pordiosero: sufría de hambre y sed, del frío amargo del invierno y el terrible calor del verano.

Un día, un amigo le preguntó:

―¿Por qué vives como un pordiosero? No eres pobre, eres un hombre muy rico.
―¿Estás loco? ―contestó el hombre―. ¿Cómo puedes decir eso?.
―Mira a tu alrededor ―replicó el amigo―. Toda tu casa está repleta de piedras preciosas: esmeraldas, diamantes, zafiros, rubíes...

Al principio el hombre no creyó lo que el amigo le decía, pero al poco tiempo le entró la curiosidad, y tomando una pequeña gema de la pared fue a la ciudad a venderla. Aunque parezca increíble, el mercader a quien se la llevó le pagó un precio más que considerable y, dinero en mano, el hombre regresó y compró una nueva casa, asegurándose de llevar todas las piedras preciosas que encontró. Se compró ropas nuevas, llenó la cocina de comida, contrató sirvientes y comenzó a vivir muy cómodamente.

Ahora, permíteme hacerte una pregunta: ¿quién es más rico, el hombre que vive en una vieja casucha rodeado de joyas cuya existencia desconoce, o el que entiende el valor de lo que tiene y vive con toda comodidad?

Como en la pregunta sobre el pedazo de oro, la respuesta es ambos por igual. Tanto el uno como el otro eran dueños de una gran riqueza; la única diferencia es que durante muchos años desconocían lo que poseían. Sólo cuando se dieron cuenta de lo que tenían se libraron de la pobreza y el dolor.

Lo mismo ocurre con todos nosotros. Mientras no reconozcamos nuestra verdadera naturaleza, sufriremos. Cuando la reconocemos, nos liberamos del sufrimiento. Sin embargo, de un modo u otro, sus cualidades se mantienen inalteradas. Pero cuando comienzas a reconocerla en ti, tú cambias, y la calidad de tu vida empieza a cambiar. Empiezan a ocurrir cosas que ni en sueños habrías pensado que fueran posibles.
 
  Yongey Mingyur Rinpoche
 
 
 
 
Descansa en el cielo de la mente natural
 
 Una de las primeras cosas que aprendí como budista fue que la naturaleza fundamental de la mente es tan vasta que trasciende completamente toda comprensión intelectual. No puede describirse en palabras ni reducirse a conceptos minúsculos. Esto presentaba un problema para alguien como yo, a quien le gustan las palabras y se siente cómodo con las explicaciones conceptuales.

En sánscrito, el idioma en el cual se registraron originalmente las enseñanzas de Buda, a la naturaleza fundamental de la mente se le llama tathagatagarbha, descripción muy sutil y complicada. Literalmente, quiere decir "la naturaleza de aquellos que han ido por ese camino". "Aquellos que han ido por ese camino" son quienes han alcanzado la iluminación perfecta, en otras palabras, aquellas personas cuyas mentes han superado las limitaciones ordinarias que se pueden describir en palabras.

Seguramente estarás de acuerdo en que esto no lo aclara mucho.

Otras traducciones menos literales han interpretado la palabra tathagatagarbha como "naturaleza de Buda", "verdadera naturaleza", "esencia iluminada", "mente ordinaria" e incluso "mente natural", nada de lo cual arroja una luz sobre el verdadero significado de la palabra misma. La tathagatagarbha hay que experimentarla de manera directa para poder entenderla, y esto, en el caso de la mayoría de nosotros, ocurre inicialmente en la forma de destellos rápidos y espontáneos. Cuando yo finalmente tuve mi primer destello, me di cuenta de que todo lo que los textos budistas decían sobre ella era verdad.

La mente natural o la naturaleza de Buda de la mayoría de las personas está oculta bajo la autoimagen limitada que ha sido creada por hábito por los patrones neuronales, y estos, en sí mismos, son simplemente un reflejo de la capacidad ilimitada de la mente de crear cualquier condición que elija. La mente natural es capaz de producir cualquier cosa, aun la ignorancia de su propia naturaleza. En otras palabras, el hecho de no reconocer la mente natural es sencillamente un ejemplo de la capacidad ilimitada de la mente de crear cualquier cosa que desee. Cada vez que sentimos miedo, tristeza, celos, deseo o cualquier otra emoción que contribuye a nuestra sensación de vulnerabilidad, debemos felicitarnos. Acabamos de experimentar la naturaleza ilimitada de la mente.

Si bien la verdadera naturaleza de la mente no puede describirse directamente, eso no quiere decir que no debamos por lo menos tratar de desarrollar alguna teoría para entenderla. Incluso una comprensión limitada es por lo menos una señal indicadora, que señala el camino hacia la experiencia directa. Buda entendió que la mejor manera de explicar las experiencias imposibles de describir en palabras era mediante historias y metáforas. En un texto, comparó la tathagatagarbha con una pepita de oro cubierta de barro y mugre.

Imagínate que eres un buscador de tesoros. Un día descubres un pedazo de metal; excavas un agujero, extraes el metal, te lo lleva a casa y comienzas a limpiarlo. Al principio, va apareciendo una esquina de la pepita, clara y resplandeciente. Gradualmente, a medida que le vas quitando el barro y la mugre acumulados, el pedazo entero se revela como oro. Ahora, permíteme preguntarte: ¿cuál es más valioso, el pedazo de oro enterrado en el barro o el que has limpiado? En realidad, el valor es igual. La diferencia que hay entre el pedazo cubierto de barro y el limpio es solo superficial.

Lo mismo puede decirse de la mente natural. El chismorreo neuronal que te impide verla completamente no cambia en realidad la naturaleza fundamental de tu mente. Pensamientos como "soy feo", "soy tonto", o "soy aburridor" no son más que un tipo de barro biológico, que temporalmente oscurece las cualidades brillantes de la naturaleza de Buda o mente natural.

A veces, Buda comparaba la mente natural con el espacio, no necesariamente en el sentido en el que se entiende en la ciencia moderna, sino en el sentido poético de la profunda experiencia de apertura que se siente cuando se mira un cielo despejado o se entra en una estancia muy grande. Al igual que el espacio, la mente natural no depende de causas o condiciones previas. Simplemente es: inconmensurable y más allá de toda caracterización, el medio esencial por el cual nos movemos y en relación al cual reconocemos las distinciones entre los objetos que percibimos.
 
  Yongey Mingyur Rinpoche
 
 
 
"La degeneración orgánica de un cuerpo que muere ofrece una ocasión única para conocer el verdadero espíritu. En el momento en el que el hogar de carne y hueso del espíritu se derrumba, los estratos fabricados del espíritu también se descomponen. El espíritu, condicionado por percepciones erróneas y construido a base de tendencias rutinarias, se libera. La confusión que ha oscurecido nuestra claridad original e innata pierde su vitalidad al mismo tiempo que las distintas capas de piel que recubren nuestro cuerpo. Gracias a la supresión de la confusión, brilla la sabiduría, como ocurre durante la meditación."

 Yongey Mingyur Rinpoche
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 126
 
 
 
 
 La paz natural

    En la mente natural no hay rechazo ni aceptación, no hay pérdida ni ganancia.
    ―III Gyalwang Karmapa, Song of Karmapa: The Aspiration of The Mahamudra of True Meaning

Quisiera aclarar que la comparación entre la mente natural y el espacio como se describe en la ciencia moderna es más una metáfora útil que una descripción exacta. Cuando la mayoría de nosotros pensamos en el espacio, imaginamos un fondo vacío en el cual aparecen y desaparecen todo tipo de cosas: estrellas, cometas, meteoros, agujeros negros y asteroides... Incluso cosas que aún no han sido descubiertas. Sin embargo, a pesar de toda esta actividad, nuestra idea de la naturaleza esencial del espacio continúa intacta. Hasta donde sabemos, el espacio aún no se ha quejado de lo que ocurre en él. Hemos enviado miles ―millones― de mensajes al universo, y jamás hemos recibido un comentario como, "Me molesta tanto que un asteroide se haya estrellado contra mi planeta favorito", o "¡Estoy feliz, acaba de nacer una nueva estrella!".

Asimismo, la esencia de la mente permanece impasible ante condiciones o pensamientos desagradables que normalmente consideramos dolorosos; y es naturalmente apacible, como la mente de un niño que visita un museo con sus padres. Mientras estos se dedican a juzgar y valorar las diversas obras de arte exhibidas, el niño se contenta con ver. No se pregunta cuánto habrá costado determinada obra, la edad de una estatua o si la obra de un artista es mejor que la de otro. Su perspectiva es completamente inocente; todo lo que ve lo acepta. Esta perspectiva inocente se conoce en términos budistas como la "paz natural", estado parecido a la sensación de relajación que una persona experimenta, por ejemplo, después de ir al gimnasio o de haber concluido una tarea complicada.

Como sucede con otros aspectos de la mente natural, la experiencia de la paz natural es tan superior a todo lo que normalmente consideramos relajación que es prácticamente indescriptible. En los textos clásicos budistas se la compara con ofrecerle un caramelo a un mudo. El mudo sin duda siente la dulzura del caramelo, pero no puede describirla. De la misma manera, cuando probamos la paz natural de nuestra mente, es indudable que la experiencia en sí es real, pero nos es impasible expresarla en palabras.

Así pues, la próxima vez que te sientes a comer, si te haces la pregunta de: "¿Qué es lo que piensa que esta comida está buena, o mala? ¿Qué es lo que reconoce el hecho de comer?", no te sorprendas si no puede responder; más bien, te puedes felicitar. Cuando tienes una experiencia impactante que no puedes describir con palabras, esto es una señal de progreso. Significa que has tenido tu primer contacto con el reino de la amplitud inefable de tu verdadera naturaleza, y que has dado un paso muy valiente que mucha gente, al sentirse demasiado a gusto con el descontento que ya le es familiar, no tienen el valor de dar.

La palabra tibetana para meditación es gom, significa literalmente "familiarizarse con", y la práctica de meditación budista realmente tiene que ver con familiarizarnos con la naturaleza de nuestra propia mente: un poco como comenzar a conocer a un amigo a niveles más profundos. Como en este caso, conocer la naturaleza de tu mente es un proceso gradual; raramente se produce completamente de una sola vez. La única diferencia entre la meditación y las interacciones sociales es que el amigo que vas conociendo cada vez más eres tú mismo.
 
  Yongey Mingyur Rinpoche
 
 
 
 Ser tú

    Necesitamos reconocere nuestro estado fundamental.
    ―Tsoknyi Rinpoche, Carefree Dignity

Según el Buda, es posible tener una experiencia directa de la naturaleza básica de la mente con sólo dejar que la mente repose tal y como es. ¿Cómo se logra esto?

Tratemos de hacer un breve ejercicio para reposar la mente. No se trata de un ejercicio de meditación; de hecho, se trata de un ejercicio de "no-meditación" ―una práctica budista muy antigua que, como explicaba mi padre, disminuye la presión de pensar que hay que lograr una meta o experimentar algún tipo de estado especial. En la no-meditación, simplemente observamos lo que ocurre sin intervenir. No somos más que observadores de una especie de experimento introspectivo, sin ninguna expectativa por el resultado.

Claro que la primera vez que hice este ensayo yo era todavía un niño lleno de expectativas. Deseaba que algo maravilloso sucediera cada vez que me sentaba a meditar, de tal manera que necesité un tiempo para aprender simplemente a descansar y observar, y olvidarme de los resultados.

Para empezar, colócate en una posición cómoda en la cual la columna vertebral esté recta, el cuerpo relajado y los ojos abiertos. Una vez que el cuerpo esté cómodo, deja simplemente que tu mente descanse por unos tres minutos. Simplemente suéltala, como si acabaras de terminar una tarea larga y difícil.

No te preocupes por nada de lo que ocurra, sea que lleguen pensamientos o emociones, o que sientas alguna incomodidad física o percibas sonidos u olores a tu alrededor, o que tu mente se quede completamente en blanco. Cualquier cosa que ocurra, o que no ocurra, es sencillamente parte de la experiencia de dejar que tu mente repose.

Ahora, por tanto, reposa simplemente en la consciencia de lo que pase por tu mente...

Simplemente reposa...
Simplemente reposa...

Cuando hayan pasado los tres minutos, hazte la pregunta: ¿cómo fue la experiencia? No la juzgues ni trates de explicarla. Limítate a repasar lo que ocurrió y cómo los sentiste. Es posible que hayas experimentado un breve momento de paz o apertura, y eso está bien; o puede que hayas sido consciente de un millón de pensamientos, sentimientos y sensaciones distintos, y eso también está bien. ¿Por qué? Porque, sea como fuere, por lo menos has mantenido una consciencia desnuda de lo que pensabas o sentías, has tenido un vislumbre directo de cómo es tu mente cuando se limita a hacer su función natural.

Así que permíteme que te confíe un gran secreto. Cualquier cosa que experimentes cuando simplemente reposas tu atención sobre lo que ocurre en ese momento en tu mente es meditación. El simple hecho de descansar así es la experiencia de la mente natural.

La única diferencia entre la meditación y el proceso corriente y cotidiano de pensar, sentir y experimentar sensaciones es la aplicación de una conciencia simple y desnuda, que ocurre cuando permites que tu mente repose simplemente tal y como es, sin ir detrás de los pensamientos o dejarte distraer por los sentimientos o las sensaciones.

Necesité mucho tiempo para reconocer lo fácil que es realmente la meditación, más que nada porque parecía algo tan ordinario, tan cercano a mis hábitos diarios de percepción, que rara vez me detuve a pensar en ello. Como muchas de las personas que he conocido en mis giras de enseñanza, pensaba que la mente natural tenía que ser otra cosa, algo diferente o mejor de lo que ya estaba experimentando.

Como muchas personas, siempre juzgaba mi experiencia. Creía que los pensamientos de enfado, ansiedad, temor y demás, que iban y venían durante el día, eran negativos o contraproducentes, ¡o por lo menos incompatibles con la paz natural! Las enseñanzas del Buda, y la lección implícita en este ejercicio de la no-meditación, es que si nos permitimos relajarnos y dar mentalmente un paso atrás, podemos empezar a reconocer que todos estos pensamientos simplemente van y vienen en el contexto de una mente ilimitada que, igual que el espacio, permanece fundamentalmente imperturbable por todo lo que ocurre en su seno.

En realidad, experimentar la paz natural es más fácil que beber agua. Para beber hay que hacer un esfuerzo: es preciso tomar el vaso, acercarlo a los labios, inclinarlo para que el agua entre en la boca, tragar el agua y después poner el vaso en la mesa. Experimentar la paz natural no requiere semejante esfuerzo. Lo único que tienes que hacer es reposar la mente en su apertura natural. No hace falta recurrir a ningún enfoque ni esfuerzo especial.

Y si por alguna razón no consigues reposar la mente, puedes simplemente observar los pensamientos, sentimientos o sensaciones que surgen en ella, permanecen por unos segundos y después desaparecen, y reconocer que eso es lo que está ocurriendo en tu mente en este momento.

Dondequiera que estés, o hagas lo que hagas, lo esencial es reconocer tu experiencia como algo corriente, como la expresión natural de tu verdadera mente. Si no intentas detener lo que pasa en tu mente, sino que simplemente lo observas, tarde o temprano comenzarás a sentir una gran sensación de relajación, una vasta sensación de apertura dentro de tu mente ―que en realidad es tu mente natural, el trasfondo imperturbable frente al cual van y vienen tus diversos pensamientos. Al mismo tiempo, comenzarás a despertar nuevos caminos neuronales que, a medida que van haciéndose más fuertes y conectándose más profundamente, intensifican tu capacidad de tolerar la cascada de pensamientos que se precipitan por tu mente en cualquier momento. Cualesquiera pensamientos perturbadores que surjan actuarán como catalizadores para estimular tu consciencia de la paz natural que rodea e impregna estos pensamientos, igual que el espacio rodea e impregna cada partícula del mundo fenoménico.
 
  Yongey Mingyur Rinpoche
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Patricia Serin

"El amigo imaginario es una construcción que ayuda al niño a desarrollarse. Con ese término, designamos una creación del menor que, en realidad, es una expresión de sí mismo, una construcción de lo que vive con otras personas. A través de eso, va cogiendo experiencia, va creciendo. El amigo imaginario es una especie de espejo que le permite entrenarse en la interacción. Una “entidad” es algo que se le impone, no es una construcción. Reconozco que no es fácil distinguir ambas cosas. Como terapeutas, conseguimos diferenciarlas haciendo un seguimiento del niño."
 
Patricia Serin
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 132

Fabien Olicard

"Para mí, un médium no hace mentalismo."
 
Fabien Olicard
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 135

Wolf Singer

"La percepción no es un proceso tan holístico como parece. Aprehendemos una escena compleja haciendo un barrido secuencial. En realidad, reconstruimos de memoria la mayor parte de los elementos que tenemos la impresión de percibir. Hay multitud de factores, tanto conscientes como inconscientes, que determinan cuáles son, entre las innumerables señales que percibimos, aquellas que llegan a nuestra consciencia."
 
Wolf Singer
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 96


Christophe Fauré

"Si se tratara de un mecanismo de protección contra el dolor provocado por el duelo, aparecería de manera casi sistemática. La mente humana posee mecanismos de protección que son bastante universales y no muy numerosos. Además, los conocemos, los observamos y se activan en todas las personas desde el momento en que son necesarios. Sin embargo, no todas las personas experimentan VSCD (vivencias subjetivas de contacto con un difunto). Entonces, ¿por qué solo se producirían en algunos momentos y en algunas personas?."
 
Christophe Fauré
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 79

Marie-Jeanne Jacob

"La confianza y el respeto que se crean con el paso del tiempo nos dan pie a compartir las sensaciones vividas al lado de la persona que muere, además de confidencias. Primero es un paciente, pero luego viene otro, y otro. Y todos te dan la descripción detallada de una persona que espera sentada en la habitación. A veces es una persona ya fallecida (a menudo un padre o una madre) la que se manifiesta. Es una presencia, un aliento, un caminante en el servicio. Esas percepciones sentidas en torno a la muerte tienen en común que su definición es compleja. ¿Es quizá porque aún no existen en nuestra lengua las palabras adecuadas para describirlas? O ¿puede que desde el punto de vista médico de la muerte no haya lugar para estas observaciones subjetivas que, sin embargo, forman parte de nuestro día a día? A pesar de ello, estas observaciones particulares que evocamos con una sonrisa (cuando no con un gesto forzado) en los congresos o encuentros profesionales no son objeto de talleres o conferencias. Siguen formando parte de lo paranormal, sima por excelencia de todos los posibles e inimaginables y de todo lo que se salga de la norma. Estamos convencidos de que esos momentos vividos existen y que probablemente sean reales, aunque difíciles de comprender."

Marie-Jeanne Jacob
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 72

Steven Laureys

 "En el estudio de la consciencia, pasamos por alto el lado experimental, vivir uno mismo la experiencia tomando sustancias o induciendo un estado de trance —me explica—. Esta experiencia en primera persona no forma parte de nuestra formación médica y científica. Sin embargo, pienso que habría que ir más a menudo en esta dirección. Puedo leer publicaciones sobre los efectos de la psilocibina o hablar sobre ello con otras personas, pero vivirlo uno mismo es algo completamente diferente. Me gustaría volver a hacerlo. Necesito revivir esa experiencia. Tengo la sensación de ser un investigador incapaz de distinguir los colores y que intenta comprender la visión a color. Puedo tener un conocimiento absoluto sobre la manera en la que el color es percibido por la retina, identificar en el cerebro todos los neurotransmisores implicados, pero ver me proporciona algo más."

Steven Laureys
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 166
 
 
 
"Intento guiarme por la curiosidad y seguir una metodología científica con el objetivo de comparar lo que creo comprender con lo que puedo medir, en principio, sin dejarme llevar por ningún dogma. Evidentemente, soy neurólogo y, por tanto, estudio el cerebro para probar hipótesis. No puedo ignorar el hecho de que, si cambiamos el funcionamiento del cerebro con anestesias o alucinógenos, por ejemplo, nuestros pensamientos, percepciones y emociones también cambian. La consciencia es complicada."
 
Steven Laureys
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 20
 
 
 
 
"La hipótesis con la que mi equipo y yo trabajamos es que todas estas experiencias cercanas a la muerte tienen una base orgánica. Que ciertas regiones cerebrales, durante el coma, sufren modificaciones en cascada de los neurotransmisores y que se trata simplemente de modificaciones en el funcionamiento del cerebro.
 
Mientras no comprendamos la consciencia, será difícil explicar las experiencias cercanas a la muerte. Estas no dejan de ser una realidad fisiológica y merecen ser estudiadas. Es una pena que haya tan pocos compañeros interesados en ellas. Estudiarlas permitiría abandonar el binomio «creo-no creo». Por un lado, tenemos a aquellos que afirman que las ECM son la prueba de que el alma existe más allá del cuerpo, pero no profundizan en ello (yo soy curioso y necesito una teoría con un poder predictivo). Por otro lado, están aquellos que piensan que no pueden ser ciertas. Ambas posiciones nos mantienen estancados. El problema es que desconocemos cuándo va a producirse la experiencia y es imposible reproducirla en un laboratorio."
 
Steven Laureys
Tomada del libro La muerte no existe de Stéphane Allix, página 15
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Erin Pizzey

"Creo que la visión [de los refugios] fue secuestrada por mujeres vengativas que han convertido el movimiento en un gueto y lo han usado para perseguir a los hombres."
 
Erin Patria Margaret Pizzey
 
 
 
"Hay tantas mujeres violentas como hombres... las mujeres y los hombres son ambos capaces de una crueldad extraordinaria."
 
 Erin Pizzey
 
 
 
"Hay un gen caballeresco en los hombres, y eso es parte del problema."
 
 Erin Pizzey
 
 
"Hay un gran negocio en odiar a los hombres, particularmente en Estados Unidos... no es una buena idea política amenazar los presupuestos de los refugios diciendo que algunas mujeres no son víctimas totales."
 
 Erin Pizzey
 

 
"La violencia doméstica no es una cuestión de género."
 
 Erin Pizzey
 
 
 
"La violencia es parte de la condición humana, y siempre necesitaremos albergues para las víctimas que huyen de ella."
 
 Erin Pizzey
 
 
 
"La violencia no es un tema de género, sino de patrones de conducta aprendidos durante la infancia."
 
Erin Pizzey
 
 
 
"Los hombres tendrían que cambiar su forma de dirigirse a las mujeres. No es igualitario y creo que es muy condescendiente decir que tenemos que ser especialmente atendidas porque somos mujeres, y por tanto no se nos puede criticar. Pero ya sabes, los hombres tienen miedo de las mujeres, siempre lo he dicho. Cuando han estado en la puerta del refugio, les he dicho “tienes que ser capaz de comunicarte con tu mujer, no puedes seguir fingiendo que lo que hace está bien”."
 
 Erin Pizzey
 
 
 
"Me gustaría que todas las agencias estén especialmente alertas cuando los niños muestren signos de daño en la escuela, porque tienden a descartarlo. Mi maestra me dijo que era un niña terrible, pero si tienes un niño terrible, ¿cómo es que el niño es terrible? Los niños no nacen viciosos, así que haga las preguntas correctas y obtenga la ayuda adecuada para los niños lo antes posible, con visitadores de salud visitando las casas."
 
 Erin Pizzey
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ginette Raimbault

“Es palabra vacía aquella que no viene de otro sujeto sino que es reflejo de un discurso común, anónimo, retomado a cuenta propia por el analizando que desconoce su relación con ese discurso.”
 
Ginette Raimbault