No voy a ocultarlo: entiendo que la muerte solo es apagar la
luz. Después llega la vida (la verdadera vida). Tras el dulce sueño de la
muerte recibimos un nuevo cuerpo físico. Tras la muerte iniciamos un largo
peregrinaje por el no tiempo. Tras la muerte no volvemos a morir. Es la ley.
Tras el dulce sueño de la muerte seguimos vivos (en otra dimensión). Tras la
muerte, la felicidad es total y permanente. No tengo todas las respuestas. Solo
indicios.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 6
El alma no aparece en el momento de la concepción. Llega
mucho después. Repito: a los cinco o seis años.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 12
En las «experiencias cercanas a la muerte» es posible «ver»
el futuro.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 14
Morir es eso: apagar la luz y dejarse llevar por la dulzura
de un breve sueño.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 19
Morir significa vestir la piel de la paz eternamente. Pero
ahora no podemos comprenderlo.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 30
No hay tres universos. Según mis noticias son siete.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 34
Me llama la atención la coincidencia de todos los que han
experimentado una ECM. Todos afirman que la felicidad —en esos instantes— es
absoluta, como nunca han experimentado en la Tierra. Y me pregunto: ¿cómo se
materializa algo así? Nuestro cuerpo físico (actual) no está preparado para una
felicidad total y permanente (nadie está capacitado para sostener un orgasmo de
años). Verdaderamente, lo que nos aguarda tras el dulce sueño de la muerte es
espectacular.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 53
Hay algo que no me encaja en la historia de Josefa: ¿niños
en los mundos MAT? ¿Niños en los cielos? Será lo primero que preguntaré cuando
pase al «otro lado»: «¿hay niños?». Si me dicen que sí, no entro.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 55
Resulta desconcertante. Cada ser humano vive una ECM
distinta, aunque hay elementos comunes. ¿Por qué?
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 58
LA MUERTE NO DUELE
La carta de Sofía Sánchez me sorprendió. Me escribió en el
año 2015 desde Madrid (España). Decía, entre otras cosas: … Mi padre —Alberto—
falleció hace siete años… Murió de cirrosis… La noche que empeoró se despidió
con un «hasta luego» … Él creía en la vida más allá de la vida… Era miembro de
la Sociedad Parapsicológica Española… Crecí entre psicofonías, Nasca y fotos de
ovnis… En la actualidad sufro una enfermedad neurodegenerativa (una enfermedad
rara que me ha llevado dos veces al quirófano) … En la primera intervención
—hace quince años— no pasó nada extraño… Pero hace tres hubo otra operación que
me cambió definitivamente la vida… Y me explico: tenía un par de tumores en la
carótida… La operación fue bien, pero, a los dos días, tuvieron que retirar el
drenaje… Supuestamente no había riesgo… Pero me desvanecí y entré en parada
cardíaca… Me encontraba con una hermana a la que sacaron de la habitación… Dejé
de ver, pero escuchaba a mi hermana… Decía «que no me fuera» … Estaba rodeada
de luz… No me dolía nada… Flotaba y me sentía inmensamente feliz… A lo lejos
empecé a ver a mi abuela materna y a mi padre… Mi abuela falleció en 1986 y mi
padre en 1997… Aparentaban mucho más jóvenes… Mi padre con unos treinta y cinco
años y mi abuela con cuarenta… Me sentí muy feliz… ¡Dios mío!, ¿cómo
explicarlo?… Y me fui acercando a ellos… Cuando estaba a unos metros, mi abuela
sonrió… Mi padre negó con la cabeza, haciéndome ver que no podía seguir hacia
ellos… Sin palabras explicó «que no era mi hora» … Y, de golpe, volví a
escuchar a mi hermana y sentí a los médicos, que me tocaban… La reentrada fue
tan violenta que vomité… No quería volver, Juanjo, quería irme con ellos… Ahora
sé que la muerte no duele y eso me consuela.
Sofía tiene razón: la muerte no duele. Lo que molesta y
duele es la vida. Es la ley. Vivimos (ahora) en la materia (en la
imperfección). Es lógico que tengamos toda suerte de problemas. En el «otro
lado» (al regresar a casa), el dolor, el sufrimiento y las preocupaciones
desaparecerán. UNA FELICIDAD IMPOSIBLE DE DESCRIBIR Conozco a Jorge Nagore
desde hace años.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 69
En el «otro lado» hay dos de mis sospechas. A saber:
1. En el «otro lado» hay más teatro de lo que imaginamos.
Que yo sepa, en los mundo MAT no hay religiones ni iglesias.
2. El fenómeno ovni está más relacionado con la muerte y con
los mundos MAT de lo que sospechamos.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 72
Lo desconcertante es que todos coinciden: «en ese lugar, la
paz es absoluta».
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 75
Todos los que experimentan una ECM cambian sus vidas. Se
vuelven más humanos y más espirituales. Es un adelanto de lo que seremos.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 79
Asombroso. Todos los que experimentan una ECM cambian sus
vidas. Se vuelven más humanos y más espirituales. Es un adelanto de lo que
seremos.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 79
Nadie lo menciona al relatar las «experiencias cercanas a la
muerte», pero yo sé que es así: los familiares que se presentan en las ECM «ya
no son el padre, el esposo o la hija muertos. En el «más allá», el parentesco
desaparece. Es otra realidad a la que tendremos que acostumbrarnos.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 79
Los Evangelios —lo he repetido muchas veces— son un
naufragio. Están manipulados, según los intereses del momento.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 83
Lo afirman muchos testigos: durante las ECM no hay tiempo. Y
lo más importante: lo sabemos casi todo.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 85
Al «otro lado» nos aguarda la felicidad permanente (algo de
difícil comprensión en la materia). Al «otro lado» no nos espera el Padre Azul,
pero no importa… Eso llegará en su momento.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 97
UNA GRAN ACUARELA
En septiembre del 2018 recibí un largo correo electrónico
procedente de Curitiba, en Brasil. Lo firmaba Darlene Coelho. En síntesis,
decía así: … En el año 2004, cuando estaba en el séptimo mes de embarazo, sufrí
una eclampsia.1 El 7 de septiembre me ingresaron y, a partir de esos momentos,
experimenté la clásica ECM… Yo lo llamo «un vistazo a todo lo que existe» …
Siempre es difícil describirlo porque no hay forma de comparar… Lo que puedo
recordar es mucho menos romántico que lo que cuentan las películas… No crucé
por ningún túnel… No fui hacia ninguna luz… No encontré a ningún pariente
muerto… Solo recuerdo que yo era «todo conciencia» … El estado vibratorio en el
que estaba no era una singularidad… Había una conciencia generalizada y, al
mismo tiempo, era posible SER (en cualquier escala que decidiera la conciencia)
… En ese estado no hay diferencia entre los seres, la naturaleza, el planeta o
el universo… No hay barreras… Todo se mezcla como una gran acuarela… En ese
estado me di cuenta de lo siguiente:
1. Hay múltiples dimensiones.
2. En la dimensión en la que estuve, tiempo, espacio, bueno,
malo, correcto, incorrecto, agresor o víctima no existen.
3. Lo que cada «Yo» experimenta en la vida es una elección.
4. El proceso de abandonar el cuerpo es más importante que
la muerte en sí misma».
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 97
Más allá de la materia hay infinitas dimensiones (nuestra
mente no está preparada para entenderlo). Y lo más importante: casi todos los
seres humanos son voluntarios. Nacen para experimentar y vivir una aventura
que, generalmente, no se repetirá.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 98
Cada ser humano llega frente a la muerte y abre esa puerta
de una manera distinta. ¡Qué misterio!
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 101
La visión total de 360 grados es otra de las características
de los mundos MAT. En ese lugar, nuestros cuerpos disfrutarán de setenta
sentidos.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 116
Importante precisión: al «más allá» solo nos llevaremos lo
que merezca la pena. Lo negativo morirá con el cuerpo.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 118
He aquí otra constante, tras sufrir una «experiencia cercana
a la muerte»: el protagonista se vuelve más humano y misericordioso.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 122
En los mundos MAT no hay parentesco. No hay matrimonios ni
relaciones familiares. Todo es diferente.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 126
Tras el dulce sueño de la muerte no veremos al Padre Azul.
Eso llegará después, cuando alcancemos la «isla eterna de luz» (el Paraíso).
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 128
UNA PEQUEÑA LUZ
La «experiencia cercana a la muerte» vivida por Pamela
Reynolds me parece espectacular y, sobre todo, esperanzadora. Fue interrogada,
en su momento, por el cardiólogo M. Sabom. He aquí una síntesis del caso:
… La ECM se registró cuando Pamela se encontraba en función
cerebral nula… El córtex cerebral y el tronco encefálico estaban perfectamente
monitorizados…
Pamela Reynolds era ama de casa… Tenía treinta y cinco años
cuando empezó a ser famosa como cantautora… En 1991 enfermó de gravedad… Su
médico recomendó que le practicasen un TAC (tomografía axial computerizada)… Y
surgió un enorme aneurisma en una de las arterias cerebrales (próxima al tronco
encefálico) … Si el aneurisma reventaba, la hemorragia cerebral podía ser
fatal…
Y Pamela contactó con el Instituto Neurológico Barrow, en
Phoenix (Arizona, Estados Unidos) …
El neurocirujano Robert Spetzler decidió operarla, aunque
manifestó que las posibilidades de que sobreviviera a la operación eran
escasas… Le fue drenada la sangre del cráneo, hicieron descender la temperatura
corporal a diez grados y la mantuvieron conectada a una máquina de circulación
extracorpórea… La actividad eléctrica cardíaca fue interrumpida…
«Lo que estamos observando —manifestó el doctor Spetzler— es
el aneurisma que tenía en la base del cráneo… Este “globo” podía reventar y
provocar una catástrofe en el cerebro de la paciente… Teníamos que parar la
actividad cerebral…»
Y se determinó que el cerebro de Pamela estaba muerto
«mediante tres pruebas: el electroencefalograma se hallaba en silencio… La
respuesta del tronco encefálico era nula y no había flujo sanguíneo en el
referido cerebro…
Y Pamela contó lo siguiente:
… No recuerdo la sala de operaciones… No recuerdo haber
visto al doctor Spetzier… Yo estaba con otro colega… Después de eso, nada… Y
llegó aquel sonido… Era desagradable… Me recordó la consulta de un dentista…
Recuerdo un hormigueo en la cabeza y, después, como si yo misma saliera de mi
cuerpo por la coronilla…
Recuerdo haber visto muchas cosas en la sala de operaciones…
Miraba hacia abajo y lo veía todo… Estaba más consciente de lo que jamás he
estado…
Miré hacia abajo y vi mi cuerpo… Supe que era mi cuerpo
físico… Pero no me importó gran cosa… Me llamó la atención cómo me habían
afeitado la cabeza…
Me encontraba sentada sobre el hombro del doctor Spetzler…
Mi visión era más clara y enfocada que la visión humana habitual…
Había mucha gente y muchas cosas en el quirófano… Recuerdo
aquel instrumento en su mano… Parecía el mango de un cepillo de dientes
eléctrico… Imaginé que me abrirían el cráneo con una sierra… Pero lo que vi fue
una especie de taladro… Se oía un zumbido relativamente agudo… No me gustaba el
respirador… Recuerdo un montón de herramientas que no reconocí… Y recuerdo con
nitidez una voz femenina que decía: «Tenemos un problema… Sus arterias son
demasiado pequeñas» … Entonces, una voz masculina replicó: «Inténtalo por el
otro lado» … Habían accedido a la arteria femoral, pero yo no lo sabía…
Sentí una presencia… Eché una ojeada a mi alrededor y fue en
esos momentos cuando vi un diminuto punto de luz… Y esa luz empezó a tirar de
mí, pero no contra mi voluntad… Yo iba hacia ella de forma voluntaria… Fue como
subir en un ascensor a toda velocidad…
Al encontrarme más cerca de la luz empecé a distinguir una
serie de figuras… Y escuché la voz de mi abuela, llamándome…
Fui hacia ella… La luz era increíblemente brillante… Era
como estar sentada en el interior de una bombilla…
Aquellas figuras eran pura luz… Y fueron adoptando formas
concretas, de manera que pudiera reconocerlas… Conocía a algunas… A otras no…
¡Me sentía genial!… Vi a mi tío Gene, fallecido con treinta y nueve años…
Me enseñó a tocar mi primera guitarra… También vi a mi tía
abuela Maggie…
Pero no me permitieron ir más allá… Yo quería entrar en la
luz y, al mismo tiempo, regresar… Tenía unos hijos a los que cuidar…
Pregunté si aquella luz era Dios… Me respondieron que no…
«La luz —dijeron— es lo que ocurre cuando Dios respira» … Y pensé: «Estoy en la
respiración de Dios» …
Finalmente fue mi tío quien me ayudó a volver… Pero, al ver
mi cuerpo, me resistí a entrar… ¡Era un cuerpo sin vida!… Estaba tapado… Me
asusté… No quería mirarlo… Sabía que si entraba en ese cuerpo me dolería… Y me
resistí…
Mi tío insistía para que entrase… Y repetía: «Es como bucear
en una piscina… Solo tienes que tirarte de cabeza» … E insistía: «Cariño,
tienes que irte» … Yo me negué de nuevo… Y él me dio un empujón… Así fue como
volví.
Pamela resume su experiencia de la siguiente forma: «La
muerte es una asquerosa mentira».
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 135
La descripción del doctor Morales respecto al sentido de la
vida humana es inmejorable: crecer, ayudar y disfrutar. Y añadió algo que no
conviene olvidar: «Las “experiencias cercanas a la muerte” aumentan la
espiritualidad y disminuyen la religiosidad».
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 145
Al pasar al «otro lado» nadie juzga a nadie. La vida en la
materia está sujeta a lo que llamo la «Ley del Contrato». Se vive para
experimentar. Se vive —lo bueno y lo malo— según lo «contratado» por uno mismo
antes de nacer. Los malos también tienen su papel (nada fácil). La vida, en la
Tierra, es un juego en el que participan el bien y el mal (a partes iguales).
La religión no contempla nada de esto.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 149
ALGUNOS COMENTARIOS Y CONCLUSIONES INEVITABLES
1.
Según mis informaciones, más de trescientos
millones de personas han experimentado una ECM.
2.
A la hora de experimentar una ECM no influyen la
edad, la educación, el sexo, la religión o la raza.
3.
Las causas que desembocan en una ECM son
múltiples: infartos, accidentes de todo tipo, complicaciones médicas, intentos
fallidos de suicidio, ataques de animales, fase inicial de ahogamiento, estrés,
miedo intenso, ingestión de drogas y desvanecimientos (entre otras).
4.
Las ECM se registran cuando el paciente está en
«muerte clínica» (encefalograma plano). No estoy de acuerdo, por tanto, con los
que afirman que se trata de alucinaciones.
5.
Tras una ECM, el individuo cambia su forma de
pensar. Se hacen más humanos y espirituales. Como dice el doctor Morales, «las
“experiencias cercanas a la muerte” aumentan la espiritualidad y disminuyen la
religiosidad».
6.
La muerte no existe. Solo es abrir una puerta.
7.
La religión tiene buena culpa de nuestra
confusión ante la muerte.
8.
Hay una creación invisible que no vemos. Es tan
física como la creación visible.
9.
El alma (el Yo) es inmortal. Tras la
aventura de la vida en la Tierra regresa a «casa» (el mundo espiritual: la
creación invisible).
10. Las
ECM confirman la llamada «Ley del Contrato». «Te queda mucho por hacer…».
11. La
muerte no duele.
12. La
muerte es una genialidad del Padre Azul.
13. La
muerte es un peaje necesario para regresar a «casa».
14. El
fenómeno ovni tiene más relación con la muerte de lo que imaginamos.
15. Quizá
«ellos» (los tripulantes de esas naves no humanas) son recogedores de almas…
16. Nadie
quiere regresar de ese lugar (el umbral de los mundos MAT).
17. «Dios
es azul» esconde un gran secreto.
J. J. Benítez
Dios es azul,
página 150