"En la religión arábica había dos dioses, la diosa era la deidad suprema, y el dios, su hijo, era un dios menor. Se produjo un cambio gradual mediante el cual los atributos de la diosa pasaron al dios, subordinando la posición de la primera.

[…] el cambio en la ley de parentesco despojó a la mujer de su antigua preeminencia en la familia y transfirió al padre la mayor parte de su autoridad y dignidad […], las mujeres perdieron su derecho a elegir a sus parejas, la esposa se sometió al domino de su marido. […] Al mismo tiempo, sus hijos pasaron a ser miembros de la familia del marido, en todo lo relativo a la herencia y a los deberes de sangre. En la medida en que la religión siguió el ritmo de las nuevas leyes de la moralidad social, debido a esta evolución, la madre divina independiente se transformó necesariamente en la compañera subordinada de una deidad masculina […] o, si la supremacía de la diosa era demasiado rotunda como para ser socavada, cambiaba de sexo, como ocurrió en el sur de Arabia, donde Ishtar se transformó en el masculino Athar."
 
William Robertson Smith
 Tomada del libro Cuando Dios era mujer Merlin Stone, página 53
 
 
 
"Es en la marcha y en tiempo de guerra cuando un pueblo nómada siente la instante necesidad de una autoridad central, y así ocurrió que en los primeros comienzos de la organización nacional en torno al santuario del arca, Israel se creyó la hueste de Jehová. El nombre mismo de Israel es marcial y significa Dios pelea, y Jehová es en el Viejo Testamento Iahwé Zebahát, el Jehová de los ejércitos de Israel. Era en el campo de batalla donde se sentía más claramente la presencia de Jehová; pero en las naciones primitivas, el caudillo de tiempo de guerra es también juez natural en tiempo de paz."

William Robertson Smith
The Prophets of Israel, lect. I
Del libro Del sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno, página 135
 
 
"Recientes investigaciones en la historia de la familia hacen muy improbable que el parentesco físico entre el dios y sus adoradores, del que se encuentran rastros en toda la región semítica, fuera originalmente concebido como una paternidad. La sangre de la madre, y no la del padre, formaba el vínculo original de parentesco entre los semitas y otros pueblos antiguos, y en esta fase de la sociedad, si se consideraba que una deidad tribal era la progenitora de la estirpe, una diosa, y no un dios, sería necesariamente objeto del culto."

William Robertson Smith
 Tomada del libro Cuando Dios era mujer Merlin Stone, página 50