Luis Benjamín Cisneros

Cantinela

Cuando el ángel de la vida
Te trajo al mundo tan bella
Pálida, pura, dormida,
Surgió en el cielo una estrella.
¡Oh! déjame, bien querido,
(Perdona si así te llamo)
Deja decirte al oído
Que te amo.

Es vaga si se te nombra
La armonía de la fuente;
No tiene el cielo una sombra
Tan pura cono tu frente.
¡Oh! déjame, ángel querido,
(Perdona si así te llamo)
Deja decirte al oído
Yo te amo.

Luis Benjamín Cisneros



"El padre de Ricardo era un rico negociante italiano. Establecido en América hacía muchos años, se había casado en Lima por amor, y aunque se creía dichoso, recordaba siempre el cielo de su patria con pesar y con profunda melancolía.
¡Adorable capricho de la naturaleza! los hermosos ojos del hijo tenían la expresión tierna de ese sentimiento del padre y el azul límpido y sereno del cielo cuyo recuerdo le entristecía.
El chiquillo era una mezcla encantadora de dos tipos: en su cuerpo se revelaban la gracia de contornos, la viveza de ademanes y la negligencia de actitud del tipo limeño; en su rostro se veía la pureza de formas, la dulzura y la radiante mirada del tipo italiano. Entre las cualidades morales de este último podían contarse una pasión loca por la música y la admiración instintiva por todo lo bello.
Su padre se había casado, joven aún, con una de las más distinguidas y afamadas bellezas de la época. Los ardientes amores que habían precedido a su matrimonio habían durado cuatro años. Los obstáculos vencidos, los billetes y los juramentos cambiados a través de las rejas y de los muros de un monasterio hicieron gran ruido en Lima. La pasión había sido borrascosa y romántica."

Luis Benjamín Cisneros
Amor de niño


“Hay un error fundamental en todas nuestras creencias políticas. El mundo no es tan civilizado como pensamos.”

Luis Benjamín Cisneros











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