Whitley Strieber Comunion

Yo sufrí con esta experiencia. Otros han sufrido, y siguen sufriendo. Es esencial que se fomente el apoyo efectivo para ayudar a estas personas. Las burlas tienen que cesar. Me avergüenza decir que yo también lo hice en el pasado, al menos, no me lo tomaba en serio. En lo que se refería a la cuestión ovni, me encontraba entre los escépticos.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 5
 
 
Levanto la mirada hacia el cielo nocturno, visible a través de dos altos arcos que hay por encima de las ventanas de mi despacho. Casi hasta la parte superior de los arcos, las nubes resplandecen con las luces de Manhattan. En el pináculo, la oscuridad, y ésta me atrae. No sólo estoy asustado e inquieto; francamente, también siento curiosidad. Quiero saber lo que ocurre allí. Mientras lo observo, el cielo nocturno se oscurece un poco más. La gente que se encuentra con los visitantes dice que éstos son pequeñas figuras con ojos que parecen penetrar hasta lo más profundo del ser. Y esos ojos piden algo, quizás incluso lo exigen. De cualquier forma, se trata de algo más que simple información. La meta no parece ser la clase de intercambio franco y abierto que podríamos esperar. Con independencia de lo que esa necesidad pueda ser, quiere mucho más que eso. Busca lo más profundo del alma; busca la comunión.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 5
 
 
Lo siguiente que supe fue que la figura se precipitaba en la habitación. Después de eso, sólo recuerdo oscuridad, durante un espacio de tiempo desconocido. No me acuerdo de haberme quedado dormido ni despierto. Lo que recuerdo es muchísimo más inquietante. Mi siguiente recuerdo consciente es el de estar en movimiento. Me encontraba desnudo, con los brazos y las piernas extendidos, como si hubiera sido congelado a medio salto. Estaba saliendo de la habitación. No tenía ninguna sensación física, ni de ser tocado, ni de calor o frío. Podía sentirme a mí mismo como una forma y una masa, pero no en términos de sensibilización. Era como si me hubiera quedado profundamente paralizado. Aunque quería con desesperación moverme, me resultaba imposible conseguirlo. Debido a mi estado de aparente parálisis, me temo que no puedo decir que estuviese flotando en una alfombra voladora o algún palé mágico. Podía muy bien ser que me estuvieran transportando. En cualquier caso, en ese punto, yo estaba más que inquieto. Todo fugaz pensamiento de sueño o de alucinación hipnogógica había desaparecido. Algo iba horriblemente mal, tan mal que la mente se me quedó en blanco. Yo era incapaz de pensar. Aun cuando hubiera sido capaz de emitir algún sonido, lo cual dudo, no podía intentarlo. Debí de perder la consciencia otra vez, porque no conservo ningún otro recuerdo de haber sido movido. Lo siguiente que supe fue que me hallaba sentado en una especie de pequeña depresión, en el bosque. Estaba muy oscuro, y unas enredaderas congeladas nos rodeaban. Sé que me sobresaltó ver que no había nieve en el suelo, y que éste era de color gris. Me encontraba sentado con las piernas un poco dobladas y las manos en el regazo. Aunque no puedo recordarlo esto con detalle, puede que estuviese apoyado en algo. Seguía sin tener sensaciones. A mi izquierda, había un pequeño individuo al que sólo podía ver por el rabillo del ojo. Él llevaba un traje pegado al cuerpo de color marrón grisáceo, y se encontraba sentado en el suelo con las piernas encogidas y las manos enlazadas rodeándose las rodillas. Tenía dos agujeros oscuros por ojos y un agujero redondo por boca. Me dio la impresión de una máscara. Sentía que me encontraba bajo el control exacto y detallado de quienquiera que fuera que me tenía. No podía mover la cabeza, ni las manos, ni ninguna otra parte de mi cuerpo excepto los ojos. A pesar de eso, no estaba atado. Inmediatamente a mi derecha, había otra figura, ésta invisible salvo por algún ocasional movimiento que yo pude captar. Esa persona estaba muy ocupada: trabajaba algo que parecía tener que ver con la parte derecha de mi cabeza. Llevaba un mono de trabajo azul oscuro y era extremadamente rápido. La depresión daba la sensación de no tener más de un metro veinte de diámetro, pero los ojos no me funcionaban con normalidad (quizá por ninguna otra razón más que el hecho de no llevar las gafas) y no puedo estar seguro. Mientras que la presencia de otras personas permanece de un modo vago en mi mente, el individuo de mi izquierda me causó una impresión clara. Desconozco la razón, pero yo tenía la sensación patente de que se trataba de una mujer, y por eso me referiré a ella en femenino. Tan menuda como los demás, parecía casi aburrida o indiferente. También sentí que me estaba explicando algo, pero no puedo recordar qué era. Entonces vi ramas que pasaban ante mis ojos, y luego copas de árboles. Bajé la vista, y, debajo de mí, todo el bosque se estaba desplazando en espiral, despacio, hacia la derecha. No había manera de preguntar cómo demonios había llegado yo a encontrarme por encima de los árboles. Sólo vi y registré. Luego, un suelo gris, que se deslizó debajo de mis pies como un iris que se cerrara, oscureció mi visión. Lo siguiente que noté fue que me hallaba sentado en una habitación redonda y en desorden. Mi impresión en este punto es que, en realidad, estaba siendo mecido por aquella gente, como si ellos conocieran lo que iba a suceder de inmediato. Pasar a este ambiente absolutamente desconocido, de una manera tan repentina y en condiciones tan insólitas, me despojó de las reservas de calma que todavía poseía. Mientras que hasta ese momento había sido capaz de conservar un cierto grado de control de mi atención, ése me abandonó y quedé entregado a un temor extremo. El miedo era tan fuerte, que daba la sensación de conseguir evaporar mi personalidad por completo. No era una experiencia teórica, ni siquiera una experiencia mental, sino algo profundamente físico. «Whitley» dejó de existir. Lo que quedó era un cuerpo en un estado de pavor tan grande, que me envolvió como un espeso y sofocante velo, y convirtió la parálisis en un estado que parecía cercano a la muerte. No creo que mi humanidad ordinaria sobreviviera a la transición a esta pequeña habitación. Morí, y un animal salvaje apareció en mi lugar. Pero no todo desapareció. Lo que quedó, aunque pequeño, estaba no obstante ocupado con una tarea esencial de verificación. Yo miraba a mi alrededor todo lo que podía, registrando lo que veía. La pequeña cámara circular tenía un techo abovedado de color gris tostado, con vigas que aparecían separadas con intervalos de unos treinta centímetros. Me dio la impresión de que era un espacio vivo y desordenado. Al otro lado de la habitación, a mi derecha, había algunas prendas de ropa tiradas por el suelo. En realidad, me pasó por la cabeza la idea de que el lugar estaba realmente sucio. Para mí resultaba cerrado y aprisionante. La escala era pequeña, hermética y encerrada. Me parece recordar que la habitación estaba mal ventilada y con el aire muy seco, así que bien pudiera ser que la anestesia estuviera perdiendo efecto. Personas diminutas se movían a mi alrededor a gran velocidad. Su rapidez era inquietante y, cosa curiosa, fea. Tuve el pensamiento de que se me estaban llevando, y recordé a mi familia. Me inundó una aguda y perturbadora sensación de hallarme en una trampa: una sensación realmente espantosa, acompañada como iba por la impresión de que estaba absolutamente indefenso en manos de esas extrañas criaturas. A pesar de mi extrema agitación, era consciente de lo que me rodeaba. Sé que estaba sentado en un banco, apoyado contra una pared. Los colores predominantes eran tostado y gris. El banco, del mismo color que las paredes, tenía un borde marrón oscuro. Por la claridad del recuerdo que conservo de esos colores más bien apagados, deduzco que la habitación estaba iluminada, aunque yo no veía la fuente de luz. Creo que había algo bastante bonito relacionado con una lente en el techo, pero no puedo recordar gran cosa sobre ello. Quizás hubiera una lente en la punta del techo, a través de la cual fuera posible ver alguna escena llena de colorido. No hay manera de saber con seguridad cuánto tiempo permanecí en esa habitación. Me pareció que no estaba más de unos minutos o incluso segundos. Pero puede que fuera más, porque tuve tiempo de mirar alrededor y ver numerosos detalles. Mientras que antes había estado totalmente paralizado, ya era capaz de mover los ojos al menos y, posiblemente, la cabeza. Tenía tanto miedo, que mis recuerdos son confusos y están cubiertos por la amnesia. Incluso mientras escribo esto, soy consciente de que sucedió mucho más. Pero no puedo recordarlo. Esto podría ser producto de la amnesia debida al terror, o a drogas, o a hipnosis, o, incluso, un poco de las tres cosas. Existe una droga, la teterotoxina, que podría inducir un estado así. En pequeñas dosis, causa anestesia externa. Cantidades más grandes provocan esa sensación de estar «fuera del cuerpo» de la que las víctimas de secuestro por parte de visitantes informan tan a menudo. Y pueden causar la apariencia de muerte; incluso la función cerebral leja de ser detectable. Esta rara droga es la base del veneno de los zombies de Haití, y se sabe poco de por qué funciona de la manera que lo hace. También es el famoso veneno fugu del Japón, que se encuentra en los tejidos de un pescado muy estimado, aunque mortalmente afrodisíaco de ese país. Lo que me rodeaba me resultaba tan desconocido en todos los detalles, y mi sorpresa era tan grande, que me desvanecí, en el sentido de que perdí mi capacidad de dirigirme a mí mismo, mental y físicamente. No sólo estaba anestesiado en el aspecto físico (aunque ya no tanto paralizado como fláccido), sino que me encontraba en un estado mental que me separaba de mí mismo de un modo tan completo, que no tenía manera de filtrar mis emociones o mis reacciones más inmediatas, ni mi personalidad podía emprender nada. Estaba reducido a una pura respuesta biológica. Era como si mi cerebro anterior hubiera sido separado del resto de mi sistema, y que únicamente quedara una criatura primitiva, el simio, en realidad, del cual evolucionamos hace mucho tiempo. Sin embargo, no estaba en la fase de simio, sino en mi cerebro anterior, apartado del resto de mí mismo. Mi mente se había convertido en una prisión. Un ser estaba a mi derecha, y otro a mi izquierda. Dentro de mi campo de visión, se inició de nuevo una gran actividad. Lo siguiente que distinguí fue que me mostraban una diminuta caja de color gris con una tapa corredera. En un extremo de la caja había un borde curvado, para facilitar su apertura. La sostenía una persona delgada y ágil cuyo aspecto no era claro. ¿La hembra otra vez? No estoy seguro. Casi parece, según recuerdo, que le habían hecho algo a mis ojos que afectaba a la capacidad de concentración de mi visión. Podía mirar en tomo a la habitación y ver con bastante detalle, pero cuando intentaba fijar la visión y ver a una persona concreta, ésta se enturbiaba. Sería interesante saber si se trataba de un efecto inducido o de algo causado por mi propio miedo a lo que estaba viendo. Mi recuerdo de quién apareció ante mí a continuación es el de una persona pequeñísima y rechoncha, agachada, como si se acurrucara sobre algo. Le dieron la caja y la abrió. Entonces mostró una aguja, delgada como un cabello, extremadamente reluciente, montada sobre una superficie negra. La aguja centelleó cuando la vi por el rabillo del ojo, pero casi era invisible si se la miraba de frente. Comprendí —creo que me lo dijeron— que tenían intención de insertarla en mi cerebro. Si antes había tenido miedo, en ese momento, simplemente, enloquecí de terror. Discutí con ellos. —Este lugar es asqueroso —recuerdo que dije. Y después—: Destruirán una mente hermosa. Podía imaginar a mi familia despertando por la mañana y encontrándome convertido en un vegetal. Una gran tristeza se apoderó de mí. No recuerdo que gritara, pero, evidentemente, lo hice, porque recuerdo el siguiente diálogo con mucha claridad. Uno de ellos, creo que era el que había identificado como mujer, preguntó: —¿Qué podemos hacer para ayudarle a dejar de gritar? Su voz era notable. Definitivamente auditiva; es decir, la oí, más que percibirla. Había en ella un sutil tono electrónico, y el más absoluto acento del americano medio que yo jamás había escuchado. Mi respuesta fue inesperada. —Podría dejarme olería —me oí decir—. Entonces, me sentí avergonzado; ésa no es una petición normal, y me molestó. Pero tenía mucho sentido, como después he podido comprobar. —Oh, está bien, puede hacerlo —contestó el que estaba a mi derecha con una voz similar. Hablaba muy de prisa; después, acercó su mano a mi rostro, y sostuvo mi cabeza con la otra. El olor era claro, y me proporcionó lo que yo necesitaba: un ancla con la realidad. Resultó el aspecto más convincente de todo el recuerdo, porque ese olor era, por completo, indistinguible de uno real. En modo alguno parecía una experiencia onírica o una alucinación. Lo recuerdo como un olor real. Había un ligero aroma de cartón en él, como si la manga del mono de trabajo, que me apretaba la cara en parte, estuviera hecha de alguna sustancia similar al papel. La mano misma tenía una débil pero clara acidez orgánica en su aroma. No era un olor humano, pero sí el inconfundible aroma de algo vivo. Tenía un carácter sutil, algo parecido a la canela. Después percibí una detonación, seguida de un destello, y me di cuenta de que habían efectuado en mi cabeza la operación planeada. Sentí ganas de llorar y recuerdo que me hundí en unos diminutos brazos que me acunaron. En ese punto noté algo, había recuperado suficiente tono muscular para poder deslizar los pies en el suelo, en un esfuerzo por evitar caerme del todo. Luego me levantaron y, de repente, me pareció encontrarme en otra habitación, o quizá tan sólo vi de manera diferente lo que me rodeaba. Hacía el efecto de ser un pequeño quirófano. Yo me encontraba en el centro, sobre una mesa, y había tres filas de bancos con unas cuantas figuras acurrucadas, algunas de ellas con ojos redondos y no oblicuos. Entonces, me di cuenta de que había visto cuatro clases diferentes de figura. La primera, el pequeño ser, estilo robot, que entró en mi dormitorio. Le seguía un grupo grande de seres bajos y rechonchos que vestían monos de trabajo color azul oscuro. Éstos tenían la cara ancha, que bajo aquella luz parecía gris oscuro o azul oscuro, con brillantes ojos fijos, la nariz ancha y respingona, y la boca algo humana. En el interior de la habitación me encontré con dos tipos de criatura que no parecían humanos en absoluto. El más provocativo, de un metro y medio de altura, era muy delgado y delicado, y tenía los ojos oblicuos de color negro extremadamente prominentes y magnetizantes. Este ser tenía una boca y nariz casi atrofiadas. Las figuras acurrucadas del quirófano eran un poco más pequeñas, con la cabeza de forma similar pero redonda, y ojos negros similares a grandes botones. Durante toda la experiencia, los rechonchos estuvieron siempre presentes. Al parecer, eran los responsables de moverme y controlarme, y tuve la sensación de ver ante mí a una especie de «buen ejército». Pero de qué buenos se trataba, no lo sé. No recuerdo lo que ocurrió, si es que ocurrió algo, en el quirófano. Mis recuerdos de movimiento de un lugar a otro son los que me resultan más difíciles de recordar, porque fue entonces cuando me sentí más indefenso. Mi temor crecía cuando me tocaban. Sus manos eran suaves, incluso calmantes, pero había tantas que me daba un poco la sensación de que me pasaban muy próximos, por encima, hileras de insectos. Resultaba muy inquietante.
Pronto me encontré de nuevo en un ambiente más íntimo. Había prendas de vestir esparcidas por allí, y dos de los rechonchos me separaron las piernas. Lo que percibí a continuación fue que me mostraban un objeto enorme, extremadamente feo, gris y con incrustaciones, con una especie de red de alambres en la punta. Al menos medía treinta centímetros de largo, y era estrecho y de estructura triangular. Me insertaron esa cosa en el recto. Parecía moverse dentro de mí como si tuviera vida propia. En apariencia, su objetivo era tomar muestras, posiblemente de materia fecal, pero en aquellos momentos yo tenía la impresión de que estaba siendo violado, y, por primera vez, sentí ira. Hasta que me quitaron aquel objeto, no vi que se trataba de un dispositivo mecánico. El individuo que lo sostenía señalaba los alambres de la punta y parecía advertirme de algo. Pero, ¿de qué? Nunca lo descubrí. Los acontecimientos empezaron a desarrollarse de nuevo con gran rapidez. Uno de los seres me cogió la mano derecha y me hizo una incisión en el dedo índice. No sentí ningún dolor. De repente, mis recuerdos finalizan. Ni siquiera hay oscuridad, sólo la nada. No tuve ningún otro recuerdo, del incidente.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 11
 
 
Mucho más adelante, después de que hubiéramos empezado a tomarnos en serio todo este asunto, Anne y yo investigamos un poco más los avistamientos de ovnis en nuestra zona. Descubrimos que es un foco de avistamientos, y que lo ha sido durante casi medio siglo. En realidad, el hijo de dieciocho años de uno de nuestros vecinos vio algo que rondaba cerca de una carretera, a menos de ocho kilómetros de nuestra cabaña, a eso de las nueve y media de la noche a finales de diciembre. Me lo describió como «enorme y cubierto de luces», una descripción típica. Lo observó durante un rato. Como era hijo de un ex policía estatal, y piloto, no dijo que se trataba de un «ovni» sino que se limitó a contar la verdad: que no sabía lo que era, pero que parecía una estructura sólida, y que, al haber estado suspendido durante un período considerable de tiempo, más de quince minutos, no podía tratarse de aviones en vuelo. Telefoneé a la «Goodyear Corporation» y averigüé que su pequeño dirigible blando no se encontraba en la zona por aquella época.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 27
 
 
Para conseguir información válida en seguida y evitar las desviaciones, sólo preguntábamos: «¿Cuál ha sido tu experiencia más extraña?» Ninguna de las personas con las que hablamos tenía idea de lo que nos estaba sucediendo. La respuesta de aquella mujer resultó ser muy reveladora. Nos dijo que había visto un platillo volante en 1953, cuando ella tenía nueve años. Se puso a describir un objeto similar al que había aparecido en la misma zona inmediata, en diciembre de 1985. Igual que muchas otras informaciones dadas en el transcurso de los años, ella lo describió como enorme, lleno de luces y suspendido en el aire. Y después, el ovni se alejó lentamente. Si estos objetos son el resultado de un engaño, los organizadores han estado operando durante más de treinta años; e incluso a principios de los años cincuenta disponían de unos soberbios silenciadores, ya que el objeto visto entonces no hacía más ruido que los actuales que pueden verse.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 27
 
 
La explicación oficial, detallada en la revista Discover de noviembre de 1984, fue que los avistamientos eran causados por un grupo de pilotos que volaban en aeronaves ligeras. Según Discover, a veces, las aeronaves ligeras volaban en formación por la noche, con los motores apagados, y lo hacían con las puntas de las alas separadas sólo unos quince centímetros. Como, al parecer, esos aviones nunca utilizan sus radios, se añadía en los periódicos locales que durante aquellas maniobras en plena noche se mantenía silencio radiofónico. Un piloto me dijo que todo eso era sumamente improbable, y que esas formaciones no serían posible ni siquiera con aviones mucho más pesados. La idea del engaño, e incluso de una aeronave secreta, puede que sean parte del enigma, pero no la respuesta completa. Quizá, si hay un programa federal de desinformación asociada a este campo, se llevaran a cabo «engaños» oficiales con el fin específico de añadir confusión.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 28
 
 
Cuando fuimos a Nueva York a pasar unos días en enero, todavía no sabíamos de ovnis casi nada, y nada en absoluto de los avistamientos de que he hablado antes.
La vida no volvió a la normalidad. Aun cuando ya no había ninguna razón para que yo no escribiera, parecía que me resultaba imposible ponerme a trabajar. Me sentía algo mejor, mas estaba terriblemente intranquilo. Mis dificultades en relación con mi esposa e hijo continuaron.
Al fin acabé Ciencia y ovnis. Hacia la terminación del libro me sorprendió leer la descripción de una experiencia similar a la mía.
Cuando me enteré de la versión que el autor daba de la «experiencia arquetípica de secuestro», quedé asombrado. Estaba acostado, y sólo podía mirar y remirar las palabras. También yo había estado sentado en una pequeña depresión, en el bosque. Y también había recordado un animal después.
Mi primera reacción fue cerrar el libro de golpe, como si contuviera una serpiente enrollada.
Hablaban de los que piensan que son llevados a bordo de naves espaciales por alienígenas.
Y yo parecía encontrarme entre esas personas. Mi sangre se heló. Nunca nadie debía saberlo, ni siquiera Anne. Decidí encerrar el asunto en mi mente y olvidarlo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 30
 
 
Unas mañanas después, hacia las diez, me hallaba sentado ante mi escritorio cuando las cosas parecieron hundirse en mí. Una oleada de tristeza me inundó. Miré hacia la ventana con ansia. Quería saltar. Quería morir. Simplemente, no podía soportar ese recuerdo, ni tampoco deshacerme de él. ¿Qué demonios eran aquellas cosas? ¿Qué me habían hecho? ¿Podían ser consideradas reales, o era víctima de algún estado mental desconocido?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 31
 
 
¿Por qué no había pensado o hablado antes sobre esos sucesos? La respuesta es clara: había metido todo el episodio en el catálogo de cuestiones pendientes y olvidado después. Retrospectivamente, la única razón que puedo dar por haber hecho esto es que no quería enfrentarme a lo extraño de los acontecimientos de aquella noche. Sin embargo, cuando volví a pensar en ellos, empezaron a parecer claramente misteriosos, incluso pavorosos. A menudo, nos enfrentamos con el miedo mediante el rechazo; y, en este caso, como pronto será evidente, había razón más que suficiente para sentirse aterrorizado. Cuando escribí la narración que sigue, todavía no había sido hipnotizado y no sabía qué era, si es que había algo, lo que llevaba oculto en mi mente. Lo escribí todo durante un período de dos días, después de ver a Hopkins por primera vez, y poco tiempo antes de conocer al doctor Donald Klein, quien se convertiría en mi terapeuta y posterior hipnotizador cuando empezamos a descubrir lagunas en mi memoria.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 33
 
 
No recuerdo qué estuve leyendo aquella noche, pero no era nada que diera miedo, ni la cena había sido de esas que producen una mala noche. No habíamos bebido más que un vaso de vino cada uno y una copa en el restaurante. Dormí sin tener sueños durante un rato, quizás unas dos o tres horas. Luego, me desperté sobresaltado y vi, para mi horror, una luz azul reflejada en el techo de la sala de estar. Tuve miedo, porque era imposible que allí hubiera luz alguna. Los faros de los coches que van por la carretera no pueden reflejarse en aquel techo. A principios de octubre nuestro vecino se encontraba en Japón, y su casa no sólo estaba oscura, sino que resultaba invisible desde la nuestra porque el bosque era espeso, cubierto como estaba de hojas todavía. La luz automática del porche que había tenido problemas de forma persistente estaba sin bombillas. No podía haber sido una linterna, porque era muy uniforme y ancha, y claramente azul. Hemos intentado reproducirla con una linterna de campo fluorescente en una noche clara y en otra con niebla, como aquel día, y esa linterna no causaba el fenómeno. Todo el efecto era muy extraño. Mi mente repasó las posibilidades mientras contemplaba esa luz azul arrastrarse por el techo, como si lo que fuera que la causaba estuviera bajando lentamente desde arriba al patio delantero. Finalmente, di con una solución sensata: la chimenea debía de estar encendida y lanzaba chispas al patio delantero. Tenía que hacer algo al respecto en seguida. Entonces…, ¡caí en un sueño profundo! El último pensamiento que recuerdo antes de quedar dormido, con el corazón latiéndome con fuerza, es que el tejado estaba ardiendo. Ésa fue la primera reacción salvajemente inapropiada de aquella noche, mas no iba a ser la última.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 34
 
 
El fin de semana siguiente tuve un recuerdo muy claro y dramático de un enorme cristal que se mantenía suspendido por encima de la casa, un objeto de cientos de metros de altura, que resplandecía con una luz azul no terrena.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 36
 
 
Más tarde, aquella semana, me encontré un poco agitado, sin saber muy bien el porqué. Tenía un insistente recuerdo de una luz reflejada en mis ojos aquella noche. Y, de un modo vago, recordaba alguna clase de explosión. El fin de semana siguiente tuve un recuerdo muy claro y dramático de un enorme cristal que se mantenía suspendido por encima de la casa, un objeto de cientos de metros de altura, que resplandecía con una luz azul no terrena.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 36
 
 
A juzgar por lo que Anne y Andrew decían, algo había ocurrido. Pero, ¿qué? Ni siquiera después de hablar con Hopkins estaba yo en modo alguno dispuesto a atribuir mis experiencias al fenómeno ovni. Yo quería ser muy claro: no tenía ni idea de lo que había pasado aquella noche. Aunque parecía que había una gran confusión, y quizás incluso una respuesta emocional muy desproporcionada por mi parte, con lo que parecía un trastorno de poca importancia.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 43
 
 
Es un completo mito el que la gente no puede mentir bajo hipnosis. Puede y lo hace…, si cree que eso es lo que el hipnotizador desea.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 45
 
 
No conocemos la hipnosis lo suficiente para considerarla una herramienta científica completamente fiable en una situación como ésta. Aunque, sin duda, Don Klein no planteaba preguntas provocativas, siempre existe la posibilidad de que, de forma inconsciente, yo estuviera ansioso de conseguir un resultado que, en secreto, pudiera anhelar. Podría ser que yo quisiera la aparición de visitantes potentes, para salvar a un mundo que estoy seguro se encuentra en graves apuros. Me había pasado los últimos tres años trabajando en libros que trataban de la guerra nuclear y el colapso ambiental. Sabía muy bien que íbamos a tener unos tiempos difíciles en los próximos cincuenta años. Quizá la idea de que unos visitantes llegaran y nos salvaran el cuello era para mí más atractiva de lo que conscientemente hubiera querido admitir. Quizás ocultaba mi desesperación ante mí mismo para vivir y educar un hijo con algo parecido a un corazón feliz. Lo que puedo decir a favor de estas transcripciones es que representan la respuesta de un hombre honesto a los esfuerzos de un reconocido experto en el campo de la hipnosis médica.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 45
 
 
Respeto la astrología en su contexto como antigua tradición humana.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 46
 
 
Yo no creía en absoluto en los ovnis antes de que me sucediera esto. Y me habría reído en la cara de cualquiera que me hubiera dicho que había tenido contactos. Punto. No soy candidato a convertirme a una religión nueva que implica creer en benevolentes hermanos espaciales, o en objetos voladores no identificados como nave de santos…, o pecadores, intergalácticos. No obstante, la experiencia me sucedió a mí, y gran parte de ella se encuentra registrada no en el subconsciente, sino en la memoria ordinaria. Si estamos tratando de un nuevo sistema de creencias camino de convertirse en un dogma religioso, del modo como va surgiendo la religión, dentro de una mente sin ninguna fidelidad evidente a ello, esto sugiere que la creencia real podría ser un proceso biológico, mal comprendido en su totalidad, capaz de brotar en ocasiones de alguna estructura del cerebro extraordinaria e insospechada, mucho más concreta que el subconsciente colectivo de lung. Así, aunque las experiencias de visitantes sean un fenómeno esencialmente mental, reírse de ellas o rechazarlas como alguna forma conocida de conducta anormal, cuando resulta obvio no lo son; en realidad, se parece a estar callado antes del surgimiento de la nueva religión, y así permitirle que crezca.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 46
 
 
Si la mía es una experiencia real de visitantes, se encuentra entre las más profundas y más extensas jamás registradas, y tendrá un valor evidente si sale a la luz pública. Si se trata de una experiencia de alguna otra cosa, entonces les advierto que esa «alguna otra cosa» es un poder que está dentro de nosotros, quizás algún poder central del alma, y sería mejor que intentáramos comprenderla antes de que supere a los esfuerzos objetivos para controlarla.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 47
 
 
Yo no creía en absoluto en los ovnis antes de que me sucediera esto. Y me habría reído en la cara de cualquiera que me hubiera dicho que había tenido contactos. Punto. No soy candidato a convertirme a una religión nueva que implica creer en benevolentes hermanos espaciales, o en objetos voladores no identificados como nave de santos…, o pecadores, intergalácticos. No obstante, la experiencia me sucedió a mí, y gran parte de ella se encuentra registrada no en el subconsciente, sino en la memoria ordinaria. Si estamos tratando de un nuevo sistema de creencias camino de convertirse en un dogma religioso, del modo como va surgiendo la religión, dentro de una mente sin ninguna fidelidad evidente a ello, esto sugiere que la creencia real podría ser un proceso biológico, mal comprendido en su totalidad, capaz de brotar en ocasiones de alguna estructura del cerebro extraordinaria e insospechada, mucho más concreta que el subconsciente colectivo de lung. Así, aunque las experiencias de visitantes sean un fenómeno esencialmente mental, reírse de ellas o rechazarlas como alguna forma conocida de conducta anormal, cuando resulta obvio no lo son; en realidad, se parece a estar callado antes del surgimiento de la nueva religión, y así permitirle que crezca. La ciencia debería abocar en esto sus mejores esfuerzos, lo cual significa buenos estudios que deriven de hipótesis abiertas y planteadas con habilidad. Si la mía es una experiencia real de visitantes, se encuentra entre las más profundas y más extensas jamás registradas, y tendrá un valor evidente si sale a la luz pública. Si se trata de una experiencia de alguna otra cosa, entonces les advierto que esa «alguna otra cosa» es un poder que está dentro de nosotros, quizás algún poder central del alma, y sería mejor que intentáramos comprenderla antes de que supere a los esfuerzos objetivos para controlarla.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 46
 
 
Ahora, mire mi dedo. En unos instantes estuve hipnotizado. Si ve algo que le produce mucho miedo, permanecerá dormido. Permanecerá dormido, pero nos dirá cómo se siente. La noche del 4 de octubre. Usted se ha despertado. Se ha despertado ahora. Es una luz. Hay algo en la habitación, con usted. —Está oscuro. —Cuénteme lo que ve. —Cuando él se da cuenta de que yo lo miro se acerca a la cama. Tiene un aspecto mezquino. Es pequeño. Llega más o menos hasta la parte superior de la lámpara de la mesilla de noche. Me mira. Tiene ojos. Ojos grandes. Grandes ojos oblicuos. La cabeza es calva. Me está mirando. Lleva una regla con punta de plata en la mano. Me toca. Veo imágenes. [Larga pausa.] Veo imágenes del mundo explotando. Veo imágenes de todo el lugar explotando cuando él me toca la cabeza con esta cosa. [Sollozos.] Jesús. Es una imagen de una especie de gran explosión total, y hay un fuego rojo oscuro en el medio y humo blanco a su alrededor.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 54
 
 
—¿Por qué le mostró esas imágenes?
—No sé por qué me las mostró, si he de serles sincero. Son imágenes de lo más espantosas.
¿Warday?
—Les diré la verdad, lo que me parece. Creo que me mostró imágenes del futuro de nuestro mundo, eso fue lo que me mostró.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 55
 
 
—Al principio usted ha dicho que la figura parecía ir cubierta como con una capucha.
—Sí, pero cuando se me acercó pude verle la cara.
—Ha dicho que era calva.
—¿Sí? ¿Lo he dicho?
—Sí.
—Bueno, más o menos puedo ver que era calva y que tenía la cabeza demasiado grande para alguien de su tamaño. Y que sus ojos son oblicuos, más que los de un oriental. Y son muy…, tienen una mirada penetrante, casi te traspasa. Todo el rostro tiene un aspecto realmente fiero. No estoy seguro, pero en algún punto casi pienso que parece un bicho. Pero no, más como una persona que como un bicho…, pero había cualidades de insecto en ella. ¿Me expreso con claridad?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 58
 
 
—Ahora que el miedo, la vorágine, ha pasado, siento que no padezco ningún desorden mental. Me parece que usted tiene razón en eso. ¿Sabe lo que tengo que hacer? Descifrar lo que siento acerca de esto, porque no creo que intelectualmente sea capaz de seguir negando su existencia durante mucho más tiempo. Y debo comprender qué sensación me producen estos seres que vinieron a mi casa e hicieron algo extraño y, con todo, de una manera u otra, algo tan productivo.
—¿Productivo?
—Sí, de dos maneras: Una, ellos aprendieron mucho acerca de mí, si es que yo les intereso, por la razón que sea. Y otra, esta tarde yo he aprendido mucho acerca de mí mismo. He aprendido mucho. Cosas que no tenía ni idea de que me preocuparan. Acerca de mi padre y de mi madre.
—Los otros temores…
—Bueno, el temor a la guerra, evidentemente…, y el de la muerte de mi hijo. No existe ningún buen padre que no le preocupe que su hijo pueda sufrir algún daño. Pero el otro material es una gran sorpresa. Y es tan vivido como puede ser. Yo amaba mucho a mi madre y a mi padre. Todavía amo a mi madre, y quiero creer que al final fue tan buena y cariñosa como ella siempre había dicho.
—¿No es ésa la imagen de lo que sucedió realmente?
—No, no tengo ninguna razón para creerlo. Quizás aquí esté pasando algo mucho más sutil. Tal vez esa imagen fue creada para ver cómo reacciono ante algo que, en definitiva, sería aterrador para mí. O puede que tan sólo estaban tratando de descubrir qué clase de persona soy.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 59
 
 
Aquella noche, en un momento, bajo el leve toque de la varita de plata, recibí un potencial que no tenía, que puede permitirme, finalmente, salvar los límites de la juventud. Si se trataba de un visitante real, que me daba una bendición real procedente de alguna otra realidad, entonces, ¿por qué se ocultaba en la amnesia, donde yo no tenía acceso? Tal vez mi experiencia era sólo un efecto secundario de alguna clase de estudio. O quizás ya se sabía entonces que, al final, este rico tesoro sería abierto para mí, porque toda la experiencia había sido planeada con detalle por mentes perspicaces ocupadas en un lento proceso de aclimatar la humanidad a su presencia. Pero, tal vez, hubiera otra verdad aquí. Quizá la hipnosis no reveló la presencia de visitantes, sino la acción de un potencial oculto y tremendamente terapéutico que, si se encauzaba del modo correcto, podía ser de gran valor. Algo aterrador me sucedió. Quizá se trataba de visitantes de algún lugar, tal vez incluso procedentes del inconsciente humano. Para mí, sin embargo, lo más importante de ello fue su naturaleza esencialmente humana. Era un ser humano, que sufría una experiencia humana. Aun cuando hubiera un visitante, a mí me parecía claro que la concentración en la parte humana del encuentro era la clave para comprender el valor que pueda tener para mí. Y el visitante no era más que viento en el tejado, o la luna iluminando la niebla…, la clave de lo que yo significaba para mí mismo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 66
 
 
Si en verdad son visitantes, nos conocen bien…, mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 68
 
 
Pero yo no dejaba de recordar aquel rostro de movimientos rápidos, los penetrantes ojos oscuros, y la varita de plata que brillaba cuando subía y bajaba. Me parecía imposible que pudiera ser algo más que un acto de la mente. Si bien estaba preparado para aceptar que pudiera existir la presencia de visitantes en la tierra, no ocurría lo mismo para encontrar a uno de ellos junto a mi cama practicando la psicoterapia con una varita de hada. Seguro que no sería tan personal. Seguro que, al menos, sería un poquito como esperábamos. Pero aquí hay muchas dificultades. Si en verdad son visitantes, nos conocen bien…, mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. Se piense lo que se quiera de ello, la combinación de todos los avistamientos de platillos volantes en las últimas dos generaciones y el conocimiento superficial de relatos de secuestros sugieren, sin duda, que algo extraño está pasando. Tal vez sólo una extraña forma de histeria, pero, en este caso, una forma espantosamente extraña… que combina luces enormes, pies pequeños que se mueven muy de prisa, y varitas para terapia.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 67
 
 
—Despacio y relajado. Más despacio para usted. De nuevo a esta época. ¿Está usted flotando?
—No, ellos me están llevando. Al menos se encuentran a mi alrededor. Sabe, lo que es curioso es que estoy tumbado y puedo ver el cielo. Puedo ver las nubes. Ellos me rodean. Y estoy desnudo y no tengo frío. Y puedo ver el cielo. Esta cosa tiene como…, hay dos sitios para mis brazos… No es como una cama. Tiene sitio para los pies y un sitio para la cabeza. Estoy tumbado encima de ello y miro hacia el firmamento y puedo ver… cosas, como las nubes. Y tienen un… Hay como un enjambre de ellos, me rodean. Y yo tengo una sensación… no siento mucho. Me noto aterido y curioso. No estoy mal. Parece agradable. Es una sensación como si estuvieras insensible. Y después estoy sentado. Todavía me hallo en esta cosa pero en el bosque. Es casi como si se convirtiera en parte de mí. Como un…, me mantiene en ella, sabe, pero si me muevo por ahí permanece conmigo. Y yo no voy a ninguna parte, eso es seguro. Porque esta cosa se queda conmigo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 72
 
 
—¿Dijeron para qué era el elegido?
—No. Para nada. Tienen a muchos, créame. He visto a algunos de los otros antes. Todos tumbados allí.
—¿Qué otros?
—Los otros. Había una fila entera de ellos. Pero de eso hace mucho tiempo. No sabían dónde estaban o qué estaban haciendo. Yo estaba sentado en la cama. Y…
—¿Cuántos años tenía usted?
—Doce.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 78
 
 
Mucho más tarde, escuché las cintas de los recuerdos de otras personas y de sus sesiones de hipnosis (con su permiso), y leí el libro Missing Time, de Budd Hopkins. Participé en un coloquio con otras personas que recordaban haber sido raptadas. Allí encontré que los recuerdos con múltiples episodios son muy comunes. Muchas personas que dicen haber sido raptadas presentan el modelo de toda una vida, semejante al que yo había descubierto.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 85
 
 
Los visitantes persistían en mi mente igual que brasas encendidas. Podía ver esos ojos ilimitados, eternos, mirando fijamente en el centro de mí. Los visitantes parecían habitar cada sombra, moverse en el curso del firmamento.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 86
 
 
¿Qué había oculto en realidad en la parte oscura de mi mente? Pensé entonces que estaba bailando en el borde más delgado de mi alma. Debajo de mí, había vastos espacios, desconocidos por completo. Ni la psiquiatría, ni la religión, ni la biología podían penetrar a esa profundidad. Ninguna de ellas tenía una idea real de lo que vive dentro. Sólo sabían lo poco que había decidido decir sobre sí misma. ¿Era yo o cualquier otro hombre lo que parecía ser? ¿O teníamos otro propósito en otro mundo?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 86
 
 
En cuanto me hube relajado, fue como si hubiera abierto una puerta a otro mundo. Aparecieron ante mí como un enjambre. Salían de mi inconsciente y se me agarraban. Esto no era un recuerdo, sólo funcionaba a través del recuerdo. Se estaba juntando conmigo en todo nivel, acariciándome al tiempo que me capturaba. Este surgimiento fue como una especie de nacimiento interno, aunque lo que nacía no era una criatura balbuceante. Lo que apareció en mi mente consciente fue una fuerza viva, conocedora. Y yo tenía una relación con ella; no una nueva relación vacilante, sino algo rico y maduro que incluía toda la escala de emociones y todo mi tiempo. Tenía que afrontarlo: con independencia de lo que fuese, había estado en mí durante años. Realmente, me sentía incómodo. ¿Qué había oculto en realidad en la parte oscura de mi mente? Pensé entonces que estaba bailando en el borde más delgado de mi alma. Debajo de mí, había vastos espacios, desconocidos por completo. Ni la psiquiatría, ni la religión, ni la biología podían penetrar a esa profundidad. Ninguna de ellas tenía una idea real de lo que vive dentro. Sólo sabían lo poco que había decidido decir sobre sí misma. ¿Era yo o cualquier otro hombre lo que parecía ser? ¿O teníamos otro propósito en otro mundo? Quizá nuestra vida aquí en la tierra era un simple incidente en nuestra auténtica verdad. Tal vez esto era un escenario, y nosotros sus actores sin saberlo. Para lograr algo parecido al control de mí mismo, decidí hacer un inventario de posibilidades. Me senté ante el escritorio y empecé a escribir. Aun cuando los visitantes fueran reales, no había razón para creer que se tratara de simples criaturas de otro planeta.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 86
 
 
Especulé. Podía ser que los «visitantes» fueran realmente de aquí. Ciertamente, la larga tradición del conocimiento de las hadas sugería que algo había estado con nosotros desde más de los cuarenta o cincuenta años que hacía que el fenómeno había tomado su actual aspecto. El único problema estribaba en que, con esta teoría lo que había estado sucediendo desde mediados de los años cuarenta parecía más que un poco diferente a la doctrina de las hadas. Ahora, se hablaba de sondas cerebrales y de platillos volantes, secuestros y criaturas grises con ojos fijos. Ninguna modificación en la psique humana podría explicar un cambio tan radical en el aspecto de las hadas. Sin embargo, había algo aquí sin duda…, pensé que quizá los visitantes estaban intentando, de alguna manera, esconderse en nuestro folklore.
Otro pensamiento fue que los visitantes podían ser realmente nuestros propios muertos. Quizás éramos una forma de larva, y los adultos de nuestra especie resultaban incomprensibles para nosotros, totalmente inimaginables, igual que la mariposa debe se serlo para la oruga. Quizá los muertos habían tenido su propia revolución tecnológica, y estaban aprendiendo a traspasar sus límites.
O tal vez, de nuestro propio inconsciente algo muy real había surgido, adoptando una forma física, real, y venido a acosamos. Quizá, «creer» crea su propia realidad. Podría ser que los dioses del pasado fuesen fuertes porque el hecho de que sus seguidores creyeran en ellos les daba vida, y tal vez eso estaba pasando de nuevo. Estábamos creando dioses apagados, postindustriales, en lugar de los gloriosos espíritus del pasado. En lugar de Apolo conduciendo su carro de fuego por los cielos o Neptena desparramando su manto de estrellas, habíamos creado pequeños dioses, de color gris como el acero, con alma de pirata, y vehículos no más hermosos por dentro que las sentinas de los buques de guerra.
O podía ocurrir que estuviéramos recibiendo la visita de otra dimensión, o incluso de otro tiempo. Tal vez lo que veíamos eran viajeros del tiempo humanos, que adoptaban el disfraz de visitantes extraterrestres para evitar crear alguna clase de paradoja temporal catastrófica al revelar su presencia de antepasados.
Me preguntaba por su aspecto semejante al de los insectos. ¿Y si no fuera la inteligencia la culminación de la evolución sino algo que pudiera surgir de la matriz de la evolución en muchos puntos diferentes, igual que lo hacen las alas, las garras y los ojos? Las criaturas primitivas tienen órganos primitivos.
Si, por ejemplo, alguna especie de abeja se hubiera hecho inteligente en algún otro planeta, podría ser mucho más antigua que nosotros, y mucho más primitiva.
¿Qué sería una inteligencia más primitiva? Me pregunté si algo como eso no podría implicar menos diferenciación entre criaturas de la que nosotros tenemos…, con menos conciencia individual e independencia.
Si eran un enjambre de abejas, podrían comunicarse como un enjambre de abejas, utilizando una compleja mezcla de sonidos, movimientos, olores e incluso sistemas desconocidos hasta ahora. Nuestro conocimiento de las especies de abejas en la Tierra es muy limitado. Podrían ser muy poderosas como grupo, pero muy limitadas en potencia y en comprensión como individuos.
Podrían tener, en esencia, una mente enorme y única. Una mente así quizá pensara muy bien en realidad, aunque despacio.
Eso sin duda explicaría por qué se mostraban tan prudentes en sus tratos con nosotros. Sólo un ser humano podría ser mucho menos sabio que ellas, pero, también, pensar mucho más de prisa.
He estado suponiendo que los visitantes, con indiferencia de su clase, serían muchísimo más inteligentes que nosotros. ¿Y si eso fuera sólo parte de la verdad? En términos de evolución terrena, el hombre surgió muy recientemente. Tal vez eso significa también que el hombre no es la criatura más inferior, sino la más avanzada. Si esto fuera así, entonces, las formas flexibles, más antiguas, de pensamiento menos rápido, podrían vernos como un absoluto peligro para ellas.
Podrían incluso querer encerrarnos aquí, en nuestra tierra, o hacer algo peor que encerrarnos.
Y, no obstante, yo no tenía la sensación de que fueran hostiles, tanto como severos. También ellos estaban, un poco al menos, asustados de mí. Casi podría asegurarlo.
En cualquier caso, su aparición en la consciencia humana me parecía que representaba la vida, o el universo mismo, ocupado en algún acto profundo de creación.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 87
 
 
Si en verdad los visitantes están aquí realmente, se podría decir que orquestan nuestro conocimiento de ellos con gran cuidado.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 91
 
 
Si en verdad los visitantes están aquí realmente, se podría decir que orquestan nuestro conocimiento de ellos con gran cuidado. Es casi como si hubieran venido aquí por primera vez a finales de los años cuarenta, o que, en aquella época, hubieran decidido empezar a emerger en nuestra consciencia.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 91
 
 
La hipnosis había hecho los recuerdos muy vividos. Cuando me elevé en el bosque sentí, hipnotizado, la sensación real de precipitarme hacia arriba, como si estuviera en un ascensor rapidísimo. Por debajo de mí, erguidos en la noche, cuya cubierta de nieve emitía un débil resplandor. Recuerdo haberlos visto entre mis rodillas para, después, hacerse pequeños con gran rapidez. El espacio en el que entré olía como a queso cheddar caliente con una nota de azufre. Otras personas han informado también de ese olor. Había un mono de trabajo medio tirado sobre el banco y arrastrando en el suelo. Tuve la fuerte impresión de que me encontraba en alguna clase de cuarto de estar. A la mayoría de la gente le parece que está en una sala de exámenes. Sentado ante mí, vi al ser más asombroso que jamás he conocido en mi vida, más asombroso aún por el hecho de que no me resultaba desconocida. Hablo de «ella» y no sé por qué. Para mí es una mujer, quizá por sus ágiles movimientos, o por haber creado estados de excitación sexual en mí, o, simplemente, me influye el recuerdo de su mano rozando el costado de mi pecho una vez, tan ligero y, no obstante, con tanta firmeza. En los meses posteriores, pude darme cuenta de que, a menudo, las personas que tienen esta experiencia descubren, al ser hipnotizadas, que les parece conocer a uno de los visitantes, y suelen percibir a ese ser como perteneciente al sexo opuesto. La mayoría de la gente acudían en petición de ayuda por un solo recuerdo, quizá dos. Cuando descubrían una continuidad en la experiencia, solían quedar tan asombrados como yo. También observé el hecho de que de las múltiples experiencias de visitantes que la gente cuenta haber tenido en el transcurso de su vida muy pocas han sido publicadas incluso en la literatura sobre ovnis. Estaba casi seguro de que mi propia hipnosis era la primera vez que había tropezado con lo que me parecía una idea fantásticamente improbable. Para mí resultaba muy interesante que se tratara de una característica común, dado que ha existido tan poco refuerzo cultural de ello. En general, los relatos publicados evitaban este aspecto porque una experiencia única con los visitantes amplía tanto la credibilidad que una postura como ésta parece imposible de mantener.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 96
 
 
Aquella noche, en la cabaña, me encontré pensando en la que yo conocía, dándole vueltas a su presencia. Ella tenía aquellos sorprendentes ojos electrizantes…, aquellos enormes ojos fijos de los antiguos dioses… Sus rasgos no eran los característicos, en el sentido de que yo no podía ver ni pupila ni iris. Estaba sentada frente a mí, con las piernas dobladas y los brazos rodeaban las rodillas. Sus manos eran anchas cuando estaban planas, y estrechas y largas cuando colgaban a los lados. Había una estructura, quizá de huesos, débilmente visible bajo la piel. Y, sin embargo, otras partes de su cuerpo eran muy parecidas a una especie de dermatoesqueleto, como un insecto tendría. Emanaba un innegable atractivo para mí. En cierto sentido, pensé que podría amar a ese ser, casi tanto como podría amar a mi propia alma. Sentía hacia ella el mismo terror y fascinación que sentiría ante alguien a quien viera mirándome a su vez desde las profundidades de mi inconsciente. Había un elemento tan absolutamente implacable en su mirada, que también tenía otros sentimientos hacia ella. En su presencia, libertad personal no existía. Me resultaba imposible. No podía hablar, no podía moverme a voluntad. Me preguntaba, antes del fuego, si aquello no era una especie de alivio. Había contado que me sentía aterrorizado en su presencia. Sin duda, recuerdo temor. Pero, ¿era aquélla una descripción exacta de mi verdadero estado? Si podía ceder mi autonomía a otro, quizás experimentara no sólo temor, sino también una profunda sensación de descanso. Entregarse realmente de esa manera sería un poco como morir, y estar con ella también. Cuando me llevaban en sus brazos, yo estaba tan indefenso como un bebé, lloraba como un bebé, me sentía tan asustado como un bebé… Me di cuenta de que los extraordinariamente poderosos estados que yo estaba examinando podían conducirme en dos direcciones no convenientes. Primero, la pura indefensión que ellos evocaban creaba un temor reverente, que podía llevar a un deseo de docilidad…, y al amor después. Segundo, el miedo causaba una confusión tal, que era imposible estar seguro de qué sentir. Su mirada parecía capaz de penetrarme profundamente, y cuando miré al fondo de sus ojos, sentí mi primera experiencia de intensa inquietud. Era como si cada detalle vulnerable de mí mismo fuera conocido para aquel ser. Nadie en el mundo podía conocer tan bien a otra alma humana, ni podía un hombre mirar a los ojos de otro con tal profundidad y con un efecto tan exacto. En verdad, podía sentir la presencia de aquella otra persona dentro de mí, lo cual era inquietante y curiosamente sensual al mismo tiempo. A menudo, sus ojos son descritos como «ilimitados», «obsesionantes» y «que desnudan el alma». ¿Puede algo que no forme parte de uno mismo conocer a uno tan bien? Es posible, sin duda. Para una inteligencia con un poder bastante más grande, puede ser que nosotros parezcamos tan obvios como los animales nos parecen a nosotros. Darme cuenta de que, realmente, algo estaba ocurriendo dentro de mí porque esa persona me miraba… Que ella, al parecer, pudiera mirar dentro de mí…, me llenaba de la más profunda ansia que puedo recordar haber sentido jamás…, y del más profundo recelo. Aquella noche, en la cabaña, me pregunté si era el puro impacto de la experiencia lo que había fijado la imagen de aquel ser de una manera tan viva en mi mente, ¿o de alguna manera se había avivado en mí la comunión? ¿Y ella estaba aquí todavía, en cierto modo…, observándome, incluso sentado como me encontraba ante el fuego? Al recordarle, me di cuenta de que una pregunta sin forma estaba inundándome. Mientras yo buscaba a ciegas qué era lo que me había dejado perplejo, recordé un diálogo que me pareció muy importante. Tuve una impresión muy clara de ella, de que era vieja. Pero no sólo vieja en edad, como una persona anciana, sino realmente vieja. ¿Por qué había sentido eso? No estaba seguro de la respuesta. Todavía recuerdo su voz, suave, procedente de no sé dónde, que me respondía: —Sí, soy vieja.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 97
 
 
Recordé mi protesta cuando ella intentó tranquilizarme y me aseguró que la operación no iba a dolerme. La indefensión era una cosa terrible de recordar. —No tenéis derecho —había dicho yo. —Sí, tenemos derecho. —Tres palabras enormes. Palabras sorprendentes. «Sí, tenemos derecho.» ¿Quién se lo daba? ¿Por qué progreso de la ética habían llegado a esa conclusión? Me pregunté si esto requería un debate, o les parecería tan evidente que jamás lo habían cuestionado.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 99
 
 
¿Qué pensaba de sus observadores el mono con la aguja clavada en el cerebro? ¿Eran dioses aquellos a quienes se sometía con noble pasividad, porque no podía hacer otra cosa? También vi cuerpos de monos muertos en el cubo de la basura. Por mucho que lo intentara, no tenía la sensación de que los visitantes estuvieran aplicando la misma ética fría a su relación con nosotros, como, en nuestro caso, hacíamos con los animales. Pero había algo de eso, definitivamente. Yo había sido capturado como un animal salvaje el 26 de diciembre, me habían dejado indefenso y sacado a rastras de mi madriguera. No me parecía que estuvieran estudiándome simplemente. En absoluto. Me habían cambiado. Me habían hecho algo. Aquella noche pude percibirlo con la mayor claridad mas no podía articularlo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 101
 
 
Me pregunté si había alguna relación entre mi experiencia y el místico paseo del chamán, o el paseo nocturno de la bruja.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 102
 
 
Reflexioné que el secuestro a una habitación redonda tenía una tradición muy larga en nuestra cultura: había muchos casos de éstos en la cultura de las hadas. La historia llamada «Connla and the Fairy Maiden», recogida en Celtic Fairy Tales, de Joseph Jacobs (Bodley Head, 1894, 1985) podría, sólo con unos pocos cambios, ser un moderno cuento de los visitantes. Tan sugerentes como esto eran las raíces esencialmente psicológicas de la experiencia, no era más definitivo de ese origen que toda la textura de la noción de visitantes reales. Por ejemplo, tal vez las hadas fueran una especie real que ahora flotaban en objetos volantes no identificados y esgrimían varitas que producían visión interna porque habían tenido su propia revolución tecnológica. Cada vez que uno decide si esto o aquello es interno o externo, se encuentra pronto una teoría que, a la fuerza, reabre el caso en favor de la idea opuesta. La parte más difícil de mi material hipnótico fue la repentina regresión a 1957. ¿Cómo podía explicar aquello, aun en términos de visitantes? Para hacerlo, tenía que revisar toda mi comprensión de lo que había sido mi vida.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 102
 
 
Quizá los visitantes son los dioses. Tal vez ellos nos crearon.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 119
 
 
Cogimos un apartamento en la planta superior de un alto edificio de la Calle 75 Este. Todo fue bien hasta setiembre de 1981. Este episodio empezó cuando vi una extraña luz que pasaba por el cielo nocturno. Iba más de prisa que un avión, y me quedé con la sensación de que tenía algo que ver conmigo. Me sentí profunda e inexplicablemente conmovido, y me dejó un sombrío presentimiento. En mitad de la noche, fuimos despertados por el llanto de nuestro hijo. Estaba desesperado, casi loco de terror. Me precipité al cuarto de estar, cruzándolo para ir hasta su dormito rio. Recuerdo la impresión de una figura pequeña y oscura que se dirigió a toda velocidad hacia las puertas correderas que daban a nuestro balcón del piso 33. Entonces, se produjo una terrible explosión en la despensa. Corrí a por mi aterrorizado bebé, llegando a su cuna después de lo que me pareció una eternidad. Lo mecí en mis brazos mientras Anne recorría la casa encendiendo luces. Luego, cogió a Andrew y yo fui a ver qué diablos había ocurrido. Una botella de agua de seltz había explotado de un modo tan violento que no quedaban rastros del cristal ni del agua que contenía. Limpié todo el desorden mientras Anne calmaba a Andrew. Luego, volvimos a la cama.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 132
 
 
La noche siguiente, hacia las diez, yo estaba sentado en la cama, leyendo. Anne se había dado la vuelta para dormir. De repente, me tocaron el brazo. En el momento que me giré, vi una pequeña y pálida figura que salía al pasillo. Me levanté de un salto y la seguí, pero el pasillo estaba vacío. Nuestro hijo dormía con toda tranquilidad en su cama. Apenas hablamos del asunto. Cuando ella me preguntó por qué me había levantado, murmuré que su pesadilla era contagiosa. Al día siguiente, observé que tenía un hematoma en el brazo, pero supuse que me había dado un golpe en alguna mesa o algo. Unas noches más tarde, nuestro hijo se puso a gritar de repente a pleno pulmón. Salté de la cama y fui con él. Estaba terriblemente asustado. Dijo que «una cosa pequeña, blanca» se había subido a su cama y le había «golpeado». Ni Anne ni nuestro hijo mostraban ninguna evidencia física de daño. El siguiente domingo, Anne y yo estábamos en la fiesta de una boda. Llamé a casa y me respondió la madre de la niñera. Dijo que había habido un problema, pero que todo iba bien. Huelga decir que nos fuimos a casa, dejando la recepción casi antes de su comienzo, lo que provocó el enojo de los novios. Algo le había ocurrido a la niñera. Dijo que estaba preparándose la cena cuando un niño, envuelto en una sábana blanca, la había asustado al asomarse a la cocina por la puerta de incendios. Sólo mi esposa oyó la historia. Yo no. Hemos intentado encontrar a esa niñera, pero han pasado años y sabemos que no se quedó en la zona después de aquel semestre. No podemos recordar su nombre. No hay, pues, manera de decir si mi esposa recuerda la historia tal como ocurrió. Finalmente, nos dimos cuenta de que había algo misterioso en la cosa blanca. Tengo que admitir que mis pensamientos se dirigían hacia Casper, el Fantasma Amigo. Cosa extraña, hay otros casos de aparición de una figura blanca similar en el contexto de los visitantes, e incluso de que actúa como ésta hizo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 133
 
 
Los he visto muy de cerca, y si se trataba de seres reales, lo más sorprendente de ellos era que parecían moverse como en una coreografía…, como si cada acción por parte de cada ser independiente fuera decidida en otra parte y, luego, transmitida al individuo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 136
 
 
También se parece tanto a un insecto, que vuelvo a mi idea de que pueden formar parte una especie de enjambre. Si esto fuera cierto, entonces podrían ser, en efecto, una sola mente con millones de cuerpos; una criatura brillante pero carente de la velocidad independiente y del ingenio vivo de la Humanidad. Si piensan despacio, puede ocurrir que un ser humano, autónomo y de pensamiento rápido, suponga una amenaza considerable. Podría suceder que una inteligencia antigua, esencialmente primitiva, haya encontrado una forma nueva y avanzada, y esté asustada del potencial que nuestra plenitud como individuos nos da.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 136
 
Puedo imaginarme a mí mismo en una noche del futuro observándoles acercarse a mi cama. Estará todo tan oscuro que apenas podré ver nada, pero sí su pequeño yo vestido con sus conocidos monos de trabajo. Veré esas grandes cabezas y esos ojos penetrantes. Sentiré sus diminutos y fríos dedos sobre mí y oiré su respiración mientras se me llevan, quizás incluso oiga algún susurro ocasional, palabras dichas y pensadas como velas iguales en el mismo océano. Sabré entonces la razón de su interés y de su timidez: nosotros les infundimos miedo y los asustamos. Y yo entenderé por qué. Si estoy en lo cierto respecto a ellos, es improbable que exista jamás el tipo de contacto abierto entre nuestras dos especies que a nosotros nos parece tan lógico y útil. Incluso un ser humano con buenas intenciones supondría una amenaza, en el sentido de que al efectuar por accidente alguna acción que ellos no hubieran previsto, podría hacer que ellos se perdieran, literalmente hablando, la pista en medio de una de sus propias naves. ¿No podría entonces él ser capaz de explorarla a voluntad, aprender sus secretos, y, en potencia al menos, soltarnos a todos en el cosmos? ¿Podría ser que cualquiera de nosotros tuviera el potencial de convertirse en el igual de una especie entera? Contemplar esta idea me hace sentir ansia de saber con seguridad, y también al mismo tiempo saltar, como si por alguna oscura comprensión, la hubieran dejado libre de repente.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 136
 
 
—¿Cómo demonios es, si no?
—Mírelo bien, mire si ve algún cambio. Mírelo con mucha atención.
—Ella me observa con gran fijeza. Parece un gran insecto. Sólo está sentada ahí, mirándome fijamente.
—¿Usted también la mira?
—No sé con exactitud qué es lo que hago. Me siento muy triste.
—¿Triste?
—Sí, triste. La miro a ella. Ella me mira a mí.
—¿Sabe usted por qué?
—Ni idea. Simplemente, no lo entiendo. Es muy difícil comprenderlo.
—¿Dice usted que ella parece un insecto?
—Sí. Tiene unos enormes ojos negros, como de color marrón. Tiene una boca pequeñísima. Es delgada.
—¿Tiene antenas?
—No.
—¿Cabello?
—Ño, es calva.
—¿Orejas?
—Ño se las veo.
—¿Cejas?
—No.
—¿Nariz?
—Una especie de nariz pequeñísima con dos agujeros.
—¿Una nariz, o sólo dos agujeros?
—Adivino que está allí.
—¿Cómo es su boca?
—Recta y como…, es recta y…, por alguna razón, me resulta un poco difícil mirarle.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 141
 
 
—¿Ha hablado de que le ha ocurrido algo al principio de ese acontecimiento?
—Sí. Hay este rostro muy fiero al lado de la cama. Un rostro muy extraño y fiero, como una mosca gigante. Me da un golpe con una especie de clavo de plata brillante. Se produce ese enorme cambio en mí. Es aterrador. Como si me convirtiera en otra clase de persona. Soy grande, soy fuerte, soy oscuro, soy huesudo. Y empiezo a salir de la habitación. Y es…, es terrible. Y lo siguiente que sé es que estoy de nuevo en la cama, con un nudo en el estómago, muerto de miedo y con la revista todavía sobre mi regazo. Y entonces…
—¿Podía haber sido un sueño?
—No lo sé. No sé qué pensar de ello. Sí, claro que es un sueño. Tiene que serlo. Sin embargo…, no quiero mirar adonde estaba aquella cosa. Estoy tan asustado que me parece que estoy totalmente…, es totalmente inexplicable. No sé lo que me ha sucedido. Es como si hubiera salido de la nada. Y luego esa cara…, una cara realmente maligna, fiera.
—¿Una persona?
—No. Es como un gran insecto. Sólo que te mira y tú no quieres mirar a otra parte. Y tiene un clavo de plata en la mano y me da un golpe con el extremo plano del clavo; lo que vi a continuación es que me estaba moviendo. Sólo que yo me encontraba…, me encontraba otra vez en la cama, leyendo la revista, en la misma página. Un anuncio de un «Mustang» muy parecido a mi «Mustang», sólo que de color azul.
—¿Había tenido alguna experiencia anteriormente con ese objeto? Probablemente se refiere al incidente del 4 de octubre, pero no es eso lo que acude a mi mente.
—Sí, me había ocurrido antes. Estábamos fuera, en el solar. Alguien se acercó. Mi hermana pensó que era una bola de fuego. Yo, que era una motocicleta. Habíamos…, habían levantado la tienda, yo salí tarde. Justo iba a entrar en la tienda. Había estado lloviendo. De repente, esta cosa se aproximó por el solar. Todos se detuvieron. Llevaba un esqueleto. Me dio un susto de mil diablos. Giré en redondo para correr a casa, pero no fui a ninguna parte. Ese esqueleto está en los arbustos. Derribé la tienda y ellos no hicieron nada, se limitaron a quedarse dentro. Patricia y Roxi y Angie y eso fue todo. Y ello tenía una cosa de plata, y brazos realmente largos. Yo llamaba a gritos a mi padre, pero no podía…, no pasaba nada. Llamaba a gritos a mi padre y la cosa se acerca…, puedo notar su mano sobre mi hombro. No quiero tener su mano sobre mi hombro, es realmente terrible. [Movimientos de correr.] No puedo escapar. No puedo escapar. Y la cosa tiene su mano sobre mi hombro y yo no puedo escapar de ella. Está…, es como si estuviera pegada a mí. ¡Horrible! Da vueltas a mi alrededor y puedo verlo mejor y… ¡Dios mío! ¡Jesús! (Jadeos.) Me mira. Y entonces…, ella está tratando de poner esa cosa sobre mí.
»Oh, me siento mucho mejor. Sé que está ahí, pero no tengo miedo, ya no intento escapar nunca más. Esto realmente es algo. Muchacho. Estoy tumbado sobre la hierba. En el solar. No, en la hierba no…, estoy en el solar y debajo todo está pegajoso. Sólo llevaba puesta mi camiseta y tiene algo que va a… Sé que está allí, puedo verla clara como el día. Parece exactamente un insecto. Una mantis devoradora es lo que parece. Sólo que es muy grande. ¿Cómo puede ser tan grande? Y no me siento tan mal, pero Jesús, está haciendo eso. Tiene esa cosa y es como si me la estuviera metiendo por el cabello o algo. No puedo sentir nada. Ahora está en el aire. Y ha desaparecido. Y sé que las estrellas han salido y antes estaba nublado.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 147
 
 
 
» He perdido la cabeza. He perdido la cabeza. Esto no puede ser real. «¡Anne! ¡Anne!» Sacudo a Anne. No dejo de mirarlos, pero sacudo a Anne. Visten uniforme. Es increíble. No puede ser real. No puede ser cierto, no puede ser. «¿Anne?» ¿Por qué demonios no se despierta? Nunca había estado tan dormida. «¡Anne, despierta! ¡Anne, Anne! Oh, Cristo.» Es como si estuviera en otro mundo. No puedo hacer que despierte, y cada vez que la miro ellos se acercan un poco más a la cabecera de la cama. Esto es en verdad una pesadilla, chico. ¡Esto es una auténtica pesadilla! ¡Oh, Dios, ojalá pudiera despertarle!
 
Whitley Strieber
Comunion, página 152
 
 
Don sugiere entonces que estoy de nuevo en mi casa, y que podría ver muy claramente a los que me rodeaban. —Parece que me están mirando fijamente con la boca abierta. Sólo que sus caras no se mueven. No sé con exactitud qué son. —¿Se parecen a la otra? —No, no, la otra es delgada y más grande. Éstos son robustos y pequeños. —¿De qué color son? —¿Color? Llevan uniformes de color azul. Uniformes color azul oscuro. Ellos son grises. Como si hiciera diez años que no les ha dado el sol. Una especie de gris seta. Huelen de una manera curiosa. Parecido a una cerilla que se acaba de apagar. Rostros totalmente inexpresivos. Dos grandes ojos redondos y una boca redonda…, y no creo que tengan nariz. En realidad, no los miré con demasiada atención. No sé si tenían nariz. Aquí estaba muy asustado.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 153
 
 
Las visitas cortas parecen referirse a actividad psicológica, y las largas implican más pruebas físicas, casi como si se llevaran a cabo preparaciones o se observaran resultados durante esos tiempos.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 155
 
Para cuando se acercaba diciembre de 1985, puede que tuviera encuentros con los visitantes al menos una docena de veces. Sin embargo, nunca aprendí de ellos. Cada vez que la experiencia tenía lugar, yo estaba tan asustado, tan atormentado y tan asombrado como siempre. Éste es uno de los problemas internos más difíciles de los relacionados con la experiencia. Cabría pensar que la mente, al actuar sola, hubiera juntado todo este material, como hace con las pesadillas y los sueños que se repiten, de manera que cuando yo entrara en ese estado, habría tenido referencias de otras experiencias de ello, aun cuando —como ocurre en las pesadillas que se repiten— el material habría seguido siendo aterrador. Mi estado actual casi parece sugerir un intento de hacerme lo más indefenso posible, colocándome en un estado en el que cada experiencia fuera percibida en sí misma, sin ninguna referencia a encuentros pasados. Así, cada vez, la sorpresa era total. En todos mis recuerdos hay un fuerte sabor de terror intenso. Pero, ¿es sólo mi terror, el terror del cuerpo, el terror biológico? Puede haber cosas respecto al contacto entre seres formados en bioesferas diferentes que no comprendemos en absoluto. Quizás ellos sienten también alguna emoción instintiva. Tengo la impresión de que estas experiencias son muy intensas para ellos, si no realmente aterradoras. Si el terror es un efecto secundario inevitable de nuestra biología, entonces, la amnesia puede verse no sólo como un acto de autoprotección sino también como un acto de bondad. Suponiendo que mis percepciones sean correctas, entonces este libro se convierte en una crónica no sólo de mi descubrimiento de su presencia en el mundo, sino también de cómo he aprendido a temerles menos. Miro por la ventana. Es una tarde cálida, nublada y tormentosa, una tarde de principios de primavera. La gente va y viene debajo de sus paraguas, chapoteando los pies en los charcos. Un helicóptero surca el cielo, un avión se dirige hacia La Guardia. Todo es tan normal, tan de casa. Pero, ¿qué más hay en ese cielo…, un destello de luz plateada, o el reflejo del sol en mis gafas?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 155
 
 
Además del rostro, pude verle la espalda, los lados de la cabeza, sus brazos y manos, sus pies, su torso, el abdomen…, cada parte de su cuerpo. Observada de cerca, parecía insectoide. Su superficie era lisa, pero parecía tener una capa de grasa debajo de la piel, la cual estaba estirada y tensa sobre los huesos. La estructura de las articulaciones de la rodilla y el codo me recordaban las de los saltamontes o los grillos. Las manos eran muy largas y afiladas cuando estaban en reposo, y tenían tres dedos y un pulgar encaradle. Cuando presionaban hacia abajo, se volvían planas, lo que sugería que eran más flexibles que las nuestras. Había unas uñas cortas y oscuras en los dedos, más parecidas a garras que las nuestras. En conjunto, no me parecía que fuera un cuerpo sumamente desarrollado, sino más bien simple. Había una falta general de complejidad que sugería pocos huesos y no mucha carne.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 161
 
 
En algún momento de la noche, un golpe en el hombro me despertó bruscamente. Al instante, recobré la consciencia por completo. Vi a tres pequeños seres, cuyos contornos eran claramente visibles por el resplandor del panel de la alarma contra ladrones de pie en la habitación. Vestían monos de trabajo de color azul, y estaban inmóviles por completo. Eran figuras familiares, no la figura femenina de enormes ojos fieros que he descrito antes, sino las que parecían enanos, de complexión robusta, rostro humanoide gris y ojos brillantes y fijos. Los que he denominado «el ejército bueno». «Dios mío —dije para mis adentros—, me encuentro consciente del todo y ellos están aquí.» Pensé que podía encender la luz, e incluso saltar de la cama. Entonces, traté de mover la mano, con la intención de darle al interruptor de la lamparilla y luego ponerme las gafas. Sólo puedo describir la sensación que tuve cuando traté de moverme como la de meter mi brazo a través de alquitrán electrificado. Necesité de toda mi atención para conseguir moverme. Reuní toda mi voluntad y enfoqué mi atención todo lo que pude. El simple hecho de mover mi brazo no servía. Tenía que ordenar el movimiento. Mientras tanto, ellos seguían allí de pie.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 165
 
 
Cuando volví la cabeza, vi algo tan misterioso que después pensé que no sabría cómo escribir sobre ello. Y así es, de manera que voy a lanzarme de cabeza. Al lado de mi cama, quizás a unos treinta centímetros de mi rostro, lo bastante cerca para verlo claramente sin gafas, había una versión de uno de los delgados, del que he llamado «ella». Pero no era del todo igual. Sus ojos, como grandes botones negros, eran redondos en lugar de oblicuos. Más extraño aún, parecía que vestía una mala imitación en cartón de un traje cruzado de color azul, complementado con un pañuelo blanco que salía del bolsillo como un triángulo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 166
 
 
¿Quién había venido a visitarme durante la noche? ¿Realmente bajaron del cielo, o llegaron de algún otro cosmos, un lugar donde los sueños son reales y la realidad un sueño, donde las sombras y los que las arrojan son una misma cosa?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 169
 
 
Semanas después de escribir el material anterior de este capítulo, conocí a una mujer que dijo que pensaba en su visitante como si fuese un hombre, y lo describió como un ser pequeño, muy amable, con ojos redondos como brillantes botones negros y una boca pequeñísima, casi inexistente. Esto era lo que yo había visto, o un modelo de ello. El traje debía de ser una forma de comunicación. ¿Por qué no hablar, simplemente? Poseen una especie de voz. Yo la he oído. Otros la han oído. Y también pueden hablar en el interior de la cabeza. Me preguntaba si todo tenía algo que ver con mi demanda de confirmación. ¿Estaban los tres que eran reales sosteniendo un espantapájaros cerca de mí porque querían ver lo que yo hacía con mi limitada movilidad física y no deseaban exponer a un ser vivo al peligro de mi contacto? Al pensar en ello ahora, me alegro de no haber alargado el brazo. Tengo la impresión de que esta gente, si existen, tienen más que un poco de miedo de nosotros: están profundamente asustados. Supongo que fue mejor sonreír que mover mis manos hacia ellos, pero me hubiera gustado que hubiese existido un contacto físico. ¿Pudieran haber existido, o mis dedos sólo hubieran atravesado el aire? Supongo que siempre me lo preguntaré. Pedí una confirmación, no una prueba. Al parecer, se tomaron mis palabras al pie de la letra.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 169
 
 
Recordé una noche del mes de febrero en que habló en sueños. Había pensado titular este libro Terror en el cuerpo por la extrema sensación física de temor que había sentido el 26 de diciembre. De repente, ella dijo con una extraña voz de bajo profundo: «El libro no debe asustar a la gente. Deberías llamarlo Comunión, porque se trata de eso.» La miré, intentando decir por qué pensaba que mi título era mejor, y vi que se había quedado dormida por completo. Entonces, me di cuenta de dónde había oído antes aquella voz.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 211
 
 
¿Y si las especies más inteligentes son así, una evolución del nivel de insecto? ¿Qué debemos ser nosotros para ellos… algo joven y nuevo y extraordinario… o algo temible y peligroso?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 226
 
 
Le pregunté a un amigo que está en el Gobierno, un profesional de Inteligencia, si el material altamente secreto podía mantenerse apartado de un Presidente. —Fácilmente, si el Presidente no preguntara por él —me respondió. —¿Y si preguntara? —En ese caso, sería más difícil, pero solamente un poco más difícil.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 227
 
 
 
El general Hoyt Vandenberg, jefe del Estado Mayor, se negó a aceptar las conclusiones del Sign. El 11 de febrero de 1949, el «Proyecto Grudge» sustituyó al «Proyecto Sign». El propósito del «Proyecto Grudge» era el mismo que el de todos los posteriores estudios sobre ovnis que el Gobierno efectuó: negar que las naves eran otra cosa que alucinaciones o percepciones erróneas. Se instituyó menos de dos años después de que se avistara el primer platillo y fue concebido en directa oposición a las recomendaciones del propio grupo gubernamental de estudio de los ovnis. El general Vandenberg era un oficial militar sumamente profesional y un jefe de notable talento. No poseía antecedentes de no hacer caso arbitrariamente de los cuerpos asesores constituidos debidamente. En realidad, ocurrió lo contrario: él era el ejecutivo militar y no iba a negar las recomendaciones de los consejeros profesionales sin reserva; no en ausencia de otro consejo. Pero lo hizo, y antes de que se supiera gran cosa salvo que en el cielo se estaban viendo cosas raras. Así, el jefe del Estado Mayor estaba en posición de proclamar, por sí mismo en apariencia, que una posible amenaza para el país, identificada por un panel de importantes científicos, simplemente, no existía.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 229
 
 
El propósito oficial del «Proyecto Grudge» era explicar cada caso, aunque la explicación tuviera que ser forzada. El capitán Edward J. Ruppelt, director del proyecto, ha señalado: —Todo era evaluado en base al hecho de que los ovnis no podían existir. Posteriormente, el «Proyecto Grudge» se convirtió en el «Proyecto Blue Book», Edward J. Ruppelt dejó de ser un escéptico y se convirtió en creyente, pero sus esfuerzos para promover un estudio real de la materia se vieron frustrados. Ruppelt dijo más tarde: —Quizá yo sólo hacía de hombre de paja de una gran tapadera.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 230
 
 
En 1966, el infame Informe Condon fue iniciado en la Universidad de Colorado. Digo infame porque, para mí, es decepcionante que nuestro Gobierno estuviera tan íntimamente asociado con un intento tan flamante de desinformar al público.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 231
 
 
Los historiadores de la ciencia no serán benévolos con los que perpetraron el «Informe Condon», pues no se trata más que de un engaño fabricado.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 232
 
 
El «Informe Condon» fue el fin del interés público del Gobierno de los Estados Unidos por el tema de los objetos volantes no identificados. Posteriormente al alejamiento del Gobierno del estudio en esta aérea, de una manera muy discreta, el número de casos de personas que eran cogidas parece que empezó a aumentar.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 232
 
 
Sin duda, existe considerable evidencia de que el aumento de nuestro conocimiento de los visitantes ha sido orquestado con gran cuidado a lo largo de los años. Hace cuarenta, los platillos empezaron a ser divisados a lo lejos. Después, más de cerca; luego, se vieron entidades, y los secuestros comenzaron. Ahora, hay personas que se encuentran involucrados con los visitantes de la manera personal más íntima posible. ¿Que no nos diga el Gobierno lo que está ocurriendo puede, de alguna manera, haber sido provocado por los visitantes para que el contacto se realizara según una programación suya? Sin duda, la lógica de la situación lo sugiere, pero la lógica no siempre es toda la respuesta.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 234
 
 
Quizá la experiencia de los visitantes es lo que ocurre cuando la mente humana se mira al espejo…, y descubre que teme a su propio reflejo. Algo está aquí. Pero, ¿qué? ¿Y de dónde procede? Llegamos, por fin, a la esencia del misterio.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 234
 
 
… el doctor Herbert Menzel, en su libro Title, explicaba que un avistamiento importante, llevado a cabo por observadores profesionales con un buen equipo, fue un «efecto de lente atmosférica». Al probar esto, según el doctor Bruce Maccabee, se cometieron errores de cálculo críticos. Concretamente, el ángulo en el cual la observación tuvo lugar era demasiado grande para formar lente. En los cálculos, el ángulo se cambió de lo que se había dicho por otro al que hubiera sido posible observar el efecto de lente. Toda la literatura de desmitificación «científica» está repleta de errores de este tipo. Un avistamiento absolutamente extraordinario en Nueva Guinea fue rechazado por un desmitificador que indicó, con absoluta falsedad, que el observador, un clérigo de impecable reputación, no llevaba sus gafas. Esto no era cierto: el hombre llevaba sus gafas, y había informado específicamente de ello.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 235
 
 
La moderna controversia sobre los platillos volantes empezó, en realidad, a finales de los años cuarenta. Pero hacia el cambio de siglo, hubo un aluvión de avistamientos de «naves espaciales». Como siempre, la descripción de los artilugios implicados y las experiencias de las personas que encontraron sus ocupantes reflejaban el nivel de conocimientos tecnológicos que entonces tenía el hombre. En 1897, nunca había existido una película de horror de ciencia ficción, y el término «platillo volante» aún no había sido acuñado. Para que no imaginemos, sin embargo, que este hecho demuestra o deja de demostrar algo, añadiré que existe un informe japonés del 27 de octubre de 1180 respecto de un «recipiente de barro» volante que cruzó el cielo de medianoche. Toda la nación japonesa se trastornó el 2 de enero de 1749, cuando aparecieron tres objetos redondos descritos «como la luna», y permanecieron visibles en el firmamento durante cuatro días. Esto había ocurrido antes en Japón, el 3 de agosto de 989, cuando tres objetos redondos brillantes fueron divisados. Quizás esta tendencia a ver objetos redondos en el firmamento empezó como una enfermedad japonesa, que se difundió por el extranjero sólo cuando Japón abrió sus puertas, sus fronteras y sus recuerdos a Occidente. Sin embargo, esta teoría no explica lo que ocurrió en Tubingen, Alemania, el 5 de diciembre de 1577 a las 7.00 de la mañana. En 1577, las puertas de Japón todavía estaban firmemente cerradas. No obstante, aquella mañana Tubingen experimentó un verdadero apocalipsis de extrañas nubes. De entre ellas, surgieron lo que se describe como «reverberaciones» semejantes a «grandes sombreros». Luego «la tierra pareció estar cubierta por sombreros, altos y anchos, que aparecían de colores diversos como rojo, azul, verde y la mayoría de ellos negros…» Esto es un jardín de maleza luminosa sobre la que sólo un loco se abalanzaría proclamando alguna teoría, ya sea la de los fundamentalistas y desmitificadores o la del verdadero creyente en los ovnis. Incluso para plantearse la idea de los visitantes, es necesario estudiar toda la historia de los relatos increíbles, los cuentos extraños y —posiblemente sólo— las verdades. Los americanos tenemos el hábito de suponer que hay algo irrelevante, incluso un algo tonto, en el pasado. Nuestra relación con los tiempos antiguos se expresa como nostalgia, no historia.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 237
 
 
Una noche, en la ciudad de Cloera, en Irlanda, los feligreses de la iglesia de St. Kinarius oyeron un ruido en el tejado. Salieron afuera y vieron un ancla clavada en el alero. La cuerda del ancla se elevaba en el aire hasta una nave que flotaba en el cielo. Un hombre saltó por la borda y bajó «nadando» hasta el ancla. Tras una disputa con los feligreses, cortó la cuerda y consiguió regresar a la nave, la cual se alejó. El ancla se quedó en la iglesia, pero se ha perdido, ya que este incidente no tuvo lugar en 1897, sino hacia 1211. ¿Qué significan estas historias? Cuando la gente de la época actual se encuentra frente a frente con los visitantes, piensan invariablemente que son de los primeros en verles. No recuerdan lo que le ocurrió a San Antonio de Alejandría, el fundador del movimiento monástico, en el año 300. Iba caminando por un cañón aislado cuando se encontró con una pequeña figura, «un pigmeo con hocico en forma de capucha, frente con cuernos y extremidades como patas de cabra». Hubo un breve intercambio de palabras entre esta pequeña criatura y el santo, quien terminó la conversación golpeando con su bastón en el suelo y anunciando: —¡Ay de ti, Alejandría, que adoras a monstruos en lugar de a Dios! ¡Ay de ti, ciudad meretriz, a la que han afluido los demonios del mundo entero! Huelga decir que la criatura salió huyendo.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 239
 
 
A medida que los siglos avanzan, me parece que no son los visitantes quienes cambian, sino nuestra visión de ellos. Tal vez no llegaron aquí en 1946, 1897, 1516 o ni siquiera en el año 300. He mencionado ya que el ser con el que yo me he familiarizado se parece a Istar. Quizá lo sea: ella dijo que era vieja. En realidad, esto es una cuestión de visiones y quimeras, pero no son tan sólo efectos vacilantes de la mente. Ahí hay algo, y tiene gran importancia en nuestras vidas. Sin embargo, la importancia no es obvia: es sutil, tejida como un hilo oculto en los asuntos humanos.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 241
 
 
¿Estamos, de alguna manera, creando visitantes reales con nuestra imaginación…, o es una comunión de la imaginación? Quizá nosotros y los visitantes nos hemos inventado unos a otros.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 242
 
 
En años recientes, muchos de los que han sido cogidos han informado que tuvieron experiencias sexuales con los visitantes. En general, esto es una fuente de gran inquietud entre ellos, como se observará en los comentarios del coloquio de los secuestrados que sigue a este capítulo. Es aterrador, por supuesto. Pero también refleja que la Humanidad tiene una relación sexual con las hadas, las sílfides, los íncubos, los súcubos y los habitantes de la noche desde los más remotos comienzos del tiempo. En la actualidad, los hombres se encuentran sobre mesas de examen en platillos volantes con dispositivos de vacío unidos a sus partes íntimas, mientras que las mujeres tienen que soportar la auténtica agonía de ver desaparecer sus embarazos, un tormento que yo, como hombre, dudo que pueda siquiera imaginar.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 243
 
 
La posibilidad de que los visitantes tengan sentido del humor tampoco tiene que ser descartada, si en realidad vamos a abrir nuestras mentes del todo con el fin de prepararnos para algo nuevo. En un tratado, On Little Demons, Incubi and Succubi, escrito por el padre Ludovico Maria Sinistrari de Ameno en la última parte del siglo XVII, algunos fenómenos son mencionados. A una mujer la despertó una «fina voz, un sonido agudo». Observo aquí que al leer esto por primera vez la sangre se me heló cuando recordé que la cosa que me había perseguido en «Austin» en 1968 hacía un sonido agudo así. Y en el Malleus Malefecarum, el notorio tratado contra las brujas, se dice que los demonios hablan con voz fina y aguda.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 243
 
 
Un famoso caso de implicación sexual con visitantes tuvo lugar en Brasil, en 1957. La víctima, Antonio Villas-Boas, había experimentado varios casos de extrañas luces que aparecían en sus campos en los días anteriores a su experiencia. Una noche, iba conduciendo su tractor cuando éste se detuvo. ¿Había leído este granjero brasileño The Living Saucer? No es demasiado probable, aunque no se sabe. Pero quizá los visitantes que le detuvieron el tractor lo habían leído. Mr. Villas-Boas vio entonces que un objeto había aterrizado frente a él. Fue desnudado, lavado con una esponja y llevado al interior del aparato. Lo dejaron tumbado sobre la mesa de siempre, desnudo. Base gris, lo de costumbre; lo he visto muchas veces. Un poco más tarde, le asombró ver a una mujer desnuda, con apariencia humana, que entraba en la habitación. Tenía el cabello rubio, y lo llevaba con raya en medio. Sus ojos eran azules y oblicuos y su rostro, muy ancho, acababa en una barbilla puntiaguda. Sus labios eran muy delgados, casi invisibles. Era de menor estatura que él. En realidad, se parece mucho a un cruce entre el individuo que yo vi con tanta claridad como la imagen eidética y un ser humano…, a no ser que fuera tan sólo un visitante vestido con lo que ellos pensaban que sería un disfraz. Le hizo el amor, señaló su propio vientre y luego al cielo, y después lo dejó. Más tarde, fue llevado a una habitación con algunos machos e intentó robar un reloj. Como en docenas y docenas de relatos de la tradición de las hadas, no consiguió coger el artefacto. ¿Por qué? O porque los visitantes son muy buenos impidiéndonos coger sus cosas, o porque existen en algún lugar entre la realidad y el sueño, y nuestros yo interiores saben que nunca podemos coger con las manos cosas que están únicamente en la fábrica de la mente. El 29 de diciembre de 1980, un terrible suceso de una clase desconocido tuvo lugar cerca de Huffman, Texas. Cosa extraña, esto ocurrió el mismo día, y más o menos a la misma hora, que un espectacular avistamiento se estaba produciendo en Rendlesam Forest, Inglaterra. Una familia observó un objeto en forma de diamante que flotaba en el cielo, resplandeciendo con una fuerte luz. El objeto aparecía rodeado de helicópteros. La familia estuvo expuesta al calor y, en apariencia, a la radiación. Presentaron pleito en el tribunal federal, suponiendo que habían sido víctimas de un avión secreto que se había estropeado. Recibieron muchas burlas, claro está, y el caso se prolonga hasta la actualidad. Mientras tanto, estas pobres personas han visto destrozada su salud…, una de las víctimas ha sufrido una doble mastectomía…, y el Gobierno habla y no hace nada. Lo más interesante de todo este material, lo más importante, lo más obsesionante, es que durante el pasado medio siglo se ha ido despojando poco a poco, de toda ilusión, los ejércitos en el firmamento, las hadas, los íncubos, las gloriosas criaturas de la antigüedad, y se ha convertido en lo que es en realidad: una experiencia difícil, terriblemente enigmática, cuya existencia misma implica que somos algo diferente de lo que creemos ser, en esta tierra, por razones que pueden no resultar evidentes, y cuya compresión supondrá un inmenso reto.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 245
 
 
La gente no ha descendido de naves de hadas mediante cuerdas desde que el siglo cambió. Quizás el mundo paralelo también ha sufrido una revolución tecnológica, o la mente del hombre ha creado nuevas posibilidades en su universo secreto, o los muertos han adoptado maravillas con las que los vivos sólo pueden soñar. Tal vez, en realidad, haya otra especie que vive en esta tierra: las hadas, los gnomos, las sílfides, los vampiros, los duendes…, quienes se unen a la realidad por una línea diferente a la nuestra, pero que nos conocen y aman como hacemos nosotros con los seres salvajes de los bosques…, y que, quizás, están tratando de salvarnos de nosotros mismos, o cuyas vidas se hallan inextricablemente vinculadas con las nuestras. Si nosotros morimos, ¿deben los dioses, las hadas, los duendes caer en algún pozo oscuro de desconocimiento? ¿Se enfriará su mundo secreto con nosotros, o sólo habrá menos excitación?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 247
 
 
Si la inteligencia está centrada normalmente en un contexto de grupo o enjambre, una especie como la humana, con voluntad individual independiente, podría en verdad ser algo muy preciado, un depósito casi inagotable de nuevos pensamientos y modos de actuar. Hasta cierto punto, existiría una tendencia a que las mentes de enjambre nos aislaran, tanto para proteger nuestra frescura como para protegerse a sí mismos de nosotros. Pero al madurar y llegar a comprenderles con más claridad, surgiría la posibilidad de entrar en una relación con nosotros. Para una especie así, antigua y con su única mente enorme esencialmente sola, al final, ese potencial podría superar incluso el más rígido instinto de autoconservación, en especial si íbamos a tener que aprender un modo de acercamos a ellos que no los amenazara. Esta idea conduce de forma ineludible al tema de los modernos secuestros y encuentros. Parecen más «reales» en cuanto a calidad que los del pasado, aunque las visitas experimentadas en Francia, Japón y otros lugares en los primeros tiempos implican también un contacto amplio y extendido.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 247
 
 
Llegué a darme cuenta de que el Tarot es mucho más que una baraja de cartas para predecir el futuro; es una especie de máquina filosófica que presenta sus ideas en forma de dibujos en lugar de utilizar palabras.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 287
 
 
Hace unos quince años, estuve interesado en el Tarot, cuando estudiaba el auge del monacato para una novela histórica que, en realidad, nunca escribí. Llegué a darme cuenta de que el Tarot es mucho más que una baraja de cartas para predecir el futuro; es una especie de máquina filosófica que presenta sus ideas en forma de dibujos en lugar de utilizar palabras.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 287
 
 
De la comunión surge la transformación. El cuerpo fuerte, el corazón valiente, y la inteligencia de un ser humano…
 
Whitley Strieber
Comunion, página 288
 
 
¿Están los visitantes pidiéndonos que formemos una tríada con ellos? ¿Es éste el propósito de toda la imaginería triangular y piramidal?
 
Whitley Strieber
Comunion, página 289
 
 
¿Dónde puede terminar un viaje como éste? ¿Meciéndose al viento con las estrellas, o a lo largo del oscuro sendero de la fe? Para mí, debe ser en la dimensión humana, pues es el único lugar donde podemos esperar realizar algún progreso hacia una comprensión más plena.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 293
 
 
No me tengo por un creyente. Tampoco puedo ser un auténtico escéptico, pues detesto lo estrecho y amo lo ancho. No puedo decir, para ser sincero, que estoy seguro de que los visitantes están presentes como entidades enteramente independientes de sus observadores. Tampoco puedo decir que no piense que están aquí en absoluto.
 
Whitley Strieber
Comunion, página 293
 
 
 
 


No hay comentarios: