Jesús Lozano

"He pasado la noche dando vueltas, sin poder dormir, pensando en el accidente de tren ocurrido cerca de Adamuz (Córdoba). Hay hechos que se quedan prendidos en la cabeza y no te sueltan, porque de pronto te obligan a mirar la vida desde un lugar incómodo.
Un accidente. Un instante. Un segundo exacto en el que todo cambia y la línea que separa la vida de la muerte se revela tan frágil que asusta. Salimos de casa con planes, con rutinas, con la sensación de que todo está bajo control, y basta un momento para que todo se rompa.
Las noticias de última hora hablan de 39 personas fallecidas y 152 heridas, de las cuales 24 se encuentran en estado grave. Entre ellas, cuatro menores. Son cifras que golpean, pero que no alcanzan a describir el verdadero alcance de la tragedia. Detrás de cada número hay una vida, una familia, una historia que se detiene o queda marcada para siempre.
Personas que viajaban hacia un destino cualquiera, con llamadas pendientes, con alguien esperándolas al otro lado. Y de repente, el silencio. Familias destrozadas, futuros que ya no serán. El dolor real no está en los titulares, sino en el vacío que queda después, en las casas que ya no volverán a sonar igual.
Estas tragedias nos recuerdan lo vulnerables que somos y lo poco que controlamos realmente. Nos enfrentan a una verdad que solemos esquivar: que todo puede cambiar en un instante y que nada está garantizado.
Pensarlo duele, pero quizá también deba servir para algo. Para vivir con más conciencia, con más cuidado, con más humanidad. Para no dejar palabras sin decir ni abrazos para mañana.
Porque a veces, mañana no llega."

Jesús Lozano

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