Las «antologías» no sirven para nada si no invitan a abrazar
íntegramente los textos de los que reproducen pasajes o fragmentos.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 7
Los datos ofrecidos por la ONG británica Oxfam a comienzos
de 2018, con motivo de la celebración del World Economic Forum de Davos, son
sobrecogedores: el uno por ciento de la población mundial había acaparado el
ochenta y dos por ciento de la riqueza generada el año anterior. Un crecimiento
terrible de las desigualdades que no justifica una estrategia de rigor que
empobrece a la clase media y reduce a la indigencia a las familias más
humildes. Es inmoral que políticos europeos (¡algunos de los cuales han favorecido
la transformación de sus países en atractivos paraísos fiscales!) exijan el
pago de la deuda a un pobre pensionista griego, italiano o español y permitan
que las grandes multinacionales (Amazon, Google, Apple, etcétera) se
enriquezcan sin pagar impuestos en los Estados en los que ingresan miles de
millones de euros. Asimismo, es inmoral promulgar «reformas» que, en nombre de
la «modernidad» y de la movilidad del trabajo, abolen gradualmente la dignidad
de los trabajadores y todo «derecho de tener derechos» (retomo aquí la feliz
expresión acuñada por Hannah Arendt y relanzada por Stefano Rodotà). Basta con
recorrer los curricula de muchos destacados dirigentes que operan en el
Parlamento y en las salas de mandos de la Unión Europea, para darse cuenta de
sus estrechos vínculos con influyentes bancos, poderosas financieras, grandes
multinacionales o reputadas sociedades de rating. Ante el crecimiento
exponencial de la evasión fiscal y de la corrupción, es difícil imaginar un
futuro para esta Europa al servicio de los potentados económicos que no esté
cargado de conflictos humanos y sociales muy peligrosos.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 9
Silencio y lentitud, en definitiva, nos ayudan a viajar
mejor, a ver, a entender, a hacernos más humanos.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 55
Pienso en el culto a las cifras y a las mediciones que hoy
en día ha contaminado todos los aspectos de la educación y de la enseñanza en
las escuelas y en las universidades. La atención dedicada a la evaluación (que
en sí misma debe considerarse legítima y necesaria) se ha transformado en una
obsesión burocrática por los números, basada exclusivamente en la «cantidad».
La lógica «computacional» parece ser hoy en día el modelo natural de una
concepción empresarial de la instrucción íntegramente proyectada hacia las
llamadas «exigencias» del mercado: la empresa-universidad vende diplomas y los
estudiantes-clientes (¡así los llaman explícitamente sin avergonzarse!) los
compran con el objetivo exclusivo de disponer de un pasaporte para el mundo
laboral. Y la consolidación de este criterio comporta que el prestigio de las
universidades se mide cada año por una serie de clasificaciones
internacionales, en las que el «valor comercial» de los centros universitarios
sube y baja como ocurre con las acciones y con las mercancías en todas las
bolsas del mundo.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 69
El objetivo ahora ya no es formar a ciudadanos cultos
capaces de entenderse a sí mismos y de entender el mundo que les rodea de una
manera crítica, sino preparar a profesionales capaces de adaptarse a los
requisitos de la producción global.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 71
El maquillaje no puede sustituir a la belleza.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 112
Ayer, la barbarie de la fe en la «raza aria»; hoy, una
Europa extraviada e inhumana, a merced de gobernantes que están al servicio de
bancos y de financieros, y de partidos (empresarios del miedo) que predican la
intolerancia.
Nuccio Ordine
Los hombres no son
islas, página 114
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