"Conocí a Omar Jayyám veinte años antes de su muerte, en la ciudad de Balj. Se alojaba en casa de un notable en la calle de los Mercaderes de Esclavos y, dado su renombre, le seguía como su sombra para recoger cada una de sus palabras. Fue así como le oí decir: Mi tumba estará en un lugar donde cada primavera el viento del norte esparza flores. En ese momento sus palabras me parecieron absurdas. Sin embargo, yo sabía que un hombre como él no podía hablar injustificadamente.
Pasé por Nisapur cuatro años después de la muerte de Jayyám. Como sentía hacia él la veneración que se debe a un maestro de la ciencia, acudí en peregrinación a su última morada. Un guía me condujo al cementerio. Torciendo a la izquierda después de la entrada, vi la tumba adosada a la tapia del jardín. Las ramas de los perales y melocotoneros se extendían sobre la sepultura y esparcían sus flores de tal manera que estaba oculta bajo una alfombra de pétalos."
Nizami Aruzi o Ahmad ibn Umar ibn Alī, conocido como Nizamī-i Arūzī-i Samarqandī
Tomada del libro Samarcanda de Amin Maalouf
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