Andres Guijarro El Corán

 Este libro sagrado (El Corán), considerado por la mayoría de los musulmanes —y no sin razón— como «intraducible», no es solamente una guía para los fieles. Cada versículo, cada palabra, cada letra, es considerada una revelación divina. El Corán es para los musulmanes la Palabra de Dios. Podríamos decir que, mientras el cristianismo es la religión del Verbo hecho hombre, el islam es la del Verbo hecho libro. En efecto, la teología musulmana ortodoxa ha mantenido desde siempre de forma rigurosa que este libro es como el Verbo divino: eterno e increado.

Andrés Guijarro
El Corán, página 2


La raíz verbal del término iqra, es decir, q-r-', aparece en el término «Corán» (qur’ân, en árabe). Por tanto, Corán significa «recitación, lectura».

Andrés Guijarro
El Corán, página 3


En el islam, el símbolo supremo de la revelación es un libro.

Andrés Guijarro
El Corán, página 3


Los místicos del islam han considerado siempre que el Universo entero podía ser considerado como una escritura de Dios. La creación del mundo obedece al mismo ritmo, y traza el mismo trazado caligráfico del espíritu divino que el Corán.

Andrés Guijarro
El Corán, página 3


Se ha dicho que la caligrafía es el arte de los iconoclastas. Del mismo modo que decimos que, en el cristianismo, las catedrales son «evangelios de piedra», el templo, el sagrario y los iconos del islam son las letras del texto sagrado. Escritura y dibujo a la vez, la caligrafía árabe es el arte islámico por excelencia.

Andrés Guijarro
El Corán, página 3


En la mayoría de las cubiertas de los coranes en árabe aparece escrita la frase: «No lo tocan sino los purificados» pues al igual que en la plegaria canónica, también es necesario llevar a cabo la ablución ritual antes de tocar un ejemplar del Libro sagrado.

Andrés Guijarro
El Corán, página 3


En el mundo islámico, el prestigio del Corán se extiende a toda escritura. En el pasado, un papel o cualquier otro soporte en el que se hubiera escrito algo con caligrafía árabe, era enormemente respetado, y el trato irrespetuoso hacia el texto escrito, fuera cual fuera su contenido, tenía algo de profanación, puesto que cualquier texto lleva, de alguna forma, un germen del Corán.

Andrés Guijarro
El Corán, página 3


Aun hoy en día, la mayoría de los libros publicados en los países musulmanes comienzan por la fórmula: «En el nombre de Dios, el Infinitamente Misericordioso, el Misericordioso sin límites». Del mismo modo, una carta personal o cualquier escrito, especialmente si es manuscrito, comenzará por esta fórmula, que encabeza 113 de las 114 azoras o capítulos del Corán. El árabe, por tanto, es una lengua sagrada en el sentido de que es una parte integral de la revelación coránica, cuyos sonidos y palabras juegan un papel fundamental en los ritos del islam.

Andrés Guijarro
El Corán, página 4


Por supuesto, no es necesario conocer el árabe perfectamente para llevarlos a cabo, pero las fórmulas del Corán usadas en las plegarias rituales y en otros actos de adoración deben ser recitadas solo en árabe, que es la única lengua que, en el islam, permite «actualizar» la presencia divina y la gracia (baraka, en árabe) del Libro sagrado. Por esta razón, el Corán no puede ser traducido a ninguna otra lengua con propósitos rituales. Este es también el motivo por el cual los musulmanes no árabes han cultivado desde siempre el estudio de la lengua árabe. La eficacia de las plegarias canónicas, las letanías, las invocaciones, etc., está contenida no solo en el significado, sino también en los sonidos del texto, así como en lo que alguien ha denominado «las reverberaciones del lenguaje sagrado». Una de las maravillas del Corán —y no precisamente la menor de ellas— es esa eficacia capaz de conmover los corazones de los hombres casi mil cuatrocientos años después de que fuera revelado.

Andrés Guijarro
El Corán, página 4


Pero ¿en qué consistía el viejo paganismo árabe? ¿Cuál fue el contexto espiritual en el que vino a nacer la nueva religión? La vida espiritual de los árabes paganos del periodo que, con la llegada del islam, se vino a denominar «yahiliyya» o «edad de la ignorancia», giraba básicamente en torno a sus primitivos santuarios. Al parecer, no existía un sacerdocio bien definido, y el puesto equivalente al del sacerdote lo ocupaban, por una parte, el poeta y, por otra, el kahin o «profeta extático», una palabra etimológicamente relacionada con los kohen, la clase sacerdotal judía. Del primero se creía que era poseído por un yinn o genio, que le inspiraba sus versos. Como en el caso del bardismo celta, la poesía no solo se consideraba como algo sobrehumano, sino que también poseía cualidades mágicas. La maldición de un poeta «poseído» podía tener un efecto desastroso en un enemigo. En lo que respecta a los kahin estos eran en realidad adivinos a los que se consultaba para averiguar el porvenir, encontrar cosas perdidas, interpretar los sueños o, en ocasiones, para curar enfermedades físicas o psíquicas. Solían pronunciar sus oráculos con un tipo de lenguaje versificado, en ocasiones incoherente y que resultaba ininteligible. A algunos árabes paganos, el lenguaje del Corán les recordaba la salmodia oracular de los kahin. De hecho, la revelación coránica, al menos en la primera parte de las revelaciones mequíes, tuvo una forma rimada muy parecida a la que solían adoptar las misteriosas palabras de los kahin cuando la divinidad hababa por su boca.

Andrés Guijarro
El Corán, página 7


EL CONTEXTO

La Meca y Medina, las dos ciudades santas del islam, situadas a más de trescientos kilómetros de distancia la una de la otra, se encuentran en la zona media de la costa de la Arabia occidental, cerca del mar Rojo. Su puerto más próximo es Yedda, ciudad costera a la que cientos de miles de musulmanes de todos los países llegan cada año con la intención de peregrinar a estas dos ciudades, donde el Profeta del islam, Muhammad, hijo de Abd Allah y nieto de Abd al-Muttalib, su abuelo paterno, vivió durante los sesenta y tres años de su vida, del 570 al 633 de la era cristiana. Fue en Medina donde murió y donde se halla su tumba, en la primera mezquita que él erigió con sus compañeros a su llegada a esta ciudad. Arabia es la península más grande del mundo, con un territorio en su mayoría desértico. Durante mucho tiempo permaneció protegida de las invasiones romana, griega y persa, las tres principales grandes potencias hegemónicas, que establecieron sus inmensos imperios a su alrededor durante siglos, antes y después de la llegada del cristianismo. El clima de Arabia, su posición geográfica y su cultura fundamentalmente beduina le permitieron evitar conflictos mayores con estos tres imperios. Hasta poco antes del nacimiento del Profeta, Persia y Bizancio habían estado enfrentadas en una guerra extenuante, pero ninguna de las dos había considerado la posibilidad de invadir esa región inhóspita y desolada. Además, ninguna de las dos religiones mayoritarias en la zona, judaísmo y cristianismo, habían logrado introducirse de forma masiva en Arabia. Existían algunas poblaciones judías en los asentamientos agrícolas de Yazrib (la futura Medina), Jaybar y Fadak, y algunos árabes se habían convertido al cristianismo a título individual, pero eso era todo. Sin embargo, en el año 570, el gobernador cristiano del Yemen se dirigió hacia La Meca para atacarla al mando de un nutrido ejército, que contaba con varios elefantes de combate. Fue la autoridad moral y la habilidad política del abuelo del Profeta, Abd al-Muttalib, quienes lograron derrotar al agresor. Este episodio aparece recordado en el Corán: ¿Acaso no has visto lo que tu Señor hizo con las gentes del elefante? ¿Acaso no desbarató sus argucias? Envió contra ellos pájaros en bandadas que les arrojaron piedras de arcilla, dejándolos como restos de cereal devorado. (Cor. 105, 1-5) Aunque rodeada por el desierto, La Meca, ciudad ya importante antes del nacimiento del Profeta, se encontraba en el centro de un tráfico comercial y cultural. Su emplazamiento la convertía en un lugar propicio, situado en la encrucijada de dos importantes rutas comerciales de Arabia. Además, cerca se hallaba la ciudad de Ukaz, donde se celebraban unas célebres ferias durante la peregrinación anual alrededor de la Kaaba, y en las que tenían lugar las justas poéticas más importantes de Arabia. Esta edificación de forma cúbica, reconstruida según la tradición por Abraham y su hijo Ismael, habría sido levantada por el mismo Adán y reedificada por Noé. Alrededor del santuario, los qurayshíes, la tribu hegemónica en la ciudad y encargada de la custodia del santuario, habían colocado trescientos sesenta ídolos de los que los tres más venerados llevaban los nombres de al-Lat, al-Uzza y Manat, mencionados en la azora 53: Y ¿habéis considerado qué son Al-Lât y Al-'Uzza y a Manât, la tercera y última? (Cor. 53, 19-20) Los qurayshíes ya habían encontrado el templo allí cuando se asentaron en la ciudad hacia finales del siglo V, dedicándolo especialmente a Hubal, un dios nabateo. Los habitantes de La Meca habían establecido desde hacía tiempo lazos comerciales, culturales y religiosos con sus vecinos de los países más o menos limítrofes. La ciudad era conocida con el nombre de «Madre de las ciudades» (Umm al-qurâ), denominación que aparece en el texto coránico. Esos pactos, que contribuyeron a la prosperidad y a la tranquilidad de la ciudad y de sus alrededores, aparecen también mencionados en la azora 106: ¡Por el pacto de Quraysh, su pacto para la caravana de invierno y de verano! ¡Que reconozcan al Señor de esta Casa, que los ha preservado del hambre y del miedo! (Cor. 106, 1-4) Los qurayshíes combinaban la ganadería tradicional con la actividad mercantil a la sombra del santuario. El prestigio de la Kaaba atraía a muchos árabes, que realizaba la peregrinación anual, y muchos clanes se enriquecieron enormemente. Sin embargo, en lugar de compartir su riqueza de forma igualitaria, de acuerdo con la antigua ética tribal, algunos miembros de los principales clanes amasaron grandes fortunas. La prosperidad los apartó de los valores tradicionales, y muchos de los qurayshíes más humildes se sentían perdidos y desorientados. En ese clima de desilusión y de búsqueda de nuevas soluciones espirituales y políticas al descontento y a la insatisfacción «existencial», se produjo la revelación coránica. De hecho, muchos mequíes eran ya escépticos al respecto de su religión tradicional. Algunos, como hemos mencionado, se habían convertido al cristianismo, y otros, como veremos, decidieron buscar por su cuenta. Pero ¿en qué consistía el viejo paganismo árabe? ¿Cuál fue el contexto espiritual en el que vino a nacer la nueva religión? La vida espiritual de los árabes paganos del periodo que, con la llegada del islam, se vino a denominar «yahiliyya» o «edad de la ignorancia», giraba básicamente en torno a sus primitivos santuarios. Al parecer, no existía un sacerdocio bien definido, y el puesto equivalente al del sacerdote lo ocupaban, por una parte, el poeta y, por otra, el kahin o «profeta extático», una palabra etimológicamente relacionada con los kohen, la clase sacerdotal judía. Del primero se creía que era poseído por un yinn o genio, que le inspiraba sus versos. Como en el caso del bardismo celta, la poesía no solo se consideraba como algo sobrehumano, sino que también poseía cualidades mágicas. La maldición de un poeta «poseído» podía tener un efecto desastroso en un enemigo. En lo que respecta a los kahin estos eran en realidad adivinos a los que se consultaba para averiguar el porvenir, encontrar cosas perdidas, interpretar los sueños o, en ocasiones, para curar enfermedades físicas o psíquicas. Solían pronunciar sus oráculos con un tipo de lenguaje versificado, en ocasiones incoherente y que resultaba ininteligible. A algunos árabes paganos, el lenguaje del Corán les recordaba la salmodia oracular de los kahin. De hecho, la revelación coránica, al menos en la primera parte de las revelaciones mequíes, tuvo una forma rimada muy parecida a la que solían adoptar las misteriosas palabras de los kahin cuando la divinidad hababa por su boca. De los santuarios que existían en Arabia, la Kaaba (literalmente, «el cubo»), situada junto a la fuente sagrada de Zamzam era el más importante. A su alrededor se llevaba a cabo el rito del tawwaf, las siete circunvalaciones. Como ya hemos dicho, el santuario estaba rodeado por trescientos sesenta ídolos, que posiblemente eran las figuras totémicas de las diferentes tribus que acudían al lugar a celebrar los ritos preceptivos durante los meses sagrados. Una vez al año, y durante cinco días, tenía lugar el hayy, la gran peregrinación, a la que acudían árabes de toda la península. El hayy comenzaba en La Meca y continuaba por distintos santuarios en otros lugares y consagrados a otros dioses. Gran parte de los ritos islámicos presentes en el hayy ya existían en la época de la yahiliyya, pero en los tiempos de Muhammad, los propios árabes habían olvidado ya su significado original, aunque siguieran celebrando sus rituales con celo y devoción. Además, allí podían encontrarse y relacionarse en un ambiente pacífico, en terreno sagrado, lejos del sangriento mundo de venganzas tribales y querellas seculares. Podían comerciar entre ellos sin temer un ataque de otra tribu, pues lugares sacros como La Meca solían ser a su vez mercados importantes que celebraban una feria anual. Además de los paganos y los conversos al cristianismo, en la Arabia que vio nacer a Muhammad también existían otros árabes que buscaban al margen de las regiones establecidas. Eran seguidores de la «religión primordial», el culto puro a Dios, asociado a la figura de Abraham. En su biografía de Muhammad, Ibn Ishaq nos dice que, poco antes de que el Profeta iniciara su misión, cuatro miembros de la tribu de Quraysh decidieron abandonar el culto pagano y buscar esa religión pura. Firmaron un pacto secreto entre ellos y dijeron a los otros miembros de su tribu que habían corrompido la religión de su padre Abraham: «Encontrad una religión propia porque, por Dios, no tenéis ninguna». Y se marcharon, cada uno por su lado, en busca de la hanifiyya o «religión primordial». Conocemos por diversas fuentes, las dificultades y persecuciones que sufrieron estos hanîf por parte de la mayoría de los qurayshíes, devotos de la fe de sus ancestros, a la que consideraban vínculo de unión entre ellos y fuente de su prosperidad material. En cualquier caso, la anécdota nos revela de forma elocuente el espíritu de búsqueda que existía entre algunos árabes de aquella época.

Andrés Guijarro
El Corán, página 4


El mismo Profeta Muhammad lo explica:

«Mientras vigilaba a los corderos que pastaban vi aparecer dos formas blancas que tomé al principio por dos pájaros grandes. Luego, estas formas se acercaron rápidamente y comprendí mi error: eran dos hombres vestidos con túnicas de un blanco cegador. Uno preguntó al otro y me señaló: “¿Es él?”. “Sí, es él”, respondió el otro. Mientras estaba inmovilizado por el miedo me cogieron con fuerza y me tumbaron suavemente en el suelo. Uno de ellos me abrió desde el pecho hasta debajo del ombligo. Yo veía lo que hacían, pero no sentía ningún dolor. Sacó mis entrañas y las lavó con mucho cuidado con la nieve que traían, devolviéndolas después a su lugar. Otro introdujo sus manos en mi pecho y sacó el corazón, mientras yo miraba. Lo abrió y sacó de él un coágulo negro y lo tiró lejos. Después, no sé cómo sacó un sello de luz que arrebataba la visión a quien lo mirase, y con él marcó mi corazón. Me devolvió el corazón a su sitio y durante mucho tiempo seguí sintiendo el frescor de ese sello. Se levantó un tercero y ordenó a sus compañeros que se apartaran, puso su mano en mi pecho y la herida cicatrizó. Me agarró de la mano y suavemente me puso en pie. […] Los tres me abrazaron y me besaron en la frente y entre los ojos, y me dijeron: “Amado, no temas nada. Si supieras todo el bien que se te desea se te alegrarían los ojos”»

Es tras estos acontecimientos cuando tienen lugar los episodios del «viaje nocturno» (isrâ) y el de la «ascensión» hasta la Presencia divina (mi’râj), mencionados en el Corán. El Profeta mismo relató a los miembros más afines de su entorno esos dos viajes, que efectuó, «en cuerpo, alma y espíritu», en un «tiempo fuera del tiempo», sobre la montura celeste llamada al-Burâq, «el relámpago», que lo transportó, en primer lugar, de La Meca a Jerusalén, en la fase «horizontal» de este «viaje iniciático». En esta ciudad, según la tradición, oró en compañía de todos los profetas anteriores a él, y es desde este lugar desde donde emprende su ascensión hasta Dios, en la fase «vertical» del viaje. En concreto, desde la roca situada en el centro del monte del Templo, pues no se puede ascender a los cielos más que desde el centro de Mundo. Guiado por el arcángel Gabriel, al-Burâq se convirtió para Muhammad lo que el carro de fuego había sido para Elías.

Andrés Guijarro
El Corán, página 18


Los musulmanes consideran al Corán la Palabra de Dios, transmitida al último Profeta, Muhammad, por medio del arcángel Gabriel, con un sentido y unas palabras precisas. Estas palabras han llegado hasta nosotros a través de numerosas personas, oralmente en un principio y por escrito en un estadio posterior, algo que, desde el punto de vista del islam, garantiza su absoluta autenticidad (tawâtur). Para el islam, el Corán se considera algo inimitable, único y protegido de la alteración por Dios.

Andrés Guijarro
El Corán, página 29


LA REVELACIÓN

Los musulmanes consideran al Corán la Palabra de Dios, transmitida al último Profeta, Muhammad, por medio del arcángel Gabriel, con un sentido y unas palabras precisas. Estas palabras han llegado hasta nosotros a través de numerosas personas, oralmente en un principio y por escrito en un estadio posterior, algo que, desde el punto de vista del islam, garantiza su absoluta autenticidad (tawâtur). Para el islam, el Corán se considera algo inimitable, único y protegido de la alteración por Dios. El término árabe qur’ân viene de la raíz qr’, que significa «recitación» o «lectura». Tal como es usado en el Corán, este término hace referencia a la Revelación divina en su sentido amplio, y no está restringida a la noción de forma escrita ni de «libro», tal y como lo conocemos hoy en día La Revelación divina transmitida al Profeta es denominada por el Corán con los términos qur’ân («recitación»), furqân («discernimiento»), tanzîl («algo hecho descender», «revelación»), dhikr («recuerdo»), kitâb («escritura»), nûr («luz»), hudâ («guía»), rahma («misericordia»), bashîr («anunciador») o nadîr («advertidor»). Cada uno de estos nombres reflejaría uno de los aspectos de la palabra revelada de Dios. El qur’ân, es decir, «la Recitación» es la revelación destinada al Profeta Muhammad, mientras que la revelación «descendida» a otros profetas lleva otros nombres: suhuf (las «hojas enrolladas» del profeta Abraham), Zabûr (los Salmos del rey-profeta David), Tawrât (la Torá del profeta Moisés), Inyîl (el evangelio de Jesús), etcétera

Andres Guijarro
El Corán, página 29


La primera revelación que Muhammad recibió corresponde a los tres primeros versículos de la azora 96, al-'Alaq, «el coágulo», o a los cinco primeros versículos, según algunas versiones: ¡Recita, en el Nombre de tu Señor, que ha creado! Ha creado al hombre a partir de un coágulo. ¡Recita, pues tu Señor es el Más Generoso, el que ha enseñado con el cálamo! Ha enseñado al hombre lo que no sabía. (Cor. 96, 1-5)

Andres Guijarro
El Corán, página 32


Respecto a la última revelación también muchos exégetas están de acuerdo en declarar el versículo 281 de la azora 2, «La vaca», como la última revelación: Y temed el día en el que regreséis a Dios. Entonces cada uno recibirá lo que haya adquirido y nadie será objeto de injusticia. (Cor. 2, 281) Otros, sin embargo, han afirmado que el versículo 3 de la azora 5, «La mesa», fue la última revelación: Hoy os he completado vuestra religión, he culminado Mi bendición sobre vosotros y os he aceptado complacido la sumisión a Dios como religión. (Cor. 5, 3) En cualquier caso, el Profeta murió algunas noches después de la última revelación.

Andres Guijarro
El Corán, página 34


Los primeros manuscritos del Corán se escribieron en pieles de animales. También sabemos que antes, en tiempos del Profeta, partes de la Revelación fueron escritas sobre toda clase de materiales: hojas de palmera, pieles y huesos de animales, corteza de árboles, etc. La tinta se preparaba a base de hollín, Aunque no se hallaba muy extendida, la escritura era, sin embargo, bien conocida por los árabes de la época preislámica. La escritura utilizada en tiempos del profeta Muhammad, en el siglo VII, estaba compuesta de símbolos muy rudimentarios, que trazaban solamente las estructuras consonánticas de una palabra, produciendo así una lectura de gran ambigüedad. Todos los antiguos textos escritos del Corán están desprovistos de puntos diacríticos o de signos vocálicos. Ningún encabezamiento de capítulo separaba las azoras, y ningún signo de división, ni siquiera un simple signo, indicaba el fin del versículo. La mayoría de los manuscritos originales del Corán, fragmentado o entero, existente aún en nuestros días, son posteriores al siglo II de la Hégira. La copia más antigua, expuesta en el British Museum en 1976, en el marco del Festival Mundial sobre el islam, data del siglo II. Sin embargo, existen algunos fragmentos dispersos de pergaminos del Corán que datan del siglo I. La biblioteca nacional de Egipto posee una copia del Corán en pergamino hecho a partir de la piel de gacela, que data del 688, es decir cincuenta y seis años después de la muerte del Profeta.

Andres Guijarro
El Corán, página 43


El Corán contiene numerosos relatos (qisas, sing. qissa), que pueden distinguirse globalmente en tres grupos: — Historias de los profetas de Dios: su pueblo, su mensaje, su llamada, la persecución que ellos han sufrido; como los relatos de Noé (azora 26), de Moisés (azora 28) y de Jesús (azora 19) — Narraciones que se refieren a pueblos o acontecimientos pasados. Por ejemplo, la historia de las gentes de la Caverna o el relato de Dhu-lQarnayn, Alejandro «el bicorne» (azora 18) — Referencias a acontecimientos que tuvieron lugar en tiempos de la vida del Profeta, como la batalla de Badr (3,13), la batalla de Uhud (3, 121-128), la batalla de los Coaligados (33, 9-27), el Viaje nocturno (17, 1), etcétera

Andres Guijarro
El Corán, página 47


Dios es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara. La lámpara está dentro de un vidrio y el vidrio es como un astro radiante que se enciende gracias a un árbol bendito, un olivo que no es ni oriental ni occidental, cuyo aceite casi alumbra sin que lo toque el fuego. Luz sobre luz. Dios guía hacia Su luz a quien quiere, llama la atención de los hombres con símbolos y es Omnisciente. (Cor. 24, 35)

Andres Guijarro
El Corán, página 50


La rama de las ciencias del Corán que tratan de las causas de la revelación constituye uno de los dominios del saber más importantes para comprender y explicar la Revelación coránica. Una de las etapas más cruciales en la interpretación consiste en distinguir, de una parte, aquello que alude únicamente al acontecimiento histórico y, de otra, lo que contiene sobre las implicaciones más amplias, válidas para todas las épocas, en todo lugar y circunstancias, incluso si se refiere a un acontecimiento particular.

Andres Guijarro
El Corán, página 57
Cronología del texto coránico

610.    Comienza la profecía de Mahoma.

Primera revelación en la cueva de Hirâ.

Transmisión oral del texto.
610-632.    Mahoma en La Meca

Huida a Medina.

Revelación continua.

Transmisión oral de los seguidores de Mahoma (ashâb o «compañeros») tras su memorización.

Escritura de la revelación por algunos compañeros bajo la supervisión del Profeta.
10 Hégira (632).    Última revelación.

Muerte del Profeta.

La Revelación completa ha sido memorizada por algunos compañeros y se encuentra escrita sobre diversos soportes.
10-12 Hégira (632-634).    Califato de Abu Bakr al-Siddiq Durante la batalla de Yamâma, numerosos compañeros que habían memorizado el Corán en su totalidad mueren combatiendo.

Abu Bakr pide a Zayd ibn Zabit que prepare una copia única de la totalidad de la Revelación.

Zayd ibn Zabit reúne toda la Revelación versículo a versículo, y la recoge de fuentes orales y escritas, y las pone por escrito en suhuf («hojas») Las suhuf quedan en poder de Abû Bakr.
13-23 Hégira (634-644).    Califato de Umar ibn al-Jattab.

Las suhuf pasan a manos de Umar.
24-35 Hégira (644-656).    Califato de Uzman ibn Affan.

Las suhuf pasan a ser custodiadas por Hafsa, viuda del Profeta e hija de Umar.
30 Hégira (651).    Aparecen notables diferencias en la forma en la que los musulmanes recitan el Corán.

Uzman le pide a Zayd y a tres de los compañeros que preparen varias copias del Corán a partir de las suhuf custodiadas por Hafsa.

Varias copias de la versión definitiva son distribuidas por los territorios del islam, y reemplazan las versiones existentes en circulación.

Uzman conserva una copia del Libro (mushaf).


Cronología de la vida del Profeta

570.    Mahoma nace en La Meca. Su infancia es la de un huérfano solitario.
576.    Tras la muerte de Amîna, su madre, su abuelo Abd al-Muttalib se convierte en su tutor. Dos años más tarde ocupará esta función su tío Abu Talib.
582.    Primer viaje a Siria con su tío, con fines comerciales.
595.    Matrimonio con Jadiya. Su primer hijo, al-Qasim, que nacerá en 599, morirá a los dos años de edad.
605.    Muhammad ayuda a reconstruir la Kaaba.
610.    El arcángel Gabriel visita a Mahoma en la cueva de Hirâ. Revelación del primer versículo. Jadiya, Ali, Abu Bakr y Zayd aceptan la Revelación y reconocen a Mahoma como Enviado de Dios.
613.    Comienza la proclamación pública de la nueva religión.
615.    Emigración de un grupo de musulmanes a Abisinia.
616.    Comienzan las persecuciones. Mahoma, su familia y sus seguidores sufren un boicot por parte de los mequíes.
619.    Año de la tristeza: mueren Jadiya y Abu Talib. La predicación del Profeta es rechazada en Taif.
621.    «Viaje nocturno» del Profeta y ascensión a la Presencia Divina, a través de los siete cielos. La persecución y las amenazas se intensifican. Preparativos para la huida.
1 Hégira/622.    Huida a Medina, donde es acogido. Elaboración de una constitución para la nueva comunidad.
2 Hégira/623.    Cambio de dirección de la qibla, la orientación ritual en la oración. De Jerusalén pasa a ser el templo de la Kaaba en La Meca. Batalla de Badr: gran victoria para los musulmanes.
3 Hégira/625.    Batalla de Uhud. Derrota de los musulmanes.
5 Hégira/627.    Batalla del Foso: asedio de Medina por un ejército de diez mil mequíes.
6 Hégira/628.    Tratado de Hudaybiyya. Tregua entre el Profeta y los politeístas
7 Hégira/629.    El Profeta envía cartas a Cosroes, rey de Persia, al emperador bizantino y a otros dirigentes invitándolos a aceptar el islam como nueva religión
8 Hégira/629.    Conquista de La Meca. Amnistía general y abolición del paganismo. Destrucción de los ídolos.
10 Hégira/632.    Última peregrinación del Profeta. Revelación completa del Corán. Muerte de Mahoma.

Andres Guijarro
El Corán, página 61


183 ¡Vosotros los que creéis! Se os ha prescrito el ayuno al igual que se les prescribió a los que os precedieron. Quizá temáis a Dios.

184 Se os ha prescrito por un determinado número de días, fijados para ello, pero el que esté enfermo o de viaje podrá hacerlo, en igual número, otros días. Y los que pudiendo ayunar no lo hagan o interrumpan su ayuno, que alimenten, como exención, a unos pobres. Pero quien haga el bien espontáneamente será mejor para él. Y que ayunéis es mejor para vosotros, si sabéis.

185 El mes de Ramadán, en el que se reveló la Recitación, guía para los hombres y pruebas claras de la Guía y del Discernimiento. Así pues, quien de vosotros vea la luna nueva del mes, que ayune, y el que esté enfermo o de viaje que lo haga en otro momento, por el mismo número de días. Dios quiere para vosotros lo fácil y no lo difícil, pero quiere que completéis el número de días y que proclaméis la grandeza de Dios por haberos guiado. Quizá seáis agradecidos.

186 Cuando Mis siervos te pregunten sobre Mí, diles que Yo estoy cerca y que respondo a la invocación del que invoca cuando Me invoca. Así pues, que ellos Me respondan y crean en Mí. Quizá sean guiados rectamente.

187 La noche del día de ayuno os está permitido tener relaciones sexuales con vuestras mujeres. Ellas son un vestido para vosotros y vosotros sois un vestido para ellas. Dios supo que os traicionabais a vosotros mismos, se volvió a vosotros con Su favor y os perdonó. Así pues, uníos con ellas y buscad lo que Dios os ha ordenado. Y comed y bebed hasta que, del hilo negro de la noche, distingáis con claridad el hilo blanco de la aurora. Luego, completad el ayuno hasta la noche. Pero si hacéis retiro en los lugares de prosternación, no vayáis a cohabitar con vuestras mujeres mientras este dure. Estos son los límites de Dios. Manteneos alejados de ellas. Así les aclara Dios Sus signos a los hombres. Quizá Le teman.

Andres Guijarro
El Corán, página 82


190 Y combatid en el camino de Dios a quienes os combatan a vosotros, pero no os excedáis. Dios no ama a los que se exceden.

191 Matadlos donde quiera que los encontréis y expulsadlos de donde os hayan expulsado. La discordia es más grave que el asesinato. No luchéis con ellos junto al Sagrado lugar de prosternación, si ellos no lo hacen; pero si os atacan, matadlos. Esta es la recompensa de los impíos.

192 Y si cesan, sabed que Dios es Infinitamente Perdonador, Misericordioso sin límites.

193 Luchad contra ellos hasta que no haya más discordia y la religión debida sea solo para Dios. Pero si cesan, que no haya entonces hostilidad excepto contra los injustos.

194 Mes sagrado por mes sagrado. Para todo lo sagrado deberá aplicarse el talión, y quien se exceda con vosotros, obrad con él en la misma medida. Temed a Dios y sabed que Dios está con los que Lo temen.

Andres Guijarro
El Corán, página 83


92 Y obedeced a Dios, obedeced al Enviado y tened cuidado. Si os apartáis, sabed que a Nuestro enviado solo le incumbe hacer llegar el mensaje con claridad.

Andres Guijarro
El Corán, página 151


30 ¿Es que no ven los que permanecen velados que los cielos y la Tierra estaban juntos y los separamos? ¿Y que hemos hecho a partir del agua toda cosa viviente? ¿Es que no creerán?

Andres Guijarro
El Corán


Azora 76

¿Acaso no hubo un tiempo en el que el hombre no era nada?

2 En verdad, creamos al hombre de una gota de esperma mezclado, para ponerlo a prueba. Le hemos dado el oído, la vista.

28 Nosotros los creamos y fortalecimos su constitución. Cuando queramos los sustituiremos por otros semejantes.


Azora 78

12 Hemos edificado encima de vosotros siete firmamentos
13 y colocado una lámpara resplandeciente.




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