Merlin Stone Cuando Dios era mujer

 
Al principio fue Isis: la más Antigua entre los Antiguos era la diosa de la que surgió todo. Era la Gran Dama, la Ama de las dos Tierras de Egipto, la Ama del Cobijo, la Ama del Cielo, la Ama de la Casa de la Vida, la Ama de la palabra de Dios. Era la Única. En toda su grandeza y sus maravillosas obras, ella era una maga más sabia y más excelente que cualquier otro dios.
 
Tebas, Egipto, siglo XIV a.C.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 4
 
 
Tú, Diosa del Sol Arinna, eres una deidad honrada; tu nombre es superior a otros nombres; tu divinidad supera a la de otras divinidades; solo tú, entre todas las deidades, eres honrada; solo tú eres grande, oh, Diosa del Sol Arinna; comparada contigo, ninguna otra deidad es tan grande ni tan venerada…
 
Boghazköy, Turquía, siglo XV a.C.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 4
 
 
A Aquella que decide, Diosa de todas las cosas, a la Dama del Cielo y de la Tierra, que recibe plegarias; a la que escucha los ruegos y alienta la oración; a la Diosa compasiva que ama la virtud; Ishtar, la Reina, que elimina toda confusión. A la Reina del Cielo, la Diosa del Universo, la que caminó en el temible Caos y trajo la vida por la Ley del Amor; del Caos nos trajiste la armonía, y desde el Caos nos has llevado de la mano.
 
Babilonia, siglos XVII o XVIII a.C.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 4
 
 
Escuchad, oh, vosotras, regiones del mundo, la alabanza a la reina Nana; ensalzad a la Creadora; exaltad a la digna; exaltad a la gloriosa; acercaos a la Dama Todopoderosa.
 
Sumeria, siglo XIX a.C.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 4
 
 
En la mayoría de textos sobre arqueología, la religión femenina aparece como un «culto a la fertilidad», lo que acaso revela las actitudes hacia la sexualidad avaladas por las diversas religiones contemporáneas que han podido llegar a influir en los autores. Sin embargo, la evidencia arqueológica y mitológica de la veneración de la deidad femenina como creadora y legisladora del universo, profeta, guardiana de los destinos humanos, inventora, curandera, cazadora y aguerrida líder en la batalla sugiere que la expresión «culto a la fertilidad» es una burda simplificación de una compleja estructura teológica.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 17
 
 
Los mitos presentan ideas que guían la percepción, condicionándonos a pensar e incluso a percibir de un modo particular, especialmente cuando somos jóvenes e impresionables. A menudo transmiten las acciones de personas que son recompensadas o castigadas por su conducta, y se nos anima a considerarlos como ejemplos que hemos de emular o eludir. Muchas de las historias que nos cuentan cuando apenas tenemos la edad suficiente como para comprender influyen profundamente en nuestras actitudes y en nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos. Nuestra ética, moral, conducta, valores, sentido del deber e incluso nuestro sentido del humor a menudo se desarrollan a partir de simples parábolas o fábulas infantiles. En ellas aprendemos lo que resulta socialmente aceptable en la sociedad de la que proceden. Definen el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo natural y lo antinatural entre las personas que consideran significativos los mitos. Era muy evidente que los mitos y leyendas derivados y propagados por una religión cuya deidad era femenina, y a quien se reverenciaba como a una presencia sabia, valiente, poderosa y justa, transmitían una imagen muy diferente de la feminidad en comparación a las que nos ofrecen las actuales religiones de orientación masculina.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 29
 
 
¿Quién era Ella?
 
No pasó mucho tiempo antes de que las diversas evidencias ocuparan su lugar y empezaran a tomar forma las conexiones. Y entonces comprendí. Astoret, la despreciada deidad «pagana» del Antiguo Testamento en realidad era (pese a los esfuerzos de los escribas bíblicos de disfrazar su identidad utilizando reiteradamente el género masculino) Astarté, la Gran Diosa, tal como era conocida en Canaán, la Reina del Cielo de Oriente Próximo. Los adoradores de ídolos paganos de la Biblia habían estado rezando a una diosa –en otras partes conocida como Innin, Inanna, Nana, Nut, Anat, Anahita, Istar, Isis, Au Set, Ishara, Asera, Ashtart, Attoret, Attar y Hathor–, la Ancestra Divina de muchos nombres. Sin embargo, en las diversas lenguas y dialectos de quienes la reverenciaban, cada nombre apuntaba a la Gran Diosa. ¿Fue una mera coincidencia que durante todos aquellos años de escuela dominical nunca me enseñaran que Astoret era mujer?
 
Aún más sorprendente fue la evidencia arqueológica que demostraba que su religión existió y prosperó en Oriente Próximo y Oriente Medio milenios antes de la llegada del patriarca Abraham, el primer profeta de Yahvé, la deidad masculina. Los arqueólogos remontan el culto a la Diosa a las comunidades neolíticas en torno a 7000 a.C., y algunos a las culturas del Paleolítico Superior, alrededor de 25000 a.C. Desde la época de sus orígenes neolíticos, su existencia ha sido certificada hasta bien entrada la era romana. No obstante, los especialistas en la Biblia están de acuerdo en que Abraham vivió en Canaán (Palestina) en el tardío arco temporal que va de 1800 a 1500 a.C.
 
¿Quién era esta Diosa? ¿Por qué una entidad femenina, y no masculina, fue designada como deidad suprema? ¿Cuán influyente y significativo fue su culto, y cuándo empezó en realidad? Mientras me planteaba estas preguntas, inicié una exploración más profunda de los tiempos neolíticos y paleolíticos. Aunque en todos los rincones del mundo las diosas habían sido objeto de culto, me centré en la religión que evolucionó en Oriente Medio y Oriente Próximo, lugar de nacimiento del judaísmo, el cristianismo y el islam. Descubrí que el desarrollo del culto de la deidad femenina en esta región guardaba relación con las primeras manifestaciones religiosas hasta ahora descubiertas en cualquier rincón de la Tierra.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 34
 
 
Los artefactos arqueológicos sugieren que, en todas las sociedades neolíticas, y en las primeras sociedades calcolíticas, la Ancestra Divina, a la que la mayoría de autores se refiere como a la Diosa Madre, era reverenciada como deidad suprema. Ahora Ella no solo era el origen de la vida humana, sino que representaba un suministro de alimentos. En 1928, C. Dawson conjeturaba que «la agricultura más antigua debe haber surgido en torno a los santuarios de la Diosa Madre, que se transformaron en centros sociales y económicos, así como en lugares sagrados, y constituyeron el germen de las futuras ciudades».
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 43
 
 
Como ya he mencionado, el culto a la deidad femenina ha sido en su mayor parte incluido como una incorporación menor al estudio de los patrones de las creencias religiosas en las culturas antiguas; la mayoría de autores parecen inclinarse por estudiar periodos en los que predominaban deidades masculinas. En muchos libros, una precipitada mención a la Diosa suele preceder a una profusa disertación sobre las deidades masculinas que la sustituyeron. Más engañosas son las vagas inferencias según las cuales la veneración a una deidad femenina era un acontecimiento menor, inusual, aislado o extraño. Como la mayoría de los libros se centran en un área geográfica específica, esto es parcialmente el resultado de que la Diosa se identificara con un nombre o unos nombres específicos propios de esa zona; las conexiones globales nunca se mencionan. Sin embargo, tras un examen más detenido, resulta evidente que muchos de los nombres utilizados en diversas regiones simplemente son diversos títulos de la Gran Diosa, epítetos como Reina del Cielo, Señora del Alto Lugar, Gobernante Celestial, Ama del Universo, Soberana de los Cielos, Leona de la Asamblea Sagrada o, simplemente, Su Santidad. A menudo se añadía el nombre de la ciudad o la aldea, lo que confería una mayor especificidad al epíteto. Sin embargo, no nos enfrentamos a una confusa miríada de deidades, sino a una diversidad de títulos que derivan de muchos lenguajes y dialectos, todos los cuales se refieren a una divinidad femenina muy similar. Una vez que adquirimos este punto de vista más amplio y general, resulta sin duda evidente que la deidad femenina en Oriente Próximo y Oriente Medio era honrada como la Diosa, en gran medida como la gente de hoy piensa en Dios.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 46
 
 
Isis era la traducción griega de la diosa egipcia Au Set. Las similitudes entre estatuas, títulos y símbolos como la serpiente, la vaca, la paloma o la doble hélice, la relación del hijo/amante que muere y cuyo luto se celebra anualmente, los sacerdotes eunucos, la unión sexual sagrada y anual y las tradiciones sexuales del templo: todo ello revela las conexiones subyacentes y yuxtapuestas entre el culto a la deidad femenina en áreas tan alejadas en el tiempo y en el espacio como los primeros registros de Sumeria y la Grecia y Roma clásicas. La deificación y el culto a la divinidad femenina en muchas regiones del mundo antiguo eran variaciones de un tema, versiones ligeramente diferentes de las mismas creencias teológicas básicas, las que se originaron en los mismos periodos antiguos de la civilización humana. Es difícil aprehender la inmensidad y el significado de la extremada reverencia tributada a la Diosa en un periodo de unos veinticinco mil años (como sugiere la evidencia del Paleolítico Superior) o de siete mil años y a lo largo de miles de kilómetros, atravesando fronteras nacionales y vastas extensiones de océano. Sin embargo, es vital actuar así para comprender plenamente la longevidad y el poder e influencia generalizados que esta religión ostentó en el pasado.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 47
 
 
El estatus y los orígenes de la Gran Diosa han sido discutidos en muchos estudios del antiguo culto. El interés primordial de la mayoría de estos investigadores era el hijo/amante y la transición de las religiones femeninas a las masculinas, pero cada una de sus declaraciones revela el estatus original de la Diosa como deidad suprema.
 
Merlin Stone
Cuando Dios era mujer, página 49
 
 
 
 
 
 
 

No hay comentarios: