El 24 de junio de 1941, las artes adivinatorias fueron
vetadas en toda Alemania, quedando estrictamente prohibidos los estudios
astrológicos que vaticinaran el resultado de la guerra.
El régimen se empleó con dureza contra adivinos y videntes
en el marco de la Aktion Hess. Pero, sorprendentemente, unos meses después los
propios dirigentes nazis acudieron a esos mismos adivinos, reclamando su ayuda
para ganar la guerra. Aunque seguían siendo prisioneros, debían colaborar con
sus captores, ya fuera para localizar barcos en alta mar o elaborar los
perfiles astrológicos de políticos y militares enemigos. Incluso hubo
destacados líderes nazis, como Himmler, que los utilizaron obsesivamente como
instrumento de sus ambiciones personales.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página
El enigmático vuelo a Inglaterra del lugarteniente de
Hitler, Rudolf Hess, el 10 de mayo de 1941, achacado por el Führer a la nefasta
influencia del círculo de astrólogos que presuntamente rodeaba al histórico
dirigente nazi, convirtió a todos aquellos que practicaban las artes
adivinatorias en chivos expiatorios. Hitler, furioso, desató un mes más tarde
contra ellos una amplia operación represiva que sería conocida como la Aktion
Hess. En el marco de esa acción punitiva, la mayor parte de los astrólogos y videntes
alemanes, sobre todo los que eran conocidos por realizar esas prácticas
públicamente, recibieron de madrugada la temible visita de la Gestapo (Geheime
Staatspolizei o Policía Secreta del Estado), y fueron arrestados. Los más
afortunados fueron liberados en las siguientes semanas o meses, pero otros
fueron conducidos a los campos de concentración, en donde permanecerían
recluidos hasta el final de la guerra, aunque hubo quienes perdieron allí la
vida al no poder resistir las condiciones de su cautiverio. La Aktion Hess
constituyó el último episodio de una persecución que había comenzado ocho años
atrás, con la llegada de Hitler al poder, pese a que nada apuntaba a que eso
pudiera llegar a suceder. Así, en los primeros tiempos del partido nazi, sus principales
ideólogos, como Anton Drexler o Dietrich Eckart, mostraron un gran interés por
la astrología y la adivinación, un interés que compartirían posteriormente
personajes tan influyentes en el movimiento nacionalsocialista como Rudolf
Hess, Alfred Rosenberg o Julius Streicher. El jefe de las SS Heinrich Himmler,
se sintió igualmente atraído por las artes adivinatorias, a las que recurriría
también cuando fueron proscritas e incluso, de manera desesperada, para tratar
de encontrar su salvación mientras el régimen se estaba derrumbando alrededor
suyo.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 3
… se considera que, por entonces (1941), Alemania tenía la
proporción de astrólogos más alta de Europa.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página
En la actualidad, la presencia pública de la astrología se
limita a algunos programas marginales de televisión y a los horóscopos que se
publican en diarios y revistas. El origen de estas columnas astrológicas se
encuentra en la prensa francesa de principios del siglo XX, cuando el Journal
de la Femme, Paris-Soir, Marie-Claire y, posteriormente, otras revistas
dedicadas a desvelar escándalos de la vida social parisina empezaron a publicar
horóscopos con ese tipo de augurios con los que cualquier persona podría
sentirse identificada.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 8
Aunque la astrología presenta una base matemática, ésta no
es más que un mero fundamento para el complicado castillo de naipes que se
levanta sobre ella y que nada tiene que ver con el método científico. La
astrología es un arte que se ha ido conformando con el paso de los siglos, en
el que la intuición de quien la practica cuenta más que la deducción mediante
datos y cálculos basados en métodos matemáticos y geométricos. Así pues, la
astrología no es una materia susceptible de ser racionalizada, ya que se basa
en la interpretación personal del astrólogo, quien elaborará un dictamen que
siempre estará sujeto, como cualquier oráculo, a variaciones y matices.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 9
Situar la astrología al mismo nivel que las ciencias, y
alejarla así de la magia y la superstición, fue el gran objetivo, si no
obsesión, de los astrólogos que se verían perseguidos por el régimen de Hitler.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 11
Contrariamente a lo afirmado por Louis de Wohl, Hitler no
contaba con ningún astrólogo particular —de hecho, nunca llegó a tener un
encuentro personal con Karl Ernst Krafft— y mucho menos contaba con un equipo
de Führerastrologen. A pesar del testimonio de Schellenberg, todos los indicios
apuntan a que el dictador germano no creía en la astrología.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 18
Según Hitler, la astrología compartía con la superstición su
cualidad de «fraude», pero al mismo tiempo eran herramientas que podían
resultar útiles, por lo que no había que desdeñarlas, sino aprender a
utilizarlas. Esa filosofía es la que seguiría al respecto su ministro de
Propaganda, Joseph Goebbels, quien no creía en las virtudes proféticas de la
astrología y la videncia, pero no dudaría en utilizarlas como arma psicológica
una vez comenzada la guerra.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 21
Tal y como se ha apuntado con anterioridad, los detalles de
la relación entre el mago y Hitler están sujetos a muchas especulaciones. Uno
de los amigos de Hanussen, Kurt Labatt, recordaría en la década de 1960 haberlo
visto hablando en una ocasión por teléfono con el líder nazi sobre un titular
de su publicación semanal. Según le dijo Hanussen, Hitler siempre le consultaba
antes de tomar alguna decisión importante. Una de las escasas fuentes con las
que cuentan los historiadores para tratar de establecer el alcance de la
relación entre Hanussen y Hitler es el testimonio del doctor Johannes von
Müllern-Schönhausen en su obra Die Lösung des Rätsels Adolf Hitler (La solución
al rompecabezas Adolf Hitler), si bien ofrece serias dudas sobre su veracidad.
Según Müllern-Schönhausen, Hitler, en sus intervenciones públicas, había
adoptado gestos que eran resultado de lecciones impartidas por Hanussen. En su
relato, asegura que ambos se habían conocido en la casa de un acaudalado
personaje de la alta sociedad berlinesa y las primeras palabras del mago habían
sido: «Si usted piensa dedicarse en serio a la política, herr Hitler, ¿por qué
no aprende a hablar?». Siempre según Müllern-Schönhausen, Hanussen habría
explicado a Hitler que no sacaba suficiente partido de los movimientos del
cuerpo, con los que podía imprimir aún más fuerza a sus palabras. Durante los
meses siguientes, ambos continuarían teniendo encuentros breves y Hanussen no
sólo le enseñaría trucos de elocuencia, sino que también le asesoraría en la
elección de sus colaboradores.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 67
Entre Hanussen y los nazis existió una desconcertante
corriente de atracción y repulsión que volvería a darse con otros muchos
adivinos, que tan pronto podían ser reclamados para contribuir con sus
conocimientos y habilidades al esfuerzo de guerra o enviados a morir en un
campo de concentración. Esa sería la gran paradoja a la que se tuvieron que
enfrentar los magos de Hitler.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 96
Aunque algunos destacados dirigentes nazis como el
Reichsführer-SS Heinrich Himmler o Rudolf Hess se sentían muy atraídos por la
astrología y solían acudir a ella en busca de orientación, el hecho de tratar
de adivinar el futuro basándose en la posición de los astros, y la videncia en
general, fue considerado contrario a la Weltanschauung nacionalsocialista. La
astrología entraba en contradicción con los fundamentos nazis, al basarse en la
teoría de que el destino de una persona está influido por la posición de los
astros en el momento de nacer, independientemente de la raza del sujeto. Esa
igualdad ante la influencia de los astros era la evidencia de que todos los
hombres son iguales, un planteamiento que chocaba frontalmente con el racista
pensamiento nazi, basado en la superioridad de una raza sobre las demás.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 96
La Ahnenerbe Forschungs und Lehrgemeinschaft (Asociación
para la Investigación y la Enseñanza de la Herencia Ancestral) fue creada en
1935 por Himmler para tratar de probar científicamente las teorías raciales e
históricas defendidas por el nacionalsocialismo. La Ahnenerbe —el nombre
abreviado con el que terminó siendo conocida— pasó a depender directamente de
las SS en 1936, y organizó a partir de entonces excavaciones arqueológicas
dentro y fuera de Alemania, llegando a enviar expediciones a Grecia, Escandinavia,
Palestina o el Tíbet.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 282
El presidente de la Oficina Central de Astrología era el
doctor Hubert Korsch
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 99
A pesar del acoso al que era sometido por el régimen, el
arte de la adivinación seguía vivo en Alemania. La presión a la que los
videntes se habían visto sometidos por los nazis desde su ascenso al poder
había limitado sus actividades, cerrado varias de sus publicaciones, vigilado
sus asociaciones y alejado a los clientes de sus consultas. Aun así, los
adivinos continuaban tratando de aprovechar los escasos espacios de libertad
que todavía les permitía el régimen para mantenerse a flote. Sin embargo, en
junio de 1941 la situación daría un vuelco dramático cuando Hitler desató la
denominada Aktion Hess, por la que centenares de adivinos y videntes fueron
detenidos y enviados a prisiones o campos de concentración. A partir de
entonces, todos los que decían tener la capacidad de predecir el futuro
pasarían a ser considerados enemigos declarados del Reich. Esa sería la
respuesta del Führer a la decisión de su lugarteniente y Reichsminister, Rudolf
Hess, de volar a Gran Bretaña para tratar de alcanzar un acuerdo de paz con el
gobierno de Londres, una iniciativa que el dictador acabaría achacando a la
perniciosa influencia de los astrólogos y videntes de los que se solía rodear.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 116
En el Berghof, Hitler se reunió con Goebbels y otros altos
dirigentes nazis. Según relataría Hans Frank en su libro de memorias titulado
Im Angesicht des Galgens: Deutung Hitlers und seiner Zeit auf Grund eigener
Erlebnisse und Erkenntnisse (Ante el patíbulo: Mi interpretación de Hitler y su
tiempo a partir de mis propias experiencias y mi punto de vista), escrito antes
de ser ejecutado en Núremberg en 1946, Hitler tenía un «aspecto perturbado».
Frank relataría en su libro que, en un primer momento, Hitler habló acerca de
Hess «en voz muy queda, vacilante y con un profundo sentimiento de melancolía»,
pero pronto su tono se transformó en furia, insistiendo en que el vuelo era,
simplemente, una locura. «En primer lugar», bramó Hitler, «Hess es un traidor,
y si alguna vez logramos pescarlo, pagará por esto como cualquier otro
traidor». Entonces Hitler, insistiendo en lo ya apuntado en la nota oficial del
13 de mayo, se mostró convencido de haber encontrado los culpables de la
defección de Hess: «Por otra parte, tengo la impresión de que en esta decisión
han influido en gran medida los grupos de astrólogos que rodeaban a Hess. Ha
llegado, pues, el momento de poner fin a todos esos charlatanes». De este modo,
la suerte de los astrólogos alemanes quedaba sentenciada. Sin embargo, en los
dos libros de referencia sobre el viaje de Hess a Inglaterra, Motive for a
Mission, de James Douglas-Hamilton y The Hitler/Hess Deception, de Martin
Allen, no existe ninguna referencia al supuesto papel desempeñado por los
astrólogos en este enigmático suceso ni, lo que ya es más sorprendente, a la
posterior Aktion Hess, a pesar de la clara relación causa-efecto que existe
entre ambos hechos.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 120
En cambio, después del ucase lanzado por Hitler en la
mencionada reunión, la furia del régimen arremetió de forma indiscriminada e
injustificada contra el conjunto de los astrólogos y videntes alemanes. Según
John S. Conway en su obra The Nazi Persecution of the Churches, el motivo
aducido era que todos ellos «pervertían la salud espiritual de los alemanes».
Sin embargo, es probable que la orden de detener a todos los astrólogos
alemanes no estuviera motivada por la presunta incitación de uno o varios de ellos
a Hess para que emprendiese su incierta misión de paz, sino por el deseo de
mantener bajo control a un colectivo que disfrutaba de cierta credibilidad en
algunos sectores de la población germana y que comenzaba a aventurar en sus
predicciones la derrota del Reich. A partir de la Aktion Hess, los astrólogos y
adivinos serían puestos al servicio de la Alemania nazi y de la victoria final.
Aunque esa orden, de la que no existe constancia documental, emanó
aparentemente de Hitler, el hecho de que se pusiera especial énfasis en la
confiscación para las SS de las bibliotecas personales de los adivinos lleva a
pensar que seguramente Himmler tuvo un papel decisivo en la iniciativa. Con ese
movimiento, el jefe de las SS lograba, por un lado, un material de enorme valor
y, por otro, tener a su entera disposición a los mejores videntes de Alemania:
confinados en las celdas de la Gestapo y los campos de concentración, Himmler
podría recurrir a ellos siempre que los necesitase, como así ocurrió.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 122
La orden de detención contra los astrólogos se vio
complementada con una instrucción del ministerio de Propaganda del 24 de junio
de 1941, por la que quedaban prohibidas las actividades públicas que incluyesen
«cualquier demostración de naturaleza astrológica, clarividente o telepática».
Las lecturas públicas sobre estos temas también quedaron prohibidas. Por si
todavía pudiera haber alguien que no hubiera comprendido la situación, el 3 de
octubre de 1941 se enviaría una circular confidencial a todos los editores
conminándoles a no publicar nada relacionado con estas materias.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 130
A pesar de la ola de represión desatada desde junio de 1941
con el lanzamiento de la Aktion Hess, la astrología seguía viva en Alemania.
Conforme avanzaba la guerra y surgían más preguntas que el régimen nazi se
mostraba incapaz de contestar, cada vez más alemanes desesperados intentaban
encontrar las respuestas en los astros y otros medios de adivinación. Pero no
sólo ellos recurrirían a esos métodos tan poco científicos; cuando los propios
dirigentes nazis se encontraron sin respuestas, se decidieron también a acudir
a aquellos que decían poder vaticinar el futuro,
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 138
Para Karl Ernst Krafft, la astrología aparentemente
«funcionaba» pero, aunque los astrólogos persistían en considerarla una
ciencia, no la desarrollaban con criterios científicos. Con alguna excepción,
como la de Paul Choisnard a principios de siglo, hasta entonces los astrólogos
no habían intentado aplicar el método científico a sus conocimientos e
investigaciones. Choisnard había utilizado las estadísticas para tratar de
establecer la influencia de los astros sobre el individuo, aunque las muestras
no resultarían suficientes para extraer conclusiones. Krafft decidió proseguir
por esa senda, pero a una escala más ambiciosa. Así pues, durante su estancia
en Ginebra, Krafft se dedicó a examinar miles de datos estadísticos sobre
nacimientos y muertes desde 1820, con el fin de conformar algunos patrones
astrológicos. Igualmente, analizó los horóscopos de cerca de tres mil músicos,
para tratar de establecer una relación astrológica entre todos ellos. De este
modo, esperaba demostrar que la posición de los astros en el momento del nacimiento
tenía una influencia determinante en la ocupación futura de un individuo.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 143
Con el tratamiento estadístico de los datos recogidos en los
registros de Ginebra, el joven suizo se alejaba del ocultismo practicado por
los charlatanes de feria para adentrarse de lleno en el estudio «científico» de
la astrología. Para ese trabajo, que llegaría a adquirir un carácter obsesivo,
Krafft se apoyaría en el hijo de su casero, al que enseñó a confeccionar
horóscopos. Las conclusiones quedarían recogidas en su primer libro, Influences
cosmiques sur l’individu humain, publicado en 1923. En él, Krafft señalaba las
desviaciones estadísticas que se producían a consecuencia de la influencia de
los astros, sentando así las bases de una nueva ciencia, que decidió denominar
«cosmobiología».
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 143
Sus estudios y conclusiones fueron alcanzando cada vez más
eco, siendo recogidos en 1934 en su obra Typokosmie. Si con su cosmobiología
había tratado de aplicar el método científico a la astrología, con su
«tipocosmia» el objetivo era construir una especie de nuevo sistema filosófico.
Para su ambicioso nuevo proyecto, que calificaba de «sistema universal», Krafft
recurría al misticismo y el esoterismo, lo que suponía un alejamiento de los
principios científicos. A pesar de que todo ese nuevo edificio intelectual era
un galimatías, no faltaron personas que se interesaron por su trabajo, incluido
el citado Carl Jung. Krafft se entrevistaría con el célebre psicólogo en el
verano de 1934.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 148
El suizo retomó el proyecto de demostrar la relación de los
ciclos económicos con los planetarios. Para ello analizó, entre otros, el
precio del trigo en Alemania entre 1800 y 1930, asegurando encontrar
correlaciones con las posiciones de los planetas. Una de sus conclusiones fue
que las conjunciones de Júpiter y Saturno, que se producen cada diecinueve
años, coinciden con fluctuaciones económicas o crisis. Krafft comenzó a
publicar un boletín económico con estas predicciones, considerado confidencial
y que sólo era vendido a suscriptores.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 149
El compromiso, real o interesado, de Krafft con la causa
nazi le llevó a remitir una carta al diario ginebrino La Suisse en la que
defendía a la Alemania nazi de las críticas que estaba sufriendo por parte de
otros expertos en Nostradamus. Que esa iniciativa surgiera de él mismo o del
ministerio de Asuntos Exteriores germano, que tenía un especial interés en
influir en la prensa de los países neutrales, es algo que desconocemos. Aunque
el tándem de astrólogos había comenzado su labor bien compenetrado, la presión
para obtener resultados acordes con lo deseado por Goebbels acabaría por
pasarles factura. Kritzinger reprobaba a Krafft querer ir demasiado lejos en
sus aportaciones, mientras que el suizo acusaba al alemán de intentar
apropiarse de sus ideas. Aun así, ambos seguirían colaborando hasta junio de
1941. Las investigaciones de Krafft sobre estas profecías se verían reflejadas
en una obra que vería la luz ese año, titulada simplemente Nostra Damus [sic].
No obstante, existe otra versión, apuntada por el astrólogo Wilhelm Wulff en su
libro autobiográfico. En él se asegura que ya en la primavera de 1940 Krafft se
arrepintió de la labor que venía realizando a las órdenes de Goebbels, en la
que ponía sus conocimientos astrológicos al servicio de la más burda
propaganda. Según Wulff, el suizo prefirió desempeñar un trabajo como traductor
en la Deutsche Nachrichtenbüro, la agencia de noticias oficial del gobierno. Se
ha afirmado que la labor de Krafft no sólo atrajo la atención de algunos
dirigentes nazis como Hans Frank o el ministro de Trabajo Robert Ley, sino que,
al parecer, también sedujo a Hitler, quien ordenó que el suizo confeccionara su
horóscopo. No obstante, se trata tan sólo de una especulación; además, teniendo
en cuenta el escepticismo de Hitler ante la astrología, es improbable que
ocurriese, aunque no hay que descartar que lo hiciese para satisfacer su
curiosidad. En todo caso, no existe el más mínimo indicio sobre un hipotético
encuentro personal entre el astrólogo suizo y el autócrata germano. Siguiendo
con estas especulaciones, circuló la información de que Krafft había advertido
a Hitler que no debía precipitarse en lanzar la invasión de la Unión Soviética;
algunos han querido ver en el supuesto consejo de Krafft la razón por la que
Hitler atrasó el inicio de la Operación Barbarroja al 22 de junio de 1941,
cuando habría sido mejor contar con más tiempo antes de la llegada del
invierno. También se asegura que los espectaculares éxitos cosechados en las
primeras semanas de la operación Barbarroja convencieron a Hitler de que Krafft
poseía grandes poderes.
Como se ha apuntado, este supuesto interés del dictador por
el astrólogo suizo constituye una especulación carente de base. Aun así, los
servicios de inteligencia británicos valoraban la posibilidad de que Hitler
actuase en función de los consejos de Krafft, a quien consideraban su astrólogo
personal. Ese convencimiento procedía de un oscuro y pretencioso personaje que
colaboró con los servicios secretos británicos: Louis de Wohl, un astrólogo
berlinés que había emigrado a Inglaterra en 1935, huyendo de los nazis.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 159
En Inglaterra, Wohl demostró ser un hombre de recursos. Se
presentó como astrólogo y, gracias a su don de gentes, acabaría haciéndose en
Londres con una distinguida clientela. Su influencia creciente, así como su
libro autobiográfico I follow my stars (Sigo mis estrellas), publicado en 1937,
llamó la atención de los servicios secretos británicos, que en 1940 le
ofrecieron sumarse al esfuerzo de guerra. Así, para contrarrestar la
utilización de las profecías de Nostradamus que estaban llevando a cabo los alemanes,
el departamento de guerra psicológica británico ideó una contraofensiva,
eligiendo a Wohl para dirigirla. El astrólogo húngaro se dedicó también a
manipular las cuartetas del vidente francés, en este caso para que anunciasen
la derrota germana. Las octavillas serían arrojadas desde el aire sobre los
territorios ocupados por los alemanes. Pero Wohl no se conformaba con servir a
los intereses propagandísticos británicos; convenció a los responsables de su
departamento de que Hitler actuaba siguiendo los consejos de un astrólogo, y
que él podía conseguir averiguar lo que éste le aconsejaba, para que los
Aliados pudieran así adelantarse a sus siempre impredecibles iniciativas. Wohl
había tenido conocimiento de la existencia de Krafft a través de uno de sus
clientes, el embajador rumano en Londres, Viorel Virgil Tilea, quien mantenía
una relación epistolar con el astrólogo suizo desde que ambos se conocieran en
Zúrich en 1937. Allí, Krafft estudió su horóscopo, el cual revelaba una
información del pasado de la que no podía tener conocimiento, lo que dejó muy
impresionando al rumano.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 159
Wohl trabajaba siempre bajo la premisa de que estaba
compitiendo contra Krafft. Para él, no era relevante si había que creer o no en
la astrología; lo importante era que, según él, Hitler sí creía en ella. Pero,
aunque Krafft hubiera sido realmente el astrólogo de cabecera del Führer,
tratar de averiguar lo que él podía aconsejarle o advertirle hubiera resultado
imposible, debido a la existencia de como mínimo media docena de métodos
astrológicos distintos de adivinación y sobre todo debido a que, en todo caso,
esos métodos no son «científicos», al tener un gran peso la interpretación
personal del astrólogo. Wohl se dedicaba también a elaborar perfiles
astrológicos de generales y almirantes alemanes para tratar de averiguar dónde
se iba a producir el próximo ataque. Como era de esperar, los resultados
alcanzados por Wohl serían decepcionantes; sus cálculos astrológicos no
resultaban de ninguna utilidad. Ese fracaso no debió constituir ninguna
sorpresa, ya que, tal y como se ha señalado, no parece que hubiera grandes
expectativas depositadas en su labor. En realidad, hubo una confusión; mientras
que los servicios secretos británicos consideraban el trabajo del astrólogo
desde la óptica de la guerra psicológica y la propaganda, el propio Wohl se
engañaba creyendo que se le valoraba por su capacidad para lograr adelantarse a
los designios de Hitler.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 161
Cinco meses después de que comenzara su trabajo en el
Grosvenor House, a Wohl se le marcó definitivamente su ámbito de actuación.
Charles Hambro, encargado de la «propaganda negra» en el SOE, decidió utilizar
al astrólogo para ayudar a forzar la entrada en la guerra de Estados Unidos.
Con el fin de convencer a los aislacionistas norteamericanos del peligro nazi,
Wohl celebró allí, en el verano de 1941, una serie de conferencias en la que
auguraba para la primavera de 1942 un ataque alemán contra el territorio
norteamericano. Según Wohl, Krafft habría indicado a Hitler que el momento más
oportuno para atacar un país se da cuando los planetas más «maléficos», Saturno
y Urano, se encuentran en el signo zodiacal del país en cuestión. Teniendo en
cuenta que el signo de Estados Unidos es Géminis y que ambos planetas se
encontrarían en ese signo en la primavera de 1942, era de esperar que Hitler
lanzase su ataque para entonces. Wohl se atrevía a dar más detalles de ese
ataque; según él, Brasil, cuyo signo es Virgo, iba a quedar sometido a «las
nefastas influencias de Saturno y Urano al mismo tiempo que Estados Unidos»,
por lo que era de esperar que los alemanes utilizaran el país sudamericano como
base de su ataque a Norteamérica. Para apoyar sus propias tesis, el astrólogo
señalaba que Estados Unidos «siempre ha sufrido graves problemas cuando Urano
ha transitado por Géminis». Los británicos ayudarían a acrecentar la
credibilidad de Wohl en Estados Unidos, comunicándole con antelación alguna
acción prevista por los alemanes de la que hubieran tenido conocimiento; Wohl
publicaría entonces un vaticinio que encajaría posteriormente con esa acción.
Sus predicciones, por tanto, serían acogidas con expectación, la situación
ideal para transmitir los mensajes que los británicos deseaban inculcar en la
opinión pública norteamericana. Para redondear la operación, los servicios
secretos británicos movieron los hilos para que periódicos de todo el mundo se
hicieran eco de los vaticinios del astrólogo húngaro. Durante su viaje a Estados
Unidos, Louis de Wohl ideó un ataque contra Krafft que estuvo a punto de
llevarse a cabo. Obsesionado con su duelo personal, que tan sólo existía en su
imaginación, quiso filtrar a algún periodista norteamericano una de las cartas
que el suizo había remitido al embajador rumano en Londres, convenientemente
manipulada para que augurase la derrota de Alemania, así como la repentina
desaparición de Hitler. Wohl esperaba que esa información acabase llegando a
Berlín, lo que dejaría en una situación muy delicada a su supuesto adversario.
Mientras Wohl se encontraba todavía de gira, Alemania declaró la guerra a
Estados Unidos el 11 de diciembre de 1941, cuatro días después del ataque
japonés a Pearl Harbor. Una vez que los norteamericanos estaban ya en guerra
con el Eje, la presencia del astrólogo húngaro ya no era necesaria, por lo que
en febrero de 1942 regresó a Londres. La leyenda sobre Krafft, que él se había
encargado de inventar y propagar, había cuajado. A su llegada, Wohl estaba
convencido de que iba a ser reconocida su inestimable contribución al esfuerzo
de guerra. Al parecer, desde el SOE se le había prometido que a su regreso
sería condecorado. El astrólogo también creía que por fin se le iba a conceder
la nacionalidad británica, lo que constituía para él una larga aspiración desde
su llegada en 1935. Del mismo modo, Wohl deseaba fervientemente ostentar un
rango en el ejército británico. Pero, una vez en Londres y para decepción del
astrólogo, nada de todo eso se materializó.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 162
Curiosamente, al igual que su antagonista suizo, Wohl
también tuvo que elaborar falsas profecías de Nostradamus, que vaticinaban la
derrota alemana. Para ello, se imprimieron unas octavillas en alemán que
aparentaban estar publicadas en la propia Alemania por una editorial de Görlitz
y en las que un experto en Nostradamus interpretaba unas cuartetas redactadas
por el propio Wohl en francés arcaico. Al final, los destinos de Krafft y de
Wohl parecían converger. Aunque ambos consideraban que podían realizar grandes
aportaciones al esfuerzo de guerra de sus respectivos países de adopción, su
capacidad era empleada únicamente para prosaicas labores de propaganda.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 165
Edouard Calic, con quien intercambió impresiones. Según
relata Calic en Himmler et son empire, Krafft le confió la regla de oro que
seguían los nazis: «Cuando hablé sobre las profecías de Nostradamus con un
colaborador de Himmler, Schellenberg, éste me recomendó atenerme a la regla
siguiente: “Hay que aterrorizar a la gente por la vía más convincente, por
medio de las matanzas, el asesinato; después, es muy fácil conducirles”. El
mismo Himmler definía este procedimiento como “terapia de choque”. Al enviarnos
a los campos de concentración —reconocía Krafft a Calic— ellos nos han
aterrorizado».
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 180
El «astrólogo de Hitler»
El fallecimiento de Krafft coincidió con la aparición de
informaciones en la prensa suiza que iban a consolidar el mito de que el suizo
había sido el «astrólogo de Hitler». Así, el 15 de abril de 1945, el periódico
ginebrino La Suisse publicó un reportaje en el que se aseguraba que, unos años
antes de la guerra, la Gestapo había conseguido abortar un atentado contra
Hitler gracias a las informaciones proporcionadas por Krafft, tras elaborar
unos cálculos astrológicos. Según el rotativo suizo, Hitler se mostró entonces
determinado a contar con las aportaciones del astrólogo, quien se ofreció a
ello, pero siempre y cuando se le permitiera continuar con sus investigaciones
en ese campo. La condición expresada por Krafft fue aceptada y el suizo pasó a
asesorar no sólo a Hitler, sino a los que integraban el círculo más cercano al
Führer, y en especial a Rudolf Hess.
Sin duda, La Suisse había tomado como base para su
información el vaticinio del atentado del 8 de noviembre de 1939; a partir de
ahí había elucubrado una historia que nada tenía que ver con la realidad. Lo
que es cierto es que en Suiza había personas que sabían que, durante la guerra,
Krafft había puesto sus conocimientos astrológicos al servicio de los nazis. A
ello contribuyó especialmente la madre de Krafft, quien exageró la aportación
de su hijo. En 1940, en una emisión de la BBC, se afirmó que Krafft era el
astrólogo personal de Hitler; ese programa fue escuchado por un conocido de su
madre, que de inmediato le comunicó la noticia. La madre escribió entonces una
carta a su hijo, en la que le hablaba de lo que había dicho de él la emisora
británica, ante lo que él mostró su sorpresa y extrañeza, achacándolo todo a
alguna distorsión del episodio de la predicción del atentado.
Un rumor llevaría a otro. El 16 de abril de 1945, una
emisora de radio suiza, que dio por cierto que Krafft había sido el astrólogo
de Hitler, informaba que había sido encontrado por los aliados en el campo de
concentración de Buchenwald. El 22 de septiembre, el nombre de Krafft volvió a
aparecer en las noticias, cuando la agencia de noticias Reuters distribuyó una
información en la que se daba por cierto que Krafft era el astrólogo de Hitler
y en la que se explicaba que el también astrólogo Louis de Wohl había sido
empleado por los británicos con el fin de averiguar los términos de su
influencia sobre el Führer y tratar de contrarrestar así sus iniciativas.
Esta información de Reuters fue publicada por el Basler
Nachrichten, entre otros diarios suizos, lo que hizo que un buen número de
personas que habían conocido a Krafft se ofreciesen para explicar sus
impresiones sobre el ahora famoso personaje. Es probable que el hecho de que
hubiera colaborado con los alemanes hiciera que las opiniones vertidas sobre él
fueran mayoritariamente negativas. En su defensa salió su viuda, en un artículo
publicado en el Basler Nachrichten el 10 de noviembre de 1945; en su escrito,
negaba que su marido hubiera tenido nunca ninguna conexión con Hitler o Hess.
Pero quien más contribuyó a la extensión del mito de Krafft
como astrólogo de Hitler fue Wohl. A lo largo de 1947 y 1948 se dedicó a
relatar sus experiencias al servicio de la inteligencia británica en una serie
de artículos y entrevistas que fueron publicados en periódicos de todo el
mundo, alcanzando así una resonancia internacional. El astrólogo húngaro no
dudó en exagerar, cuando no fabular, su participación en las misiones que llevó
a cabo el SOE, incidiendo en ese duelo personal que aseguraba haber mantenido
con el astrólogo de Hitler. Así, afirmaba sin empacho que, en varias ocasiones,
los Aliados habían logrado gracias a él contrarrestar los movimientos de
Hitler.
Para el público resultaba emocionante la idea de dos
videntes enfrentados en ese particular duelo, y Wohl estaba dispuesto a darle
al público lo que quería, añadiendo cada vez más detalles, surgidos únicamente
de su imaginación. Por ejemplo, en una entrevista publicada en el semanario
londinense Sunday Graphic el 9 de noviembre de 1947, Wolh explicaba: «En
Inglaterra, uno de mis mejores clientes era un amigo de Karl Klafft [sic], el
astrólogo favorito de Hitler. A través de él conocí la técnica utilizada por
Klafft. Supe también que Hitler seguía sus predicciones mucho antes de que
comenzase a trabajar a su servicio».
En la entrevista del Sunday Graphic, y a la luz de los
hechos, Wohl demostraba hasta qué cotas podía llegar su impostura: «En 1940,
como capitán del departamento de Guerra Psicológica, estuve trabajando con los
cálculos empleados por Klafft, y resultó obvio que Hitler actuaba siguiendo sus
consejos. El Führer los tomó en cuenta y pudo así barrer a los franceses». Sin
embargo, para explicar el fracaso alemán para acabar con el ejército británico
en Dunkerque, de donde pudo escapar el grueso del cuerpo expedicionario, y los
reveses posteriores durante la Batalla de Inglaterra, Wohl aducía que, a partir
de la caída de Francia, Hitler comenzó a confiar en su propia intuición más que
en los consejos de Krafft, lo que constituiría «el factor desconocido en mis cálculos».
Las cartas de la viuda de Krafft dirigidas a Wohl, en las
que desmentía esa relación entre su marido y el dictador germano, nunca
obtuvieron respuesta. Wohl estaba más interesado en seguir ganando fama y
dinero alimentando esa leyenda que en tratar de averiguar hasta dónde llegó en
realidad la influencia del astrólogo suizo sobre el dictador germano.
Pero la vida del excéntrico astrólogo todavía daría un nuevo
e inesperado giro. Una audiencia privada que mantuvo con el papa Pío XII, en la
que éste le habría pedido que escribiese «sobre la historia y la misión de la
Iglesia en el mundo», le llevaría a cambiar sus aspiraciones vitales. A partir
de entonces se dedicaría a escribir novelas históricas centradas en la vida de
los santos, como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola o Juana de Arco, que
alcanzarían cierto éxito. Wohl, que llegaría a ostentar el título de Caballero
de la Orden del Santo Sepulcro, falleció en 1961 en Lucerna, el país de origen
de su pretendido antagonista, mientras escribía una ambiciosa historia de la
Iglesia católica.
Pero Louis de Wohl no fue el único responsable de que se
consolidase la leyenda de Karl Ernst Krafft como astrólogo de Hitler. El
vidente británico, aunque nacido en la ciudad rumana de Timisoara en 1918, John
Manolesco, también aseguraría haber puesto sus conocimientos astrológicos al
servicio del esfuerzo de guerra aliado. Así, Manolesco, que decía poseer el
título de conde, fue reclutado por el propio embajador rumano en Londres, el
citado Viorel Tilea, para trabajar como astrólogo siguiendo las órdenes del
ministerio de Guerra británico, lo que sucedió antes de que Rumanía uniera su
destino a Alemania pasando a formar parte del Eje.
Manolesco, que por entonces era un joven estudiante de
Economía en Londres, realizó un estudio acelerado de estadística para
complementar sus conocimientos astrológicos. En los años sesenta, cuando
presentaba un programa de astrología en la televisión canadiense, Manolesco
relataría su experiencia al servicio de los británicos. El conde rumano
aseguraba que «existía un método astrológico de gran utilidad, creado por Karl
Krafft, un genio suizo reclutado por los nazis al principio de la guerra.
Ofrecía posibilidades estadísticas basadas en los horóscopos y en la posición
de los planetas, y la información era importante no sólo desde el punto de
vista estratégico sino en la elección de generales que hacía Hitler y en la
interacción de los miembros del gabinete del Führer».
Manolesco, al igual que Louis de Wohl, también se atribuía
su parte en el mérito de haber derrotado a los alemanes: «Uno de nuestros
grandes aciertos fue la designación de Erwin Rommel como general a cargo de la
campaña del desierto. También predijimos la invasión de Creta. Se hubiera
podido evitar, pero la Royal Navy no creía lo suficiente en la astrología y no
se tomaron las medidas necesarias».
Para acabar de afianzar el mito de Karl Ernst Krafft como
astrólogo de cabecera de Hitler, la revista alemana Das Neute Zeitalter publicó
en 1949 una serie de reportajes sobre las actividades del suizo al servicio del
dictador germano, basándose en fragmentos de un falso diario del astrólogo.
Pero poco importaba que ese diario personal fuera una burda
invención; la leyenda de Krafft como astrólogo de Hitler, creada y alimentada
por un farsante como Louis de Wohl, ya había quedado firmemente asentada en el
imaginario de la segunda guerra mundial.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 182
Uno de los personajes de referencia en el estudio de la
influencia de las artes adivinatorias en el Tercer Reich es un astrólogo que ya
ha aparecido en las páginas precedentes, Wilhelm Wulff. Su autobiografía,
publicada originalmente en alemán en 1968 con el título Tierkreis und
Hakenkreuz: Als Astrologe an Himmlers Hof (El zodiaco y la esvástica: Un
astrólogo en la corte de Himmler), constituye un elemento clave para conocer la
importancia real que tuvieron los astrólogos y videntes entre los círculos del poder
nazi. Aunque no hay certeza de que todo lo expuesto por Wulff en su libro de
memorias se ajuste exactamente a la realidad, se trata de una versión de
primera mano de alguien que tuvo acceso directo a un personaje de la relevancia
de Heinrich Himmler, y que llegó a ser su astrólogo de confianza. El relato de
Wulff posee un enorme valor, teniendo en cuenta la ausencia casi total de
testimonios escritos de los astrólogos y videntes que estuvieron al servicio de
los nazis. Muchos de ellos no sobrevivieron a la guerra, como en los referidos
casos de Hubert Korsch o Karl Ernst Krafft. Otros que sí lograron llegar vivos
al final del conflicto quizás quisieron dejar atrás para siempre su
colaboración, voluntaria o forzada, con los nazis. Por último, los que quizás
sí se hubieran prestado a recordar su experiencia nunca fueron objeto del
interés de los historiadores. Por tanto, quien quiera conocer el papel que
tuvieron los astrólogos y videntes durante el Tercer Reich tiene en la obra de
Wulff una referencia ineludible.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 207
Wilhelm Theodor Heinrich Wulff fue probablemente el
astrólogo que gozaría de más influencia entre los jerarcas nazis.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 208
Un injusto olvido
Aun siendo un personaje secundario en el drama de la
Alemania nazi, no hay duda de que Wilhelm Wulff es una figura digna de atención
e interés. Su cercanía a Himmler en los últimos meses de la guerra, en los que
fue testigo de excepción de las dudas y el hundimiento personal y político del
jefe de las SS, le convierte en un elemento esclarecedor para conocer los
pormenores de ese turbulento período. Sin embargo, de manera inexplicable, los
historiadores han ignorado casi por completo la figura de Wilhelm Wulff. De
hecho, no se encuentra ninguna alusión al astrólogo en los libros de referencia
sobre la última etapa del Tercer Reich, ni tan siquiera en la mejor y más
completa biografía del jefe de las SS, Himmler Reichsführer-SS, de Peter
Padfield. Apenas podemos encontrar una breve mención a Wulff en la obra The
Occult Roots of Nazism, del profesor de la universidad de Exeter Nicholas
Goodrick-Clarke, en la que se limita a decir de él que era «un astrólogo al que
Heinrich Himmler consultó en las últimas semanas de la segunda guerra mundial».
No obstante, nada hacía pensar que la figura de Wulff fuera a caer en el
olvido. De hecho, el historiador británico Trevor-Roper, en su libro The Last
Days of Hitler, lo menciona en varias ocasiones, señalando la labor que
desempeñó para Himmler en la fase final de la guerra. Aun así, el británico
parece referirse a él de manera un tanto despectiva al asegurar que Wulff,
además de astrólogo, era un estudioso «de los venenos, el sánscrito y otros
temas interesantes». En todo caso, el hecho de que Trevor-Roper le dedicase
varias referencias a lo largo del texto demuestra que la figura de Wulff no
puede ser ignorada. Walter Schellenberg, en sus memorias, reconoce
implícitamente la relevancia de Wulff, a pesar de que no cita su nombre.
Refiriéndose a la reunión mantenida con Himmler el 28 de abril de 1945 en
Lübeck, Schellenberg explica: «Me daba perfecta cuenta de que mi posición
frente a Himmler se había vuelto verdaderamente difícil y hasta podía llegar a
ser aplastado. Así que me hice acompañar por un astrólogo de Hamburgo, conocido
personalmente por Himmler y en quien él tenía una gran confianza. Nunca se
resistía a la tentación de hacerse leer el horóscopo, lo que aplacaría su
primera reacción». La referencia de Schellenberg, pese a su brevedad, demuestra
que la relación entre Himmler y Wulff, además de ser cierta, era muy estrecha
porque de otro modo no se entendería que el primero tuviera en él «una gran
confianza», lo que concede visos de veracidad al testimonio del astrólogo
plasmado en sus memorias. Sin embargo, como se ha indicado, Wulff es
inexplicablemente ignorado por los historiadores. Incluso su libro de memorias,
que constituye un vívido testimonio del dramático dilema que Himmler tuvo que
afrontar, entre la necesidad de evitar a Alemania las consecuencias de una
derrota total y su juramento de lealtad a Hitler, no aparece en las
bibliografías de las obras que han analizado esa etapa. Probablemente, la
historiografía académica considera que incluir el testimonio de Wulff, al
tratarse de un astrólogo, puede restar apariencia de rigor a un trabajo de
estas características, pero los hechos demuestran que esa postergación no está
justificada. Por tanto, la figura de Wilhelm Wulff ha sido objeto de un
incomprensible olvido que el presente trabajo puede ayudar a enmendar.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 258
Mientras aún permanecían confinados en los campos de
concentración algunos de los astrólogos que habían sido detenidos en la Aktion
Hess de junio de 1941, y otros como Karl Ernst Krafft o Hubert Korsch habían
encontrado la muerte a causa de las terribles condiciones de su cautiverio, los
jerarcas nazis todavía llegarían a poner sus esperanzas en el destino que
marcaban las estrellas, no sin grandes dosis de irrealidad, ingenuidad y
autoengaño, tal y como hemos visto en el caso de Heinrich Himmler.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 260
Albert Speer refiere que «varios días después, como una más
de las incontables fantasías que brotaron por todas partes tras la noticia de
la muerte de Roosevelt, Goebbels me mandó decir que, puesto que yo gozaba de
tanto renombre en el Occidente burgués, quizá fuera aconsejable que tomara el
avión para visitar al nuevo presidente norteamericano, Harry Truman. Tales
ideas se desvanecían tan rápidamente como aparecían». Esa absurda propuesta de
Goebbels es un ejemplo de la irrealidad en la que se movían los jerarcas nazis,
cuando tenían al Ejército Rojo a las puertas de la capital germana. Para
Trevor-Roper, «parece increíble que en aquellos últimos días del Tercer Reich
sus jefes creyeran que las estrellas o un alarde de sutileza pudieran
salvarles; sin embargo, a juzgar por todas las pruebas, tenemos la seguridad de
que no llegaron a comprender todo lo inevitable de su hundimiento». A pesar de
la noticia de la muerte de Roosevelt, lo más probable es que ni Hitler ni
Goebbels considerasen seriamente que de ese modo se cumplía lo que parecía
estar escrito en las estrellas. En la entrada del diario de Goebbels
correspondiente al 30 de marzo de 1945, dos semanas antes del fallecimiento del
presidente norteamericano, éste asegura que el único interés por el material
astrológico reunido era propagandístico, «para dar al pueblo algo a lo que
aferrarse». En cuanto a Hitler, a pesar de su reacción eufórica al conocer la
muerte de uno de sus grandes adversarios, entre los que le rodeaban hubo dudas
de que esa emoción no fuera hasta cierto punto fingida; según su ayudante de la
Luftwaffe, Nicolaus von Below, a Hitler «no le había emocionado tanto la
noticia como a Goebbels que, como siempre, dirigía su cínica mirada hacia las
posibles ventajas propagandísticas del hecho». Resulta imposible saber qué era
lo que pensaba realmente Hitler al respecto. El mariscal del campo Kesselring,
que le vio por última vez el 12 de abril, justo antes de que se conociera la
muerte de Roosevelt, recordaría más tarde: «Aún se mostraba optimista. Es
difícil saber hasta qué punto estaba actuando. Considerándolo desde aquí,
tiendo a creer que estaba literalmente obsesionado con la idea de una salvación
milagrosa, que se aferraba a ella como a un clavo ardiendo».
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 257
La muerte de Roosevelt no había supuesto el punto de
inflexión que, según los horóscopos rescatados e interesadamente
reinterpretados por Goebbels, se anunciaba para la segunda mitad de abril.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 269
Primero, los nazis doblegaron a los adivinos y después los
pusieron a su servicio, pero por desgracia para el régimen de Hitler y por
suerte para la humanidad, las predicciones de éstos no fueron tenidas en
cuenta. Como hemos visto, la mayoría de videntes pronosticaba la derrota de
Alemania si el conflicto se alargaba más allá de 1942, y el futuro se
encargaría de demostrar que estaban en lo cierto. Si Hitler hubiera escuchado a
los astros, quién sabe si Alemania habría podido mantener sus extraordinarias conquistas,
manteniendo a los Aliados fuera de su fortaleza europea y pudiendo así
consolidar su imperio del terror.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 272
Tampoco Himmler tuvo en cuenta las predicciones del
astrólogo en el que confiaba, Wilhelm Wulff, quien le impelía a actuar
decididamente, derrocando a Hitler y buscando la paz con los Aliados. De
haberle hecho caso, probablemente Alemania se hubiera salvado de quedar
arrasada y, con toda seguridad, se hubieran podido salvar cientos de miles de
vidas. A pesar de las advertencias del destino, los nazis siguieron caminando
con paso firme hacia el abismo.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 273
Los astrólogos y videntes germanos sufrieron el mismo
trágico destino que muchos otros alemanes inocentes, que de la noche a la
mañana pasaron a ser considerados enemigos del régimen nazi, un destino que no
supieron leer en las estrellas. Después de sobrevivir a esa dura prueba que no
lograron prever, quizás algunos de ellos acabasen admitiendo que, a pesar del
anhelo humano de vislumbrar el porvenir, lo único de lo que podemos tener
certeza es que el futuro no está escrito.
Jesús Hernández
Los Magos de
Hitler, página 273
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