Pese a lo que pueda parecer, una nueva verdad científica no
suele abrirse paso convenciendo a sus oponentes, sino más bien porque estos van
desapareciendo y son sustituidos por una nueva generación de científicos o
pensadores que simpatiza desde el principio con la nueva verdad hasta que,
finalmente, esta termina imponiéndose como nuevo paradigma científico reinante.
Es algo fácil de comprobar si contemplamos la historia de la
ciencia desde un punto de vista retrospectivo. Siempre ha sido así y siempre se
ha repetido el mismo proceso de manera cíclica. En un primer momento, existe un
paradigma científico o teoría dominante que es aceptado por la inmensa mayoría
de los científicos o pensadores. Posteriormente, aparecen algunos
investigadores o pensadores que contradicen la versión oficial, ampliamente
aceptada y extendida, lo cual ocasiona una fuerza reaccionaria por parte de la
comunidad en contra de los recién llegados, generándoles no pocos sinsabores a
estos últimos. Con el paso del tiempo, lo que en un principio eran unos pocos
defensores de la nueva teoría, van a ir aumentando en número, hasta que en un
determinado momento lograrán alcanzar la masa crítica suficiente como para
desbancar a la que era la teoría dominante. Pese a lo que pueda parecer, una
nueva verdad científica no suele abrirse paso convenciendo a sus oponentes,
sino más bien porque estos van desapareciendo y son sustituidos por una nueva
generación de científicos o pensadores que simpatiza desde el principio con la
nueva verdad hasta que, finalmente, esta termina imponiéndose como nuevo
paradigma científico reinante. La historia luego dirá que los pioneros fueron
adelantados de su tiempo, pero como se puede observar, al final, todo se reduce
a una mera cuestión numérica, a la cantidad de personas que son partidarias o
no de una teoría, como si la búsqueda del conocimiento y de la verdad se
pudiese reducir a un mero procedimiento de votaciones y de mayorías numéricas.
En el fondo, no parece que la mayoría de los científicos actúen de manera muy
científica, sino más bien sujetos a continuas luchas generacionales de poder e
influencia.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 25
La visión oficial de la historia, asumida en los círculos
academicistas, está basada en la creencia de que la civilización, de la mano
del ser humano, ha ido consiguiendo mayores niveles de organización, armonía y
conocimiento a través de su evolución en el tiempo. Según este supuesto, cuanto
más retrocediéramos en el tiempo histórico mayor sería la desorganización y
menor el conocimiento que encontrásemos. No obstante, lo que he encontrado en
mis investigaciones es justamente lo contrario: cuanto más me sumergía en la
remota Antigüedad, mayor era la armonía y el conocimiento, lo que parecía ir
contra toda lógica y desafiaba los paradigmas establecidos de la historia.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 27
Ten en cuenta que en los orígenes de toda leyenda, tradición
o mito existe un hecho cierto y real, un substrato que posteriormente la
imaginación popular ha ido deformando, adornando y sublimando en un lento
proceso de transmisión a través de sucesivas generaciones. Despreciar las
antiguas tradiciones y el folklore popular es la manera más sencilla de
alejarnos de un conocimiento que solo está reservado para aquellos que muestran
el suficiente respeto hacia ellas y que poseen el valor necesario para emprender
su estudio sin prejuicios ni complejos.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 30
Entre los objetos encontrados por Sarzec, había dos estatuas
en diorita del rey Gudea, sosteniendo una tableta sobre las rodillas en las que
se reproduce el plano de un templo, a la vez que en el costado hay una regla
cuidadosamente graduada que reproduce «medio Kush» con un valor de 24,97 cm.
Existe un consenso general para decir que el Kush o «codo de cebada» era la
principal unidad de medida lineal de los sumerios. Aunque no existen
suficientes restos disponibles para su estudio, sí que podemos tener la certeza
de que el «doble Kush» se aproxima de manera muy notable al metro moderno. De
los datos encontrados se concluye que el Kush tenía un valor de 49,94 cm, y el
muy utilizado doble Kush tendría, según el profesor Livio Stecchini, un valor
de 99,88 cm, lo que apoya la tesis de que los sumerios hace seis mil años ya
conocían el metro como unidad de medida. ¿Esto es algo puramente casual? ¿O por
el contrario existe una explicación?
El Kush o «codo de cebada» estaba compuesto por 180 se o
«granos de cebada», o 30 shu-si o «manos» de 6 se cada una. Los investigadores
Christopher Knight y Alan Butler decidieron comprobar si lo que decían los
sumerios tenía algo de verdad o por el contrario carecía de fundamento y no era
más que mera fantasía. Según cuentan en su libro La primera Civilización, dado
que el grano de cebada no parecía haber cambiado desde los tiempos de los
sumerios, decidieron realizar un experimento muy sencillo. Colocaron una
cantidad de granos de cebada en hilera, uno junto al otro, sobre una cinta
adhesiva transparente graduada, para ver cuánto median y observaron que si
colocaban los granos tocándose punta con punta cabían muchos menos de los 180
granos que forman el codo de cebada, pero si los disponían uno al lado del
otro, saltaba la sorpresa, ya que por promedio cabían unos 180 granos en una
unidad de medida de un Kush. Parecía que había que tomarse en serio lo que los
sumerios decían.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 36
Es razonable pensar que los sumerios conocían la masa de la
Tierra, su velocidad orbital alrededor del Sol e inclusive la velocidad de la
luz, lo que les llevó a diseñar unas unidades de medida que relacionaban dichas
variables entre sí.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 40
Para los sumerios, la matemática y los complicados cálculos
astronómicos eran la base sobre la que se fundamentaba otra de sus ramas del
saber, la astrología, ciencia tan denostada hoy en día debido a que se ha
perdido el conocimiento esencial. Encontramos una tablilla redactada por un
astrólogo, fechada en el año 2.300 a. de C., que versa sobre un presagio sobre
el fundador de la dinastía de Acad, basándose en la posición del planeta Venus
y en un eclipse de Luna.
El rey de Acad muere y sus súbditos están a salvo. El poder
del rey de Acad se debilitará, sus súbditos prosperarán.
Parece ser que este eclipse coincidió con la muerte de
Naram-Sin, nieto del rey Sargón de Acad. Lo importante a reseñar es que,
incluso en los más antiguos manuscritos astrológicos que se han descubierto y
llegado hasta nosotros, se hace referencia con frecuencia a textos anteriores
que se remontan a una antigüedad aún más lejana. Los astrólogos sumerios
establecían sus predicciones en base a unas tablillas que ya no existían, lo
que quiere decir que el periodo sumerio no debe ser considerado como el de iniciación
de la astrología, sino como el de la huella histórica más antigua que poseemos
de ella.
Los sumerios ya conocían el zodiaco, el cual fue creado
dividiendo el círculo de 360 grados que la Tierra forma al realizar su viaje
alrededor del Sol durante el periodo de un año, en doce partes iguales de 30
grados, los doce signos zodiacales. Los nombres sumerios originales son
análogos a los modernos y no dejan lugar a dudas sobre su origen. Es
sorprendente que ya conocieran el gran ciclo precesional de 25.920 años, al que
dividían en doce periodos o eras astrológicas de 2.160 años cada una. Posteriormente
este saber astronómico se extendió por la India, dando lugar a la división
puránica hindú del tiempo en Yugas, Manvantaras y Kalpas.
El primer calendario conocido, el de Nippur, combinó la
división del año solar (dos solsticios y dos equinoccios) con los movimientos
lunares. Este calendario, luego, fue utilizado por los acadios, los babilonios,
los asirios y otros pueblos, y conocemos su fecha de inicio, en el año 3.760 a.
C., debido a que hoy en día es utilizado por los judíos.
Pero la influencia de esta primera civilización va mucho más
lejos, ya que el fervoroso creyente que lee el Génesis bíblico, en donde se
encuentran los nombres de los primeros hombres desde Adán hasta Noé, no atisba
a imaginar que ese sagrado relato es el desdibujado recuerdo de una fuente
original anterior, la sumeria, y que a lo que se refiere es a los diez reyes
que reinaron desde la llegada de los dioses hasta el Diluvio, periodo que tuvo
una duración de 432.000 años, o lo que es lo mismo 120 sares. Al igual que el
Noé de la Biblia, el último de estos reyes fue el héroe de la epopeya
diluviana; en sumerio recibía el nombre de Ziusudra, los babilonios
posteriormente lo llamaron Utnapishtim, Atrahasis los acadios, y Beroso, el
sacerdote-astrólogo caldeo, helenizó el término sumerio en Xisuthros. De todo
esto se saca una sola e incontestable conclusión y es que el relato del Diluvio
bíblico no es ni más ni menos que un mito sumerio incorporado por los hebreos a
su libro sagrado.
Como se observa, el grado de refinamiento científico y
cultural alcanzado por la civilización sumeria es de lo más elevado, lo cual
obliga a hacerse algunos interrogantes sobre el origen de dichos avances y
conocimientos. No existen registros históricos que muestren una evolución lenta
y asentada de dichos saberes, sino por el contrario datos que revelan que
aparecieron de una manera rápida e inesperada, de procedencia desconocida, como
si de improvisto hubiesen caído del cielo…
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 47
Si los dogon decían que el conocimiento les había sido
transmitido por los nommos, veamos qué es lo que dicen sobre todo esto los
propios sumerios en los escritos que han llegado hasta nosotros; y aunque la
ciencia oficial interprete estos escritos como mitos y leyendas sin base real,
es muy interesante leerlos con una mente abierta y objetiva. Los sumerios son
muy claros al respecto, todo el conocimiento y el saber que disfrutaban les fue
otorgado por obra y gracia de los dioses, los anunnaki, término que literalmente
se traduce por «los seguidores de Anu» o «los que del cielo a la Tierra
vinieron». En el libro del Génesis, en la Biblia, se refieren a ellos con
diversas denominaciones, como «los anakim», «los elhoim» o «los nefilim».
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 54
Para los arameos, el término nephila se refería
especialmente a la constelación de Orión, por lo que los nefilim del Antiguo
Testamento procederían de dicha constelación. Al lado de Orión se encuentra
Sirio, en la constelación del Canis Maior (el Gran Perro) y es la estrella más
brillante visible desde la Tierra. A Sirio se la conoce desde antiguo por
diversos nombres como «la estrella perro» o la intrigante denominación de «la
estrella flecha», la que apunta e indica la ruta a seguir.
Resumiendo, por un lado tenemos coincidencias fonéticas muy
evidentes y únicas en todo el planeta que relacionan a Siria y a los asirios,
con la estrella de Sirio. Por otro lado, tenemos un pueblo, el arameo
(siriaco), que habitó en la misma zona y cuyos términos idiomáticos relacionan
a los nefilim, también, con Orión y Sirio. A todo esto hay que añadir, que los
asirios fueron un pueblo coetáneo y heredero del saber sumerio, por lo que se
deriva una clara relación entre la estrella Sirio, Orión y la antigua
Mesopotamia.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 55
En pleno desierto de Nubia, los investigadores han
encontrado lo que podría ser el complejo megalítico más antiguo que apunta a
Orión. Al sur de Egipto, a más de 800 kilómetros de la moderna ciudad del
Cairo, en una inhóspita llanura en la región este del desierto del Sáhara, se
encuentra un misterioso yacimiento arqueológico denominado Nabta Playa, con una
antigüedad mayor en unos mil años a la de Stonehenge. Fue descubierto por un
grupo de científicos liderados por el antropólogo Fred Wendorf en 1974, y los
investigadores creen que las piedras megalíticas esparcidas por la zona
formaron en su día parte de un centro ritual perteneciente a una civilización
que se desarrolló entre el 6,400 y 3400 a. de C, inmediatamente anterior a la
civilización egipcia, según la cronología oficial. No era un asentamiento sino
un centro ceremonial. Una de las piezas centrales es un círculo que se ha
denominado «el ministonehenge del desierto». Durante varias décadas esta
estructura de piedras y su relación con el cinturón de Orión han desconcertado
a los arqueólogos. Los constructores de Nabta Playa tenían un profundo
conocimiento de la astrofísica y de las matemáticas, así como avanzados
conocimientos sobre las constelaciones. Robert Bauval y el astrofísico Thomas
Brophy han estudiado la configuración de este monumento megalítico durante más
de diez años. En su libro, Black Genesis, sugieren que se trata de una suerte
de observatorio astronómico, un calendario con cuatro pares de piedras a modo
de puertas, enfrentadas dos a dos: una pareja orientada en dirección norte-sur
y la segunda en dirección nordeste-suroeste, en el que los círculos de piedra
forman un mapa estelar a escala. Las seis piedras centrales y sus diferentes
inclinaciones también formarían parte del observatorio. Brophy piensa que tres
de esas piedras están relacionadas con el cinturón de Orión, y las otras tres
con el hombro y la estrella principal de Orión. Afirma que en el año 4,900 a.
de C. estas tres piedras centrales se alinearon perfectamente con las tres estrellas
más brillantes de la constelación de Orión que forman dicho cinturón. ¿En
verdad se alinearon estas rocas con el cinturón de Orión durante el solsticio
de verano, en dichas fechas? Y si así fuese, ¿cómo pudieron nuestros ancestros
construir un gráfico tan avanzado de dicha constelación? Los habitantes de
Nabta Playa desaparecieron misteriosamente alrededor del año 3,400 a. C, y hay
quien cree que luego migraron a la zona del valle del Nilo, en donde más tarde
surgió la civilización Egipcia en el cuarto milenio a. C. Los conocimientos
astronómicos que se utilizaron en Nabta Playa son los mismos que se utilizaron
en las pirámides egipcias. ¿Por qué la localización de Orión era tan importante
para los egipcios? La historia de Isis y Osiris es una de las leyendas más
importantes de toda la mitología egipcia, aunque no existe una reconstrucción
exacta. Osiris era un dios soberano que otorgó la civilización a los hombres.
Seth, sintiendo envidia, asesinó a su hermano, convenciéndolo de que se
introdujera en un sarcófago que a continuación cerró y arrojó al Nilo. Isis, su
esposa-hermana, consigue rescatar su cuerpo y copula con él para dar a luz, más
tarde, a Horus. Seth, al enterarse de ello, lleno de ira encuentra a Osiris y
despedaza su cuerpo en «catorce partes», que serán arrojadas una vez más al río
sagrado de los egipcios. Con este acto, Seth quiere impedir el ritual de
momificación del cuerpo de su hermano, evitando que el espíritu de Osiris pueda
retornar a su cuerpo. Isis recuperará del Nilo trece de los fragmentos del
cadáver de su amado dios, más nunca encontrará el trozo catorce, el falo,
símbolo de procreación; una alegoría por demás sugestiva a nuestra condición de
«hijos de Orión». En los Textos de las Pirámides de Egipto, tallados en las paredes
de las pirámides que datan de 2400 a. C., se habla del faraón egipcio Unis, el
último de la V dinastía, quien gobernó durante treinta años, para finalmente
hacer su viaje final al sistema estelar de Orión. ¿Viajó realmente el faraón
Unis al espacio, como afirman los Textos de las Pirámides? Algo que debemos
tener en cuenta, es «la teoría de la correlación con Orión» que Robert Bauval y
Adrian Gilbert proponen en su libro The Orion Mystery, y que sugiere que las
tres pirámides de Gizeh son una réplica «exacta» de las estrellas Alnitak,
Alnilam y Mintaka del Cinturón de Orión («Las tres Marías»). Lo cierto es que
la vinculación de Sirio y Orión, al menos desde un punto de vista astronómico,
es innegable. Los egipcios sabían que Orión se perdía tras el horizonte una
hora antes que Sirio (conocido como Sothis por los egipcios), lo que sirvió de
referencia también para el establecimiento del calendario sóthico. En este
calendario, el año se inicia con la ascensión helicoidal de Sirio. La ascensión
helicoidal de una estrella sucede anualmente cuando esta se hace visible por el
horizonte oriental, instantes antes de que salga el Sol, después de un periodo
de tiempo en el que no ha sido visible. A 56 kilómetros de Mexico DF está
situada Teotihuacán (la ciudad de los dioses). La construcción de esta ciudad
se atribuye a una raza de gigantes llamados Quinametzin que poblaron el mundo
en la era anterior. Cuentan que en 3,114 a. de C, los dioses bajaron desde el
cielo para asistir a una convención en Teotihuacán. Al igual que sucede en las
pirámides de Guiza, las pìramides que se levantan en Teotihuacán también
parecen estar alineadas con el cinturón de Orión. Los mayas llamaban a Orión
Ak’ Ek’ o «Estrella Tortuga». Orión está representado en el Códice de Madrid
como una tortuga con el glifo tres tun («piedra») en su espalda. Y en el Popol
Vuh, el libro de la creación maya, Orión es visto como el primer padre, Hun
Hunahpú, «el dios del maíz.» ¿Fue mera coincidencia el que egipcios, aztecas,
mayas o griegos adoraran a la misma constelación? ¿Se edificaron estos
monumentos para conmemorar algún acontecimiento extraordinario para la
humanidad?
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 59
Todo lo que sabemos de la historia de Babilonia es gracias a
la excavación y a que hemos podido descifrar un gran número de textos
cuneiformes. Por tal motivo, conocemos que los babilonios tenían un concepto de
la vida muy religioso. Y debido a ello, veneraban a los dioses de los planetas
de las diferentes constelaciones. Podríamos decir que se trataba de una
religión celeste. En 1840, en el norte de Irak en Mosul, un equipo de
arqueólogos del Museo Británico descubrió miles de tablillas de arcilla escritas
durante el siglo 7 a. de C. Entre las tablillas encontradas había dos
misteriosas reliquias que ahora se conocen con el nombre de Catálogos de
Estrellas Babilónicos. Las traducciones del antiguo texto indicaban que estas
tablillas describían movimientos precisos de varios cuerpos celestes,
constelaciones que originaron lo que ahora se conoce como el zodiaco. Los
Catálogos de Estrellas Babilónicos son una extensa recopilación de información
astronómica, con ecuaciones matemáticas extremadamente precisas. Lo más
sorprendente son las distancias entre los planetas, lo que produce desconcierto
entre los arqueólogos e investigadores que no son capaces de responder a la
pregunta de cómo una civilización en el pasado pudo haber tenido acceso a este
tipo de conocimiento. ¿Acaso se la ofrecieron unos seres extraterrestres a los
que llamaban dioses?
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 61
Mesopotamia, la cuna de la civilización, fue el primer lugar
a donde llegaron los antiguos alienígenas para dar origen a la primera
civilización del planeta: la sumeria. Si nos fijamos en los jeroglíficos
sumerios, egipcios y en las leyendas mayas, lo que vemos, una y otra vez, es la
misma historia contada de manera diferente, en distintas lenguas: seres
procedentes de las estrellas llegaron a nuestro planeta y, de esta forma, se
generó nuestra civilización. Las antiguas civilizaciones señalan al cinturón de
Orión como la puerta de la vida. Cuando mayas, egipcios y todas esas culturas
hacen referencia al inicio y al final de la vida siempre lo relacionan con el
cinturón de Orión. Los modernos astrónomos se refieren a la nebulosa de Orión
como M42, pero en la Antigüedad ya la conocían, miles de años antes de que la
moderna astronomía inventara telescopios como el Hubble. Orión es una zona en
donde nacen estrellas hasta tal punto que los astrónomos se refieren a ella
como a «un gigantesco vivero estelar.» ¿Tendrá Orión algo que ver con el origen
de la vida en nuestro planeta? Nuestros ancestros sabían que Orión estaba
situada en el corazón de la galaxia y tenían la sensación de que allí se
encontraban las respuestas a muchas cuestiones. ¿Acaso el sistema estelar de
Orión representa el origen y el destino final de la humanidad, de dónde venimos
y a dónde vamos?
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 62
¿Qué explicación daban los sumerios al origen de sus
conocimientos? Los sumerios, al igual que los dogon, afirman en sus escritos
que todo lo que sabían se lo habían enseñado unos seres provenientes de las
estrellas, a los que llamaban dioses, un término que en el momento en que se
acuñó no tenía las connotaciones religiosas que ahora posee. Aunque en la
actualidad está de moda menospreciar los antiguos escritos míticos,
interpretándolos como infantiles cuentos de hadas, sin embargo, es la
explicación más verosímil de todas. Esto explicaría el porqué, sin dejar
rastros de una línea evolutiva, de la noche a la mañana surgieron ciencias
totalmente desarrolladas, como la astronomía, la medicina o la matemática. De
la misma manera que cuando somos pequeños vamos a la escuela y el profesor nos
enseña trigonometría o ecuaciones de segundo grado, el conocimiento fue
otorgado y no adquirido por investigación propia.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 65
No se han encontrado registros, relatos e historias de
dioses de mayor antigüedad que los de Sumer. Si enumeramos a estos dioses, la
lista asciende a centenares, pero en el momento en que se los clasifica nos
damos cuenta que no se trata de un totum revolutum sin sentido. No todos los
dioses que formaban el panteón sumerio tenían la misma importancia, ni el mismo
rango. Había dioses encargados del pico o del azadón, así como dioses
encargados de moldear los ladrillos, encargados de los fosos y los diques; y
también había grandes dioses gobernadores de la Tierra y del Cielo. Había toda
una jerarquía en donde cada uno desempeñaba un papel con determinados atributos
y responsabilidades, comparable a la organización política y social existente
entre los hombres. Por analogía, era de esperar un dios supremo, reconocido por
todos los demás como su soberano o rey, liderando un sistema de gobierno, la
monarquía, que era el sistema utilizado en su planeta antes de venir y que
desde el momento en que fue traído a la Tierra, en la más remota Antigüedad, ha
pervivido hasta nuestros días. El gobierno de los dioses anunnaki se reunía en
forma de asamblea presidida por el monarca. La Asamblea, a modo de moderno
senado, estaba formada por cincuenta grandes dioses y siete dioses supremos,
aparte de los cuatro dioses reales. Este sistema de monarquía parlamentaria fue
el posteriormente adoptado por los primeros soberanos de la civilización
sumeria, en tiempos históricos. Puede sorprender que ya en el año 3.000 a. de
C., el primer Parlamento del que se tiene noticia hasta la fecha, se reuniera
en la ciudad de Uruk, en solemne sesión extraordinaria para debatir si entrar
en guerra con la ciudad de Kish, o permanecer en paz y aceptar el sometimiento,
reconociendo a su soberano. El Parlamento estaba compuesto, al igual que en los
modernos sistemas democráticos, por dos cámaras: un Senado o Asamblea de
Ancianos y una Cámara Baja formada por ciudadanos con capacidad para llevar
armas.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 67
A la cabeza de esta familia de dioses estaba An (Anu en
textos babilónicos y asirios), el dios del Cielo, el soberano del planeta de
donde procedían los anunnaki, literalmente los seguidores de Anu. La ciudad
donde An tenía su templo o residencia cuando visitaba la Tierra era Uruk. Era
por tanto el rey supremo de todos los anunnaki, de los que vivían en su planeta
y de los que estaban en la Tierra. Después de Anu, estaban sus hijos Ea (Enki)
y Enlil, y su hija Ninhursag (Nintu o Ninmah), formando el grupo de los cuatro
dioses reales.
Ea, también conocido por el nombre de Enki, es el señor (En)
de la Tierra (Ki), título que recibe por sus méritos de haber comandado la
primera expedición anunnaki a la Tierra, haber realizado el primer asentamiento
y construido la ciudad de Eridu a su llegada. Enki es el dios que detenta la
tecnología de los misteriosos me (armas poderosas condensadas en forma de
objetos como joyas o adornos), el portador de la sabiduría, de las artes y del
conocimiento de esta civilización, lo que permitió la colonización del planeta,
así como la creación del hombre. Enki era el primogénito de Anu, pero debido a
las especiales leyes de sucesión existentes en su planeta, Enlil, su
hermanastro, se convirtió en el «príncipe del Cielo», heredero y sucesor de la
corona, así como en el «señor de las órdenes», la máxima autoridad de la
expedición anunnaki en la Tierra, por encima del mismo Enki. Los textos
describen a Enlil como el rey de todos los países, y los soberanos se jactaban
de recibir de él la realeza. Era Enlil quien pronunciaba el nombre del rey y
quien le otorgaba su cetro
El Cielo, de donde Enlil es el Príncipe;
La Tierra, de donde él es el Grande;
Los anunnaki, de quienes él es el dios sublime.
Cuando en su majestad decreta los destinos,
ningún dios se atreve a mirarle.
Himno a Enlil
Enki había sido el primer hijo de Anu, fruto de una relación
del monarca con una concubina y no con la consorte oficial, su hermanastra
Antu, mientras que Enlil había nacido después, pero era el hijo del rey y de la
reina, por lo que era el heredero legal al trono. Los anunnaki primaban unas
normas de sucesión dinástica basadas en los linajes de sangre, unos
sofisticados sistemas de descendencia cuyo objetivo era el mantenimiento de la
pureza de los genes que conforman el ADN, para lo que hay que distinguir entre
el ADN general, transmitido por ambos progenitores, y el ADN mitocondrial que
solo es transmitido de madre a hija. De ahí que sea tan importante el papel de
la madre, y aunque la transmisión siempre discurra a través de la línea
masculina, lo habitual es que el hijo primogénito sea el siguiente en la línea
sucesoria salvo que se tenga un hijo posteriormente con una hermanastra (hija
del mismo padre, pero de madre diferente), el cual se convierte en heredero y
sucesor legal, como fue el caso de Enlil. Enki no contempló con buenos ojos ni
el arrebato de la corona, ni la pérdida de poder en la Tierra, lugar que había
sido colonizado por él con mucho trabajo y esfuerzo. Enki profesaba una
profunda simpatía por el género humano, no en vano lo había creado, mientras
que Enlil toleraba a los humanos como un mal necesario para el bienestar de los
dioses, llegando incluso a detestarlos y a organizar un plan para exterminar a
la humanidad. Enki era quien se ocupaba de los asuntos de la Tierra. Enlil
fijaba las líneas generales del plan, mientras que Enki, fértil en recursos,
aunando audacia y sensatez en dosis optimas, era quien se ocupaba de los
detalles de su ejecución. Los desacuerdos entre Enki y Enlil así como las
rivalidades futuras de sus clanes familiares van a ser la clave que nos
permitan entender los acontecimientos que se van a desarrollar en la Tierra y
que tan determinantes han sido para el destino de los hombres. Una situación
que los textos bíblicos han borrado de un plumazo en beneficio del monoteísmo
doctrinal judeocristiano, pero que los originales textos mesopotámicos
describen con todo lujo de detalles, y que serán objeto de análisis en los siguientes
capítulos. Ninhursagh aparece, dependiendo del momento y del lugar, con
diferentes y variados nombres, entre los que están Nintu (la señora del
nacimiento), Ninmah, Belit-Ili, Dingirmah, Aruru o Damkina. Era una diosa de la
fertilidad, conocedora de los secretos de la ciencia biológica, y fue quien
asistió a Enki en el proceso de la creación del ser humano.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 69
Estos acontecimientos narrados en La Epopeya de la Creación
caldea tienen su correlación en los primeros versículos del relato de la
creación del Génesis hebreo, en donde «el cielo» nos remite a un lugar concreto
del sistema solar que ubicaba al cinturón de asteroides. Aquí reproduzco el
texto hebreo original.
Veha´arets hayetah tohu vavohu vechoshech al-peney Tehom
veruach Elhoim merachefet al-peneyhamayim
(Génesis 1, 1-2 en hebreo original)
En la posterior traducción se han omitido palabras
importantes del texto hebreo cuya ausencia cambia el significado. En la parte
superior reproduzco el texto hebreo original, subrayando en negrita las
palabras que se omiten en la traducción moderna. En la reproducción siguiente
incluyo las palabras originales, en hebreo, sobre el texto traducido.
En el principio,
los Elhoim crearon el Cielo y la Tierra.
Y la Tierra estaba sin forma y vacía,
y la oscuridad cubría la faz de Tehom.
(Génesis 1. 1-2)
Aquí Elhoim tiene el significado de dioses planetarios y
Tehom, traducido oficialmente como «el Abismo», realmente se refiere a Tiamat.
Por otro lado, el Génesis toma la cosmogonía mesopotámica solo desde el momento
en que la Tierra se separa del Cielo (el cinturón de asteroides). Los mitos
sumerios vienen a corroborar lo que se dice en el capítulo primero del Génesis:
que en algún momento anterior a que se separasen, la Tierra y el Cielo
estuvieron unidos.
Cuando el Cielo se hubo alejado de la Tierra,
cuando la Tierra se hubo separado del Cielo. Gigamesh,
Enkidu y el Infierno
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 84
Desde el punto de vista geológico, la Tierra se divide en
una serie de capas, entre las cuales se encuentra «la corteza terrestre», la
capa más superficial que a su vez está formada por placas que flotan sobre «el
manto», una capa de materiales calientes y pastosos que a veces salen al
exterior a través de una grieta o volcán. Pues bien, otro enigma aparece cuando
observamos que la corteza terrestre tiene un espesor variable que oscila desde
los 5 kilómetros, en el fondo del mar, hasta los 65 kilómetros en las zonas
montañosas de la plataforma continental, y que además cada una de ellas tiene
una edad diferente: la corteza oceánica data de unos 200 millones de años,
mientras que la corteza continental tiene al menos unos 4 billones de años. Al
mismo tiempo, se constata que el grosor de la corteza de la Tierra es muy
inferior al que debería tener en relación con su masa, como lo demuestran los
estudios realizados en otros planetas. ¿Cómo se explica la existencia de una
corteza terrestre formada por partes con diferentes antigüedades y grosores?
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 94
Algo que no debe sorprendernos cuando observamos que la
naturaleza de la Tierra primigenia (Tiamat/Nammu) era esencialmente acuosa y no
terrosa, según describen los sumerios.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 97
La astrología se fundamenta
sobre uno de los principios herméticos, el de correspondencia, postulado por
Hermes Trismegisto a quien se atribuye la autoría del misterioso
Kybalion.
Como es arriba es abajo; como es
abajo es arriba.
El Kybalion
Según este principio fundamental de
la ciencia perdida de Hermes, el hermetismo, existe una relación de
correspondencia entre los movimientos de los astros y las estrellas, arriba en
el Cielo, y los procesos de la vida y los destinos humanos, abajo en la Tierra.
Esta relación puede entenderse como un proceso de sincronicidad entre dos
mundos aparentemente separados pero que forman parte de un todo indisoluble.
Griegos, egipcios, hindúes o
chinos, salvo pequeñas aportaciones particulares, recibieron el conocimiento
fundamental de la astrología caldea. Aunque tampoco fueron los caldeos, los
babilonios o los asirios los originarios guardianes de este saber, sino que una
vez más hay que remontarse hasta los sumerios para encontrar los primeros
registros escritos de la ciencia astrológica y astronómica. Los sumerios, como
ya se ha visto, conocían de la existencia de todos los planetas del sistema
solar y disponían de una muy precisa matemática astronómica que les permitía
calcular las posiciones de los astros en el firmamento.
El Enuma Anu Enlil, una colección
de unas 70 tablillas descubiertas en Nínive, en la biblioteca del rey babilonio
Asurbanipal, se ha considerado durante mucho tiempo el libro de enseñanzas
astrológicas más antiguo del mundo, con gran número de observaciones
astronómico-astrológicas, datos de movimientos del Sol y de la Luna, y reglas
de predicciones. Al descifrar su contenido, se descubrió que contenía 21 años
de observaciones astronómicas del planeta Venus (Tablilla 63 del Enuma Anu
Enlil). Según palabras del propio Asurbanipal, era la pieza de su colección de
la que se sentía más orgulloso. Los expertos estiman que la mayor parte de los
escritos procede de los comienzos de la época babilónica del rey Amizaduga
(1518-1516 a. de C.).
Sin embargo, existen en la
colección dos tablillas que reciben el nombre de La serie mul.apin, y que son
fieles réplicas de textos sumerios más antiguos provenientes del año 2.340 a.
de C., según se desprende de los cálculos realizados por Werner Papke, basándose
en las observaciones de los momentos en que se producían las apariciones de
ciertas estrellas en el horizonte al amanecer. En ellas se describen los
movimientos del Sol, la Luna y los planetas, además de 33 constelaciones, con
66 estrellas individuales. Tanto estas tablillas como la Epopeya de Gilgamesh
coinciden en la determinación de las posiciones planetarias en el año 2.340 a.
de C. Con este minucioso trabajo, podemos conocer, de forma exacta, la posición
de las estrellas en tiempos de los sumerios, cómo dividieron el cielo en
constelaciones y cómo las interpretaban de cara a sus presagios.
Los sumerios dividían el cielo en
tres caminos que transcurrían paralelos al ecuador celeste: el camino de Anu,
el camino de Ea y el camino de Enlil. Dividieron el círculo de 360 grados que
la Tierra forma al realizar su viaje de traslación alrededor del Sol durante un
año, en doce partes iguales de 30 grados, los signos zodiacales, y le dieron el
nombre de «el camino de la Luna», el cual serpenteaba a través de las
diferentes franjas o caminos. Los signos zodiacales de verano se encuentran
sobre el camino de Enlil, los signos de invierno sobre el camino de Ea, y los
signos de primavera y otoño sobre el camino de Anu.
Los nombres que los sumerios
empleaban para denominar a los signos del zodiaco son claramente análogos a los
modernos, mostrando con claridad el origen y evolución de dichos conceptos. Si
bien en dichas tablillas aparecen 17 o 18 constelaciones, estas se agrupaban
dentro de la estructura zodiacal de 12 signos, ya que el actual signo de
Géminis estaba diferenciado en cuatro constelaciones, y el de Piscis en dos. El
primer signo del zodiaco era Lu.chun.ga y le atribuían los mismos significados
que hoy en día posee el signo primaveral de Aries. En la siguiente tabla están
ilustradas las 17 constelaciones que aparecen, así como los significados y la
relación existente con los signos zodiacales, siendo esta más que evidente.
La discusión sobre si el número de
constelaciones de la tablilla mul.apin son 17 o 18, se debe a que delante de
las constelaciones Sim-mah y A-nu-ni-tu aparecen las palabras kun mes Zibati
mes cuyo significado es «las colas», por lo que algunos estudiosos piensan que
se trata de otra constelación.
J. Cediel
El Código Verne: El secreto de los
Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 99
Para la elaboración del zodiaco, los astrónomos sumerios se
basaron exclusivamente en los signos, lo que indica el grado de madurez
alcanzado por la astronomía. Eran capaces de establecer coordenadas de posición
en la bóveda celeste en función de la eclíptica, es decir el nivel de
inclinación del eje terrestre en relación a la órbita alrededor del Sol (23º
27´). Pero detrás de unas concepciones astronómicas tan avanzadas que
permitieron la elaboración de un zodiaco formado por doce signos, se abre una interrogante:
¿Cuál es el verdadero origen de la ciencia astrológica que ya disfrutaban los
sumerios, al menos desde hace 5.000 años?
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 106
Según La lista Real Sumeria, 432.000 son los años que
pasaron entre la llegada de los anunnaki a la Tierra y el Diluvio. El
conocimiento astronómico, astrológico y matemático sumerio llegó al
subcontinente indio a través de las sucesivas migraciones de pueblos arios que
habían bebido en las fuentes culturales hititas, por lo que bucear en la
tradición védica nos hará percibir la importancia del sistema sexagesimal
sumerio y de tal cifra. El número 432.000 posee en la tradición hindú una gran
importancia. Es el número de sílabas que componen El Rigveda, libro sagrado en
el que se narran las historias de sus dioses. En India se asocia dicho número
con los Yugas o ciclos cósmicos de la Tierra y la humanidad. El gran Yuga o
Manvantara, un día de Brahma, es un periodo de actividad del Universo, en
contraposición al Pralaya o periodo de reposo o disolución. Cada Manvantara es
una medida de tiempo cósmico que se divide en cuatro Yugas o Edades, cuyas
extensiones cronológicas son expresión de la cifra 432.000. Están la Edad de
Oro o Krita Yuga (4 x 432.000 años), la Edad del Conocimiento o Treta Yuga (3 x
432.000 años), la Edad del Sacrificio o Dvapara Yuga (2 x 432.000 años) y la
actual Edad Oscura o Kali Yuga (432.000 años), lo que hace un total de
4.320.000 años.
4.320.000.000 años constituyen un ciclo de mil Manvantaras o
lo que es lo mismo un Eon o Kalpa, aunque según la tradición hindú existen
Kalpas de diferentes tamaños.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 110
La etnología es una ciencia que estudia a los pueblos
actuales que mantienen comportamientos y estructuras sociales comparables a los
de culturas prehistóricas ya desaparecidas. Del estudio de estos pueblos
primitivos actuales, proyectando los comportamientos del presente hacia el
pasado, los investigadores infieren por analogía aspectos de la conducta de las
comunidades paleolíticas. Ahora bien, ¿cómo es posible que existan en la
actualidad pueblos primitivos africanos, australianos y neozelandeses, entre otros,
que desconocen la escritura, no habiendo dado durante siglos el salto del
Paleolítico al Neolítico? Si el proceso por el que el hombre pasó del
Paleolítico (mismo estado en el que están estos pueblos primitivos actuales) a
construir ciudades, a poseer una escritura y a desarrollar precisos sistemas
astronómicos en la Antigüedad mesopotámica, de la noche a la mañana, hubiese
sido gradual y evolutivo, habría que preguntarse:¿Por qué estos pueblos
primitivos actuales no han experimentado el mismo proceso de avance tecnológico
que experimentaron los sumerios, en tan corto espacio de tiempo, sino que por
el contrario han permanecido estancados durante siglos? ¿Por qué no han
experimentado ni siquiera un avance tecnológico mínimo?
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 115
La mayoría de los investigadores dan por correcto que
neandertal y sapiens son dos especies diferentes, algo que depende más de las
catalogaciones que de las diferencias reales, pero sabemos con certeza que
ambos, neandertales y cromañones, surgieron de un mismo tronco común, el homo
heidebergensis, del que se escindieron y llevaron caminos diferentes, aunque su
nivel de inteligencia y comportamiento eran similares. Los investigadores
tienen claro que el sapiens no desciende del neandertal, pero ¿y si hubiera
sucedido algo tan aparentemente descabellado como que el neandertal fuese
descendiente del cromañón, para terminar, finalmente desapareciendo? O incluso
no desaparecer y estar entre nosotros sin que nos demos cuenta de su
existencia… El hecho es que ambas especies surgieron hace aproximadamente entre
200.000 y 300.000 años, de la noche a la mañana y el tiempo nos irán desvelando
nuevas sorpresas. Las modernas teorías antropológicas sobre el origen del
hombre, basadas en la evolución y la selección natural, no pueden explicar
muchos rasgos y aspectos del Homo sapiens. ¿Cómo se explica el que el sapiens
haya evolucionado en su inteligencia y conocimiento en los últimos millones de
años, mientras que sus primos cercanos, los monos han permanecido estancados a
nivel evolutivo? La respuesta científicamente admitida es que, en un momento
dado de la evolución, los homínidos se hicieron bípedos, con lo que pudieron
disponer de dos brazos que utilizaron para el uso de herramientas, lo cual
produjo un proceso de retroalimentación a nivel cerebral que permitió el
desarrollo de las facultades mentales. Es cierto que ciertos ensayos
científicos con ratas han demostrado que estas desarrollan mayor masa cerebral
si están activas que en reposo; y que, estando enjauladas, las que desarrollan
mayor masa cerebral son las que tienen juguetes dentro y no las que tienen la
jaula vacía. Pero una cosa es eso y otra muy distinta es que dejen de ser ratas
para convertirse en otro tipo de animal. Además, en la naturaleza podemos ver
ejemplos de animales sumamente diestros en el manejo de herramientas y que sin
embargo no han alcanzado la inteligencia que alcanzó el hombre, contradiciendo
e invalidando dicha argumentación. Por ejemplo, el buitre egipcio arroja piedras
para romper los huevos de avestruz y la nutria de mar de la costa del Pacifico
de EE.UU., se vale de una piedra para martillear y despegar de las rocas su
alimento, a la vez que utiliza otra piedra como si fuera un yunque para abrir
la concha. También los chimpancés, fabrican y utilizan sencillas herramientas,
y sin embargo no vemos que su nivel de inteligencia cambie de modo sustancial.
La teoría de la evolución, puede explicar cambios en la organización de las
especies, pero son cambios que se efectúan de manera lenta y gradual y no de la
noche a la mañana como sucedió en el caso del hombre. ¿Por qué los homínidos se
volvieron inteligentes y sin embargo el chimpancé no?
Si la ciencia ofrece un cuadro tremendamente confuso sobre
los orígenes de los humanos modernos, es debido a que ni los antropólogos ni
los arqueólogos saben a ciencia cierta lo que sucedió. La aparición del Homo
sapiens es un misterio, de momento indescifrable, al que desde el punto de
vista del cálculo de probabilidades le falta muy poco para ser imposible. Los
registros muestran que, después de millones de años de mínimos progresos con
herramientas y útiles de piedra, el Homo sapiens apareció, de repente, hace
unos 250.000 años, con el doble de capacidad craneal y con la capacidad para
hablar, para continuar, por razones aún no explicadas, viviendo de un modo
primitivo hasta hace unos 30.000 años, momento en el que experimentó un cambio
hacia el comportamiento moderno. Hace unos 12.000 años ya se había extendido
por todo el planeta y conocía la agricultura. Hace 7.000 años creó las primeras
grandes civilizaciones y, a fecha de hoy, comienza su carrera espacial por las
inmensidades del sistema solar.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 131
Las implicaciones del descubrimiento son descomunales. Es la
primera prueba irrefutable de que los neandertales, extinguidos hace unos
40.000 años, tuvieron «lenguaje, cognición avanzada y pensamiento simbólico»,
según explica el arqueólogo portugués João Zilhão, coautor de la investigación.
Los dibujos analizados son una mano en negativo ejecutada hace al menos 66.700
años en la cueva de Maltravieso (Cáceres), un depósito mineral cubierto de
pintura en una pared de la cueva de Ardales (Málaga) y un signo lineal, similar
a una escalera, realizado hace al menos 64.800 años en la cueva de La Pasiega
(Cantabria). Son las obras de arte más antiguas que se conocen en el planeta.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 131
Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen y
semejanza
Génesis 1, 26
En esta versión traducida han desaparecido ciertos elementos
que dificultan el esclarecimiento de la cuestión que nos ocupa. En el original
hebreo, en el lugar de la palabra Dios, se encuentra la palabra Elhoim, cuyo
significado literal es «dioses», siendo muy interesante el hecho, sin duda
deliberado por parte del escriba, de utilizar el término en plural, cuando
podía haber utilizado el singular, es decir, El, si realmente quería referirse
a un Dios único. A continuación, reproduzco el original en hebreo.
Vayomer Elhoim na`aseh adam betsalmenu kidemutenu veyirdu
bidegat hayam
En la traducción, quizás por un olvido, aunque se sustituye
el término «dioses» por «dios», el traductor no elimina la concordancia
gramatical del verbo en la frase que sigue, manteniendo, también la utilización
del pronombre posesivo correspondiente en plural («hagamos al ser humano a
nuestra imagen y semejanza»). Hay eruditos que intentan justificar esto
diciendo que en la Antigüedad era habitual que las grandes personalidades
utilizasen el plural mayestático para referirse a sí mismas. No deja de ser un
intento infantil de justificación, sin fundamento, cuando se observa el escrito
original en hebreo.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 135
Son muchos los mensajes contradictorios que lanza el Libro
del Génesis de la Biblia. Observemos la siguiente estrofa, sobre la que
volveremos más adelante, por la cantidad de implicaciones que de su lectura se
desprenden.
Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de
la Tierra y les nacieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los
hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres a las que bien
quisieron. Entonces dijo Yahvé: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el
hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años». Los
nefilim existían en la Tierra por aquel entonces (y también después), cuando
los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos,
llegaron los gigantes a la Tierra: estos son los héroes (en hebreo los
«gueborim»), de la Antigüedad, hombres famosos.
(Génesis 6, 1- 4)
De nuevo, nos encontramos ante mensajes turbadores. ¿A qué
se refiere el escriba cuando marca esa diferencia entre «los hijos de Dios» y
«las hijas de los hombres»? ¿Quiénes eran los nefilim? ¿Y quiénes los gueborim?
El antiguo Israel tenía un solo Dios, ¿de dónde procedían, entonces los hijos
de Dios, los nefilim? También se habla por primera vez de los gigantes. Los
gigantes están presentes en todas las mitologías tanto orientales como
occidentales. ¿Qué clase de seres fueron esos gigantes?
La idea de que estos «hijos de Dios» eran ángeles
materializados que se relacionaron con las mujeres estaba aceptada y extendida
en la época del judaísmo helenizado, como se aprecia en la versión Septuaginta
griega que reemplaza la expresión «hijos de Dios» por la de «ángeles». Las
fuentes orientales de Qumrán están de acuerdo en ello. Los estudiosos saben que
los autores del Libro del Génesis se basaron en textos mucho más antiguos y
detallados cuyo origen es la civilización sumeria, por lo que es interesante y
enriquecedor poder acudir a ver lo que decían sobre estas cuestiones tan
actuales en nuestra sociedad del siglo XXI. Estos textos dejan claro que la
creación del hombre fue obra de los anunnaki, los nefilim, los anakim, o los
Elhoim, que no son sino diferentes denominaciones utilizadas para identificar a
unos seres extraterrestres que procedentes de otro planeta llegaron a la
Tierra, para colonizarla en beneficio propio.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 136
Los anunnaki, seres procedentes de otro planeta, llegaron a
la Tierra y vieron que esta tenía riquezas minerales así como producción
agrícola, por lo que decidieron trabajar en pos de su cultivo y de la
extracción de minerales. Esto fue mucho antes de que el ser humano hiciera su
aparición en escena. Sucedió que en un momento dado, los viajeros espaciales,
debido a la dureza de las condiciones laborales que sufrían, se rebelaron y
amotinaron, llegando su griterío hasta las mismísimas puertas de la casa de su
gran jefe, Enlil, lo que desencadenó una serie de acontecimientos de gran
trascendencia para nosotros, los terrícolas.
El relato comienza describiendo en un lenguaje casi
periodístico, por su concreción, ritmo y realismo, la situación en la que se
encontraban estos seres, antes de que existiese el hombre, cuando tenían que
excavar canales, construir diques, labrar y recolectar la tierra.
Cuando los dioses hacían de hombres,
tenían que trabajar y estaban atareados:
Su tarea era considerable,
su trabajo pesado, su labor infinita.
Insistiendo, más adelante, en la dureza laboral y el tiempo
durante el que habían soportado estas arduas condiciones de trabajo.
Hicieron el recuento de los años trabajados.
Durante dos mil quinientos años, y más,
habían día y noche soportado esta pesada carga.
Lo que provocó la rebelión de los trabajadores, que
destruyendo los utensilios de trabajo se amotinaron en actitud amenazante ante
la misma puerta de la casa donde vivía la autoridad máxima, Enlil.
Vayamos a ver a nuestro jefe,
Para que nos libere de tan pesada carga.
Enlil, el jefe encargado, dada la situación creada por la
insubordinación de los trabajadores, convocó una reunión o Gran Consejo, con el
objetivo de encontrar una solución al problema. Al Consejo asistieron los
grandes dirigentes, además de Anu y Enki. En la reunión se le ordenó a Nuska,
el hombre de confianza de Enlil, que intermediara para conocer los motivos por
los que los trabajadores anunnaki se habían rebelado y asediado la casa. A su
vuelta, después de dialogar con los amotinados, Nuska expresó, a los presentes
en la Asamblea, las quejas de los trabajadores por las duras condiciones
laborales a las que estaban sometidos.
Enlil, un amante de la disciplina, exigió un castigo
ejemplar para que la situación nunca más volviera a repetirse, pero Anu, el
soberano, fue más comprensivo con la situación de los trabajadores.
Pero Anu abrió la boca,
y se dirige a los dioses, sus hermanos:
¿Por qué los culpamos?
Su tarea era pesada, su trabajo infinito.
Es en ese momento, cuando Ea (Enki) toma la palabra
dirigiéndose a la Asamblea y formula una posible solución al problema,
proponiendo aliviar la insoportable carga de los trabajadores anunnaki mediante
la creación de un «trabajador terrestre» que se ocupará de hacer las labores
que hasta ahora realizaban los dioses. Para ello aprovecha la presencia de
Ninti (Belet-ili)
Pero existe un remedio para esta situación,
dado que Belet-ili, la matriz, está aquí,
que fabrique un prototipo de hombre,
será él quien cargue con el yugo de los dioses,
quien cargue con el yugo de los Igigu,
será el hombre quien cargue con su trabajo.
La Asamblea acogió con verdadero entusiasmo la proposición
de Enki para crear un trabajador terrestre, un adamu, término que sin duda fue
la inspiración del nombre bíblico Adán. Era la solución para liberarse del
trabajo y el inicio de la sociedad del ocio para nuestros antecesores. No
obstante, entre los reunidos surgieron interrogantes y dudas sobre la
viabilidad del proyecto de creación de un ser viviente especialmente diseñado
para realizar los trabajos que estos seres procedentes de otro planeta no deseaban
realizar ya por más tiempo. ¿Cómo de inteligente debería llegar a ser dicho
ser? El trabajador debía ser tan inteligente como para recibir órdenes y
manejar los utensilios utilizados por ellos mismos.
Acto seguido, Ninti recoge la proposición de la Asamblea, a
la vez que hace un guiño a Enki, para que le ayude en el encargo.
Pero Nintu, habiendo abierto la boca,
replica a los grandes dioses:
No puedo hacerlo sola, por mí misma;
pero con la ayuda de Enki,
la operación sí que es posible,
solo él puede purificarlo todo:
Que él me entregue la arcilla y yo lo llevaré a cabo.
En todo este proceso, no faltó tampoco la intervención de
Nammu, la esposa de Anu y madre de Enki, para que este último venciera las
reticencias que pudiera tener a realizar la operación. A este respecto existen
dos tablillas con contenido idéntico, una proveniente de Nipur, perteneciente
al museo de la Universidad de Filadelfia, y la otra comprada en una tienda de
antigüedades y perteneciente al Louvre, que aportan luz sobre los hechos
acaecidos. En ellas se ve que, mientras Enki reposa, Nammu le hace saber, una
vez más, la situación de angustia que los dioses están sufriendo, intercediendo
para que lleve a cabo lo propuesto en la Asamblea.
¡Oh, hijo mío, levántate de tu lecho, haz lo que es sensato:
Forma a los modeladores, para que puedan producir sus dobles!
Poema de Enki y Ninmah
La respuesta de Enki ofrece la solución al misterio de la
creación del hombre, integrando las posturas enfrentadas y aparentemente
antagónicas de los creacionistas y de los evolucionistas, ya que explica que el
hombre no fue creado por Dios de la nada, así como que tampoco fue el resultado
de una lenta evolución.
¡Oh madre mía, la criatura cuyo nombre has pronunciado
existe, fija en ella la imagen de los dioses, amasa el corazón con la arcilla
que está en la superficie del Apsu. ¡Los buenos y magníficos modeladores
espesarán esta arcilla!
Poema de Enki y Ninmah
En estas cuatro líneas está la clave del enigma: ¿De qué
manera una nueva criatura pudo llegar a ser física, mental y emocionalmente una
réplica de los dioses? ¿Cómo fue creado el hombre a su imagen y semejanza?
Sobre la base de una criatura ya existente en el ecosistema terrestre: un
homínido (el adama, la arcilla, la tierra), Enki decidió aplicar los cambios
genéticos necesarios (fijar en ella la imagen de los dioses) para mejorar su
inteligencia y así crear un nuevo ser (el Adam, el terrestre) de tal manera que
pudiera hacerse cargo de las tareas que hasta ese momento eran asunto exclusivo
de los dioses.
En el Génesis hebreo, al igual que en otras tradiciones, se
habla de un Dios alfarero que a partir de un «trozo de arcilla» creó al hombre,
lo cual es una recopilación incompleta y menos detallada, obtenida de las
fuentes originales mesopotámicas. Es muy importante ver el juego de palabras
que tiene lugar, cuyos significados esconden sin duda un mensaje de vital
importancia. Por un lado, está el Adam: el humano, el terrestre; y por otro el
Adama: suelo cultivable, arcilloso.
Entonces Elhoim formo al Adam del polvo de la tierra,
sopló en su nariz un hálito de vida,
y el hombre se convirtió en un ser viviente.
(Génesis 2, 7)
Que Enki conocía la existencia de estos homínidos, de los
que he hablado en el capítulo anterior, está fuera de toda duda, como queda
documentado en los registros escritos que han llegado hasta nosotros. Enki,
siempre anhelante de nuevos conocimientos, tenía el perfil científico adecuado
y la curiosidad necesaria para interesarse por todo tipo de seres que formaban
la fauna terrestre, entre los que se encontraban estos simios con forma humana.
En la Epopeya de Gilgamesh se describe a este ser antecesor de los humanos, a
este polvo de la tierra, el Adama, en los siguientes versos.
Su cuerpo está todo cubierto de pelo,
sus cabellos son como los de una mujer,
tupidas como Nisaba brotan sus guedejas;
No conoce a los humanos ni conoce país civilizado,
y va vestido como el dios Sumuqan.
Como las gacelas se alimenta de hierba,
con las manadas abreva en las aguadas,
con las bestias salvajes su corazón se deleita bebiendo.
La posibilidad de domesticar al Homo erectus, ergaster o
heidelbergensis a través de un proceso de cría y selección generacional se
debió desechar dado su grado de salvajismo, así como su dosis de inteligencia,
lo cual planteaba dificultades para convertirlo en una dócil bestia de trabajo
que sirviera a los intereses de sus amos. Al mismo tiempo, había que adaptar a
esta criatura de tal manera que fuese capaz de realizar determinados trabajos,
para lo que necesitaba un cerebro suficientemente desarrollado como para poder
realizar ciertas tareas, manipular instrumentos con destreza y comprender las
ordenes que se le dieran. En una palabra, necesitaba una puesta a punto de su
inteligencia para convertirlo en un lulu amelu (trabajador mezclado). Enki
debió ver la solución al problema de inmediato: había que imprimir la huella
genética de los anunnaki en este ser mediante procesos de manipulación
genética. Decidió crear un hibrido anunnaki/Homo erectus.
Enki y Ninti se ponen manos a la obra y elaboran un plan
para diseñar al ser que originalmente partirá con la función de ser un «siervo
de los dioses», y con el fin de solucionar una situación en la que no había
Adán que cultivará la tierra. Según se desprende de los propios escritos de los
sumerios que han llegado hasta nosotros, los dioses tomaban al hombre como un
mal necesario cuya función era la de sirviente o esclavo facilitador de sus
deseos. Los dioses fueron amos poco compasivos y crueles que consideraban a los
humanos como niños revoltosos, sin más relevancia que las mascotas, y a los que
había que gobernar con mano dura y sin demasiados miramientos.
Que el hombre fuese creado para servir a los dioses no era
una idea que resultase extraña en la Antigüedad. La divinidad era «Señor»,
«Soberano» y «Rey», y la palabra que normalmente se traduce como culto es avod
(trabajo), por lo que el hombre antiguo no rendía culto a su dios de la forma
en que se entiende hoy en día, sino que trabajaba para él.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 142
Estos seres provenientes de las lejanas estrellas poseían el
conocimiento tecnológico suficiente como para realizar el cometido de crear a
un nuevo ser. Por lo que se desprende de las fuentes originales, debió de ser
la primera vez que acometían tal aventura, dado el entusiasmo que generó entre
los miembros de la Asamblea y por los repetidos intentos infructuosos que hubo
que realizar hasta la consecución con éxito del prototipo de ser deseado.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 145
Uno de los acontecimientos que van a ser decisivos para el
destino de la humanidad y para las futuras relaciones del hombre con sus
creadores, sucede en el Jardín del Edén, en donde el ser humano desarrollaba
sus funciones como sirviente de los dioses, lejos del lugar en donde había sido
creado. Los textos sumerios dan la clave para poder entender, una vez más,
aspectos que la Biblia en su afán de eliminar a los dioses en plural, hace que
no podamos ver con claridad el trasfondo.
Para comprenderlo, hay que tener presente la rivalidad
existente entre Enki, el creador de la humanidad por ingeniería genética, y
Enlil, el mando supremo de toda la colonia de seres extraterrestres en la
Tierra,. Se trataba de una lucha por el poder entre dos hermanastros, de los
cuales uno, Enlil, había sido el beneficiado por las leyes de sucesión de su
reino, lo que generó que el poder estuviese en sus manos. No obstante, Enki,
dado quien era y habiendo sido el que había comandado la primera expedición a
los asentamientos en la Tierra, gozaba de grandísimas cotas de poder, aunque
estaba resentido por lo que consideraba una injusticia.
Enlil se caracterizaba por una personalidad rígida, era
amante del orden y de la disciplina y no profesaba simpatía por los humanos, a
los que veía como un mal necesario. Enki, sin embargo, era un brillante
científico conocedor de las diferentes ramas del saber, a la vez que profesaba
un gran cariño por los humanos a los que consideraba, no sin razón, como hijos
suyos. De la adecuada interpretación de estos datos, provenientes de fuentes
más antiguas, en las que se inspiraron los escritos de la creación bíblicos, se
van a derivar conclusiones que sin duda van a hacer caer ciertos dogmas de fe
establecidos desde tiempos inmemoriales.
Es en el Jardín del Edén, donde Enki va a dar un giro
argumental a la historia con su decisión de perfeccionar al ser que había
creado, mediante una serie de cambios genéticos. Hasta ese momento, el lulu
amelu, el mezclado, producto de la mezcla de una especie extraterrestre y de un
Homo erectus, era un ser hibrido y como tal incapaz de reproducirse entre sí.
Al mismo tiempo, su grado de inteligencia y consciencia estaba limitado y
adaptado para carecer de espíritu crítico, ser fiel y satisfacer las necesidades
de los dioses, tal y como un animal de compañía puede hacerlo hoy en día con
nosotros.
Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin
avergonzarse de ello. (Génesis 2,25)
Los motivos que llevaron a Enki a realizar la segunda
manipulación genética del lulu amelu son desconocidos, pero es fácil imaginar
que en la toma de su decisión influyeron factores tales como el amor de todo
artista por perfeccionar su obra, así como el afán de protegerla de lo que
consideraba un abuso o maltrato por parte de Enlil, con quien, además, no
mantenía la mejor de las relaciones. De esta manera, Enki, el brillante
conocedor de los misterios de la vida, lo que hoy en día sería un biólogo, se
pone manos a la obra. El Génesis dice cómo.
Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del
campo hiciera Yahvé Dios, dijo a la mujer: ¿Así que Dios os ha dicho que no
comáis de ninguno de los árboles del jardín? La mujer respondió a la serpiente:
¡No! Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín; solo nos ha
prohibido bajo pena de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en
medio del jardín. Replico la serpiente a la mujer: ¡No moriréis! Lo que pasa es
que Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis
como Dios, conocedores del bien y del mal.
(Génesis 3, 1-5)
Parece evidente que la serpiente no era una serpiente, ya
que podía hablar con la mujer, algo imposible para un reptil. De igual manera,
la serpiente no causaba temor alguno en ella, sino todo lo contrario, le
inspiraba confianza y poseía una autoridad suficiente sobre ella como para
inducirla a seguir sus consejos, atreviéndose incluso a desafiar al
todopoderoso Dios bíblico. Entonces, si no era una serpiente, ¿quién era? Estoy
seguro, querido lector, que ya habrás adivinado que se trata de Enki, quien era
conocido por los sumerios como «el dios serpiente».
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 161
Existen evidencias gráficas y escritas, de autenticidad
incuestionable, de avistamientos OVNI en fechas anteriores al Diluvio, en la
prehistoria de la humanidad, que como mínimo hacen tambalear los cimientos de
la historia oficial tal como se nos ha presentado hasta el momento. Se trata de
auténticos dibujos, realizados por nuestros ancestros, en rocas de las cavernas
que frecuentaron o habitaron, las llamadas pinturas rupestres. Con dataciones
que llegan hasta hace 40.000 años, allá por el último periodo glacial, son una
de las manifestaciones artísticas más tempranas de las que se tiene constancia,
habiendo resistido el paso de los siglos al estar protegidas de la erosión de
los espacios abiertos.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 176
Estos textos son solo algunos de los registros escritos que
describen una época, anterior al Diluvio, en la que los anunnaki ante la
ausencia de elementos femeninos de su propia especie, en la Tierra, que
satisficieran sus deseos sexuales, y viendo que las hembras de aquella criatura
que habían creado a su imagen y semejanza, por manipulación genética, eran
bellas, no pudieron evitar saltarse las normas que sus jefes les imponían de no
mezclarse con seres de una especie o raza diferente e inferior, y terminaron
mezclándose y copulando con «las hijas de los hombres». Los jefes de estos
seres de origen no terrestre no vieron con buenos ojos tal tipo de práctica
(aunque algunos de ellos también la realizaron), ya que como la experiencia
demostró, extraterrestres y terrestres, dada su base genética en muchos
aspectos común, eran compatibles de cara a engendrar descendencia, y sabían que
esto llevaría a la degeneración de su raza y a la pérdida de su identidad
original.
Entre dioses y humanos existían muchas similitudes, pero una
más que evidente diferencia de clase o condición social. No en vano unos habían
sido creados como siervos de los otros, y la posibilidad de que esa línea
diferenciadora se fuese difuminando debido a las uniones entre dioses y hembras
humanas, con los subsiguientes nacimientos de semidioses, no recibía la
aprobación de Enlil, el mando supremo de la misión alienígena en el planeta
Tierra.
Algunos de estos ángeles, los grigori (en sumerio igigi), a
los que se les había encomendado la labor de construir el Jardín del Edén,
cavando zanjas y drenando canales, no solo se enamoraron de las bellas
terrestres, sino que como consecuencia de ello comenzaron a revelar a la
especie humana algunos de los secretos de la avanzada tecnología
extraterrestre, como son la astrología, el arte de fabricación de armas,
hechizos, encantamientos y botánica, entre otros. Son los mismos igigi que ya
se habían amotinado por las duras condiciones de trabajo que soportaban, lo que
motivó la creación del hombre.
Y´Asa enseñó a los hombres a fabricar espadas de hierro y
corazas de cobre, y les mostró como se extrae y se trabaja el oro hasta dejarlo
listo, y en lo que respecta a la plata a repujarla para brazaletes y otros
adornos. A las mujeres les enseñó sobre el antimonio, el maquillaje de los
ojos, las piedras preciosas y las tinturas. Y entonces creció mucho la impiedad
y ellos tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las
formas. Shemihaza enseñó encantamientos y a cortar raíces;Hermoni a romper
hechizos, brujería, magia y habilidades afines: Baraq´el los signos de los
rayos; Kokab´el los presagios de las estrellas; Zeq´el los de los
relámpagos;´el enseño los significados; Ar´tagof enseñó las señales de la
tierra; Shamsi´el los presagios del sol; y Saharan´el los de la luna, y todos
comenzaron a revelar secretos a sus esposas.
Libro de Enoch, Capítulo 8,1-3
En todo este proceso, como es fácil imaginar, los varones de
la especie humana llevaban la peor parte ya que debían soportar estoicamente el
ser desposeídos de sus mujeres o tomar la difícil decisión de defender sus
posesiones, lo cual en muchos casos llevó a su muerte.
Como parte de los hombres estaban siendo aniquilados, su
grito subía hasta el cielo. Libro de Enoch, Capítulo 8, 4
Viendo todos estos desmanes, Enlil, un enamorado de la
disciplina, decidió que aquellos que habían incumplido las normas de no
mezclarse con los humanos, serían castigados a no volver al planeta de origen,
permaneciendo para siempre en la Tierra.
Vigilantes, yo escribí vuestra petición y en una visión se
me reveló que no será concedida nunca y que habrá juicio por decisión y decreto
contra vosotros, que a partir de ahora no volveréis al cielo y por todas las
épocas no subiréis, porque ha sido decretada la sentencia para encadenaros en
las prisiones de la Tierra por toda la eternidad.
Libro de Enoch, Capítulo 14, 3-5
Esto fue solo el comienzo de los quebraderos de cabeza para
Enlil. Los anunnaki no habían pensado en la rápida reproducción del ser humano
que comenzó a superpoblar la Tierra, con lo que los extraterrestres, pese a sus
avanzados conocimientos tecnológicos, veían de alguna manera amenazada su
supremacía ya que los humanos empezaban a dar muestras de abandono de su
original respeto y veneración hacia ellos. Debido a esto, con un giro
inesperado, el soberano en asamblea decidió reducir la población humana mediante
el uso de armas biotecnológicas, por primera vez en la historia de la
humanidad.
No habían pasado mil doscientos años, y el territorio se
había ampliado, y la población multiplicado. El país, como un toro, alzaba
tanto la voz, que el ruido molestó al dios soberano. Cuando Enlil escuchó su
rumor, se dirigió a los grandes dioses: El rumor de los humanos ha llegado a
ser demasiado fuerte. ¡No consigo dormir a causa de dicho alboroto! ¡Ordenad,
por tanto que sufran la epidemia!
Epopeya de Atrahasis
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 185
Y Ziusudra escuchó muy cerca de él,
mientras él estaba contra la pared, a su izquierda;
«¡Pared, yo te voy a hablar! ¡Escucha mis palabras!
¡Presta atención a mis instrucciones!
El Diluvio va a aniquilar las aglomeraciones,
y a inundar su capital,
para destruir la raza humana;
Así se ha decidido,
¡Decisión irrevocable y ratificada por la Asamblea!
Anu y Enlil han dado la siguiente orden inalterable:
El reino de los hombres será destruido.»
Génesis de Eridu, relato sumerio del diluvio
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 199
La sismología es una rama de la geofísica que estudia a los
terremotos y la propagación de las ondas mecánicas (sísmicas) que se generan en
el interior y en la superficie de la Tierra, así como en otros cuerpos
planetarios. Se trata del único método confiable para conocer lo que sucede
debajo de nuestros pies. No obstante, hay que volver a tener en cuenta lo
expuesto, en los párrafos anteriores, debido a que la velocidad a la que las
ondas sísmicas viajan bajo la superficie, se deduce de la adecuada comprensión
de la estructura de la Tierra, algo que como hemos visto está basado en la
fórmula de la gravedad newtoniana.
Así que querido lector, te estarás dando cuenta que se trata
de una suposición sobre otra suposición. Demasiadas suposiciones…El hecho,
innegable, es que en la actualidad no existe manera de estar seguros de que las
ondas sísmicas alcanzan ciertas profundidades de la Tierra o que viajan a
dichas velocidades. En el mismo orden de cosas, tampoco se puede estar seguro
de que los cambios de velocidad en las ondas sísmicas sean producidos como
consecuencia de los cambios en la constitución interna de la Tierra, como
afirman los científicos.
La actual visión del interior de la Tierra podría estar
deformada y no ser correcta, como demuestra el hecho de que muchos de los
cambios estructurales que los científicos habían predicho, en profundidades de
apenas unos pocos kilómetros, han resultado erróneos. Si tales errores ya han
sucedido, en base a los conocimientos actuales, ¿podemos confiar en
predicciones, realizadas sobre los mismos principios, que ya han demostrado su
ineficiencia, especialmente cuando se trata de estructuras de rocas situadas a
cientos y miles de kilómetros de profundidad? El hecho es que la profundidad
máxima que el hombre ha alcanzado está en torno a los 50 kilómetros…Todo lo
demás son suposiciones
La geología es la ciencia que tiene por objeto el estudio de
la composición y estructura interna de la Tierra o de otros cuerpos
planetarios, las rocas que la forman y los procesos por los cuales ha ido
evolucionando. Juega un roll fundamental en la ingeniería geotécnica y es una
destacada disciplina académica. Ahora bien, ¿qué es lo que, en realidad,
conocemos sobre el interior de la Tierra de una manera fidedigna? Es un error
popular común el creer que la lava que expulsan las erupciones volcánicas
provienen de un gran depósito de materiales fundidos que conforma la mayor
parte del interior del planeta. Por el contrario, los científicos han podido constatar
que la lava procede de una zona de la corteza terrestre situada a
aproximadamente unos 35 kilómetros de profundidad. La existencia de lava no
afecta a la transmisión de las ondas sísmicas, lo que indica que la corteza
terrestre es esencialmente sólida.
Entonces, ¿de dónde procede el calor necesario para fundir a
las rocas? A este respecto, existen dos teorías defendidas por los científicos.
Algunos geólogos defienden el que la fundición de los materiales se puede
explicar gracias a la existencia de altas concentraciones de elementos
radioactivos en una zona concreta, lo que produciría una temperatura lo
suficientemente elevada como para fundir las rocas. Esta teoría tiene a favor
el hecho de que mucha de la lava es ligeramente radioactiva. La otra teoría
dice que el movimiento de las fallas terrestres genera calor, vía fricción.
Existen argumentos y hechos para respaldar a ambas tesis. La lava no puede
proceder del centro de la Tierra porque en su largo camino hacia la superficie
se iría enfriando y solidificando, así que la lava es un fenómeno que se
produce en zonas próximas a la superficie y, por lo tanto, no tiene valor para
reflejar cómo es el interior de la Tierra, en profundidades mayores a 100 o 250
kilómetros.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 225
Científicos defensores del paradigma actualmente dominante,
toman como evidencias de que la Tierra no es hueca los resultados de las
perforaciones que se han realizado. Estas muestras de perforaciones realizadas,
que no alcanzan más del 1 % de profundidad del diámetro del planeta, demuestran
que la Tierra es sólida a una cierta profundidad y en determinados lugares,
pero no excluye ni otras zonas, ni profundidades mayores. De igual manera, se
constata que aumenta la temperatura según la perforación va profundizando. De
ahí se infiere que la Tierra debe ser solida hasta el núcleo y que las
temperaturas deben ir aumentando paulatinamente hasta llegar a determinados
niveles en el interior. Esto es pura presunción, basada en medidas realizadas
sobre una base de datos insuficiente. Sería algo así como el afirmar que el
cuerpo humano no posee un sistema circulatorio por el que fluye la sangre,
basándose en que se han realizado incisiones de un milímetro en la piel de
varios individuos, y no aparece rastro alguno del preciado líquido vital. De
igual forma, las perforaciones que se han realizado
son tremendamente superficiales y escasas en número si se
comparan con la magnitud del planeta. Ahora bien, ¿puede la ciencia oficial
responder a las siguientes preguntas con rigor científico?
¿Por qué los icebergs están formados por agua dulce? ¿Por
qué se han encontrado en ellos piedras, arena, semillas tropicales, plantas y
árboles?
¿Cuál es la razón por la que miles de especies de pájaros
tropicales se dirigen en invierno hacia el norte?
¿Cómo se explica el haber encontrado más allá de las
barreras de los hielos árticos, mariposas y abejas? ¿Cómo habrían podido
resistir el frío si procedieran del sur?
¿Cómo se ha formado la gran barrera de hielo de la
Antártida, de más de 650 kilómetros de largo y 80 kilómetros de ancho, con una
altura de 20 a 70 metros sobre el agua? ¿Alguien se atreve a sugerir que
semejante masa es producto de la lluvia y de la nieve?
¿Por qué, según todos los exploradores del Ártico, después
de atravesar los 70º de latitud, el viento procedente del norte y las aguas, se
van haciendo más cálidas a medida que se van acercando al Polo Norte?
La respuesta a estas interrogantes, y también al misterio
que nos ocupa, es que el hombre es tan diminuto, en relación con las
dimensiones de la esfera en la que habita, que por un efecto óptico es incapaz
de percibir la curva en la que se halla inmerso. Algo similar es lo que puede
estar sucediendo con esas expediciones en las que los exploradores polares
nunca alcanzan el Polo Norte, y deambulan perdidos por tierras desconocidas.
Navegan hasta el borde externo de la abertura polar, pero esa abertura es de
tales dimensiones que, la curva descendente hacia el interior, no se hace perceptible
para ellos. Su diámetro es tan amplio que no les resulta visible.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 231
Marshall B. Gardner, norteamericano, pasó más de veinte años
estudiando los informes de los exploradores árticos, así como diferentes
aspectos astronómicos, antes de publicar su libro Un viaje al interior de la
Tierra. Observó muchos fenómenos extraños e ideó nuevas teorías para
explicarlos. Gardner sostiene la existencia de un Sol central en el interior de
la Tierra, lo que explicaría el origen de las elevadas temperaturas en la zona,
así como el fenómeno de las auroras boreales. También afirma que no solo la
Tierra, sino todos los planetas del sistema solar, poseen interiores huecos y
soles centrales. Argumenta que la formación original de los planetas se debió a
una nebulosa que giraba y que, como resultado de la fuerza centrífuga de su
rotación, los elementos que lo constituían fueron arrojados hacia fuera,
formándose de esta manera una corteza sólida en la superficie externa de cada
planeta, dejando el interior vacío. Siguiendo con la misma argumentación,
debido a la fuerza de rotación y al movimiento por el espacio, se produjeron
las aberturas en las extremidades polares.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 238
Al volver la vista hacia las lejanías del pasado, se siente
vértigo al observar que lo que está haciendo la ciencia es redescubrir algo que
ya se conocía en la remota Antigüedad, renombrar con otras palabras y con otro
lenguaje algo que ya se definía con la sencillez propia de la sabiduría. Se
trata de uno de los siete principios herméticos que se dan a conocer en el
Kybalión, uno de los mejores escritos sobre filosofía hermética. Obsérvese la
similitud entre el enunciado realizado por Nottale y el aforismo milenario, el
llamado Principio de Correspondencia.
Las leyes de la naturaleza deben ser validas en todo sistema
de coordenadas, cualquiera que sea su estado de movimiento y escala.
Principio de Relatividad de Escala
Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba
Principio de Correspondencia
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 240
El 3 de diciembre de 2014, la revista científica Nature
publicó un artículo sobre el estudio realizado por el geoquímico Graham
Pearson, en la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canada. En este trabajo de
investigación, Pearson utilizó datos obtenidos del USArray, parte de un
programa de 15 años para crear una amplia red de sismógrafos portátiles en el
territorio norteamericano, con el fin de estudiar el manto y el núcleo
terrestre. El descubrimiento vino de la mano de un diminuto diamante encontrado
en Brasil, con un peso menor de la décima parte de un gramo, y que procedía de
una gran profundidad. La mayoría de los diamantes se forman en profundidades
entre 150 kilómetros y 200 kilómetros, pero estos diamantes ultraprofundos
proceden de una región del manto conocida como «zona de transición» (entre 410
kilómetros y 660 kilómetros de profundidad). Las impurezas encontradas en estos
diamantes se utilizan para el estudio de las zonas del interior de la Tierra de
donde proceden. Pearson afirmó: «Este tipo de diamantes son una ventana abierta
al interior de la Tierra».
El apenas visible diamante que sobrevivió a tan largo viaje
posee incrustado una pequeña porción de un nesosilicato llamado ringwoodita, un
mineral muy abundante en la parte superior del manto terrestre. Este cristal
microscópico, un mineral nunca antes encontrado en rocas terrestres, sugiere la
presencia de vastas cantidades de agua en las profundidades del manto
terrestre.
El equipo de científicos liderado por Pearson utilizó
técnicas de espectroscopía infraroja (IR), gracias a lo cual encontró que el 1%
del peso de la pequeña mota de ringwoodita era agua. Según Pearson declaró,
«esta cantidad puede parecer pequeña, pero si se piensa en la enorme cantidad
de ringwoodita que hay en la llamada zona de transición, uno se da cuenta que
allí abajo puede haber tanta agua como la que hay en todos los océanos juntos.»
Sorprendentes palabras de un científico que aporta
evidencias de la existencia de una vasta zona húmeda situada en la profundidad
de la zona de transición del planeta y que podría contener tanta agua como la
existente en todos los océanos juntos… Los científicos están aprendiendo, cada
día, más acerca del interior de la Tierra. Y además, este sorprendente
descubrimiento sugiere, como algo muy real, la posibilidad de que el agua de la
superficie del planeta pueda estar interconectada con el agua del interior y
que, incluso, el agua del interior pueda ser su fuente de procedencia. Esto
último está en completa oposición con el paradigma científico dominante, el
cual establece que el agua de la Tierra procede del espacio, de cometas o
asteroides. Una vez más, los modernos descubrimientos científicos parecen estar
dando la razón a antiquísimos conceptos que se habían desechado, hace ya
tiempo, por ser considerados bárbaros.
Si echamos un vistazo a un mapamundi nos daremos cuenta que,
desde el punto de vista de un observador situado en la desembocadura del Tigris
y el Éufrates, el Apsu, los manantiales situados «al fondo del mar», más allá
del océano Índico, son el océano Antártico y su continente helado. También, he
presentado evidencias argumentales de que la única forma en que la vida pudo
ser barrida de la Tierra, en tan corto espacio de tiempo, por acción de las
aguas, fue mediante un tsunami de proporciones descomunales y no debido a unas
precipitaciones atmosféricas excesivas, las cuales también existieron como
consecuencia del desequilibrio ecológico creado por la crecida de las aguas. El
tsunami fue producido por aguas procedentes del interior de la Tierra, al
irrumpir de manera violenta al exterior del planeta a través de la apertura
polar antártica. El tsunami venía del sur y provocó una gigantesca marea que se
desplazó hacia el norte, barriendo a su paso las costas que encontraba, hasta
alcanzar el área mesopotámica.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 248
Otra fuente mesopotámica que arroja luz sobre este asunto es
La Epopeya de Erra. Data del primer tercio del siglo I a. de C. y es un poema
babilónico inspirado en fuentes más antiguas. El protagonista, Erra, es el dios
de la peste y de los infiernos, del inframundo, es decir del mundo subterráneo…
del mundo que existe por debajo de la superficie del planeta. Erra se sentía
inquieto en su morada, el mundo subterráneo, y deseaba hacer la guerra, sin
embargo, estaba fatigado y no se ponía en acción. Finalmente, se decidió a
hacer la guerra debido a la presión ejercida por sus ejércitos y armas, en
especial por su Estado Mayor, los Sebitti, los terribles 7 guerreros que
marchaban a su lado. Erra insta a su visir Ishum, quien no está convencido, a
entrar en acción para enfrentarse a Marduk. Por tal motivo visita el templo de
su rival y le increpa diciéndole que su aspecto no es propio del soberano de
los dioses, por lo que este, convencido, viaja al mundo subterráneo de las
aguas dulces para que los artesanos que allí habitan le ayuden a cambiar su
aspecto. En ausencia de Marduk, Erra planea devastar Babilonia a pesar de que
Ishum intenta hacerle cambiar de idea. Finalmente, Erra, a su tercer intento,
asola Babilonia y causa la muerte y la desolación, sin miramientos. Hay que
remarcar que, en este poema, Erra encarna, entre otros, el significado de las
aguas no saladas subterráneas del planeta.
Oh, guerrero Erra, has puesto al justo ante la muerte, has
puesto al injusto ante la muerte, has puesto ante la muerte al hombre que te
había ofendido, has puesto ante la muerte al hombre que no te había ofendido…
Ishum le dice a Erra que todo el mundo está sobrecogido por
su aplastante victoria. Erra (las aguas subterráneas) victorioso y desafiante
hostiga a los otros dioses para terminar regresando a su templo, en el mundo
subterráneo. De esta manera, en clave hermética, el poema explica como las
aguas provenientes del interior de la Tierra causaron la muerte indiscriminada
de los hombres, para finalmente volver a regresar al mundo subterráneo, a su
templo...
Ishum lo tranquiliza: ¡Guerrero, cálmate y escucha mis
palabras! ¿Qué tal si fueras ahora a descansar y nos ocupáramos de ti? ¡Todos
sabemos que no hay quien pueda hacerte frente en un día de ira! Apaciguado,
Erra se retira a su templo en Khuta.
La narración mesopotámica señala que la crecida de las aguas
que produjo esa gran ola proveniente del sur, vino dada como consecuencia de la
salida a la superficie de las aguas dulces subterráneas. Salida de las aguas
que se produjo por una abertura en la zona antártica y que de alguna manera
sigue abierta, hoy en día, como demuestra el hecho de que los icebergs estén
formados por agua dulce. El poema añade la queja de Marduk y explica con
contundencia lo sucedido.
El Erakallum se estremeció (tembló) y su cubierta fue
mermada, y ya no se podían adoptar medidas.
Erakallum es un término que suele ser traducido como «el
mundo de abajo», aunque hoy en día los académicos lo dejan sin traducir. En el
presente trabajo sugiero que su significado alude al mundo subterráneo de
manera directa.
Con este lenguaje tan periodístico, se narra un aspecto
concreto del tercer intento de Enki para acabar con la raza de humanos que
había sido creada por los astronautas anunnaki, procedentes del espacio
exterior hace 450.000 años. Los humanos habían empezado a molestar a Enki con
su comportamiento irreverente y con su crecimiento reproductivo exponencial.
Después de dos intentos fallidos, Enki urdió un plan por el que colocaba cargas
explosivas de gran magnitud en las compuertas que contenían las aguas dulces
del interior de la Tierra. Estas compuertas estaban situadas en el área
antártica. Cuando se produjeron las explosiones y la cubierta fue rota, las
aguas dulces del interior del planeta brotaron a raudales, ocasionando una
subida del nivel de las aguas de la superficie, así como un tsunami de
proporciones gigantescas que desde el sur avanzó, de manera inexorable, hacia
el norte, hasta llegar al golfo Pérsico. Los resultados son sobradamente
conocidos.
La lectura detallada de fuentes bíblicas y mesopotámicas
coinciden en la posterior sucesión de los hechos. Después de que la gigantesca
ola cesó, el nivel de las aguas comenzó a descender progresivamente. También
coinciden en el episodio de enviar palomas para explorar el terreno en busca de
tierra firme, la llegada al monte Ararat, la construcción de un altar y el
ofrecimiento de un sacrificio a la divinidad, seguido por la bendición de Yahvé
o Enlil a Noé/Ziusudra.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 251
Abraham Ortelius, quien junto a Mercator fue el padre de la
cartografía flamenca, realizó el primer atlas moderno. Entre las genialidades
del cartógrafo flamenco está, ya en 1596, la de ser el primero en sugerir la
deriva de las masas continentales y el que los continentes actuales estuvieran
unidos primigeniamente, teoría que más tarde sería desarrollada por Alfred
Wegener en el siglo XX. Ahora bien, el dato que más llama la atención es que
Ortelius, en uno de sus mapas, ilustró la esquina superior derecha con un
misterioso continente que ocupaba toda la región polar, al que denominó Hyper
Boreas. Hay que subrayar que en Groenlandia, una de las islas más grandes del
mundo, situada entre el océano Atlántico y el océano Glacial Ártico, más del
80% de su superficie esté cubierta por los hielos y sin embargo su nombre en
danés signifique «tierra verde.»
Los griegos hablaban de los hiperbóreos como los habitantes
de un pueblo fabuloso, patria de Apolo, situado en los confines del océano, más
allá de la región del viento del Norte, Bóreas. Hiperbórea era una región
ubicada en las tierras septentrionales desconocidas. Su nombre, en griego Υπερ
βορεία, Hyper Boreas significa «más allá del Norte». Era una tierra donde el
Sol salía y se ponía una vez al año y brillaba las veinticuatro horas del día.
Sus habitantes podían vivir hasta mil años, libres de la vejez y de la
enfermedad. Era prácticamente imposible llegar hasta allí ya que este paraíso
estaba protegido por enormes muros de hielo y por poderosos semidioses.
Heracles en su tercer trabajo fue a perseguir a la cierva de Ceriña hasta el
país de los hiperbóreos. Existen multitud de referencias escritas al respecto.
En la mitología griega, Tule era una isla en donde se situaba la capital de
Hiperbórea y tanto Ptolomeo en su Geografía como Marciano de Heraclea en su
Periplus maris externi sitúan al continente hiperbóreo en el mar del Norte, al
que denominaron océano Hiperbóreo. El poeta griego Píndaro en su Pitica también
habló de los hiperbóreos.
Nadie podrá encontrar ni por mar ni por tierra, el camino
maravilloso que conduce a las fiestas de los hiperbóreos.
Pitica X, 29-30
¿Qué quería decir el poeta al referirse a un camino difícil
de encontrar? Los Campos Elíseos, las Islas Bienaventuradas, el Jardín de las
Hespérides o Atlántides y la Atlántida de Platón se encuentraban en algún lugar
del océano Atlántico, al oeste de las columnas de Hércules. La mítica
Hiperbórea también se ubicaba más allá de las columnas de Hércules, en el
océano Atlántico y además sabemos que tanto la mitología griega como los mapas
de Abraham Ortelius la situaban en la región del Polo Norte… Es muy
significativo que las antiguas tradiciones hablen de un lugar en donde el Sol
brilla durante las veinticuatro horas del día, lo que sugiere su posible
localización en la zona del círculo polar ártico, si recuerdas todo lo que se
ha dicho acerca del movimiento aparente del Sol en dichas latitudes.
¿Recogió Platón todas estas tradiciones ancestrales y las
incorporó a sus escritos con un nuevo y único nombre? Todo apunta a que así
sucedió. La Atlántida pertenecía a una cadena de islas de igual forma que las
islas Bienaventuradas de Píndaro. Tanto los Campos Elíseos, como el Jardín de
las Hespérides se encontraban en el inframundo, lugar en donde Odiseo atraca en
su barco después de haber entrado en una zona en donde el Sol se mueve de
manera extraña, similar a como lo hace en las zonas polares del planeta.
¿Estaba la Atlántida situada en el inframundo? ¿Era la Atlántida el continente
perdido ubicado en el interior de la Tierra? ¿Era la Atlántida el continente
Hiperbóreo? ¿La isla de Tule y la Atlántida son sinónimos de una misma cosa?
A la Atlántida se llegaba haciendo un largo viaje que
comenzaba cruzando las columnas de Hércules, en el estrecho de Gibraltar, para
luego dirigirse navegando por el océano Atlántico en dirección hacia el círculo
polar ártico, zona en donde a través de una ruta conocida por unos pocos
iniciados se entraba en el interior de la Tierra. Platón recopiló las
tradiciones anteriores y las reunió en la Atlántida, palabra cuyo significado
es «la hija de Atlas», de donde proviene su nombre (de la misma manera que las
Hespérides o Atlántides eran hijas de Atlas).
Existen otros aspectos en la historia de Platón que levantan
interrogantes: 1º) el oricalco, 2º) las dimensiones de la Atlántida, 3º) la
referencia a un mar de cieno y lodo.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 274
hundido. Ken Feder, un conocido escéptico y profesor de
arqueología en la Central Connecticut State University, USA., afirma: «La
geología lo deja claro; no puede haberse hundido una gran superficie de tierra
en la zona en donde Platón sitúa a la Atlántida.»
Hasta este momento ninguna teoría ha sido capaz de explicar
sus enormes dimensiones. ¿Es posible que la Atlántida fuese tan grande como
Platón asevera y al mismo tiempo no ser encontrada? Solo hay una posible
interpretación que explique la tan notable dimensión de la Atlántida y la
ausencia total de hallazgos. La Atlántida estaba ubicada en el mundo
subterráneo. Solamente si se ubica en el interior del planeta, tienen sentido
las enormes dimensiones de la isla, ya que su única limitación serían las
propias dimensiones del mundo subterráneo, las medidas del interior de la
Tierra. Una Atlántida situada en el interior de la Tierra también cumpliría con
la condición de ser un continente ubicado geográficamente bajo las aguas del océano
Atlántico. Entonces y solo entonces, las palabras de Platón tendrían sentido.
La Atlántida sería, al mismo tiempo, un continente perdido y hundido (situado
debajo el océano Atlántico, aunque al otro lado de la corteza terrestre).
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 180
Sé que esta tesis por la que ubico al continente perdido de
la Atlántida en algún lugar del interior de la Tierra producirá no pocas
sonrisas, tanto por tratarse de un tema de por si controvertido y fantasioso
como es la Atlántida, como por el lugar elegido para su situación. Lo cierto es
que existen argumentos de peso que permiten apuntar en dicha dirección.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 286
La clave para el avance de la ciencia está en la capacidad
del investigador para trascender creencias dogmáticas ancladas en la sociedad a
lo largo de generaciones. La creencia en la imposibilidad de volar impidió la
creación de los aviones, al igual que la creencia en que ciertas enfermedades
eran incurables impidió que se buscara su cura. Se ha aceptado, durante siglos,
que los límites de la vida humana son algo que depende exclusivamente de una
ley superior a la que el hombre no puede modificar y ni siquiera pensar en
inmiscuirse en ella, ya que es prerrogativa divina. Pero en las últimas
décadas, científicos de mente abierta que nunca se han creído estos dogmas de
fe, están encabezando la que será la mayor revolución del ser humano desde sus
orígenes.
Que nadie piense que estoy hablando de inmortalidad… al
menos de momento. Una cosa es extender los límites actuales de la vida,
retrasar o evitar los signos de envejecimiento y otra, muy distinta, el llegar
a evitar la muerte física. El hombre, en las próximas décadas, conseguirá un
mayor control de su vida y de su biología, pero seguirá siendo mortal. No
importa los cambios genéticos que se hagan, lo saludables que podamos estar o
lo jóvenes que parezcamos, aun así, seguiremos siendo mortales. Pero, aunque
seamos mortales, sí que podremos escapar al envejecimiento como se entiende hoy
en día.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 299
Y fue entonces cuando «Elhoim pronunció las siguientes
palabras» estableciendo los diez mandamientos que constituyen la esencia de la
fe hebrea, la alianza entre Yahvé y el pueblo israelita. Sobre las tablas,
estaban escritos los diez mandamientos conjuntamente con otras ordenanzas para
la guía diaria de la conducta de las gentes, reglas de adoración a Yahvé, así
como estrictas prohibiciones para adorar a otros dioses.
I. Yo, Yahvé, soy tu Dios, quien te ha traido desde Egipto y
liberado de la esclavitud.
II. No tendrás otros dioses por delante de mí. No harás
escultura o imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que
hay abajo en la tierra y en las aguas. No las rendirás culto ni te postrarás
ante ellas, porque yo soy Yahvé, tu Dios, un dios celoso que castiga a los
hijos por los pecados de los padres que me odian, hasta la tercera o cuarta
generación. Pero soy un dios que otorgará amor durante miles de generaciones
para aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.
III. No pronunciarás el nombre de Yahvé, tu Dios, en vano
porque el Señor no dejará sin castigo a todo aquel que utilice su nombre de
manera indebida.
IV. Recuerda el día del Sabbat (sabado) para santificarlo.
Durante seis días trabajarás y realizarás todas tus labores, pero el séptimo
día es un Sabbat para Yahvé, tu Dios. En este día no realizarás trabajo alguno,
ni tú, ni tu hijo o tu hija, ni tus siervos y siervas, ni tus animales, ni tan
siquiera los forasteros que habiten en tu ciudad. Porque durante seis días,
Yahvé hizo los cielos, las tierras y los mares, pero descansó en el séptimo
día. Por tal motivo, Yahvé bendijo el sábado y lo hizo sagrado.
V. Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen los
días de tu vida en esta tierra que Yahvé, tu Dios, te va a dar.
VI. No matarás.
VII. No cometerás adulterio.
VIII. No robarás.
IX. No rendirás falso testimonio contra tu vecino.
X. No codiciarás la casa de tu vecino. No codiciarás a la
mujer de tu vecino, ni a sus siervos o siervas, ni a su buey o burro, ni nada
que pertenezca a tu vecino.
Muchos autores, entre los que se encuentra Zecharia Sitchin,
han defendido en sus escritos que nunca antes de estos diez mandamientos había
sido establecido de manera tan clara y con tanta originalidad un código ético
de tales características, aduciendo que el código de Hammurabi en el siglo
XVIII a. C. era un código de justicia, pero no una completa guía espiritual.
¿Es esto cierto?
La colección Schoyen es, a fecha de hoy, la colección de
manuscritos privada más extensa del mundo, cuya mayor parte está localizada en
las ciudades de Oslo y Londres. Martin Schoyen, durante el siglo XX, fue su
excepcional artífice, y en ella se incluyen más de 13.000 objetos manuscritos
de 134 países o territorios, en los que están representados 120 lenguas
diferentes que abarcan 5000 años de historia de la humanidad, lo que hace a
esta colección única.
Los diez mandamientos de la Iglesia, según la versión
revelada, fueron otorgados por Dios a Moisés, en el monte Sinaí, a través del
pacto entre el pueblo de Israel y la divinidad, conocido como la Antigua
Alianza. Israel se comprometió a cumplir los mandamientos y Dios, a cambio, los
ayudaría en todo, siempre y cuando no dejaran de cumplirlos. Se cuenta que fue
Dios mismo quien los escribió en dos tablas de piedra. Pero, así como la
narración del Diluvio Universal bíblico, se ha demostrado, está basada en
antiquísimos textos sumerios anteriores, los diez mandamientos cristianos
tampoco son originales, ni exclusivos de la religión dominante en Occidente
durante los últimos dos mil años, por mucho que les pese a los defensores de
tan extendida tesis. La prueba se encuentra en la tablilla MS 2788 de la
colección Schoyen, conocida como Las Instrucciones de Shurupak. Es un texto
sumerio de una gran antigüedad según se desprende de las palabras con las que
al inicio se dirige Ubar.Tutu, el rey antediluviano de Shurupak, a su hijo
Ziusudra, el héroe del Diluvio.
En aquellos días, en aquellos tiempos remotos, en aquellas
noches, en aquellas noches lejanas, en aquellos años, en aquellos años
remotos...
Se trata, una vez más, de un texto sumerio que precede
claramente, y con muchísima antelación, a otros escritos hebreos que se han
considerado únicos y originales durante mucho tiempo. El texto de Las
Instrucciones de Shurupak es un libro de proverbios, posee una clara
intencionalidad de inculcar virtudes piadosas en la comunidad y contiene
preceptos, más tarde, incluidos entre los diez mandamientos de Moisés, así como
otros recogidos en el bíblico Libro de los Proverbios.
Así, en donde el texto sumerio dice: «no blasfemarás», las
tablas de la ley hebreas dicen «no tomarás el nombre de Dios en vano»; en donde
dice «no reirás o te sentarás en una habitación a solas con una mujer casada»,
la ley mosaica dice «no cometerás actos impuros»; siendo las partes en donde
dice «no robarás», «no mentirás» y «no matarás» claras en su exacta traducción
posterior en los diez mandamientos.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 328
¿Puede el ser humano nutrirse directamente de la energía
lumínica procedente del Sol? Existe una técnica o ritual que cada vez gana más
adeptos, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y que está siendo
popularizada en la actualidad por Hira Ratan Manek, bajo el nombre de sungazing
(mirando al Sol). Lo único que hay que hacer es contemplar el Sol en las horas
seguras. Esto es lo que significa el sungazing o arte de contemplación del Sol.
Cuando se mira al Sol, algo que solo debe realizase durante
el amanecer o el ocaso para evitar daños, el cuerpo recibe energía del astro.
El ser humano posee receptáculos especiales en los ojos y en otras partes del
organismo que le permiten asimilar la energía del biofotón solar. Mediante el
sungazing hacemos nuestra propia fotosíntesis. Esta práctica de sungazing,
durante la era de Acuario, recibirá el reconocimiento del que carece hoy en
día, a la vez que se conocerán en profundidad las auténticas bases científicas
en las que se basa.
Jesús Cediel
El Código Verne:
El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra,
desvelado, página 354
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