Jesús Cediel El Código Verne: El secreto de los Anunnaki

 Pese a lo que pueda parecer, una nueva verdad científica no suele abrirse paso convenciendo a sus oponentes, sino más bien porque estos van desapareciendo y son sustituidos por una nueva generación de científicos o pensadores que simpatiza desde el principio con la nueva verdad hasta que, finalmente, esta termina imponiéndose como nuevo paradigma científico reinante.
 
Es algo fácil de comprobar si contemplamos la historia de la ciencia desde un punto de vista retrospectivo. Siempre ha sido así y siempre se ha repetido el mismo proceso de manera cíclica. En un primer momento, existe un paradigma científico o teoría dominante que es aceptado por la inmensa mayoría de los científicos o pensadores. Posteriormente, aparecen algunos investigadores o pensadores que contradicen la versión oficial, ampliamente aceptada y extendida, lo cual ocasiona una fuerza reaccionaria por parte de la comunidad en contra de los recién llegados, generándoles no pocos sinsabores a estos últimos. Con el paso del tiempo, lo que en un principio eran unos pocos defensores de la nueva teoría, van a ir aumentando en número, hasta que en un determinado momento lograrán alcanzar la masa crítica suficiente como para desbancar a la que era la teoría dominante. Pese a lo que pueda parecer, una nueva verdad científica no suele abrirse paso convenciendo a sus oponentes, sino más bien porque estos van desapareciendo y son sustituidos por una nueva generación de científicos o pensadores que simpatiza desde el principio con la nueva verdad hasta que, finalmente, esta termina imponiéndose como nuevo paradigma científico reinante. La historia luego dirá que los pioneros fueron adelantados de su tiempo, pero como se puede observar, al final, todo se reduce a una mera cuestión numérica, a la cantidad de personas que son partidarias o no de una teoría, como si la búsqueda del conocimiento y de la verdad se pudiese reducir a un mero procedimiento de votaciones y de mayorías numéricas. En el fondo, no parece que la mayoría de los científicos actúen de manera muy científica, sino más bien sujetos a continuas luchas generacionales de poder e influencia.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 25
 
 
La visión oficial de la historia, asumida en los círculos academicistas, está basada en la creencia de que la civilización, de la mano del ser humano, ha ido consiguiendo mayores niveles de organización, armonía y conocimiento a través de su evolución en el tiempo. Según este supuesto, cuanto más retrocediéramos en el tiempo histórico mayor sería la desorganización y menor el conocimiento que encontrásemos. No obstante, lo que he encontrado en mis investigaciones es justamente lo contrario: cuanto más me sumergía en la remota Antigüedad, mayor era la armonía y el conocimiento, lo que parecía ir contra toda lógica y desafiaba los paradigmas establecidos de la historia.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 27
 
 
Ten en cuenta que en los orígenes de toda leyenda, tradición o mito existe un hecho cierto y real, un substrato que posteriormente la imaginación popular ha ido deformando, adornando y sublimando en un lento proceso de transmisión a través de sucesivas generaciones. Despreciar las antiguas tradiciones y el folklore popular es la manera más sencilla de alejarnos de un conocimiento que solo está reservado para aquellos que muestran el suficiente respeto hacia ellas y que poseen el valor necesario para emprender su estudio sin prejuicios ni complejos.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 30
 
 
Entre los objetos encontrados por Sarzec, había dos estatuas en diorita del rey Gudea, sosteniendo una tableta sobre las rodillas en las que se reproduce el plano de un templo, a la vez que en el costado hay una regla cuidadosamente graduada que reproduce «medio Kush» con un valor de 24,97 cm. Existe un consenso general para decir que el Kush o «codo de cebada» era la principal unidad de medida lineal de los sumerios. Aunque no existen suficientes restos disponibles para su estudio, sí que podemos tener la certeza de que el «doble Kush» se aproxima de manera muy notable al metro moderno. De los datos encontrados se concluye que el Kush tenía un valor de 49,94 cm, y el muy utilizado doble Kush tendría, según el profesor Livio Stecchini, un valor de 99,88 cm, lo que apoya la tesis de que los sumerios hace seis mil años ya conocían el metro como unidad de medida. ¿Esto es algo puramente casual? ¿O por el contrario existe una explicación?
 
El Kush o «codo de cebada» estaba compuesto por 180 se o «granos de cebada», o 30 shu-si o «manos» de 6 se cada una. Los investigadores Christopher Knight y Alan Butler decidieron comprobar si lo que decían los sumerios tenía algo de verdad o por el contrario carecía de fundamento y no era más que mera fantasía. Según cuentan en su libro La primera Civilización, dado que el grano de cebada no parecía haber cambiado desde los tiempos de los sumerios, decidieron realizar un experimento muy sencillo. Colocaron una cantidad de granos de cebada en hilera, uno junto al otro, sobre una cinta adhesiva transparente graduada, para ver cuánto median y observaron que si colocaban los granos tocándose punta con punta cabían muchos menos de los 180 granos que forman el codo de cebada, pero si los disponían uno al lado del otro, saltaba la sorpresa, ya que por promedio cabían unos 180 granos en una unidad de medida de un Kush. Parecía que había que tomarse en serio lo que los sumerios decían.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 36
 
 
Es razonable pensar que los sumerios conocían la masa de la Tierra, su velocidad orbital alrededor del Sol e inclusive la velocidad de la luz, lo que les llevó a diseñar unas unidades de medida que relacionaban dichas variables entre sí.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 40
 
 
Para los sumerios, la matemática y los complicados cálculos astronómicos eran la base sobre la que se fundamentaba otra de sus ramas del saber, la astrología, ciencia tan denostada hoy en día debido a que se ha perdido el conocimiento esencial. Encontramos una tablilla redactada por un astrólogo, fechada en el año 2.300 a. de C., que versa sobre un presagio sobre el fundador de la dinastía de Acad, basándose en la posición del planeta Venus y en un eclipse de Luna.
 
El rey de Acad muere y sus súbditos están a salvo. El poder del rey de Acad se debilitará, sus súbditos prosperarán.
 
Parece ser que este eclipse coincidió con la muerte de Naram-Sin, nieto del rey Sargón de Acad. Lo importante a reseñar es que, incluso en los más antiguos manuscritos astrológicos que se han descubierto y llegado hasta nosotros, se hace referencia con frecuencia a textos anteriores que se remontan a una antigüedad aún más lejana. Los astrólogos sumerios establecían sus predicciones en base a unas tablillas que ya no existían, lo que quiere decir que el periodo sumerio no debe ser considerado como el de iniciación de la astrología, sino como el de la huella histórica más antigua que poseemos de ella.
 
Los sumerios ya conocían el zodiaco, el cual fue creado dividiendo el círculo de 360 grados que la Tierra forma al realizar su viaje alrededor del Sol durante el periodo de un año, en doce partes iguales de 30 grados, los doce signos zodiacales. Los nombres sumerios originales son análogos a los modernos y no dejan lugar a dudas sobre su origen. Es sorprendente que ya conocieran el gran ciclo precesional de 25.920 años, al que dividían en doce periodos o eras astrológicas de 2.160 años cada una. Posteriormente este saber astronómico se extendió por la India, dando lugar a la división puránica hindú del tiempo en Yugas, Manvantaras y Kalpas.
 
El primer calendario conocido, el de Nippur, combinó la división del año solar (dos solsticios y dos equinoccios) con los movimientos lunares. Este calendario, luego, fue utilizado por los acadios, los babilonios, los asirios y otros pueblos, y conocemos su fecha de inicio, en el año 3.760 a. C., debido a que hoy en día es utilizado por los judíos.
 
Pero la influencia de esta primera civilización va mucho más lejos, ya que el fervoroso creyente que lee el Génesis bíblico, en donde se encuentran los nombres de los primeros hombres desde Adán hasta Noé, no atisba a imaginar que ese sagrado relato es el desdibujado recuerdo de una fuente original anterior, la sumeria, y que a lo que se refiere es a los diez reyes que reinaron desde la llegada de los dioses hasta el Diluvio, periodo que tuvo una duración de 432.000 años, o lo que es lo mismo 120 sares. Al igual que el Noé de la Biblia, el último de estos reyes fue el héroe de la epopeya diluviana; en sumerio recibía el nombre de Ziusudra, los babilonios posteriormente lo llamaron Utnapishtim, Atrahasis los acadios, y Beroso, el sacerdote-astrólogo caldeo, helenizó el término sumerio en Xisuthros. De todo esto se saca una sola e incontestable conclusión y es que el relato del Diluvio bíblico no es ni más ni menos que un mito sumerio incorporado por los hebreos a su libro sagrado.
 
Como se observa, el grado de refinamiento científico y cultural alcanzado por la civilización sumeria es de lo más elevado, lo cual obliga a hacerse algunos interrogantes sobre el origen de dichos avances y conocimientos. No existen registros históricos que muestren una evolución lenta y asentada de dichos saberes, sino por el contrario datos que revelan que aparecieron de una manera rápida e inesperada, de procedencia desconocida, como si de improvisto hubiesen caído del cielo…
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 47
 
 
Si los dogon decían que el conocimiento les había sido transmitido por los nommos, veamos qué es lo que dicen sobre todo esto los propios sumerios en los escritos que han llegado hasta nosotros; y aunque la ciencia oficial interprete estos escritos como mitos y leyendas sin base real, es muy interesante leerlos con una mente abierta y objetiva. Los sumerios son muy claros al respecto, todo el conocimiento y el saber que disfrutaban les fue otorgado por obra y gracia de los dioses, los anunnaki, término que literalmente se traduce por «los seguidores de Anu» o «los que del cielo a la Tierra vinieron». En el libro del Génesis, en la Biblia, se refieren a ellos con diversas denominaciones, como «los anakim», «los elhoim» o «los nefilim».
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 54
 
 
Para los arameos, el término nephila se refería especialmente a la constelación de Orión, por lo que los nefilim del Antiguo Testamento procederían de dicha constelación. Al lado de Orión se encuentra Sirio, en la constelación del Canis Maior (el Gran Perro) y es la estrella más brillante visible desde la Tierra. A Sirio se la conoce desde antiguo por diversos nombres como «la estrella perro» o la intrigante denominación de «la estrella flecha», la que apunta e indica la ruta a seguir.
 
Resumiendo, por un lado tenemos coincidencias fonéticas muy evidentes y únicas en todo el planeta que relacionan a Siria y a los asirios, con la estrella de Sirio. Por otro lado, tenemos un pueblo, el arameo (siriaco), que habitó en la misma zona y cuyos términos idiomáticos relacionan a los nefilim, también, con Orión y Sirio. A todo esto hay que añadir, que los asirios fueron un pueblo coetáneo y heredero del saber sumerio, por lo que se deriva una clara relación entre la estrella Sirio, Orión y la antigua Mesopotamia.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 55
 
 
En pleno desierto de Nubia, los investigadores han encontrado lo que podría ser el complejo megalítico más antiguo que apunta a Orión. Al sur de Egipto, a más de 800 kilómetros de la moderna ciudad del Cairo, en una inhóspita llanura en la región este del desierto del Sáhara, se encuentra un misterioso yacimiento arqueológico denominado Nabta Playa, con una antigüedad mayor en unos mil años a la de Stonehenge. Fue descubierto por un grupo de científicos liderados por el antropólogo Fred Wendorf en 1974, y los investigadores creen que las piedras megalíticas esparcidas por la zona formaron en su día parte de un centro ritual perteneciente a una civilización que se desarrolló entre el 6,400 y 3400 a. de C, inmediatamente anterior a la civilización egipcia, según la cronología oficial. No era un asentamiento sino un centro ceremonial. Una de las piezas centrales es un círculo que se ha denominado «el ministonehenge del desierto». Durante varias décadas esta estructura de piedras y su relación con el cinturón de Orión han desconcertado a los arqueólogos. Los constructores de Nabta Playa tenían un profundo conocimiento de la astrofísica y de las matemáticas, así como avanzados conocimientos sobre las constelaciones. Robert Bauval y el astrofísico Thomas Brophy han estudiado la configuración de este monumento megalítico durante más de diez años. En su libro, Black Genesis, sugieren que se trata de una suerte de observatorio astronómico, un calendario con cuatro pares de piedras a modo de puertas, enfrentadas dos a dos: una pareja orientada en dirección norte-sur y la segunda en dirección nordeste-suroeste, en el que los círculos de piedra forman un mapa estelar a escala. Las seis piedras centrales y sus diferentes inclinaciones también formarían parte del observatorio. Brophy piensa que tres de esas piedras están relacionadas con el cinturón de Orión, y las otras tres con el hombro y la estrella principal de Orión. Afirma que en el año 4,900 a. de C. estas tres piedras centrales se alinearon perfectamente con las tres estrellas más brillantes de la constelación de Orión que forman dicho cinturón. ¿En verdad se alinearon estas rocas con el cinturón de Orión durante el solsticio de verano, en dichas fechas? Y si así fuese, ¿cómo pudieron nuestros ancestros construir un gráfico tan avanzado de dicha constelación? Los habitantes de Nabta Playa desaparecieron misteriosamente alrededor del año 3,400 a. C, y hay quien cree que luego migraron a la zona del valle del Nilo, en donde más tarde surgió la civilización Egipcia en el cuarto milenio a. C. Los conocimientos astronómicos que se utilizaron en Nabta Playa son los mismos que se utilizaron en las pirámides egipcias. ¿Por qué la localización de Orión era tan importante para los egipcios? La historia de Isis y Osiris es una de las leyendas más importantes de toda la mitología egipcia, aunque no existe una reconstrucción exacta. Osiris era un dios soberano que otorgó la civilización a los hombres. Seth, sintiendo envidia, asesinó a su hermano, convenciéndolo de que se introdujera en un sarcófago que a continuación cerró y arrojó al Nilo. Isis, su esposa-hermana, consigue rescatar su cuerpo y copula con él para dar a luz, más tarde, a Horus. Seth, al enterarse de ello, lleno de ira encuentra a Osiris y despedaza su cuerpo en «catorce partes», que serán arrojadas una vez más al río sagrado de los egipcios. Con este acto, Seth quiere impedir el ritual de momificación del cuerpo de su hermano, evitando que el espíritu de Osiris pueda retornar a su cuerpo. Isis recuperará del Nilo trece de los fragmentos del cadáver de su amado dios, más nunca encontrará el trozo catorce, el falo, símbolo de procreación; una alegoría por demás sugestiva a nuestra condición de «hijos de Orión». En los Textos de las Pirámides de Egipto, tallados en las paredes de las pirámides que datan de 2400 a. C., se habla del faraón egipcio Unis, el último de la V dinastía, quien gobernó durante treinta años, para finalmente hacer su viaje final al sistema estelar de Orión. ¿Viajó realmente el faraón Unis al espacio, como afirman los Textos de las Pirámides? Algo que debemos tener en cuenta, es «la teoría de la correlación con Orión» que Robert Bauval y Adrian Gilbert proponen en su libro The Orion Mystery, y que sugiere que las tres pirámides de Gizeh son una réplica «exacta» de las estrellas Alnitak, Alnilam y Mintaka del Cinturón de Orión («Las tres Marías»). Lo cierto es que la vinculación de Sirio y Orión, al menos desde un punto de vista astronómico, es innegable. Los egipcios sabían que Orión se perdía tras el horizonte una hora antes que Sirio (conocido como Sothis por los egipcios), lo que sirvió de referencia también para el establecimiento del calendario sóthico. En este calendario, el año se inicia con la ascensión helicoidal de Sirio. La ascensión helicoidal de una estrella sucede anualmente cuando esta se hace visible por el horizonte oriental, instantes antes de que salga el Sol, después de un periodo de tiempo en el que no ha sido visible. A 56 kilómetros de Mexico DF está situada Teotihuacán (la ciudad de los dioses). La construcción de esta ciudad se atribuye a una raza de gigantes llamados Quinametzin que poblaron el mundo en la era anterior. Cuentan que en 3,114 a. de C, los dioses bajaron desde el cielo para asistir a una convención en Teotihuacán. Al igual que sucede en las pirámides de Guiza, las pìramides que se levantan en Teotihuacán también parecen estar alineadas con el cinturón de Orión. Los mayas llamaban a Orión Ak’ Ek’ o «Estrella Tortuga». Orión está representado en el Códice de Madrid como una tortuga con el glifo tres tun («piedra») en su espalda. Y en el Popol Vuh, el libro de la creación maya, Orión es visto como el primer padre, Hun Hunahpú, «el dios del maíz.» ¿Fue mera coincidencia el que egipcios, aztecas, mayas o griegos adoraran a la misma constelación? ¿Se edificaron estos monumentos para conmemorar algún acontecimiento extraordinario para la humanidad?
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 59
 
 
Todo lo que sabemos de la historia de Babilonia es gracias a la excavación y a que hemos podido descifrar un gran número de textos cuneiformes. Por tal motivo, conocemos que los babilonios tenían un concepto de la vida muy religioso. Y debido a ello, veneraban a los dioses de los planetas de las diferentes constelaciones. Podríamos decir que se trataba de una religión celeste. En 1840, en el norte de Irak en Mosul, un equipo de arqueólogos del Museo Británico descubrió miles de tablillas de arcilla escritas durante el siglo 7 a. de C. Entre las tablillas encontradas había dos misteriosas reliquias que ahora se conocen con el nombre de Catálogos de Estrellas Babilónicos. Las traducciones del antiguo texto indicaban que estas tablillas describían movimientos precisos de varios cuerpos celestes, constelaciones que originaron lo que ahora se conoce como el zodiaco. Los Catálogos de Estrellas Babilónicos son una extensa recopilación de información astronómica, con ecuaciones matemáticas extremadamente precisas. Lo más sorprendente son las distancias entre los planetas, lo que produce desconcierto entre los arqueólogos e investigadores que no son capaces de responder a la pregunta de cómo una civilización en el pasado pudo haber tenido acceso a este tipo de conocimiento. ¿Acaso se la ofrecieron unos seres extraterrestres a los que llamaban dioses?
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 61
 
 
Mesopotamia, la cuna de la civilización, fue el primer lugar a donde llegaron los antiguos alienígenas para dar origen a la primera civilización del planeta: la sumeria. Si nos fijamos en los jeroglíficos sumerios, egipcios y en las leyendas mayas, lo que vemos, una y otra vez, es la misma historia contada de manera diferente, en distintas lenguas: seres procedentes de las estrellas llegaron a nuestro planeta y, de esta forma, se generó nuestra civilización. Las antiguas civilizaciones señalan al cinturón de Orión como la puerta de la vida. Cuando mayas, egipcios y todas esas culturas hacen referencia al inicio y al final de la vida siempre lo relacionan con el cinturón de Orión. Los modernos astrónomos se refieren a la nebulosa de Orión como M42, pero en la Antigüedad ya la conocían, miles de años antes de que la moderna astronomía inventara telescopios como el Hubble. Orión es una zona en donde nacen estrellas hasta tal punto que los astrónomos se refieren a ella como a «un gigantesco vivero estelar.» ¿Tendrá Orión algo que ver con el origen de la vida en nuestro planeta? Nuestros ancestros sabían que Orión estaba situada en el corazón de la galaxia y tenían la sensación de que allí se encontraban las respuestas a muchas cuestiones. ¿Acaso el sistema estelar de Orión representa el origen y el destino final de la humanidad, de dónde venimos y a dónde vamos?
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 62
 
 
¿Qué explicación daban los sumerios al origen de sus conocimientos? Los sumerios, al igual que los dogon, afirman en sus escritos que todo lo que sabían se lo habían enseñado unos seres provenientes de las estrellas, a los que llamaban dioses, un término que en el momento en que se acuñó no tenía las connotaciones religiosas que ahora posee. Aunque en la actualidad está de moda menospreciar los antiguos escritos míticos, interpretándolos como infantiles cuentos de hadas, sin embargo, es la explicación más verosímil de todas. Esto explicaría el porqué, sin dejar rastros de una línea evolutiva, de la noche a la mañana surgieron ciencias totalmente desarrolladas, como la astronomía, la medicina o la matemática. De la misma manera que cuando somos pequeños vamos a la escuela y el profesor nos enseña trigonometría o ecuaciones de segundo grado, el conocimiento fue otorgado y no adquirido por investigación propia.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 65
 
 
No se han encontrado registros, relatos e historias de dioses de mayor antigüedad que los de Sumer. Si enumeramos a estos dioses, la lista asciende a centenares, pero en el momento en que se los clasifica nos damos cuenta que no se trata de un totum revolutum sin sentido. No todos los dioses que formaban el panteón sumerio tenían la misma importancia, ni el mismo rango. Había dioses encargados del pico o del azadón, así como dioses encargados de moldear los ladrillos, encargados de los fosos y los diques; y también había grandes dioses gobernadores de la Tierra y del Cielo. Había toda una jerarquía en donde cada uno desempeñaba un papel con determinados atributos y responsabilidades, comparable a la organización política y social existente entre los hombres. Por analogía, era de esperar un dios supremo, reconocido por todos los demás como su soberano o rey, liderando un sistema de gobierno, la monarquía, que era el sistema utilizado en su planeta antes de venir y que desde el momento en que fue traído a la Tierra, en la más remota Antigüedad, ha pervivido hasta nuestros días. El gobierno de los dioses anunnaki se reunía en forma de asamblea presidida por el monarca. La Asamblea, a modo de moderno senado, estaba formada por cincuenta grandes dioses y siete dioses supremos, aparte de los cuatro dioses reales. Este sistema de monarquía parlamentaria fue el posteriormente adoptado por los primeros soberanos de la civilización sumeria, en tiempos históricos. Puede sorprender que ya en el año 3.000 a. de C., el primer Parlamento del que se tiene noticia hasta la fecha, se reuniera en la ciudad de Uruk, en solemne sesión extraordinaria para debatir si entrar en guerra con la ciudad de Kish, o permanecer en paz y aceptar el sometimiento, reconociendo a su soberano. El Parlamento estaba compuesto, al igual que en los modernos sistemas democráticos, por dos cámaras: un Senado o Asamblea de Ancianos y una Cámara Baja formada por ciudadanos con capacidad para llevar armas.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 67
 
 
A la cabeza de esta familia de dioses estaba An (Anu en textos babilónicos y asirios), el dios del Cielo, el soberano del planeta de donde procedían los anunnaki, literalmente los seguidores de Anu. La ciudad donde An tenía su templo o residencia cuando visitaba la Tierra era Uruk. Era por tanto el rey supremo de todos los anunnaki, de los que vivían en su planeta y de los que estaban en la Tierra. Después de Anu, estaban sus hijos Ea (Enki) y Enlil, y su hija Ninhursag (Nintu o Ninmah), formando el grupo de los cuatro dioses reales.
 
Ea, también conocido por el nombre de Enki, es el señor (En) de la Tierra (Ki), título que recibe por sus méritos de haber comandado la primera expedición anunnaki a la Tierra, haber realizado el primer asentamiento y construido la ciudad de Eridu a su llegada. Enki es el dios que detenta la tecnología de los misteriosos me (armas poderosas condensadas en forma de objetos como joyas o adornos), el portador de la sabiduría, de las artes y del conocimiento de esta civilización, lo que permitió la colonización del planeta, así como la creación del hombre. Enki era el primogénito de Anu, pero debido a las especiales leyes de sucesión existentes en su planeta, Enlil, su hermanastro, se convirtió en el «príncipe del Cielo», heredero y sucesor de la corona, así como en el «señor de las órdenes», la máxima autoridad de la expedición anunnaki en la Tierra, por encima del mismo Enki. Los textos describen a Enlil como el rey de todos los países, y los soberanos se jactaban de recibir de él la realeza. Era Enlil quien pronunciaba el nombre del rey y quien le otorgaba su cetro
 
El Cielo, de donde Enlil es el Príncipe;
La Tierra, de donde él es el Grande;
Los anunnaki, de quienes él es el dios sublime.
Cuando en su majestad decreta los destinos,
ningún dios se atreve a mirarle.
Himno a Enlil
 
Enki había sido el primer hijo de Anu, fruto de una relación del monarca con una concubina y no con la consorte oficial, su hermanastra Antu, mientras que Enlil había nacido después, pero era el hijo del rey y de la reina, por lo que era el heredero legal al trono. Los anunnaki primaban unas normas de sucesión dinástica basadas en los linajes de sangre, unos sofisticados sistemas de descendencia cuyo objetivo era el mantenimiento de la pureza de los genes que conforman el ADN, para lo que hay que distinguir entre el ADN general, transmitido por ambos progenitores, y el ADN mitocondrial que solo es transmitido de madre a hija. De ahí que sea tan importante el papel de la madre, y aunque la transmisión siempre discurra a través de la línea masculina, lo habitual es que el hijo primogénito sea el siguiente en la línea sucesoria salvo que se tenga un hijo posteriormente con una hermanastra (hija del mismo padre, pero de madre diferente), el cual se convierte en heredero y sucesor legal, como fue el caso de Enlil. Enki no contempló con buenos ojos ni el arrebato de la corona, ni la pérdida de poder en la Tierra, lugar que había sido colonizado por él con mucho trabajo y esfuerzo. Enki profesaba una profunda simpatía por el género humano, no en vano lo había creado, mientras que Enlil toleraba a los humanos como un mal necesario para el bienestar de los dioses, llegando incluso a detestarlos y a organizar un plan para exterminar a la humanidad. Enki era quien se ocupaba de los asuntos de la Tierra. Enlil fijaba las líneas generales del plan, mientras que Enki, fértil en recursos, aunando audacia y sensatez en dosis optimas, era quien se ocupaba de los detalles de su ejecución. Los desacuerdos entre Enki y Enlil así como las rivalidades futuras de sus clanes familiares van a ser la clave que nos permitan entender los acontecimientos que se van a desarrollar en la Tierra y que tan determinantes han sido para el destino de los hombres. Una situación que los textos bíblicos han borrado de un plumazo en beneficio del monoteísmo doctrinal judeocristiano, pero que los originales textos mesopotámicos describen con todo lujo de detalles, y que serán objeto de análisis en los siguientes capítulos. Ninhursagh aparece, dependiendo del momento y del lugar, con diferentes y variados nombres, entre los que están Nintu (la señora del nacimiento), Ninmah, Belit-Ili, Dingirmah, Aruru o Damkina. Era una diosa de la fertilidad, conocedora de los secretos de la ciencia biológica, y fue quien asistió a Enki en el proceso de la creación del ser humano.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 69
 
 
Estos acontecimientos narrados en La Epopeya de la Creación caldea tienen su correlación en los primeros versículos del relato de la creación del Génesis hebreo, en donde «el cielo» nos remite a un lugar concreto del sistema solar que ubicaba al cinturón de asteroides. Aquí reproduzco el texto hebreo original.
 
Veha´arets hayetah tohu vavohu vechoshech al-peney Tehom
veruach Elhoim merachefet al-peneyhamayim
 
(Génesis 1, 1-2 en hebreo original)
 
En la posterior traducción se han omitido palabras importantes del texto hebreo cuya ausencia cambia el significado. En la parte superior reproduzco el texto hebreo original, subrayando en negrita las palabras que se omiten en la traducción moderna. En la reproducción siguiente incluyo las palabras originales, en hebreo, sobre el texto traducido.
 
En el principio,
los Elhoim crearon el Cielo y la Tierra.
Y la Tierra estaba sin forma y vacía,
y la oscuridad cubría la faz de Tehom.
 
(Génesis 1. 1-2)
 
Aquí Elhoim tiene el significado de dioses planetarios y Tehom, traducido oficialmente como «el Abismo», realmente se refiere a Tiamat. Por otro lado, el Génesis toma la cosmogonía mesopotámica solo desde el momento en que la Tierra se separa del Cielo (el cinturón de asteroides). Los mitos sumerios vienen a corroborar lo que se dice en el capítulo primero del Génesis: que en algún momento anterior a que se separasen, la Tierra y el Cielo estuvieron unidos.
 
Cuando el Cielo se hubo alejado de la Tierra,
cuando la Tierra se hubo separado del Cielo. Gigamesh, Enkidu y el Infierno
 
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 84
 
 
Desde el punto de vista geológico, la Tierra se divide en una serie de capas, entre las cuales se encuentra «la corteza terrestre», la capa más superficial que a su vez está formada por placas que flotan sobre «el manto», una capa de materiales calientes y pastosos que a veces salen al exterior a través de una grieta o volcán. Pues bien, otro enigma aparece cuando observamos que la corteza terrestre tiene un espesor variable que oscila desde los 5 kilómetros, en el fondo del mar, hasta los 65 kilómetros en las zonas montañosas de la plataforma continental, y que además cada una de ellas tiene una edad diferente: la corteza oceánica data de unos 200 millones de años, mientras que la corteza continental tiene al menos unos 4 billones de años. Al mismo tiempo, se constata que el grosor de la corteza de la Tierra es muy inferior al que debería tener en relación con su masa, como lo demuestran los estudios realizados en otros planetas. ¿Cómo se explica la existencia de una corteza terrestre formada por partes con diferentes antigüedades y grosores?
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 94
 
 
Algo que no debe sorprendernos cuando observamos que la naturaleza de la Tierra primigenia (Tiamat/Nammu) era esencialmente acuosa y no terrosa, según describen los sumerios.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 97
 
 
 La astrología se fundamenta sobre uno de los principios herméticos, el de correspondencia, postulado por Hermes Trismegisto a quien se atribuye la autoría del misterioso Kybalion. 
 
Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba.
El Kybalion
Según este principio fundamental de la ciencia perdida de Hermes, el hermetismo, existe una relación de correspondencia entre los movimientos de los astros y las estrellas, arriba en el Cielo, y los procesos de la vida y los destinos humanos, abajo en la Tierra. Esta relación puede entenderse como un proceso de sincronicidad entre dos mundos aparentemente separados pero que forman parte de un todo indisoluble.
Griegos, egipcios, hindúes o chinos, salvo pequeñas aportaciones particulares, recibieron el conocimiento fundamental de la astrología caldea. Aunque tampoco fueron los caldeos, los babilonios o los asirios los originarios guardianes de este saber, sino que una vez más hay que remontarse hasta los sumerios para encontrar los primeros registros escritos de la ciencia astrológica y astronómica. Los sumerios, como ya se ha visto, conocían de la existencia de todos los planetas del sistema solar y disponían de una muy precisa matemática astronómica que les permitía calcular las posiciones de los astros en el firmamento.
El Enuma Anu Enlil, una colección de unas 70 tablillas descubiertas en Nínive, en la biblioteca del rey babilonio Asurbanipal, se ha considerado durante mucho tiempo el libro de enseñanzas astrológicas más antiguo del mundo, con gran número de observaciones astronómico-astrológicas, datos de movimientos del Sol y de la Luna, y reglas de predicciones. Al descifrar su contenido, se descubrió que contenía 21 años de observaciones astronómicas del planeta Venus (Tablilla 63 del Enuma Anu Enlil). Según palabras del propio Asurbanipal, era la pieza de su colección de la que se sentía más orgulloso. Los expertos estiman que la mayor parte de los escritos procede de los comienzos de la época babilónica del rey Amizaduga (1518-1516 a. de C.).
 Sin embargo, existen en la colección dos tablillas que reciben el nombre de La serie mul.apin, y que son fieles réplicas de textos sumerios más antiguos provenientes del año 2.340 a. de C., según se desprende de los cálculos realizados por Werner Papke, basándose en las observaciones de los momentos en que se producían las apariciones de ciertas estrellas en el horizonte al amanecer. En ellas se describen los movimientos del Sol, la Luna y los planetas, además de 33 constelaciones, con 66 estrellas individuales. Tanto estas tablillas como la Epopeya de Gilgamesh coinciden en la determinación de las posiciones planetarias en el año 2.340 a. de C. Con este minucioso trabajo, podemos conocer, de forma exacta, la posición de las estrellas en tiempos de los sumerios, cómo dividieron el cielo en constelaciones y cómo las interpretaban de cara a sus presagios.
Los sumerios dividían el cielo en tres caminos que transcurrían paralelos al ecuador celeste: el camino de Anu, el camino de Ea y el camino de Enlil. Dividieron el círculo de 360 grados que la Tierra forma al realizar su viaje de traslación alrededor del Sol durante un año, en doce partes iguales de 30 grados, los signos zodiacales, y le dieron el nombre de «el camino de la Luna», el cual serpenteaba a través de las diferentes franjas o caminos. Los signos zodiacales de verano se encuentran sobre el camino de Enlil, los signos de invierno sobre el camino de Ea, y los signos de primavera y otoño sobre el camino de Anu.
Los nombres que los sumerios empleaban para denominar a los signos del zodiaco son claramente análogos a los modernos, mostrando con claridad el origen y evolución de dichos conceptos. Si bien en dichas tablillas aparecen 17 o 18 constelaciones, estas se agrupaban dentro de la estructura zodiacal de 12 signos, ya que el actual signo de Géminis estaba diferenciado en cuatro constelaciones, y el de Piscis en dos. El primer signo del zodiaco era Lu.chun.ga y le atribuían los mismos significados que hoy en día posee el signo primaveral de Aries. En la siguiente tabla están ilustradas las 17 constelaciones que aparecen, así como los significados y la relación existente con los signos zodiacales, siendo esta más que evidente.
 
La discusión sobre si el número de constelaciones de la tablilla mul.apin son 17 o 18, se debe a que delante de las constelaciones Sim-mah y A-nu-ni-tu aparecen las palabras kun mes Zibati mes cuyo significado es «las colas», por lo que algunos estudiosos piensan que se trata de otra constelación.
 
J. Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 99
 
 
Para la elaboración del zodiaco, los astrónomos sumerios se basaron exclusivamente en los signos, lo que indica el grado de madurez alcanzado por la astronomía. Eran capaces de establecer coordenadas de posición en la bóveda celeste en función de la eclíptica, es decir el nivel de inclinación del eje terrestre en relación a la órbita alrededor del Sol (23º 27´). Pero detrás de unas concepciones astronómicas tan avanzadas que permitieron la elaboración de un zodiaco formado por doce signos, se abre una interrogante: ¿Cuál es el verdadero origen de la ciencia astrológica que ya disfrutaban los sumerios, al menos desde hace 5.000 años?
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 106
 
 
Según La lista Real Sumeria, 432.000 son los años que pasaron entre la llegada de los anunnaki a la Tierra y el Diluvio. El conocimiento astronómico, astrológico y matemático sumerio llegó al subcontinente indio a través de las sucesivas migraciones de pueblos arios que habían bebido en las fuentes culturales hititas, por lo que bucear en la tradición védica nos hará percibir la importancia del sistema sexagesimal sumerio y de tal cifra. El número 432.000 posee en la tradición hindú una gran importancia. Es el número de sílabas que componen El Rigveda, libro sagrado en el que se narran las historias de sus dioses. En India se asocia dicho número con los Yugas o ciclos cósmicos de la Tierra y la humanidad. El gran Yuga o Manvantara, un día de Brahma, es un periodo de actividad del Universo, en contraposición al Pralaya o periodo de reposo o disolución. Cada Manvantara es una medida de tiempo cósmico que se divide en cuatro Yugas o Edades, cuyas extensiones cronológicas son expresión de la cifra 432.000. Están la Edad de Oro o Krita Yuga (4 x 432.000 años), la Edad del Conocimiento o Treta Yuga (3 x 432.000 años), la Edad del Sacrificio o Dvapara Yuga (2 x 432.000 años) y la actual Edad Oscura o Kali Yuga (432.000 años), lo que hace un total de 4.320.000 años.
 
4.320.000.000 años constituyen un ciclo de mil Manvantaras o lo que es lo mismo un Eon o Kalpa, aunque según la tradición hindú existen Kalpas de diferentes tamaños.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 110
 
 
La etnología es una ciencia que estudia a los pueblos actuales que mantienen comportamientos y estructuras sociales comparables a los de culturas prehistóricas ya desaparecidas. Del estudio de estos pueblos primitivos actuales, proyectando los comportamientos del presente hacia el pasado, los investigadores infieren por analogía aspectos de la conducta de las comunidades paleolíticas. Ahora bien, ¿cómo es posible que existan en la actualidad pueblos primitivos africanos, australianos y neozelandeses, entre otros, que desconocen la escritura, no habiendo dado durante siglos el salto del Paleolítico al Neolítico? Si el proceso por el que el hombre pasó del Paleolítico (mismo estado en el que están estos pueblos primitivos actuales) a construir ciudades, a poseer una escritura y a desarrollar precisos sistemas astronómicos en la Antigüedad mesopotámica, de la noche a la mañana, hubiese sido gradual y evolutivo, habría que preguntarse:¿Por qué estos pueblos primitivos actuales no han experimentado el mismo proceso de avance tecnológico que experimentaron los sumerios, en tan corto espacio de tiempo, sino que por el contrario han permanecido estancados durante siglos? ¿Por qué no han experimentado ni siquiera un avance tecnológico mínimo?
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 115
 
 
La mayoría de los investigadores dan por correcto que neandertal y sapiens son dos especies diferentes, algo que depende más de las catalogaciones que de las diferencias reales, pero sabemos con certeza que ambos, neandertales y cromañones, surgieron de un mismo tronco común, el homo heidebergensis, del que se escindieron y llevaron caminos diferentes, aunque su nivel de inteligencia y comportamiento eran similares. Los investigadores tienen claro que el sapiens no desciende del neandertal, pero ¿y si hubiera sucedido algo tan aparentemente descabellado como que el neandertal fuese descendiente del cromañón, para terminar, finalmente desapareciendo? O incluso no desaparecer y estar entre nosotros sin que nos demos cuenta de su existencia… El hecho es que ambas especies surgieron hace aproximadamente entre 200.000 y 300.000 años, de la noche a la mañana y el tiempo nos irán desvelando nuevas sorpresas. Las modernas teorías antropológicas sobre el origen del hombre, basadas en la evolución y la selección natural, no pueden explicar muchos rasgos y aspectos del Homo sapiens. ¿Cómo se explica el que el sapiens haya evolucionado en su inteligencia y conocimiento en los últimos millones de años, mientras que sus primos cercanos, los monos han permanecido estancados a nivel evolutivo? La respuesta científicamente admitida es que, en un momento dado de la evolución, los homínidos se hicieron bípedos, con lo que pudieron disponer de dos brazos que utilizaron para el uso de herramientas, lo cual produjo un proceso de retroalimentación a nivel cerebral que permitió el desarrollo de las facultades mentales. Es cierto que ciertos ensayos científicos con ratas han demostrado que estas desarrollan mayor masa cerebral si están activas que en reposo; y que, estando enjauladas, las que desarrollan mayor masa cerebral son las que tienen juguetes dentro y no las que tienen la jaula vacía. Pero una cosa es eso y otra muy distinta es que dejen de ser ratas para convertirse en otro tipo de animal. Además, en la naturaleza podemos ver ejemplos de animales sumamente diestros en el manejo de herramientas y que sin embargo no han alcanzado la inteligencia que alcanzó el hombre, contradiciendo e invalidando dicha argumentación. Por ejemplo, el buitre egipcio arroja piedras para romper los huevos de avestruz y la nutria de mar de la costa del Pacifico de EE.UU., se vale de una piedra para martillear y despegar de las rocas su alimento, a la vez que utiliza otra piedra como si fuera un yunque para abrir la concha. También los chimpancés, fabrican y utilizan sencillas herramientas, y sin embargo no vemos que su nivel de inteligencia cambie de modo sustancial. La teoría de la evolución, puede explicar cambios en la organización de las especies, pero son cambios que se efectúan de manera lenta y gradual y no de la noche a la mañana como sucedió en el caso del hombre. ¿Por qué los homínidos se volvieron inteligentes y sin embargo el chimpancé no?
Si la ciencia ofrece un cuadro tremendamente confuso sobre los orígenes de los humanos modernos, es debido a que ni los antropólogos ni los arqueólogos saben a ciencia cierta lo que sucedió. La aparición del Homo sapiens es un misterio, de momento indescifrable, al que desde el punto de vista del cálculo de probabilidades le falta muy poco para ser imposible. Los registros muestran que, después de millones de años de mínimos progresos con herramientas y útiles de piedra, el Homo sapiens apareció, de repente, hace unos 250.000 años, con el doble de capacidad craneal y con la capacidad para hablar, para continuar, por razones aún no explicadas, viviendo de un modo primitivo hasta hace unos 30.000 años, momento en el que experimentó un cambio hacia el comportamiento moderno. Hace unos 12.000 años ya se había extendido por todo el planeta y conocía la agricultura. Hace 7.000 años creó las primeras grandes civilizaciones y, a fecha de hoy, comienza su carrera espacial por las inmensidades del sistema solar.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 131
 
 
Las implicaciones del descubrimiento son descomunales. Es la primera prueba irrefutable de que los neandertales, extinguidos hace unos 40.000 años, tuvieron «lenguaje, cognición avanzada y pensamiento simbólico», según explica el arqueólogo portugués João Zilhão, coautor de la investigación. Los dibujos analizados son una mano en negativo ejecutada hace al menos 66.700 años en la cueva de Maltravieso (Cáceres), un depósito mineral cubierto de pintura en una pared de la cueva de Ardales (Málaga) y un signo lineal, similar a una escalera, realizado hace al menos 64.800 años en la cueva de La Pasiega (Cantabria). Son las obras de arte más antiguas que se conocen en el planeta.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 131
 
 
Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza
 
Génesis 1, 26
 
En esta versión traducida han desaparecido ciertos elementos que dificultan el esclarecimiento de la cuestión que nos ocupa. En el original hebreo, en el lugar de la palabra Dios, se encuentra la palabra Elhoim, cuyo significado literal es «dioses», siendo muy interesante el hecho, sin duda deliberado por parte del escriba, de utilizar el término en plural, cuando podía haber utilizado el singular, es decir, El, si realmente quería referirse a un Dios único. A continuación, reproduzco el original en hebreo.
 
Vayomer Elhoim na`aseh adam betsalmenu kidemutenu veyirdu bidegat hayam
 
En la traducción, quizás por un olvido, aunque se sustituye el término «dioses» por «dios», el traductor no elimina la concordancia gramatical del verbo en la frase que sigue, manteniendo, también la utilización del pronombre posesivo correspondiente en plural («hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza»). Hay eruditos que intentan justificar esto diciendo que en la Antigüedad era habitual que las grandes personalidades utilizasen el plural mayestático para referirse a sí mismas. No deja de ser un intento infantil de justificación, sin fundamento, cuando se observa el escrito original en hebreo.
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 135
 
 
Son muchos los mensajes contradictorios que lanza el Libro del Génesis de la Biblia. Observemos la siguiente estrofa, sobre la que volveremos más adelante, por la cantidad de implicaciones que de su lectura se desprenden.
Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la Tierra y les nacieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres a las que bien quisieron. Entonces dijo Yahvé: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean ciento veinte años». Los nefilim existían en la Tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos, llegaron los gigantes a la Tierra: estos son los héroes (en hebreo los «gueborim»), de la Antigüedad, hombres famosos.
 
(Génesis 6, 1- 4)
 
De nuevo, nos encontramos ante mensajes turbadores. ¿A qué se refiere el escriba cuando marca esa diferencia entre «los hijos de Dios» y «las hijas de los hombres»? ¿Quiénes eran los nefilim? ¿Y quiénes los gueborim? El antiguo Israel tenía un solo Dios, ¿de dónde procedían, entonces los hijos de Dios, los nefilim? También se habla por primera vez de los gigantes. Los gigantes están presentes en todas las mitologías tanto orientales como occidentales. ¿Qué clase de seres fueron esos gigantes?
 
La idea de que estos «hijos de Dios» eran ángeles materializados que se relacionaron con las mujeres estaba aceptada y extendida en la época del judaísmo helenizado, como se aprecia en la versión Septuaginta griega que reemplaza la expresión «hijos de Dios» por la de «ángeles». Las fuentes orientales de Qumrán están de acuerdo en ello. Los estudiosos saben que los autores del Libro del Génesis se basaron en textos mucho más antiguos y detallados cuyo origen es la civilización sumeria, por lo que es interesante y enriquecedor poder acudir a ver lo que decían sobre estas cuestiones tan actuales en nuestra sociedad del siglo XXI. Estos textos dejan claro que la creación del hombre fue obra de los anunnaki, los nefilim, los anakim, o los Elhoim, que no son sino diferentes denominaciones utilizadas para identificar a unos seres extraterrestres que procedentes de otro planeta llegaron a la Tierra, para colonizarla en beneficio propio.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 136
 
 
Los anunnaki, seres procedentes de otro planeta, llegaron a la Tierra y vieron que esta tenía riquezas minerales así como producción agrícola, por lo que decidieron trabajar en pos de su cultivo y de la extracción de minerales. Esto fue mucho antes de que el ser humano hiciera su aparición en escena. Sucedió que en un momento dado, los viajeros espaciales, debido a la dureza de las condiciones laborales que sufrían, se rebelaron y amotinaron, llegando su griterío hasta las mismísimas puertas de la casa de su gran jefe, Enlil, lo que desencadenó una serie de acontecimientos de gran trascendencia para nosotros, los terrícolas.
 
El relato comienza describiendo en un lenguaje casi periodístico, por su concreción, ritmo y realismo, la situación en la que se encontraban estos seres, antes de que existiese el hombre, cuando tenían que excavar canales, construir diques, labrar y recolectar la tierra.
 
Cuando los dioses hacían de hombres,
tenían que trabajar y estaban atareados:
Su tarea era considerable,
su trabajo pesado, su labor infinita.
 
Insistiendo, más adelante, en la dureza laboral y el tiempo durante el que habían soportado estas arduas condiciones de trabajo.
 
Hicieron el recuento de los años trabajados.
Durante dos mil quinientos años, y más,
habían día y noche soportado esta pesada carga.
 
Lo que provocó la rebelión de los trabajadores, que destruyendo los utensilios de trabajo se amotinaron en actitud amenazante ante la misma puerta de la casa donde vivía la autoridad máxima, Enlil.
 
Vayamos a ver a nuestro jefe,
Para que nos libere de tan pesada carga.
 
Enlil, el jefe encargado, dada la situación creada por la insubordinación de los trabajadores, convocó una reunión o Gran Consejo, con el objetivo de encontrar una solución al problema. Al Consejo asistieron los grandes dirigentes, además de Anu y Enki. En la reunión se le ordenó a Nuska, el hombre de confianza de Enlil, que intermediara para conocer los motivos por los que los trabajadores anunnaki se habían rebelado y asediado la casa. A su vuelta, después de dialogar con los amotinados, Nuska expresó, a los presentes en la Asamblea, las quejas de los trabajadores por las duras condiciones laborales a las que estaban sometidos.
 
Enlil, un amante de la disciplina, exigió un castigo ejemplar para que la situación nunca más volviera a repetirse, pero Anu, el soberano, fue más comprensivo con la situación de los trabajadores.
 
Pero Anu abrió la boca,
y se dirige a los dioses, sus hermanos:
¿Por qué los culpamos?
Su tarea era pesada, su trabajo infinito.
 
Es en ese momento, cuando Ea (Enki) toma la palabra dirigiéndose a la Asamblea y formula una posible solución al problema, proponiendo aliviar la insoportable carga de los trabajadores anunnaki mediante la creación de un «trabajador terrestre» que se ocupará de hacer las labores que hasta ahora realizaban los dioses. Para ello aprovecha la presencia de Ninti (Belet-ili)
 
Pero existe un remedio para esta situación,
dado que Belet-ili, la matriz, está aquí,
que fabrique un prototipo de hombre,
será él quien cargue con el yugo de los dioses,
quien cargue con el yugo de los Igigu,
será el hombre quien cargue con su trabajo.
 
La Asamblea acogió con verdadero entusiasmo la proposición de Enki para crear un trabajador terrestre, un adamu, término que sin duda fue la inspiración del nombre bíblico Adán. Era la solución para liberarse del trabajo y el inicio de la sociedad del ocio para nuestros antecesores. No obstante, entre los reunidos surgieron interrogantes y dudas sobre la viabilidad del proyecto de creación de un ser viviente especialmente diseñado para realizar los trabajos que estos seres procedentes de otro planeta no deseaban realizar ya por más tiempo. ¿Cómo de inteligente debería llegar a ser dicho ser? El trabajador debía ser tan inteligente como para recibir órdenes y manejar los utensilios utilizados por ellos mismos.
 
Acto seguido, Ninti recoge la proposición de la Asamblea, a la vez que hace un guiño a Enki, para que le ayude en el encargo.
 
Pero Nintu, habiendo abierto la boca,
replica a los grandes dioses:
No puedo hacerlo sola, por mí misma;
pero con la ayuda de Enki,
la operación sí que es posible,
solo él puede purificarlo todo:
Que él me entregue la arcilla y yo lo llevaré a cabo.
 
En todo este proceso, no faltó tampoco la intervención de Nammu, la esposa de Anu y madre de Enki, para que este último venciera las reticencias que pudiera tener a realizar la operación. A este respecto existen dos tablillas con contenido idéntico, una proveniente de Nipur, perteneciente al museo de la Universidad de Filadelfia, y la otra comprada en una tienda de antigüedades y perteneciente al Louvre, que aportan luz sobre los hechos acaecidos. En ellas se ve que, mientras Enki reposa, Nammu le hace saber, una vez más, la situación de angustia que los dioses están sufriendo, intercediendo para que lleve a cabo lo propuesto en la Asamblea.
 
¡Oh, hijo mío, levántate de tu lecho, haz lo que es sensato: Forma a los modeladores, para que puedan producir sus dobles!
 
Poema de Enki y Ninmah
 
La respuesta de Enki ofrece la solución al misterio de la creación del hombre, integrando las posturas enfrentadas y aparentemente antagónicas de los creacionistas y de los evolucionistas, ya que explica que el hombre no fue creado por Dios de la nada, así como que tampoco fue el resultado de una lenta evolución.
 
¡Oh madre mía, la criatura cuyo nombre has pronunciado existe, fija en ella la imagen de los dioses, amasa el corazón con la arcilla que está en la superficie del Apsu. ¡Los buenos y magníficos modeladores espesarán esta arcilla!
 
Poema de Enki y Ninmah
 
En estas cuatro líneas está la clave del enigma: ¿De qué manera una nueva criatura pudo llegar a ser física, mental y emocionalmente una réplica de los dioses? ¿Cómo fue creado el hombre a su imagen y semejanza? Sobre la base de una criatura ya existente en el ecosistema terrestre: un homínido (el adama, la arcilla, la tierra), Enki decidió aplicar los cambios genéticos necesarios (fijar en ella la imagen de los dioses) para mejorar su inteligencia y así crear un nuevo ser (el Adam, el terrestre) de tal manera que pudiera hacerse cargo de las tareas que hasta ese momento eran asunto exclusivo de los dioses.
 
En el Génesis hebreo, al igual que en otras tradiciones, se habla de un Dios alfarero que a partir de un «trozo de arcilla» creó al hombre, lo cual es una recopilación incompleta y menos detallada, obtenida de las fuentes originales mesopotámicas. Es muy importante ver el juego de palabras que tiene lugar, cuyos significados esconden sin duda un mensaje de vital importancia. Por un lado, está el Adam: el humano, el terrestre; y por otro el Adama: suelo cultivable, arcilloso.
 
Entonces Elhoim formo al Adam del polvo de la tierra,
sopló en su nariz un hálito de vida,
y el hombre se convirtió en un ser viviente.
 
(Génesis 2, 7)
 
Que Enki conocía la existencia de estos homínidos, de los que he hablado en el capítulo anterior, está fuera de toda duda, como queda documentado en los registros escritos que han llegado hasta nosotros. Enki, siempre anhelante de nuevos conocimientos, tenía el perfil científico adecuado y la curiosidad necesaria para interesarse por todo tipo de seres que formaban la fauna terrestre, entre los que se encontraban estos simios con forma humana. En la Epopeya de Gilgamesh se describe a este ser antecesor de los humanos, a este polvo de la tierra, el Adama, en los siguientes versos.
 
Su cuerpo está todo cubierto de pelo,
sus cabellos son como los de una mujer,
tupidas como Nisaba brotan sus guedejas;
No conoce a los humanos ni conoce país civilizado,
y va vestido como el dios Sumuqan.
Como las gacelas se alimenta de hierba,
con las manadas abreva en las aguadas,
con las bestias salvajes su corazón se deleita bebiendo.
 
La posibilidad de domesticar al Homo erectus, ergaster o heidelbergensis a través de un proceso de cría y selección generacional se debió desechar dado su grado de salvajismo, así como su dosis de inteligencia, lo cual planteaba dificultades para convertirlo en una dócil bestia de trabajo que sirviera a los intereses de sus amos. Al mismo tiempo, había que adaptar a esta criatura de tal manera que fuese capaz de realizar determinados trabajos, para lo que necesitaba un cerebro suficientemente desarrollado como para poder realizar ciertas tareas, manipular instrumentos con destreza y comprender las ordenes que se le dieran. En una palabra, necesitaba una puesta a punto de su inteligencia para convertirlo en un lulu amelu (trabajador mezclado). Enki debió ver la solución al problema de inmediato: había que imprimir la huella genética de los anunnaki en este ser mediante procesos de manipulación genética. Decidió crear un hibrido anunnaki/Homo erectus.
 
Enki y Ninti se ponen manos a la obra y elaboran un plan para diseñar al ser que originalmente partirá con la función de ser un «siervo de los dioses», y con el fin de solucionar una situación en la que no había Adán que cultivará la tierra. Según se desprende de los propios escritos de los sumerios que han llegado hasta nosotros, los dioses tomaban al hombre como un mal necesario cuya función era la de sirviente o esclavo facilitador de sus deseos. Los dioses fueron amos poco compasivos y crueles que consideraban a los humanos como niños revoltosos, sin más relevancia que las mascotas, y a los que había que gobernar con mano dura y sin demasiados miramientos.
 
Que el hombre fuese creado para servir a los dioses no era una idea que resultase extraña en la Antigüedad. La divinidad era «Señor», «Soberano» y «Rey», y la palabra que normalmente se traduce como culto es avod (trabajo), por lo que el hombre antiguo no rendía culto a su dios de la forma en que se entiende hoy en día, sino que trabajaba para él.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 142
 
 
Estos seres provenientes de las lejanas estrellas poseían el conocimiento tecnológico suficiente como para realizar el cometido de crear a un nuevo ser. Por lo que se desprende de las fuentes originales, debió de ser la primera vez que acometían tal aventura, dado el entusiasmo que generó entre los miembros de la Asamblea y por los repetidos intentos infructuosos que hubo que realizar hasta la consecución con éxito del prototipo de ser deseado.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 145
 
 
Uno de los acontecimientos que van a ser decisivos para el destino de la humanidad y para las futuras relaciones del hombre con sus creadores, sucede en el Jardín del Edén, en donde el ser humano desarrollaba sus funciones como sirviente de los dioses, lejos del lugar en donde había sido creado. Los textos sumerios dan la clave para poder entender, una vez más, aspectos que la Biblia en su afán de eliminar a los dioses en plural, hace que no podamos ver con claridad el trasfondo.
 
Para comprenderlo, hay que tener presente la rivalidad existente entre Enki, el creador de la humanidad por ingeniería genética, y Enlil, el mando supremo de toda la colonia de seres extraterrestres en la Tierra,. Se trataba de una lucha por el poder entre dos hermanastros, de los cuales uno, Enlil, había sido el beneficiado por las leyes de sucesión de su reino, lo que generó que el poder estuviese en sus manos. No obstante, Enki, dado quien era y habiendo sido el que había comandado la primera expedición a los asentamientos en la Tierra, gozaba de grandísimas cotas de poder, aunque estaba resentido por lo que consideraba una injusticia.
 
Enlil se caracterizaba por una personalidad rígida, era amante del orden y de la disciplina y no profesaba simpatía por los humanos, a los que veía como un mal necesario. Enki, sin embargo, era un brillante científico conocedor de las diferentes ramas del saber, a la vez que profesaba un gran cariño por los humanos a los que consideraba, no sin razón, como hijos suyos. De la adecuada interpretación de estos datos, provenientes de fuentes más antiguas, en las que se inspiraron los escritos de la creación bíblicos, se van a derivar conclusiones que sin duda van a hacer caer ciertos dogmas de fe establecidos desde tiempos inmemoriales.
 
Es en el Jardín del Edén, donde Enki va a dar un giro argumental a la historia con su decisión de perfeccionar al ser que había creado, mediante una serie de cambios genéticos. Hasta ese momento, el lulu amelu, el mezclado, producto de la mezcla de una especie extraterrestre y de un Homo erectus, era un ser hibrido y como tal incapaz de reproducirse entre sí. Al mismo tiempo, su grado de inteligencia y consciencia estaba limitado y adaptado para carecer de espíritu crítico, ser fiel y satisfacer las necesidades de los dioses, tal y como un animal de compañía puede hacerlo hoy en día con nosotros.
 
Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse de ello. (Génesis 2,25)
 
Los motivos que llevaron a Enki a realizar la segunda manipulación genética del lulu amelu son desconocidos, pero es fácil imaginar que en la toma de su decisión influyeron factores tales como el amor de todo artista por perfeccionar su obra, así como el afán de protegerla de lo que consideraba un abuso o maltrato por parte de Enlil, con quien, además, no mantenía la mejor de las relaciones. De esta manera, Enki, el brillante conocedor de los misterios de la vida, lo que hoy en día sería un biólogo, se pone manos a la obra. El Génesis dice cómo.
 
Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yahvé Dios, dijo a la mujer: ¿Así que Dios os ha dicho que no comáis de ninguno de los árboles del jardín? La mujer respondió a la serpiente: ¡No! Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín; solo nos ha prohibido bajo pena de muerte, comer o tocar el fruto del árbol que está en medio del jardín. Replico la serpiente a la mujer: ¡No moriréis! Lo que pasa es que Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.
 
(Génesis 3, 1-5)
 
Parece evidente que la serpiente no era una serpiente, ya que podía hablar con la mujer, algo imposible para un reptil. De igual manera, la serpiente no causaba temor alguno en ella, sino todo lo contrario, le inspiraba confianza y poseía una autoridad suficiente sobre ella como para inducirla a seguir sus consejos, atreviéndose incluso a desafiar al todopoderoso Dios bíblico. Entonces, si no era una serpiente, ¿quién era? Estoy seguro, querido lector, que ya habrás adivinado que se trata de Enki, quien era conocido por los sumerios como «el dios serpiente».
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 161
 
 
Existen evidencias gráficas y escritas, de autenticidad incuestionable, de avistamientos OVNI en fechas anteriores al Diluvio, en la prehistoria de la humanidad, que como mínimo hacen tambalear los cimientos de la historia oficial tal como se nos ha presentado hasta el momento. Se trata de auténticos dibujos, realizados por nuestros ancestros, en rocas de las cavernas que frecuentaron o habitaron, las llamadas pinturas rupestres. Con dataciones que llegan hasta hace 40.000 años, allá por el último periodo glacial, son una de las manifestaciones artísticas más tempranas de las que se tiene constancia, habiendo resistido el paso de los siglos al estar protegidas de la erosión de los espacios abiertos.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 176
 
 
Estos textos son solo algunos de los registros escritos que describen una época, anterior al Diluvio, en la que los anunnaki ante la ausencia de elementos femeninos de su propia especie, en la Tierra, que satisficieran sus deseos sexuales, y viendo que las hembras de aquella criatura que habían creado a su imagen y semejanza, por manipulación genética, eran bellas, no pudieron evitar saltarse las normas que sus jefes les imponían de no mezclarse con seres de una especie o raza diferente e inferior, y terminaron mezclándose y copulando con «las hijas de los hombres». Los jefes de estos seres de origen no terrestre no vieron con buenos ojos tal tipo de práctica (aunque algunos de ellos también la realizaron), ya que como la experiencia demostró, extraterrestres y terrestres, dada su base genética en muchos aspectos común, eran compatibles de cara a engendrar descendencia, y sabían que esto llevaría a la degeneración de su raza y a la pérdida de su identidad original.
Entre dioses y humanos existían muchas similitudes, pero una más que evidente diferencia de clase o condición social. No en vano unos habían sido creados como siervos de los otros, y la posibilidad de que esa línea diferenciadora se fuese difuminando debido a las uniones entre dioses y hembras humanas, con los subsiguientes nacimientos de semidioses, no recibía la aprobación de Enlil, el mando supremo de la misión alienígena en el planeta Tierra.
Algunos de estos ángeles, los grigori (en sumerio igigi), a los que se les había encomendado la labor de construir el Jardín del Edén, cavando zanjas y drenando canales, no solo se enamoraron de las bellas terrestres, sino que como consecuencia de ello comenzaron a revelar a la especie humana algunos de los secretos de la avanzada tecnología extraterrestre, como son la astrología, el arte de fabricación de armas, hechizos, encantamientos y botánica, entre otros. Son los mismos igigi que ya se habían amotinado por las duras condiciones de trabajo que soportaban, lo que motivó la creación del hombre.
 
Y´Asa enseñó a los hombres a fabricar espadas de hierro y corazas de cobre, y les mostró como se extrae y se trabaja el oro hasta dejarlo listo, y en lo que respecta a la plata a repujarla para brazaletes y otros adornos. A las mujeres les enseñó sobre el antimonio, el maquillaje de los ojos, las piedras preciosas y las tinturas. Y entonces creció mucho la impiedad y ellos tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas. Shemihaza enseñó encantamientos y a cortar raíces;Hermoni a romper hechizos, brujería, magia y habilidades afines: Baraq´el los signos de los rayos; Kokab´el los presagios de las estrellas; Zeq´el los de los relámpagos;´el enseño los significados; Ar´tagof enseñó las señales de la tierra; Shamsi´el los presagios del sol; y Saharan´el los de la luna, y todos comenzaron a revelar secretos a sus esposas.
 
Libro de Enoch, Capítulo 8,1-3
 
En todo este proceso, como es fácil imaginar, los varones de la especie humana llevaban la peor parte ya que debían soportar estoicamente el ser desposeídos de sus mujeres o tomar la difícil decisión de defender sus posesiones, lo cual en muchos casos llevó a su muerte.
 
Como parte de los hombres estaban siendo aniquilados, su grito subía hasta el cielo. Libro de Enoch, Capítulo 8, 4
 
Viendo todos estos desmanes, Enlil, un enamorado de la disciplina, decidió que aquellos que habían incumplido las normas de no mezclarse con los humanos, serían castigados a no volver al planeta de origen, permaneciendo para siempre en la Tierra.
 
Vigilantes, yo escribí vuestra petición y en una visión se me reveló que no será concedida nunca y que habrá juicio por decisión y decreto contra vosotros, que a partir de ahora no volveréis al cielo y por todas las épocas no subiréis, porque ha sido decretada la sentencia para encadenaros en las prisiones de la Tierra por toda la eternidad.
 
Libro de Enoch, Capítulo 14, 3-5
 
Esto fue solo el comienzo de los quebraderos de cabeza para Enlil. Los anunnaki no habían pensado en la rápida reproducción del ser humano que comenzó a superpoblar la Tierra, con lo que los extraterrestres, pese a sus avanzados conocimientos tecnológicos, veían de alguna manera amenazada su supremacía ya que los humanos empezaban a dar muestras de abandono de su original respeto y veneración hacia ellos. Debido a esto, con un giro inesperado, el soberano en asamblea decidió reducir la población humana mediante el uso de armas biotecnológicas, por primera vez en la historia de la humanidad.
 
No habían pasado mil doscientos años, y el territorio se había ampliado, y la población multiplicado. El país, como un toro, alzaba tanto la voz, que el ruido molestó al dios soberano. Cuando Enlil escuchó su rumor, se dirigió a los grandes dioses: El rumor de los humanos ha llegado a ser demasiado fuerte. ¡No consigo dormir a causa de dicho alboroto! ¡Ordenad, por tanto que sufran la epidemia!
 
Epopeya de Atrahasis
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 185
 
 
Y Ziusudra escuchó muy cerca de él,
mientras él estaba contra la pared, a su izquierda;
«¡Pared, yo te voy a hablar! ¡Escucha mis palabras!
¡Presta atención a mis instrucciones!
El Diluvio va a aniquilar las aglomeraciones,
y a inundar su capital,
para destruir la raza humana;
Así se ha decidido,
¡Decisión irrevocable y ratificada por la Asamblea!
Anu y Enlil han dado la siguiente orden inalterable:
El reino de los hombres será destruido.»
 
Génesis de Eridu, relato sumerio del diluvio
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 199
 
 
La sismología es una rama de la geofísica que estudia a los terremotos y la propagación de las ondas mecánicas (sísmicas) que se generan en el interior y en la superficie de la Tierra, así como en otros cuerpos planetarios. Se trata del único método confiable para conocer lo que sucede debajo de nuestros pies. No obstante, hay que volver a tener en cuenta lo expuesto, en los párrafos anteriores, debido a que la velocidad a la que las ondas sísmicas viajan bajo la superficie, se deduce de la adecuada comprensión de la estructura de la Tierra, algo que como hemos visto está basado en la fórmula de la gravedad newtoniana.
Así que querido lector, te estarás dando cuenta que se trata de una suposición sobre otra suposición. Demasiadas suposiciones…El hecho, innegable, es que en la actualidad no existe manera de estar seguros de que las ondas sísmicas alcanzan ciertas profundidades de la Tierra o que viajan a dichas velocidades. En el mismo orden de cosas, tampoco se puede estar seguro de que los cambios de velocidad en las ondas sísmicas sean producidos como consecuencia de los cambios en la constitución interna de la Tierra, como afirman los científicos.
La actual visión del interior de la Tierra podría estar deformada y no ser correcta, como demuestra el hecho de que muchos de los cambios estructurales que los científicos habían predicho, en profundidades de apenas unos pocos kilómetros, han resultado erróneos. Si tales errores ya han sucedido, en base a los conocimientos actuales, ¿podemos confiar en predicciones, realizadas sobre los mismos principios, que ya han demostrado su ineficiencia, especialmente cuando se trata de estructuras de rocas situadas a cientos y miles de kilómetros de profundidad? El hecho es que la profundidad máxima que el hombre ha alcanzado está en torno a los 50 kilómetros…Todo lo demás son suposiciones
La geología es la ciencia que tiene por objeto el estudio de la composición y estructura interna de la Tierra o de otros cuerpos planetarios, las rocas que la forman y los procesos por los cuales ha ido evolucionando. Juega un roll fundamental en la ingeniería geotécnica y es una destacada disciplina académica. Ahora bien, ¿qué es lo que, en realidad, conocemos sobre el interior de la Tierra de una manera fidedigna? Es un error popular común el creer que la lava que expulsan las erupciones volcánicas provienen de un gran depósito de materiales fundidos que conforma la mayor parte del interior del planeta. Por el contrario, los científicos han podido constatar que la lava procede de una zona de la corteza terrestre situada a aproximadamente unos 35 kilómetros de profundidad. La existencia de lava no afecta a la transmisión de las ondas sísmicas, lo que indica que la corteza terrestre es esencialmente sólida.
Entonces, ¿de dónde procede el calor necesario para fundir a las rocas? A este respecto, existen dos teorías defendidas por los científicos. Algunos geólogos defienden el que la fundición de los materiales se puede explicar gracias a la existencia de altas concentraciones de elementos radioactivos en una zona concreta, lo que produciría una temperatura lo suficientemente elevada como para fundir las rocas. Esta teoría tiene a favor el hecho de que mucha de la lava es ligeramente radioactiva. La otra teoría dice que el movimiento de las fallas terrestres genera calor, vía fricción. Existen argumentos y hechos para respaldar a ambas tesis. La lava no puede proceder del centro de la Tierra porque en su largo camino hacia la superficie se iría enfriando y solidificando, así que la lava es un fenómeno que se produce en zonas próximas a la superficie y, por lo tanto, no tiene valor para reflejar cómo es el interior de la Tierra, en profundidades mayores a 100 o 250 kilómetros.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 225
 
 
Científicos defensores del paradigma actualmente dominante, toman como evidencias de que la Tierra no es hueca los resultados de las perforaciones que se han realizado. Estas muestras de perforaciones realizadas, que no alcanzan más del 1 % de profundidad del diámetro del planeta, demuestran que la Tierra es sólida a una cierta profundidad y en determinados lugares, pero no excluye ni otras zonas, ni profundidades mayores. De igual manera, se constata que aumenta la temperatura según la perforación va profundizando. De ahí se infiere que la Tierra debe ser solida hasta el núcleo y que las temperaturas deben ir aumentando paulatinamente hasta llegar a determinados niveles en el interior. Esto es pura presunción, basada en medidas realizadas sobre una base de datos insuficiente. Sería algo así como el afirmar que el cuerpo humano no posee un sistema circulatorio por el que fluye la sangre, basándose en que se han realizado incisiones de un milímetro en la piel de varios individuos, y no aparece rastro alguno del preciado líquido vital. De igual forma, las perforaciones que se han realizado
son tremendamente superficiales y escasas en número si se comparan con la magnitud del planeta. Ahora bien, ¿puede la ciencia oficial responder a las siguientes preguntas con rigor científico?
 
¿Por qué los icebergs están formados por agua dulce? ¿Por qué se han encontrado en ellos piedras, arena, semillas tropicales, plantas y árboles?
 
¿Cuál es la razón por la que miles de especies de pájaros tropicales se dirigen en invierno hacia el norte?
 
¿Cómo se explica el haber encontrado más allá de las barreras de los hielos árticos, mariposas y abejas? ¿Cómo habrían podido resistir el frío si procedieran del sur?
 
¿Cómo se ha formado la gran barrera de hielo de la Antártida, de más de 650 kilómetros de largo y 80 kilómetros de ancho, con una altura de 20 a 70 metros sobre el agua? ¿Alguien se atreve a sugerir que semejante masa es producto de la lluvia y de la nieve?
 
¿Por qué, según todos los exploradores del Ártico, después de atravesar los 70º de latitud, el viento procedente del norte y las aguas, se van haciendo más cálidas a medida que se van acercando al Polo Norte?
 
La respuesta a estas interrogantes, y también al misterio que nos ocupa, es que el hombre es tan diminuto, en relación con las dimensiones de la esfera en la que habita, que por un efecto óptico es incapaz de percibir la curva en la que se halla inmerso. Algo similar es lo que puede estar sucediendo con esas expediciones en las que los exploradores polares nunca alcanzan el Polo Norte, y deambulan perdidos por tierras desconocidas. Navegan hasta el borde externo de la abertura polar, pero esa abertura es de tales dimensiones que, la curva descendente hacia el interior, no se hace perceptible para ellos. Su diámetro es tan amplio que no les resulta visible.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 231
 
 
Marshall B. Gardner, norteamericano, pasó más de veinte años estudiando los informes de los exploradores árticos, así como diferentes aspectos astronómicos, antes de publicar su libro Un viaje al interior de la Tierra. Observó muchos fenómenos extraños e ideó nuevas teorías para explicarlos. Gardner sostiene la existencia de un Sol central en el interior de la Tierra, lo que explicaría el origen de las elevadas temperaturas en la zona, así como el fenómeno de las auroras boreales. También afirma que no solo la Tierra, sino todos los planetas del sistema solar, poseen interiores huecos y soles centrales. Argumenta que la formación original de los planetas se debió a una nebulosa que giraba y que, como resultado de la fuerza centrífuga de su rotación, los elementos que lo constituían fueron arrojados hacia fuera, formándose de esta manera una corteza sólida en la superficie externa de cada planeta, dejando el interior vacío. Siguiendo con la misma argumentación, debido a la fuerza de rotación y al movimiento por el espacio, se produjeron las aberturas en las extremidades polares.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 238
 
 
Al volver la vista hacia las lejanías del pasado, se siente vértigo al observar que lo que está haciendo la ciencia es redescubrir algo que ya se conocía en la remota Antigüedad, renombrar con otras palabras y con otro lenguaje algo que ya se definía con la sencillez propia de la sabiduría. Se trata de uno de los siete principios herméticos que se dan a conocer en el Kybalión, uno de los mejores escritos sobre filosofía hermética. Obsérvese la similitud entre el enunciado realizado por Nottale y el aforismo milenario, el llamado Principio de Correspondencia.
 
Las leyes de la naturaleza deben ser validas en todo sistema de coordenadas, cualquiera que sea su estado de movimiento y escala.
Principio de Relatividad de Escala
 
Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba
Principio de Correspondencia
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 240
 
 
El 3 de diciembre de 2014, la revista científica Nature publicó un artículo sobre el estudio realizado por el geoquímico Graham Pearson, en la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canada. En este trabajo de investigación, Pearson utilizó datos obtenidos del USArray, parte de un programa de 15 años para crear una amplia red de sismógrafos portátiles en el territorio norteamericano, con el fin de estudiar el manto y el núcleo terrestre. El descubrimiento vino de la mano de un diminuto diamante encontrado en Brasil, con un peso menor de la décima parte de un gramo, y que procedía de una gran profundidad. La mayoría de los diamantes se forman en profundidades entre 150 kilómetros y 200 kilómetros, pero estos diamantes ultraprofundos proceden de una región del manto conocida como «zona de transición» (entre 410 kilómetros y 660 kilómetros de profundidad). Las impurezas encontradas en estos diamantes se utilizan para el estudio de las zonas del interior de la Tierra de donde proceden. Pearson afirmó: «Este tipo de diamantes son una ventana abierta al interior de la Tierra».
 
El apenas visible diamante que sobrevivió a tan largo viaje posee incrustado una pequeña porción de un nesosilicato llamado ringwoodita, un mineral muy abundante en la parte superior del manto terrestre. Este cristal microscópico, un mineral nunca antes encontrado en rocas terrestres, sugiere la presencia de vastas cantidades de agua en las profundidades del manto terrestre.
 
El equipo de científicos liderado por Pearson utilizó técnicas de espectroscopía infraroja (IR), gracias a lo cual encontró que el 1% del peso de la pequeña mota de ringwoodita era agua. Según Pearson declaró, «esta cantidad puede parecer pequeña, pero si se piensa en la enorme cantidad de ringwoodita que hay en la llamada zona de transición, uno se da cuenta que allí abajo puede haber tanta agua como la que hay en todos los océanos juntos.»
 
Sorprendentes palabras de un científico que aporta evidencias de la existencia de una vasta zona húmeda situada en la profundidad de la zona de transición del planeta y que podría contener tanta agua como la existente en todos los océanos juntos… Los científicos están aprendiendo, cada día, más acerca del interior de la Tierra. Y además, este sorprendente descubrimiento sugiere, como algo muy real, la posibilidad de que el agua de la superficie del planeta pueda estar interconectada con el agua del interior y que, incluso, el agua del interior pueda ser su fuente de procedencia. Esto último está en completa oposición con el paradigma científico dominante, el cual establece que el agua de la Tierra procede del espacio, de cometas o asteroides. Una vez más, los modernos descubrimientos científicos parecen estar dando la razón a antiquísimos conceptos que se habían desechado, hace ya tiempo, por ser considerados bárbaros.
 
Si echamos un vistazo a un mapamundi nos daremos cuenta que, desde el punto de vista de un observador situado en la desembocadura del Tigris y el Éufrates, el Apsu, los manantiales situados «al fondo del mar», más allá del océano Índico, son el océano Antártico y su continente helado. También, he presentado evidencias argumentales de que la única forma en que la vida pudo ser barrida de la Tierra, en tan corto espacio de tiempo, por acción de las aguas, fue mediante un tsunami de proporciones descomunales y no debido a unas precipitaciones atmosféricas excesivas, las cuales también existieron como consecuencia del desequilibrio ecológico creado por la crecida de las aguas. El tsunami fue producido por aguas procedentes del interior de la Tierra, al irrumpir de manera violenta al exterior del planeta a través de la apertura polar antártica. El tsunami venía del sur y provocó una gigantesca marea que se desplazó hacia el norte, barriendo a su paso las costas que encontraba, hasta alcanzar el área mesopotámica.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 248
 
 
Otra fuente mesopotámica que arroja luz sobre este asunto es La Epopeya de Erra. Data del primer tercio del siglo I a. de C. y es un poema babilónico inspirado en fuentes más antiguas. El protagonista, Erra, es el dios de la peste y de los infiernos, del inframundo, es decir del mundo subterráneo… del mundo que existe por debajo de la superficie del planeta. Erra se sentía inquieto en su morada, el mundo subterráneo, y deseaba hacer la guerra, sin embargo, estaba fatigado y no se ponía en acción. Finalmente, se decidió a hacer la guerra debido a la presión ejercida por sus ejércitos y armas, en especial por su Estado Mayor, los Sebitti, los terribles 7 guerreros que marchaban a su lado. Erra insta a su visir Ishum, quien no está convencido, a entrar en acción para enfrentarse a Marduk. Por tal motivo visita el templo de su rival y le increpa diciéndole que su aspecto no es propio del soberano de los dioses, por lo que este, convencido, viaja al mundo subterráneo de las aguas dulces para que los artesanos que allí habitan le ayuden a cambiar su aspecto. En ausencia de Marduk, Erra planea devastar Babilonia a pesar de que Ishum intenta hacerle cambiar de idea. Finalmente, Erra, a su tercer intento, asola Babilonia y causa la muerte y la desolación, sin miramientos. Hay que remarcar que, en este poema, Erra encarna, entre otros, el significado de las aguas no saladas subterráneas del planeta.
 
Oh, guerrero Erra, has puesto al justo ante la muerte, has puesto al injusto ante la muerte, has puesto ante la muerte al hombre que te había ofendido, has puesto ante la muerte al hombre que no te había ofendido…
 
Ishum le dice a Erra que todo el mundo está sobrecogido por su aplastante victoria. Erra (las aguas subterráneas) victorioso y desafiante hostiga a los otros dioses para terminar regresando a su templo, en el mundo subterráneo. De esta manera, en clave hermética, el poema explica como las aguas provenientes del interior de la Tierra causaron la muerte indiscriminada de los hombres, para finalmente volver a regresar al mundo subterráneo, a su templo...
 
Ishum lo tranquiliza: ¡Guerrero, cálmate y escucha mis palabras! ¿Qué tal si fueras ahora a descansar y nos ocupáramos de ti? ¡Todos sabemos que no hay quien pueda hacerte frente en un día de ira! Apaciguado, Erra se retira a su templo en Khuta.
 
La narración mesopotámica señala que la crecida de las aguas que produjo esa gran ola proveniente del sur, vino dada como consecuencia de la salida a la superficie de las aguas dulces subterráneas. Salida de las aguas que se produjo por una abertura en la zona antártica y que de alguna manera sigue abierta, hoy en día, como demuestra el hecho de que los icebergs estén formados por agua dulce. El poema añade la queja de Marduk y explica con contundencia lo sucedido.
 
El Erakallum se estremeció (tembló) y su cubierta fue mermada, y ya no se podían adoptar medidas.
 
Erakallum es un término que suele ser traducido como «el mundo de abajo», aunque hoy en día los académicos lo dejan sin traducir. En el presente trabajo sugiero que su significado alude al mundo subterráneo de manera directa.
 
Con este lenguaje tan periodístico, se narra un aspecto concreto del tercer intento de Enki para acabar con la raza de humanos que había sido creada por los astronautas anunnaki, procedentes del espacio exterior hace 450.000 años. Los humanos habían empezado a molestar a Enki con su comportamiento irreverente y con su crecimiento reproductivo exponencial. Después de dos intentos fallidos, Enki urdió un plan por el que colocaba cargas explosivas de gran magnitud en las compuertas que contenían las aguas dulces del interior de la Tierra. Estas compuertas estaban situadas en el área antártica. Cuando se produjeron las explosiones y la cubierta fue rota, las aguas dulces del interior del planeta brotaron a raudales, ocasionando una subida del nivel de las aguas de la superficie, así como un tsunami de proporciones gigantescas que desde el sur avanzó, de manera inexorable, hacia el norte, hasta llegar al golfo Pérsico. Los resultados son sobradamente conocidos.
 
La lectura detallada de fuentes bíblicas y mesopotámicas coinciden en la posterior sucesión de los hechos. Después de que la gigantesca ola cesó, el nivel de las aguas comenzó a descender progresivamente. También coinciden en el episodio de enviar palomas para explorar el terreno en busca de tierra firme, la llegada al monte Ararat, la construcción de un altar y el ofrecimiento de un sacrificio a la divinidad, seguido por la bendición de Yahvé o Enlil a Noé/Ziusudra.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 251
 
 
Abraham Ortelius, quien junto a Mercator fue el padre de la cartografía flamenca, realizó el primer atlas moderno. Entre las genialidades del cartógrafo flamenco está, ya en 1596, la de ser el primero en sugerir la deriva de las masas continentales y el que los continentes actuales estuvieran unidos primigeniamente, teoría que más tarde sería desarrollada por Alfred Wegener en el siglo XX. Ahora bien, el dato que más llama la atención es que Ortelius, en uno de sus mapas, ilustró la esquina superior derecha con un misterioso continente que ocupaba toda la región polar, al que denominó Hyper Boreas. Hay que subrayar que en Groenlandia, una de las islas más grandes del mundo, situada entre el océano Atlántico y el océano Glacial Ártico, más del 80% de su superficie esté cubierta por los hielos y sin embargo su nombre en danés signifique «tierra verde.»
 
Los griegos hablaban de los hiperbóreos como los habitantes de un pueblo fabuloso, patria de Apolo, situado en los confines del océano, más allá de la región del viento del Norte, Bóreas. Hiperbórea era una región ubicada en las tierras septentrionales desconocidas. Su nombre, en griego Υπερ βορεία, Hyper Boreas significa «más allá del Norte». Era una tierra donde el Sol salía y se ponía una vez al año y brillaba las veinticuatro horas del día. Sus habitantes podían vivir hasta mil años, libres de la vejez y de la enfermedad. Era prácticamente imposible llegar hasta allí ya que este paraíso estaba protegido por enormes muros de hielo y por poderosos semidioses. Heracles en su tercer trabajo fue a perseguir a la cierva de Ceriña hasta el país de los hiperbóreos. Existen multitud de referencias escritas al respecto. En la mitología griega, Tule era una isla en donde se situaba la capital de Hiperbórea y tanto Ptolomeo en su Geografía como Marciano de Heraclea en su Periplus maris externi sitúan al continente hiperbóreo en el mar del Norte, al que denominaron océano Hiperbóreo. El poeta griego Píndaro en su Pitica también habló de los hiperbóreos.
 
Nadie podrá encontrar ni por mar ni por tierra, el camino maravilloso que conduce a las fiestas de los hiperbóreos.
 
Pitica X, 29-30
 
¿Qué quería decir el poeta al referirse a un camino difícil de encontrar? Los Campos Elíseos, las Islas Bienaventuradas, el Jardín de las Hespérides o Atlántides y la Atlántida de Platón se encuentraban en algún lugar del océano Atlántico, al oeste de las columnas de Hércules. La mítica Hiperbórea también se ubicaba más allá de las columnas de Hércules, en el océano Atlántico y además sabemos que tanto la mitología griega como los mapas de Abraham Ortelius la situaban en la región del Polo Norte… Es muy significativo que las antiguas tradiciones hablen de un lugar en donde el Sol brilla durante las veinticuatro horas del día, lo que sugiere su posible localización en la zona del círculo polar ártico, si recuerdas todo lo que se ha dicho acerca del movimiento aparente del Sol en dichas latitudes.
 
¿Recogió Platón todas estas tradiciones ancestrales y las incorporó a sus escritos con un nuevo y único nombre? Todo apunta a que así sucedió. La Atlántida pertenecía a una cadena de islas de igual forma que las islas Bienaventuradas de Píndaro. Tanto los Campos Elíseos, como el Jardín de las Hespérides se encontraban en el inframundo, lugar en donde Odiseo atraca en su barco después de haber entrado en una zona en donde el Sol se mueve de manera extraña, similar a como lo hace en las zonas polares del planeta. ¿Estaba la Atlántida situada en el inframundo? ¿Era la Atlántida el continente perdido ubicado en el interior de la Tierra? ¿Era la Atlántida el continente Hiperbóreo? ¿La isla de Tule y la Atlántida son sinónimos de una misma cosa?
 
A la Atlántida se llegaba haciendo un largo viaje que comenzaba cruzando las columnas de Hércules, en el estrecho de Gibraltar, para luego dirigirse navegando por el océano Atlántico en dirección hacia el círculo polar ártico, zona en donde a través de una ruta conocida por unos pocos iniciados se entraba en el interior de la Tierra. Platón recopiló las tradiciones anteriores y las reunió en la Atlántida, palabra cuyo significado es «la hija de Atlas», de donde proviene su nombre (de la misma manera que las Hespérides o Atlántides eran hijas de Atlas).
 
Existen otros aspectos en la historia de Platón que levantan interrogantes: 1º) el oricalco, 2º) las dimensiones de la Atlántida, 3º) la referencia a un mar de cieno y lodo.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 274
 
 
hundido. Ken Feder, un conocido escéptico y profesor de arqueología en la Central Connecticut State University, USA., afirma: «La geología lo deja claro; no puede haberse hundido una gran superficie de tierra en la zona en donde Platón sitúa a la Atlántida.»
 
Hasta este momento ninguna teoría ha sido capaz de explicar sus enormes dimensiones. ¿Es posible que la Atlántida fuese tan grande como Platón asevera y al mismo tiempo no ser encontrada? Solo hay una posible interpretación que explique la tan notable dimensión de la Atlántida y la ausencia total de hallazgos. La Atlántida estaba ubicada en el mundo subterráneo. Solamente si se ubica en el interior del planeta, tienen sentido las enormes dimensiones de la isla, ya que su única limitación serían las propias dimensiones del mundo subterráneo, las medidas del interior de la Tierra. Una Atlántida situada en el interior de la Tierra también cumpliría con la condición de ser un continente ubicado geográficamente bajo las aguas del océano Atlántico. Entonces y solo entonces, las palabras de Platón tendrían sentido. La Atlántida sería, al mismo tiempo, un continente perdido y hundido (situado debajo el océano Atlántico, aunque al otro lado de la corteza terrestre).
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 180
 
 
Sé que esta tesis por la que ubico al continente perdido de la Atlántida en algún lugar del interior de la Tierra producirá no pocas sonrisas, tanto por tratarse de un tema de por si controvertido y fantasioso como es la Atlántida, como por el lugar elegido para su situación. Lo cierto es que existen argumentos de peso que permiten apuntar en dicha dirección.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 286
 
 
La clave para el avance de la ciencia está en la capacidad del investigador para trascender creencias dogmáticas ancladas en la sociedad a lo largo de generaciones. La creencia en la imposibilidad de volar impidió la creación de los aviones, al igual que la creencia en que ciertas enfermedades eran incurables impidió que se buscara su cura. Se ha aceptado, durante siglos, que los límites de la vida humana son algo que depende exclusivamente de una ley superior a la que el hombre no puede modificar y ni siquiera pensar en inmiscuirse en ella, ya que es prerrogativa divina. Pero en las últimas décadas, científicos de mente abierta que nunca se han creído estos dogmas de fe, están encabezando la que será la mayor revolución del ser humano desde sus orígenes.
Que nadie piense que estoy hablando de inmortalidad… al menos de momento. Una cosa es extender los límites actuales de la vida, retrasar o evitar los signos de envejecimiento y otra, muy distinta, el llegar a evitar la muerte física. El hombre, en las próximas décadas, conseguirá un mayor control de su vida y de su biología, pero seguirá siendo mortal. No importa los cambios genéticos que se hagan, lo saludables que podamos estar o lo jóvenes que parezcamos, aun así, seguiremos siendo mortales. Pero, aunque seamos mortales, sí que podremos escapar al envejecimiento como se entiende hoy en día.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 299
 
 
Y fue entonces cuando «Elhoim pronunció las siguientes palabras» estableciendo los diez mandamientos que constituyen la esencia de la fe hebrea, la alianza entre Yahvé y el pueblo israelita. Sobre las tablas, estaban escritos los diez mandamientos conjuntamente con otras ordenanzas para la guía diaria de la conducta de las gentes, reglas de adoración a Yahvé, así como estrictas prohibiciones para adorar a otros dioses.
 
I. Yo, Yahvé, soy tu Dios, quien te ha traido desde Egipto y liberado de la esclavitud.
 
II. No tendrás otros dioses por delante de mí. No harás escultura o imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra y en las aguas. No las rendirás culto ni te postrarás ante ellas, porque yo soy Yahvé, tu Dios, un dios celoso que castiga a los hijos por los pecados de los padres que me odian, hasta la tercera o cuarta generación. Pero soy un dios que otorgará amor durante miles de generaciones para aquellos que me aman y cumplen mis mandamientos.
 
III. No pronunciarás el nombre de Yahvé, tu Dios, en vano porque el Señor no dejará sin castigo a todo aquel que utilice su nombre de manera indebida.
 
IV. Recuerda el día del Sabbat (sabado) para santificarlo. Durante seis días trabajarás y realizarás todas tus labores, pero el séptimo día es un Sabbat para Yahvé, tu Dios. En este día no realizarás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo o tu hija, ni tus siervos y siervas, ni tus animales, ni tan siquiera los forasteros que habiten en tu ciudad. Porque durante seis días, Yahvé hizo los cielos, las tierras y los mares, pero descansó en el séptimo día. Por tal motivo, Yahvé bendijo el sábado y lo hizo sagrado.
 
V. Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen los días de tu vida en esta tierra que Yahvé, tu Dios, te va a dar.
 
VI. No matarás.
 
VII. No cometerás adulterio.
 
VIII. No robarás.
 
IX. No rendirás falso testimonio contra tu vecino.
 
X. No codiciarás la casa de tu vecino. No codiciarás a la mujer de tu vecino, ni a sus siervos o siervas, ni a su buey o burro, ni nada que pertenezca a tu vecino.
 
Muchos autores, entre los que se encuentra Zecharia Sitchin, han defendido en sus escritos que nunca antes de estos diez mandamientos había sido establecido de manera tan clara y con tanta originalidad un código ético de tales características, aduciendo que el código de Hammurabi en el siglo XVIII a. C. era un código de justicia, pero no una completa guía espiritual. ¿Es esto cierto?
 
La colección Schoyen es, a fecha de hoy, la colección de manuscritos privada más extensa del mundo, cuya mayor parte está localizada en las ciudades de Oslo y Londres. Martin Schoyen, durante el siglo XX, fue su excepcional artífice, y en ella se incluyen más de 13.000 objetos manuscritos de 134 países o territorios, en los que están representados 120 lenguas diferentes que abarcan 5000 años de historia de la humanidad, lo que hace a esta colección única.
Los diez mandamientos de la Iglesia, según la versión revelada, fueron otorgados por Dios a Moisés, en el monte Sinaí, a través del pacto entre el pueblo de Israel y la divinidad, conocido como la Antigua Alianza. Israel se comprometió a cumplir los mandamientos y Dios, a cambio, los ayudaría en todo, siempre y cuando no dejaran de cumplirlos. Se cuenta que fue Dios mismo quien los escribió en dos tablas de piedra. Pero, así como la narración del Diluvio Universal bíblico, se ha demostrado, está basada en antiquísimos textos sumerios anteriores, los diez mandamientos cristianos tampoco son originales, ni exclusivos de la religión dominante en Occidente durante los últimos dos mil años, por mucho que les pese a los defensores de tan extendida tesis. La prueba se encuentra en la tablilla MS 2788 de la colección Schoyen, conocida como Las Instrucciones de Shurupak. Es un texto sumerio de una gran antigüedad según se desprende de las palabras con las que al inicio se dirige Ubar.Tutu, el rey antediluviano de Shurupak, a su hijo Ziusudra, el héroe del Diluvio.
 
En aquellos días, en aquellos tiempos remotos, en aquellas noches, en aquellas noches lejanas, en aquellos años, en aquellos años remotos...
 
Se trata, una vez más, de un texto sumerio que precede claramente, y con muchísima antelación, a otros escritos hebreos que se han considerado únicos y originales durante mucho tiempo. El texto de Las Instrucciones de Shurupak es un libro de proverbios, posee una clara intencionalidad de inculcar virtudes piadosas en la comunidad y contiene preceptos, más tarde, incluidos entre los diez mandamientos de Moisés, así como otros recogidos en el bíblico Libro de los Proverbios.
 
Así, en donde el texto sumerio dice: «no blasfemarás», las tablas de la ley hebreas dicen «no tomarás el nombre de Dios en vano»; en donde dice «no reirás o te sentarás en una habitación a solas con una mujer casada», la ley mosaica dice «no cometerás actos impuros»; siendo las partes en donde dice «no robarás», «no mentirás» y «no matarás» claras en su exacta traducción posterior en los diez mandamientos.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 328
 
 
¿Puede el ser humano nutrirse directamente de la energía lumínica procedente del Sol? Existe una técnica o ritual que cada vez gana más adeptos, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y que está siendo popularizada en la actualidad por Hira Ratan Manek, bajo el nombre de sungazing (mirando al Sol). Lo único que hay que hacer es contemplar el Sol en las horas seguras. Esto es lo que significa el sungazing o arte de contemplación del Sol.
Cuando se mira al Sol, algo que solo debe realizase durante el amanecer o el ocaso para evitar daños, el cuerpo recibe energía del astro. El ser humano posee receptáculos especiales en los ojos y en otras partes del organismo que le permiten asimilar la energía del biofotón solar. Mediante el sungazing hacemos nuestra propia fotosíntesis. Esta práctica de sungazing, durante la era de Acuario, recibirá el reconocimiento del que carece hoy en día, a la vez que se conocerán en profundidad las auténticas bases científicas en las que se basa.
 
Jesús Cediel
El Código Verne: El secreto de los Anunnaki, la Atlántida y la verdadera forma de la Tierra, desvelado, página 354
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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