John Kennedy Toole La conjura de los necios

—Limpio un poco el polvo —explicó Ignatius al policía—. Además, estoy escribiendo una extensa denuncia contra nuestro siglo. Cuando mi cerebro se agota de sus tareas literarias, suelo hacer salsa de queso.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 13
 
 
—Está claro que no se puede confiar en nadie en estos tiempos, cariño.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 20
 
 
—Será mejor que nos vayamos, Ignatius —dijo la señora Reilly y eructó.
—¿Qué? —aulló Ignatius—. Hemos de quedarnos para ver la corrupción. Como puedes observar, ya empieza.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 25
 
 
Como madre, deberían interesarte los traumas que han condicionado mi visión del mundo.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 27
 
 
—Están bastante buenas —concedió Ignatius, que envió su fofa lengua rosada a explorar por el bigote a la caza de migas—. Creo que tomaré uno o dos almendrados. El coco siempre me ha parecido excelente como fibra.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 29
 
 
Mercaderes y charlatanes se hicieron con el control de Europa, llamando a su insidioso evangelio «La Ilustración». El día de la plaga estaba próximo; pero de las cenizas de la humanidad no surgió ningún fénix.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 37
 
 
También les dije a los estudiantes que, en bien del futuro de la humanidad, esperaba que todos fueran estériles
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 64
 
 
Soy un anacronismo. La gente se da cuenta y les fastidia.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 71
 
 
Con la cabeza llena de ideas erróneas y de juicios de valor abismales.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 71
 
 
Ignatius, te he mimado ya bastante en nuestra correspondencia. No vuelvas a escribirme hasta que no te comprometas con los problemas del mundo, odio a los cobardes.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 96
 
 
Pese a lo que han estado sometidos, los negros son una gente bastante agradable en general. Yo había tenido poca relación con ellos, en realidad, pues sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 143
 
 
Myrna es muy sincera. Por desgracia, también es muy ofensiva.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 148
 
 
—Ese muchacho es un verdadero psicópata —dijo el señor Levy.
—Para ti, la personalidad es psicosis. La integridad, un complejo.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 174
 
 
—Oiga, venga. Échele un vistazo a este maldito suelo.
Jones miró a regañadientes a través de las gafas de sol y no vio nada.
—¿Qué pasa? El suelo está impecable. Sí, señó. En el Noche de Alegría tó es de primera calida.
—Pero, ¿es que no ve toda esa mierda?
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 193
 
 
Un buen libro es la sangre vital preciosa de un maestro espiritual, embalsamada y atesorada a propósito para una vida futura. Milton
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 259
 
 
El mundo entero se me echará encima algún día con algún pretexto ridículo; sé que en cualquier momento pueden arrastrarme a una mazmorra de aire acondicionado y dejarme allí, bajo luces fluorescentes y un techo con aislamiento acústico, para que pague el precio por burlarme de todo lo que ellos atesoran en sus corazoncitos de látex.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 265
 
 
 
—¿Cómo ha acabao un blanco como tú, que habla tan bien, vendiendo salchichas, dime?
—Echa el humo para otro lado, por favor. Mi sistema respiratorio no funciona, por desgracia, a pleno rendimiento. Sospecho que eso se debe a que la concepción fue particularmente débil por parte de mi padre. Debió emitir el esperma de forma un tanto descuidada.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 339
 
 
—¿Ignatius, no crees que quizá fueses más feliz si te tomases una pequeña temporada de descanso en el Hospital de Caridad?
—¿Te refieres por casualidad al pabellón psiquiátrico? —preguntó furioso Ignatius—. ¿Crees que estoy loco? ¿Crees que algún psiquiatra estúpido debería sondear en el funcionamiento de mi psique?
—Podrías descansar, cariño. Podrías escribir cosas en tus cuadernitos.
—Intentarían convertirme en un subnormal enamorado de la televisión y de los coches nuevos y de los alimentos congelados. ¿No comprendes? La psiquiatría es peor que el comunismo. Me niego a que me laven el cerebro. ¡No seré un robot!
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 350
 
 
—Tenéis ante vosotros —continuó Ignatius a pleno pulmón—. Un reto. ¿Consagraréis vuestras dotes singulares a salvar al mundo, u os limitaréis a dar la espalda a vuestros semejantes?
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 367
 
 
Algunas personas eran sencillamente insoportables.
 
John Kennedy Toole
La conjura de los necios, página 397
 
 
 
 

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