Existe una ecuación inquietante entre las antiguas
civilizaciones perdidas —el «fantasma» de la Atlántida incluido— el fenómeno
ovni, leyendas indígenas y hasta teorías de conspiración con el «factor
intraterrestre».
… todos esos temas que parecen inconexos a primera vista, en
realidad guardan una relación insospechada cuando escudriñamos el enigma desde
todos los frentes.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 4
¿Por qué viejas leyendas hablan de túneles secretos que se
adentran en la morada de los «invisibles», sea esta bajo el Altái mongol, la
Cordillera Real de Bolivia o los sagrados Andes del Cusco en Perú? ¿Quiénes y
por qué construyeron esos supuestos túneles? ¿Por qué emplazar esas bases bajo
tierra o en el interior de las montañas? Y lo más importante: ¿qué tienen que
decirnos los intraterrestres?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 5
Se dice que el nombre sánscrito Shambhala significa ‘lugar
de la paz, de la tranquilidad’, denominación apropiada para la labor de sembrar
la semilla de la luz en el mundo. La Hermandad Blanca es parte de esa fuerza de
luz que procura otorgar equilibrio y balance al planeta, inspirando a diversos
hombres y mujeres del mundo a encender su propia antorcha interior. Cual faro
luminoso que guía las embarcaciones, la llamada de aquellos Maestros estimula
al caminante a descubrir su «sentido» y «misión» reales. En suma, un compromiso
espiritual.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 11
LOS VIGILANTES DEL MUNDO INTERNO
Se dice que el nombre sánscrito Shambhala significa ‘lugar
de la paz, de la tranquilidad’, denominación apropiada para la labor de sembrar
la semilla de la luz en el mundo. La Hermandad Blanca es parte de esa fuerza de
luz que procura otorgar equilibrio y balance al planeta, inspirando a diversos
hombres y mujeres del mundo a encender su propia antorcha interior. Cual faro
luminoso que guía las embarcaciones, la llamada de aquellos Maestros estimula
al caminante a descubrir su «sentido» y «misión» reales. En suma, un compromiso
espiritual.
Aunque hay muchas versiones sobre el origen de Shambhala y
los intraterrestres, todo apunta a Asia como cuna del primer centro espiritual
mundial. Viejas leyendas sugieren que en algún lugar del Gobi, o de los
Himalayas, se establecieron mentes muy elevadas para fundar un centro de poder
que pudiera reunir lo más sagrado del conocimiento humano. Especialmente se
habla de una «Isla Blanca» en el desierto de Gobi, en Mongolia, como el primer
punto que fue tocado por esos seres que, supuestamente, habrían llegado desde
muy lejos. Algunas versiones budistas mencionan que arribaron provenientes de
tierras desconocidas, y otras leyendas sugieren que esos visitantes llegaron
del espacio. Así es como se interpreta.
En nuestra experiencia de contacto aprendimos que la
«versión extraterrestre» sobre la fundación de Shambhala no es una locura. Se
nos dijo que fueron treinta y dos seres los que llegaron a Gobi, entidades que
representaban a distintas civilizaciones cósmicas que seguían un mismo
propósito: sembrar la llamada de la luz en el planeta.
Se afirma, además, que la «civilización 33» que se
integraría en esa suerte de hermandad espiritual universal sería nuestra propia
raza humana. Un plan orquestado desde altas esferas de consciencia para que el
hombre pueda restituir el orden perdido en la creación. De acuerdo con todo
esto, la Tierra es un planeta escuela, un lugar de «paso y aprendizaje» que
podría brindar respuestas y caminos para encarar nuevos horizontes en la
evolución. Los treinta y dos seres que llegaron al Gobi, hace más de 10.000 años,
venían con esa misión en mente: archivar y proteger toda la sabiduría que se
pueda generar en la Tierra. Y guiar silenciosamente, casi de forma invisible,
los pasos de los iniciados en este misterio.
A este momento primigenio de la Hermandad Blanca en la
Tierra se le llamó «Etapa Estelar». Luego, llegaría la denominada «Etapa
Mestiza», en donde supervivientes de reinos perdidos, como la Atlántida de
Platón, habrían constituido la segunda generación de Maestros, llamados
«mestizos», por ser fruto de la unión de razas cósmicas y humanas hace miles de
años.
Se cuenta que tras la destrucción de la Atlántida
—catástrofe que se recuerda en las leyendas de diversos pueblos como «diluvio
universal»— aquellos Noés se refugiaron con los archivos de su avanzada
civilización en sus verdaderas Arcas: cuevas. Les sobrevino un cataclismo que
hundió su orgulloso imperio, que no supo conciliar el avance tecnológico con la
espiritualidad. Quienes entendieron el mensaje decidieron proteger los anales
históricos de su cultura. Por esta razón esos supervivientes —que se mantuvieron
en la luz observando el inevitable ocaso— eligieron las oquedades de la Tierra
para protegerse y poner a salvo sus conocimientos. Ellos serían los primeros
discípulos de la Hermandad Blanca del Gobi. Y los archivos rescatados de
aquellas civilizaciones que consideramos imposibles, como Lemuria, Mu o
Atlántida, pasaron a formar parte de la gran biblioteca que protegen los
Maestros. En estos tiempos, descendientes de aquel remanente atlante, o
muniano, permanecen en el reino subterráneo como guardianes de los tesoros
espirituales.
Ahora estamos en la Etapa Humana, que culmina la cadena de
postas para recibir y vivir el conocimiento. Aquellos que supieron escuchar la
llamada de la Hermandad Blanca, empezarán a constituirse en sus mensajeros o
emisarios. Hoy la humanidad está llamada a integrarse a esa Magna Obra, y
modificar el futuro planetario sobre la base de la fuerza más poderosa que
existe en el universo: el amor.
La Hermandad Blanca está activa, e inicia a los caminantes
en su mensaje. Los senderos que conducen a sus Retiros Interiores son variados
y sutiles; sin embargo, ante los «ojos del espíritu», se trata de un camino
claramente definido que solo puede ser transitado por un alma valiente que no
tema vencerse a sí misma. He aquí el punto más importante: es imposible llegar
al misterio de los intraterrestres sin adentrarse en el camino espiritual, el
mensaje oculto de los símbolos y el legado esotérico de antiguas culturas
desaparecidas. No en vano, la alegoría de ingresar en una cueva —la entrada al
mundo subterráneo— no es otra cosa que el contacto con uno mismo: la
exploración de nuestro propio interior. Por este mensaje los Maestros denominan
a sus instalaciones «Retiros Interiores».
Según nuestras observaciones, existen tres tipos de Retiros
de la Hermandad Blanca:
Retiros Interiores: Son la morada subterránea de los
Maestros. Aquí debemos mencionar que la mayor parte de los seres
intraterrestres no poseen actualmente cuerpo biológico; es decir, abandonaron
su envoltura material. Por tanto, existen Retiros Interiores físicos y sutiles.
Generalmente el acceso a los enclaves físicos es complicado, por cuanto se
encuentran estratégicamente ubicados en lugares de difícil acceso. En el caso
de los santuarios sutiles, esto es distinto, ya que pueden ser conectados a
través de la meditación y la proyección del Cuerpo Astral. Y también hay
lugares que poseen ambas realidades en coexistencia.
Retiros Intermedios: Lo constituyen monasterios
secretos «en la superficie», como la antigua Hermandad de los Siete Rayos en
los Andes peruanos. Sabemos que, hacia el norte de Cusco, al este de Marcahuasi
y al norte de Puno, se encuentran enclavadas aquellas comunidades o aldeas
místicas. Quienes forman parte de ellas son humanos, que voluntariamente se
apartaron del mundo. Se hallan en conexión con los Maestros intraterrestres y
actúan muchas veces como emisarios. En la tradición andina de Perú y Bolivia se
habla de ellos y de sus aldeas ocultas en las montañas. Los indios Q’eros de
Paucartambo conocen bien el secreto.
Retiros Externos: Son aquellos seres humanos que
viven en el mundo moderno pero que, conscientes de esta realidad —que los une a
la obra de la Hermandad Blanca—actúan como «infiltrados» para generar un cambio
desde dentro. Aquellos Retiros Externos están constituidos, también, por los
estudiantes de estos misterios.
Acercarse a estos conocimientos no solo supone una madurez
de pensamiento hacia lo espiritual; conlleva inevitablemente hacerse cargo de
uno mismo y ver las cosas en perspectiva, más allá de la «ilusión». En otras
palabras, el mensaje que encierra la existencia de esos seres nos lleva a un
despertar de la consciencia.
Actualmente, los Retiros Interiores de Oriente se encuentran
en un estado de «sueño». América ha empezado a despertar y los sabios Maestros
del reino subterráneo se mantienen atentos, protegiendo los archivos antiguos
del conocimiento y sus objetos de poder para que en un futuro todo sea
revelado. Ese es un misterio que siempre ha rodeado a los seres del mundo
intraterrestre: sus perseguidas reliquias sagradas y sobrenaturales.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 10
Varios escritores esotéricos confunden Mu y Lemuria. Hay que
decir que ambos son dos mundos distintos. El primero evoca un presunto
continente desaparecido en el océano Pacífico, la Kasskara de los indios Hopi,
cuyos posibles restos se amparan en Pascua, Tahití, Samoa, las islas Cook, las
Tongas, las Marshall, las Kiribati, las Carolinas, las Marianas, Hawái y las
islas Marquesas (entre otras). De allí provendría Aramu Muru. Y, por otro lado,
«Lemuria» englobaba a vastas tierras que, en una época muy antigua del mundo,
se hallaban unidas a África y Madagascar: la cuna del ser humano, en el actual
océano Índico.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 18
Lo que más cuentan los lugareños sobre la Puerta de
Hayumarca es que esta se «abre» ante las personas correctas, caminantes que
fueron invitados a franquear sus misterios. Esa entrada, o lo que fuese, sería
espiritual, aunque hay relatos de traspasos físicos. Este fenómeno no ocurre
siempre, pero, cuando sucede, hasta el clima responde con fuertes tormentas,
como si invisibles fuerzas de la naturaleza se activaran cuando el traspaso
está por ocurrir. Huelga decir que no hay una fecha exacta para que esto suceda,
pero los más ancianos dicen que los solsticios y equinoccios son «buenos
momentos» para preguntarle a la Puerta. ¿Preguntarle a la Puerta? Los ancianos
dicen que Hayumarca también funciona como un «oráculo». Tras varios viajes,
investigaciones y experiencias, estamos seguros de ello. La Puerta, además, no
es solo un umbral, sino un verdadero templo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 21
Para los incas, el término «laberinto» no es ajeno. De
hecho, de esa forma llamaban a sus túneles (Chinkana, en quechua), y creían que
en ellos reposaba la sabiduría. Denominaban a ese mundo interno Uku Pacha, que,
lejos de la explicación establecida de un reino de los muertos o del más allá,
se trataba, en realidad, de otra cosa... Al igual que Titicaca y Marcahuasi,
Cusco está repleto de leyendas sobre el mundo subterráneo y los misteriosos
Paco Pacuris, «los guardianes primeros», que se piensa formaban parte de un
imperio amazónico que luego se ocultó en las oquedades de la Tierra. Uno de sus
viejos túneles se encuentra sellado bajo Sacsayhuamán, y se dice que ese
antiguo camino intraterrestre conecta con una ciudad perdida en la selva del
Manú llamada Paititi. ¿Es esto posible?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 26
Las mismísimas crónicas de la conquista ya citan el misterio
de los túneles. Particularmente, se referencia el caso de un «pasillo
subterráneo» que une el lago Titicaca con Cusco. Los incas, que conocieron
Tiahuanaco, no eran sus autores, sino una dinastía anterior a Manco Cápac —el
legendario fundador del Imperio del Sol— llamada Apu Cápacs. Esos hombres, que
recuerdan en cierto modo a los Paco Pacuris, serían descendientes de una
civilización desaparecida que llegó a los Andes allende los mares. Estaríamos
hablando de los misteriosos hombres barbados que se mencionan en varios mitos
del altiplano. Entre ellos resalta la figura de Huyustus, un gigante de cabello
largo y rubio que se alzó como el líder de Tiahuanaco. ¿Quién era?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 26
Huamán Poma Ayala, descendiente de una casta noble inca, en
sus escritos también afirmaba que los primeros incas «legítimos» fueron los Apu
Cápac, hombres muy anteriores a Manco Cápac, el «Adán de los Andes». A decir
del cronista Manco Cápac fue solo «el primer jefe de la Segunda Dinastía». En
otras palabras: El Imperio inca es una continuación de lo que fue un reino
perdido, cuyos orígenes se remontan a la fundación de Tiahuanaco.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 30
El Disco Solar era una herramienta de poder de los
intraterrestres que estuvo un tiempo en manos de los incas. Actualmente, se
halla con sus legítimos custodios. Mas debo mencionar que, en ese aspecto, las
leyendas parecen contradecirse: mientras, por un lado, hallamos suficientes
indicios del gran Disco Solar en el Qoricancha, hay otras informaciones que
insisten en que la herramienta permanece oculta en un templo bajo el lago
Titicaca. ¿Cómo se explica esto? De acuerdo con lo que he podido investigar, el
Disco Solar, tal y como sugería páginas atrás, se encontraba originalmente en
el altiplano. Para ser más preciso, en Tiahuanaco. Cuando la ciudad de piedra
se vio asediada, el disco fue encerrado en una galería subterránea, y los
descendientes de Huyustus viajaron a Cusco a través de un gran túnel que partía
desde la Isla del Sol para fundar un nuevo imperio. Luego, algunos relatos
andinos sostienen que Manco Cápac —el primer inca—, en agonía de muerte, le
confió la historia del Disco Solar a su sucesor, su hijo Sinchi Roca.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 35
Quizá lo que más ha contribuido al conocimiento de la
existencia del Paititi son los petroglifos de Pusharo. Estos extraños grabados
en piedra fueron descubiertos en 1921 por el misionero dominico Vicente de
Cenitagoya, quien los encontró en una gigantesca roca que se acomoda a orillas
del río Sinkibenia, considerado sagrado por los indios «guardianes» de la zona,
los machiguengas. Más tarde, numerosos exploradores observaron esos
petroglifos. En 1970, el sacerdote y antropólogo A. Torrealba fotografió y estudió
los extraños grabados. Hoy en día todos los investigadores coinciden en que los
petroglifos no los hicieron los incas; entonces, ¿quién los hizo?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 38
Pusharo no es la única evidencia de una obra humana en las
selvas del Manú, también se han encontrado numerosas ruinas y caminos
parcialmente pavimentados. Las pirámides de Paratoari son una prueba fehaciente
de estas obras. Diversos estudios demuestran que estas grandes moles no serían
producto de la naturaleza, sino de la mano de una civilización aún desconocida.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 39
Se trataba de Alcir, el ser que se había «proyectado» en
estado de luz en mi propia casa anunciándome el encuentro. En la experiencia en
Pusharo se dirigió a mí en perfecto castellano, pero sin mover sus labios, como
si su mente se hubiese unido a la mía en una poderosa conexión telepática. Le
«escuchaba» con suma claridad. Y sentía que aquel hombre emanaba verdaderamente
una paz sobrenatural. En la breve charla que tuvimos en la selva —en realidad,
yo apenas intervine presa de los nervios—, Alcir se presentó como el «Guardián
del Disco Solar», y afirmó que este se encontraba protegido en una sala
subterránea. Lo extraordinario de este contacto, es que mientras el ser
intraterreno me hablaba, frente a mis ojos se materializaba todo cuanto me
narraba en imágenes, como si estuviera viendo una película tridimensional.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 45
Todos, queramos o no, estamos involucrados con el gran
proceso de transformación planetaria.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 47
Paititi no es la única «ciudad perdida» vinculada a la
Hermandad en las selvas de América del Sur. Sabemos de diversos enclaves
ocultos bajo el inmenso manto verde. He participado en varias expediciones a
esos lugares de poder. Y en ellos sentí la misma energía que Paititi. Como no
podía ser de otra forma, el relato de hombres de blanco, avistamientos ovni y
los infaltables túneles que recorren cientos de kilómetros, es una constante
que no obedece al azar. Uno de esos lugares que recuerda en cierto modo a Paititi
se halla en Brasil: la Sierra del Roncador.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 47
Desde hace mucho se ha mencionado la zona del Roncador como
un paraje que «esconde» uno de los ingresos a ese mítico y esquivo reino
subterráneo. Un punto en el mundo que es rico en diversas leyendas y, también,
en misterios.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 48
Existe un centro arqueológico en Bahía, concretamente en
Igatú, cerca de Andarai, en plena meseta Diamantina. Algunos la conocen como
«La Machu Picchu de Brasil». Es importante echar un vistazo a ese misterio en
Bahía por cuanto es la ciudad que aparece en el «Manuscrito 512», que se
conserva en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 50
A medida que acudíamos a estos lugares de poder, se nos
instruía sobre la existencia de una «red de discos» que se hallaría conectada
al gran Disco Solar de Paititi. La primera vez que se nos habló de ello fue en
febrero de 2001, en un encuentro cercano extraterrestre en el desierto de
Chilca, famoso enclave de la costa peruana por sus avistamientos ovni. En la
experiencia se nos dijo que no solo existía un disco en la ciudad perdida de
los incas, sino otros doce que forman parte de una red que está «unida por
fuertes lazos de energía». Esa red de doce herramientas sobrenaturales, que se
suma al gran Disco Solar de Paititi, se custodiaría en trece santuarios
subterráneos entre los que se halla el propio Roncador.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 55
En la experiencia de contacto del 24 de febrero de 2001, que
viví en el desierto peruano de Chilca, se nos había dicho:
Paititi es el Retiro Interior más importante de Sudamérica,
pues está activo, y custodiando una de las herramientas más trascendentales de
ascenso interdimensional para el planeta: El Disco Solar. Es el Disco Cósmico
que fue elaborado premeditadamente para este tiempo, cuando la Confederación de
Mundos de la Galaxia decidió establecer la Hermandad de la Estrella en la
Tierra. Por ello irán en su momento al desierto de Gobi, para hallar el último
eslabón que los une con el Plan Cósmico y las Fuerzas de la Luz.
No obstante, el Disco que protege la Hermandad Blanca del
Paititi no es el único. Existen otros doce discos repartidos en el planeta,
custodiados por los guardianes en sus Retiros Interiores. Todos ellos están
interconectados. Cuando el Disco Solar del Paititi sea activado, logrará una
reacción en cadena con los otros discos, formando una red de energía que
permitirá al planeta Tierra dar un verdadero salto cósmico, y reconectarse con
el Real Tiempo del Universo.
Extraído del «Informe Celea», publicado posteriormente en El
Legado Cósmico (edición de 2002, Lima, Perú).
En aquella experiencia consulté cuándo ocurriría la
activación de esta red. La respuesta fue: «Cuando estén listos. Y aquel momento
deberá coincidir con un evento cósmico: la sincronía entre el Sol de este
Sistema y el Sol Central de la Galaxia».
Ricardo González
Intraterrestres,
página 57
¿Qué tiene que ver esto con los discos solares? Según los
intraterrestres, el Disco Solar de Paititi, con los otros doce que se
encontrarían en una ubicación estratégica, formarían una red o «columna
vertebral planetaria» que sostendría energéticamente al planeta en su conexión
gradual con el Real Tiempo del Universo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 58
Según los intraterrestres, el Disco Solar de Paititi, con
los otros doce que se encontrarían en una ubicación estratégica, formarían una
red o «columna vertebral planetaria» que sostendría energéticamente al planeta
en su conexión gradual con el Real Tiempo del Universo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 58
He aquí la lista de los discos y sus «nombres», tal y como
se dio originalmente:
1. Mount Shasta, Estados Unidos: | Emanashi |
2. Valle Siete Luminarias, México: | Sipenbó |
3. Ciudad Blanca, Honduras: | Aromane |
4. Guatavita, Colombia: | Xemancó |
5. Roraima, Venezuela: | Urinam |
6. Cueva de los Tayos, Ecuador: | Jasintah |
7. Paititi, Perú: | Ilumana |
8. Lago Titicaca, Bolivia: | Demayon |
9. Licancabur, Chile: | Ramayah |
10. Talampaya, Argentina: | Mitakunah |
11. Sierra del Roncador, Brasil: | Omsarah |
12. Aurora: Uruguay | Ulimen |
13. Antártica: Chile/Argentina | Ion |
Como se puede ver, la ubicación de los discos coincide con
centros de poder relacionados con los intraterrestres. De hecho, son Retiros
Interiores. Los «nombres» de los discos serían los mantras de conexión. Se
pueden cantar individualmente, pero el propósito real es pronunciar los trece
nombres como si se tratase de un solo mantra. La energía que se genera con ello
es extraordinaria y permite un sólido enlace con la denominada Red del Tiempo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 59
El 9 de enero de 2005, durante un encuentro internacional de
grupos de contacto en Capilla del Monte (Córdoba, Argentina) se nos dijo al
respecto en una recepción telepática simultánea:
[...] La Red del Tiempo, hermanos, está constituida como se
les reveló por aquellos doce discos y la herramienta de poder de Paititi que
los armoniza. Los otros discos que han percibido fueron en su momento
instrumentos de poder de antiguas civilizaciones desaparecidas, ajenos a la Red
del Tiempo pero a cargo actualmente de la Hermandad Blanca.
La Red del Tiempo se halla en la franja americana, como
constataron, desde Mount Shasta hasta la Antártida, siguiendo una estrategia
energética que procura apoyar al planeta en su ascenso desde los lugares donde
las energías y los Retiros de la Hermandad Blanca se hallan activos. El origen
de aquellos discos está en Lemuria, y el destino de su aporte en las estrellas
que brillan en el Real Tiempo del Universo... (Oxalc).
Más tarde, el 12 de noviembre de ese mismo año, un nuevo
mensaje recibido en Ecuador añadió:
En las próximas expediciones que realicen, comprenderán con
mayor claridad el rol que desempeñan los discos solares de poder. Como ya les
hemos transmitido en anteriores mensajes, además de los trece discos que se
hallan ubicados en América y Antártida, conformando así la «Red del Tiempo»,
existen otros discos en diferentes áreas del mundo que funcionan como «espejos»
de esta columna vertebral. También les hemos dicho que la Red del Tiempo fue
ubicada de esta forma por cuanto en su disposición se hallan los Retiros
Interiores más activos de la Tierra, aparte de que la energía de activación
planetaria está siendo encendida en este sector, como otrora ocurrió en
Oriente. Los discos que se encuentran ubicados fuera de esta disposición
también son importantes, pues reflejarán la energía de la Red del Tiempo a todo
el globo y al Cosmos cuando se produzca la sincronicidad de 2012. Solo en ese
momento los discos serán totalmente alineados.
A partir del 20 de mayo de 2012, los latidos energéticos del
Sol Central se harán más perceptibles en vuestro mundo. Por ello se les ha
pedido ir a Paititi en agosto de ese año para sellar esa importante labor.
No olviden que cada viaje que lleven a cabo a estos lugares
activa y anima a los discos. Este fenómeno puede ocurrir en más de una ocasión,
pues más que herramientas de poder los discos solares son como seres vivos que
tienen que permanecer despiertos hasta que llegue el día del Tiempo del no
Tiempo. Entenderán (Antarel y Sampiac).
Ricardo González
Intraterrestres,
página 60
A continuación, trascribo una síntesis de la información que
hemos reunido en nuestras expediciones y experiencias de contacto con los
intraterrestres y que publicamos por primera vez en mayo de 2005:
Hace decenas de miles de años, en una época perdida, en que
el hombre originario del planeta caminaba erguido sobre tierras hoy sumergidas,
frente a las costas surorientales de África —en el actual océano Índico— se
produjo la aparición del «primer disco».
Los antiguos hombres de Lemuria habían comprendido que la
Tierra se hallaba viviendo en una «realidad paralela», desfasada del Real
Tiempo del Universo. Sabían que en algún momento se produciría la reconexión,
así que decidieron colaborar en esa tarea, lo cual les llevó a diseñar una
herramienta de poder, construida con elementos del planeta, para orientar la
ruta cósmica al Tiempo Real, representada físicamente en un gran portal que se
hallaría entre las órbitas de Júpiter y Saturno.
Los humanos de aquel entonces contaron con la ayuda de unas
pequeñas y bondadosas criaturas del intramundo, conocidas por nosotros con el
nombre de Sunkies. Estos seres, que descubrimos físicamente en la expedición a
la Cueva de los Tayos del año 2002, en aquellos tiempos proveyeron al hombre de
Lemuria de los elementos necesarios para construir un gigantesco disco. Una
herramienta poderosa capaz de «leer» el universo.
Sin embargo, cuando los observadores extraterrestres (seres
espaciales muy evolucionados; su misión era seguir el proceso de crecimiento de
la humanidad como parte de un Plan Cósmico) volvieron a la Tierra, y
constataron que se había construido esta herramienta, decidieron poner fin al
proyecto lemuriano por considerarlo peligroso y excesivamente temprano para el
proceso terrestre. Además, los científicos extraterrestres no registraron cómo
el hombre de Lemuria pudo hacer una cosa semejante —puesto que los visitantes
eventualmente se ausentaban al salir y entrar en nuestro tiempo—, conocimiento
que podría ser muy importante para el aprendizaje extraterrestre.
Entonces, los observadores extraterrestres decidieron
dividir en doce partes aquel disco, escondiéndolas en lugares secretos del
mundo. No obstante, con el tiempo, los visitantes estelares llegaron a
comprender la visión de los lemurianos. Ello les empujó a reactivar el portento
que se construyó originalmente y que ahora se hallaba separado en doce piezas,
transformadas en pequeños discos de poder que se entregarán más tarde a los
Maestros intraterrestres.
Después, la denominada Confederación de Mundos de la Galaxia
encargó a la Hermandad Blanca del desierto de Gobi la construcción de un disco
matriz que pudiera ensamblar los discos, «unirlos a todos».
De esta forma, se elaboró una poderosa herramienta cósmica,
una verdadera llave que conocemos como el gran Disco Solar, elemento que en la
actualidad se encuentra custodiado y protegido en el Retiro Interior de
Paititi. Los otros doce discos, también vigilados por los Maestros, se ubicaron
en lugares estratégicos.
Tras la destrucción de la Atlántida, vinieron a nuestro
planeta treinta y dos Mentores de la Luz para fundar en el actual desierto de
Gobi la Hermandad Blanca terrestre. Shambhala es un recuerdo de la llegada y
misión de tan elevadas consciencias. Allí se construyó el nuevo disco —el
número trece— que tendría la misión de «unir» a los otros energéticamente, para
cuando llegue el momento más importante del tránsito planetario.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 84
Según investigamos, hay cualidades muy especiales en esos
discos, como el hecho de que parecen ser inteligentes o tener «vida propia»,
hasta el punto de poder interactuar y comunicarse. Además, se pueden proyectar
a diferentes lugares ajenos a su emplazamiento principal, como si se estuvieran
«bilocalizando». Debo decir que la existencia de estos discos ha despertado tal
interés en el mundo esotérico y del contactismo, que diversos grupos han
decidido hacer viajes a los centros donde se encuentran, viviendo grandes
experiencias y, en otros casos, recibiendo nuevos datos que no siempre
coinciden. Hoy se habla de distintas «redes» de discos, se ha cambiado su
ubicación original por otras y, por si fuera poco, se emplean también
diferentes mantras. En un principio me sentí culpable por haber publicado
abiertamente esta información en mi sitio web. Lo último que hubiese deseado es
generar una locura en pos de los discos. Sobre todo porque el verdadero
objetivo de nuestro trabajo no es esas herramientas de poder, sino el despertar
de la consciencia y el contacto interior. Si uno se concentra solo en lo
exterior, terminará confundiéndose y confundiendo a los demás, por priorizar
objetivos externos a su avance personal. La existencia de estos objetos tiene
su sentido, pero no debe alejarnos de lo más importante.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 66
A lo largo de todo el recorrido que emprendimos a través de
lugares de poder de los intraterrestres, me encontré con uno en especial que me
impresionó desde la primera vez que lo visité: Mount Shasta. Ese volcán dormido
del norte de California emana una energía poderosa que atrapa a cualquiera. Y
no es solo por el paisaje, tan bello con sus lagos y bosques de pinos, sino por
algo más que se respira en el ambiente. Desde distintos lugares del mundo
místicos y exploradores van a Shasta para conectarse con esa energía que lo ha
hecho célebre entre los centros de poder más poderosos del planeta. Se dice que
es una puerta dimensional a otra realidad, una entrada al mundo subterráneo y
un lugar iniciático para los nuevos caminantes que se adentran en el misterio
de la Hermandad Blanca. No olvidemos que fue aquí donde Sister Thedra, tras su
estancia en Perú y Bolivia con la presunta Hermandad de los Siete Rayos, funda
su Asociación Sanat Kumara. Mount Shasta fue el centro de operaciones de sus
actividades por «encargo» de los Maestros invisibles que la guiaban. Además,
otros grupos espirituales también harían suya la montaña, hablando del volcán
como residencia de «Maestros ascendidos» o de una ciudad interna llamada Telos,
donde la gente se casa y tiene hijos. ¿Qué de cierto hay en todo lo que se ha
escrito y dicho sobre Shasta? ¿Hasta dónde se confabula la realidad con la
fantasía? Empero, lo que nadie pone en duda son los frecuentes fenómenos que
rodean esta montaña de California. Se habla de la observación de brillantes
luces en sus alrededores, de la impactante formación de nubes lenticulares
sobre la cumbre nevada —para algunos, un hecho sobrenatural— o los testimonios
de los lugareños que afirman haber visto «hombres con túnicas blancas»
caminando sigilosamente por la nieve. En el pueblo de Shasta es natural
escuchar este tipo de historias que se remontan a varias décadas atrás.
Historias que hablan de una humanidad subterránea que vive bajo la montaña,
descendientes de un mundo perdido al que algún escritor llamó Mu.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 67
Las leyendas de los indios Hopi hablan abiertamente de
Kasskara, ese mundo perdido en el mar y que recuerda sospechosamente la
historia de Mu. La conexión de esta civilización prehistórica con el enigma de
Mount Shasta es inquietante. Según los Hopi, supervivientes del hundimiento de
Kasskara fueron trasladados a América en «escudos volantes» y «pájaros de
fuego» por dioses cósmicos llamados Katchinas, denominación que se puede
traducir como ‘venerable, juez y sabio’. Este dato es sorprendente, ya que los
propios Hopi —actualmente afincados en una reserva indígena de Arizona—
consideran a Shasta como uno de los lugares donde «aterrizaron» los pájaros de
fuego con los supervivientes... Por si fuera poco, su relato también señala
otros lugares específicos donde descendieron los Katchinas, como el caso de una
tierra llamada Tautoma. A decir del gran investigador español —ya desaparecido—
Andreas Faber-Kaiser, el nombre sugiere la milenaria Tiahuanaco, en Bolivia.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 73
¿Quiénes eran los Katchinas? ¿Por qué los Hopi afirman que
esos dioses venían de las Pléyades? ¿Acaso una civilización extraterrestre
ayudó a los habitantes de Kasskara en su éxodo hacia Shasta? Según Blumrich,
los Katchinas eran seres físicos que necesitaron de naves para desplazarse. No
se trata
Ricardo González
Intraterrestres,
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Gracias a Josef F. Blumrich —el ingeniero de la NASA que
reconstruyó el esquema de la nave que vio y describió en los textos bíblicos el
profeta Ezequiel—, conocemos en buena parte estas leyendas, que el científico
norteamericano recopiló en su momento de boca del mismísimo líder Hopi White
Bear (Oso Blanco) en cincuenta horas de conversaciones registradas en su
grabadora. Cuando uno se encuentra ante esas fascinantes historias no puede
evitar la pregunta de rigor: ¿Quiénes eran los Katchinas? ¿Por qué los Hopi
afirman que esos dioses venían de las Pléyades? ¿Acaso una civilización
extraterrestre ayudó a los habitantes de Kasskara en su éxodo hacia Shasta?
Según Blumrich, los Katchinas eran seres físicos que necesitaron de naves para
desplazarse. No se trata de la figura etérea de un dios, sino de cosmonautas.
Petroglifos Hopi que muestran a los Katchinas. Pues bien, los supervivientes de
Kasskara-Mu, ayudados por esos seres de las Pléyades llamados Katchinas, se
habrían refugiado en las entrañas de la montaña blanca para depositar en ella
los Anales Históricos de su civilización, como ha sido la constante en otros
puntos del mundo ante eventos similares. Es decir, Shasta sería una inmensa
bóveda subterránea con antiquísimos archivos y reliquias de Mu y posiblemente
otras civilizaciones perdidas.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 73
No en vano, siempre cerca de un Retiro Interior, la
Hermandad Blanca ha dejado «pistas» en las paredes de roca para aquellos que
las sepan descifrar.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 75
En las inmediaciones de la Cueva de los Tayos viven los
indios shuar, quienes en el pasado fueron conocidos bajo el nombre de «jíbaros»
—término acuñado por los conquistadores españoles, denominación despectiva para
ellos—, famosos por su bravura y el arte de reducir las cabezas de sus enemigos
—que además cosían cerrando las aberturas de los ojos y la boca para que el
muerto no les persiguiera desde el más allá—. Ellos son los primeros
exploradores del sistema subterráneo, ya que cada mes de abril bajaban a la
cueva para hurtar los huevos de los tayos. En medio de esta faena, los indios
cuentan que se toparon con una serie de sorpresas. La más destacada fue el
hallazgo de gigantescas huellas sobre bloques de piedra que, por sus ángulos
rectos y simetría, sugieren el origen artificial especulado por Moricz. ¿Y
huellas de quién?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 79
¿Cómo convenció Moricz a los indios shuar para bajar a sus
cuevas sagradas? ¿Fue gracias al magiar, como ocurrió con los indios Colorados?
Lo cierto es que los indios miran el corazón del visitante. Si ven algo que
está mal, no te dejan entrar. Y si se insiste pese a la negativa, se puede
pagar con la muerte. Moricz tuvo que ser alguien distinto a otros exploradores.
Su búsqueda tuvo que ser sincera para poder bajar a la Cueva de los Tayos con
la venia de los shuar.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 80
De todo lo que pude investigar sobre el misterio que
envuelve el viaje de Moricz a la Cueva de los Tayos, uno de los aspectos que
más me sorprendió fue la descripción de la denominada Cámara del Tesoro, el
lugar exacto donde Moricz afirmó haber encontrado miles de objetos antiguos, la
mayoría de ellos construidos en oro, además de la mentada Biblioteca Metálica.
Fueron muy pocas las personas que tuvieron conocimiento de esa caverna secreta
que lleva al sanctasantórum de la Cueva de los Tayos. Y, por lo que sé, solo
Moricz y su amigo Goyén pudieron ser testigos de tan extraordinario registro.
Goyén —«el Vasco», como le llamaban, por su raíz española y que se hizo
espeleólogo por culpa de Moricz— había quedado muy impresionado tras su visita
a ese salón lleno de tesoros «imposibles». El resto de su vida se la pasaría en
cavernas...
Existen diversos accesos en la Cordillera del Cóndor que
conducen al Reino Subterráneo, tanto en el lado ecuatoriano como en el peruano
—el propio Goyén afirmaría haber explorado con Moricz un túnel desde Ecuador
hasta territorio de Perú—, pero solo una caverna garantiza el acceso más
directo a ese salón secreto. El túnel estaría la mayor parte del tiempo oculto
por el agua, pero en ciertas épocas en las que el río está bajo —no diré el
nombre aquí, puesto que fue una confesión shuar— se descubre una pequeña
entrada que permite el acceso a un verdadero laberinto subterráneo, derruido y
sinuoso, que conecta con la Cámara del Tesoro. No solo escuché a los shuar
hablar sobre esa entrada. Peña-Matheus también sabía de su existencia. Pero no
la visitó. A esto debo sumar el libro de Guillermo Aguirre, Lírico y Profundo:
el íntimo amigo de Goyén revela datos precisos del espeleólogo y también
menciona la caverna que se esconde bajo el agua. El libro —que es una de las
publicaciones más serias que ha caído en mis manos sobre la Cueva de los Tayos—
describe el viaje de Moricz y Goyén a través de ese túnel, lleno de trampas al
mejor estilo de las películas de Indiana Jones, para llegar finalmente a un
salón excavado en la roca, con una mesa y siete sillas de piedra. Por si esto
fuera poco, luego observan una urna de cristal, posiblemente hecha de cuarzo,
en donde se hallaba un ser humanoide cubierto de oro, y que parecía estar
«durmiendo» (¿en animación suspendida?).
La historia de las urnas de cristal o «sarcófagos» de piedra
con seres en su interior, en perfecto estado de conservación, o en su defecto,
momias de seres pequeños o de gigantes, la conocía perfectamente, pues la he
escuchado en distintas partes del mundo. De hecho, como vimos anteriormente,
hay un caso muy similar en Mount Shasta.
Pero ¿quiénes son esos seres? ¿Guardianes del mundo
subterráneo? ¿Supervivientes de una antigua civilización desaparecida? ¿Y por
qué «duermen»? ¿Los shuar respetan tanto las cuevas por la presencia de estas
«urnas»?
Los nativos hablan de diversas «entidades» dentro de la
cueva. Unas pequeñas que actúan como guardianes de los túneles, y otras más
altas, de aspecto humano, que cumplen una función espiritual. Y esas entidades
sirven a una consciencia mayor o, probablemente, al ser que lidera este
santuario intraterrestre: Arutam. ¿Es Arutam el ser que Moricz y Goyén vieron
dentro de esa urna de cristal?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 88
Ahora bien, mensajes de origen extraterrestre sostienen que
el hombre fue producto de una intervención genética, desarrollada hace millones
de años en un paraje que cité anteriormente: Lemuria. Los sunkies,
supuestamente, eran parte de ese experimento paralelo: los seres
extraterrestres que efectuaban sus experimentos científicos pensaron en aquel
momento en crear una raza subterránea ya que la superficie del planeta era muy
inestable y peligrosa. Pero luego lo abandonaron. En otras palabras, los sunkies
serían como nuestros hermanos secretos. Aquellos pequeños seres de grandes ojos
negros hicieron del mundo subterráneo su morada. Por ello son nictálopes —es
decir, que ven mejor en la oscuridad— que desarrollaron un gran nivel de
sensibilidad y conexión con la Tierra al vivir dentro de ella.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 119
La importancia de ellos radica en que son los principales
moradores del mundo subterráneo, y los conocedores de los caminos secretos a
los «archivos» que protege la Hermandad Blanca. Conviven con los Maestros, por
tanto era importante empezar a familiarizarnos con estos seres para que cuando
llegue el día en que, en representación de la humanidad, nos adentremos
físicamente en las Galerías de los Registros. Desde luego, no son entidades
malignas, ni negativas, y no hay que confundirlos con los llamados «grises»,
que tanto ha popularizado la ufología amarillista. Los sunkies son criaturas
positivas, conectadas con la energía del planeta. Ver a esos pequeños seres
allí, expectantes —y observándome también con curiosidad— produjo en mí una
sensación extrañísima. Inolvidable...
Ricardo González
Intraterrestres,
página 120
Ya lo he dicho muchas veces: más que un investigador, me
considero un testigo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 121
Cuando me recibió en su despacho, abarrotado de libros
antiguos, me dijo de repente:
—Entonces, ¿usted es un investigador?
—No exactamente —le respondí mientras me sentaba frente a su
amplio escritorio—. Escribo sobre los encuentros que he tenido con los seres
del mundo subterráneo.
El abogado frunció el ceño y me preguntó:
—¿Qué quiere decir con eso?
Tras responder a su gesto con una sonrisa, compartí con él
los viajes que hicimos a Paititi, especialmente el encuentro con Alcir en 1996
y el mensaje de las civilizaciones intraterrestres a partir de nuestra
experiencia.
—¿Quiere saber algo? —me dijo reflexivo y muy emocionado
tras escucharme—. Usted es la primera persona que conozco después de Juan
(refiriéndose a Moricz) que ha tenido un encuentro con los Taltos.
—¿Quiénes son los Taltos? —pregunté intrigado.
—Con Juan nunca quisimos hablar abiertamente de ello —habló
con voz calmada—; ya lo creían un loco cuando mencionaba la cueva... Pero Juan
tuvo un encuentro con los moradores de los Tayos; ellos le permitieron ver la
Biblioteca Metálica...
Entonces se dirigió a su bien dotada biblioteca, y vino con
un diccionario de magiar-castellano.
—En magiar, el idioma ancestral de Hungría, la palabra Talto
se puede traducir al castellano como ‘Ser Superior’ —explicaba.
—¿Y cómo eran esos seres superiores? ¿Son los únicos
guardianes del lugar? —inquirí.
—Según Juan, hay tres tipos de guardianes: los de
superficie, que serían los nativos shuar; luego están los guardianes del mundo
intraterrestre, que son unos seres pequeños, que cierran las puertas de acceso
a las salas donde viven los Taltos, que son hombres altísimos, los custodios de
la Biblioteca Metálica...
La afirmación del abogado y viejo amigo de Moricz me
estremeció... Confirmaba todo lo que habíamos vivido en la Cueva de los Tayos.
Los sunkies eran los «celadores» de los túneles. Incluso, el doctor
Peña-Matheus me dijo que los Taltos tenían la facultad de «materializarse como
figuras de luz», y que Moricz había sido contactado en repetidas ocasiones de
esa forma... ¡Increíble!
Ricardo González
Intraterrestres,
página 122
Hay una leyenda que nos brinda la tradición andina y que
bien podría estar haciendo alusión a los sunkies. Aunque no era la primera vez
que la escuchaba, Cecilia Novoa me entregó algunos detalles que conectaban todo
nuestro peregrinaje desde el lago Titicaca a la Cueva de los Tayos con esa
información: la piedra verde perdida. La he estado siguiendo desde que la viera
engarzada en el alargado casco de Alcir —en el encuentro físico de 1996,
durante el viaje a Paititi— y al escuchar el relato de un anciano aimara, en
donde describía esa piedra como una «esmeralda» que otrora se la podía ver en
Hayumarca, antes de la conquista. En Ecuador se la conoce muy bien, pues hay
diversos relatos que la describen, sean estos de los indios cañaris, de los
mantas, e incluso de los propios incas. Para dar una idea de la importancia de
todo esto, el cronista Pedro Cieza de León comenta en sus escritos que la tribu
de los mantas, en el litoral ecuatoriano, veneraba a una diosa con grandes
poderes. La diosa era una hermosa piedra verde, una esmeralda cuyo valor podía
exceder a todos los tesoros juntos. Su fama se extendió hasta Centroamérica, de
donde llegaban enfermos en busca de sanación —pues se creía que la piedra tenía
propiedades sobrenaturales. Finalmente, el objeto de poder terminó en manos de
los incas. Y allí entran en escena los sunkies... Se cuenta que cuando el inca
Huayna Cápac intentó expandir el imperio hacia el norte de Ecuador, se encontró
con la resistencia de la cultura Quitucara, nativos de la zona —la actual
Quito—. Fue tan dura su resistencia que la lucha duró años. Ante este panorama,
los incas decidieron utilizar otra estrategia: contraer matrimonio con alguna
princesa noble de esa tribu. Fue así como el inca se casó con la princesa
Quilago y, fruto de esa unión, nació Atahualpa. Y Quilago, como una ofrenda al
inca, le regaló la Umiña. Hay que decir que Quilago no era una mujer
cualquiera. Se trataba de una sacerdotisa que hacía importantes ceremonias
espirituales en las hoy derruidas pirámides de Cochasquí. Es decir, la Umiña
podría haber pasado por ese lugar que en la actualidad es escenario habitual de
avistamientos ovnis. Algunas tradiciones andinas sostienen que Huayna Cápac
cambió por un tiempo al recibir esa piedra. Se transformó en otra persona. Aquel
objeto le había hecho comprender ciertas cosas que en ese momento no veía por
su obsesionado interés de expandir el imperio. Probablemente, Quilago sabía el
efecto que produciría la piedra en el inca: era una forma de llevar paz y
sanación entre sus culturas. Sin embargo, tal vez no se imaginó que su hijo,
Atahualpa, se pelearía con su hermanastro de Cusco, Huascar, para ver quién
heredaría la misteriosa esmeralda. Huayna Cápac —según la historia oficial,
undécimo y penúltimo gobernante del incanato—, a pesar del cambio que
experimentó con la piedra, volvería pronto a los campos de batalla. Pero
súbitamente contrajo una extraña enfermedad que le condujo a la muerte. En su
agonía —cuenta la leyenda—, unos seres pequeños se le aparecieron en su propia
habitación y le entregaron un último mensaje... Es bien sabido que Huayna Cápac
predijo la llegada de la conquista española y la caída del imperio antes de
morir. Supuestamente, dejó instrucciones a sus más cercanos generales, entre
ellos Rumi Ñahui, quien, después de incendiar Quito, esconderá la Umiña y los
tesoros del imperio en la laguna de Yanacocha, en la difícil Llanganati. ¿Fue
una recomendación de los «pequeños seres»? ¿Fueron acaso los sunkies?
Ricardo González
Intraterrestres,
página 125
Un texto intrigante en torno a la Umiña se encontró en 1847,
en la Amazonía de Ecuador, junto al cuerpo inerte de Gaeteano Osculati —quien
habría buscado la piedra y, supuestamente, la habría encontrado—. Fuera como
fuese, vale la pena citar las desconcertantes palabras del manuscrito que
secundaba su cadáver, misteriosamente decapitado:
[...] Yo transmitiré a cualquier persona el secreto de la
diosa verde, este secreto que me cuesta la vida. Allí está, esta copa fabulosa,
tallada en una sola esmeralda y gracias a la que el Inca Supremo captaba todo
el poder de las estrellas. Es la más grande esmeralda del mundo. Ella alcanza
en mis dos manos abiertas. Está tallada en forma de copa pentagonal. Ella es
sagrada, ella es mágica.
Permite desplazar montañas, pero no salvará la vida de quien
la robe. Estoy solo. Mis ojos la velan. Pronto no tendré la fuerza de escribir,
la palabra clave, la palabra mágica, es Umiña...
Umiña —‘esmeralda’ en quechua— es «la palabra clave». ¿Se
trata, también, de un poderoso mantra? ¿O sencillamente la historia de esa
piedra verde, que habría estado en manos de los incas, nos puede llevar hacia
otro misterio? Al parecer, la carta de Osculati alude al poder grandioso que
tendría aquella piedra de poder.
El manuscrito dice también:
[...] El que conoce el secreto de la piedra ligera y
brillante obtendrá el don de elevarse como las palomas hacia las alturas de los
cielos, será llevado por los aires como el cóndor encima de las montañas
sagradas y conocerá la revelación divina por el ala, el fuego y la piedra
fundamental..
Ricardo González
Intraterrestres,
página 127
Roerich diseñó el símbolo de este pacto, que sería conocido
como la «Bandera de la Paz y de la Cultura». Aunque en este libro aparece en
blanco y negro, se trata de una circunferencia roja que contiene tres círculos
encarnados sobre fondo blanco. Los círculos simbolizan el arte, la ciencia y la
religión. Al menos, ese es su significado «oficial». Investigando algunos
aspectos no conocidos sobre el pensamiento de Roerich, descubrí que el pintor
ruso quiso honrar a los Mahatmas del Altái representando la Piedra de
Chintamani (el círculo) y sus tres fragmentos que recorren el mundo en tiempos
de crisis (los tres círculos encarnados) en la nueva bandera del Pacto de Paz.
Esto me lo confió Daniel Entin, director del Roerich Museum de Nueva York.
Luego supe que otros investigadores se hallaban tras la misma pista. Entre
ellos podría mencionar a Enrique de Vicente, director de la revista española
Año/Cero, quien me comentó la misma historia secreta de la bandera de la paz
mientras nos tomábamos un café en la estación de ferrocarriles de Atocha, en
Madrid. Las sospechas estaban bien fundadas: Roerich, en realidad, se habría
inspirado en el signo de Chintamani que se puede ver en la India, con su
significado de «esperanza y felicidad». También se le asocia a Rigden Jyepo, el
rey oculto de Shambhala, tanto así que muchos tibetanos tenían el signo grabado
en sus anillos como protección del supremo líder del reino subterráneo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 132
Nicolás Roerich pintó más de 6.000 lienzos. Cientos de ellos
aluden a sus viajes por Asia Central y, obviamente, al misterio de Shambhala.
Las más importantes, originales y fieles reproducciones, se pueden ver
actualmente en el Roerich Museum de Nueva York.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 134
Una de las pinturas que más me impactó fue Burning of
Darkness. Me atraía profundamente aquella fila de Maestros que parecían salir
de una caverna. Quien encabeza la fila, un hombre de cabello largo y barba
recortada, porta entre sus manos un cofre que despide un brillo especial. Un
detalle muy obvio como para pasarlo por alto.
Y me pregunté: ¿Qué habrá en ese cofre?
Más allá de cualquier connotación simbólica, la pintura
alude a un objeto real, escondido allí. Un objeto que Roerich conoció y que se
encuentra relacionado con Shambhala. Se lo conoce como El Regalo de Orión, el
fragmento de un cuerpo celeste, procedente de esas lejanas estrellas —que
Roerich pinta en el cuadro— y que poseía extrañas cualidades espirituales.
Estamos hablando de la Piedra de Chintamani (Chintamani: ‘piedra de los deseos’
o «de la felicidad y la esperanza») que, según una vieja leyenda, cada cierto
tiempo sale de Shambhala hacia la superficie, generalmente en momentos claves
de la historia humana, para estimular grandes cambios. Tras cumplir su misión,
la piedra era devuelta al mundo intraterrestre.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 134
En otro cuadro de Roerich, Treasure of the World, hallamos
una nueva referencia a Chintamani. En el lienzo se observa un potro que lleva a
cuestas, a través de las montañas, un baúl o cofre ornamentado. Y el brillo o
«fuego» que sale de él no puede ser más explícito sobre su naturaleza
sobrenatural. Se dice que ese objeto vino de Orión y fue colocado en la gran
estupa o «primera torre» de Shambhala, cuando esta era una isla en medio de un
mar interior en el actual desierto de Gobi. Al pintar las estrellas del
cinturón de Orión —en Burning of Darkness— tal vez Roerich nos estaba diciendo
que el secreto de esa piedra se tenía que buscar en esas estrellas que
sirvieron de inspiración a los egipcios para erigir sus principales pirámides.
Los monjes lamas más avanzados saben que la piedra no es de la Tierra. Ya en
1928, el Lama Talai, Pho-Brang, le preguntaba a Roerich si en Occidente se
conocía algo con relación a la Piedra de Chintamani, y si se sabía «de qué
planeta vino, y quién poseía ese tesoro».
Ricardo González
Intraterrestres,
página 134
Aunque hay muchas teorías sobre la ubicación exacta del
lugar donde se estableció por vez primera la Hermandad Blanca —se suele hablar
de una montaña en los Himalayas, o algún enclave secreto en el Tíbet—, lo
cierto es que las leyendas más antiguas apuntan al desierto de Gobi en Mongolia
como el lugar primigenio.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 137
El 20 de julio de 2007, poco antes de partir, recibí un
mensaje de Alcir, el Maestro de Paititi, mientras me hallaba en la ciudad de
San Francisco, en California. El mensaje decía:
En el Gobi, la coordenada los sitúa cerca del monasterio. Es
el lugar correcto. Y en él descubrirán por qué se construyó realmente el templo
en medio del desierto. Lugares invisibles solo se abren a los esperados de
siempre. Estén tranquilos, que siempre habrá alguien para brindarles ayuda. Lo
identificarán.
En el desierto tendrán suficientes días y noches para
meditar, verse a sí mismos como nunca antes, y tomar decisiones. No se
preocupen por las distancias o accesos, ya lo verán. Y tiene que ser así, pues
este viaje tendrá fuertes connotaciones mentales y emocionales. No tendrán que
adentrarse mucho en el desierto, sino dentro de sí mismos.
Si bien les hemos revelado que en el corazón del Gobi
existen los principales accesos físicos al mundo subterráneo, en esta ocasión
ustedes se hallarán en un extremo del desierto, que esconde una de las puertas
de luz que conecta con aquel corazón del intramundo y, por tanto, de su tesoro.
Solo aguarden. Sean pacientes. Y recuerden que todos son uno, y que uno pueden
ser todos. Para nosotros no hay diferencias. 7, 8 y 9 de agosto serán
importantes. Estén atentos y en paz.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 138
Mientras meditaba en la caverna, pensaba en la vida del
poeta y místico mongol. Me recordaba la leyenda del mapa de Paititi —que se
supone fue trazado por misioneros jesuitas en el siglo XVII—, que dice: «El
Poeta, tal vez, pueda abrir la Puerta, cerrada de antiguo del más purísimo
amor». Una enseñanza que siempre se repetía, dondequiera que fuéramos. Ocurre
con Paititi. Sucedió con Danzan Rabjaa en el Gobi. Y lo corroboró Nicolás
Roerich: el poeta —el «arte», en suma— simboliza la llave de acceso a los Retiros
de la Hermandad Blanca. Es decir, la sensibilidad espiritual, la pureza de
intención y la sencillez como cualidades fundamentales del aspirante.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 155
Con este panorama, decidimos intentar una nueva comunicación
telepática. El mensaje psicográfico que recibimos decía:
Mi nombre es Emuriel.
Hace tiempo ya, miles de años atrás, según la forma en que
ustedes miden los acontecimientos, llegamos a este planeta portando una misión.
Una misión que no difiere mucho de la de ustedes.
Procurábamos proteger algo que consideramos sagrado, y al
mismo tiempo sembrar en la Tierra la semilla de la luz que aprendimos y vivimos
en nuestros mundos de origen. Fuimos enviados. Y desde aquel entonces nos
hallamos observando al ser humano desde cerca, viendo en cada circunstancia de
su vida distintas pruebas y trascendentales desafíos; en suma, el significado
de nuestra propia existencia.
Nuestra nave se halla bajo las altas montañas del Altái.
Acondicionamos con nuestro conocimiento una serie de túneles que en buena parte
ya existían antes de nuestra llegada. A través de ellos unimos diferentes
centros que en una primera etapa funcionaron como depósitos de información.
Luego, los túneles físicos fueron perdiendo importancia para nosotros, ya que
en breve constatamos que el tesoro que protegíamos se había conectado
automáticamente a las líneas de fuerza de este planeta, creando una verdadera
red de conexión. Nuestro conocimiento previo sobre las energías del universo y
puertas dimensionales nos ayudó a orientar estas redes. Por tanto, cada Retiro
Interior o centro de fuerza que conocieron se halla bajo las influencias de
esos caminos sutiles.
No nos referimos exactamente a las propias energías de la
Tierra, que trazan una geometría inteligente, sino que sobre la base de esta
estructura energética se enlazaron diferentes puntos, accesos o «entradas»
dimensionales que podrían conducirles hacia nosotros.
El Cristal es responsable de ello. Pero, tras el sendero que
han recorrido todo este tiempo y como parte de un programa de contacto y ayuda
al planeta, estos caminos de luz se sostendrán por sí solos.
Uno de los más poderosos se encuentra en este sector del
desierto de Gobi. Es un acceso no físico, que permite ver, sentir y
experimentar el significado de nuestra misión. La puerta fue activada. Y ella
se abre ante la vibración adecuada, aquella que une los universos y sella los
sentidos físicos. Es un umbral que se cruza con el alma.
Nosotros comprendimos que más allá de la tecnología y el
conocimiento existen ciertos misterios en la naturaleza de nuestro propio
espíritu que no se pueden explicar, sino sentir y dejar fluir. Durante mucho
tiempo, procuramos desvelar el misterio de la Creación, interpretar y
reconstruir cómo se plasmó todo ello en las distintas etapas del proceso. Y
este empecinamiento nos hizo descuidar la verdadera esencia de las cosas. La
ruta a seguir éramos nosotros mismos. Y en esa nueva aventura descubrimos que
hay instancias que requieren apartar la curiosidad científica por la vivencia;
la razón por el sentir.
La esencia de nuestra misión comportaba una estrategia de
ayuda y soporte para el planeta. Anteriormente a ello fuimos científicos. Y
estuvimos envueltos en importantes tensiones cósmicas. Y hoy nos sentimos parte
de ustedes.
Nuestros cuerpos yacen dormidos por nuestra propia voluntad.
Empero, nuestra alma, la esencia de aquel misterio que procurábamos averiguar,
se halla conectada permanentemente con la humanidad de este planeta.
En la puerta podrán llegar hasta nosotros y entonces
terminarán de comprender lo que fue, lo que es y lo que será.
Sepan que ser parte de esta misión es integrarse en la mente
consciente que engendró e hizo posible este universo. La Hermandad Blanca es
solo un reflejo de ese fluido. Un intento de llevar esa luz, de sembrarla y
compartirla.
Están cumpliendo un proceso de contacto que ha sido
perfectamente planeado. Cada instancia de vuestro viaje fue matemáticamente
calculada. Y cada paso fue vivido por nosotros con una humana emoción.
Acontecimientos intensos sobrevendrán al planeta. Pero el
hombre que vibre en el camino del 33, hará posible que las cosas se reorienten
y no afecten el tránsito a la profecía. Al cumplimiento de todo.
¿Cómo prepararse? ¡Todos estos años fueron la preparación!
Por ello están aquí, en representación de muchas almas, lugares, momentos y
energías. Ha llegado el momento de la acción. Y para volar, deben salir de la
crisálida. Deben terminar de transformarse para acelerar la transformación de
otros. Todo lo demás, fluirá naturalmente. Y el conocimiento que custodiamos
podrá ser entregado en su totalidad, pero no para ser «leído», sino para ser
vivido y realizado.
El proceso se cierra, y se abre otro para todo aquel que
crea en él, que viva en él, y que comprenda su misión. Nosotros llegamos aquí
seguros de ello. Y ustedes alcanzaron este lugar partiendo de las mismas
convicciones. Por esta razón les hablamos ahora. Para decirles que hecho está.
Les aguardamos,
Emuriel.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 156
Nuestro objetivo era realizar trabajos de conexión con el
Disco Solar que se hallaría en el corazón de esta montaña. Como Paititi, la
Cueva de los Tayos, o la Sierra del Roncador, el tepuy albergaba un disco
dorado que forma parte de la denominada Red del Tiempo.
Roraima, o Roroima, como también se la conoce, es uno de los
principales tepuyes que se alza en el Parque Nacional de Canaima. Su nombre,
según los indios pemones, significaría ‘Madre de las Aguas’, tal vez porque
desde su cima —a más de 2.000 metros de altura— caen varias cascadas. Es un
paraje muy antiguo, que se remonta a los tiempos de Pangea, el continente
global que luego se fraccionó para dejar al mundo tal y como lo conocemos.
Diversos científicos piensan que esta montaña fue el punto de esa fractura, que
se remonta al Precámbrico; es decir, hace unos 2.000 millones de años. Por ello
se la señala como uno de los lugares «geológicamente más antiguos del planeta».
Es sabido que su figura imponente y el ecosistema que la rodea inspiraron a sir
Arthur Conan Doyle para escribir su clásica novela de aventuras El Mundo
Perdido (1912). Y el lugar no dista mucho de lo que Doyle creyó ver en él: es
un enclave sumamente misterioso. No hacen falta los dinosaurios que creó el
escritor británico para impresionarse con Roraima. Su figura, como la de su
«hermano» Kukenán, llaman la atención en medio de la selva venezolana. Roraima
está llena de cascadas, cuevas, cristales de cuarzo y, como era de esperar, de
constantes avistamientos de ovnis. Antes de emprender nuestro ascenso, el
investigador local Roberto Marrero —sin duda, uno de los más relevantes en
Venezuela— nos había hablado de las luces que se han presenciado en el lugar.
Aquellos objetos solían cruzar sobre los inmensos tepuyes y, algunas veces,
pasaban entre ellos a baja altura. Para los pemones, ambas moles representan
energías distintas. Kukenán sería el lado masculino, y Roraima, asociada al
agua y la purificación, el aspecto femenino, la madre y el origen. Charlando
con los indios constatamos que habían sido testigos de esos avistamientos de
ovnis. Ellos tienen un gran respeto y admiración por Roraima.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 175
Al llegar a la cima, que nos resultó escandalosamente
similar a la meseta de Marcahuasi en Perú, nos dirigimos a una caverna que
según los indios pemones alberga a los guácharos: la misma especie de aves
nocturnas que se puede hallar en la Cueva de los Tayos. Intuíamos que estábamos
a punto de conocer otro acceso al sistema de túneles que recorren toda América
del Sur.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 176
El objetivo de esta red de discos es acompañar al planeta en
su proceso de cambio y transformación, equilibrando la magnetosfera y el propio
equilibrio de las líneas de fuerza.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 177
Al aproximarme, algo me hizo mirar hacia una roca casi al
final de ese pasillo. La tenue luz de las lámparas de queroseno iluminaba
suavemente y de forma indirecta ese sector que tanto me llamaba la atención. Y
así, de improviso, salió por detrás de la roca una pequeña criatura, de cabeza
ligeramente más grande que el cuerpo, grandes ojos negros y brazos delgados.
Era un sunkie... Exactamente como los vi en la Cueva de los Tayos. Y en esta
ocasión la sensación que tuve es que ellos ya nos conocían... Se comportaron de
otra forma.
Intraterrestres, página 178
Al aproximarme, algo me hizo mirar hacia una roca casi al
final de ese pasillo. La tenue luz de las lámparas de queroseno iluminaba
suavemente y de forma indirecta ese sector que tanto me llamaba la atención. Y
así, de improviso, salió por detrás de la roca una pequeña criatura, de cabeza
ligeramente más grande que el cuerpo, grandes ojos negros y brazos delgados.
Era un sunkie... Exactamente como los vi en la Cueva de los Tayos. Y en esta
ocasión la sensación que tuve es que ellos ya nos conocían... Se comportaron de
otra forma.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 179
Huelga decir que saber dónde están los discos solares, o
cuándo se producirá exactamente el redimensionamiento del planeta, no hará de
nosotros mejores personas. Lo que hará de nosotros mejores seres es el servicio
en esta tarea. Es decir, no el camino, sino recorrerlo.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 179
Los diez principios espirituales de la Hermandad
Blanca
1. «El verdadero estudiante de la vida empieza estudiándose
a sí mismo.»
2. «La luz verdadera alumbra o ciega según la actitud del
estudiante.»
3. «El verdadero soldado de la luz batalla amando al
enemigo.»
4. «La verdadera protección radica en el control del miedo
interior.»
5. «El verdadero Maestro enseña con el ejemplo.»
6. «El verdadero mensajero es aquel que solo transmite el
mensaje.»
7. «La fe verdadera se sustenta en el conocimiento.»
8. «La sagrada doctrina se torna aún más sagrada si se es
consecuente con ella.»
9. «El verdadero templo es aquel que se construye sobre la
base de sentimientos, pensamientos y actitudes.»
10. «El verdadero místico es aquel que pone en práctica los
principios del cielo y que muere constantemente por amor al prójimo.»
Entregados por Alcir en el contacto físico de Pusharo, el 5
de septiembre de 1996.
Ricardo González
Intraterrestres,
página 180
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