LOS LIBROS DE ENOC
Como nota aclarativa para el lector, en este libro se usan
las designaciones e. c. ('era común') y a. e. c. ('antes de la era común'), que
son designaciones equivalentes a las expresiones d. C. ('después de Cristo') y
a. C. ('antes de Cristo').
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc: Nueva Traducción con Anotaciones y
Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los Gigantes, los Cielos y la Creación,
página
Algunas historias bíblicas son realmente sorprendentes y
dejan al lector con ganas de saber más. Por ejemplo: ¿Quiénes son exactamente
los «Hijos de Dios» que tuvieron relaciones con mujeres humanas? (Génesis 6:2).
¿Quiénes son los «gigantes» o «Nefilim» de gran altura que surgieron de esa
unión entre los Hijos de Dios y las mujeres humanas, y que luego aparecen en
diferentes versículos? (Génesis 6:4). ¿A dónde fue el patriarca Enoc cuando
«caminó con Dios y desapareció, porque se le llevó Dios»? (Génesis 5:24). Estas
y otras cuestiones interesantes aparecen explicadas detalladamente en los
textos «secundarios» o apócrifos que fueron apartados del canon oficial. Estos
textos secretos aportan un contexto nuevo para entender muchos sucesos
históricos y bíblicos que hasta ahora no tenían una explicación completa. Entre
los textos apócrifos destaca especialmente el Libro de Enoc, también conocido
como «1 Enoc», «Libro Etíope de Enoc» o «El Primer Libro de Enoc». Esta obra
explica las visiones que tuvo el patriarca Enoc cuando, según el Génesis
bíblico, «se lo llevó Dios» y habla sobre la historia de los Vigilantes, los
Gigantes y los fenómenos celestiales. Pero existen otros dos libros atribuidos
a Enoc: el Segundo Libro de Enoc, conocido también como «2 Enoc», «Enoc Eslavo»
o «Libro de los Secretos de Enoc»; y el Tercer Libro de Enoc, también llamado
«3 Enoc» o el «Libro Hebreo de Enoc». La fecha en la que se escribieron
realmente los diferentes libros de Enoc es un misterio. Parece haber dos
opiniones al respecto: una que sostiene que fue el propio Enoc quien escribió
originalmente estas obras (excepto 3 Enoc, ya que el propio texto atribuye su
autoría a Rabbi Ishmael) y otra corriente que afirma que estos libros fueron
escritos por diversas personas en una época posterior. Podría ser también una
combinación de ambas cosas: primero Enoc escribió los textos originales y
posteriormente fueron traducidos, cambiados o interpretados a lo largo de la
historia. El Primer Libro de Enoc se compone de varias obras o libros que,
según los expertos, fueron escritos en diferentes periodos históricos: desde el
año 200 a. e. c. en el caso del Libro Astronómico, hasta la mitad del primer
siglo e. c. en el caso del Libro de las Parábolas.
Los libros que conforman el Primer Libro de Enoc son:
1.
El Libro de los Vigilantes
2.
El Libro de las Parábolas
3.
El Libro Astronómico o Libro de las Luminarias
4.
El Libro de los Sueños o el Libro de las
Visiones
5.
La Epístola de Enoc o el Libro de las
Advertencias y Bendiciones de Enoc
6.
Fragmentos del Libro de Noé y otros textos
Respecto al Segundo Libro de Enoc, se cree que fue compuesto
pocos años después de la destrucción del Segundo Templo, a finales del primer
siglo a. e. c. La obra llegó a nosotros en una traducción eslava que se ha
conservado a lo largo de los años. El libro trata sobre lo que vio Enoc en los
diversos cielos (algunas versiones hablan de siete y otras de diez cielos). De
nuevo aparecen los ángeles caídos y los gigantes, aunque esta vez se mencionan
más tipos de ángeles según sus rangos y sus acciones. Más tarde y con un gran
debate sobre la fecha exacta de composición llegaría el Tercer Libro de Enoc,
una obra escrita en hebreo que trata principalmente sobre el viaje celestial de
Rabbi Ishmael bajo la tutela del arcángel Metatrón. Durante este viaje vio las
maravillas del mundo celestial, como el trono de Dios o el funcionamiento de
los seres celestiales.
Los Libros de Enoc: Nueva Traducción con
Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los Gigantes, los Cielos y
la Creación, página 5
Los Libros de Enoc y otros escritos similares son
considerados apócrifos o pseudoepígrafos, dos términos que pueden resultar
confusos para el lector. El término apócrifo, que en griego significa 'lejos,
oculto, secreto o escondido' y en latín medieval 'secreto', se utiliza para
hacer referencia a algunas colecciones de textos y escritos religiosos sagrados
surgidos en contextos judíos o cristianos y que no forman parte de los cánones
oficiales. Con este término se designa a una serie de libros que las Iglesias
cristianas de los primeros siglos no reconocieron como parte de las Sagradas
Escrituras, pero que se presentan con nombres o características que los hacen
aparecer como si fueran libros canónicos. Algunos han sugerido que los libros
estaban «ocultos» al uso común porque contenían conocimientos demasiado
profundos para ser comunicados a nadie excepto a los iniciados. Otros han
sugerido que dichos libros estaban ocultos debido a su enseñanza herética; y
otros creen que estos libros fueron deliberadamente excluidos del canon oficial
porque la información que contienen es demasiado reveladora. Por otro lado, los
textos pseudoepígrafos, a veces llamados pseudoepigráficos, proveniente del
griego 'falso título o nombre', pueden referirse a obras que se presentan como
si hubieran sido escritas por notables personajes bíblicos o por personas
involucradas en el estudio religioso o la historia cristiana o judía. Estas
obras pueden tratar sobre temas bíblicos, a menudo apareciendo como si tuvieran
la misma autoridad que las obras incluidas en las Escrituras judías y
cristianas. Muchas de estas obras también eran llamadas apócrifas, lo cual
lleva a la confusión entre los términos apócrifo y pseudoepígrafo.
Ejemplos de libros etiquetados como pseudoepígrafos del
Antiguo Testamento desde el punto de vista protestante son: el Libro de Enoc,
el Libro de los Jubileos o la Vida de Adán y Eva. No obstante, conviene saber
que el Libro de Enoc y el Libro de los Jubileos son canónicos en el
cristianismo ortodoxo Tewahedo de Etiopía y en la rama Beta Israel del
judaísmo.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 6
En 1947 se produjo uno de los mayores descubrimientos
arqueológicos del siglo XX. Un pastor beduino que había perdido a una de sus
cabras en el Desierto de Judea, descubrió accidentalmente una cueva en la zona
de Qumrán, a orillas del Mar Muerto. Al entrar en la cueva se encontró con
grandes jarrones de cerámica que contenían rollos de pergamino antiguo. Había
descubierto nada más y nada menos que los Manuscritos del Mar Muerto. Entre los
Manuscritos se encontraron los textos más antiguos en lengua hebrea del Tanaj o
Antiguo Testamento bíblico. También se encontraron textos apócrifos o
pseudoepígrafos como el Libro de los Jubileos, el Libro de Enoc, el Libro de
los Gigantes o el Génesis Apócrifo. Otros manuscritos interesantes incluían el
Documento de Damasco, el Rollo de los Himnos y un extraño rollo de cobre que
revelaba la localización de unos tesoros. En la primavera de 1947 varios de
estos manuscritos procedentes de la cueva 1 de Qumrán pasaron a manos de dos
anticuarios de Belén. Uno fue el famoso Kando y el otro se llamaba Faidi
Salahi. Cuatro de los siete manuscritos que poseían estos anticuarios fueron
adquiridos por el archimandrita Samuel, que pertenecía al convento
sirio-ortodoxo de Jerusalén. Los otros tres manuscritos fueron adquiridos por
el profesor Sukenik, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, curiosamente en
noviembre de 1947, el mismo día de la proclamación del Estado de Israel. Al año
siguiente, en 1948, la prensa anunció el descubrimiento de los Manuscritos del
Mar Muerto, lo cual provocó un enorme interés en ellos.
El descubrimiento de los Manuscritos del Mar Muerto es, sin
duda alguna, uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la historia.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 11
El Primer Libro de Enoc se compone de varios libros o
secciones diferentes: 1. «El Libro de los Vigilantes»: Según los expertos fue
escrito en su versión aramea alrededor del tercer siglo a. e. c., aunque
algunos sugieren una fecha anterior, alrededor del periodo helenístico o el
periodo persa. Es considerado históricamente como la sección más auténtica e
importante del Libro de Enoc y trata sobre la historia de los ángeles caídos,
los gigantes y la destrucción que hubo en el mundo en esa época. 2. «El Libro
de las Parábolas»: Es la sección más larga de 1 Enoc y está compuesta de tres
extensas parábolas que tratan sobre las visiones de Enoc durante su viaje
celestial y sobre el Mesías. La primera parábola (capítulos 38-44) describe un
juicio venidero, acontecimientos en la sala del trono celestial, secretos de
los cuerpos celestes y fenómenos meteorológicos. La segunda parábola (capítulos
45-57) es un oráculo de salvación y justicia que narra las visiones celestiales
de Enoc, sus viajes sobre la tierra y acontecimientos relacionados con el
juicio. La tercera parábola (capítulos 58-69) contiene una visión en la que
Enoc ve a los ángeles que desviaron a la humanidad, la lista de los ángeles
caídos, material sobre Noé y un escenario de juicio final. Sobre la fecha de
composición de las Parábolas, se cree que fueron escritas en el primer siglo e.
c. George Nickelsburg, profesor emérito del Departamento de Estudios Religiosos
de la Universidad de Washington, propone el periodo entre el año 40 a. e. c. y
4 a. e. c., durante el reinado del Rey Herodes el Grande. 3. «El Libro
Astronómico» o «Libro de las Luminarias Celestiales»: Los capítulos 72-82
conforman el «Libro de las Luminarias», que describe las leyes y los recorridos
del sol, la luna y las estrellas, además de hablar sobre calendarios y diversos
fenómenos celestiales. Según James C. VanderKam, profesor emérito de Escrituras
Hebreas en la Universidad de Harvard, «este libro es único y se distingue de
los demás que le preceden en la literatura bíblica/judía y de cualquier otra
obra que le siguió en la antigüedad». Se presenta como una obra astronómica
revelada por el ángel Uriel a Enoc, el cual transmitió esa información a su
hijo Matusalén. Nickelsburg comenta que «este Libro Astronómico no es sólo un
tratado "científico", sino también un texto religioso que revela las
raíces de una cosmovisión enoquiana en la que el orden cósmico respalda la
creencia de que la justicia de Dios superará la violencia y el caos que
actualmente dominan la vida del pueblo de Dios». Bajo esta obra etíope había
una traducción griega (ahora prácticamente perdida) de un Libro Astronómico de
Enoc en arameo que difería de forma significativa de la versión acortada etíope.
Se cree que esta sección astronómica del Libro de Enoc fue escrita a finales
del tercer siglo o principios del segundo siglo a. e. c. 4. «El Libro de los
Sueños» o el «Libro de las Visiones»: En estos capítulos Enoc relata dos sueños
o visiones a Matusalén. Una visión trata del Diluvio y otra es una extensa
alegoría sobre la historia de la humanidad, desde Adán hasta el fin de los
días, todo ello representado con animales como los toros o las vacas. Se cree
que fue escrito en los tiempos de la revuelta de los macabeos, sobre el 165-160
a. e. c. 5. «La Epístola de Enoc» o el «Libro de las Advertencias y Bendiciones
de Enoc»: Una composición sobre la maldad humana, el pecado de los Vigilantes,
el Diluvio, la idolatría y una visión apocalíptica del fin. Se cree que fue
escrito a principios del segundo siglo a. e. c. 6. «Fragmento del Libro de Noé»
y otros textos: Dos capítulos que tratan sobre las extrañas circunstancias del
nacimiento de Noé y algunos fragmentos de otros textos que parecen haberse
añadido con posterioridad a los demás libros que conforman El Libro de Enoc.
Probablemente fueron escritos en el segundo siglo a. e. c.
Cabe mencionar que cuatro de los Libros que forman el Primer
Libro de Enoc fueron descubiertos en las cuevas de Qumrán entre los Manuscritos
del Mar Muerto, a excepción del Libro de las Parábolas. Ningún fragmento entre
los capítulos 37 a 71 fue descubierto en las cuevas de Qumrán, por lo que
diversos eruditos han teorizado que esta sección quizá fue escrita en el
segundo siglo e. c. por algún cristiano que quiso mezclar sus ideas con los
escritos de Enoc. Jozef Milik cree que el Libro de los Gigantes formaba parte
originalmente del «Pentateuco enoquiano», pero fue sustituido posteriormente
por el Libro de las Parábolas, el cual contiene ideas cristianas. El
descubrimiento de copias del Libro de Enoc entre los Manuscritos del Mar Muerto
prueba que este Libro apócrifo existió antes de la época de Jesucristo. Esto
demostraría que el Nuevo Testamento no influenció al Libro de Enoc, sino más
bien al contrario: los escritos de Enoc habrían influenciado algunos versículos
del Nuevo Testamento.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 20
Normalmente el Libro de Enoc forma parte de la Biblia
etíope, que es el canon más extenso con 81 libros en total. En esta Biblia, los
textos de Enoc se encuentran al principio (antes o después del Octateuco) o
junto al Libro de Job, el Libro de Daniel, o Libros atribuidos a Salomón. La
versión etíope del Libro de Enoc se creó a partir de un texto griego del
Pentateuco Cristiano Enoquiano y su fecha de traducción es desconocida, aunque
se ha sugerido el siglo quinto o sexto e. c., pero sin tener realmente pruebas
sólidas. La sección del Libro de los Vigilantes deriva de un manuscrito griego
y la Epístola de Enoc fue traducida a partir de un pobre manuscrito griego.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 21
El Libro de las Luminarias Celestiales (Enoc Astronómico)
Capítulo 75
4 Así, Uriel me mostró doce portales abiertos para el
circuito de los carros del sol en el cielo, de donde salen los rayos del sol.
De estos procede calor sobre la tierra, cuando se abren en sus estaciones
asignadas.
6 Son doce los portales del cielo en los confines de la
tierra, de los cuales salen el sol, la luna, las estrellas y todas las obras
del cielo su salida y en su puesta. Hay muchas ventanas abiertas a la izquierda
y a la derecha. Una ventana produce mucho calor en una estación concreta.
También hay puertas de las que salen las estrellas según se les ordena, y en
las que se ponen según su número.
Capítulo 81
Las Tablas Celestiales y la Misión de Enoc
1 Y me dijo: «Observa, Enoc, estas tablas celestiales, y lee
lo que está escrito en ellas, y comprende cada parte». 2 Y observé las tablas
celestiales, y leí todo lo que estaba escrito en ellas, todas las obras del
hombre, y lo entendí todo. Y de todos los hijos de carne sobre la tierra,
durante las generaciones del mundo. 3 Y en seguida bendije al gran Señor, Rey
de la gloria, por haber hecho todas las obras del mundo, y glorifiqué al Señor
por su paciencia y bendición con los hijos del mundo. 4 Y después dije:
«Bienaventurado el hombre que muere en justicia y bondad, sobre el cual no hay
libro de injusticia escrito y en quien no se halla iniquidad». 5 Aquellos tres
santos me hicieron acercarme y me pusieron sobre la tierra ante la puerta de mi
casa, y me dijeron: «Declara todo a tu hijo Matusalén, y muestra a todos tus
hijos que ninguna carne será justificada ante los ojos del Señor, porque Él es
su Creador. 6 Durante un año te dejaremos con tus hijos, hasta que recuperes
tus fuerzas, para que instruyas a tu familia, escribas estas cosas y se las
expliques a todos tus hijos. Pero al segundo año se te separará de ellos. 7 Y
tu corazón se fortalecerá, porque los elegidos señalarán la justicia a los
elegidos; los justos con los justos se alegrarán, y se felicitarán unos a
otros; pero los pecadores morirán con los pecadores. 8 Y los perversos se
ahogarán con los perversos, y el apóstata caerá con el apóstata. 9 Y los que
practican la justicia morirán a causa de las obras de los hombres, y serán
juntados a causa de las obras de los impíos». 10 En aquellos días terminaron de
hablarme y regresé a mi pueblo, bendiciendo al Señor del mundo.
Capítulo 99
10 Pero en aquellos días serán bienaventurados todos los que
acepten las palabras de la sabiduría y las entiendan, y observen las sendas del
Altísimo y caminen por la senda de su justicia, y no se vuelvan impíos con los
impíos, porque se salvarán. 11 Ay de vosotros, que expandís el crimen de
vuestro prójimo; porque en el infierno seréis asesinados. 12 Ay de vosotros,
que ponéis los cimientos del pecado y del engaño, y que causáis amargura en la
tierra; porque en ella seréis consumidos. 13 Ay de vosotros, que construís
vuestras casas con el trabajo de otros, y todo su material de construcción son
ladrillos y piedras de crimen; os digo que no tendréis paz. 14 Ay de vosotros,
que despreciáis la extensión de la herencia eterna de vuestros padres, mientras
vuestras almas siguen a los ídolos; porque para vosotros no habrá tranquilidad.
15 Ay de los que obran la injusticia y ayudan a la blasfemia, y matan a su
prójimo hasta el día del gran juicio. 16 Porque vuestra gloria caerá, y traerá
aflicción a vuestros corazones, y despertará su feroz indignación y os
destruirá a todos con la espada; y todos los santos y justos se acordarán de
vuestros pecados.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 115
EL PODER OCULTO DE ENOC
Conviene analizar la similitud oculta entre Enoc, Moisés y
Adán, los cuales poseen una serie de características sobrehumanas descritas en
los textos bíblicos y apócrifos.
El Poder Oculto de Enoc
La relevancia de Enoc en la literatura bíblica y apócrifa
viene, en parte, porque fue el primer humano en «caminar con Dios» (Génesis
5:24) después de la expulsión de Adán del Jardín del Edén. En este viaje de
Enoc se relatan cosas que apuntan a la naturaleza sobrehumana del patriarca. El
versículo 1 del Primer Libro de Enoc dice: «Palabras de bendición con las que
bendijo Enoc a los elegidos», lo cual se asemeja a Deuteronomio 33:1: «Ésta es
la bendición con que Moisés, hombre de Dios, bendijo a los israelitas». Justo
después, en 1 Enoc 1:2, se dice: «Yo soy Enoc, un hombre justo, cuyos ojos han
sido abiertos por Dios», algo que se puede ver en Números 24:15 con los
oráculos de Balaán cuando «se le abren los ojos»: «Oráculo del hombre que ve lo
secreto, oráculo del que oye las palabras de Dios, del que conoce la ciencia
del Altísimo, del que ve la visión de El Shaddai, del que se le abren los
ojos». Enoc, por tanto, puede ver y oír más cosas que los humanos normales y
corrientes, al igual que algunos personajes bíblicos como Moisés, Balaán y
quizá también Ezequiel, que vio el carro celestial. La autoridad y la
información profética de Enoc queda reafirmada al usar el mismo lenguaje que
usa la Biblia al hablar de esas tres grandes figuras proféticas, lo cual da
cierta credibilidad a las visiones de Enoc. Más adelante, en los pasajes de 1
Enoc 6-11, se habla de los ángeles caídos o Vigilantes y cómo Enoc era capaz de
reprenderlos y comunicarse con ellos, lo cual también podría dar más autoridad
a la figura especial de Enoc. En el Segundo Libro de Enoc, su viaje celestial y
las revelaciones que recibe ocupan gran parte de la obra. En repetidas
ocasiones se menciona el miedo que sintió Enoc ante el poder y la gloria de
Dios. De alguna manera, Enoc se dio cuenta de su insignificancia como humano
ante la presencia de Dios, igual que sucedió con Adán y Eva cuando, después de
comer de la fruta prohibida, fueron conscientes de su «desnudez». Ese mismo
miedo sintieron los humanos presentes en el Monte Sinaí junto a Moisés. Se
observa, por tanto, una clara conexión entre la historia de estos tres
personajes destacados que aparecen en textos bíblicos y apócrifos.
El Poder Oculto de Moisés
En relación a Moisés, en Eclesiástico 45 se dice que Dios
«le hizo en gloria comparable a los santos» y «le hizo oír su voz, y cara a
cara le dio los mandamientos». En algunos textos encontrados en las cuevas de
Qumrán se habla de la posible transfiguración de Moisés durante su ascenso al
Monte Sinaí. En 4Q374 fragmento 2 colección 2 se dice que Moisés «se le
apareció al Faraón como una teofanía (como un dios)» y también que Dios hace
que «su cara brille e inspire temor». Otro fragmento, 4Q377 fragmento 1 columna
2, pone de manifiesto la diferencia entre la gente que estaba cerca del Monte
Sinaí y que tenían miedo, y Moisés, que estuvo en una nube con Dios
«santificado y hablando con su boca como un ángel». Otra señal de la
transformación de Moisés la vemos en Éxodo 34:29-30: «Y aconteció que, descendiendo
Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al
descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía,
después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron
a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo
de acercarse a él». En la teología samaritana, en el tratado de Memar Marqah,
se dice que «la imagen de Dios vivió con Moisés» después de su encuentro en
Sinaí y «que terrible para todos aquellos que lo contemplaron, ¡que nadie lo
mire directamente!» (Memar Marqah 6:3). Luego, en Memar Marqah 5:3 se dice:
«Grande fue la hora en que el profeta Moisés se paró en el Monte Sinaí y todos
los ángeles celestiales le honraron. Grande fue la alegría del corazón de
Moisés cuando vio a los ángeles alrededor suyo. La Gran Gloria le tomó de la
mano derecha y anduvo ante él». Resulta interesante también que en Memar Marqah
6:3 se menciona que Moisés fue dado la comida de los ángeles: «Se le suministró
comida de ángeles. Le sentaron en la mesa de los ángeles y comieron su pan». En
la literatura rabínica, en Levítico Rabbah, R. Johanan señala que la comida que
le dieron a Moisés en el Sinaí era la luz divina. En Éxodo Rabbah 45:5 se dice
que le dieron de comer «el esplendor de la Shejiná». Viendo las
transformaciones de Enoc y Moisés, uno se pregunta cómo puede un ser humano
ascender y llegar a ese nivel espiritual.
El Poder Oculto de Adán
En los libros apócrifos de La vida de Adán y Eva (también
conocido en su versión griega como el Apocalipsis de Moisés) se dice que cuando
la mujer comió de la fruta prohibida, se dio cuenta de que «estaba desnuda de
la gloria que la vestía». En la versión latina del libro se dice que Dios creó
la cara de Adán a su imagen y semejanza y su cara era objeto de alabanza por
parte de los ángeles, como si la cara de Adán compartiera el mismo resplandor
que el rostro de Dios. Más adelante, se dice que Adán suplicó a Dios para que
le devolviera «su gloria, la cual había perdido» por culpa del Diablo. En el
Libro de las Revelaciones de Clemente 5:3 se dice que después de comer la fruta
mortal «fueron despojados de su gloria y quedaron desnudos de la luz que
vestían». Algunos rabinos opinan que la primera cosa que perdieron después de
pecar fue la preciada luz primordial que Dios se apresuró a ocultar. Por tanto,
la expulsión de la primera pareja del Paraíso implicaba la conciencia de su
mortalidad, junto a la pérdida de la intimidad con Dios y la gloria que
compartían con él. Este sería el mismo «resplandor, poder y gloria» que
experimentó Moisés en el Sinaí y Enoc en su ascenso a los cielos.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 184
La Creación del Mundo según Enoc
En el Segundo Libro de Enoc se presenta un relato de la
Creación fascinante con unos detalles que no aparecen en el Génesis bíblico.
Este manuscrito comienza explicando el ascenso de Enoc a los cielos y todo lo
que vio ahí arriba. Al llegar al último cielo, Dios le reveló todos los
secretos de la Creación, algo que ni siquiera los ángeles conocen. Empieza
diciendo lo siguiente: «Enoc, todo lo que ves, ya sea inmóvil o en movimiento,
todo ha sido creado por Mí. Te revelaré desde el principio cómo creé lo que
existe de lo inexistente, y lo visible de lo invisible. Porque ni a mis ángeles
les he contado mis secretos, ni les he explicado su origen, ni Mi infinitud e
inefabilidad y creación racional, como hoy te lo doy a conocer. Sin embargo,
antes no existían todas las cosas visibles. Yo era el único que se movía dentro
de lo invisible, como el sol, de este a oeste y de oeste a este. Pero, mientras
el sol tiene reposo, yo no encontré reposo, porque estaba creando todas las
cosas; y pensé en crear un comienzo, y creé seres visibles». Es decir, que las
cosas físicas fueron creadas a partir de lo invisible. Y aquí es cuando
aparecen dos figuras cosmogónicas muy interesantes, llamadas Adoil y Arkhas,
una especie de seres primordiales que Dios utilizó en la Creación del mundo.
Dios ordenó que descendiera de lo invisible un ser visible, llamado Adoil,
grande en extremo, y en su vientre tenía una gran luz: «Al principio ordené a
uno de los invisibles que descendiera y se hiciera visible; y el gran Adoil
descendió; y lo contemplé, y en su abdomen se produjo una gran luminosidad. Y
le dije: "¡Líbrate, Adoil, y que nazca de ti lo visible!". Se liberó;
y salió una Luz abrumadoramente grande, y yo estaba en medio de esta Luz.
Mientras la Luz se perfilaba, una un gran eón surgió de ella, haciendo
manifiestas todas las criaturas que pensaba crear». Esto recuerdo a la teoría
moderna del Big Bang en la que todo surgió de una “implosión” original. Luego
continúa el relato diciendo: «Y puse ahí mi Trono, y me senté en él, y dije a
la luz: "Asciende sobre el Trono y mantente firme. Sé el fundamento de lo
alto". Por encima de la Luz no había nada más». Aquí se dice que hay una
luz por encima del trono de Dios y que más allá de esta luz no existe ninguna
otra cosa. Sería como una especie de límite de todo lo existente. El texto
sigue diciendo: «¡Que del firmamento invisible aparezca lo invisible! Y salió
Arkhas, que era duro, pesado y muy rojo. Y dije: "¡Libérate, Arkhas, y que
nazca de ti lo visible!". Se liberó, y salió un eón muy grande y muy
oscuro, que llevaba las criaturas de todos los mundos inferiores. Vi que era
bueno y le dije: 4 "¡Desciende y mantente firme!". Y así se convirtió
en el fundamento del mundo inferior. Y no había nada debajo de esta oscuridad».
Varios eruditos señalan que la palabra arkas o arukas podría venir de la
palabra hebrea 'extendido', así como también de la palabra aramea 'inferior'.
Por tanto, podría representar algo extendido en la parte inferior del mundo,
quizá haciendo referencia a una superficie terrestre extendida. Luego dice que
por debajo de las tinieblas no existe ninguna otra cosa; es decir, que en las
regiones inferiores también habría una especie de límite de todo lo existente.
Arriba habría un límite de luz y debajo de tinieblas. Sigue explicando el
texto: «Y ordené que se tomara de la luz y de las tinieblas, y dije: "Sé
espeso y envuélvete de Luz". Lo extendí y se convirtió en agua. La extendí
sobre las tinieblas, bajo la Luz. Así fijé las aguas, es decir, el Abismo; y
con la Luz rodeé el anillo del agua y dentro hice siete círculos; y les di una
apariencia como de cristal, húmedos y secos, es decir, vidrio y hielo, rodeados
de aguas y de los demás elementos. Y mostré a cada uno de ellos su camino, con
siete estrellas, estando cada una de ellas en su propio cielo, para que se
movieran de esta manera». Lo interesante aquí es que, al parecer, el agua sería
una combinación de luz y tinieblas. Además, dice que la extendió, como si
estuviera hablando de una extensión sobre un plano. Respecto al círculo de luz,
cabe mencionar una interesante nota a pie de página que aparece en una versión
inglesa moderna de 2 Enoc: «El fundamento de luz alrededor del agua, que es como
cristal y vidrio, es probablemente una referencia al cielo. Una creencia típica
de la época era que el cielo era una expansión de agua, como un mar inmenso».
Curiosamente esto cuadra con lo que vio Enoc en el primer cielo: un mar
inmenso, mucho más grande que cualquier mar que hay en la Tierra.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 257
Según el Libro de Enoc el cielo tiene un final. Habla de un
sitio en los confines de la tierra donde hay grandes montañas. Y al oriente de
este lugar, estaría el final de la tierra, donde el cielo descansa. Es decir,
que podría haber un sitio donde el cielo acaba tocando de alguna manera con la
tierra. Como si fuera una especie de cúpula o domo. Además, dice que en estos
límites es donde se abren los portales del cielo. A través de estos portales
entran y salen las luminarias, como el sol, la luna y las estrellas.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 262
EL TERCER LIBRO DE ENOC (EL LIBRO HEBREO DE ENOC)
Capítulo 3
Metatrón tiene 70 nombres, pero Dios le llama «Joven»
R. Ismael dijo: 1 En esa hora le pregunté a Metatrón, el
ángel, el Príncipe de la Presencia: «Cuál es tu nombre?». 2 Él me respondió:
«Tengo setenta nombres, correspondientes a las setenta lenguas del mundo y
todas ellas están basadas en el nombre Metatrón, ángel de la Presencia; pero mi
Rey me llama ‘Joven’ (Na’ar)».
Capítulo 4
Metatrón es idéntico a Enoc, que fue trasladado al cielo
en el momento del Diluvio
R. Ismael dijo: 1 Le pregunté a Metatrón y le dije: «¿Por
qué eres llamado por el nombre de tu Creador, por setenta nombres? Eres más
grande que todos los príncipes, más alto que todos los ángeles, más amado que
todos los siervos, honrado por encima de todos los poderosos en realeza,
grandeza y gloria: ¿por qué te llaman "Joven" en los altos cielos?».
2 Él me respondió: «Porque yo soy Enoc, hijo de Jared. 3 Porque cuando la
generación del Diluvio pecó y se aturdió en sus actos, diciendo a Dios:
"Apártate de nosotros, pues no deseamos el conocimiento de tus caminos
(Job 21:14)", entonces el Santo, bendito sea, me quitó de en medio de
ellos para ser testigo contra ellos en los altos cielos a todos los habitantes
del mundo, para que no digan: "El Misericordioso es cruel". 4 ¿Qué
pecados habían cometido todas esas multitudes? O bien, si pecaron, ¿en qué
pecaron sus hijos y sus hijas, sus mulas y su ganado? ¿Y de la misma manera,
todos los animales, domésticos y salvajes, y las aves del mundo que Dios
destruyó? ¿En qué habían pecado para tener que morir con ellos? 5 Por eso el
Santo, bendito sea, me levantó mientras ellos todavía vivían ante sus ojos para
ser un testigo contra ellos para el mundo futuro. Y el Santo, bendito sea, me
asignó como príncipe y gobernante entre los ángeles ministrantes. 6 En esa hora
tres de los ángeles ministradores, 'UZZA, 'AZZA y 'AZZAEL salieron y
presentaron cargos contra mí en los altos cielos, diciendo ante el Santo,
bendito sea: “No dijeron los Antiguos (Primeros) correctamente ante Ti: '¡No
crees al hombre!'. El Santo, bendito sea, respondió y les dijo “Yo he hecho y
llevaré, sí, llevaré y entregaré". (Is. 46:4.) 7 En cuanto me vieron,
dijeron ante Él: “¡Señor del Universo! ¿Quién es éste para que suba a la altura
de las alturas? ¿No es uno de los hijos de los que perecieron en los días del
Diluvio? ¿Qué hace él en el Raqia?".
8 De nuevo el Santo, bendito sea, respondió y les dijo:
“¿Quiénes sois vosotros, que entráis y habláis en mi presencia? Yo me deleito
en este más que en todos vosotros, y por eso será un príncipe y un gobernante
sobre vosotros en los altos cielos”. 9 Entonces todos se levantaron y salieron
a mi encuentro, se postraron ante mí y dijeron: “Feliz eres tú y feliz es tu
padre porque tu Creador te favorece”. 10 Y como soy pequeño y joven entre ellos
en días, meses y años, por eso me llaman "Joven" (Na'ar)».
Capítulo 8
Las puertas del cielo abiertas a Metatrón
R. Ismael dijo: Metatrón, el Ángel, el Príncipe de la
Presencia, me dijo:
1 «Antes de que me designara para asistir al Trono de la
Gloria, el Santo, bendito sea, me abrió trescientas mil puertas de
Entendimiento trescientas mil puertas de Sutileza trescientas mil puertas de
Vida trescientas mil puertas de "gracia y bondad amorosa" trescientas
mil puertas de amor trescientas mil puertas de Torá trescientas mil puertas de
mansedumbre trescientas mil puertas de mantenimiento trescientas mil puertas de
misericordia trescientas mil puertas de temor al cielo.
2 En esa hora, el Santo, bendito sea, añadió en mí sabiduría
a la sabiduría, entendimiento a la comprensión, sutileza a la sutileza,
conocimiento a la sabiduría, misericordia a la misericordia, instrucción a la
instrucción, amor a la amorosa bondad, bondad a la bondad, mansedumbre a
mansedumbre, poder a poder, fuerza a fuerza, poder a poder, brillo a brillo,
belleza a belleza, esplendor a esplendor, y fui honrado y adornado con todas
estas cosas buenas y loables más que todos los hijos del cielo».
Capítulo 17
Los príncipes de los siete cielos, del sol, la luna, los
planetas y las constelaciones y sus conjuntos de ángeles
R. Ismael dijo: Metatrón, el Ángel, el Príncipe de la
Presencia, la gloria de todo el cielo, me dijo: 1 «Siete son los príncipes, los
grandes, hermosos, reverenciados, maravillosos y honrados que son designados
gobernantes sobre los siete cielos. Y estos son: MIKAEL (Miguel), GABRIEL,
SHATQIEL, SHACHAQIEL, BAKARIEL, BADARIEL, PACHRIEL. 2 Y cada uno de ellos es el príncipe de la
hueste de un cielo. Y cada uno de ellos está acompañado por 496.000 miríadas de
ángeles ministradores. 3 MIKAEL, el gran príncipe, es designado gobernante del
séptimo cielo, el más alto, que está en el Araboth. GABRIEL, el príncipe del
ejército, es designado sobre el sexto cielo que está en Makon. SHATAQIEL,
príncipe del ejército, es designado gobernante del quinto cielo que está en
Ma'on. SHAHAQI'EL, príncipe del ejército, es designado gobernante del cuarto
cielo que está en Zebul. BADARIEL, príncipe del ejército, es designado
gobernante del tercer cielo que está en Shehaqim. BARAKIEL, príncipe del
ejército, es designado gobernante del segundo cielo que está en la altura de
(Merom) Raqia. PAZRIEL, príncipe del ejército, es designado gobernante del
primer cielo que está en Wilon, que está en Shamayim. 4 Debajo de ellos está
GALGALLIEL, el príncipe designado gobernante sobre el orbe del sol, y con él
están 96 grandes y honrados ángeles que mueven el sol en Raqia. 5 Debajo de
ellos está OPHANNIEL, el príncipe designado gobernante sobre el orbe de la
luna. Y con él hay 88 ángeles que mueven el orbe de la luna 354 mil parasangs
cada noche en el momento en que la luna se sienta en el Este en su punto de
inflexión. ¿Y cuándo se encuentra la luna en el Este en su punto de inflexión?
Respuesta: en el decimoquinto día de cada mes. 6 Debajo de ellos está RAHATIEL,
el príncipe designado gobernante sobre las constelaciones. Y le acompañan
72 grandes y honrados ángeles. ¿Y por qué se le llama RAHATIEL? Porque él hace
que las estrellas circulen (marhit) en sus órbitas y recorridos 339 mil
parasangs cada noche de Oriente a Occidente, y de Occidente a Oriente. Porque
el Santo, bendito sea, ha hecho una tienda para todos ellos, para el sol, la
luna, los planetas y las estrellas en la que viajan por la noche de Occidente a
Oriente. 7 Bajo ellos está KOKBIEL, el príncipe que designado gobernante sobre todos
los planetas. Y con él hay 365.000 miríadas de ángeles ministradores, grandes y
honrados que mueven los planetas de ciudad en ciudad y de provincia en
provincia en la Raqia de los cielos.
8 Y sobre ellos hay setenta y dos príncipes de reinos en lo
alto que corresponden a las 72 lenguas del mundo. Y todos ellos están coronados
con coronas reales y vestidos con ropas reales y envueltos en mantos reales. Y
todos ellos están montando en caballos reales y están sosteniendo cetros reales
en sus manos. Y ante cada uno de ellos, cuando viajan por Raqia, van siervos
reales con gran gloria y majestad, así como en la tierra ellos (los príncipes)
viajan en carros con jinetes y grandes ejércitos y en gloria y grandeza con
alabanza, canto y honor».
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 294
Capítulo 24
Los diferentes carros del Santo, bendito sea
R. Ismael dijo: Metatrón, el Ángel, el Príncipe de la
Presencia, la gloria de todo el cielo, me dijo: 1 «Numerosos carros tiene el
Santo, bendito sea: tiene los “Carros de (los) Querubines”, como está escrito
(Sal. 18:11, 2 Sam. 22:11): “Y montó sobre un querubín y voló”. 2 Tiene los
“Carros del Viento”, como está escrito: “y voló velozmente sobre las alas del
viento”. 3 Él tiene los “Carros de (la) Nube Veloz”, como está escrito (Is.
19:1): “He aquí que el Señor cabalga sobre una nube veloz”. 4 Tiene “los Carros
de las Nubes”, como está escrito (Ex. 19:9): “He aquí que vengo a ti en una
nube”. 5 Tiene los “Carros del Altar”, como está escrito (Am. 9:1): “Vi al
Señor de pie sobre el Altar”. 6 Tiene los “Carros de Ribbotaim”, como está
escrito (Sal. 17:18): “Los carros de Dios son Ribbotaim; miles de ángeles”. 7
Tiene los “Carros de la Tienda”, como está escrito (Deut. 31:15): “Y el Señor
apareció en la Tienda en una columna de nube”. 8 Tiene los “Carros del
Tabernáculo”, como está escrito (Lev. 1:1): “Y el Señor le habló desde el
tabernáculo”. 9 Tiene los “Carros del Propiciatorio”, como está escrito (Núm.
7:89): “entonces oyó la Voz que le hablaba desde el propiciatorio”. 10 Tiene
los “Carros de Piedra de Zafiro”, como está escrito (Ex. 24:10): “y había bajo
sus pies como una obra pavimentada de piedra de zafiro”. 11 Tiene los “Carros
de las Águilas”, como está escrito (Ex. 19:4): “Os llevo sobre las alas de las
águilas”. Aquí no se habla literalmente de águilas, sino de “los que vuelan
velozmente como las águilas”. 12 Tiene los “Carros del Grito”, como está
escrito (Sal. 47:6): “Dios ha subido con un grito”. 13 Él tiene los “Carros de
Araboth”, como está escrito (Sal. 17:5): “Alabad al que cabalga sobre el
Araboth”. 14 Él tiene los “Carros de las Nubes Espesas”, como está escrito
(Sal. 104:3): “que hace de las espesas nubes su carro”. 15 Tiene los “Carros
del Chayot”, como está escrito (Ez. 1:14): “y los Chayot corrieron y
volvieron”. Corren con permiso y regresan con permiso, pues la Shejiná está
sobre sus cabezas. 16 Tiene los “Carros de Ruedas (Galgallim)”, como está
escrito (Ez. 10:2): “Y dijo: Entra entre las ruedas giratorias”. 17 Tiene los
"Carros de un Querubín Veloz", como está escrito: “montando sobre un
querubín veloz”. Y en el momento en que Él cabalga sobre un querubín veloz, al
poner uno de Sus pies sobre él, antes de poner el otro pie sobre su espalda,
mira a través de dieciocho mil mundos de un solo vistazo. Y discierne y ve en
todos ellos y sabe lo que hay en todos ellos, y luego pone el otro pie sobre
él, según está escrito (Ez. 48:35): “Alrededor de dieciocho mil”. ¿De dónde
sabemos que Él mira a través de cada uno de ellos cada día? Está escrito (Sal.
14:2): “Miró desde el cielo a los hijos de los hombres para ver si había alguno
que entendiera, que buscara a Dios”.
18 Tiene los “Carros de los Ofanines”, como está escrito
(Ez. 10:12): “y los Ofanines estaban llenos de ojos alrededor”. 19 Él tiene los
“Carros de su Santo Trono”, como está escrito (Sal. 47:8): “Dios se sienta en
su santo trono”. 20 Tiene los “Carros del Trono de Yah”, como está escrito (Ex.
17:16): “Porque una mano se levanta sobre el Trono de Jah”. 21 Tiene los
“Carros del Trono del Juicio”, como está escrito (Is. 5:16): “pero el Señor de
los ejércitos será exaltado en el juicio”. 22 Tiene los “Carros del Trono de la
Gloria”, como está escrito (Jer. 17:12): “El Trono de la Gloria, puesto en alto
desde el principio, es el lugar de nuestro santuario”. 23 Tiene los “Carros del
Trono Alto y Exaltado”, como está escrito (Is. 6:1): “Vi al Señor sentado en el
trono alto y exaltado”».
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 313
Capítulo 46
El lugar de las estrellas mostrado a R. Ismael
R. Ismael dijo: Metatrón me dijo: 1 «Ven y te mostraré el
espacio de las estrellas que están en Raqia noche con temor del Todopoderoso
(MAQOM) y te mostraré dónde van y dónde están situadas». 2 Caminé a su lado, y
él me tomó de la mano y me señaló todo con sus dedos. Y estaban sobre chispas
de llamas alrededor del Merkabá del Todopoderoso (MAQOM). ¿Qué hizo Metatrón?
En ese momento dio una palmada y los expulsó de su lugar. En seguida volaron
con alas de fuego, se levantaron y huyeron de los cuatro lados del Trono del
Merkabá, y (mientras volaban) me dijo los nombres de cada uno. Como está
escrito (Salmo 147:4): «Él dice el número de las estrellas; les da todos sus
nombres», enseñando que el Santo, bendito sea, ha dado un nombre a cada una de
ellas. 3 Y todas ellas entran en orden contado bajo la guía de RAHATIEL a Raqia
ha-shamayim para servir al mundo. Y salen en orden contado para alabar al
Santo, bendito sea, con cantos e himnos, según está escrito (Sal. 19:1): «Los
cielos declaran la gloria de Dios». 4 Pero en el tiempo venidero el Santo,
bendito sea, las creará de nuevo, como está escrito (Lam. 3:23): «Son nuevas
cada mañana». Y abren su boca y entonan una canción. ¿Cuál es el cántico que
entonan? (Sal. 8:3): «Cuando considero tus cielos».
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 346
METATRÓN
Una figura central del Tercer Libro de Enoc es Metatrón.
Metatrón es un ángel mencionado en el judaísmo rabínico y en la angelología. En
el Tercer Libro de Enoc se sugiere que Metatrón podría ser el propio Enoc
ascendido al cielo y transformado o transfigurado en un ángel de rango
superior. No obstante, hay corrientes del judaísmo que argumentan que Enoc no
era literalmente Metatrón, sino que más bien el patriarca alcanzó el nivel
espiritual del ángel. Las referencias más antiguas a Metatrón aparecen en la literatura
judía y babilónica. Metatrón aparece tres veces en el Talmud babilónico. El
misterio del término Metatrón ha desconcertado a muchos eruditos, y el filólogo
e historiador israelí Scholem dijo que es dudoso que se pueda ofrecer una
explicación etimológica. Una de las explicaciones que podrían tener más peso
fue sugerida por Johann Heinrich Maius en su Synopsis Theologiae Judaicae:
Veteris et Novae, 1968, que luego fue respaldada por Hugo Odenberg, Saul
Lieberman y otros eruditos como Idel, Boyarin y Schäfer. Según esta
explicación, Metatrón viene del griego 'el que está junto al trono'. Otra
explicación ofrecida por varios autores medievales y por bastantes eruditos
modernos (notablemente George Moore y Jozef Milik) es que Metatrón viene del
latín metator. Este término se usaba principalmente como un término militar que
denota a la persona que mide el campamento y que va delante del ejército
preparando la ruta. En la literatura rabínica la palabra metator aparece varias
veces designando algún tipo de guía divino. Por ejemplo, en el Sifre
Deuteronomia, el dedo de Dios funciona como metato, y en el Génesis Rabbah la
voz de Dios es como un metator en el agua. Según el escritor Robert Graves, el
término metatrón sería una corrupción hebrea del griego metradromos ('el que
persigue la venganza') o de meta ton thronón ('más cercano del trono'). Según
Ramban Nahmánides (1194-1270), un rabino y filósofo del judaísmo de la Corona
de Aragón en la Edad Media, Matat o Metatrón significa 'enviado' (Matatar en griego).
Por su parte, Gersónides (1288-1344), un famoso rabino, filósofo, talmudista,
matemático, astrónomo y astrólogo francés, dijo que la palabra Matat o Metatrón
viene de la palabra matrona, que quiere decir 'madre' en romano, en el sentido
de 'guardián'. Varios autores argumentan que Metatrón no designaba
originariamente el nombre de un ángel, sino que más bien era un título, un rol
técnico. En el Talmud babilonio, Metatrón aparece como el nombre de un ángel
concreto y es probable, según algunos autores, que la terminación «-on» fuera
añadida a metator para convertirlo de un título general al nombre de un ángel
específico. Según esta corriente de pensamiento, Metatrón como nombre de un
ángel sería una innovación babilonia que no se conocía previamente en Palestina.
Metatrón aparece varias veces en los cuencos de encantamiento babilonios
(incantation bowls en inglés), que son del siglo quinto al siglo octavo. Estos
cuencos, también llamados tazas mágicas, son un tipo de amuleto utilizado en
Babilonia durante la Antigüedad tardía. En varios de estos cuencos Metatrón
recibe títulos grandiosos como «el Príncipe del Semblante», «el Gran Príncipe
del Universo entero» o «el Gran Príncipe del cielo». Metatrón también es
mencionado en cuencos no judíos, como un cuenco en idioma mandeo que lo
describe como un servidor ante el telón, o un cuenco enigmático en sirio que
dice: «En el nombre del ángel Metatrón, que tiene cuernos de oro y cuyo nombre
está escondido en setenta y siete letras mágicas». Estos cuencos en sirio y mandeo
muestran un profundo conocimiento de la historia de Metatrón y demuestran su
popularidad en Babilonia incluso fuera de los círculos judíos, aunque en ningún
cuenco se identifica a Metatrón con Enoc o con un humano convertido en ángel.
Según un estudio de 2019 realizado en la Universidad hebrea de Jerusalén sobre
Metatrón y Enoc, no fue hasta el siglo décimo cuando autores caraítas (un grupo
religioso judío) y musulmanes reportaron la identificación de Metatrón con
Enoc; y antes de eso no parece haber fuentes babilonias que mencionaran la
conexión entre Enoc y Metatrón. Según un estudio publicado en la «Revista para
el estudio del Judaísmo» en 2019, Enoc-Metatrón no sería ni una antigua
tradición esotérica palestina ni una creación babilónica, sino más bien una
síntesis innovadora palestina tardía de las trayectorias babilónica de Metatrón
y bizantina de Enoc, que dio lugar a una nueva figura híbrida. Abraham
Abulafia, un famoso cabalista español nacido en Zaragoza (1240-1291), argumenta
que Enoc usaba la fuerza de Metatrón para entender todos los secretos. En el
Zohar se dice que su cuerpo se convirtió en una antorcha de fuego,
desprendiéndose de sus vestidos animales y naturales, y vistiéndose de una
esencia espiritual. Tanto se impregnó Enoc de esta esencia espiritual que es
«como si fuera el mismo Metatrón»; por el nivel tan alto que alcanzó a través
de él. Según Abraham Abulafia, por esto se dice en los libros que Enoc es
Metatrón, pero no en el sentido literal, sino como un concepto espiritual y
metafórico. Según los sabios, Enoc era la séptima generación de Adán y Enoc
enterró a Adán. Dice el Zohar que eso simboliza que Enoc recibió un nivel del
alma llamado ILAÁ ZEHIRÁ, es decir, el nivel que tenía Adán antes de pecar.
Esto hizo que Enoc no muriera, igual que Adán antes de pecar: porque alcanzaron
el nivel que está por encima de la muerte. El Zohar también dice que se le
transmitieron a Enoc los tesoros superiores y las 45 claves para revelar los
secretos del cielo. Por tanto, Enoc habría alcanzado su nivel de alma superior,
que era equivalente a Metatrón. Pero Metatrón existía antes de la creación del
mundo físico, mientras que Enoc era de la séptima generación de Adán, lo cual
indicaría, según esta corriente de pensamiento, que no son literalmente el
mismo ser. Por otro lado, la literatura maniquea contiene numerosas menciones
enoquianas, especialmente sobre el Libro de los Gigantes, y consideran a Enoc
como un profeta o «apóstol» junto con Adán, Sethel, Enosh, Noé y Sem. La
tradición Merkabá (ver la nota a pie de página en el primer pasaje de 3 Enoc)
enfatiza el rol de Metatrón como el «Conocedor de Secretos». Según 3 Enoc, él
es «sabio en los secretos y Maestro de los misterios». Él es el que recibió
estos secretos de los ángeles y del Señor. También sirve como «el Revelador de
Secretos», el responsable de la transmisión de los secretos más grandes a los
Príncipes que están por debajo de él, así como a la humanidad. En 3 Enoc se
dice que Metatrón fue quien reveló secretos a Moisés en el Sinaí, incluido la
Torá escrita y la Torá oral: «los sacó de su casa de los tesoros y los
encomendó a Moisés, y Moisés a Josué, y Josué a los ancianos, y los ancianos a
los profetas, y los profetas a los hombres de la Gran Sinagoga…». Cuando
Metatrón hizo esto, todas las huestes en cada uno de los cielos se enfadaron
con él y le recriminaron que revelara los secretos a un ser humano. Metatrón
les respondió diciendo que el Santo le dio permiso y autoridad para hacerlo.
Luego Dios mismo reprende a las huestes por recriminar a Metatrón. Según el
profesor Andrei A. Orlov, del Departamento de Teología en la Universidad de
Marguette, Milwaukee, USA, en su artículo «Titles of Enoch-Metatrón in 2
Enoch», es evidente que en 2 Enoc uno puede ver algún tipo de preparación de
Enoc para su rol de Metatrón, el «Conocedor de Secretos». Esta preparación
conlleva varias etapas: Primero, el arcángel Vereveil introduce a Enoc a estos
secretos. Segundo, el Señor mismo continúa instruyéndole en los secretos, que
no había explicado ni siquiera a los ángeles. Finalmente, el Señor promete a
Enoc el rol de «Conocedor de Secretos». Lo importante aquí es que la promesa de
este rol está estrechamente relacionada con otros títulos de Metatrón como «El
Príncipe de la Presencia», «El Escriba Celestial» y «El Testigo del Juicio».
Esto deja la impresión de que 2 Enoc es parte de una tradición más grande y que
su autor tenía conocimiento previo del desarrollo de estos títulos dados a
Metatrón-Enoc y los hechos que hay detrás.
Hay un momento diferenciador en 2 Enoc que lo sitúa aparte
de otros documentos enoquianos como 1 Enoc, Jubileos u otros fragmentos de
Qumrán, y es cuando se le quita a Enoc su «ropa terrenal» y se le coloca la
«ropa de Gloria». En 2 Enoc 22:8-9 Dios le dice al arcángel Miguel: «Acércate y
quítale a Enoch sus vestiduras terrenales. Úngelo con mi aceite bendito y
vístelo con las vestiduras de mi gloria». Y luego se dice que: «El aspecto del
aceite era mayor que una gran luz y su lubricante era como el rocío bendito, y
su fragancia era como la mirra que brilla como los rayos del sol». Este parece
ser el momento en el que se produce la transmutación angelical y representa un
giro importante en el que la tradición enoquiana se mueve hacia una nueva era
en su desarrollo: la tradición de Metatrón. Y aunque parece haber cierto vacío
entre la literatura enoquiana temprana (1 Enoc, Jubileos, 2 Enoc) y la
literatura sobre Metatrón (3 Enoc, Shi’ur Qomah), particularmente por el uso de
los dos nombres diferentes, también se ven nexos que conectan ambas
literaturas, como la continuidad indisoluble de los títulos dados a este
personaje principal de Enoc-Metatrón, que son comunes en ambas
tradiciones. Un detalle interesante que señala Orlov y que
ningún otro erudito ha mencionado es que en 2 Enoc 23.2, cuando Enoc estaba ya
en los cielos más altos, el arcángel Pravuil le da permiso para sentarse:
«Ahora siéntate y escribe todas las almas de las personas que están por nacer y
también los lugares que están predestinados para ellos para siempre, ya que
cada alma está predestinada incluso antes de la creación de la Tierra». Esta
sugerencia de Pravuil para que Enoc se sentara viene después de que Enoc fuera
puesto delante del rostro de Dios y después de ser invitado por Dios a «estar
ante su rostro para la eternidad». Según la tradición rabínica, «no hay que
sentarse en el cielo», pero el privilegio de «sentarse» fue concedido a Enoc en
virtud de su rol como escriba.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 355
El Génesis Apócrifo, también llamado Apocalipsis de Lamec,
es uno de los manuscritos del Mar Muerto descubierto en Qumrán. Es un
manuscrito incompleto del que solo sobrevivieron algunos fragmentos de texto
arameo y es el documento que peor se conservó de los siete originales. Registra
una conversación entre la figura bíblica Lamec, hijo de Matusalén, y su hijo
Noé. En el Génesis Apócrifo se menciona un detalle fascinante: Lamec, uno de
los patriarcas antediluvianos descendientes de Adán por medio de Set, tuvo
miedo de que su hijo, Noé, hubiera sido producto de los Vigilantes.
1QGénesis Apócrifo (1QapGn) Col.1:
«He aquí que entonces pensé en mi corazón que la concepción
era obra de los Vigilantes, y la preñez de los Santos, y pertenecía a los
Gigantes, y mi corazón se trastornó en mi interior por causa de este niño.
Entonces yo, Lamec, me asusté y acudí a Bitenós, mi mujer, y dije: Júrame por
el Altísimo, por el Gran Señor, por el Rey del Universo, (texto incompleto) los
hijos del cielo, que de veras me harás saber todo (texto incompleto)». Después,
su mujer Bitenós le jura repetidas veces y en llanto que su hijo proviene de él
y no de los Vigilantes. Por lo tanto, en aquella época se concebía la idea de
que los Vigilantes podrían producir hijos con humanos, lo cual otorgaría cierta
credibilidad al texto enoquiano y su historia de los ángeles caídos teniendo
relaciones con las mujeres.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 361
En el Midrash Bereshit (Génesis) se habla de los ángeles
caídos. Midrash es un término hebreo y se refiere a un método de exégesis de un
texto bíblico, dirigido al estudio o investigación que facilite la comprensión
de la Torá (texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo
judío; es llamada Pentateuco en el cristianismo). El término midrash también
puede referirse a una compilación de las enseñanzas midrásicas en forma de
comentarios legales, exegéticos u homiléticos del Tanaj (conjunto de los
veinticuatro libros sagrados canónicos en el judaísmo) y del Talmud (obra que
recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías,
tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y
leyendas). El Midrash toma elementos actuales para ejemplificar de un modo
comprensible los textos antiguos y su etimología proviene del verbo hebreo
daras, que significa 'buscar, investigar, estudiar'.
En el Midrash Bereshit (Génesis) se dice:
«Esos son los ángeles que descendieron al contemplar a las
hermosas hijas de los hombres, no ascendieron hasta ahora; pues, al descender,
encontraron a una doncella. Le dijeron: "¡Escúchanos!". Ella les
respondió: "¿Y qué me vais a dar?". Ellos le dijeron: "Alas como
las nuestras, y te enseñaremos el Nombre Inefable". Y le enseñaron el
Nombre Inefable, y le dieron alas. A continuación, voló al cielo. El Santo,
bendito sea, le dijo: "Ya que has huido del pecado, te pondré como nombre
entre las constelaciones. Esta es la constelación zodiacal de Virgo. Y los
ángeles que le dieron alas no pudieron subir al cielo hasta que encontraron una
escalera para ascender"». En este texto se indica que los ángeles dieron
alas a una mujer humana y esta ascendió al cielo. Parece hablar de los ángeles
caídos, al referirse a ellos como «los ángeles que descendieron al contemplar a
las hermosas hijas de los hombres».
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 361
Los Gigantes en la Biblia
En la Biblia se mencionan los gigantes en varios pasajes,
empezando por Génesis 6:4: «Había por aquellos días, y también después,
gigantes en la tierra cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los
hombres y ellas les dieron hijos. Éstos son los héroes famosos de la
antigüedad». El término «gigantes» proviene de la palabra nefilim, que es la
transliteración al español de una palabra hebrea que probablemente significa
‘Los que hacen caer’ o ‘los caídos’. A lo largo de la historia, ha habido varias
interpretaciones de esta expresión hebrea que se han plasmado en distintas
traducciones de la Biblia, siendo la más frecuente «gigantes». Por ejemplo, en
la versión griega del Antiguo Testamento hebreo, llamada Septuaginta, se
tradujo como γίγαντες (‘gigantes’) entre los años 200 a 50 a. e. c., mientras
que, en la versión católica en latín, conocida como Vulgata, se tradujo como
«gigantes» en el siglo cuarto. A pesar de ello, se ha planteado la teoría de
que el término proviene de la forma causativa del verbo hebreo nafál, que
significa ‘caer’, lo que daría lugar a la expresión ‘los que hacen caer’ o ‘los
derribadores’. Curiosamente, en el Libro de los Jubileos (capítulo 5:1) y en el
Libro de Enoc (capítulo 7:2) se repite el mismo versículo de Génesis. Este
pasaje ha generado mucho debate y es, sin duda, uno de los más enigmáticos de
toda la Biblia. Parece haber dos sectores que interpretan el pasaje de Génesis
6:4 de forma diferente: aquellos que creen que los «Hijos de Dios» eran
simplemente humanos, descendientes de Set (posiblemente líderes o gente
poderosa); y los que creen que los «Hijos de Dios» eran Ángeles Caídos que
tuvieron relaciones con mujeres humanas en la tierra, engendrando así seres
gigantes. Otros versículos bíblicos que también mencionan la existencia de
gigantes son:
● Números 13:33: «También vimos allí gigantes, los hijos de
Anac, raza de los gigantes, y a su lado, nosotros nos sentíamos como langostas;
y esto les parecíamos nosotros a ellos».
● Deuteronomio 3: 11: «Porque únicamente Og rey de Basán
había quedado del resto de los gigantes. Su cama, que todavía puede verse en
Rabá de los amonitas, era de hierro, y medía nueve codos de largo y cuatro de
ancho, según el codo de un hombre».
● Deuteronomio 9:1-2: «Escucha, Israel. No vas a pasar el
Jordán para ir a la conquista de naciones más grandes y poderosas que tú, de
ciudades grandes, con murallas que llegan hasta el cielo, de un pueblo grande y
de elevada estatura, los descendientes de los anaquitas, que ya conoces, y de
quien has oído decir: “¿Quién podrá oponerse a los hijos de Anac?”».
● 2 Samuel 21:19: «En una nueva lucha con los filisteos, en
Gob, Eljanán, hijo de Yaír, de Belén, mató a Goliat de Gat, que tenía una lanza
cuya asta era como el rodillo de un telar. En otro combate ocurrido en Gat
había un hombre de enorme talla, con seis dedos en cada mano y en cada pie, es
decir, veinticuatro en total, que también era descendiente de Rafá».
● 1 Crónicas 20:5-6: «Hubo otra guerra con los filisteos. Y
Eljanán, hijo de Yaír, mató a Lajmí, hermano de Goliat, el de Gat, el cual
tenía una lanza cuya asta era como un enjullo de tejedor. Hubo aún otra guerra
en Gat, donde había un hombre de elevada estatura, con seis dedos en cada mano
y en cada pie, o sea, veinticuatro dedos, que también descendía de los refaín».
● Baruc 3:26: «Allí nacieron los famosos gigantes de antaño,
de elevada estatura y expertos en la guerra. No son éstos los que Dios eligió,
ni les enseñó el camino de la ciencia. Perecieron por carecer de prudencia,
perecieron por su necedad».
Aparte de la Biblia, otros libros antiguos recogen menciones
a los gigantes: El Libro de Enoc, el Segundo Libro de Enoc, el Libro de los
Jubileos, el Libro de Jaser, el Libro de los Gigantes, el Documento de Damasco
o los escritos de Flavio Josefo, el gran historiador judío.
Oliver Ibáñez
Los Libros de Enoc:
Nueva Traducción con Anotaciones y Comentarios sobre los Ángeles Caídos, los
Gigantes, los Cielos y la Creación, página 387
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