Antonio Villarreal Tertulianos

Antonio Villarreal Tertulianos

 
Informarse hoy es un trabajo en progreso que nunca acaba, del que no debemos desconectar ni un día, porque si lo hacemos podríamos perdernos la pieza fundamental que nos ayude, por fin, a entender el puzle.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 8
 
 
En los quince segundos que cualquier persona tardaría en comprobar los resultados en la primera página de Google, Morodo ya tiene los mimbres necesarios para hablar durante casi dos minutos con absoluta suficiencia de la pobreza infantil en España, un asunto del que —según pude comprobar más tarde— la subdirectora de La Razón nunca había escrito en profundidad hasta la fecha. «Es muy llamativo que las ayudas que reciben las familias en España están en torno al 1 por ciento del producto interior bruto (PIB) mientras que en Europa están en el 2,5 por ciento —dice— y, si miramos a aquellas en exclusión social, serían el 0,7, por debajo de ese 1 por ciento.» Cuando el oyente escucha algo así por la radio, tiende a interiorizar que ese tertuliano maneja de forma habitual este tipo de datos, que es capaz de soltar en una conversación casual cuál ha sido la diferencia porcentual entre los dos últimos datos del EBITDA de Inditex o la depreciación del PIB de Irlanda en el último año. Pero la magia de estos profesionales, a menudo minusvalorados como todólogos, no es que sepan de todo, sino que son capaces de buscar esa información y declamarla, como un monólogo teatral, para crear esa impresión de omnisciencia. En casi ningún caso están aportando información nueva, sino seleccionando con mayor o menor criterio fragmentos de información disponible que ayuden a construir un armazón —o, con suerte, un cascarón— argumental. En muchos casos, son de facto actores que hacen suyo el texto de una noticia que acaban de leer en el móvil. La tertulia, en el fondo, no es una conversación natural entre una élite ilustrada, sino un trampantojo, la ilusión de un intercambio de conocimiento, porque esos tertulianos no saben, sino que fingen saber. Y, cuando discuten, en realidad solo teatralizan un lamento que jamás altera el discurso ajeno, pues los argumentos carecen de los elementos necesarios para accionar un engranaje de pensamiento en la cabeza del otro. Pese a todo, esos son los ladrillos con los cuales se construye el ecosistema informativo actualmente. Ellos no escogieron su destino, simplemente han sido los más capacitados para ejercer un papel que, como el de seleccionador nacional de fútbol, todo español cree llevar dentro.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 18
 
 
La tertulia moderna es un formato enloquecido. Se supone que en todo momento están opinando sobre algo real, unos hechos probados, que diría una sentencia. Pero en realidad todo es mucho más difícil. Se sabe que, de fondo, hay un caso de corrupción que se está investigando, pero la mayor parte del tiempo los tertulianos no opinan sobre un hecho, opinan sobre otra opinión.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 21
 
 
Se alude a una tradición legendaria de juntarnos en los cafés, como también la tienen los franceses, alemanes, austriacos o escoceses, aunque estos prefirieran la cerveza tibia. Se alude a una necesidad económica, pero en el resto de los países de Europa los medios de comunicación tienen problemas, ¿por qué solo ha florecido aquí este peculiar género de debate político que se desarrolla sin más acotaciones que el exabrupto o la publicidad?
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 22
 
 
La maquinaria del infoentretenimiento necesita un simulacro que pueda cambiar cada pocas horas, porque ese cambio es el que hace que los espectadores vuelvan a ver qué hay de nuevo. Por eso, la opinión ha ido fagocitando a la información, y el tertuliano al redactor o reportero. O, lo que es peor, se ha producido una hibridación: un periodista que despache información de un día para otro y, en los ínterin, se pasee por los estudios para rellenar la vida opinando. Sin pisar la calle, sin hablar con nadie más allá de la pantalla de su teléfono.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 25
 
 
Más allá de todo este repertorio folclórico —y sus eternas asociaciones con el carácter español—, las tertulias tienen un lado oscuro que ataca al corazón mismo de la democracia. Combatir un hecho es difícil, requiere presentar pruebas que afirmen lo contrario y que, además, resulten convincentes. Sin embargo, cuando el juicio de un ciudadano está edificado sobre opiniones, como tantas veces es el caso hoy en día, desarmarlo es tan sencillo como bombardearlo con otras opiniones. Los partidos políticos (a todos los niveles, nacional, autonómico e incluso local) son plenamente conscientes del poder de los tertulianos para plantar determinados mensajes en la mente de los oyentes, a veces con hábil persuasión, a veces con burda repetición. Por ello, desde hace décadas, se han asegurado de infiltrar en estas trincheras mediáticas a su infantería, para defender sus posiciones o atacar las del rival.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 26
 
 
El periodismo libre es como una flor de Pascua, basta con un leve cambio de la luz o la temperatura para que se mustie.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 32
 
 
En apenas tres años, Ónega y González Ferrari, principales artífices de la creación de la primera tertulia política de la radio española, acabarían en nómina de la Conferencia Episcopal. Y, con ellos, los primeros líderes de opinión de la democracia. Aunque el invento no fue suyo, Luis del Olmo es considerado el padre de la tertulia en su formato actual. Él tomó ese intercambio maldito, lo sacó de la medianoche y lo colocó en la peana de su buque insignia.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 32
 
 
La tertulia es un invento que la SER, una emisora de izquierdas, regaló a la competencia para que desgastara a los sucesivos Gobiernos del PSOE que en España ha habido.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 41
 
 
Caminar por un alambre sobre el barranco de la ignorancia, surfear el vértigo de la última hora, transitar la delgada línea entre la autoridad y la insensatez, lejos de ser un hándicap, es la gasolina del tertuliano auténtico.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 46
 
 
Ahora mismo, son el altavoz más grande para cualquier tipo de contenido político, desde la información hasta la opinión, pasando por el chascarrillo o la replicación de cualquier vídeo que se haya hecho viral en TikTok. Según una estimación de 2014, las cadenas dedicaban más de treinta y cinco horas semanales a programas con algún tipo de tertulia política. Esto es, cinco horas diarias, muchas de ellas en prime time y con audiencias de hasta el 15 por ciento. Hoy será mucho más, dado que espacios no tradicionales como El hormiguero de Pablo Motos o el programa de Iker Jiménez cuentan ya con sus propias tertulias. De hecho, Radiotelevisión Española (RTVE) abandera en la actualidad esa fiebre por el formato: tras los últimos cambios anunciados en la parrilla en septiembre de 2025, las tres principales cadenas públicas (La 1, La 2 y el Canal 24 Horas) encadenan hasta doce horas diarias de programas con mesas de análisis, desde La hora de La 1 hasta La noche en 24 horas, los dos programas de infoentretenimiento que sitúan a los tertulianos en pantalla desde las 7.50 de la mañana hasta más allá de la medianoche. En todas ellas, los analistas opinan sin ningún tipo de filtro sobre lo que hace el Gobierno y, por supuesto, llevan cualquier noticia publicada por un periódico digital —donde el impacto de una noticia puede llegar teóricamente a cientos de miles de lectores, pero en realidad suele quedarse muy por debajo de esa cifra— hasta los millones de telespectadores de estos programas.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 62
 
 
Si algo caracterizó los años noventa fue la pérdida de la inocencia. En las cadenas privadas, el plantel de tertulianos de un programa puede responder a una
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 90
 
 
En las cadenas privadas, el plantel de tertulianos de un programa puede responder a una gran cantidad de variables, desde la pura necesidad de rellenar la mesa un jueves de puente a que el consejero delegado escuchara un día una entrevista con algún columnista, sintiera un flechazo y ordenara al subalterno de turno ofrecerle una silla en la tertulia matinal. En las públicas, sin embargo, la ecuación resulta mucho más sencilla. «Aquí a los tertulianos siempre los pone el Gobierno, esté quien esté —me espeta un veterano trabajador de RTVE frente a una de las máquinas de café. Busca en un bolsillo algo de cambio para la máquina y prosigue—: El otro día estuvo por aquí Yolanda Díaz, a quien la entrevistaron donde Cuní, y, al ver a Casqueiro [en referencia a Javier Casqueiro, el corresponsal político de El País] le dio un abrazo tremendo. En ese momento pensé: “Pero, tía, córtate un poco, que lo habéis puesto ahí vosotros”.» Aunque a los periodistas nos encanta darnos importancia y decir «Todo esto se sabía», con esto sucede como con los premios literarios. Todo el mundo lo da por supuesto, pero prácticamente nadie se ha atrevido a explicitar los mecanismos que usa la política para colocar voces afines en las tertulias de las cadenas —públicas y privadas— de radio y televisión. 
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 90
 
 
Si algo caracterizó los años noventa fue la pérdida de la inocencia.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 90
 
 
Una fórmula no escrita sobre los tertulianos en las cadenas públicas: la composición suele seguir la regla del taburete cojo, con la tercera pata siempre decantada hacia el que manda, es decir, cuando gobernaba el PP, en una mesa con tres tertulianos había uno del PP, uno del PSOE y el tercero, aunque no alineado, más escorado a la derecha para decantar los debates hacia el lado del Gobierno.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 93
 
 
Cataluña en 2007 era un laboratorio de populismo donde los límites entre los medios de comunicación, la política y el espectáculo saltaron por los aires. De Pilar Rahola a Cayetana Álvarez de Toledo, de Andrea Levy a Gabriel Rufián, cualquier figura de la primera línea política era tertuliano en excedencia, o viceversa. Al mismo tiempo, en Madrid empezaron a aparecer también Pablo Iglesias en La tuerka o una joven Isabel Díaz Ayuso dando su opinión en tertulias nocturnas de derechas. Es el nacimiento de una generación de parlamentarios que ya no miran a su contrincante, sino a la cámara. Que ya no aspiran a modificar el pensamiento o el voto ajeno, sino que se conforman con dejar una frase lapidaria que pueda ser empaquetada. Que no escuchan, sino que solo hablan: todos en paralelo. Son características tanto de la nueva política como de la tertulia contemporánea.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 96
 
 
Sabemos que los tertulianos operan en un registro peculiar, un universo donde nada es falsable y donde se hacen predicciones sobre el futuro que nunca llegan a refutarse, donde el ayer no existe y donde la realidad es un títere en manos de la dramaturgia. Pero verlos sometidos a este experimento que fue el procés, afectados por unas condiciones extremas, fue como colocarlos en una placa de Petri. En ese tiempo y ese lugar, pudo observarse con singular pureza el papel de este nuevo paradigma que, a comienzos de los años noventa en Estados Unidos, se definió ya como tertuliocracia.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 96
 
 
El tertulianismo, explicaban, «produce una curación simbólica más que efectiva de los males políticos, paternalismo político en lugar de reflexión y, en el fondo, el desencanto público con la política».
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 97
 
 
El ensayo fue uno de los primeros documentos en impugnar esa visión, hasta entonces generalizada, de que este tipo de debate era un foro adecuado para hacer la política más accesible a los ciudadanos. Nimmo y Combs distinguían cuatro grupos de pundits: sacerdotes, bardos, sabios y oráculos. Siguiendo su terminología, lo que ambos autores hacen aquí es tirar de la cortina para desvelar a los magos, es decir, despojar a los pundits de todas esas ínfulas que ellos mismos se otorgan como únicos intérpretes del poder político en Washington. El truco funciona igual de bien en cualquier país: los tertulianos transmiten la idea de que la Moncloa o el Congreso de los Diputados encierran un laberinto de códigos indescifrables para el ciudadano de a pie y, por ello, es imprescindible su mediación: solo ellos pueden explicar qué está pasando de verdad.
 
Tertulianos, página 97
 
 
El periodista e historiador Eric Alterman13 fue otro de los visionarios que, a comienzos de los noventa, comenzó a vislumbrar el papel que estos pundits estaban teniendo en la sociedad estadounidense. Un pundit y un tertuliano no son exactamente lo mismo —allí suelen centrarse en una competencia mientras que aquí hablan de cualquier cosa—, pero son equivalentes en su sentido político. Alterman los definió como un híbrido entre periodistas y políticos. El periodismo sirve a los tertulianos como refugio y los ayuda a validarse, pero, a diferencia de un redactor o un reportero, el tertuliano no se limita a describir los hechos. Y, sobre todo, no se limita a fiscalizar al poder, sino que a menudo aspira a sustituirlo.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 97
 
 
El nacimiento de la tertuliocracia en Estados Unidos viene dado por la mezcla de los valores de la producción televisiva y la cultura política de los insiders de Washington, que Alterman define como «un pequeño grupo de pontificadores políticos altamente visibles que se ganan la vida ofreciendo opiniones políticas desde dentro y predicciones en los medios nacionales de élite. Y son sus debates, más que cualquier parecido a un debate democrático, los que determinan los parámetros del discurso político en la nación hoy en día». Sin embargo, hay una diferencia capital entre tertulianos y políticos: la democracia impone una fecha de caducidad a quienes participan en ella, cuatro años tras los cuales los electores pueden decidir sobre su futuro. La tertuliocracia, para Alterman, es lo más parecido a una aristocracia que existe en Washington, una casta que independientemente de quién habite la Casa Blanca seguirá ahí, gritando a los estadounidenses al oído los susurros que se escuchan en los cenáculos del poder. El historiador, como verán, no mostraba demasiada simpatía por esta «élite de la clase parloteadora», equiparándola a una versión turbocapitalista del politburó del Kremlin.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 98
 
 
El mecanismo más básico de descortesía es, por supuesto, la interrupción. El «¿Me dejas terminar, por favor?», que hoy se ha vuelto ya un cliché, indicaba para González-Sanz un mecanismo subyacente por el cual las tertulias televisivas o radiofónicas eran gobernadas. La interacción entre los tertulianos no suele estar pautada por el moderador o el presentador, sino que, por el bien del espectáculo, los propios participantes se autoorganizan: «No resulta extraña, por tanto, la abundancia de interrupciones en las tertulias periodísticas de tema político, que muestra una interacción regulada por el mecanismo de autoselección del turno de habla», explicaba este trabajo. La académica encontró que esta mecánica del conflicto sobrevolaba las intervenciones: uno de cada tres intercambios se producían así, en una lucha a cara de perro por el turno de palabra. Esto sucedió hace más de una década. Cabe sospechar que, en 2025, y particularmente en algunos programas, cualquier intervención viene ya precedida de un machetazo verbal para arrebatar el turno de palabra al tertuliano opuesto. En el nivel superior de descortesía encontramos los insultos. Si en 1989 un imbécil logró paralizar la emisión de La linterna durante varios días, en 2017 el análisis de esta y otras tertulias de ámbito nacional arrojaba la siguiente selección de insultos, de los cuales un 77 por ciento se registraron en televisión: Idiota. Inepto. Cretino. Cínico. Hipócrita. Malvado. Miserable. Absurda. Ridícula. Ñoña. Animal de poder y sin escrúpulos. Arrogante. Autoritario. Canalla. Energúmeno. Mafioso. Mentirosa. Nefasto. Sinvergüenza. Seguramente, nuestros oídos se han acostumbrado tanto a la tertulia contemporánea que ya muchos de ellos ni siquiera nos resultan insultos, tan solo adjetivaciones hiperbólicas que se hacen en beneficio del espectáculo. En su trabajo, González-Sanz encontró algo interesante: muchos de los términos que los tertulianos empleaban para faltarse al respeto eran palabras inesperadas que habían acabado siendo convertidas en descalificativos a base de ser lanzados a la cabeza del contertulio de enfrente. Los lingüistas los llaman insultos verbales no codificados lingüísticamente. Ahí van unos cuantos ejemplos reales: Burócrata. Cobarde. Chapucero. Fracasado. Incompetente. Irresponsable. Insolidario. Demagogo. Maniqueo. Meapilas. Sectaria. Xenófobo. «Únicamente hemos detectado un caso de insulto lexicográficamente marcado como tal: hijo de puta, dirigido a un aludido ausente del estudio», señala. La investigadora encontró que «la descortesía forma parte de la superestructura o del tipo discursivo de la tertulia periodística de tema político», pero existen muchas formas de ser descortés y algunas dependen del género: los tertulianos tienden a descalificar más, aunque ellas marcan el ritmo con más interrupciones y actos de disensión.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 126
 
 
Pero el aumento de las interrupciones en las tertulias políticas denota algo más. Todos y cada uno de esos ¿me dejas terminar, por favor?, yo no te he interrumpido a ti y los continuos guiños al moderador o presentador para que les ceda el turno de palabra señalan que algo ha cambiado en esta última etapa de la historia de la tertulia. Si los participantes cobran lo mismo por hablar dos minutos o quince, ¿a qué se debe esa lucha cainita por el turno de palabra, por qué esa urgencia por avasallar verbalmente al contertulio de al lado? Al menos hay dos razones. La primera es que el modelo ha cambiado totalmente, de las primeras tertulias basadas en la información a las siguientes basadas en la opinión y a las actuales, que son una versión más espectacular. El negocio antes era sentar a voces diferenciales alrededor de una mesa, a las que se les pagaba muy bien, para atraer a una base de oyentes o espectadores a los que colocar anuncios. Ahora es algo distinto: se colocan todas las mesas de tertulia política posibles dentro de la parrilla de programación, incluso en programas que antaño eran puro entretenimiento, y para rellenar esas mesas necesitan de muchas voces, que suelen cobrar bastante poco. Antes, la emisora de turno elegía a sus tertulianos e incluso competía con las demás por los mejores analistas, pero este segundo modelo abre la puerta a que, como bien sugería Amón, sean otros actores quienes acaben rellenando esas mesas: intereses, acuerdos transaccionales con otros medios o, directamente, los partidos políticos, siempre dispuestos a recomendar a alguna joven promesa del filibusterismo o recolocar a algún viejo roquero que, por avatares de la vida, no hubiera logrado su escaño en las últimas elecciones o lo hubiera tenido que dejar por una investigación judicial, como le sucedió recientemente a José Luis Ábalos.12  Lo que antes era un secreto cada vez empieza a asomar más en los mentideros. Algunos partidos políticos usan su cuota de tertulias como quien tiene un palco vip en el Bernabéu:
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 128
 
 
La tertulia tiene que atender a esa pluralidad y eso ha hecho que las televisiones públicas salvaguardaran un perfil más plural en las tertulias.»
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 138
 
 
Desde un punto de vista exclusivamente teórico, es palpable que el ecosistema informativo ha ido mutando en las últimas décadas hacia el infoentretenimiento y ahora son los tertulianos quienes ponen los ladrillos. Podemos incluso defender la evolución, argumentando que los opinadores actuales están cada vez más preparados, son más diversos que hace décadas y cumplen una importante función social al proveernos de argumentos para manejar la brújula de nuestro día a día. Podemos repetirnos que es un ejercicio melancólico pretender que las cosas sean de otra forma y que, dentro de lo que cabe, hay una variedad suficiente de tertulias a las que podemos amoldarnos en función de nuestras inclinaciones o nivel socioeconómico. Lo que es más discutible, y a menudo ha permanecido bajo el radar, es el grado de distorsión que introducen los partidos en el debate político. Cómo tratan de imponer desde las tertulias de qué puede o no hablar el público y en qué términos. Y, sobre todo, cómo esta injerencia ha ido permeando las tertulias a lo largo de nuestra etapa democrática, convirtiendo lo que era una imperceptible música de ascensor en un estruendo que no permite escuchar al otro.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 144
 
 
Las tertulias, han venido a economizar nuestro propio pensamiento; en lugar de pararnos a reflexionar qué opinamos sobre la actualidad, delegamos ese trabajo en los tertulianos. Luego, absorbemos sus opiniones, las procesamos solo para vestirlas con nuestras propias palabras y, finalmente, nos convencemos de que siempre fueron nuestras, de que las voces de la radio, la televisión e internet solo verbalizaban a su manera lo que ya estábamos sintiendo.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 159
 
 
Pudo haber un momento, entre los ochenta y los noventa, en el que acudir a un programa como Protagonistas con una noticia bomba en portada de tu periódico podía estimular la venta de ejemplares y elevar los ingresos del medio, pero hoy eso no funciona y, desde que el modelo pivota en internet, la excusa es injustificable. Ahora mismo las noticias más leídas de un periódico digital dependen de Google, de la optimización de los motores de búsqueda (SEO, por sus siglas en inglés) y de una última hora. La relación entre las tertulias y las portadas es como las de rémoras y tiburones. La radio y la tele picotean continuamente de los periódicos, pero sin afectar jamás a su trayecto y, mucho menos, contribuir a su manutención. Hay muy poco investigado sobre esto. En parte, porque a nadie le interesa desmontar un tinglado que realmente es un win-win: el tertuliano de turno se lleva un sueldo extra a final de mes por echar un par de ratos a la semana y la empresa que organiza la tertulia cubre de forma económica un buen trozo de programación. Las tertulias son una forma compartida de consuelo para la precariedad de ambos.
 
Tertulianos, página 169
 
 
El concepto de disidente controlado es clave en este mundo y explica buena parte de este libro. Las tertulias, especialmente aquellas públicas y supervisadas por un partido político determinado, necesitan aparentar pluralidad aunque recelen de la idea de darle aire a la oposición y, para ello, surgen determinados tertulianos capaces de hacer que todo encaje. «Todo esto también tiene que ver con cómo funciona el poder —me explica un tertuliano que exige a cambio su anonimato—. Se habla mucho de presiones, de que si los partidos te dicen lo que tienes que decir... Sinceramente, creo que eso se sobredimensiona. No es que alguien te llame y te diga “Di esto”. Es más sutil. Es un sistema de incentivos. Si tú en una tertulia dices algo que molesta, sabes que no vuelves. No te lo tienen que decir. Ya lo sabes. Y tú decides: lo dices o no lo dices. Pero sabes lo que pasa si lo haces. Y ahí hay autocensura, claro. Pero no por cobardía necesariamente. A veces es por pragmatismo, por cálculo, por saber jugar el juego sin dejar de ser tú. Eso es lo difícil.» Más allá de la libertad de opinar a favor o en contra de algo, quien participa en una tertulia acaba teniendo que adaptar su pensamiento al formato o, dicho de otro modo, tiene que dejar a la persona que es en la puerta y meterse en un personaje que habla como se espera que hable alguien en ese espectáculo radiofónico o televisivo, que no es teatro, pero tampoco es algo natural. «Lo que opinas en una tertulia no es lo que tú crees —sentencia este tertuliano—. Es lo que tú decides decir, en ese momento, en ese formato. Tú tienes tu opinión, con matices, con dudas, con contradicciones, pero, cuando hablas en una tertulia, tienes que simplificar. No puedes decir: “Bueno, esto lo veo con ambivalencia”. No. Tienes que tomar posición. Ser claro. Y ahí hay una transformación. No una mentira, pero sí una traducción. Y eso desgasta, porque al final no estás diciendo exactamente lo que piensas, sino lo que puedes decir en ese espacio.»
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 184
 
 
Si el juego se desliza hacia el lado del espectáculo, el periodista tertuliano tiene todas las de perder ante nuevos perfiles que garantizan una audiencia mayor y un engagement en redes más alto. Esto tiene otro peligro. Las primeras tertulias tenían el aura de ser una especie de panteón de sabios solo accesible a un puñado de personas; más tarde, en los noventa, se abrió un poco la mano y empezaron a entrar expolíticos o periodistas con muchos tiros pegados; con la llegada del siglo XXI, comienzan a entrar otros perfiles, aún con credenciales y que, además, daban bien en cámara, de sociólogos a politólogos, pero, en la actualidad, el mensaje que se manda es que las barreras se han derribado: cualquiera puede hackear su aterrizaje en las tertulias. Basta con acumular unas decenas de miles de seguidores, reales o comprados, una cámara web y un corto historial de vídeos reaccionando visceralmente a la actualidad. Tarde o temprano, su teléfono acabará sonando.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 187
 
 
Si el juego se desliza hacia el lado del espectáculo, el periodista tertuliano tiene todas las de perder ante nuevos perfiles que garantizan una audiencia mayor y un engagement en redes más alto. Esto tiene otro peligro. Las primeras tertulias tenían el aura de ser una especie de panteón de sabios solo accesible a un puñado de personas; más tarde, en los noventa, se abrió un poco la mano y empezaron a entrar expolíticos o periodistas con muchos tiros pegados; con la llegada del siglo XXI, comienzan a entrar otros perfiles, aún con credenciales y que, además, daban bien en cámara, de sociólogos a politólogos, pero, en la actualidad, el mensaje que se manda es que las barreras se han derribado: cualquiera puede hackear su aterrizaje en las tertulias. Basta con acumular unas decenas de miles de seguidores, reales o comprados, una cámara web y un corto historial de vídeos reaccionando visceralmente a la actualidad. Tarde o temprano, su teléfono acabará sonando.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 187
 Una cosa es evidente. Cada tertulia está formada por una cadena de intereses informativos, personales, políticos o corporativos. Y el eslabón más débil es el único que necesita el dinero para vivir, porque, cada vez, el dinero percibido será menor, dado que el negocio de estar en las tertulias está ya en otra parte, igual que en los torneos de tenis el negocio no está en vender entradas, sino palcos vips a patrocinadores. En una mesa de tertulia con una periodista treintañera, un influencer de extrema derecha que acude desde Andorra, un politólogo con labia que trabaja en una universidad y un expolítico metido a consultor, ¿cuál es más probable que acabe cediendo su silla?
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 192
 
 
El tertuliano empezó siendo un periodista con más información de la que podía contar en su periódico y acudía a un estudio de radio en horario clandestino. Como en esas películas de ciencia ficción donde un espíritu extraterrestre va saltando de un cuerpo a otro, en las últimas décadas, este espíritu ha ido abandonando el cuerpo de los periodistas para encontrar otros que le permitan sobrevivir mejor. Ya lo dijo Darwin: no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino aquella más adaptable al cambio. Y el tertuliano, convertido ya en una entidad profesional autónoma, reconocible y a la que solo le falta una categoría propia en la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE), echó los dientes en las tertulias de Luis del Olmo, tuvo una adolescencia iracunda y mordaz en las de Herrero, se volvió solemne en las de Gabilondo, perdió la cabeza en las tertulias de locos —literales o embriagados— de Sardà, fue sardónico en las de Julia Otero y sarcástico en las de Alsina, calculador en las de Herrera, sofisticado en las de Llamas y cruel en las de Jiménez Losantos. De una a otra tertulia aprendieron unos de otros y, a lo largo de estos cuarenta años, los hijos fueron matando al padre en cada madrugada, mediodía, tarde, noche e interrupción publicitaria. Unas estrellas de la radio desfasaron a las siguientes y acabaron desfasadas por las estrellas de la tele y, más tarde, por las de internet. Pequeños mamíferos multiplataforma que saltan de tertulia en tertulia, intervienen durante tres minutos y rápidamente saltan a otra sobre los cadáveres de los grandes carnívoros de la opinión.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 192
 
 
Qué es un periodista, sino un dinosaurio fascinado por los meteoritos.
 
Antonio Villarreal
Tertulianos, página 193
 
 

Sara Walker

"Creo que no sabemos cómo ver la vida a pesar de que somos vida, y necesitamos tecnologías que nos permitieran ver la vida y explicarla realmente."

Sara Walker
 
 
 
"Creo que tenemos que entender que somos una especie contadora de historias, y es muy importante reconocer que la ciencia es la búsqueda de una comprensión objetiva del mundo, pero lo hacemos a través de narrativas sobre cómo funciona el mundo. La ciencia tiene solo unos pocos cientos de años y hemos vivido varios cambios realmente radicales en el pensamiento humano en general. Mucha gente cree que ahora estamos experimentando uno debido a la inteligencia artificial y la forma en que interactuamos con la tecnología. Hay un cambio epistémico en la forma en que las personas se perciben a sí mismas, porque estamos viendo cosas que pensábamos que eran exclusivamente humanas fuera de un contexto humano. Y eso es como un shock copernicano, así que creo que siempre necesitamos nuevas narrativas porque nuestros mejores pensadores siempre son los más inconformistas y los que viven fuera de su tiempo. 
En general, si las personas están haciendo una pregunta de una manera y no obtenemos ninguna respuesta, lo mejor que podemos hacer es preguntarlo de una manera diferente y tratar de idear una forma diferente de formularlo. Literalmente tienes que vernos fuera de nosotros mismos, ¿cómo nos veríamos si fuéramos otra instancia de vida? La razón por la que me encanta la física teórica es porque llegas a estas abstracciones y a estas formas de hablar sobre cosas que te permiten ver ejemplos que nunca antes podrías haber anticipado. Un ejemplo que doy a veces son las ondas gravitacionales; la teoría de la relatividad de Einstein las predijo hace cien años. Están impregnando esta habitación ahora mismo. No puedes verlas, pero la tecnología humana y nuestras teorías son tan abstractas, tan profundas y la tecnología es tan buena, que ahora podemos usar las ondas gravitacionales como una sonda en las regiones más profundas del universo. Y creo que cuestión de los extraterrestres no es diferente. Creo que no sabemos cómo ver la vida a pesar de que somos vida, y necesitamos tecnologías (yo pienso en las teorías como tecnologías) que nos permitieran ver la vida y explicarla realmente."
 
 Sara Walker
 
 
 
"Históricamente en la física ha habido esta actitud reduccionista: los átomos son más fundamentales que tú como ser vivo y podemos medir el tiempo en los relojes. La teoría que estamos desarrollando no reduce a los seres vivos a sus partes fundamentales en el sentido físico tradicional. Los átomos no son lo importante en ti, ni las partículas. En realidad, es la memoria que se ha acumulado durante miles de millones de años y esa es, de hecho, la característica física tuya que es la parte viva. Y como podemos medir esta propiedad usando el índice de ensamblaje y el número de copias, el tiempo se convierte en una propiedad material en el sentido en que los físicos hablarían de otras propiedades materiales como la masa o la carga."
 
 Sara Walker
 
 
"La biología es un subproducto de la evolución en la Tierra. La teoría del ensamblaje intenta construir un concepto más amplio de lo que significa que un sistema evolucione o lo que significa, más fundamentalmente, que ocurra la selección para que el universo cree algo y luego para que esa cosa exista y persista. Y eso no es solo una característica de la biología, sino algo mucho más universal. Si piensas en buscar vida extraterrestre, también debe ser universal para otros mundos si en ellos surge vida, y esa vida podría no ser biológica en absoluto. Podría simplemente tener otra trayectoria de evolución completamente diferente que ni siquiera podemos esperar todavía."

Sara Walker
 
 
 
 
"La tecnología ya es vida, porque no surge espontáneamente en los planetas. Se necesitan miles de millones de años para construir inteligencia y luego esa inteligencia puede hacer tecnología. Pero la pregunta de qué está vivo, creo que es bastante diferente. Consideraría que la mayoría de nuestras tecnologías son causalmente poco profundas. O no son tan profundas como nosotros. Una forma de abordarlo es pensar en una rosa hecha con piezas de Lego. La rosa real es una estructura tan profunda porque la evolución la ha construido a lo largo de miles de millones de años, y está viva y puede reproducirse. Una abeja no confundiría la rosa de Lego con una rosa, pero un humano quizá sí. Y eso sucede principalmente en tu mente, porque ese objeto fue diseñado para que a ti te pareciera una rosa. No fue diseñado para parecerle una rosa a una abeja. Y un algoritmo de inteligencia artificial está diseñado para parecerte una inteligencia a ti. Está entrenado en ti."
 
 Sara Walker
 
 
 
 
“Quizá tengamos la vida alienígena delante de los ojos y no sabemos reconocerla.”
 
Sara Walker
 
 
 
"Siento que necesitamos una explicación muy profunda de lo que somos, no solo una especie de proceso mecanicista de propagación que me parece muy superficial."
 
 Sara Walker
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Diego AS

"Lo bonito del arte urbano es que tiene accesibilidad para todos."
 
 Diego As
 
 
 

"Las emociones no las busco para el resto, las busco para mí. Que te deje pensando y en shock, que digas... ‘Se me echa encima’". La técnica de cualquier muralista es difícil de explicar, el cómo la distancia convierte borrones y manchas en auténticas obras de arte. "No vale de nada que yo lo vea bien pegado a la pared (...) Es una cosa que te sale de dentro... Cuando lo estás haciendo, lo haces inconscientemente y pensando que se tiene que ver de lejos.”
 
Diego As o Diego Anido Seijas
 
 
 
"Me gusta cambiar los muros grises que no dicen nada por lienzos de color que cuentan una historia y llevan un mensaje de vida."
 
  Diego As
 
 
"No todo es pintar, tienes que preparar la pared. No es como un lienzo en blanco que lo tienes ahí y para adelante. Aquí tienes que hacer una preparación en la pared… incluso te puede pasar que tengas que limpiar la fachada con una pistola a presión para quitar la suciedad.”
 
  Diego As
 
 
 
"Un artista de estudio tiene sus obras encerradas en un museo o en una galería. Lo bonito del arte urbano es que tiene accesibilidad para todos. Lo encuentras sin querer y te llevas la obra a casa con una simple fotografía. A muchas zonas decadentes que están hechas polvo… les das otra soltura, otro colorido… cambias el espacio."
 
 Diego As 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Stephen Wangh

"Cuando todo parece salir mal y llegas al punto en que estás a punto de rendirte, de enfurecerte, desesperarte y colapsar... Ese es a menudo el momento exacto en el que Dios quiere intervenir."
 
 Stephen Wangh
 
 
 
"La iglesia no necesita robots de Inteligencia Artificial que entreguen respuestas prefabricadas en nombre de una sede corporativa. Somos hombres de carne y hueso, hombres heridos, cuyas vidas están marcadas por la fe."
 
 Stephen Wangh
 
 
"No importa el trabajo que tengas en la vida: tu éxito estará determinado en un 5% por tus credenciales, en un 15% por tu experiencia profesional, y en un 80% por tus habilidades de comunicación."
 
 Stephen Wangh
 
 
 
"Recordemos que solo somos vasijas de barro. "Vasijas agrietadas" es una mejor traducción. Pero cuanto más grande es la grieta, más puede brillar la luz de Jesús a través de ella."
 
 Stephen Wangh
 
 
 
"Tengo un consejo práctico (para los pades): "pierdan el tiempo" con sus hijos. Construyan momentos de relajación en su día para que no vivan corriendo el uno al lado del otro."
 
 Stephen Wangh