Anne Lacaton

“La buena arquitectura es abierta, abierta a la vida, abierta para mejorar la libertad de cualquier persona, donde cualquier puede hacer lo que necesita hacer.”
 
Anne Lacaton

Pedro Torrijos

 Bombas contra la leucemia

mediados de diciembre de 1943, el teniente coronel Stewart Francis Alexander llegó al hospital de San Paolo de Bari procedente de la base que la Armada de los Estados Unidos había instalado en Argel. En el hospital se encontró con un panorama dantesco. Decenas de hombres se amontonaban en las camas llenos de quemaduras, con dificultades respiratorias y medio ciegos. Al preguntar dónde estaban los heridos cuando fueron rescatados, las enfermeras le dieron una respuesta imposible: no estaban en ninguno de los barcos hundidos por las bombas. Esos hombres quemados y ciegos eran quienes habían rescatado a los heridos.

El Alto Mando había enviado a Alexander a la ciudad italiana para investigar las extrañas secuelas que estaban apareciendo tras el bombardeo que la Luftwaffe llevó a cabo sobre el puerto de Bari el 2 de diciembre, un par de semanas antes. El ataque aéreo había hundido veintinueve buques aliados, causando más de trescientos muertos y casi mil heridos, pero eso solo fue el principio. Al cabo de dos días, a los hospitales de Bari comenzaron a llegar decenas y decenas de personas afectadas por una sintomatología similar: quemaduras en la piel, tos, problemas para respirar y pérdida paulatina de la vista. También recordaban que el mar «olía como a ajo». Además de unos cuantos civiles, los más afectados eran los hombres que habían trabajado en el rescate de los heridos del bombardeo; gente que no había estado ni siquiera cerca de las explosiones, pero cuyo estado de salud empeoraba con rapidez. En vista de las noticias que recibían, el mando estadounidense decidió que a quien enviaría sería al teniente coronel Alexander, por dos razones; porque era médico y, sobre todo, porque era uno de sus mejores expertos en guerra química. Y también porque en el Alto Mando sabían perfectamente lo que estaba pasando en Bari.

Tras realizar una serie de pruebas a más de seiscientos afectados, Alexander concluyó que todos habían estado expuestos a gas mostaza. El teniente coronel se llevó las manos a la cabeza, agitado. El asunto era gravísimo. El gas mostaza llevaba prohibido desde el Protocolo de Ginebra de 1925 y su uso era un crimen de guerra, pero es que, además, sus averiguaciones le conducían por terrenos todavía más truculentos, así que enseguida pidió audiencia con los mandos, que se desplazaron hasta el cuartel aliado en Bari:

—¿Nos está diciendo que los nazis nos han bombardeado con gas mostaza? —le preguntaron.

—No —respondió Alexander—. En este plano del puerto he marcado los puntos donde se encontraron a las víctimas, y el epicentro desde donde se esparció el gas es el carguero de clase Liberty SS John Harvey, y ese barco es nuestro.

El general levantó la cabeza hacia el techo con la mirada perdida, como si quisiera atravesarlo y poner sus ojos en lo alto del cielo. Después, apartó a Alexander a una sala contigua y, en privado, le dijo en voz baja:

—Nada de lo que me ha dicho saldrá nunca de aquí. No contará a nadie lo que ha descubierto, bajo riesgo de que se le someta a un consejo de guerra por alta traición. ¿Me ha comprendido con claridad?

Alexander asintió y se marchó del cuartel. Pasó todo el camino desde allí hasta el despacho que le habían habilitado en el hospital de San Paolo musitando la gravedad y la trascendencia de su descubrimiento. Tras una noche de trabajo febril, el médico militar concluyó que el interior del SS John Harvey contenía los preparativos de un crimen de guerra. Una atrocidad que los Aliados parecían dispuestos a cometer y que los nazis habían evitado por casualidad.

La Segunda Guerra Mundial fue el primer conflicto armado a gran escala en el que se prohibieron ciertos avances tecnológicos en la maquinaria de guerra. Las inhumanidades cometidas entre 1914 y 1918 aún permanecían recientes en la memoria y, por eso, las armas químicas eran territorio prohibido tanto para las fuerzas del Eje como para los Aliados. Sin embargo, de igual manera que los nazis habían desarrollado el Zyklon-B, que usaban en las cámaras de exterminio, además de varios incumplimientos de los tabúes de guerra cometidos en la Operación Barbarossa, los Aliados también habían mantenido en secreto la producción de armas prohibidas que emplearían, según ellos, solo en caso de represalia. Creían firmemente que Alemania estaba fabricando armas químicas para utilizarlas en el frente, así que quisieron adelantarse. Mandaron al buque SS John Harvey con un cargamento secreto de dos mil bombas M47A con treinta kilos de gas mostaza en cada una. En total, sesenta mil kilos del agente químico.

La operación fue tan confidencial que solo el Alto Mando y algunos de los tripulantes del John Harvey sabían de las toneladas de material asesino que descansaban en su bodega. Nadie de ninguna de las otras docenas de naves aliadas que permanecían atracadas en el puerto de Bari era consciente de lo que se escondía en las tripas del carguero.

Cumpliendo honor a la promesa que había hecho —y a la amenaza que había recibido—, Stewart Alexander no reveló su descubrimiento a nadie, pero ordenó a los médicos de Bari que tratasen a los extraños heridos como si hubiesen estado expuestos a gas mostaza. Y eso les salvó la vida. De los seiscientos veintiocho heridos por el agente químico, solo murieron ochenta y nueve; una cifra dramáticamente baja, pues el índice de letalidad del gas superaba el 60 %. Sin embargo, lo que aún no sabía Alexander es que iba a salvar muchas más vidas. Millones de vidas más gracias al gas mostaza.

Al tomar muestras de tejidos de los heridos de Bari y analizarlas en el laboratorio, se dio cuenta de algo que cambiaría la historia de la medicina: el daño producido por el gas mostaza se debía a que el agente impedía la formación de leucocitos. Paraba su multiplicación. Y teniendo en cuenta que los leucocitos se multiplican muy rápidamente, ese hallazgo significaba que había una manera de parar la multiplicación celular. Es decir, había una manera de parar el cáncer.

En realidad, desde 1935, tanto en la Universidad de Yale como en la de Chicago ya habían comprobado que el gas mostaza servía para ralentizar el cáncer en ratones, pero claro, no podían experimentar en humanos con un arma química. Fue diez años después, justo tras la guerra, cuando les llegaron los datos del teniente coronel Alexander y de las víctimas de Bari. Alguien había comprobado que lo que se aplicaba en ratones también se aplicaba en humanos. Era la Piedra Rosetta.

Así, gracias a los estudios combinados de Yale y de la Universidad de Chicago, y al truculento hallazgo de Stewart Alexander, en 1946 se desarrolló el primer tratamiento de quimioterapia contra la leucemia. Lo llamaron Mustina. Sí, por el gas mostaza.

Los documentos que guardaban el secreto de la carga del John Harvey no se desclasificaron hasta 1959, aunque el revuelo no se montó hasta que, en 1967, el veterano de guerra Glenn B. Infield publicó el libro Disaster at Bari, donde lo contaba todo. En ese momento, las autoridades americanas y británicas afirmaron que solo iban a usar el gas mostaza como represalia en caso de que los nazis utilizasen armas químicas, algo que, lógicamente, nunca se pudo comprobar.

Es difícil saber si ese desastre en Bari evitó un crimen de guerra aliado, aunque no es totalmente descartable. Lo que sí es seguro es que cientos de personas no dieron totalmente su vida en vano, aunque ellos no lo supiesen.

Pedro Torrijos
La pirámide del fin del mundo y otros territorios improbables, página 29



En 2009, a las afueras de Weesp, junto a Ámsterdam, se terminó de construir un peculiar «pueblecito» compuesto por sesenta y cuatro viviendas en edificios de ladrillo de dos plantas, además de una cafetería, un bingo, un supermercado y varias plazas públicas. Se llama De Hogeweyk. No parece un lugar muy especial, y si se presta atención a su arquitectura, pues es una arquitectura correcta, bien estructurada y bien planteada, pero tampoco es nada del otro mundo. En cambio, al fijarnos en las áreas abiertas, en las calles y las plazas, nos damos cuenta de que este pueblecito está completamente cerrado al mundo exterior, y no se concibe desde el interior de los edificios sino hacia las áreas públicas. Esencialmente es un decorado al aire libre que solo cobra sentido si lo entendemos como un simulacro del mundo real. De ese mundo en el que nadamos. Con sus bancos para sentarse, su parque para tomar el sol y sus calles para pasear o ir en bici. Porque lo genuinamente importante es que las ciento cincuenta personas que viven allí crean que aún viven en el mundo de fuera. En el mundo real. Que experimenten el mundo de dentro, que naden en él. Porque las ciento cincuenta personas que viven en De Hogeweyk son ancianos con Alzheimer y otros trastornos neurocognitivos. En De Hogeweyk viven ciento cincuenta personas y trabajan otras doscientas cincuenta enfermeras y enfermeros, pero lo hacen no solo cuidando a los ancianos, también simulan que son vendedores, que son cajeros, que son empleados del bingo o el supermercado. O que son el tipo que les pone una cerveza en el bar cada día y cada día les pregunta qué cerveza quieren, aunque cada día pidan la misma cerveza y al día siguiente y al día siguiente y al día siguiente. Siempre les va a preguntar qué cerveza quiere, aunque ellos no recuerden que se lo ha preguntado cada día. Es cierto que De Hogewyk no deja de ser una residencia para enfermos que han perdido el contacto con la realidad, pero no parece un hospital. No los agrupan en una sala de televisión, no los llevan de un lado para otro en comedores comunes, no los pastorean por el patio. Quizá no recuerdan, pero conservan un fragmento de autonomía. Toman helados, montan en bicicleta, juegan al ajedrez y compran en el supermercado, aunque paguen con una moneda de mentira. Quizá no recuerdan, pero ese mundo falso que se despliega a su alrededor es mejor realidad que la realidad. Como es lógico por la cantidad de recursos que se invierten, vivir en De Hogeweyk no es precisamente barato pero, con todo, la experiencia ha sido tal éxito que se está replicando en varias partes del mundo occidental. Algunas son más modestas, como The Lantern at Changrin Valley, en Ohio, que por fuera es un edificio convencional, pero cuyo interior simula una calle y cuyas puertas a las habitaciones imitan los porches que sirven de entrada a cualquier vivienda unifamiliar. Incluso el techo de ese interior está pintado de azul como el cielo falso del Venetian de Las Vegas. Harmonia Village, en Inglaterra, es un complejo más natural. Aprovechando un antiguo pueblo semiabandonado, han rehabilitado las viviendas para adecuarlas a su nuevo uso y solo han construido un nuevo edificio, que sirve como elemento de agrupación y convivencia social. Quizá el caso más sofisticado sea el de The Village Langley, junto a la ciudad canadiense de Vancouver, donde han levantado un pueblo entero, de los cimientos de las casas hasta la última teja de sus cubiertas. Y, aunque es una arquitectura construida en la década de 2010, y los interiores son decididamente contemporáneos, las fachadas de las viviendas rememoran a una cierta arquitectura vernácula de casitas de madera con cubierta inclinada. Probablemente esta decisión es la mejor, porque rememorar significa «volver a la memoria», y la memoria de esas personas, que apenas es un resto escondido en su mente, seguramente prefiera unas casas que les recuerden a las casas en las que vivían. Hay quien ha cuestionado las implicaciones éticas de este tipo de iniciativas. Que se pregunta si es moralmente justo «engañar» a estas personas, hacerlas creer que viven en un lugar real, cuando no lo es. Pero ¿qué es real? Nuestra casa, nuestra calle, nuestro coche y hasta nuestra pareja es real porque forman parte de nuestra vida. Y nuestra vida es real porque, sencillamente, creemos en ella. Yo no sé si es ético o es inmoral que alguien con Alzheimer severo crea que vive un lugar falso, pero desde luego, si estuviera en su lugar, yo preferiría tomar mi cerveza rodeado de una mentira feliz a estar perdido en un rincón olvidado de mi propia memoria.

Pedro Torrijos
Villa Demencia
De Hogeweyk. Ámsterdam, Países Bajos
52° 18’ 28.98’’ N, 5° 2’ 26.24’’ E
La pirámide del fin del mundo y otros territorios improbables, página 81











Charlotte Perriand

“La extension del arte de la vivienda es el arte de vivir, vivir en armonía con los impulsos más profundos del hombre y con su ambiente adoptado o prefabricado.”
 
Charlotte Perriand

Carmen Pinós

“La arquitectura construye paisaje o construye ciudad: no es una escultura.”
 
Carmen Pinós

Gae Aulenti

“Pienso en la arquitectura como una posibilidad técnica de filtrar la luz, de atenuarla.”
 
Gae Aulenti

Mark Z. Danielewski

"En la madurez uno descubre que todo tiene que ver con la aceptación de "no saber"."

Mark Z. Danielewski
 
 
 
"La pasión tiene muy poco que ver con la exuberancia y mucho que ver con la paciencia. De hecho, ambas palabras provienen de la misma raíz latina."

Mark Z. Danielewski
La casa de hojas
Tomada del libro La pirámide del fin del mundo y otros territorios improbables de Pedro Torrijos

Hernán Díaz

"Sé que los días que tengo por delante son menos que los que he dejado atrás. No se puede escapar a este hecho tan básico de la contabilidad. A cada uno de nosotros se nos asigna una cierta cantidad de tiempo. Cuánto, solo Dios lo sabe. No podemos invertir en ello. No podemos esperar un retorno de ningún tipo. Lo único que podemos hacer es gastarlo, segundo a segundo, década a década, hasta que se acabe. Aun así, incluso si nuestros días en esta Tierra son limitados, siempre podemos, a través del trabajo y la industria, intentar extender nuestra influencia en el futuro."

Hernán Díaz
Fortuna
 Tomada del libro La pirámide del fin del mundo y otros territorios improbables de Pedro Torrijos

Javier Lajo

“No podemos pensar que estas ciudades se construyeron sobre una línea recta y a 45º del eje N-S, por azar; y si postulamos que esta ruta fue construida –para los creyentes- por algún Dios, o por extraterrestres –para otro tipo de creyentes-, aun así, habría que indagar que nos quisieron decir o indicar esos señores con tal magistral alineamiento. Pero como debemos apostar por lo nuestro, y creer en la grandeza de nuestros antepasados andinos, para develar nuestras hipótesis, aceptemos que fue hecho por una sabiduría y disciplina científica y tecnológica superior, aún no descubierta y estudiada, que, en estas condiciones, las “de ser un camino”, esta disciplina debería estar inmersa en sí misma, es decir. Es el seguimiento “o andar del camino”, en donde “sus pasos explicarán sus misterios”, siguiendo esa ruta podemos aprender esa sabiduría y re-conocerla.”
 
Javier Lajo

María Scholten de D’Ebneth

"En Chavín, al igual que en Tiahuanaco los diseñadores han utilizado la diagonal (cabe consignar que "diagonal" en quechua es "chekhalluwa", palabra que significa "verdad") como punto de partida de todas las medidas en cuanto a la arquitectura. Y principalmente, también en el arte lítico, de tal manera, que han comenzado su diseño con el trazo de un rectángulo con lados de 7 y 8 unidades americanas de 3,34 metros. En tal rectángulo de 7 x 3,34 =23,38 metros y de 8 x 3,34 =26,72 metros como lados, la diagonal tiene 35,50 metros de longitud (10,63 x 3,34). Esta medida de 35,50 metros es la medida clave utilizada por los arquitectos de Chavín. Una medida que que parece haber sido una suerte de código secreto solamente comprensible para los entendidos en matemáticas."
 
 María Scholten de D’Ebneth
 
 
 
 
"Línea de Viracocha: una proyección virtual de una línea diagonal que pasa por la tierra y que cruza por lugares religiosos antiguos. Esta línea forma parte de un sistema geométrico de líneas virtuales que han sido ordenados según la forma de la Chakana. Los lugares y las formaciones naturales que se pueden encontrar en esta línea virtual, contienen sitios importantes para los incas y las civilizaciones anteriores: Machu Picchu, Cuzco, Pucara y las cuatro islas del lago Titicaca, y algunos más. El centro de la figura es representado por la ruina de la ciudad antigua Tihuanacu."
 
María Scholten de D’Ebneth

Guillermo Lange Loma

“El jugo que se obtiene de una planta llamada kechuca –por ejemplo– hace gelatina a las piedras, este vegetal puede ser encontrado en el Cusco a unos 4.500 metros de altura, también otra planta denominada punco-punco puede disolver piedras.”
 
 Guillermo Lange Loma
 
 
 
 
“El objetivo de esta pequeña obra es crear el escenario natural que promueva en los ámbitos educativos, culturales y científicos, el análisis, el debate y la investigación concernientes a estas creaciones arquitectónicas (como los monumentos arqueológicos pétreos como el Templo de Kalasasaya y la pirámide de Pumapunku de Tiwanaku en Bolivia, la inmensa muralla de Sacsahuamán en Perú, la Terraza de Baalbeck del Líbano, la gran pirámide egipcia de Kheops, los bloques de Stonehenge en Inglaterra, las colosales estatuas de la isla de Pascua en el océano Pacífico y el complejo arquitectónico de NanMadol en Micronesia). y la revisión de los esquemas establecidos sobre la base de la Teoría de la Evolución.”
 
Guillermo Lange Loma
 
 
 
"El verdadero conocimiento y las técnicas inocuas que no lastiman en lo más mínimo a la Madre Naturaleza, se manifiestan al inicio de cada raza o humanidad, cuando el conocimiento superior que se expresa a través de la conciencia despierta, la naturaleza y el universo cooperan con el hombre en la creación de sus obras.·
 
 Guillermo Lange Loma
 
 
"Los procedimientos tecnológicos fueron secuenciales, los constructores de las grandes culturas ancestrales elegían un sitio, practicaban el corte aplicando la energía del rayo solar concentrado que penetraba la roca seccionándola, luego la gran mole con muchas toneladas de peso era sometida a determinados sonidos, que producían la levitación sónica, cuyos efectos provocaban que levite o flote para su traslado al lugar de su emplazamiento.

Detalles admirables como el corte escalonado y sumamente refinado –Pumapunku guarda bloques de andesita trabajados delicadamente–, así como la perfección de las esquinas o ángulos interiores que ostentan estas piedras, descartaron definitivamente el uso de los cinceles de cobre o los toscos martillos de piedra.”
 
 Guillermo Lange Loma
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Ian Tattersall

"Si hay una cosa que distinga a los seres humanos del resto de formas de vida, actuales o extinguidas, es la capacidad para el pensamiento simbólico: la de generar símbolos mentales complejos y alterarlos para formar nuevas combinaciones. En ello estriba el fundamento de la imaginación y la creatividad: de la capacidad singular de los seres humanos para crear un mundo en la mente y recrearlo en el mundo real y exterior. Otras especies pueden explotar el mundo exterior con gran eficiencia, como vimos en el caso de los chimpancés; pero continúan siendo esencialmente sujetos y observadores pasivos de este mundo."
 
Ian Tattersall
 
 
 
"Todas las osamentas, humanas o no, demuestran la dviersidad del mundo.”
 
 Ian Tattersall
 


Lina Bo Bardi

“Creo en la solidaridad internacional, en la unión de todas las voces. Ahora bien, es absurdo pensar en un lenguaje común para los pueblos si cada uno no profundiza en sus raíces, que son diferentes.”
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 "El arte no es inocente."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
"El espacio arquitectónico debe ser un reflejo de la vida humana, debe adaptarse a ella."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
 "El espacio es el contacto, el intercambio, la vida. El espacio no es un lujo, no es una forma."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
“El espacio se puede extender de manera más definitiva cuando se considere que se limita por una combinación de superficie plana, curva, cilíndrica y esférica.”
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
“El espacio universal, ilimitado, no se comprende por nosotros, sin su interpretación en los aspectos materiales y sensibles.”
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
 "El hombre es la medida de todas las cosas. La arquitectura es la medida del hombre."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
"El pasado no vuelve. Importantes son la continuidad y el perfecto conocimiento de tu historia."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
"Hay un sabor a victoria y encanto en ser simple. No hace falta mucho para ser mucho."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
 "La arquitectura es, para mí, un acto social, y el arte en general es una actitud social."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
 
 "La arquitectura es una aventura humana. El arquitecto que transforma en un pedazo de mármol un pensamiento, un sentimiento, asume una gran responsabilidad."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 "La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
“La finalidad de una casa es la de proporcionar una vida buena y cómoda, y sería un error valorar demasiado un resultado exclusivamente decorativo.”
 
Lina Bo Bardi
 
 
 
“La producción en masa, que hoy debe considerarse la base de la arquitectura moderna, existe en la Naturaleza misma y, intuitivamente, en el trabajo popular.”
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
 
"No quiero construir para la eternidad, quiero construir para la gente, para que vivan y mueran, y utilicen mi arquitectura, para que la hagan suya."
 
 Lina Bo Bardi
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Dilip Kumar

“Pensé en ello y llegué a la conclusión de que seguiría adelante con la empresa, ya que Shapoorji confiaba en el éxito de la película. Cuanto más trabajaba en el conflicto básico en el guión entre el hermano que tiene que defender la ley del país y el hermano que huye de la ley, que favorece a los ricos e injustamente ricos e injustos incrimina a los pobres e indefensos, más sentí que era hora de que yo hiciera una imagen que planteara algunos problemas críticos sobre la gente de la India rural que había ganado poco de la independencia del país del gobierno extranjero. Los agricultores y cultivadores oprimidos.” 
 
Dilip Kumar

Glenn H. Mullin

"Me enamoré del arte budista en mi juventud, y me involucré íntimamente con él en mis primeros días en Dharamsala. Nuestra escuela en la Biblioteca Tibetana también tenía un gran museo.

Además, vivía al otro lado de la calle de Jampa-la, uno de los principales artistas del Dalai Lama. También fue el único maestro del arte en Dharamsala que aceptó discípulos occidentales. Debido a que vivía al otro lado de la calle de él, me pidieron que viniera y me tradujera varias veces a la semana para los estudiantes visitantes. En general, les daba una tarea, los supervisaba durante unas horas y luego los enviaba a trabajar en ello ellos mismos durante unas semanas.

He aprendido mucho de estas sesiones. Por supuesto, muchos de esos estudiantes sabían mucho sobre historia del arte, identificación, fertilización cruzada de influencias a través de la Ruta de la Seda, la antropología de los pigmentos y muchos temas que los pintores tibetanos rara vez piensan, por lo que en cierto sentido aprendí casi tanto de ellos como lo hice de él. Dicho esto, realmente encarnaba las cualidades de la iluminación de un artista maestro, así como de cualquier persona que haya conocido antes o desde entonces. Fue un hombre y un maestro excepcionales.

Un problema grave en estos días es que una gran cantidad de arte budista mongol está siendo llevado a China y Hong Hong, donde se vende como tibetano. El arte tibetano trae cuatro o cinco veces lo que hace el arte mongol, debido a la popularidad del Tíbet y el Dalai Lama.

Esta práctica de tergiversar a propósito la fuente de la técnica para obtener un mayor beneficio es muy desconcertante. Podría tener un efecto devastador en cómo se escribe la historia del arte.

Yo diría que hasta el 25% de todo el arte vendido como tibetano en los últimos quince años es de hecho mongol. Y, por supuesto, una vez que una pintura mongola se publique en un libro de arte y se describa como tibetana, todas las piezas con las mismas características que surgen en el futuro se identificarán erróneamente de manera similar en exposiciones y publicaciones."
 
Glenn H. Mullin
 
 
 
"Sentí una profunda conexión con la literatura budista desde mi infancia. Crecí en un pequeño pueblo en el Canadá francés, pero mi madre siempre tenía una biblioteca internacional. Sus libros sobre la cultura espiritual asiática me fascinaron. Su padre había sido un importante en el ejército británico en la India, y ella amaba profundamente todas las cosas asiáticas.

Cuando era joven me mudé a Londres, y mientras estaba allí escuché que el Dalai Lama estaba abriendo una escuela budista en Dharamsala para estudiantes occidentales. Hice las maletas y me fui.

Supongo que los másteres más impresionantes en mis primeros días de entrenamiento budista fueron Kyabje Ling Rinpoche y Kyabje Trijang Dorje Chang, los dos gurús del Dalai Lama. Eran el sol y la luna de la Escuela Amarilla en la India. Todos nosotros en aquellos días recibimos la mayoría de nuestras principales iniciaciones tántricas de ellos. Cuando murieron a principios de los años ochenta, la luz del mundo se volvió marcadamente tenue, y todavía no ha vuelto a su pleno brillo.

Por supuesto que eran muy viejos para entonces y no hicieron el trabajo de las instrucciones diarias. El Dalai Lama había designado dos grandes gesheys para enseñar a hacer esto: Gueshey Dargyey y Geshey Rabten. La tradición de la iluminación brillaba en ambos hombres con una claridad asombrosa. Nos dieron nuestras lecturas línea por línea de todos los principales tratados budistas indios, desempaquetando los significados y llevando los textos a la experiencia viva. Lama Yeshey y Lama Zopa también llegaron a Dharamsala dos veces al año en esos días, y su gurú principal, Kyabje Trijang Rinpochey siempre los presionó para que nos enseñaran cuando estaban allí. Lama Yeshe tenía la personalidad pública más poderosa de cualquiera que haya conocido. Era difícil mirarlo sin sentir que estabas en el centro de un terremoto.

Los lamas de todas las escuelas vinieron a Dharamsala para reunirse con el Dalai Lama, y siempre los hizo dar iniciaciones y enseñar durante unos días. Así pudimos recibir enseñanzas e iniciaciones de los jefes de todas las escuelas: Sakya Trizin, Karmapa, Dilgo Khyentsey, Drigung Chetsang y muchos más. Además, cada invierno todos bajamos a Bodh Gaya o Sarnath, donde los lamas de todas las escuelas vendrían a escapar de las nieves de las montañas. Naturalmente, mientras estuvieran allí, darían enseñanzas e iniciaciones. Aprecio especialmente los vínculos que establecí en esas ocasiones con Kalu Rinpoche, Tai Situ Rinpoche y Beru Khyentsey Rinpochey, todos los cuales representan la tradición del Karma Kargyu.

Durante mis días en Dharamsala desarrollé una relación muy fuerte con el Nyingma lama Ngakpa Yeshey Dorje y su consorte, Jetsunma Tenzin Dolkar. Ambos son maravillosos ejemplos de práctica y dedicación budistas. Su influencia en mi vida ha sido muy gratificante. Además, me encantaba ir a Tashi Jong, donde el gran Khamtrul Rinpochey solía enseñar y dar iniciaciones. Este gran maestro realmente encarnó toda la gama de realizaciones del linaje Drukpa Kagyu.

Después de que Kyabje Ling Rinpoche y Trijang Dorje Chang fallecieron, conocí al gran lama mongol Lharam Geshey Sengey. Desde ese momento en adelante confié principalmente en él y en Denma Lobchu Rinpochey, el principal heredero del Dharma de Kyabje Ling Rinpochey y Kyabjey Trijang Dorjey Chang.

Por supuesto, a lo largo de todos estos años, el Dalai Lama dio numerosas enseñanzas e iniciaciones anualmente. Algunos años recibiríamos cinco o seis horas de enseñanzas de él al día durante un mes o más a la vez. Estos siempre fueron intensivos muy emocionantes y gratificantes. Por lo general, enseñaba durante unas semanas tanto en primavera como en otoño, y luego, a mediados de invierno, hacía unas semanas más en algún lugar cálido, ya sea Bodh Gaya o el sur de la India. Los eventos más pequeños en su templo privado en Dharamsala, no Namgyal, sino dentro de su residencia, fueron especialmente atractivos.

Por lo general, daba uno de estos una vez al año a un monasterio selecto. Aparte de ese monasterio, solo se permitió la asistencia de guesheys y tulkus. A mediados de los años setenta le pedí directamente y señalé que esta política de calificaciones para la asistencia no era justa y, de hecho, era algo racista, porque automáticamente nos excluía a todos los occidentales; a ningún occidental se le había permitido sentarse para un examen de geshey en ese momento, ni ninguno había sido reconocido como un tulku.

El Dalai Lama se rió y respondió: “Entonces supongo que tendremos que abrir las sesiones a cualquier occidental que pueda hablar tibetano y que haya recibido las iniciaciones apropiadas”. A partir de ese año, media docena de nosotros asistimos."
 
Glenn H. Mullin
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Teresa Teng

“Soy china. Viva donde viva, esté donde esté en el mundo, soy china.”
 
Teresa Teng

Memorias del subsuelo Fiódor Dostoyevski



Soy un hombre enfermo… Un hombre malvado. Soy un hombre repulsivo. Creo que padezco del hígado. No obstante, no tengo ni la más remota idea de mi enfermedad, y no sé a ciencia cierta qué mal sufro. No me tratan ni me han tratado nunca, a pesar del respeto que siento por la medicina y por los doctores. Por lo demás, soy extremadamente supersticioso; o al menos lo suficiente para respetar la medicina. (Soy un hombre bastante instruido, y podría no ser supersticioso, pero el caso es que sí lo soy.) No, no quiero que me traten, y lo hago por pura inquina. Seguro que ustedes no lo comprenden. Pues yo sí lo comprendo. No sabría explicarles, evidentemente, a quién fastidio en este caso con mi inquina; soy perfectamente consciente de que tampoco causo ningún perjuicio a los médicos por el hecho de no ser tratado; sé mejor que nadie que con todo esto únicamente me castigo a mí mismo y a nadie más. Pero, en cualquier caso, si no me cuido, es por inquina. Que padezco del hígado, pues ¡ojalá padezca todavía más!
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 5
 
 
No solo no he llegado a ser malvado, sino que tampoco he sido capaz de llegar a ser nada: ni malo ni bueno, ni canalla ni honrado, ni héroe ni insecto. Ahora consumo mi existencia en este rincón, mortificándome a mí mismo con el consuelo, tan estéril como maligno, de que un hombre inteligente en realidad nunca llega a ser nada, y solo el necio llega a ser algo. Así es, el hombre inteligente del siglo XIX tiene el deber y la obligación moral de ser un sujeto esencialmente sin carácter; por el contrario, el hombre con carácter, el hombre de acción, es ante todo un ser limitado.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 6
 
 
Pero ¿de qué puede hablar un hombre decente con el mayor deleite? Respuesta: de sí mismo. Así pues, voy a hablar de mí.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 8
 
 
Oh, señores, si me considero una persona inteligente, posiblemente se deba tan solo a que no he logrado empezar ni terminar nada en toda mi vida. De acuerdo, de acuerdo, soy un charlatán, un inofensivo y pesado charlatán, como todos nosotros. Pero qué se le va a hacer si el más inmediato, el único destino de todo hombre inteligente es la charlatanería, es decir, dar vueltas a la noria deliberadamente.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 19
 
 
No sé si habrán reparado en que los más finos derramadores de sangre han sido casi siempre los caballeros más civilizados, y todos esos Atila y Stenka Razin no les llegan a veces a la suela del zapato y, si no nos llaman tanto la atención como Atila y Stenka Razin, es por la sencilla razón de que nos encontramos con ellos más a menudo, y nos resultan más familiares, más cotidianos. En cualquier caso, la civilización no ha hecho al hombre más sanguinario, pero seguramente sí lo ha vuelto más mezquinamente, más vilmente sanguinario que antes. Antes veía en el derramamiento de sangre un acto de justicia y exterminaba a quien consideraba oportuno con la conciencia tranquila; ahora, en cambio, consideramos el derramamiento de sangre una villanía, pero seguimos cometiendo esta villanía, y hasta con más aplicación que en el pasado. ¿Qué es peor? Decídanlo ustedes.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 24
 
 
¿De dónde se han sacado todas esas lumbreras que al hombre le conviene una voluntad normal y virtuosa? ¿Cómo se les ha podido ocurrir que el hombre aspira en cualquier caso a tener una voluntad sensata y preocupada por sus intereses? Lo que necesita de verdad es una voluntad independiente, cueste lo que cueste y tenga las consecuencias que tenga. En fin, el diablo sabrá qué voluntad es esa…
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 27
 
 
… yo creo que la mejor definición del ser humano es la siguiente: una criatura bípeda y desagradecida. Pero eso no es todo; este no es su peor defecto; su peor defecto es su permanente mala conducta; permanente, desde el Diluvio Universal hasta el período schleswig-holsteiniano de los destinos humanos. Mal comportamiento y, por consiguiente, falta de sentido común; pues es bien sabido desde hace mucho que el mal comportamiento procede, justamente, de la falta de sentido común.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 30
 
 
Todo hombre decente de nuestro tiempo es y debe ser un cobarde y un esclavo. Ese es su estado normal. Estoy profundamente convencido. Así está hecho y para eso es como es. Y no solo en los tiempos presentes, como consecuencia de ciertas circunstancias casuales, sino, en general, en cualquier época, el hombre decente ha sido siempre un cobarde y un esclavo. Es una ley de la naturaleza de todas las personas decentes del mundo. Si en alguna ocasión una de estas personas se las da de valiente, más le vale no sentirse confortado ni dejarse llevar por el entusiasmo: ya se achantará ante otros. Esa es su ley inalterable y eterna. Solo los asnos y los mulos se las dan de valientes, y eso solo hasta que chocan contra un muro. No merece la pena hacerles caso, porque no tienen la menor importancia.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 45
 
 
Los días de fiesta, antes de las cuatro, iba a veces a pasear a la avenida Nevski, y paseaba por la acera soleada. Quiero decir, no es que paseara en realidad, sino que soportaba innumerables tormentos, humillaciones y ataques de bilis; pero lo cierto es que eso era lo que quería. Me contorsionaba como una anguila, del modo más desagradable, entre los transeúntes, cediendo continuamente el paso, ya fuera a los generales, a los oficiales de la guardia, a los húsares o a las grandes señoras; en esos momentos, solo de pensar en lo lastimoso de mi atuendo y en la miserable pinta de mi inquieta figura, experimentaba dolores convulsivos en el corazón y calor en la espalda. Se trataba de un auténtico suplicio, de una incesante e insoportable humillación, nacida de la idea —que había llegado a ser una sensación continua e inmediata— de que era una mosca a los ojos del mundo, una mosca repugnante e inútil; una mosca más inteligente, más desarrollada, más noble que ninguna otra, por descontado, pero que cedía continuamente el paso a todo el mundo, humillada y ofendida por todos. ¿Por qué me infligía a mí mismo semejante tortura? ¿Por qué iba a la avenida Nevski? No lo sé, pero había algo que me empujaba hacia allí a las primeras de cambio.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 53
 
 
Pero llegaba ya a su fin mi etapa de libertinaje, y tenía unas terribles náuseas. Empezaba a sentir remordimientos, y procuraba disiparlos: era algo vomitivo. Poco a poco, no obstante, me iba acostumbrando. A todo me acostumbraba yo; es decir, no es que me acostumbrara, sino que me resignaba como buenamente podía a soportarlo. Pero contaba con un remedio que facilitaba las cosas: buscaba evasión en «todo lo hermoso y lo sublime»; la buscaba en los sueños, claro está.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 57
 
 
Yo, por ejemplo, triunfo sobre todos los demás; todos, por supuesto, quedan reducidos a polvo y se ven obligados de buen grado a reconocer todas mis perfecciones, y todos cuentan con mi perdón.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 59
 
 
De camino a casa, renuncié por una temporada a mi deseo de abrazarme con toda la humanidad.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 60
 
 
Esa noche tuve unos sueños monstruosos. No tenía nada de extraño: había pasado toda la tarde abrumado por los recuerdos de los años de cautiverio que había sido mi vida escolar, no sabía cómo librarme de ellos. Me habían metido en el colegio unos parientes lejanos de los que dependía y de los que no he vuelto a tener noticias desde entonces; cuando me dejaron allí ya era un niño solitario, acobardado por sus reproches, pensativo, taciturno y hostil a todo su entorno. Los compañeros me recibieron con burlas malintencionadas e implacables, porque no me parecía a ninguno de ellos. Pero no podía soportar sus bromas; no podía amoldarme a ellos tan fácilmente como ellos se amoldaban entre sí. Los odié de inmediato y me aparté de todos, encerrándome en un orgullo asustadizo, herido y desproporcionado. Su grosería me escandalizaba. Se burlaban cínicamente de mi cara, de mi figura desmañada; y, al mismo tiempo, ¡qué caras más estúpidas las suyas! En nuestra escuela los semblantes se idiotizaban y degeneraban de un modo peculiar. ¡Cuántos niños guapos ingresaban allí! En unos pocos años resultaba desagradable mirarlos. A los dieciséis años los observaba con tristeza; entonces me sorprendía la mezquindad de sus pensamientos, la estupidez de sus actividades, de sus juegos, de sus conversaciones. Era tal su incomprensión de las cuestiones más esenciales y su desinterés por las materias más sugestivas e impactantes que no podía evitar considerarlos inferiores a mí. No era la vanidad herida la que me empujaba en esa dirección, y, por el amor de Dios, no me vengan con esa objeción rutinaria, repetida hasta la náusea, de que yo me limitaba a soñar, mientras que ellos tenían ya una noción de la vida real. Ellos no comprendían nada, no tenían ni idea de lo que era la vida real, y juro que eso era lo que más me indignaba en ellos. Al contrario, la realidad más evidente, la que salta a la vista, la recibían con una estupidez fabulosa y ya entonces estaban acostumbrados a rendirse únicamente ante el éxito. De todo lo que era justo, pero humillado y despreciado, se mofaban de forma despiadada e ignominiosa. Confundían el rango con la inteligencia; a los dieciséis años ya discutían de sinecuras. Naturalmente, gran parte de eso obedecía a la estupidez y a los malos ejemplos de los que se habían visto rodeados en su infancia y su pubertad. Eran viciosos hasta la monstruosidad. Había en todo eso, claro está, mucho de apariencia, de cinismo afectado; evidentemente, a través de la depravación se adivinaba en ellos su juventud y cierta lozanía; pero hasta esta lozanía carecía de atractivo, pues aparecía envuelta en libertinaje. Yo los odiaba de un modo atroz, aunque seguramente era peor que ellos. Ellos me pagaban con la misma moneda y no disimulaban su aversión por mí. Pero ya no deseaba su afecto; al contrario, solo ansiaba su humillación. Para verme libre de sus chanzas, puse todo mi empeño en aplicarme lo mejor posible en mis estudios y me hice un hueco entre los más destacados. Se quedaron impresionados. Además, empezaron poco a poco a comprender que yo ya había leído ciertos libros que ellos no podían leer y que tenía nociones de determinados asuntos (que no formaban parte de nuestro plan de estudios) de los que ellos ni siquiera habían oído hablar. Aunque miraban todo esto de una forma disparatada e irónica, fueron sometiéndose moralmente, sobre todo cuando descubrieron que hasta los maestros se habían fijado en mí por ese motivo. Cesaron las burlas, pero quedó la animadversión, y se establecieron unas relaciones frías y tirantes. Finalmente, no lo pude resistir: con los años se había acentuado la necesidad de tener trato con la gente, de hacer amigos. Traté de acercarme a algunos de mis compañeros; pero esas relaciones siempre resultaban forzadas y acababan en nada. Una vez, de hecho, llegué a tener un amigo. Pero yo ya era un déspota de corazón; pretendía ejercer un dominio ilimitado sobre su espíritu, quería imbuirle el desprecio por el medio que lo rodeaba; le exigía una ruptura ostentosa y definitiva con ese entorno. Lo asusté con mi amistad apasionada; lo llevé hasta las lágrimas, hasta los espasmos; era un alma cándida y devota; pero, cuando se entregaba por completo a mí, lo detestaba de inmediato y lo apartaba, como si solo lo hubiera necesitado para obtener la victoria sobre él, para someterlo. Pero yo no podía vencerlos a todos; mi amigo no se parecía a ninguno de los demás, y constituía una rara excepción. Lo primero que hice al acabar la escuela fue renunciar a la carrera en concreto a la que estaba destinado, a fin de romper todos los lazos, maldecir el pasado y cubrirlo de ceniza… Y ¡solo el diablo sabe por qué después de eso me arrastré hasta casa de ese Símonov!…
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 67
 
 
Debido a la falta de costumbre, cualquier acontecimiento externo, por insignificante que fuera, me hacía pensar siempre que estaba a punto de ocurrir un cambio radical en mi existencia.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 70
 
 
Falto de costumbre, me enojaba con una rapidez poco natural.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 75
 
 
Incluso cuando se sufre la vida es bella, es bonito vivir en este mundo, se viva como se viva.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 94
 
 
Donde no hay amor, tampoco suele imperar la razón.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 98
 
 
¿Cómo no van a unirse estrechamente el padre y la madre? Dicen que tener hijos es una carga muy pesada. ¿Quién lo dice? ¡Es una bendición celestial! ¿Te gustan los niños pequeños, Liza? A mí me vuelven loco. Imagínate: una de esas criaturas sonrosadas, tomando el pecho, y ¡qué marido no va a derretirse viendo a su mujer con su hijo en brazos! Un crío sonrosado, regordete, que se estira, se deja acariciar; unas manos y unos pies que están para comérselos, las uñas limpitas, muy pequeñas, tan pequeñas que da risa verlas, y unos ojitos que cualquiera diría que lo entienden todo. Y mientras está mamando te da tirones en el pecho, juguetea. Se acerca el padre, y el crío suelta el pecho, echa todo el cuerpo para atrás, mira al padre, se ríe, y solo Dios sabe qué es lo que encuentra tan gracioso, y venga otra vez, otra vez a mamar. O coge y le mordisquea el pecho a la madre, una vez que los dientecitos le empiezan a asomar, y con esos ojitos la mira de través: «¿Has visto? ¡Te he mordido!». O ¿acaso no es todo alegría cuando están juntos los tres, el marido, la mujer y el bebé? Por momentos como estos uno puede perdonar muchas cosas. No, Liza, ¡está claro que primero hay que aprender a vivir, antes de acusar a los demás!
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 100
 
 
Sé que me dirán que eso es increíble, que es increíble que alguien sea tan malvado, tan estúpido como yo; a lo mejor añaden que tampoco es creíble que no la quisiera o, por lo menos, que no apreciase su amor. ¿Por qué va a ser increíble? En primer lugar, yo era incapaz de amar, porque, lo vuelvo a repetir, amar significaba para mí tiranizar y ser moralmente superior. Nunca en la vida he podido concebir siquiera otro amor, y he llegado tan lejos que ahora creo algunas veces que el amor consiste en el derecho, libremente otorgado por la persona amada, a tiranizar a esa persona. Ni tan siquiera en mis sueños del subsuelo podía imaginar el amor más que como una lucha que empezaba con odio y terminaba con la dominación moral, aunque después nunca sabía qué hacer con la persona así dominada.
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 129
 
 
«Y ¿no sería mejor, no sería mejor —fantaseaba más tarde, de vuelta en casa, sofocando con desvaríos el dolor vivo de mi corazón—, no sería mejor que ella se llevase para siempre el rencor de la ofensa consigo? La ofensa no deja de ser una forma de purificación; ¡es la conciencia más corrosiva y más dolorosa! Mañana mismo le ensuciaría el alma y le abrumaría el corazón. Pero ahora el rencor jamás se extinguirá en ella y, por execrable que sea la inmundicia que la espera, la conciencia de haber sido ofendida la exaltará y la purificará… por medio del odio… hum… o puede que también por medio del perdón… En cualquier caso, ¿todo esto le hará la vida más fácil?» De hecho, me hago ahora una pregunta ociosa: ¿qué es preferible: una felicidad ramplona o un sufrimiento elevado? A ver, ¿qué es preferible?
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 131
 
 
«Y ¿no sería mejor, no sería mejor —fantaseaba más tarde, de vuelta en casa, sofocando con desvaríos el dolor vivo de mi corazón—, no sería mejor que ella se llevase para siempre el rencor de la ofensa consigo? La ofensa no deja de ser una forma de purificación; ¡es la conciencia más corrosiva y más dolorosa! Mañana mismo le ensuciaría el alma y le abrumaría el corazón. Pero ahora el rencor jamás se extinguirá en ella y, por execrable que sea la inmundicia que la espera, la conciencia de haber sido ofendida la exaltará y la purificará… por medio del odio… hum… o puede que también por medio del perdón… En cualquier caso, ¿todo esto le hará la vida más fácil?» De hecho, me hago ahora una pregunta ociosa: ¿qué es preferible: una felicidad ramplona o un sufrimiento elevado? A ver, ¿qué es preferible?
 
Memorias del subsuelo
Fiódor Dostoyevski, página 132
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Juan Grabois

“Cuando EEUU invadió Venezuela y secuestró a Maduro, una de las hipótesis del futuro inmediato del país caribeño era la guerra civil. Si miramos lo que sucede en EEUU, resulta evidente que hay más posibilidades de que esto suceda en el imperio del norte. La revuelta de Trump contra los retazos del orden mundial de posguerra y los derechos humanos, parece chocar con una creciente resistencia interna que amenaza en transformarse en una crisis pre bélica.”

Juan Grabois
Diario Red

Ricardo González Intraterrestres

 
 
Existe una ecuación inquietante entre las antiguas civilizaciones perdidas —el «fantasma» de la Atlántida incluido— el fenómeno ovni, leyendas indígenas y hasta teorías de conspiración con el «factor intraterrestre».
 
… todos esos temas que parecen inconexos a primera vista, en realidad guardan una relación insospechada cuando escudriñamos el enigma desde todos los frentes.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 4
 
 
¿Por qué viejas leyendas hablan de túneles secretos que se adentran en la morada de los «invisibles», sea esta bajo el Altái mongol, la Cordillera Real de Bolivia o los sagrados Andes del Cusco en Perú? ¿Quiénes y por qué construyeron esos supuestos túneles? ¿Por qué emplazar esas bases bajo tierra o en el interior de las montañas? Y lo más importante: ¿qué tienen que decirnos los intraterrestres?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 5
 
 
Se dice que el nombre sánscrito Shambhala significa ‘lugar de la paz, de la tranquilidad’, denominación apropiada para la labor de sembrar la semilla de la luz en el mundo. La Hermandad Blanca es parte de esa fuerza de luz que procura otorgar equilibrio y balance al planeta, inspirando a diversos hombres y mujeres del mundo a encender su propia antorcha interior. Cual faro luminoso que guía las embarcaciones, la llamada de aquellos Maestros estimula al caminante a descubrir su «sentido» y «misión» reales. En suma, un compromiso espiritual.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 11
 
 
 
 
LOS VIGILANTES DEL MUNDO INTERNO
 
Se dice que el nombre sánscrito Shambhala significa ‘lugar de la paz, de la tranquilidad’, denominación apropiada para la labor de sembrar la semilla de la luz en el mundo. La Hermandad Blanca es parte de esa fuerza de luz que procura otorgar equilibrio y balance al planeta, inspirando a diversos hombres y mujeres del mundo a encender su propia antorcha interior. Cual faro luminoso que guía las embarcaciones, la llamada de aquellos Maestros estimula al caminante a descubrir su «sentido» y «misión» reales. En suma, un compromiso espiritual.
 
Aunque hay muchas versiones sobre el origen de Shambhala y los intraterrestres, todo apunta a Asia como cuna del primer centro espiritual mundial. Viejas leyendas sugieren que en algún lugar del Gobi, o de los Himalayas, se establecieron mentes muy elevadas para fundar un centro de poder que pudiera reunir lo más sagrado del conocimiento humano. Especialmente se habla de una «Isla Blanca» en el desierto de Gobi, en Mongolia, como el primer punto que fue tocado por esos seres que, supuestamente, habrían llegado desde muy lejos. Algunas versiones budistas mencionan que arribaron provenientes de tierras desconocidas, y otras leyendas sugieren que esos visitantes llegaron del espacio. Así es como se interpreta.
 
En nuestra experiencia de contacto aprendimos que la «versión extraterrestre» sobre la fundación de Shambhala no es una locura. Se nos dijo que fueron treinta y dos seres los que llegaron a Gobi, entidades que representaban a distintas civilizaciones cósmicas que seguían un mismo propósito: sembrar la llamada de la luz en el planeta.
 
Se afirma, además, que la «civilización 33» que se integraría en esa suerte de hermandad espiritual universal sería nuestra propia raza humana. Un plan orquestado desde altas esferas de consciencia para que el hombre pueda restituir el orden perdido en la creación. De acuerdo con todo esto, la Tierra es un planeta escuela, un lugar de «paso y aprendizaje» que podría brindar respuestas y caminos para encarar nuevos horizontes en la evolución. Los treinta y dos seres que llegaron al Gobi, hace más de 10.000 años, venían con esa misión en mente: archivar y proteger toda la sabiduría que se pueda generar en la Tierra. Y guiar silenciosamente, casi de forma invisible, los pasos de los iniciados en este misterio.
 
A este momento primigenio de la Hermandad Blanca en la Tierra se le llamó «Etapa Estelar». Luego, llegaría la denominada «Etapa Mestiza», en donde supervivientes de reinos perdidos, como la Atlántida de Platón, habrían constituido la segunda generación de Maestros, llamados «mestizos», por ser fruto de la unión de razas cósmicas y humanas hace miles de años.
 
Se cuenta que tras la destrucción de la Atlántida —catástrofe que se recuerda en las leyendas de diversos pueblos como «diluvio universal»— aquellos Noés se refugiaron con los archivos de su avanzada civilización en sus verdaderas Arcas: cuevas. Les sobrevino un cataclismo que hundió su orgulloso imperio, que no supo conciliar el avance tecnológico con la espiritualidad. Quienes entendieron el mensaje decidieron proteger los anales históricos de su cultura. Por esta razón esos supervivientes —que se mantuvieron en la luz observando el inevitable ocaso— eligieron las oquedades de la Tierra para protegerse y poner a salvo sus conocimientos. Ellos serían los primeros discípulos de la Hermandad Blanca del Gobi. Y los archivos rescatados de aquellas civilizaciones que consideramos imposibles, como Lemuria, Mu o Atlántida, pasaron a formar parte de la gran biblioteca que protegen los Maestros. En estos tiempos, descendientes de aquel remanente atlante, o muniano, permanecen en el reino subterráneo como guardianes de los tesoros espirituales.
 
Ahora estamos en la Etapa Humana, que culmina la cadena de postas para recibir y vivir el conocimiento. Aquellos que supieron escuchar la llamada de la Hermandad Blanca, empezarán a constituirse en sus mensajeros o emisarios. Hoy la humanidad está llamada a integrarse a esa Magna Obra, y modificar el futuro planetario sobre la base de la fuerza más poderosa que existe en el universo: el amor.
 
La Hermandad Blanca está activa, e inicia a los caminantes en su mensaje. Los senderos que conducen a sus Retiros Interiores son variados y sutiles; sin embargo, ante los «ojos del espíritu», se trata de un camino claramente definido que solo puede ser transitado por un alma valiente que no tema vencerse a sí misma. He aquí el punto más importante: es imposible llegar al misterio de los intraterrestres sin adentrarse en el camino espiritual, el mensaje oculto de los símbolos y el legado esotérico de antiguas culturas desaparecidas. No en vano, la alegoría de ingresar en una cueva —la entrada al mundo subterráneo— no es otra cosa que el contacto con uno mismo: la exploración de nuestro propio interior. Por este mensaje los Maestros denominan a sus instalaciones «Retiros Interiores».
 
Según nuestras observaciones, existen tres tipos de Retiros de la Hermandad Blanca:
 
Retiros Interiores: Son la morada subterránea de los Maestros. Aquí debemos mencionar que la mayor parte de los seres intraterrestres no poseen actualmente cuerpo biológico; es decir, abandonaron su envoltura material. Por tanto, existen Retiros Interiores físicos y sutiles. Generalmente el acceso a los enclaves físicos es complicado, por cuanto se encuentran estratégicamente ubicados en lugares de difícil acceso. En el caso de los santuarios sutiles, esto es distinto, ya que pueden ser conectados a través de la meditación y la proyección del Cuerpo Astral. Y también hay lugares que poseen ambas realidades en coexistencia.
 
Retiros Intermedios: Lo constituyen monasterios secretos «en la superficie», como la antigua Hermandad de los Siete Rayos en los Andes peruanos. Sabemos que, hacia el norte de Cusco, al este de Marcahuasi y al norte de Puno, se encuentran enclavadas aquellas comunidades o aldeas místicas. Quienes forman parte de ellas son humanos, que voluntariamente se apartaron del mundo. Se hallan en conexión con los Maestros intraterrestres y actúan muchas veces como emisarios. En la tradición andina de Perú y Bolivia se habla de ellos y de sus aldeas ocultas en las montañas. Los indios Q’eros de Paucartambo conocen bien el secreto.
 
Retiros Externos: Son aquellos seres humanos que viven en el mundo moderno pero que, conscientes de esta realidad —que los une a la obra de la Hermandad Blanca—actúan como «infiltrados» para generar un cambio desde dentro. Aquellos Retiros Externos están constituidos, también, por los estudiantes de estos misterios.
 
Acercarse a estos conocimientos no solo supone una madurez de pensamiento hacia lo espiritual; conlleva inevitablemente hacerse cargo de uno mismo y ver las cosas en perspectiva, más allá de la «ilusión». En otras palabras, el mensaje que encierra la existencia de esos seres nos lleva a un despertar de la consciencia.
 
Actualmente, los Retiros Interiores de Oriente se encuentran en un estado de «sueño». América ha empezado a despertar y los sabios Maestros del reino subterráneo se mantienen atentos, protegiendo los archivos antiguos del conocimiento y sus objetos de poder para que en un futuro todo sea revelado. Ese es un misterio que siempre ha rodeado a los seres del mundo intraterrestre: sus perseguidas reliquias sagradas y sobrenaturales.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 10
 
 
Varios escritores esotéricos confunden Mu y Lemuria. Hay que decir que ambos son dos mundos distintos. El primero evoca un presunto continente desaparecido en el océano Pacífico, la Kasskara de los indios Hopi, cuyos posibles restos se amparan en Pascua, Tahití, Samoa, las islas Cook, las Tongas, las Marshall, las Kiribati, las Carolinas, las Marianas, Hawái y las islas Marquesas (entre otras). De allí provendría Aramu Muru. Y, por otro lado, «Lemuria» englobaba a vastas tierras que, en una época muy antigua del mundo, se hallaban unidas a África y Madagascar: la cuna del ser humano, en el actual océano Índico.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 18
 
 
Lo que más cuentan los lugareños sobre la Puerta de Hayumarca es que esta se «abre» ante las personas correctas, caminantes que fueron invitados a franquear sus misterios. Esa entrada, o lo que fuese, sería espiritual, aunque hay relatos de traspasos físicos. Este fenómeno no ocurre siempre, pero, cuando sucede, hasta el clima responde con fuertes tormentas, como si invisibles fuerzas de la naturaleza se activaran cuando el traspaso está por ocurrir. Huelga decir que no hay una fecha exacta para que esto suceda, pero los más ancianos dicen que los solsticios y equinoccios son «buenos momentos» para preguntarle a la Puerta. ¿Preguntarle a la Puerta? Los ancianos dicen que Hayumarca también funciona como un «oráculo». Tras varios viajes, investigaciones y experiencias, estamos seguros de ello. La Puerta, además, no es solo un umbral, sino un verdadero templo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 21
 
 
Para los incas, el término «laberinto» no es ajeno. De hecho, de esa forma llamaban a sus túneles (Chinkana, en quechua), y creían que en ellos reposaba la sabiduría. Denominaban a ese mundo interno Uku Pacha, que, lejos de la explicación establecida de un reino de los muertos o del más allá, se trataba, en realidad, de otra cosa... Al igual que Titicaca y Marcahuasi, Cusco está repleto de leyendas sobre el mundo subterráneo y los misteriosos Paco Pacuris, «los guardianes primeros», que se piensa formaban parte de un imperio amazónico que luego se ocultó en las oquedades de la Tierra. Uno de sus viejos túneles se encuentra sellado bajo Sacsayhuamán, y se dice que ese antiguo camino intraterrestre conecta con una ciudad perdida en la selva del Manú llamada Paititi. ¿Es esto posible?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 26
 
 
Las mismísimas crónicas de la conquista ya citan el misterio de los túneles. Particularmente, se referencia el caso de un «pasillo subterráneo» que une el lago Titicaca con Cusco. Los incas, que conocieron Tiahuanaco, no eran sus autores, sino una dinastía anterior a Manco Cápac —el legendario fundador del Imperio del Sol— llamada Apu Cápacs. Esos hombres, que recuerdan en cierto modo a los Paco Pacuris, serían descendientes de una civilización desaparecida que llegó a los Andes allende los mares. Estaríamos hablando de los misteriosos hombres barbados que se mencionan en varios mitos del altiplano. Entre ellos resalta la figura de Huyustus, un gigante de cabello largo y rubio que se alzó como el líder de Tiahuanaco. ¿Quién era?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 26
 
 
Huamán Poma Ayala, descendiente de una casta noble inca, en sus escritos también afirmaba que los primeros incas «legítimos» fueron los Apu Cápac, hombres muy anteriores a Manco Cápac, el «Adán de los Andes». A decir del cronista Manco Cápac fue solo «el primer jefe de la Segunda Dinastía». En otras palabras: El Imperio inca es una continuación de lo que fue un reino perdido, cuyos orígenes se remontan a la fundación de Tiahuanaco.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 30
 
 
El Disco Solar era una herramienta de poder de los intraterrestres que estuvo un tiempo en manos de los incas. Actualmente, se halla con sus legítimos custodios. Mas debo mencionar que, en ese aspecto, las leyendas parecen contradecirse: mientras, por un lado, hallamos suficientes indicios del gran Disco Solar en el Qoricancha, hay otras informaciones que insisten en que la herramienta permanece oculta en un templo bajo el lago Titicaca. ¿Cómo se explica esto? De acuerdo con lo que he podido investigar, el Disco Solar, tal y como sugería páginas atrás, se encontraba originalmente en el altiplano. Para ser más preciso, en Tiahuanaco. Cuando la ciudad de piedra se vio asediada, el disco fue encerrado en una galería subterránea, y los descendientes de Huyustus viajaron a Cusco a través de un gran túnel que partía desde la Isla del Sol para fundar un nuevo imperio. Luego, algunos relatos andinos sostienen que Manco Cápac —el primer inca—, en agonía de muerte, le confió la historia del Disco Solar a su sucesor, su hijo Sinchi Roca.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 35
 
 
Quizá lo que más ha contribuido al conocimiento de la existencia del Paititi son los petroglifos de Pusharo. Estos extraños grabados en piedra fueron descubiertos en 1921 por el misionero dominico Vicente de Cenitagoya, quien los encontró en una gigantesca roca que se acomoda a orillas del río Sinkibenia, considerado sagrado por los indios «guardianes» de la zona, los machiguengas. Más tarde, numerosos exploradores observaron esos petroglifos. En 1970, el sacerdote y antropólogo A. Torrealba fotografió y estudió los extraños grabados. Hoy en día todos los investigadores coinciden en que los petroglifos no los hicieron los incas; entonces, ¿quién los hizo?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 38
 
 
Pusharo no es la única evidencia de una obra humana en las selvas del Manú, también se han encontrado numerosas ruinas y caminos parcialmente pavimentados. Las pirámides de Paratoari son una prueba fehaciente de estas obras. Diversos estudios demuestran que estas grandes moles no serían producto de la naturaleza, sino de la mano de una civilización aún desconocida.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 39
 
 
Se trataba de Alcir, el ser que se había «proyectado» en estado de luz en mi propia casa anunciándome el encuentro. En la experiencia en Pusharo se dirigió a mí en perfecto castellano, pero sin mover sus labios, como si su mente se hubiese unido a la mía en una poderosa conexión telepática. Le «escuchaba» con suma claridad. Y sentía que aquel hombre emanaba verdaderamente una paz sobrenatural. En la breve charla que tuvimos en la selva —en realidad, yo apenas intervine presa de los nervios—, Alcir se presentó como el «Guardián del Disco Solar», y afirmó que este se encontraba protegido en una sala subterránea. Lo extraordinario de este contacto, es que mientras el ser intraterreno me hablaba, frente a mis ojos se materializaba todo cuanto me narraba en imágenes, como si estuviera viendo una película tridimensional.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 45
 
 
Todos, queramos o no, estamos involucrados con el gran proceso de transformación planetaria.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 47
 
 
Paititi no es la única «ciudad perdida» vinculada a la Hermandad en las selvas de América del Sur. Sabemos de diversos enclaves ocultos bajo el inmenso manto verde. He participado en varias expediciones a esos lugares de poder. Y en ellos sentí la misma energía que Paititi. Como no podía ser de otra forma, el relato de hombres de blanco, avistamientos ovni y los infaltables túneles que recorren cientos de kilómetros, es una constante que no obedece al azar. Uno de esos lugares que recuerda en cierto modo a Paititi se halla en Brasil: la Sierra del Roncador.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 47
 
 
Desde hace mucho se ha mencionado la zona del Roncador como un paraje que «esconde» uno de los ingresos a ese mítico y esquivo reino subterráneo. Un punto en el mundo que es rico en diversas leyendas y, también, en misterios.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 48
 
 
Existe un centro arqueológico en Bahía, concretamente en Igatú, cerca de Andarai, en plena meseta Diamantina. Algunos la conocen como «La Machu Picchu de Brasil». Es importante echar un vistazo a ese misterio en Bahía por cuanto es la ciudad que aparece en el «Manuscrito 512», que se conserva en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 50
 
 
A medida que acudíamos a estos lugares de poder, se nos instruía sobre la existencia de una «red de discos» que se hallaría conectada al gran Disco Solar de Paititi. La primera vez que se nos habló de ello fue en febrero de 2001, en un encuentro cercano extraterrestre en el desierto de Chilca, famoso enclave de la costa peruana por sus avistamientos ovni. En la experiencia se nos dijo que no solo existía un disco en la ciudad perdida de los incas, sino otros doce que forman parte de una red que está «unida por fuertes lazos de energía». Esa red de doce herramientas sobrenaturales, que se suma al gran Disco Solar de Paititi, se custodiaría en trece santuarios subterráneos entre los que se halla el propio Roncador.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 55
 
 
En la experiencia de contacto del 24 de febrero de 2001, que viví en el desierto peruano de Chilca, se nos había dicho:
 
Paititi es el Retiro Interior más importante de Sudamérica, pues está activo, y custodiando una de las herramientas más trascendentales de ascenso interdimensional para el planeta: El Disco Solar. Es el Disco Cósmico que fue elaborado premeditadamente para este tiempo, cuando la Confederación de Mundos de la Galaxia decidió establecer la Hermandad de la Estrella en la Tierra. Por ello irán en su momento al desierto de Gobi, para hallar el último eslabón que los une con el Plan Cósmico y las Fuerzas de la Luz.
No obstante, el Disco que protege la Hermandad Blanca del Paititi no es el único. Existen otros doce discos repartidos en el planeta, custodiados por los guardianes en sus Retiros Interiores. Todos ellos están interconectados. Cuando el Disco Solar del Paititi sea activado, logrará una reacción en cadena con los otros discos, formando una red de energía que permitirá al planeta Tierra dar un verdadero salto cósmico, y reconectarse con el Real Tiempo del Universo.
 
Extraído del «Informe Celea», publicado posteriormente en El Legado Cósmico (edición de 2002, Lima, Perú).
 
En aquella experiencia consulté cuándo ocurriría la activación de esta red. La respuesta fue: «Cuando estén listos. Y aquel momento deberá coincidir con un evento cósmico: la sincronía entre el Sol de este Sistema y el Sol Central de la Galaxia».
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 57
 
 
¿Qué tiene que ver esto con los discos solares? Según los intraterrestres, el Disco Solar de Paititi, con los otros doce que se encontrarían en una ubicación estratégica, formarían una red o «columna vertebral planetaria» que sostendría energéticamente al planeta en su conexión gradual con el Real Tiempo del Universo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 58
 
 
Según los intraterrestres, el Disco Solar de Paititi, con los otros doce que se encontrarían en una ubicación estratégica, formarían una red o «columna vertebral planetaria» que sostendría energéticamente al planeta en su conexión gradual con el Real Tiempo del Universo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 58
 
 
He aquí la lista de los discos y sus «nombres», tal y como se dio originalmente:
 
1. Mount Shasta, Estados Unidos:
Emanashi
2. Valle Siete Luminarias, México:
Sipenbó
3. Ciudad Blanca, Honduras:
Aromane
4. Guatavita, Colombia:
Xemancó
5. Roraima, Venezuela:
Urinam
6. Cueva de los Tayos, Ecuador:
Jasintah
7. Paititi, Perú:
Ilumana
8. Lago Titicaca, Bolivia:
Demayon
9. Licancabur, Chile:
Ramayah
10. Talampaya, Argentina:
Mitakunah
11. Sierra del Roncador, Brasil:
Omsarah
12. Aurora: Uruguay
Ulimen
13. Antártica: Chile/Argentina
Ion
 
Como se puede ver, la ubicación de los discos coincide con centros de poder relacionados con los intraterrestres. De hecho, son Retiros Interiores. Los «nombres» de los discos serían los mantras de conexión. Se pueden cantar individualmente, pero el propósito real es pronunciar los trece nombres como si se tratase de un solo mantra. La energía que se genera con ello es extraordinaria y permite un sólido enlace con la denominada Red del Tiempo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 59
 
 
El 9 de enero de 2005, durante un encuentro internacional de grupos de contacto en Capilla del Monte (Córdoba, Argentina) se nos dijo al respecto en una recepción telepática simultánea:
 
[...] La Red del Tiempo, hermanos, está constituida como se les reveló por aquellos doce discos y la herramienta de poder de Paititi que los armoniza. Los otros discos que han percibido fueron en su momento instrumentos de poder de antiguas civilizaciones desaparecidas, ajenos a la Red del Tiempo pero a cargo actualmente de la Hermandad Blanca.
La Red del Tiempo se halla en la franja americana, como constataron, desde Mount Shasta hasta la Antártida, siguiendo una estrategia energética que procura apoyar al planeta en su ascenso desde los lugares donde las energías y los Retiros de la Hermandad Blanca se hallan activos. El origen de aquellos discos está en Lemuria, y el destino de su aporte en las estrellas que brillan en el Real Tiempo del Universo... (Oxalc).
 
Más tarde, el 12 de noviembre de ese mismo año, un nuevo mensaje recibido en Ecuador añadió:
 
En las próximas expediciones que realicen, comprenderán con mayor claridad el rol que desempeñan los discos solares de poder. Como ya les hemos transmitido en anteriores mensajes, además de los trece discos que se hallan ubicados en América y Antártida, conformando así la «Red del Tiempo», existen otros discos en diferentes áreas del mundo que funcionan como «espejos» de esta columna vertebral. También les hemos dicho que la Red del Tiempo fue ubicada de esta forma por cuanto en su disposición se hallan los Retiros Interiores más activos de la Tierra, aparte de que la energía de activación planetaria está siendo encendida en este sector, como otrora ocurrió en Oriente. Los discos que se encuentran ubicados fuera de esta disposición también son importantes, pues reflejarán la energía de la Red del Tiempo a todo el globo y al Cosmos cuando se produzca la sincronicidad de 2012. Solo en ese momento los discos serán totalmente alineados.
 
A partir del 20 de mayo de 2012, los latidos energéticos del Sol Central se harán más perceptibles en vuestro mundo. Por ello se les ha pedido ir a Paititi en agosto de ese año para sellar esa importante labor.
 
No olviden que cada viaje que lleven a cabo a estos lugares activa y anima a los discos. Este fenómeno puede ocurrir en más de una ocasión, pues más que herramientas de poder los discos solares son como seres vivos que tienen que permanecer despiertos hasta que llegue el día del Tiempo del no Tiempo. Entenderán (Antarel y Sampiac).
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 60
 
 
A continuación, trascribo una síntesis de la información que hemos reunido en nuestras expediciones y experiencias de contacto con los intraterrestres y que publicamos por primera vez en mayo de 2005:
 
Hace decenas de miles de años, en una época perdida, en que el hombre originario del planeta caminaba erguido sobre tierras hoy sumergidas, frente a las costas surorientales de África —en el actual océano Índico— se produjo la aparición del «primer disco».
 
Los antiguos hombres de Lemuria habían comprendido que la Tierra se hallaba viviendo en una «realidad paralela», desfasada del Real Tiempo del Universo. Sabían que en algún momento se produciría la reconexión, así que decidieron colaborar en esa tarea, lo cual les llevó a diseñar una herramienta de poder, construida con elementos del planeta, para orientar la ruta cósmica al Tiempo Real, representada físicamente en un gran portal que se hallaría entre las órbitas de Júpiter y Saturno.
 
Los humanos de aquel entonces contaron con la ayuda de unas pequeñas y bondadosas criaturas del intramundo, conocidas por nosotros con el nombre de Sunkies. Estos seres, que descubrimos físicamente en la expedición a la Cueva de los Tayos del año 2002, en aquellos tiempos proveyeron al hombre de Lemuria de los elementos necesarios para construir un gigantesco disco. Una herramienta poderosa capaz de «leer» el universo.
 
Sin embargo, cuando los observadores extraterrestres (seres espaciales muy evolucionados; su misión era seguir el proceso de crecimiento de la humanidad como parte de un Plan Cósmico) volvieron a la Tierra, y constataron que se había construido esta herramienta, decidieron poner fin al proyecto lemuriano por considerarlo peligroso y excesivamente temprano para el proceso terrestre. Además, los científicos extraterrestres no registraron cómo el hombre de Lemuria pudo hacer una cosa semejante —puesto que los visitantes eventualmente se ausentaban al salir y entrar en nuestro tiempo—, conocimiento que podría ser muy importante para el aprendizaje extraterrestre.
 
Entonces, los observadores extraterrestres decidieron dividir en doce partes aquel disco, escondiéndolas en lugares secretos del mundo. No obstante, con el tiempo, los visitantes estelares llegaron a comprender la visión de los lemurianos. Ello les empujó a reactivar el portento que se construyó originalmente y que ahora se hallaba separado en doce piezas, transformadas en pequeños discos de poder que se entregarán más tarde a los Maestros intraterrestres.
 
Después, la denominada Confederación de Mundos de la Galaxia encargó a la Hermandad Blanca del desierto de Gobi la construcción de un disco matriz que pudiera ensamblar los discos, «unirlos a todos».
 
De esta forma, se elaboró una poderosa herramienta cósmica, una verdadera llave que conocemos como el gran Disco Solar, elemento que en la actualidad se encuentra custodiado y protegido en el Retiro Interior de Paititi. Los otros doce discos, también vigilados por los Maestros, se ubicaron en lugares estratégicos.
 
Tras la destrucción de la Atlántida, vinieron a nuestro planeta treinta y dos Mentores de la Luz para fundar en el actual desierto de Gobi la Hermandad Blanca terrestre. Shambhala es un recuerdo de la llegada y misión de tan elevadas consciencias. Allí se construyó el nuevo disco —el número trece— que tendría la misión de «unir» a los otros energéticamente, para cuando llegue el momento más importante del tránsito planetario.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 84
 
 
Según investigamos, hay cualidades muy especiales en esos discos, como el hecho de que parecen ser inteligentes o tener «vida propia», hasta el punto de poder interactuar y comunicarse. Además, se pueden proyectar a diferentes lugares ajenos a su emplazamiento principal, como si se estuvieran «bilocalizando». Debo decir que la existencia de estos discos ha despertado tal interés en el mundo esotérico y del contactismo, que diversos grupos han decidido hacer viajes a los centros donde se encuentran, viviendo grandes experiencias y, en otros casos, recibiendo nuevos datos que no siempre coinciden. Hoy se habla de distintas «redes» de discos, se ha cambiado su ubicación original por otras y, por si fuera poco, se emplean también diferentes mantras. En un principio me sentí culpable por haber publicado abiertamente esta información en mi sitio web. Lo último que hubiese deseado es generar una locura en pos de los discos. Sobre todo porque el verdadero objetivo de nuestro trabajo no es esas herramientas de poder, sino el despertar de la consciencia y el contacto interior. Si uno se concentra solo en lo exterior, terminará confundiéndose y confundiendo a los demás, por priorizar objetivos externos a su avance personal. La existencia de estos objetos tiene su sentido, pero no debe alejarnos de lo más importante.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 66
 
 
A lo largo de todo el recorrido que emprendimos a través de lugares de poder de los intraterrestres, me encontré con uno en especial que me impresionó desde la primera vez que lo visité: Mount Shasta. Ese volcán dormido del norte de California emana una energía poderosa que atrapa a cualquiera. Y no es solo por el paisaje, tan bello con sus lagos y bosques de pinos, sino por algo más que se respira en el ambiente. Desde distintos lugares del mundo místicos y exploradores van a Shasta para conectarse con esa energía que lo ha hecho célebre entre los centros de poder más poderosos del planeta. Se dice que es una puerta dimensional a otra realidad, una entrada al mundo subterráneo y un lugar iniciático para los nuevos caminantes que se adentran en el misterio de la Hermandad Blanca. No olvidemos que fue aquí donde Sister Thedra, tras su estancia en Perú y Bolivia con la presunta Hermandad de los Siete Rayos, funda su Asociación Sanat Kumara. Mount Shasta fue el centro de operaciones de sus actividades por «encargo» de los Maestros invisibles que la guiaban. Además, otros grupos espirituales también harían suya la montaña, hablando del volcán como residencia de «Maestros ascendidos» o de una ciudad interna llamada Telos, donde la gente se casa y tiene hijos. ¿Qué de cierto hay en todo lo que se ha escrito y dicho sobre Shasta? ¿Hasta dónde se confabula la realidad con la fantasía? Empero, lo que nadie pone en duda son los frecuentes fenómenos que rodean esta montaña de California. Se habla de la observación de brillantes luces en sus alrededores, de la impactante formación de nubes lenticulares sobre la cumbre nevada —para algunos, un hecho sobrenatural— o los testimonios de los lugareños que afirman haber visto «hombres con túnicas blancas» caminando sigilosamente por la nieve. En el pueblo de Shasta es natural escuchar este tipo de historias que se remontan a varias décadas atrás. Historias que hablan de una humanidad subterránea que vive bajo la montaña, descendientes de un mundo perdido al que algún escritor llamó Mu.
Ricardo González
Intraterrestres, página 67
 
 
Las leyendas de los indios Hopi hablan abiertamente de Kasskara, ese mundo perdido en el mar y que recuerda sospechosamente la historia de Mu. La conexión de esta civilización prehistórica con el enigma de Mount Shasta es inquietante. Según los Hopi, supervivientes del hundimiento de Kasskara fueron trasladados a América en «escudos volantes» y «pájaros de fuego» por dioses cósmicos llamados Katchinas, denominación que se puede traducir como ‘venerable, juez y sabio’. Este dato es sorprendente, ya que los propios Hopi —actualmente afincados en una reserva indígena de Arizona— consideran a Shasta como uno de los lugares donde «aterrizaron» los pájaros de fuego con los supervivientes... Por si fuera poco, su relato también señala otros lugares específicos donde descendieron los Katchinas, como el caso de una tierra llamada Tautoma. A decir del gran investigador español —ya desaparecido— Andreas Faber-Kaiser, el nombre sugiere la milenaria Tiahuanaco, en Bolivia.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 73
 
 
¿Quiénes eran los Katchinas? ¿Por qué los Hopi afirman que esos dioses venían de las Pléyades? ¿Acaso una civilización extraterrestre ayudó a los habitantes de Kasskara en su éxodo hacia Shasta? Según Blumrich, los Katchinas eran seres físicos que necesitaron de naves para desplazarse. No se trata
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 74
 
 
Gracias a Josef F. Blumrich —el ingeniero de la NASA que reconstruyó el esquema de la nave que vio y describió en los textos bíblicos el profeta Ezequiel—, conocemos en buena parte estas leyendas, que el científico norteamericano recopiló en su momento de boca del mismísimo líder Hopi White Bear (Oso Blanco) en cincuenta horas de conversaciones registradas en su grabadora. Cuando uno se encuentra ante esas fascinantes historias no puede evitar la pregunta de rigor: ¿Quiénes eran los Katchinas? ¿Por qué los Hopi afirman que esos dioses venían de las Pléyades? ¿Acaso una civilización extraterrestre ayudó a los habitantes de Kasskara en su éxodo hacia Shasta? Según Blumrich, los Katchinas eran seres físicos que necesitaron de naves para desplazarse. No se trata de la figura etérea de un dios, sino de cosmonautas. Petroglifos Hopi que muestran a los Katchinas. Pues bien, los supervivientes de Kasskara-Mu, ayudados por esos seres de las Pléyades llamados Katchinas, se habrían refugiado en las entrañas de la montaña blanca para depositar en ella los Anales Históricos de su civilización, como ha sido la constante en otros puntos del mundo ante eventos similares. Es decir, Shasta sería una inmensa bóveda subterránea con antiquísimos archivos y reliquias de Mu y posiblemente otras civilizaciones perdidas.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 73
 
 
No en vano, siempre cerca de un Retiro Interior, la Hermandad Blanca ha dejado «pistas» en las paredes de roca para aquellos que las sepan descifrar.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 75
 
 
En las inmediaciones de la Cueva de los Tayos viven los indios shuar, quienes en el pasado fueron conocidos bajo el nombre de «jíbaros» —término acuñado por los conquistadores españoles, denominación despectiva para ellos—, famosos por su bravura y el arte de reducir las cabezas de sus enemigos —que además cosían cerrando las aberturas de los ojos y la boca para que el muerto no les persiguiera desde el más allá—. Ellos son los primeros exploradores del sistema subterráneo, ya que cada mes de abril bajaban a la cueva para hurtar los huevos de los tayos. En medio de esta faena, los indios cuentan que se toparon con una serie de sorpresas. La más destacada fue el hallazgo de gigantescas huellas sobre bloques de piedra que, por sus ángulos rectos y simetría, sugieren el origen artificial especulado por Moricz. ¿Y huellas de quién?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 79
 
 
¿Cómo convenció Moricz a los indios shuar para bajar a sus cuevas sagradas? ¿Fue gracias al magiar, como ocurrió con los indios Colorados? Lo cierto es que los indios miran el corazón del visitante. Si ven algo que está mal, no te dejan entrar. Y si se insiste pese a la negativa, se puede pagar con la muerte. Moricz tuvo que ser alguien distinto a otros exploradores. Su búsqueda tuvo que ser sincera para poder bajar a la Cueva de los Tayos con la venia de los shuar.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 80
 
 
De todo lo que pude investigar sobre el misterio que envuelve el viaje de Moricz a la Cueva de los Tayos, uno de los aspectos que más me sorprendió fue la descripción de la denominada Cámara del Tesoro, el lugar exacto donde Moricz afirmó haber encontrado miles de objetos antiguos, la mayoría de ellos construidos en oro, además de la mentada Biblioteca Metálica. Fueron muy pocas las personas que tuvieron conocimiento de esa caverna secreta que lleva al sanctasantórum de la Cueva de los Tayos. Y, por lo que sé, solo Moricz y su amigo Goyén pudieron ser testigos de tan extraordinario registro. Goyén —«el Vasco», como le llamaban, por su raíz española y que se hizo espeleólogo por culpa de Moricz— había quedado muy impresionado tras su visita a ese salón lleno de tesoros «imposibles». El resto de su vida se la pasaría en cavernas...
 
Existen diversos accesos en la Cordillera del Cóndor que conducen al Reino Subterráneo, tanto en el lado ecuatoriano como en el peruano —el propio Goyén afirmaría haber explorado con Moricz un túnel desde Ecuador hasta territorio de Perú—, pero solo una caverna garantiza el acceso más directo a ese salón secreto. El túnel estaría la mayor parte del tiempo oculto por el agua, pero en ciertas épocas en las que el río está bajo —no diré el nombre aquí, puesto que fue una confesión shuar— se descubre una pequeña entrada que permite el acceso a un verdadero laberinto subterráneo, derruido y sinuoso, que conecta con la Cámara del Tesoro. No solo escuché a los shuar hablar sobre esa entrada. Peña-Matheus también sabía de su existencia. Pero no la visitó. A esto debo sumar el libro de Guillermo Aguirre, Lírico y Profundo: el íntimo amigo de Goyén revela datos precisos del espeleólogo y también menciona la caverna que se esconde bajo el agua. El libro —que es una de las publicaciones más serias que ha caído en mis manos sobre la Cueva de los Tayos— describe el viaje de Moricz y Goyén a través de ese túnel, lleno de trampas al mejor estilo de las películas de Indiana Jones, para llegar finalmente a un salón excavado en la roca, con una mesa y siete sillas de piedra. Por si esto fuera poco, luego observan una urna de cristal, posiblemente hecha de cuarzo, en donde se hallaba un ser humanoide cubierto de oro, y que parecía estar «durmiendo» (¿en animación suspendida?).
 
La historia de las urnas de cristal o «sarcófagos» de piedra con seres en su interior, en perfecto estado de conservación, o en su defecto, momias de seres pequeños o de gigantes, la conocía perfectamente, pues la he escuchado en distintas partes del mundo. De hecho, como vimos anteriormente, hay un caso muy similar en Mount Shasta.
 
Pero ¿quiénes son esos seres? ¿Guardianes del mundo subterráneo? ¿Supervivientes de una antigua civilización desaparecida? ¿Y por qué «duermen»? ¿Los shuar respetan tanto las cuevas por la presencia de estas «urnas»?
 
Los nativos hablan de diversas «entidades» dentro de la cueva. Unas pequeñas que actúan como guardianes de los túneles, y otras más altas, de aspecto humano, que cumplen una función espiritual. Y esas entidades sirven a una consciencia mayor o, probablemente, al ser que lidera este santuario intraterrestre: Arutam. ¿Es Arutam el ser que Moricz y Goyén vieron dentro de esa urna de cristal?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 88
 
 
Ahora bien, mensajes de origen extraterrestre sostienen que el hombre fue producto de una intervención genética, desarrollada hace millones de años en un paraje que cité anteriormente: Lemuria. Los sunkies, supuestamente, eran parte de ese experimento paralelo: los seres extraterrestres que efectuaban sus experimentos científicos pensaron en aquel momento en crear una raza subterránea ya que la superficie del planeta era muy inestable y peligrosa. Pero luego lo abandonaron. En otras palabras, los sunkies serían como nuestros hermanos secretos. Aquellos pequeños seres de grandes ojos negros hicieron del mundo subterráneo su morada. Por ello son nictálopes —es decir, que ven mejor en la oscuridad— que desarrollaron un gran nivel de sensibilidad y conexión con la Tierra al vivir dentro de ella.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 119
 
 
La importancia de ellos radica en que son los principales moradores del mundo subterráneo, y los conocedores de los caminos secretos a los «archivos» que protege la Hermandad Blanca. Conviven con los Maestros, por tanto era importante empezar a familiarizarnos con estos seres para que cuando llegue el día en que, en representación de la humanidad, nos adentremos físicamente en las Galerías de los Registros. Desde luego, no son entidades malignas, ni negativas, y no hay que confundirlos con los llamados «grises», que tanto ha popularizado la ufología amarillista. Los sunkies son criaturas positivas, conectadas con la energía del planeta. Ver a esos pequeños seres allí, expectantes —y observándome también con curiosidad— produjo en mí una sensación extrañísima. Inolvidable...
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 120
 
 
Ya lo he dicho muchas veces: más que un investigador, me considero un testigo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 121
 
 
Cuando me recibió en su despacho, abarrotado de libros antiguos, me dijo de repente:
—Entonces, ¿usted es un investigador?
—No exactamente —le respondí mientras me sentaba frente a su amplio escritorio—. Escribo sobre los encuentros que he tenido con los seres del mundo subterráneo.
El abogado frunció el ceño y me preguntó:
—¿Qué quiere decir con eso?
Tras responder a su gesto con una sonrisa, compartí con él los viajes que hicimos a Paititi, especialmente el encuentro con Alcir en 1996 y el mensaje de las civilizaciones intraterrestres a partir de nuestra experiencia.
—¿Quiere saber algo? —me dijo reflexivo y muy emocionado tras escucharme—. Usted es la primera persona que conozco después de Juan (refiriéndose a Moricz) que ha tenido un encuentro con los Taltos.
—¿Quiénes son los Taltos? —pregunté intrigado.
—Con Juan nunca quisimos hablar abiertamente de ello —habló con voz calmada—; ya lo creían un loco cuando mencionaba la cueva... Pero Juan tuvo un encuentro con los moradores de los Tayos; ellos le permitieron ver la Biblioteca Metálica...
Entonces se dirigió a su bien dotada biblioteca, y vino con un diccionario de magiar-castellano.
—En magiar, el idioma ancestral de Hungría, la palabra Talto se puede traducir al castellano como ‘Ser Superior’ —explicaba.
—¿Y cómo eran esos seres superiores? ¿Son los únicos guardianes del lugar? —inquirí.
—Según Juan, hay tres tipos de guardianes: los de superficie, que serían los nativos shuar; luego están los guardianes del mundo intraterrestre, que son unos seres pequeños, que cierran las puertas de acceso a las salas donde viven los Taltos, que son hombres altísimos, los custodios de la Biblioteca Metálica...
La afirmación del abogado y viejo amigo de Moricz me estremeció... Confirmaba todo lo que habíamos vivido en la Cueva de los Tayos. Los sunkies eran los «celadores» de los túneles. Incluso, el doctor Peña-Matheus me dijo que los Taltos tenían la facultad de «materializarse como figuras de luz», y que Moricz había sido contactado en repetidas ocasiones de esa forma... ¡Increíble!
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 122
 
 
Hay una leyenda que nos brinda la tradición andina y que bien podría estar haciendo alusión a los sunkies. Aunque no era la primera vez que la escuchaba, Cecilia Novoa me entregó algunos detalles que conectaban todo nuestro peregrinaje desde el lago Titicaca a la Cueva de los Tayos con esa información: la piedra verde perdida. La he estado siguiendo desde que la viera engarzada en el alargado casco de Alcir —en el encuentro físico de 1996, durante el viaje a Paititi— y al escuchar el relato de un anciano aimara, en donde describía esa piedra como una «esmeralda» que otrora se la podía ver en Hayumarca, antes de la conquista. En Ecuador se la conoce muy bien, pues hay diversos relatos que la describen, sean estos de los indios cañaris, de los mantas, e incluso de los propios incas. Para dar una idea de la importancia de todo esto, el cronista Pedro Cieza de León comenta en sus escritos que la tribu de los mantas, en el litoral ecuatoriano, veneraba a una diosa con grandes poderes. La diosa era una hermosa piedra verde, una esmeralda cuyo valor podía exceder a todos los tesoros juntos. Su fama se extendió hasta Centroamérica, de donde llegaban enfermos en busca de sanación —pues se creía que la piedra tenía propiedades sobrenaturales. Finalmente, el objeto de poder terminó en manos de los incas. Y allí entran en escena los sunkies... Se cuenta que cuando el inca Huayna Cápac intentó expandir el imperio hacia el norte de Ecuador, se encontró con la resistencia de la cultura Quitucara, nativos de la zona —la actual Quito—. Fue tan dura su resistencia que la lucha duró años. Ante este panorama, los incas decidieron utilizar otra estrategia: contraer matrimonio con alguna princesa noble de esa tribu. Fue así como el inca se casó con la princesa Quilago y, fruto de esa unión, nació Atahualpa. Y Quilago, como una ofrenda al inca, le regaló la Umiña. Hay que decir que Quilago no era una mujer cualquiera. Se trataba de una sacerdotisa que hacía importantes ceremonias espirituales en las hoy derruidas pirámides de Cochasquí. Es decir, la Umiña podría haber pasado por ese lugar que en la actualidad es escenario habitual de avistamientos ovnis. Algunas tradiciones andinas sostienen que Huayna Cápac cambió por un tiempo al recibir esa piedra. Se transformó en otra persona. Aquel objeto le había hecho comprender ciertas cosas que en ese momento no veía por su obsesionado interés de expandir el imperio. Probablemente, Quilago sabía el efecto que produciría la piedra en el inca: era una forma de llevar paz y sanación entre sus culturas. Sin embargo, tal vez no se imaginó que su hijo, Atahualpa, se pelearía con su hermanastro de Cusco, Huascar, para ver quién heredaría la misteriosa esmeralda. Huayna Cápac —según la historia oficial, undécimo y penúltimo gobernante del incanato—, a pesar del cambio que experimentó con la piedra, volvería pronto a los campos de batalla. Pero súbitamente contrajo una extraña enfermedad que le condujo a la muerte. En su agonía —cuenta la leyenda—, unos seres pequeños se le aparecieron en su propia habitación y le entregaron un último mensaje... Es bien sabido que Huayna Cápac predijo la llegada de la conquista española y la caída del imperio antes de morir. Supuestamente, dejó instrucciones a sus más cercanos generales, entre ellos Rumi Ñahui, quien, después de incendiar Quito, esconderá la Umiña y los tesoros del imperio en la laguna de Yanacocha, en la difícil Llanganati. ¿Fue una recomendación de los «pequeños seres»? ¿Fueron acaso los sunkies?
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 125
 
 
Un texto intrigante en torno a la Umiña se encontró en 1847, en la Amazonía de Ecuador, junto al cuerpo inerte de Gaeteano Osculati —quien habría buscado la piedra y, supuestamente, la habría encontrado—. Fuera como fuese, vale la pena citar las desconcertantes palabras del manuscrito que secundaba su cadáver, misteriosamente decapitado:
 
[...] Yo transmitiré a cualquier persona el secreto de la diosa verde, este secreto que me cuesta la vida. Allí está, esta copa fabulosa, tallada en una sola esmeralda y gracias a la que el Inca Supremo captaba todo el poder de las estrellas. Es la más grande esmeralda del mundo. Ella alcanza en mis dos manos abiertas. Está tallada en forma de copa pentagonal. Ella es sagrada, ella es mágica.
Permite desplazar montañas, pero no salvará la vida de quien la robe. Estoy solo. Mis ojos la velan. Pronto no tendré la fuerza de escribir, la palabra clave, la palabra mágica, es Umiña...
 
Umiña —‘esmeralda’ en quechua— es «la palabra clave». ¿Se trata, también, de un poderoso mantra? ¿O sencillamente la historia de esa piedra verde, que habría estado en manos de los incas, nos puede llevar hacia otro misterio? Al parecer, la carta de Osculati alude al poder grandioso que tendría aquella piedra de poder.
 
El manuscrito dice también:
 
[...] El que conoce el secreto de la piedra ligera y brillante obtendrá el don de elevarse como las palomas hacia las alturas de los cielos, será llevado por los aires como el cóndor encima de las montañas sagradas y conocerá la revelación divina por el ala, el fuego y la piedra fundamental..
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 127
 
 
Roerich diseñó el símbolo de este pacto, que sería conocido como la «Bandera de la Paz y de la Cultura». Aunque en este libro aparece en blanco y negro, se trata de una circunferencia roja que contiene tres círculos encarnados sobre fondo blanco. Los círculos simbolizan el arte, la ciencia y la religión. Al menos, ese es su significado «oficial». Investigando algunos aspectos no conocidos sobre el pensamiento de Roerich, descubrí que el pintor ruso quiso honrar a los Mahatmas del Altái representando la Piedra de Chintamani (el círculo) y sus tres fragmentos que recorren el mundo en tiempos de crisis (los tres círculos encarnados) en la nueva bandera del Pacto de Paz. Esto me lo confió Daniel Entin, director del Roerich Museum de Nueva York. Luego supe que otros investigadores se hallaban tras la misma pista. Entre ellos podría mencionar a Enrique de Vicente, director de la revista española Año/Cero, quien me comentó la misma historia secreta de la bandera de la paz mientras nos tomábamos un café en la estación de ferrocarriles de Atocha, en Madrid. Las sospechas estaban bien fundadas: Roerich, en realidad, se habría inspirado en el signo de Chintamani que se puede ver en la India, con su significado de «esperanza y felicidad». También se le asocia a Rigden Jyepo, el rey oculto de Shambhala, tanto así que muchos tibetanos tenían el signo grabado en sus anillos como protección del supremo líder del reino subterráneo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 132
 
 
Nicolás Roerich pintó más de 6.000 lienzos. Cientos de ellos aluden a sus viajes por Asia Central y, obviamente, al misterio de Shambhala. Las más importantes, originales y fieles reproducciones, se pueden ver actualmente en el Roerich Museum de Nueva York.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 134
 
 
Una de las pinturas que más me impactó fue Burning of Darkness. Me atraía profundamente aquella fila de Maestros que parecían salir de una caverna. Quien encabeza la fila, un hombre de cabello largo y barba recortada, porta entre sus manos un cofre que despide un brillo especial. Un detalle muy obvio como para pasarlo por alto.
Y me pregunté: ¿Qué habrá en ese cofre?
Más allá de cualquier connotación simbólica, la pintura alude a un objeto real, escondido allí. Un objeto que Roerich conoció y que se encuentra relacionado con Shambhala. Se lo conoce como El Regalo de Orión, el fragmento de un cuerpo celeste, procedente de esas lejanas estrellas —que Roerich pinta en el cuadro— y que poseía extrañas cualidades espirituales. Estamos hablando de la Piedra de Chintamani (Chintamani: ‘piedra de los deseos’ o «de la felicidad y la esperanza») que, según una vieja leyenda, cada cierto tiempo sale de Shambhala hacia la superficie, generalmente en momentos claves de la historia humana, para estimular grandes cambios. Tras cumplir su misión, la piedra era devuelta al mundo intraterrestre.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 134
 
 
En otro cuadro de Roerich, Treasure of the World, hallamos una nueva referencia a Chintamani. En el lienzo se observa un potro que lleva a cuestas, a través de las montañas, un baúl o cofre ornamentado. Y el brillo o «fuego» que sale de él no puede ser más explícito sobre su naturaleza sobrenatural. Se dice que ese objeto vino de Orión y fue colocado en la gran estupa o «primera torre» de Shambhala, cuando esta era una isla en medio de un mar interior en el actual desierto de Gobi. Al pintar las estrellas del cinturón de Orión —en Burning of Darkness— tal vez Roerich nos estaba diciendo que el secreto de esa piedra se tenía que buscar en esas estrellas que sirvieron de inspiración a los egipcios para erigir sus principales pirámides. Los monjes lamas más avanzados saben que la piedra no es de la Tierra. Ya en 1928, el Lama Talai, Pho-Brang, le preguntaba a Roerich si en Occidente se conocía algo con relación a la Piedra de Chintamani, y si se sabía «de qué planeta vino, y quién poseía ese tesoro».
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 134
 
 
Aunque hay muchas teorías sobre la ubicación exacta del lugar donde se estableció por vez primera la Hermandad Blanca —se suele hablar de una montaña en los Himalayas, o algún enclave secreto en el Tíbet—, lo cierto es que las leyendas más antiguas apuntan al desierto de Gobi en Mongolia como el lugar primigenio.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 137
 
 
El 20 de julio de 2007, poco antes de partir, recibí un mensaje de Alcir, el Maestro de Paititi, mientras me hallaba en la ciudad de San Francisco, en California. El mensaje decía:
 
En el Gobi, la coordenada los sitúa cerca del monasterio. Es el lugar correcto. Y en él descubrirán por qué se construyó realmente el templo en medio del desierto. Lugares invisibles solo se abren a los esperados de siempre. Estén tranquilos, que siempre habrá alguien para brindarles ayuda. Lo identificarán.
 
En el desierto tendrán suficientes días y noches para meditar, verse a sí mismos como nunca antes, y tomar decisiones. No se preocupen por las distancias o accesos, ya lo verán. Y tiene que ser así, pues este viaje tendrá fuertes connotaciones mentales y emocionales. No tendrán que adentrarse mucho en el desierto, sino dentro de sí mismos.
 
Si bien les hemos revelado que en el corazón del Gobi existen los principales accesos físicos al mundo subterráneo, en esta ocasión ustedes se hallarán en un extremo del desierto, que esconde una de las puertas de luz que conecta con aquel corazón del intramundo y, por tanto, de su tesoro. Solo aguarden. Sean pacientes. Y recuerden que todos son uno, y que uno pueden ser todos. Para nosotros no hay diferencias. 7, 8 y 9 de agosto serán importantes. Estén atentos y en paz.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 138
 
 
 
Mientras meditaba en la caverna, pensaba en la vida del poeta y místico mongol. Me recordaba la leyenda del mapa de Paititi —que se supone fue trazado por misioneros jesuitas en el siglo XVII—, que dice: «El Poeta, tal vez, pueda abrir la Puerta, cerrada de antiguo del más purísimo amor». Una enseñanza que siempre se repetía, dondequiera que fuéramos. Ocurre con Paititi. Sucedió con Danzan Rabjaa en el Gobi. Y lo corroboró Nicolás Roerich: el poeta —el «arte», en suma— simboliza la llave de acceso a los Retiros de la Hermandad Blanca. Es decir, la sensibilidad espiritual, la pureza de intención y la sencillez como cualidades fundamentales del aspirante.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 155
 
 
Con este panorama, decidimos intentar una nueva comunicación telepática. El mensaje psicográfico que recibimos decía:
 
Mi nombre es Emuriel.
 
Hace tiempo ya, miles de años atrás, según la forma en que ustedes miden los acontecimientos, llegamos a este planeta portando una misión. Una misión que no difiere mucho de la de ustedes.
Procurábamos proteger algo que consideramos sagrado, y al mismo tiempo sembrar en la Tierra la semilla de la luz que aprendimos y vivimos en nuestros mundos de origen. Fuimos enviados. Y desde aquel entonces nos hallamos observando al ser humano desde cerca, viendo en cada circunstancia de su vida distintas pruebas y trascendentales desafíos; en suma, el significado de nuestra propia existencia.
Nuestra nave se halla bajo las altas montañas del Altái. Acondicionamos con nuestro conocimiento una serie de túneles que en buena parte ya existían antes de nuestra llegada. A través de ellos unimos diferentes centros que en una primera etapa funcionaron como depósitos de información. Luego, los túneles físicos fueron perdiendo importancia para nosotros, ya que en breve constatamos que el tesoro que protegíamos se había conectado automáticamente a las líneas de fuerza de este planeta, creando una verdadera red de conexión. Nuestro conocimiento previo sobre las energías del universo y puertas dimensionales nos ayudó a orientar estas redes. Por tanto, cada Retiro Interior o centro de fuerza que conocieron se halla bajo las influencias de esos caminos sutiles.
No nos referimos exactamente a las propias energías de la Tierra, que trazan una geometría inteligente, sino que sobre la base de esta estructura energética se enlazaron diferentes puntos, accesos o «entradas» dimensionales que podrían conducirles hacia nosotros.
El Cristal es responsable de ello. Pero, tras el sendero que han recorrido todo este tiempo y como parte de un programa de contacto y ayuda al planeta, estos caminos de luz se sostendrán por sí solos.
Uno de los más poderosos se encuentra en este sector del desierto de Gobi. Es un acceso no físico, que permite ver, sentir y experimentar el significado de nuestra misión. La puerta fue activada. Y ella se abre ante la vibración adecuada, aquella que une los universos y sella los sentidos físicos. Es un umbral que se cruza con el alma.
Nosotros comprendimos que más allá de la tecnología y el conocimiento existen ciertos misterios en la naturaleza de nuestro propio espíritu que no se pueden explicar, sino sentir y dejar fluir. Durante mucho tiempo, procuramos desvelar el misterio de la Creación, interpretar y reconstruir cómo se plasmó todo ello en las distintas etapas del proceso. Y este empecinamiento nos hizo descuidar la verdadera esencia de las cosas. La ruta a seguir éramos nosotros mismos. Y en esa nueva aventura descubrimos que hay instancias que requieren apartar la curiosidad científica por la vivencia; la razón por el sentir.
La esencia de nuestra misión comportaba una estrategia de ayuda y soporte para el planeta. Anteriormente a ello fuimos científicos. Y estuvimos envueltos en importantes tensiones cósmicas. Y hoy nos sentimos parte de ustedes.
Nuestros cuerpos yacen dormidos por nuestra propia voluntad. Empero, nuestra alma, la esencia de aquel misterio que procurábamos averiguar, se halla conectada permanentemente con la humanidad de este planeta.
En la puerta podrán llegar hasta nosotros y entonces terminarán de comprender lo que fue, lo que es y lo que será.
Sepan que ser parte de esta misión es integrarse en la mente consciente que engendró e hizo posible este universo. La Hermandad Blanca es solo un reflejo de ese fluido. Un intento de llevar esa luz, de sembrarla y compartirla.
Están cumpliendo un proceso de contacto que ha sido perfectamente planeado. Cada instancia de vuestro viaje fue matemáticamente calculada. Y cada paso fue vivido por nosotros con una humana emoción.
Acontecimientos intensos sobrevendrán al planeta. Pero el hombre que vibre en el camino del 33, hará posible que las cosas se reorienten y no afecten el tránsito a la profecía. Al cumplimiento de todo.
¿Cómo prepararse? ¡Todos estos años fueron la preparación! Por ello están aquí, en representación de muchas almas, lugares, momentos y energías. Ha llegado el momento de la acción. Y para volar, deben salir de la crisálida. Deben terminar de transformarse para acelerar la transformación de otros. Todo lo demás, fluirá naturalmente. Y el conocimiento que custodiamos podrá ser entregado en su totalidad, pero no para ser «leído», sino para ser vivido y realizado.
El proceso se cierra, y se abre otro para todo aquel que crea en él, que viva en él, y que comprenda su misión. Nosotros llegamos aquí seguros de ello. Y ustedes alcanzaron este lugar partiendo de las mismas convicciones. Por esta razón les hablamos ahora. Para decirles que hecho está.
Les aguardamos,
 
Emuriel.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 156
 
 
Nuestro objetivo era realizar trabajos de conexión con el Disco Solar que se hallaría en el corazón de esta montaña. Como Paititi, la Cueva de los Tayos, o la Sierra del Roncador, el tepuy albergaba un disco dorado que forma parte de la denominada Red del Tiempo.
 
Roraima, o Roroima, como también se la conoce, es uno de los principales tepuyes que se alza en el Parque Nacional de Canaima. Su nombre, según los indios pemones, significaría ‘Madre de las Aguas’, tal vez porque desde su cima —a más de 2.000 metros de altura— caen varias cascadas. Es un paraje muy antiguo, que se remonta a los tiempos de Pangea, el continente global que luego se fraccionó para dejar al mundo tal y como lo conocemos. Diversos científicos piensan que esta montaña fue el punto de esa fractura, que se remonta al Precámbrico; es decir, hace unos 2.000 millones de años. Por ello se la señala como uno de los lugares «geológicamente más antiguos del planeta». Es sabido que su figura imponente y el ecosistema que la rodea inspiraron a sir Arthur Conan Doyle para escribir su clásica novela de aventuras El Mundo Perdido (1912). Y el lugar no dista mucho de lo que Doyle creyó ver en él: es un enclave sumamente misterioso. No hacen falta los dinosaurios que creó el escritor británico para impresionarse con Roraima. Su figura, como la de su «hermano» Kukenán, llaman la atención en medio de la selva venezolana. Roraima está llena de cascadas, cuevas, cristales de cuarzo y, como era de esperar, de constantes avistamientos de ovnis. Antes de emprender nuestro ascenso, el investigador local Roberto Marrero —sin duda, uno de los más relevantes en Venezuela— nos había hablado de las luces que se han presenciado en el lugar. Aquellos objetos solían cruzar sobre los inmensos tepuyes y, algunas veces, pasaban entre ellos a baja altura. Para los pemones, ambas moles representan energías distintas. Kukenán sería el lado masculino, y Roraima, asociada al agua y la purificación, el aspecto femenino, la madre y el origen. Charlando con los indios constatamos que habían sido testigos de esos avistamientos de ovnis. Ellos tienen un gran respeto y admiración por Roraima.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 175
 
 
Al llegar a la cima, que nos resultó escandalosamente similar a la meseta de Marcahuasi en Perú, nos dirigimos a una caverna que según los indios pemones alberga a los guácharos: la misma especie de aves nocturnas que se puede hallar en la Cueva de los Tayos. Intuíamos que estábamos a punto de conocer otro acceso al sistema de túneles que recorren toda América del Sur.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 176
 
 
El objetivo de esta red de discos es acompañar al planeta en su proceso de cambio y transformación, equilibrando la magnetosfera y el propio equilibrio de las líneas de fuerza.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 177
 
 
Al aproximarme, algo me hizo mirar hacia una roca casi al final de ese pasillo. La tenue luz de las lámparas de queroseno iluminaba suavemente y de forma indirecta ese sector que tanto me llamaba la atención. Y así, de improviso, salió por detrás de la roca una pequeña criatura, de cabeza ligeramente más grande que el cuerpo, grandes ojos negros y brazos delgados. Era un sunkie... Exactamente como los vi en la Cueva de los Tayos. Y en esta ocasión la sensación que tuve es que ellos ya nos conocían... Se comportaron de otra forma.
 
Intraterrestres, página 178
 
 
Al aproximarme, algo me hizo mirar hacia una roca casi al final de ese pasillo. La tenue luz de las lámparas de queroseno iluminaba suavemente y de forma indirecta ese sector que tanto me llamaba la atención. Y así, de improviso, salió por detrás de la roca una pequeña criatura, de cabeza ligeramente más grande que el cuerpo, grandes ojos negros y brazos delgados. Era un sunkie... Exactamente como los vi en la Cueva de los Tayos. Y en esta ocasión la sensación que tuve es que ellos ya nos conocían... Se comportaron de otra forma.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 179
 
 
Huelga decir que saber dónde están los discos solares, o cuándo se producirá exactamente el redimensionamiento del planeta, no hará de nosotros mejores personas. Lo que hará de nosotros mejores seres es el servicio en esta tarea. Es decir, no el camino, sino recorrerlo.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 179
 
 
 
Los diez principios espirituales de la Hermandad Blanca
 
1. «El verdadero estudiante de la vida empieza estudiándose a sí mismo.»
 
2. «La luz verdadera alumbra o ciega según la actitud del estudiante.»
 
3. «El verdadero soldado de la luz batalla amando al enemigo.»
 
4. «La verdadera protección radica en el control del miedo interior.»
 
5. «El verdadero Maestro enseña con el ejemplo.»
 
6. «El verdadero mensajero es aquel que solo transmite el mensaje.»
 
7. «La fe verdadera se sustenta en el conocimiento.»
 
8. «La sagrada doctrina se torna aún más sagrada si se es consecuente con ella.»
 
9. «El verdadero templo es aquel que se construye sobre la base de sentimientos, pensamientos y actitudes.»
 
10. «El verdadero místico es aquel que pone en práctica los principios del cielo y que muere constantemente por amor al prójimo.»
 
Entregados por Alcir en el contacto físico de Pusharo, el 5 de septiembre de 1996.
 
Ricardo González
Intraterrestres, página 180